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Un plan intachable

 


Es absurdo y, sin embargo, no tengo ninguna explicación para estas lágrimas de felicidad que recorren mis mejillas al ver a los Celtics, a mis Celtics, celebrar la consecución del título de la NBA. Han pasado dieciséis años desde el anterior anillo, la mitad de treinta y dos, que fueron los años que mediaron entre la sexta y la séptima Copa de Europa del Real Madrid, el otro equipo al que irracionalmente entrego mi corazón y con cuyos éxitos y fracasos me fundo.

 

Pero más allá de lo emocional, este triunfo de los Celtics pone fin a un curso baloncestístico en el que algunas notas dominantes deben iluminar el camino de los proyectos que empiezan a urdirse en las oficinas de los distintos clubes. Y, aunque el inciso previo es que no hay ingrediente secreto que conduzca irremediablemente al éxito de los equipos, creo que esta temporada, y especialmente el triunfo de los Celtics, debe dar que pensar a los distintos responsables, a todas las áreas deportivas de las distintas organizaciones que se dedican en cuerpo y alma al baloncesto, antes una ciencia social que una rama de las matemáticas, antes una derivada de la química elemental que un subproducto de un moderno laboratorio.

 

1.      Una mente maravillosa, un plan intachable. La mente, claro, la de Brad Stevens; el plan, obviamente, todo el entramado de nodos y redes que ha ido creando en este tiempo a través de movimientos que, tal vez, concebidos aisladamente no tenían mucho sentido. Brad Stevens sabía cómo debía atacar su equipo para ser casi imposible de defender y cómo debía defender su equipo para ser casi imposible de desarbolar. El entrenador debía creer en esta fórmula en la que la capacidad de desequilibrio de unos y la amenaza de otros dentro de un particular spacing lo es todo. El entrenador debía creer en que la versatilidad defensiva dentro de un contexto de hombres altos de brazos largos rematada por un plus de intimidación los haría casi invulnerables. Él se encargaría de juntar las piezas para hacer funcionar la idea. La clave, por tanto, la fusión de conocimiento e imaginación que dio lugar al plan. La clave, por tanto, tener en el puesto de máxima responsabilidad de una organización deportiva, a un sabio y a un innovador responsable y comprometido con la franquicia y con el baloncesto.

 

2.      Binomios entrenador-organización. En Joe Mazzulla los Celtics no vieron en ningún momento a ese entrenador que multiplica los panes y los peces o transforma el agua en vino, esa figura a la que se aferran tantos directores deportivos en Europa para ahorrarse, quizá, la concepción del plan del que hablaba en el anterior punto. Brad Stevens no se ponía en manos de Joe Mazzulla, de 33 años y sin apenas currículum en aquel momento, para que resolviera todos los problemas de la organización, entre otras cosas porque no había ningún problema que resolver. No estaba llamado a ser un apagafuegos, solo una pieza más, importante, dentro de un engranaje, este sí, perfecto. Este relevo encuentra un cierto parecido en la transición tranquila que encarna Chus Mateo en otra institución, el Real Madrid, que avanza con paso firme e intenciones claras desde hace más de doce años. No es tanto el entrenador, sino la coherencia, los principios que encarna, su preparación para ejecutar el plan y darle ciertos matices. No es tanto el chamán como el líder de un grupo humano. Y la estabilidad, claro.

 

3.      La diferencia entre nostalgia y responsabilidad con el pasado. Que los Celtics son una franquicia con una enorme historia detrás es un hecho. Que los Celtics se aferraron durante muchos años al polvo que inundaba la sala de trofeos puede que también. Pese a la conocida cita de Marx ─ «la historia está llamada a repetirse, unas veces como tragedia y otras como farsa»─, o precisamente por ella, es necesario utilizar esta historia como un elemento motivador, no como una excusa para la parálisis y un injustificado aferramiento a las fórmulas que fueron victoriosas en el pasado y que, como es lógico, en contextos nuevos y en el marco de una competición en la que la única constante es el cambio, están llamadas al fracaso. El ejemplo es claro: si los Celtics hubieran actuado con nostalgia, Marcus Smart hubiera seguido en la plantilla.

 

4.      La alquimia y los indispensables. Es cierto, Joe Mazzulla (o la extensión de Brad Stevens en la cancha) confió en más gente y amplió la rotación que solía emplear Ime Udoka y que él mismo replicó en su primer año en el banquillo. Pero esto también ocurrió gracias a que había más jugadores preparados y menos jugadores necesitados de un protagonismo que no podrían tener en un equipo llamado a pelear el título de la NBA. Es cierto, el modelo de juego facilita que haya tiros para todos y el ejercicio de humildad de los Jays para entender que debían ser antes generadores que anotadores compulsivos, también colaboró con la asunción de roles, la mayor y mejor distribución de los minutos, la diversificación de la ofensiva y, finalmente, como consecuencia de todo esto, la química en el vestuario. Desde luego, fue clave deshacerse de un “amasabalón” como Smart y cambiarlo (aunque en realidad no fue un cambio directo) por un jugador como Holiday, mejor defensor, más capacitado para jugar sin balón y menos pagado de sí mismo. Esto y empoderar aún más a White, una especie de Xabi Alonso o Busquets del baloncesto que da sentido a cada balón que pasa por sus manos.

 

5.      Veteranos con alma de niño. Está muy bien ese discurso que alaba la presencia de veteranos en el vestuario, pero yo añadiría que esos veteranos deben tener hambre de mejora y alma de niño. Hay mucha diferencia entre jugadores que se dan por amortizados y acuden a jubilarse a un equipo poniendo sus derechos por delante y aquellos otros como Horford o el actual Llull que están enamorados del juego, comprenden las necesidades del equipo y preguntan, nada más llegar el primer día al vestuario, «qué se necesita» o «en qué puedo ayudar». 

