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Curso 21-22. Contradicciones.

 



Si durante todo este tiempo he permanecido en silencio es porque no tenía nada que decir que no tuviera un carácter transitorio, perecedero. Las palabras mueren cuando el sonido se vuelve inclasificable o intraducible y su significado está llamado a caer en el olvido. En la denodada lucha por la coherencia, el ser humano, en todos los ámbitos del conocimiento, ha renunciado a explorar lo que quedaba fuera de su esquema de pensamiento. Sin margen para la contradicción, cuyo peaje social es muchas veces tan elevado, es imposible tomar esas sendas que, como nos recordaba Robert Frost, harán toda la diferencia.

Lo que voy a exponer a continuación es una relación de contradicciones, de afirmaciones que desafían los parámetros de la lógica aristotélica. Voy a defender, porque así lo he interpretado al seguir con atención el curso baloncestístico que ayer tocaba a su fin, que A es igual a B y que A no es igual a B, así que bájense del barco de esta lectura quienes no puedan aceptar este contrasentido y disfrutar con las rugosidades de la superficie del planeta, nada más alejado de esa esfera perfecta que aún luce en las estanterías de sus dormitorios (o los de sus hijos).

 

Es posible jugar sin “bases”. En fin, lo habrán visto. El Real Madrid ha ganado una liga con Carlos Alocén, Williams-Goss y Thomas Heurtel lesionados, con Llull claramente afectado por problemas físicos y con Abalde, la solución más habitual en los tiempos de carestía, también dolorido. Con un fantástico combo como es Causeur, eso sí, rejuvenecido y especialmente motivado, y con una versión Z de Rudy, muy unido a su recientemente fallecido padre.

El Madrid ha controlado las dos transiciones gracias a un balance que comenzaba por su presencia en el rebote ofensivo y, contra todo pronóstico, ha podido correr dando libertad para salir en bote a su fantástico elenco de aleros. Puede que el dominio del rebote sea más importante que la agilidad, la capacidad para distribuir y la visión de juego de los directores de juego más clásicos, incluso que la amenaza de tiro, pero creo que todo esto solo ha sido posible por el grave error estratégico de un Barça poco valiente, cuya defensa conservadora, basada en la flotación, ha permitido al Madrid jugar a una mezcla de balonmano y volley que le ha permitido terminar la eliminatoria con un saldo compensado de robos y pérdidas (toda una hazaña estadística).



Es decir, solo es posible jugar sin directores de juego, manejadores puros de balón capaces de ejecutar con timing el ataque, gracias a planes estratégicos basados en el miedo y el conservadurismo o ante plantillas diseñadas antes para atacar que para defender. Era indecente ver la facilidad con la que el Barcelona permitía la circulación de balón de un Madrid al que habría que haber forzado a jugar desde el bote y a una velocidad superior en ambas canchas, una velocidad que ante la falta de talento ofensivo hubiera sido demasiado alta. Que el Madrid no terminara cada partido con más de quince pérdidas es el resultado de un Barça que zoneaba para protegerse de Tavares, cuando lo que debió hacer es correrle, atacarle con el short roll o con el roll tardío y, por supuesto, poner presión en el perímetro para que el Madrid no pudiera pensar y triangular tan a placer. En resumen, todas las fórmulas que planteó Pedro Martínez en el partido de Manresa y que hacen bueno a los maestros sencillos en la comparación con los aprendices de brujo.

 

No es posible jugar sin “bases”. Los Celtics se dieron cuenta de que, por momentos, defensas asfixiantes como las de Miami y Golden State eran conscientes de que ni Smart ni White son bases de alto nivel. De que Brown y Tatum, desde su atalaya por encima de los dos metros, y aunque cada vez lo hacen mejor, sufren cuando se ven obligados a tomar decisiones sobre bote, a hacer lecturas propias de un base. Sin ningún interior que pudiera hacer las veces de creador desde el poste medio o alto, los Warriors han sabido atascar el arco y provocar numerosas pérdidas en unos Celtics que, además de madurar, deben diversificar su ofensiva y hacerse con algo más de talento en el perímetro. Las 22 pérdidas del último partido contrastas con las 8 del Madrid tanto como para afirmar que no es posible jugar sin bases si el equipo contrario lo sabe y lo explota.

 




El baloncesto es un deporte para especialistas. Si concluimos que no es posible jugar sin bases, que los tiradores letales valen muchísimo, que los treses altos siguen teniendo un gran valor, que los cuatros abiertos son imprescindibles y que los cincos, aunque hayan evolucionado, siguen condicionando el juego, parece que el baloncesto sigue siendo un deporte de especialistas y que tiene sentido eso que dice el entrenador del infantil. Juan, base; Ramón, alero; Jorge, pívot. Qué sé yo, quizá en mi equipo tuvieran siempre sitio un escolta como Kuric, un ala pívot de manual como Mirotic y, desde luego, un cinco como Tavares.

 

El baloncesto avanza hacia un juego sin posiciones estancas. Hay muchas situaciones de juego en equipos como Boston Celtics o Golden State Warriors en que no están claros los roles y es difícil saber quién es cada cual en ese esquema clásico de pensamiento. Que tipos como Green dirijan la ofensiva desde el arco, que gente como Curry pueda renunciar al balón durante numerosos ataques, hace complicado saber quién es el verdadero base del equipo. Lo mismo sucede en los Celtics, donde todo parte de una ofensiva con alternancia de posiciones en la que las mismas situaciones son jugadas para unos u otros, todos bloquean y todos son bloqueados y prácticamente cualquiera puede subir el balón en la transición.



Es el triple, estúpidos.  El baloncesto ha cambiado mucho desde que los San Antonio Spurs ganaran el campeonato en 2014 tirando una media de veintidós triples por encuentro. La amenaza es clave para ensanchar los espacios, ampliar los tiempos y dificultar la toma de decisiones de la defensa, es evidente. La potencial amenaza de tiro exterior debe informar la confección de cada plantilla, pues son evidentes todas estas cuestiones, y, por supuesto, los entrenadores de formación deberíamos darle el peso suficiente a la enseñanza de este fundamento.

 

Es el triple, estúpidos. El equipo que ha cambiado el baloncesto ha ganado el cuarto y el quinto partido de su serie contra los Boston Celtics tirando con peor porcentaje. Y qué decir del Madrid, cuyo déficit de amenaza exterior no fue penalizado, sino que además colaboró al invitar al rival a flotar y conservar, con cinco jugadores pisando la zona en todo momento. La contención, la diversificación del juego ofensivo, la paciencia para buscar una nueva penetración que desordene definitivamente el sistema defensivo de rotaciones y la ampliación de los recursos para finalizar en la media distancia, aunque sea principalmente con tiros por elevación, han demostrado ser claves más importantes de lo que lo han sido los porcentajes de tiro de tres.

 

En fin, toda una serie de contradicciones aparentes que ni me atrevo ni pretendo resolver y que servirán de prólogo a un artículo con conclusiones que sí me parecen incontestables y que contribuirán igualmente, junto a estas contradicciones, a nuestra formación baloncestística.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Más que una "J"




La noche del pasado sábado la pasé realmente afectado por la imagen que había dado mi equipo cadete en la liga autonómica de Castilla y León, por lo mal que competimos en la segunda parte, cuando todo estaba en juego al descanso. No me servían como excusas las lesiones ni la superioridad física del rival. Habíamos fallado en la comprensión de aspectos muy básicos de la vida de un equipo: no habíamos peleado unidos ni aceptado el reto de competir hasta el final.