 

6.      Dividir y doblar como forma de vida. Va a parecer naïf u oportunista, pero los Celtics juegan al baloncesto como un muy buen equipo infantil. En los Celtics no hay bases, aleros y pívots, hay generadores de ventajas, amplificadores de ventajas y rematadores que pueden jugar cerca de la línea de fondo o más allá de la línea de tres. Todo se basa en el uno contra uno, como tantos critican, sí, pero también en leer y castigar la respuesta defensiva de modo que la distribución de las piezas ofensivas impida una reacción efectiva o gratuita. Así, ya sea como consecuencia de la primera ventaja, o de segundas o terceras ventajas derivadas, los Celtics aspiran a terminar su ataque con un tiro de alto porcentaje, ya sea una bandeja próxima al aro o un tiro de tres puntos con los pies encarados a la canasta. Todo ello tras haber desgastado a la defensa y haberse provisto, así, de muy buenas oportunidades de rebote y de una muy buena disposición inicial para el balance. Y para todo ello, en fin, vuelven a ser claves los cuatro fundamentos básicos del ataque bajo mi punto de vista: el driblin, el pase, el tiro y el juego sin balón en su doble vertiente ejecución/decisión.

 

7.      La capacidad para cambiar, la vida en mismatch. El de los Celtics ha sido el segundo mejor defensive rating en liga regular y el tercero en Playoff, por lo que en esta mitad de la pista debemos encontrar quizá algo más que la mitad de su éxito. Hasta cinco defensores se encontró Doncic en su camino al anillo porque incluso más de cinco jugadores de los Celtics podían llegar a defender, con un poco de ayuda, al jugador más talentoso de esta generación. En ese perfil versátil y cineantropométrico de los jugadores de Celtics reside gran parte de su éxito. También en los esquemas, en los detalles técnicos y, sobre todo, en la convicción de que no se pueden alcanzar éxitos tan grandes como un anillo de la NBA sin atender lo que sucede en defensa. Es más, quiero pensar que en la concesión del MVP de las finales a Jaylen Brown, además de una petición implícita de disculpas por no haberlo valorado en su justa medida anteriormente, también había un reconocimiento al nivel físico, de manos y contactos que puso en este lado del parqué.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Missing you, Navarro






Ayer quise dedicarle un poco de tiempo a ver con detenimiento el Eslovenia-España que nos condena a luchar por el bronce en unas horas. No pude seguirlo completo en directo y el poco tiempo que lo hice no pude hacerlo con la concentración con la que me gusta observar estos partidos (sin el móvil cerca, centrado exclusivamente en el juego). De las conversaciones con amigos, muchos de ellos entrenadores y jugadores de baloncesto, quise sacar dos conclusiones: Eslovenia había jugado muy bien y nos había arrollado por un mayor ritmo y acierto y España se había suicidado, jugando poco con los interiores y demasiado tiempo con los dos Gasol en pista, con la rémora que eso supone a la hora de defender situaciones de pick and roll con cuatros abiertos como los que presentaba el rival, especialmente Randolph.

Efectivamente, como suponía, Eslovenia jugó bien. Castigó en el pick and roll a Gasol hasta la extenuación, tanto como lo hacía Nadal con el revés de Federer hace unos años. Una y otra vez, sin piedad, sabiendo sus problemas de movilidad, conscientes de que en todo momento tendría que medir su agresividad para evitar meterse en problemas de faltas, sabedores de que uno de los cuatro jugadores llamados a rotar sería Marc, emparejado con un exterior en la práctica como Randolph. Aquí España se la jugó por orientar hacia la mano menos peligrosa de los atacantes a partir de las nociones extraídas del Scouting. Conducir hacia la pantalla o negar el camino en función de qué dirección tuvieran que tomar Doncic y Dragic principalmente. Mientras, Gasol a la espera, protegiendo el camino al aro, impedido para la acción consecutiva del rebote, mal posicionado para luchar por la posición. Grande para evitar penetraciones, pero no segundas acciones en la continuación o en el lado contrario, donde nuestros aleros (incluido Marc) sufrían para dar auxilio a Gasol y recuperar a su hombre.

No hicieron mucho más los eslovenos que jugar bien la situación de pick and roll atacando el espacio entre el defensor del balón, que lo concedía, y el defensor del bloqueador, que flotaba. A partir de ahí algún floater, alguna bandeja (metidas y falladas con rebote ofensivo), algunos pases alimentando la continuación y muchos otros al lado contrario, donde los jugadores abiertos (lo que los americanos llaman en situación de spot up) castigaban con triples, con fintas y arrancadas o con rápidas circulaciones de balón, los closeouts (las recuperaciones defensivas) de los nuestros, con las nociones de técnica individual en la que los jugadores balcánicos siguen dándonos lecciones.

Es aquí donde más quejas podemos tener los aficionados sobre las decisiones del cuerpo técnico, que esperó al último cuarto para introducir una alternativa defensiva que parase semejante degüello, colocando una zona 2-3. Antes, qué sé yo, pudieron concederle el tiro al jugador al balón pasando de tercero, o exigirle, como hace Serbia con Marjanovic, asomarse un poco más cerca del bloqueo a Gasol impidiendo ganar el corazón de la zona a los bases eslovenos. Lo cierto es que una vez tras otra castigaron esta situación, una situación que pone en valor a todos esos jugadores eficaces en la defensa de hombres grandes y con la movilidad suficiente como para aguantar cambios defensivos en el perímetro. Pienso, claro, en Draymond Green.

En cuanto al ataque, poco que reprochar al planteamiento del seleccionador. Se mezclaron situaciones de juego interior (bastante variadas, por cierto) con otras de pick and roll, de la que muchas veces salieron tiros liberados o situaciones análogas a las que conseguía Eslovenia en el lado contrario, es decir, spot ups con ventaja para el receptor del balón. La diferencia es que en esas situaciones, con todos los respetos para jugadores que son excelentes, teníamos a San Emeterio, Sastre, Juancho o Ricky (que hizo un buen partido en líneas generales) y a ningún cuatro abierto que pudiera ocasionarle quebraderos de cabeza a los interiores que doblaban la defensa sobre Pau. Es cierto que, como indicaba Pepu Hernández en la retransmisión, el balón de España giró más lento que el de Eslovenia una vez generada la ventaja, pero también es cierto que lo hacía por manos menos diestras, más inseguras, menos dotadas para el “catch and shoot” o la arrancada tras finta para parada y tiro, gestos que los balcánicos podrían ejecutar dormidos.

Dicen los expertos que ambos problemas, el ofensivo y el defensivo podrían haberse arreglado con más minutos de Juancho al cuatro, pero es que al joven alero madrileño, a punto de cumplir 22 años, lo empujaron fuera del campo en la lucha por la posición tras un missmatch después de que Marc saltara a defender a Doncic y le quitaron dos rebotes defensivos por una cuestión de dureza. Yo digo, contra las voces que me criticarán por ello, que hubiera jugado más minutos con Navarro, quien al menos se fabricó tres tiros y alimentó a Gasol en un bloqueo y continuación, el único junto con el inicial de Marc que culminamos con claridad cerca del aro, lo que demuestra que a Navarro le siguen temiendo por Europa y enviándole defensores, algo que no ocurre con Ricky, Sastre, Juancho o San Emeterio.

También apunto que jugamos con menos dureza, que no supimos aprovechar tan bien como ellos las faltas que no conceden tiros libres y que ellos emplearon para detener contraataques, eliminar situaciones de missmatch o dejar sobradas muestras de que en su zona nadie pisaría gratis. Y recalco un elemento clave que puede ser significativo, tal vez por haberlo sufrido en un partido importante de la pasada temporada: No se puede empezar el tercer cuarto cuatro abajo y en un minuto ir perdiendo de ocho por dos balances que no hacemos (responsabilidad de nuestros exteriores).

En cualquier caso tenemos lo que tenemos. Un equipo muy mermado en posiciones claves, que hubiera sido otro con algo tan simple como un cuatro que pudiera meter tiros o fabricar juego desde el perímetro (Mirotic) o con algunas de las bajas en el exterior, incluida la de José Manuel Calderón por decisión técnica. Con Llull, Rudy, Calderón o Abrines en pista, los eslovenos hubieran dudado a la hora de sobremarcar los balones interiores y las situaciones de bloqueo y continuación o, en su defecto, hubieran pagado el peaje por hacerlo, cosa que el jueves no pudimos hacer por una notoria falta de talento y acierto.

Un equipo mermado, sí, pero también un conjunto histórico, no lo olvidemos, que despide esta tarde a uno de sus estandartes, un Juan Carlos Navarro que ha sido el Robin perfecto de Pau, el mejor dos posible para que el de Sant Boi pudiera hacer de las zonas rivales territorio conquistado. El mejor escolta, en los dos sentidos del término, de la historia de nuestro baloncesto.




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El mejor (por inesperado)





Como cuando Phileas Fogg descubrió que su tiempo no había acabado, que había ganado un día viajando hacia el este y que aún tenía veinticuatro horas para abrir las puertas del Reform Club y ganar su apuesta. O como cuando nace un hijo inesperado con el que ya no se contaba. Así nos sentimos, en cierta manera, los aficionados españoles de baloncesto después del triunfo de esta noche. Pensábamos que nuestros ochenta días se habían agotado y que no habría más vástagos de los que presumir, que toda la cosecha estaba ya recogida y que aguardaba un largo período de barbecho en el horizonte.

Pero no, cuando ya las canas acechan a quienes éramos unos niños cuando Gasol y compañía ganaron el oro junior de Lisboa, el principal referente de esta dinastía inigualable aún sigue alucinándonos con su polifacético despliegue en la cancha. Su control del rebote defensivo, su capacidad para la intimidación, su dominio de los tiempos y de los espacios tanto en el poste medio como en la cabeza de la bombilla y su calidad para resolver en situaciones de uno contra uno, bien anotando, bien asistiendo; lo convierten en uno de los más grandes jugadores europeos de todos los tiempos. Pero la mirada de admiración que le lanzó Felipe VI mientras se reunían para la foto con el trofeo no tenía que ver solo con estas cualidades, sino principalmente con la naturalidad con la que ejerce su liderazgo y asume su posición en esta España rota por maleantes que han hecho un uso cínico de la palabra; para llenarse la boca con ella o para escupirla en el suelo.

A pesar del justo reconocimiento a lo realizado por Pau Gasol, el baloncesto, por sus propias características, nos exige recalcar la labor colectiva e incluir en esta lista de agradecimientos a todos cuantos participaron de este enorme éxito. Mención aparte, quizá, merece Felipe, tal vez el hombre que debió saltar a la cancha para arreglar el desaguisado en los cuartos de final del pasado mundial. También Rudy, por su sacrificio, por aceptar que aun no pudiendo ofrecer su mejor versión, el equipo le necesitaba aunque dolorido. También los Sergios, jugando a otro paso del que imponen en el Real Madrid, asumieron un papel protagonista en ausencia del resto de bases y de Navarro. Ribas también cumplió, como lo hizo Claver cuando nos hizo falta su presencia en el rebote. Y caso aparte fue el de Mirotic. El montenegrino se ganó un nuevo visado a la selección. No es Ibaka, pero sí un complemento más que apropiado para el juego de Pau Gasol. El próximo año surgirá nuevamente el debate. No tengo la respuesta.