Por eso apenas presté atención a una corrección técnica que al final del encuentro un árbitro, de forma bien intencionada, le hacía a uno de los jugadores de mi equipo por su manera de botar. “Hace acompañamiento siempre” (se lo habrán señalado dos veces en toda la temporada), me comentaba y yo le aceptaba agradecido el consejo enterrándolo en el fondo del saco donde guardo todo lo que tenemos que entrenar y mejorar. Y por supuesto no voy a pedirle a mi jugador que cambie su naturalidad, esa adaptación que le permite suplir su falta de explosividad, de exuberancia física. También es talento forzar los límites del reglamento.

Sirva esta anécdota para ilustrar la diferente concepción de árbitros y entrenadores, actores igualmente necesarios para que el baloncesto pueda seguir desplegando sus alas. Yo me llevaba a casa numerosos aspectos sociológicos, psicológicos, también técnicos y tácticos sobre los que reflexionar y él, además de un acta que entregar a la entidad gestora de la competición, la conciencia de haber ayudado a un jugador a adaptar su juego a la norma. Yo me iba jodido y él satisfecho; él con todo hecho, yo con todo por hacer.

Escribo esto desde el respeto que profeso por los árbitros como colectivo y también, faltaría más, de manera particular. Condeno cualquier protesta de mis jugadores y procuro ser educado y generoso con su actuación desde la convicción de que ambos estamos aquí para hacer mejor el baloncesto. Hace dos años que no recibo una técnica y no creo, en absoluto, en la función catártica de una exageración histriónica como la que tantos practican tratando de encontrar en el fondo del colegiado una señal de debilidad que le incite a alterar el criterio a favor de los intereses de su equipo. Todo esto es verdad, pero estoy con Jota.



Sí, estoy con el entrenador del Tecnyconta Zaragoza, con quien comparto mucho más que una consonante en el nombre: al menos una inmensa pasión por el baloncesto, la competición y la enseñanza. De Jota admiro su capacidad de trabajo –qué no habrá hecho por llegar donde está–, el haberlo arriesgado todo por conseguir su propósito en el mundo del baloncesto. Ahora también la claridad con la que se expresó ante una situación que consideraba injusta (el diferente criterio a la hora de juzgar la agresividad defensiva en ambos lados de la cancha), que empezó sacando de quicio a uno de sus mejores jugadores y afectando al estado de ánimo general de su equipo, lo que, entre otras muchas cosas, que también comentó en rueda de prensa (soluciones individuales, pérdida de concentración), terminó costándole, además de una expulsión por doble técnica, una derrota que los mantiene en la parte baja de la tabla, allí donde se duerme infinitamente peor y empieza a correr riesgo el pan de los hijos.

El tono de su rueda de prensa fue duro, pero sus palabras estuvieron bien seleccionadas. Quizá sobró la alusión personal, pero lo hizo desde el convencimiento de que el asunto se estaba desarrollando en dichos términos: de nombre propio a nombre propio. Jota reclamó para su equipo, que es también el de una ciudad, unos patrocinadores y una masa social respeto, solo eso. Jota, aunque puede que influenciado por una visión parcial, pidió igualdad de criterio (algo complicado, es cierto) y una comunicación abierta con los árbitros, no para convertirlos en protagonistas, sino para poder saber a qué atenerse (¿por qué aquella mano sujetando el antebrazo se señaló y aquella otra no? ¿qué vio distinto?) en la búsqueda de una uniformidad de criterio que permita disolver toda sombra de duda, pensar que a alguien pueda provocarle dentera su mera presencia lo que, a la postre, provocará, de forma consciente o inconsciente, decisiones equivocadas que perjudicarán a su equipo.

No hay duda: los mejores árbitros son aquellos que entienden el origen de las ojeras, la tensión de los jugadores; los que se comunican con naturalidad, seguros de sí mismos, y no solo por su conocimiento del reglamento, sino también por la capacidad para gestionar las emociones que suscita la competición, el encuentro agonístico entre dos contendientes que han aceptado medirse en igualdad de condiciones, cinco contra cinco a lo largo de cuarenta minutos. Estoy seguro de que la mayor parte de árbitros ACB son los mejores de nuestro país también en estos aspectos, pero a pesar de todo estoy con Jota, pues no dudo de la génesis de su enfado ni de la esencia de su queja.

Él es mucho mejor entrenador que yo, pero, en otra escala, en otra ciudad, y con mucho más en común que una simple J en el nombre, yo sé mejor que ningún árbitro cómo pudo pasar esta noche Don José Ramón Cuspinera. Mucho ánimo, coach.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Estado de la cuestión





Me pillan echando cuentas, explorando los entresijos del oficio de entrenador de baloncesto, analizando las probabilidades que un tipo nacido en Salamanca, sin especiales cualidades para el juego, tiene de prosperar en este mundillo. Solo espero que no me lean quienes “ya me lo habían dicho”, o quienes, sin expresarlo verbalmente, me invitan continuamente a retomar la idea de preparar una oposición por el simple –que no banal– hecho de asegurar el futuro. Me pillan haciendo tablas, investigando trayectorias y buscando causalidades que me hagan llegar a la receta del “éxito”; tratando de discernir, en definitiva, cuáles son los caminos a tomar si es que, verdaderamente, somos nosotros, y no el azar, los que los elegimos.

Y resulta que de los 34 entrenadores que pueden vivir más que dignamente de esto en nuestro país (los 18 de ACB y los 16 de LEB Oro) 10 fueron jugadores de élite. Su conocimiento del juego por “haber estado ahí” y su acceso privilegiado a los códigos internos de un vestuario los hace candidatos casi inmediatos a un puesto de estas características. El último en incorporarse a esta lista ha sido Carles Marco, pero de todos ellos el más veterano y reputado es, sin duda, Aíto García Reneses, excelso base en Estudiantes y F.C. Barcelona y auténtico gurú de los banquillos. Muchos de ellos llegaron a los cargos técnicos de grandes equipos sin haber conocido otras categorías y, por supuesto, ninguno de ellos hubo de dedicarse antes al baloncesto de cantera. El caso paradigmático de entrenador de estas características es, hoy en día, Pablo Laso, aunque al menos el vitoriano sí que recorrió ligas más modestas dentro del mundo senior antes de dar el salto a la ACB.