Sí me mojo, en cambio, a la hora de valorar muy positivamente la labor del cuerpo técnico. La de Nacho Coque, al frente de la preparación física, pues todas las dudas de los primeros partidos quedaron despejadas con las exhibiciones en los últimos cuartos de los cruces de octavos en adelante. Es decir, la selección llegó justa, sí, pero premeditadamente justa al inicio de la competición. La de los fisios, recuperando gemelos, tratando espaldas, reparando golpes físicos pero también morales (la lejanía de la familia, las críticas de los aficionados,...). La de los entrenadores ayudantes, Jaume Ponsarnau y Txus Vidorreta, que estudiaron a los rivales con mimo y al detalle y, por supuesto, la de Sergio Scariolo, ese personaje de videojuego con el que siempre querrías jugar por ser sus vidas infinitas. Y su conocimiento. Y su templanza. Y su profesionalidad.

Ganamos sin Ricky, Navarro, Calderón, Garbajosa, Carlos Jiménez, Ibaka, Marc Gasol,… Ganamos contra Nowitzki, Antetokoumnpo, Parker, Bjelica, Gallinari o Valanciunas. Ganamos mientras en España se señalaban culpables con el dedo y se afilaban las guillotinas. Ganamos cuando ya no contábamos con ello, cuando habíamos asumido YA el progresivo languidecer de nuestros héroes. No, no es 1999, ni 2006. Ni 2011 o 2012. Comprúebenlo, si no, mirándose en el espejo.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El baloncesto total





Hablar de fútbol total supone hacerlo de aquel Ajax de comienzos de los 70 entrenado por Rinus Michels y capitaneado, futbolísticamente hablando, por Johan Cruyff y su tocayo Neskeens. Al fútbol ofensivo que ya habían practicado en un pasado más o menos reciente el Madrid de las Copas de Europa y el Brasil de los tres mundiales, (58, 62 y70) los holandeses añadieron la presión en el campo rival, el adelantamiento de la línea defensiva y una versatilidad, hasta entonces desconocida, que hacía que el dibujo táctico fuera lo de menos en la medida en que todos los jugadores podían hacer de todo. En aquel equipo, y también en la Holanda del Mundial de 1974, todo el mundo defendía y todo el mundo atacaba. A ese fútbol que mezclaba el vértigo ofensivo con la disciplina en la recuperación, Guardiola simplemente le añadió el cuidado del balón, el sosiego y la tranquilidad que ofrece el estar en posesión de la pelota. Y entonces vimos al mejor Barça y, tal vez, al mejor equipo de fútbol de la historia.



En el baloncesto, cualquier referencia pasada nos conduce a los Celtics de los 60, al mejor equipo que ha conocido el deporte sin distinción de disciplina. Aquellos Celtics practicaban posesiones cortas, trasladaban el balón en un pestañeo a la pista delantera con una precisión asombrosa de pase y no dudaban a la hora de materializar una ocasión de lanzamiento. Contaban con la garantía de que Russell correría una y otra vez la cancha por el carril central para cargar como un poseso el rebote ofensivo, controlar el defensivo o candar el propio aro. Ya en 1961, en el que sería su tercer título consecutivo, los chicos entrenados por Red Auerbach lanzaron 118 veces por encuentro. Su mejor porcentaje, a lo largo de los once anillos cosechados durante la era Russell no llegó al 43 por ciento. Aun así, aquella fórmula alocada que pudiera parecer suicida, derivó en una sucesión de éxitos. A Wilt Chamberlain, el llamado a dominar aquella época, solo le quedó darles la mano una vez tras otra y con la lengua fuera, a sus enemigos deportivos.



Casi medio siglo después, en uno y otro lado del Atlántico, dos equipos que imponen un ritmo ofensivo acelerado han dominado la competición. Golden State Warriors lideró la liga en número de posesiones por encuentro siendo, curiosamente, un equipo mediocre en las tasas de rebote ofensivo (21º) y defensivo (18º). El mérito residió, además, en liderar la liga también en el “effective field goal percentage” y en compartir el balón con gusto y generosidad (2º en porcentaje de tiros anotados tras asistencia detrás de Atlanta). Su defensa fue la segunda mejor a la hora de provocar malos porcentajes en los rivales y la sexta forzando pérdidas que después materializarían en contraataques.

Un patrón semejante empleó el Real Madrid en Europa, siendo el equipo que más asistencias dio por partido en la Euroliga, el cuarto forzando pérdidas y el que más tiros lanzó (65 por partido, 25 de ellos triples). La versión más exitosa del Madrid bajó un poco el ritmo e incrementó los porcentajes. Redujo un tanto la espectacularidad y reforzó los mecanismos del “otro basket” para ser más eficiente en los momentos decisivos de las finales. El estilo estaba. Faltaba Nocioni.

Las victorias de Golden State Warriors y Real Madrid nos dejaron unas cuantas enseñanzas.

1. La importancia de la preparación física y las rotaciones. Para poder jugar a tantas posesiones sin ver reducida la eficacia ofensiva y la agresividad defensiva, es importante contar con una plantilla amplia, gestionarla bien y tenerla bien preparada físicamente. Las rotaciones de Kerr y Laso consiguieron que todos los miembros de la plantilla estuvieran involucradas al tiempo que permitieron que los jugadores llamados a decidir en los partidos importantes llegaran con las piernas frescas.

2. La línea de tres. El Real Madrid fue el segundo mejor equipo en porcentaje de tiros de tres anotados en Euroliga y ACB. Los Warriors rozaron el cuarenta por ciento siendo el equipo con el mejor porcentaje de la NBA. El tiro de media distancia pierde valor con el tiempo. El lanzamiento de tres, además de permitir a los equipos sumar con mayor rapidez, se convierte en una amenaza que obliga a las defensas a desguarnecer la zona. La figura del tirador, un tanto apagada en el pasado, ha recobrado su proverbial valor. Thompson y Carroll, con su sola presencia en la cancha, ensanchan la pista y multiplican el tiempo.