Otra variable a tener en cuenta es la geográfica. De nuevo, al igual que en tantas otras facetas de la economía nacional, se reproduce el patrón centro-periferia que explica el actual mapa de riqueza y desempleo en nuestro país. El centro, agrario y despoblado, es también, en el baloncesto, un erial con un único foco productivo situado en Madrid. Además, no es difícil encontrar en Badalona la sede del particular Santa Clara Valley de nuestro gremio, la mayor concentración de talento e innovación por metro cuadrado entre las columnas de Hércules y los montes Balcanes. Siete de los veinticuatro entrenadores que no fueron antes jugadores de élite, se formaron en las categorías inferiores del baloncesto catalán y seis de esos siete (Pedro Martínez, Salva Maldonado, Joan Plaza, Sito Alonso, Roberto Sánchez y, por supuesto, Alfred Julbe) bebieron directa o indirectamente del maná que fluye por las canchas de Badalona. Pero ojo, más allá de la conurbación barcelonesa, el resto de focos y núcleos nos remite a zonas con cierta tradición y a “escuelas” de baloncesto más o menos asentadas en torno a algunas figuras reconocidas. Sin embargo, cabe esperar que gracias a las nuevas tecnologías y a la superación de las barreras espaciales, idiomáticas y culturales, proliferen casos como los de Sergio Valdeolmillos (Movistar Estudiantes) o Carlos Frade (Planasa Navarra), con formación también en el extranjero. Casos particulares de aprendizaje autodidacta y fuera de los grandes circuitos serían los de Toni Ten (Amics Castelló) y Porfirio Fisac (Retabet.es GBC), ejemplos claros de que al menos unos pocos pueden evitar el filtro del determinismo geográfico o la ausencia de “escuela”.

Otra de las cuestiones pasa por esclarecer si el camino hacia un banquillo de élite pasa por recorrer todas las categorías de cantera en algún club de garantías o en “ascender” rápidamente, como ayudante o directamente como entrenador principal, al baloncesto senior en sus diferentes ligas. Una vez estudiado y analizado el caso de los veinticuatro entrenadores que no habían sido anteriormente jugadores de élite, los resultados no aportan una conclusión definitiva. Trece de esos veinticuatro, efectivamente, empezaron en un colegio y fueron pasando por todas las categorías de cantera inmersos, eso sí, en clubes con equipos ACB o LEB (Xavi Pascual, Salva Maldonado, Sito Alonso,...). Sin embargo, los otros once encontraron rápidamente un puesto en un equipo EBA o se convirtieron en ayudantes de alguno de los equipos senior de un club con una gran infraestructura (es el caso de Gonzalo García de Vitoria, Sergio García Martín o Luis Casimiro).

En cualquier caso, más allá de la importancia de haber sido jugador, del determinismo geográfico o de la hoja de ruta que cada uno se dibuje, es conveniente armarse de paciencia. La media de edad de los entrenadores en ACB es de 49,8 años y la de los entrenadores en LEB de 44,4. La experiencia es un grado y el bagaje una componente fundamental en la decisión de los equipos directivos y secretarías técnicas de los clubes. Así que tomen nota, para alcanzar uno de esos treinta y cuatro deseados banquillos, juegue muy bien al baloncesto, nazca y crezca en Barcelona o Madrid, arrímese a un buen maestro y forme parte de una reputada escuela, acérquese pronto a un equipo de cantera o a un equipo EBA con buena visibilidad y, lo más importante de todo, peine canas o falsifique, en su defecto, su documento de identidad.


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De actualidad




Movistar Plus se ha hecho con los derechos de la ACB. Como cliente de la plataforma, he recibido la noticia con moderada alegría. Personalmente, podré disfrutar de cuatro partidos en el momento de la semana que yo quiera, pues los contenidos permanecen guardados durante siete días en la nube. Cuento, además, con que la realización será de mayor calidad y con que los comentarios técnicos también aportarán un poco más de luz a lo que suceda en la cancha.

Era cuestión de tiempo que Movistar Plus concentrara la oferta de baloncesto en televisión, entendiendo por televisión el actual acceso multidispositivo (tablets, teléfonos, ordenadores,...). Promocionar y difundir espectáculos deportivos cuesta dinero. Los medios técnicos y humanos tienen un valor que la publicidad no llega a cubrir por sí sola. Menos aún cuando la audiencia que puede registrar un partido de ACB apenas supera el centenar de miles.

Y aun así mi alegría es moderada. Crecí al amparo de los partidos de ACB emitidos durante el mediodía de los domingos y de los resúmenes difundidos los lunes. Soy consciente de que muy pocas familias de clase media se pueden permitir en estos momentos asumir el coste de la plataforma digital. Muy pocos niños podrán tener, así, un primer e inocente contacto con el baloncesto allá donde no exista un equipo de referencia (sin olvidar que Teledeporte mantiene la emisión de un encuentro por jornada). Lo sé bien porque es uno de los principales hándicap que acusa mi querida Salamanca. Crecer huérfanos de ídolos es difícil y es que, cuando es necesario apurar el esfuerzo, dar un poco más de lo que el sentido común indica, conviene visualizar y tener presentes a los que lo hicieron antes que nosotros.

Esto que es así desde un punto de vista más bien romántico, es bien distinto desde la óptica empresarial. El baloncesto tiene un micho de mercado reducido, sí, pero al menos permite afrontar una inversión privada. Movistar Plus era el receptor natural de estos derechos. Cuenta con la infraestructura, la experiencia y los medios humanos necesarios para ofrecer un producto de calidad. Permítanme, por lo tanto, que no me posicione en este debate que tan encendido ha estado durante los últimos días en las redes sociales.

Por otro lado, regresando al ámbito puramente deportivo, quiero transmitirles mi personal balance sobre lo vivido, in situ, como espectador del Real Madrid-Boston Celtics del pasado jueves. Dos equipos mermados por las bajas, cortos de entrenamiento y en un ambiente no competitivo midieron sus fuerzas en el Palacio y del encuentro entre dos históricos rescaté las siguientes conclusiones a modo casi de titular:

1. Los equipos NBA ejecutan técnicamente mejor, y más rápido, todo tipo de acciones ofensivas y defensivas (finalizaciones, pases tras división, recursos sobre bote, negación de trayectorias en defensa, persecución en bloqueos indirectos,...) y, además, fintan hasta para ir al baño.

2. El nivel de actividad de manos y presión al balón es mucho más alto que en Europa y la táctica existe en igual o mayor medida. Simplemente cuentan con más armas y aceptan de mejor grado el hecho de que el talento pueda imponerse sobre la pizarra rompiendo un planteamiento concreto.

3. Los equipos NBA vuelan, aunque aquí cabría introducir matizaciones. Los Celtics, al menos, vuelan. Ocupan enseguida las dos calles laterales y la central y trasladan el balón a pista ofensiva en menos de tres segundos.

4. La cantera NBA es infinita. El modelo universitario garantiza que cada año entre cuarenta y cincuenta jugadores vayan introduciéndose en la dinámica de la liga. Teniendo en cuenta la longevidad de los jugadores, esto genera una masa tal de candidatos que la competencia por un puesto se vuelve durísima, lo que garantiza, en última instancia, la calidad. Europa necesita que empiece a cundir, si no un modelo universitario que parece inviable por cuestiones geográficas y demográficas, un modelo de academias que permitan a los chicos estudiar y jugar a un alto rendimiento.

5. Todo por el espectáculo. La NBA sabe muy bien que es ante todo es un modelo de negocio que se sustenta gracias a la enorme masa de aficionados que mueve alrededor del mundo. Esta filosofía, compartida por todos sus miembros, aflora dentro y fuera del parqué de formas más o menos explícitas. Mucho que aprender.