3. La difícil tesitura para el cinco clásico. Draymond Green y Marcus Slaughter; Andrés Nocioni y Andre Iguodala fueron los ganadores entre los ganadores. Falsos cuatros. Dos metros pelados al servicio de la intendencia y con un corazón enorme. Con piernas para defender a pequeños tras el cambio en el bloqueo y con piernas, también, para correr la pista, taponar lanzamientos y enardecer a la grada. Perdieron, en cambio, Tomic y Bogut. El primero sumó en ataque menos de lo que restó en defensa y en el rebote. El segundo, pese a estar muy implicado en las labores de basurero que Kerr le había encargado, tuvo que sacrificarse y ver desde el banquillo como un quinteto sin ningún jugador con más de dos metros ganaba el anillo. Esta noche, sin embargo, dos pívots, Karl-Anthony Towns y Jahlil Okakor, han sido elegidos en las tres primeras posiciones del draft. Les esperan largas jornadas de trabajo para mejorar su lateralidad, su coordinación de pies y su resistencia para correr la cancha. De lo contrario, lo tendrán difícil para hacerse con un hueco en los minutos decisivos de los partidos.

4. La redefinición del base. El base actual juega el bloqueo pensando primero en anotar y luego en asistir. El base actual sale de los indirectos como un escolta y sabe jugar sin balón. El base actual debe ser capaz de generarse su propio lanzamiento. El prototipo de base actual es Stephen Curry y Sergio Rodríguez y Sergio Llull, aunque diferentes entre sí y respecto al modelo, dos buenos aprendices.

5. El basket total. Atravesamos una fase de transición. El baloncesto ha dejado de reclamar especialistas y reclama polivalencia. Los equipos, por su parte, son maquinarias perfectamente engrasadas en las que el caos luce ordenado. Los entrenadores apuestan por multiplicar sus opciones de anotar utilizando la línea de tres e incrementando el número de posesiones. La defensa, aun siendo fundamental, se ha convertido, al igual que en la Holanda de los 70, el Milán a caballo entre los 80 y los 90 y el Barça de Guardiola, en una herramienta al servicio del ataque, al servicio de un baloncesto total.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Y así hasta 2500





Titulaba hace tiempo la previa de la Liga Endesa como “Una guerra a cambio de muchas batallas”. Y qué guerra, qué fantástica versión de los clásicos duelos entre Real Madrid y Barcelona nos han ofrecido las plantillas actuales de estos dos gigantes del baloncesto. En un partido lleno de alternativas sólo el marcador pudo decantarse por uno de los dos contendientes cuando ningún espectador imparcial podría haberlo hecho sin entrar a valorar empatías o afinidades. Brilló el Barcelona en el juego del bloqueo directo en cabecera. Hizo lo propio el Madrid en la suerte del uno contra uno, maximizando el talento de sus exteriores y aprovechando el de sus interiores en labores tal vez impropias.



Es preocupante, en cambio, que la Copa reproduzca año tras año el duopolio de estas dos escuadras, que no deje margen a la sorpresa y niegue el valor de las pequeñas historias. Correrán ríos de tinta sobre la canasta sobre la bocina de Llull, sobre cuestiones tácticas o de gestión del marcador y sobre la superioridad manifiesta de los interiores culés sobre los madridistas. Nada se escribirá, en cambio, sobre los modestos, equipos que en otro tiempo desafiaban al poder establecido y que ahora bastante tienen con no ver mancillado su honor tras derrotas cada vez más abultadas.



La economía ha determinado que esto sea así. Estas dos versiones del Real Madrid y del Regal Barcelona son superiores a las de hace tres años, mientras que, en este mismo período, los demás equipos han visto debilitadas sus estructuras logísticas y deportivas. Esta realidad, además de revelar esta concentración de talento, este monopolio natural similar al que ejercen las empresas eléctricas en nuestro país (adquirir, almacenar y distribuir la energía cuesta tanto que mejor que lo hagamos unos pocos para que sea rentable y disminuyan los costes), indica que algo no se está haciendo bien en las estructuras de cantera. Salen muy buenos jugadores (Abrines, Mirotic,...), pero no los suficientes. La clase media, aquélla que debería alimentar las ligas profesionales, es cada vez más exigua. Esto, que puede obedecer a múltiples causas, debería hacer reflexionar a los entrenadores de cantera, los responsables no de sumar medallas a su palmarés y sí de nutrir de competidores a las ligas profesionales. El show debe continuar y para hacerlo deberá sumar a la causa a más competidores. De lo contrario bastará con organizar encuentros periódicos entre Real Madrid y Barcelona, encuentros que irían rotando a modo de gira por los diferentes lugares del país.



La ACB debe hacerse preguntas y dibujar escenarios. Debe cuestionarse si el actual modelo puede sostenerse en el tiempo, (si es que lo hace en la actualidad) si cuenta con la masa crítica suficiente como para generar beneficios y poder competir con una competición a escala europea que, intuyo, será cuestión de años (Euroliga o Conferencia Europea de la NBA). Es inevitable incluir en el orden del día su política de marketing, la difusión que del producto realizan las televisiones. Es decir, cuestiones que a todos, en cuanto que agentes pasivos o activos del negocio, nos afectan.



Sinceramente no me imagino un futuro sin Liga ACB y sin Copa del Rey. Sin embargo, ante una oferta de ocio cada vez más amplia y variopinta, bien haría la competición nacional en definir su nicho (especialización) y abrirlo a nuevos compradores (diversificación) sin renunciar a su esencia (la marca). Mañana ya es tarde para ponerse manos a la obra.



Enhorabuena al Real Madrid por la victoria, al Regal Barcelona por su lucha y buen juego y al resto de equipos por no tirar la toalla y seguir presentándose a los partidos. Así fue la Copa del 2014. Así serán las copas, con un vencedor u otro, hasta 2500 (año en el que dejará de disputarse porque al fin se proclamará la III República). 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Se la quedó Felipe





Se la quedó Felipe. Como tantas otras veces. Hasta la pelota quiso despedirse de la temporada abrazada a este estandarte andante de la integridad y la honradez, a este mito del baloncesto al que, como al resto de compañeros de aquella magnífica generación, echaremos de menos cuando ya no esté.

Ganó el Madrid en una serie que nunca debió llegar al quinto partido, en unas finales que el Barcelona afrontó bajo mínimos y que peleó con bravura hasta el último momento gracias a que unos días aparecieron unos y otros días otros. Hasta los que no estaban invitados quisieron colarse en el guateque y amargar la fiesta blanca. Y si no qué les parece la actuación de Sarunas Jasikevicius tirando pases de cuchara o a la remanguillé, anotando tras parada o yendo a la línea como en sus mejores tiempos. Sin embargo, para desgracia de Pascual, impecable estratega, desaparecieron demasiados. Dos han sido los hombres clave durante los últimos años y los dos, Lorbek y Navarro, por unos motivos u otros, no acudieron a la última gran cita.

El Barcelona se encontró con el muro de los 72 puntos, barrera infranqueable que se le apareció una jornada tras otra con independencia de la dureza o agresividad defensiva con que se aplicara el rival. No había más en la recámara. Ni a nivel técnico ni a nivel táctico.

Conociendo, como conocía el Madrid, el problema de su rival para multiplicar los panes y los peces, tiene mayor pecado que tuviera que jugarse un quinto. Y es que por muy dura que fuera, que lo es, la defensa de los azulgrana, el equipo de Pablo Laso, elaborado con sumo tino en la búsqueda de un equilibrio ofensivo y defensivo (no tanto interior-exterior) y con jugadores de perímetro de infinito talento, podría haber trazado mil rutas diferentes para concluir todos los encuentros por encima de los ochenta puntos y haberse llevado la serie 3-0 mandando, de paso, un mensaje diáfano de cara a los próximos tres o cuatro años.

Pero no. El Madrid tuvo que apelar a la heroica, hablar de los árbitros y aferrarse a Felipe para terminar de darle la puntilla al Barcelona. Necesitó sacar la chequera para conseguir a un tres de garantías en la que fue, ésta sí, la puntilla definitiva al sucesor de Carlos Jiménez (disculpen la ironía). Hasta tal punto temieron en Goya por esta liga que hasta Laso hubo de rehacer su rotación, rígida como un menhir, e introducir a Carroll de inicio para marcar un parcial de 10-0 para poner las cosas en su sitio.

Hasta aquí las críticas. Hoy el madridismo, ese sentimiento que me incluye (en un sector, eso sí, que se va moderando con los años) tiene motivos para estar feliz. El primero, claro, es la liga. La liga como título y la liga como recompensa a un trabajo muy bien hecho. El segundo tiene que ver con el pasado, con los años de prédica infructuosa en el vacío de la derrota que hoy, de pronto, quedan atrás, muy atrás. El tercero, el más importante, es el que tiene que ver con el inmediato futuro, con la ilusión que transmite a la afición un proyecto que se consolida a base de nombres, pero sobre todo de ideas.

Y aquí entra Pablo Laso, uno de los personajes del mundillo más parodiado, cuestionado, criticado y, también, admirado y respetado. Aunque en momentos cruciales de la temporada echó el freno de mano y recordó, o le recordaron, que cobra por ganar y no por dar espectáculo, su propuesta de baloncesto es digna de alabanza. Tuvo los cojones, aunque después varias veces este mismo motivo se los haya puesto de corbata, de descartar la renovación de Tomic por su poca implicación defensiva y por su lentitud a la hora de recorrer el carril del cinco en el contraataque. Él y su equipo técnico asumieron las consecuencias de apuestas arriesgadas como las de Slaughter o Draper y le dieron un voto de confianza a Sergio Rodríguez sabedores de lo escaso que anda el talento en el mercado. Tenían la fórmula y simplemente buscaron los ingredientes.

El plato siempre supo bien. Siempre fue agradable al paladar e invitaba a querer probar un poco más. Sin embargo, por pequeños detalles, no terminaba de rematar en los grandes concursos. Se perdió por un rebote defensivo la Copa del Rey, se cedió ante el rodillo de Olympiakos la ansiada novena. Por eso este título, además de esperado se había convertido en urgente. Tocaba avalar con resultados, con trofeos en las vitrinas, un trabajo que a todos nos parecía bueno, nos sabía bueno y nos olía bien.

Por fortuna, para mí como madridista, para nosotros, como amantes del baloncesto, este título ha llegado. Sucedió en la noche de un 19 de junio en la que nos seguimos acordando de Manel y, claro, al igual que el balón, de los huevos de Felipe. 


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

No sin Navarro





No me preocupa la imagen dada contra Gran Bretaña. Fue muy parecida a la que ofrecimos contra este mismo rival en el Eurobasket de 2009 en Polonia y acabamos jugando tres partidos de cruce perfectos. Tan impolutos como nuestro récord hasta el momento y es que en estos campeonatos que duran dos semanas lo ideal es ir de menos a más, crecer partido a partido tratando a cada uno de éstos como entrenamientos con público y rival, poco más que una prolongación de la pretemporada para llegar finos a los momentos cruciales.