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Nada que perder





No sabría muy bien cómo definir el Mundial de Baloncesto 2014. La organización está siendo un éxito, pero la difusión y el seguimiento, también el nivel deportivo, están generando muchas dudas. Ello a pesar de que la prensa temática de nuestro país parece comprometida con el último baile de la más laureada generación de jugadores españoles destacando en portada cada previa y cada crónica de los partidos disputados. Sin embargo, los asientos vacíos y el escaso protagonismo del evento en las redes sociales da que pensar. Y no, la sospecha no recae sólo en el tratamiento mediático, tampoco en Mediaset ni sus prioridades a la hora de configurar la parrilla, prioridades, por cierto, que fueron modificadas sobre la marcha gracias a que varios hashtag críticos con la productora se convirtieron en virales secundados, entre otros, por jugadores de la selección. Nuevos tiempos.

El baloncesto se duele de un mal mucho más endémico y es que no termina de ser atractivo a los ojos del espectador no aficionado para quien los treinta y ocho primeros minutos no son más que un largo preámbulo de un acto final a veces apoteósico pero muchas otras intrascendente. Un amigo propone una solución que a algunos les podrá parecer una ocurrencia pero a la que veo pocas fallas. Juguemos un partido a cinco sets. Los cuatro primeros durarían diez minutos y el quinto, si fuera necesario, cinco. Sí, lo sé, algunos partidos pueden terminarse en treinta minutos, ¿reclamarían entonces los espectadores parte del precio de su entrada? No lo he visto nunca en el tenis o el volley.

Un partido a cinco sets haría que los entrenadores se estrujasen los sesos para dar con una rotación que les permita ser competitivos en todas las mangas y, probablemente, les forzaría a utilizar durante más tiempo a los jugadores estrellas. Jugando a cinco sets, además, la probabilidad de que se sucedan jugadas y tiros decisivos se multiplica del mismo modo que la lógica nos dice que se reducirán al mínimo los minutos de la basura.

Entiendo que modificar unas reglas tan arraigadas es complicado. Las inercias son poderosas y a los puristas se les pueden revolver las tripas. Las estadísticas individuales quedarían en “suspenso” pues no podrían cotejarse con las actuaciones en partidos con reglas tradicionales y en el periódico dejaríamos de ver marcadores en los sesenta o setenta puntos para ver cifras separadas por guiones. Pero, ¿qué podemos perder por intentarlo? El atractivo de las ligas nacionales no traspasa el ámbito de lo local y la ACB no es más que un largo pregón escasamente ingenioso de la que será una nueva final entre Real Madrid y Barcelona (van tres seguidas) a pesar de los intentos de Valencia por romper la diarquía. Insisto, ¿qué podemos perder?

Mientras se consolida esta propuesta, si es que alguien se la toma en serio, Estados Unidos sigue dando lecciones de concepto y gestión. Su selección juega a cien por hora, ataca cuando ataca y también cuando defiende. Reducir al físico la explicación de su poderío sería una falacia que nos remontaría a los tiempos del antiamericanismo por sistema. Se puede jugar bien al baloncesto sin necesidad de marcar jugadas que marean la bola durante segundos para terminar decidiendo desde el pick and roll. Los de Coach K son muy buenos en transición, en el uno contra uno y en el juego del bloqueo directo. Comparten bien la bola y sus pases son los más precisos de toda la competición. Y sin ser blancos ni yugoslavos cuentan con los dos tiradores más puros del mundial: Stephen Curry y Klay Thompson. ¿Se les puede ganar? Seguramente, pero nadie puede negar que USA Basketball ha sabido suplir la baja de sus mejores talentos montando un equipo que respeta las reglas y a sus rivales y que ha venido a España a cumplir una misión.

La NBA sigue enviando señales de buena salud mientras monopoliza el talento y deja en la ruina a competiciones satisfechas en su inmovilismo. El fútbol, cuyas bases se asientan sobre un marcador corto y unos cuantos iconos que desatan pasiones poco cuerdas, descansa tranquilo mientras sus competidores no puedan ofrecer espectáculos mejores de los que vienen ofertando. Y señores, mientras esto no cambie los aficionados no podemos exigirle a las productoras que desatiendan a las leyes del libre mercado para satisfacer toda esa suerte de principios morales, pedagógicos y casi divinos a los que echamos mano para reclamar un mejor trato.

Amantes del baloncesto, barramos antes nuestra casa, ofrezcamos un mejor espectáculo y luego reclamemos. Éste es el orden natural y lógico. Éste debe ser nuestro compromiso.


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Y así hasta 2500





Titulaba hace tiempo la previa de la Liga Endesa como “Una guerra a cambio de muchas batallas”. Y qué guerra, qué fantástica versión de los clásicos duelos entre Real Madrid y Barcelona nos han ofrecido las plantillas actuales de estos dos gigantes del baloncesto. En un partido lleno de alternativas sólo el marcador pudo decantarse por uno de los dos contendientes cuando ningún espectador imparcial podría haberlo hecho sin entrar a valorar empatías o afinidades. Brilló el Barcelona en el juego del bloqueo directo en cabecera. Hizo lo propio el Madrid en la suerte del uno contra uno, maximizando el talento de sus exteriores y aprovechando el de sus interiores en labores tal vez impropias.



Es preocupante, en cambio, que la Copa reproduzca año tras año el duopolio de estas dos escuadras, que no deje margen a la sorpresa y niegue el valor de las pequeñas historias. Correrán ríos de tinta sobre la canasta sobre la bocina de Llull, sobre cuestiones tácticas o de gestión del marcador y sobre la superioridad manifiesta de los interiores culés sobre los madridistas. Nada se escribirá, en cambio, sobre los modestos, equipos que en otro tiempo desafiaban al poder establecido y que ahora bastante tienen con no ver mancillado su honor tras derrotas cada vez más abultadas.



La economía ha determinado que esto sea así. Estas dos versiones del Real Madrid y del Regal Barcelona son superiores a las de hace tres años, mientras que, en este mismo período, los demás equipos han visto debilitadas sus estructuras logísticas y deportivas. Esta realidad, además de revelar esta concentración de talento, este monopolio natural similar al que ejercen las empresas eléctricas en nuestro país (adquirir, almacenar y distribuir la energía cuesta tanto que mejor que lo hagamos unos pocos para que sea rentable y disminuyan los costes), indica que algo no se está haciendo bien en las estructuras de cantera. Salen muy buenos jugadores (Abrines, Mirotic,...), pero no los suficientes. La clase media, aquélla que debería alimentar las ligas profesionales, es cada vez más exigua. Esto, que puede obedecer a múltiples causas, debería hacer reflexionar a los entrenadores de cantera, los responsables no de sumar medallas a su palmarés y sí de nutrir de competidores a las ligas profesionales. El show debe continuar y para hacerlo deberá sumar a la causa a más competidores. De lo contrario bastará con organizar encuentros periódicos entre Real Madrid y Barcelona, encuentros que irían rotando a modo de gira por los diferentes lugares del país.



La ACB debe hacerse preguntas y dibujar escenarios. Debe cuestionarse si el actual modelo puede sostenerse en el tiempo, (si es que lo hace en la actualidad) si cuenta con la masa crítica suficiente como para generar beneficios y poder competir con una competición a escala europea que, intuyo, será cuestión de años (Euroliga o Conferencia Europea de la NBA). Es inevitable incluir en el orden del día su política de marketing, la difusión que del producto realizan las televisiones. Es decir, cuestiones que a todos, en cuanto que agentes pasivos o activos del negocio, nos afectan.