Momentos que ya llegan. Mañana tendremos enfrente a Rusia, la selección dirigida por David Blatt y comandada por un all around player como Andrei Kirilenko tan portentoso en sus facultades físicas como instruido en el conocimiento del juego. Ante ellos no podremos abusar del juego interior y será necesario encontrar pronto un equilibrio dentro-fuera del que no hemos podido presumir estos días pese a las buenas actuaciones de Fernando San Emeterio y la hiperactividad de un Rudy que está jugando al límite de sus condiciones físicas. 


Más tarde, el lunes, nos espera una selección de Brasil con jugadores de calidad en el perímetro y centímetros no exentos de talento en el frontcourt. Además, el equipo brasileño cuenta con una baza segura en el banquillo, un Rubén Magnano que ya sabe lo que es ganar un oro olímpico, el de Atenas, a través de un juego dinámico basado en rápidas inversiones de balón.

Lo peor de todo es que Juan Carlos Navarro sigue enfundado en su chándal y viendo los partidos desde el banquillo. Sus dolores de pie son los quebraderos de cabeza de un seleccionador, Sergio Scariolo, que sabe con certeza que no hay un jugador como La Bomba en todo el panorama baloncestístico europeo. Cuando Juan Carlos tiene el balón en sus manos las defensas rivales se cierran de manera casi automática. Sus pares temen tanto su veloz primer paso hacia derecha como su rápida parada y tiro tras bote o recepción. Navarro le hace la vida más fácil a todos los compañeros. Cuando metemos la bola en el poste medio y Navarro está en el campo hay un jugador menos para ensuciar la zona o para realizar las rotaciones defensivas. Juan Carlos siempre suma. Con y sin balón. Al menos en ataque.

Sin Navarro el equipo nacional se vuelve más previsible y anodino. Fernando San Emeterio o Sergio Llull son muy buenos jugadores, estrellas en sus respectivos clubes y eficaces complementos en un equipo del más alto nivel como puede ser la propia selección. Sin embargo, la simple baja de Juan Carlos merma exponencialmente nuestras opciones de medalla.

La baja indefinida de nuestro capitán es sólo una más de las que se pueden producir en el deporte de alta competición, en una actividad que exprime al máximo el organismo. Sólo una más que se añade a la suma de desgracias que vienen acompañando a la delegación española en forma de cúbitos fracturados (Santi Freixa), hombros lesionados (Pol Amat por luxación y Nicolás Almagro por tendinitis), rodillas maltrechas (Pablo Herrera) , músculos rasgados (Eduardo Gurbindo) o cadenas rotas (Luis León Sánchez).

Esta suma de casualidades nefastas está poniendo a prueba la moral de todos los equipos afectados. En estas circunstancias el triunfo parece alejarse poco a poco. Toca hacer piña y volverse más fuertes. Eso sí, una cosa parece clara: el oro del baloncesto, que ya parecía una quimera, se ha vuelto directamente inviable. No sueñen con él. No sin Navarro. Lo siento Adidas. Lo siento Kevin. Ganar sin Navarro es algo imposible.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El Show debe continuar





Decía Pablo Laso, finalizado el encuentro de ayer, que al final siempre gana el mejor. Yo, disidente como de costumbre, niego la mayor. Y es que el Regal Barcelona no es mejor equipo que el Real Madrid. No tiene mejor plantilla ni practica un baloncesto más armonioso o académico. Simplemente ganó un partido más. El primero, gracias a un triple imposible. El cuarto gracias a los ajustes defensivos planteados por su técnico. El quinto, por una mayor sangre fría. Tres por un total de once puntos que valen una liga -enhorabuena a todos los culés-, pero que no demuestran, necesariamente, una superioridad baloncestística respecto al eterno rival.

La mañana del domingo, el día después del todo o nada, ha amanecido con la noticia de la renovación de Pablo Laso en la que es, sin lugar a dudas, una buena nueva para el madridismo. En estos últimos años al proyecto blanco le han sobrado nombres a los que les ha faltado tiempo. Avalados por su trayectoria llegaron Maljkovic y Messina. Apremiados por la urgencia del ganar o ganar ficharon para hoy olvidándose del hambre del mañana. Ahora, en cambio, la salud de la sección se asienta sobre la juventud de sus piezas más importantes (Llull, Sergio Rodríguez, Nikola Mirotic) y sobre la estabilidad que aporta esta renovación de un técnico que entiende muy bien la psicología de sus jugadores y que lee con destreza las necesidades de cada partido.

Puede ser poco popular publicar esta defensa del técnico vitoriano pocas horas después de que se consumara la derrota y culminara, así, una temporada marcada por la temprana eliminación de la Euroliga y por la consecución de una Copa que puede saber a poco. No debemos olvidar que éste es el año 1 de un proyecto, que en nueve meses no es posible edificar un conjunto ganador, pero sí poner los mimbres.

Y este equipo tiene mimbres. Tiene todos los pilares necesarios para no abandonar en un buen período de tiempo la senda de la victoria. De poco serviría provocar una catarsis ahora que el Real Madrid le ha vuelto a pelear los títulos al Barcelona de la mano de un estilo inconfundible y casi inimitable que se alimenta de la locura incontrolada de Llull y de la más programada de Sergio Rodríguez. Rebotear y correr, algo que ya hacían los Celtics de Red Auerbach en los sesenta, son dos premisas que, aunque nos transportan a otros tiempos, (los de, por ejemplo, los Lakers del Showtime) marcan el nuevo concepto de modernidad aplicado al baloncesto. Conceptos que conviven con los más antiguos y académicos de los Obradovic o Ivkovic (a los que parece adherirse Xavi Pascual), aquéllos basados en reducir el número de posesiones y controlar el tempo del partido y que, por el momento, rinden dividendos en Europa al amparo de un reglamento (hay que ensanchar el campo, castigar con antideportiva las faltas que cortan deliberadamente las transiciones del oponente, imponer los tres segundos defensivos,...) y de un criterio arbitral que los canonizan.