Sinceramente no me imagino un futuro sin Liga ACB y sin Copa del Rey. Sin embargo, ante una oferta de ocio cada vez más amplia y variopinta, bien haría la competición nacional en definir su nicho (especialización) y abrirlo a nuevos compradores (diversificación) sin renunciar a su esencia (la marca). Mañana ya es tarde para ponerse manos a la obra.



Enhorabuena al Real Madrid por la victoria, al Regal Barcelona por su lucha y buen juego y al resto de equipos por no tirar la toalla y seguir presentándose a los partidos. Así fue la Copa del 2014. Así serán las copas, con un vencedor u otro, hasta 2500 (año en el que dejará de disputarse porque al fin se proclamará la III República). 



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Una guerra a cambio de muchas batallas





Qué emocionantes, seguro que las recuerdan, aquellas palabras del Comandante De Gaulle, aquéllas en las que decía, tras la entrada de los nazis en París, que habían perdido una batalla, pero no la guerra. Emocionantes, pero también, si se lee todo el discurso, repletas de franqueza y honestidad, la franqueza y la honestidad con la que reconoce desde su exilio londinense la superioridad táctica y militar de los alemanes.

Pues bien, quizá sea también, la historia de esta ACB que hoy empieza, la de varias batallas perdidas a cambio de una gran guerra. Batallas, seguro que también las recuerdan, como las que se libraban en Badalona, Málaga, Vitoria o Magariños, incluso también en San Pablo o la Fuente de San Luis, es decir, en tantas y tantas canchas en las que tanto el Real Madrid como el F.C. Barcelona sudaban sangre para salir victoriosos y eso, claro, cuando lo lograban. Ahora estos feudos, pese a conservar el murmullo atronador de sus aficiones, aun contando cada vez con más facilidades de tipo logístico, han pasado a ser, aunque en ocasiones puntuales se revivan tiempos pretéritos, lugares de parada y fonda para los dos únicos candidatos al título de la Liga Endesa.

Sólo el Unicaja dirigido por Joan Plaza se erige como una posible tercera vía. El entrenador barcelonés contará con un arsenal anotador muy interesante, aunque el déficit de estatura y kilos en la pintura, pese a contar en su plantilla con un jugador apellidado Sabonis (Domantas, su hijo), puede ser definitivo a la hora de enfrentarse a los dos grandes. En similar tesitura se encontrará Sergio Scariolo al frente del Laboral Kutxa. En su caso, más que la debilidad interior, será definitiva la inexperiencia de la mayor parte de jugadores, al menos en lo que se refiere a competir en la élite.

Así pues, descartados como alternativas realistas los dos principales oponentes, todo se reduce a lo que puedan hacer y dejar de hacer el F.C. Barcelona y el Real Madrid, dos claros aspirantes a Final Four y apuestas seguras para encontrarse en las finales de Copa del Rey y liga ACB. Eso sí, no por anunciado su éxito, viene a estar éste construido sobre los mismos cimientos o parámetros. El equipo catalán no ha dudado a la hora de sacar a relucir su potencial económico para adquirir en el mercado a grandes nombres como los de Nachbar, Papanikolau, Dorsey o Lampe para complementar el talento de los Navarro, Huertas, Tomic, Lorbek y compañía. La insuficiencia de los viejos recursos les obligó a mover ficha para contrarrestar la inferioridad que un engañoso 3 a 2 en las finales no pudo ocultar.

Inferioridad respecto a un Real Madrid que sienta las bases de su éxito sobre una filosofía y unos principios que, por estables y compartidos, se han situado por encima de las individualidades. En el sistema de Laso todos los jugadores se encuentran cómodos desplegando sus facultades sobre la cancha. Todos conocen su rol y aun así son conscientes de que un día cualquiera, miércoles, jueves o domingo, pueden ser ellos los llamados a brillar y resolver. Las incorporaciones del Madrid, en vez de parches son adornos que han de limar la fina barrera que les separó del triplete la temporada pasada: un rebote defensivo ante el Barcelona en Copa y dureza y oficio ante el Olympiakos en la Final de la Euroliga. Para eso ha venido Bourousis, principal novedad y jugador que, junto a Felipe, está llamado a capitanear a las huestes madrileñas en esas batallas que en Europa, por fortuna, siguen siéndolo.

A pesar de todos los problemas consabidos y con aquellos duelos pasados en el recuerdo, la Liga Endesa ha echado a andar con dos claros favoritos, unos cuantos candidatos a la “otra liga” y muchos otros clubes en busca de una viabilidad financiera que, a tenor de lo sucedido en las dos últimas campañas, parece más importante que la salud deportiva. Y es que, una vez más, no ha habido renovación en una liga que se resiste a descender a la realidad económica del momento negándole, de esta manera, a muchos equipos y aficiones el derecho a jugar en ella, un derecho que se ganaron (Burgos y Alicante la pasada primavera) donde, en principio, se dirimen las contiendas en esto que antes llamábamos deporte.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Se la quedó Felipe





Se la quedó Felipe. Como tantas otras veces. Hasta la pelota quiso despedirse de la temporada abrazada a este estandarte andante de la integridad y la honradez, a este mito del baloncesto al que, como al resto de compañeros de aquella magnífica generación, echaremos de menos cuando ya no esté.

Ganó el Madrid en una serie que nunca debió llegar al quinto partido, en unas finales que el Barcelona afrontó bajo mínimos y que peleó con bravura hasta el último momento gracias a que unos días aparecieron unos y otros días otros. Hasta los que no estaban invitados quisieron colarse en el guateque y amargar la fiesta blanca. Y si no qué les parece la actuación de Sarunas Jasikevicius tirando pases de cuchara o a la remanguillé, anotando tras parada o yendo a la línea como en sus mejores tiempos. Sin embargo, para desgracia de Pascual, impecable estratega, desaparecieron demasiados. Dos han sido los hombres clave durante los últimos años y los dos, Lorbek y Navarro, por unos motivos u otros, no acudieron a la última gran cita.

El Barcelona se encontró con el muro de los 72 puntos, barrera infranqueable que se le apareció una jornada tras otra con independencia de la dureza o agresividad defensiva con que se aplicara el rival. No había más en la recámara. Ni a nivel técnico ni a nivel táctico.

Conociendo, como conocía el Madrid, el problema de su rival para multiplicar los panes y los peces, tiene mayor pecado que tuviera que jugarse un quinto. Y es que por muy dura que fuera, que lo es, la defensa de los azulgrana, el equipo de Pablo Laso, elaborado con sumo tino en la búsqueda de un equilibrio ofensivo y defensivo (no tanto interior-exterior) y con jugadores de perímetro de infinito talento, podría haber trazado mil rutas diferentes para concluir todos los encuentros por encima de los ochenta puntos y haberse llevado la serie 3-0 mandando, de paso, un mensaje diáfano de cara a los próximos tres o cuatro años.

Pero no. El Madrid tuvo que apelar a la heroica, hablar de los árbitros y aferrarse a Felipe para terminar de darle la puntilla al Barcelona. Necesitó sacar la chequera para conseguir a un tres de garantías en la que fue, ésta sí, la puntilla definitiva al sucesor de Carlos Jiménez (disculpen la ironía). Hasta tal punto temieron en Goya por esta liga que hasta Laso hubo de rehacer su rotación, rígida como un menhir, e introducir a Carroll de inicio para marcar un parcial de 10-0 para poner las cosas en su sitio.

Hasta aquí las críticas. Hoy el madridismo, ese sentimiento que me incluye (en un sector, eso sí, que se va moderando con los años) tiene motivos para estar feliz. El primero, claro, es la liga. La liga como título y la liga como recompensa a un trabajo muy bien hecho. El segundo tiene que ver con el pasado, con los años de prédica infructuosa en el vacío de la derrota que hoy, de pronto, quedan atrás, muy atrás. El tercero, el más importante, es el que tiene que ver con el inmediato futuro, con la ilusión que transmite a la afición un proyecto que se consolida a base de nombres, pero sobre todo de ideas.

Y aquí entra Pablo Laso, uno de los personajes del mundillo más parodiado, cuestionado, criticado y, también, admirado y respetado. Aunque en momentos cruciales de la temporada echó el freno de mano y recordó, o le recordaron, que cobra por ganar y no por dar espectáculo, su propuesta de baloncesto es digna de alabanza. Tuvo los cojones, aunque después varias veces este mismo motivo se los haya puesto de corbata, de descartar la renovación de Tomic por su poca implicación defensiva y por su lentitud a la hora de recorrer el carril del cinco en el contraataque. Él y su equipo técnico asumieron las consecuencias de apuestas arriesgadas como las de Slaughter o Draper y le dieron un voto de confianza a Sergio Rodríguez sabedores de lo escaso que anda el talento en el mercado. Tenían la fórmula y simplemente buscaron los ingredientes.

El plato siempre supo bien. Siempre fue agradable al paladar e invitaba a querer probar un poco más. Sin embargo, por pequeños detalles, no terminaba de rematar en los grandes concursos. Se perdió por un rebote defensivo la Copa del Rey, se cedió ante el rodillo de Olympiakos la ansiada novena. Por eso este título, además de esperado se había convertido en urgente. Tocaba avalar con resultados, con trofeos en las vitrinas, un trabajo que a todos nos parecía bueno, nos sabía bueno y nos olía bien.

Por fortuna, para mí como madridista, para nosotros, como amantes del baloncesto, este título ha llegado. Sucedió en la noche de un 19 de junio en la que nos seguimos acordando de Manel y, claro, al igual que el balón, de los huevos de Felipe. 


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Clandestinos







Para un criminal ser un clandestino es norma de vida. Cuando la ley te persigue la única manera de eludirla es convertir tu mundo en una cloaca y asomar la cabeza sólo muy de vez en cuando. En ese caso es normal que no aparezcas en los medios, que los vecinos no te saluden y que la panadera te pregunte cada día qué tipo de bollo te gusta más.

Sin embargo, hablo en nombre del baloncesto español, de su campeonato enseña y de todos cuantos nos dedicamos a este deporte de manera más o menos humilde y entregada, ¿cuál fue nuestro delito? ¿Quién nos persigue para que debamos movernos en este nivel de anonimato que nos conduce, sin posibilidad de enmienda, a la ruina más absoluta?

Mañana, perdonen si la sintaxis a partir de ahora no es tan pulcra pero es que intento recuperar el oxígeno que he consumido buceando hasta las simas más profundas de webs especializadas en deportes, creo, porque es difícil estar seguro acerca de la fecha y el horario de un acontecimiento tan marginal, se disputa el primer partido de la eliminatoria por el título entre el Real Madrid y el Regal Barcelona. Los telediarios, salvo el de la cadena pública, han obviado su existencia o la han reducido a una breve nota al filo de la despedida. En las calles de nuestra “querida” España se intuye el olor de la arcilla de París y apesta al humo negro que contamina la atmósfera de Montreal. Son otras las prioridades de un país que hace ya mucho tiempo que dejó de entender el baloncesto como el segundo deporte, como una alternativa real al fútbol de la que todos hablaban aunque ninguno entendiera. Vamos, eso mismo, como el fútbol.

Otro día, si os apetece, discutimos sobre los factores (rotaciones largas, menor identificación con los equipos, globalización de la NBA, polarización por parte del Dios Balompié, mala comercialización del producto,...), pero hoy quisiera hablar de las consecuencias, del panorama que se dibuja para un deporte que vive su gran clásico como si se tratara de un partido más. Créanme cuando les digo que ninguna de las personas de mi bloque dejará de ir a misa o de tomar el vermouth para ver el partido (entre otras cosas porque no saben ni que se juega). Tampoco se suspenderán las salidas al campo ni las visitas a los abuelos. Las comidas estarán aliñadas de “iphones” y de conversaciones estériles sobre el tiempo, el paro o las notas del muchacho y en el televisor, ese fiel compañero siempre listo para deshacer los incómodos silencios, se escuchará de fondo el canal de dibujos o una cadena musical.

Así vivirá el domingo la clase media española. Esperando a que empiece el tenis. Sufriendo porque Pérez no le rompa el alerón a Alonso. Ignorante de todo cuanto suceda en el Palacio de Deportes en una mañana, la del domingo, que en esta península al menos, es para digerir la resaca.

Ojalá, para los aficionados que aún seguimos creyendo en todo lo que este, nuestro deporte, le puede aportar a la sociedad más allá del mero entretenimiento, el dicho taurino se cumpla a la inversa y que mañana de escasa expectación se convierta en partido de relumbrón. Ingredientes hay de sobra para ello. Grandes jugadores, confrontación de estilos, rivalidad histórica y cuentas pendientes son factores a tener en cuenta. Sin embargo, como también añadía al analizar la final de la NBA, el pasado es pasado y ahora, en este punto de la temporada, sólo cuenta el presente. Por muy clandestino que sea.

Que gane el mejor. Y que nosotros, aunque seamos poquitos, lo veamos.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Siempre Navarro





Eran las siete de la tarde y todo estaba preparado en el Palau. El escenario lucía sus mejores galas. Las gradas, repletas de banderas esteladas, anunciaban una enorme orgía de nacionalismo e independentismo catalán. La excusa, un partido de baloncesto contra el máximo rival, el exponente, bajo su prisma, del centralismo y la España dieciochesca de los Decretos de Nueva Planta y el despotismo ilustrado (a lo que contribuía indudablemente la barba de Sergio Rodríguez similar a la que se dejó el Príncipe Felipe en fechas recientes). 



Por suerte, dos horas después, la excusa se había convertido en el acontecimiento principal de la velada y los gritos de independencia se transformaron, de súbito, en la aclamación popular de un héroe desprovisto de músculos hipertrofiados o de la labia de un Cicerón. Para la fortuna del buen aficionado, el baloncesto se hizo con las riendas de la mano (y los pies, los apoyos como no se cansó de repetir Manel Comas durante la retransmisión) de un Juan Carlos Navarro al que todo adjetivo calificativo (en positivo) que pudiera acompañarle resultaría insuficiente.

Se presentaba el Madrid en Barcelona con ganas de batir récords y de poner en apuros al máximo rival de cara a su clasificación copera. Sin embargo, los de Laso volvieron a mostrar sus carencias dejando un regusto amargo en la boca del seguidor blanco para cuya desaparición harán falta mucho más que doce uvas y una buena borrachera. El estilo del Madrid divierte, pero no es el indicado para alzarse a final de temporada con los títulos de mayor importancia. Así, mientras en los dos últimos partidos el Regal ha demostrado poseer condiciones para adaptarse a cualquier tipo de ritmo o marcador, el Real ha quedado en evidencia. Sólo tiene una marcha. Y no tiene juego interior.

Sin intimidación ni rebote defensivo, a la defensa del Real Madrid le queda confiarse a la rapidez de manos, y piernas, de Rudy, Draper o los Sergios. Sin embargo, al saberse desprotegidos, muchas veces se encuentran ante el dilema de apretar y ser rebasados o dar un paso atrás para intentar mantenerse entre el balón y la canasta. No sé si desde las oficinas del club blanco dan por cerrada la plantilla o si aún existen opciones para reforzarla, pero lo cierto es que el equipo necesita un pívot que asegure rebotes atrás y que cambie unos cuantos tiros en las proximidades del aro.

Pero sería injusto seguir hablando del Madrid en una noche como la de hoy en la que el mundo del baloncesto aún sigue rendido a los pies de Navarro. El twitter ardía a eso de las nueve de la noche y las afirmaciones hiperbólicas se sucedían a riesgo de ofender, sin querer, a Petrovic (no dejéis de ver el vídeo a continuación), Gallis u otros mitos del baloncesto continental. Llovían, también, comparaciones con estrellas de la NBA. Quizá nos pudo la euforia, pero qué delicioso sentimiento éste de saberse feliz por el hecho de existir y de poder ver jugar a un ser aparentemente como nosotros capaz, eso sí, de meterle 33 puntos al Madrid en una serie casi perfecta de tiro y con un estilo inigualable que mañana más de un niño tratará de imitar en el parque junto a su casa.



Gracias a Navarro, a su talento y a su amor por este juego, el baloncesto quedó liberado de las ataduras en forma de sistemas y se simplificó hasta el punto de ser infinitamente bello. Sirva esta exhibición para reivindicar que el trabajo en los clubes de cantera se aleje de la geometría de los esquemas tácticos y se acerque al arte más primario de la danza. Primemos, quienes tenemos la responsabilidad de gestionar un mayor o menor talento, los juegos de coordinación, la creatividad y el uno contra uno. A lo peor perdemos el siguiente partido. A lo mejor, quién sabe, el día de mañana la red social que haya dejado obsoleta a Twitter esté repleta de mensajes de adoración y pleitesía hacia uno de nuestros pupilos. Ocurra esto o no, la mera posibilidad hará que haya merecido la pena. ¿O no?

Reflexiones aparte, lo cierto es que una tarde como ésta merece ser recordada. Lo que iba a ser una orgía política para unos pocos devino en un orgasmo generalizado sin posibilidades de exclusión. No está mal sentirse de un sitio e identificarse con sus símbolos y valores. Entiendo, aunque no comparta, a los que hacen de una bandera su patria, o de una patria una bandera. Pero me identifico más, si es que ésta es la cuestión, con los que en la vida o en el baloncesto, son capaces de reconocer el arte a cada paso, el amor en cada rincón y el talento en las manos y los pies de un genio como Navarro. ¿Independencia? Qué sé yo. ¿Navarro? Siempre.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

FELIZ BALONCESTO






No sé si conseguiré explicarme. En realidad convivo con esta duda cada vez que empiezo a salpicar de negro el fondo blanco de mis pensamientos simbolizado por la hoja de papel virtual del editor de texto. De hecho, no sé si hago bien en escribir sobre estas fechas en unas fechas en las que que las propias fechas explican por sí solas nuestra manera de actuar y nos pilotan, sin rumbo fijo, a un paraíso de fingida felicidad o de irreparable melancolía (allá cada cual) del que es muy difícil escapar.

Pero en fin, me arriesgaré. Me arriesgaré, digo, a contaros la desazón y el desencanto que me provoca la sucesión de tradiciones que, ligeras de contenido, seguimos religiosamente mientras nos proclamamos ateos, escépticos o hijos de un dios menor llámese Messi o Justin Bieber. Llámese mejor, porque éste es su verdadero nombre, dinero, eso que según Jules Renard, postromántico francés, nos preocupa haciéndonos, por ello, diferentes a los animales.

Así, y aun asumiendo la omnipresencia de lo material en nuestras vidas, hoy quiero hacer una llamada a la esperanza, un canto sordo repleto de versos que no riman y estrofas que se pierden como gotas en el océano. Y es que no escribo para que me lean o me escuchen. Menos aún para que sigan las cuatro normas que intento poner en práctica cada día y que olvido torpemente mientras desayuno. Hoy las escribo para eso, para recordarlas. Y las hago extensibles como parte de la terapia que sigo en la búsqueda de sentido de este carrusel el que nos vemos inmersos sin, ni siquiera, tener que pagar entrada.

O mejor, no sé qué os parecerá, hago lo que hago siempre y me dejo de divagaciones estériles. Y es que siempre hay una cura para esta clase de males, una receta milagrosa que dibuja en nuestros rostros una sonrisa que bien pudiera ser definida como tonta, aunque en realidad sea la más inteligente de todas. ¿Y qué hago siempre que me peleo con el mundo, las creencias populares o los belenes de cartón piedra? Pues pensar en baloncesto (por ejemplo en estas imágenes). 



Sirve igual, apunten los ingredientes, un partido de élite o una cancha de parque mugrienta con redes dispuestas a contagiarte el tétanos. No sean quisquillosos, tampoco, con el punto de vista. Jueguen, entrenen o arbitren. Sean, por qué no, meros, qué digo meros, grandes aficionados. Critiquen y abucheen. Simplifiquen si es necesario una complejidad a veces artificial, a veces inherente al propio juego. No sean clasistas. Baloncesto es todo. Lo que gusta y lo que no. Laso, pero también Pascual. Individual, pero también zona. Masculino y también femenino. Clasistas no, pero tampoco tontos, que luego te acaban poniendo el baloncesto a la hora del pincho los domingos coincidiendo con los partidos de las autonómicas y claro, luego audiencias a la baja, patrocinadores que se dan el piro, equipos que no pagan los avales y el reconocimiento generalizado de que el fútbol es más divertido (una liga sentenciada en diciembre), más dinámico (90 minutos de los que se juegan la mitad) o más sostenible (si los clubes de fútbol le debieran dinero a los Corleone habría habido más asesinatos en España que en el Chicago de los años 20).

Vaya, parece que con el fútbol me pasa lo mismo que con la Navidad. No creo en ellos, pero se cuelan entre mis letras como esas chicas de una noche a la que mis principios renuncian perdiendo siempre la batalla contra mis instintos. ¿O es que se dejan perder? Bueno, hablaba de baloncesto y ahora paso a hacerlo de BALONCESTO, el que se enseña, se aprende y se olvida para volver a aprender en las etapas de formación, en los cientos (quizá miles, no tengo ganas de comprobar el dato) de clubes que se esmeran cada día en formar a jóvenes que comparten una misma pasión. 



Por suerte no es éste un asunto de productividad y no aparece en la agenda del Consejo de Ministros, aunque siempre se cierna sobre él la sombra de la guillotina, la del recorte por falta de importancia, la del destierro al cajón del olvido. Y sí, modestos podemos llegar a ser, pero el exceso de humildad no debe impedir que se reconozca la función que miles de entrenadores realizan, realizamos, en los patios de los colegios o, si tenemos más suerte, en los pabellones de nuestras escuelas o localidades. Allí, con un balón por medio, con dos aros y unas cuantas líneas, sin envoltorios de regalo ni sonrisas postizas se entremezclan pasiones y sueños con valores fundamentales que todos debemos aprender. Y es que el baloncesto, bien enseñado, practicado con dureza e ilusión, es una auténtica escuela de vida.

Hablo ahora como entrenador para recordar que muy pocos jugadores de los que tengamos el placer de dirigir llegarán a ser profesionales, a hacer dinero con el baloncesto. Aun así tenemos la obligación de enseñarles todo lo que sabemos y de seguir formándonos para que que nuestro bagaje sea cada vez mayor. Eso, en el aspecto deportivo. Sin embargo, habida cuenta de la escasa proporción a la que antes hacía mención, creo que es más importante generar consumidores futuros de deporte en general y de baloncesto en particular y contribuir, al mismo tiempo, a su formación en aspectos tan básicos como el respeto al compañero y los límites a la libertad.

Me conformaría, y ya me despido, si estos chicos siguen pensando de adultos que Navidad, tal y como se entiende en estos tiempos y dado que no hay otra palabra, puede celebrarse cualquier día. Porque Navidad, en cuanto que sinónimo de celebración o fiesta, es también sinónimo de baloncesto. Y el baloncesto, en cualquiera de sus diferentes formas y bajo sus múltiples máscaras, siempre estará ahí para tendernos su mano amiga.

FELIZ NAVIDAD. FELIZ BALONCESTO

Curso 2012-2013






Tras prácticamente un mes de vacaciones en el que otros asuntos han copado mi agenda, es hora de retomar la escritura de éste, vuestro blog, para daros la bienvenida e inaugurar un curso baloncestístico que se presenta lleno de desafíos y eventos destacables.

Después de un verano marcado por la cita olímpica de Londres y sin que aún sepamos demasiado acerca del futuro de nuestra selección absoluta (quién será nuestro seleccionador, qué jugadores se borrarán de las próximas citas,...), la llegada del otoño marca un punto de inflexión en el calendario deportivo. En breves días, la liga Endesa se pondrá de largo y en ella varios equipos tratarán de poner en jaque la supremacía cada vez más discutida de un Regal Barcelona que se ha impuesto en las dos últimas ediciones. La Copa del Rey disputada en el Sant Jordi, los playoffs de la pasada temporada y la Supercopa recién celebrada apuntan a un cambio de tendencia. El Real Madrid de Pablo Laso, rebosante de talento y firme creyente en una filosofía que atrae seguidores al baloncesto, parte como gran favorito en todas las competiciones nacionales y como aspirante al máximo trono europeo. Sin embargo, pocos pueden enterrar las opciones de un Barcelona que dependerá no sólo de los sistemas de Pascual, sino sobre todo de la salud de dos de los mayores genios del baloncesto contemporáneo. Si Navarro y Jasikevicius son capaces de aportar veinte minutos de calidad, pocos equipos podrán defender las múltiples opciones ofensivas, interiores y exteriores, de un Barcelona que este año, al fin, presume también de presencia en la zona. Caja Laboral, Valencia, Bilbao y Unicaja volverán a presentar batalla con presupuestos más modestos, pero con el respaldo de aficiones fieles a los colores y volcadas con el baloncesto. En los puestos de abajo se librarán escaramuzas marcadas por la urgencia y las circunstancias cuyo resultado, en todo caso, será virtual a la espera del pago de las licencias una vez finalice la temporada. 



La crisis económica y social será, a buen seguro, tema habitual en el blog. Su incidencia es notable en el ámbito profesional y se hace aún más evidente cuanto más descendemos de categoría, cuanto más nos aproximamos al baloncesto amateur. Numerosas ligas provinciales y autonómicas se encuentran en la UVI y muchos patrocinadores han tenido que poner pies en polvorosa abandonando al baloncesto de cantera a su suerte. Es ahora cuando los gestores deben demostrar cualidades y aptitudes, cuando urge echar mano de la imaginación para afrontar un período hostil que, para más inri, no tiene fecha de caducidad. Las hipotecas del presente serán las cargas del futuro. Una educación sustentada en el deporte contribuye decisivamente al asentamiento de valores universales que todo ser humano debe poseer. La posibilidad de perder nos hace humildes. La aspiración de ganar, ambiciosos. La existencia de reglas, aunque pueda parecer lo contrario, libres. Y todo ello se puede aprender en una cancha de baloncesto, en el marco de una colectividad, el equipo, deudora y acreedora al mismo tiempo de los sueños, pasiones y, también, por qué no, de los temores de cada uno de sus miembros. 

Todo ello trataré de inculcar en mi papel como entrenador de un equipo junior de categoría autonómica. En él trataré de aplicar todo lo aprendido en el pasado curso de entrenador de nivel 2 del que os hablé durante el verano, pero sobre todo, en él trataré de mostrarme como soy, de enseñar lo que un día me enseñaron con las vistas puestas más allá del acechante corto plazo, el que nos atrapa y amenaza, el que nos engaña e intenta hacernos perder la vista del horizonte con esas hipérboles paranoides llamadas victoria o derrota.

En un horizonte temporal cercano se sitúa, también, una nueva temporada de la NBA. El próximo lunes jugadores y cuerpos técnicos se reunirán para empezar a trabajar. Durante el verano los primeros pulieron sus condiciones físicas y mejoraron aspectos técnicos mientras los segundos se devanaban los sesos para dibujar una planificación que deberá someterse, en cualquier caso, al capricho de la circunstancia. Los Heat se presentan como máximos favoritos, más aún tras las recientes incorporaciones de Ray Allen y Rashard Lewis, dos francotiradores de reconocido prestigio (sobre todo el primero) que abrirán aún más el campo para que Lebron James y Dwyane Wade actúen a sus anchas. Los candidatos a dificultar esta tarea serán los Thunder de Durant, los Lakers de Nash, Gasol, Kobe, Howard y compañía y los Celtics de la defensa, el espíritu de equipo y la tradición. Ah, y de Rondo, Garnett, Pierce, Terry, Green y, sobre todo, Doc Rivers. 



Surgirán, claro, otros temas. Recuperaremos historias increíbles, hablaremos de jugadores que engrandecieron nuestro deporte y discutiremos sobre cuestiones de reglamento, táctica o cualquier cuestión que os parezca oportuna. No lo olvidéis, vosotros sois una pieza esencial de este modesto proyecto que nació de la nada para hablar de algo que nos gusta mucho. Baloncesto, amigos, claro que sí.

UN ABRAZO Y BUEN CURSO BALONCESTÍSTICO 2012-2013