Permitidme felicitar al Real Madrid, a sus jugadores y a su cuerpo técnico, por la gran temporada realizada y por las que vendrán. El rumbo está encauzado y todo el mundo sabe a qué y cómo juega el equipo blanco. Y ello, espero que sus críticos lo comprendan, es gracias a la figura de un Pablo Laso que ha manejado a la perfección un vestuario joven y no sobrado de experiencia que tiene todo lo necesario para que las vitrinas del museo acojan a nuevos inquilinos en un futuro cercano. El 16 de junio de 2012 no es la fecha de un entierro y sí el día en que el Madrid se demostró a sí mismo que pudo, puede y podrá con los mejores equipos del mundo tras un partido en el que quedó patente que el show, sí amigos, debe continuar. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La cofradía del perdón




No fui el único que madrugó esta mañana. Allí estaban varios amigos, algunos entrenadores, analistas y periodistas deportivos. También más de un jugador español de la NBA. Todos aferrados al vaso de café con el que, al menos, nuestras manos, combatían el frío reinante. Ni siquiera éramos conscientes de merecer esa fuente de calor después de que nuestros vaticinios y apuestas quedaran en entredicho tras lo vivido anoche en el Palau Sant Jordi.

Parecía una Copa del Rey hecha a la medida del Barcelona. Los de Pascual llegaban en un gran momento, cómodamente instalados en el primer puesto de la ACB y de su grupo del Top 16, con sus mejores jugadores liberados de las lesiones que habían venido achacando y practicando la mejor defensa del continente. Todo, salvo los mitos que rodean a la competición, (maldición del anfitrión, nadie gana tres copas consecutivas) estaba a favor del Regal.

Además, la situación del eterno rival, el Real Madrid, no hacía indicar que estuviera en disposición de competir en un cara a cara contra los de Xavi Pascual. Virtualmente eliminados de la Euroliga y tras haber sido vapuleados en dos ocasiones por el Gescrap Bizkaia pocos daban un duro por los chicos de Laso.

De ahí todas esas previas que daban como único favorito a los de azul y grana. De ahí que periodistas con mucha experiencia, ex jugadores, entrenadores, y también jugadores en activo, lo tuvieran tan claro antes de que el balón fuera lanzado al aire del Palau. Por eso, a tenor de lo visto y haciendo gala de una notable capacidad de autocrítica, sin que nadie nos haya citado, hemos decidido peregrinar hasta el despacho de Pablo Laso para entonar el “mea culpa” y aceptar que:

  1. Yo también pensé que la planificación de la plantilla no fue la ideal, que los fichajes de Rudy e Ibaka perjudicarían la progresión de los jugadores con los que, finalmente, nos jugaremos las habichuelas.
  2. Yo también creí que el modelo de juego de Laso servía para llenar pabellones pero no para ganar títulos de la importancia de una Copa del Rey basándome en aquello de que los ataques ganan partidos y las defensas campeonatos. De todos modos, hay que decir, que el esfuerzo de ayer no sólo se realizó desde una vertiente ofensiva, sino que todos nuestros chicos respondieron al desafío y bajaron el culo para limitar la aportación ofensiva de las estrellas culés.
  3. Yo, como Messina, pensé que Llul sólo podía rendir al máximo nivel como escolta. Ahora reconozco que sin ser el típico base, más director que anotador, sí que puede dominar el juego desde la posición de base.
  4. Yo también pensé que la infrautilización de Pocius o Felipe en algunos partidos les lastraría en su rendimiento en momentos importantes. Sin embargo, la buena gestión de la plantilla en términos psicológicos le ha permitido a Laso utilizar una rotación larga al más puro estilo Pepu en el Mundial de 2006 y al más puro estilo universitario.
  5. Yo también creí que los madridistas tardaríamos mucho tiempo en olvidarnos de Bullock. Sin embargo, en Carroll hemos encontrado un clon de piel blanca y pelo rubio capaz de asumir los balones calientes y de anotarlos. Qué lejos queda ya la sombra de Tucker.
  6. Yo también temía que los interiores del Barcelona harían polvo a nuestros pívots de raza blanca. Y sí, N´Dong nos hizo daño reboteando una bola tras otra bajo nuestro aro, pero sobre todo Begic intimidó, taponó y cambió tiros de los exteriores blaugranas. Una gran progresión la suya.
  7. Yo tampoco veía a Carlos Suárez posteando a Mickeal. Más aún cuando llevaba varios partidos sin sacar nada positivo de esta situación interior. Sin embargo, su inicio de partido fue fundamental para el desarrollo de los 40 minutos. Se mostró muy superior a Mickeal y abrió una vía de agua en la que creíamos, inexpugnable defensa catalana.

Y una vez asumidos todos estos puntos y consumido ya el café de nuestras tazas, todos los presentes hemos decidido que, pese a la victoria en la Copa del Rey, no es momento para la autocomplacencia y el conformismo. Es momento para poner el resto en los dos partidos que quedan de Top 16, es la hora de ganar en Siena, algo que conseguimos el año pasado con una plantilla más limitada, y que necesitaremos hacer si queremos mantener vivas las opciones de clasificación. Estos doce jugadores han demostrado tener calidad para estar entre los ocho mejores de Europa y espero que tengan la oportunidad de cruzarse con todo un CSKA y demostrar su verdadero nivel ante los Krstic, Kirilenko o Teodosic.

De lo contrario mantendremos nuestra penitencia, celebraremos la consecución de un título que hacía 19 años que no se conquistaba, pero acompañaremos de un asterisco todo lo sucedido durante la temporada. Porque si el Real Madrid de baloncesto es grande no es por ganar Copas del Rey y sí por ser el Rey de la Copa de Europa.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS