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Las guerrillas y la modernidad





Mira que hacían fuerza sobre sus hombros aquellos fornidos hombres tratando de enterrarlo en el fondo del océano. Mira que fueron ingeniosas las trampas situadas en el camino, y furibundas las críticas aprovechando la menor ocasión. Pero otra vez logró salir a la superficie para tomar aire. Y de nuevo sorteó, no sabemos si por talento o azar, todos aquellos cepos. Y, bueno, los críticos callaron, pero todos sabemos, que solo para recargar sus niveles de inquina. Pero ya no sufre Pablo Laso por sus desafueros. Solo subsiste.

Que es lo que lleva haciendo desde que en verano su situación de “eterno cuestionado” evolucionara a la de “trabajador en precario” tras la destitución de sus dos ayudantes, Hugo López y Jota Cuspinera. Si antes era ensalzado por elevar el juego del Madrid a cotas desconocidas en Europa, ahora todas sus teorías son reducidas al absurdo y refutadas. Si el equipo juega bien le recuerdan que los equipos que juegan a muchos puntos no ganan. Si el equipo juega a un ritmo de menos posesiones, le aconsejan que recupere la vieja senda del espectáculo, no sea que el público se aburra. En fin, creo que Pablo Laso, gracias a la esquizofrenia del entorno, ya hace lo que le da la puta gana. Total, le va a dar igual.

El Real Madrid demostró anoche que puede jugar en el barro. Tras una primera parte de tanteo en la que ninguno de los dos equipos defendió demasiado, los dos últimos cuartos se plantearon como una guerra de guerrillas de la que el Madrid no renegó. Cómo negarse si este año cuenta en plantilla con una larga nómina de partisanos que parecen recién llegados de Chiapas, la selva colombiana o las sierras peninsulares. Sobre ellos, sobre sus méritos no siempre visibles y su lucha casi infatigable reposó la clave del triunfo. Sobre Nocioni, Ayón, Slaughter, Felipe y, por supuesto, Rudy. Sí, Rudy, un guerrillero heterodoxo, si así lo quieren, pero más hábil y diestro que ninguno en la ardua labor de insertarse en las tropas enemigas e ir minando poco a poco su moral.

Porque el Barça, de entre los dos, era la “Grande Armée”, el ejército poderoso de innumerables recursos. Pero solo apareció Tomic, especialmente motivado contra un Madrid que lo desechó por blando. Solo Tomic y más bien por iniciativa propia, dominando las suertes del rebote y el barrido de balones. Apenas le ayudó un poco Oleson, pero la verdad es que tampoco Xavi Pascual supo aprovechar la profundidad de su plantilla. Muchos de sus hombres murieron en el Vietnam en que derivó el encuentro sin haber podido, tan siquiera, sacar su fusil. Al parecer el tema escoció en el vestuario y Marcelinho Huertas quiso ejercer de portavoz. Pero, para bien o para mal, Xavi Pascual cuenta con todo lo que carece Laso: el apoyo de la institución y el respaldo de la prensa. Quizá por eso envidia a Laso. Él no puede hacer lo que le da la gana.

Ganó el Madrid la copa el día después de que se cumplieran quince años de la muerte de Antonio Díaz Miguel. Y hablando de entrenadores, hacerlo de Antonio es hacerlo de un pionero, de un adelantado a su tiempo que, quizá por ello, no siempre fue bien recibido en su país. A él le debemos, además de su alícuota parte sobre la plata de los Juegos de 1984, la invención de la luz, luz como símbolo de modernidad venido de América para alumbrar Europa en cuestiones tácticas y de preparación física.

Pincha AQUÍ si quieres acceder al homenaje que le rendí ayer en la web www.jordanypippen.es


ENHORABUENA AL REAL MADRID. UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Titulares inocentes (II)





Dos años después, la entrada “Titulares Inocentes” sigue siendo la más visitada de este humilde blog gracias, en gran medida, a la publicidad que dio de la misma el periodista deportivo de Canal Plus Antoni Daimiel. Tentando de nuevo a la suerte, aunque siendo consciente de lo difícil que será engañar de nuevo a tanta gente, he decidido probar con otra retahíla de titulares con los que los periódicos deportivos podrían abrir su tirada mañana por la mañana.



Pau Gasol fichará por el Real Madrid al finalizar la temporada. El ala pívot de Sant Boi, consciente de su penoso estado físico, ha decidido regresar a Europa para disfrutar de sus últimos años de baloncesto y ayudar al Barcelona a ganar más títulos. Sí, habéis leído bien. 





Milwaukee Bucks, nuevo equipo de la Liga de Desarrollo. Ante la desastrosa campaña del equipo de Wisconsin, sus propietarios han decidido que, en vez de enviar a todos sus jugadores a la Liga de Desarrollo, les saldrá más rentable participar en una competición con menos equipos y, por lo tanto, menos viajes.



Carmelo Anthony acusado de participar en una red de apuestas ilegales. Al parecer el alero portorriqueño habría amasado una fortuna billonaria apostando en contra de sus equipos. 



José Luis Sáez, presidente de la Federación Española de Baloncesto, anuncia que no concederá más entrevistas. El presidente, que ostenta el récord de apariciones consecutivas en fotografías de toda índole, afirma estar harto de restar protagonismo a quienes realmente lo merecen. 





Gigi Lamónica, árbitro internacional, seleccionado para el jurado de la nueva edición de Mira Quién Baila. Al parecer el colegiado italiano adoptará el papel de gracioso pues se rumorea que no tiene ni puta idea de pasos. De pasos de baile se sobreentiende. 





Juan Antonio Orenga elegido entrenador del año por parte de la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto. El gremio se rindió a la evidencia y eligió por unanimidad al seleccionador para este prestigioso galardón. Preguntados por el porqué de las críticas durante la celebración del Campeonato de Europa en Eslovenia, alguno de los asociados afirmó que eran para disimular el enorme cariño que le profesan a Juanan.



Xavi Pascual envió una propuesta a la FIBA para que los tiros de tres puntos valgan cuatro. De esta manera sus equipos pasarían de meter 60 puntos a anotar 80 y nadie se quejaría de lo rácano de su sistema.



Los Brooklyn Nets cambiarán de colores y vestirán de verde. El magnate ruso Mikhail Prokhorov está convencido de que sólo vistiendo de verde Paul Pierce y Kevin Garnett podrán rendir como jugadores profesionales y no como jubilados residentes en Florida. 



Isiah Thomas afirma tener la clave para invertir la tendencia de los Knicks. El antiguo base de la Universidad de Indiana y de los Detroit Pistons, afirma que en caso de regresar a la gerencia deportiva del equipo neoyorquino no dudaría en fichar a Stephon Marbury, Penny Hardaway y Allan Houston.



Allen Iverson convencido de que él sólo, acompañado por cuatro colegas cocainómanos del barrio, ganaría la NBA. La noticia corrió como la pólvora por los salones de juego de Atlantic City y llegó a los oídos de Michael Jordan quien afirmó: “No se lo cree ni él. Me bastaría con un cojo que sacara de fondo y de banda para ganar a ese equipo y a todos los demás” a lo que Barkley, que estaba a su lado, añadió: “Siempre que el entrenador sea Phil Jackson, claro”. En la esquina se podía ver a Tiger Woods hablando con una rubia. 





Se admiten más propuestas siempre que sean tan creíbles como éstas.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Laso sabe quién mató a Kennedy





Pablo Laso sabe quién mató a Kennedy. O por lo menos sería capaz de construir una teoría mucho más convincente de la que salió de la Comisión Warren. O al menos estaría mucho mejor preparado para contársela a sus jugadores que todos esos burócratas embebidos de poder.

Sirvan el quincuagésimo aniversario de la muerte de Kennedy y el excelente momento por el que atraviesa la sección de baloncesto del Real Madrid para introducir un tema fundamental, la alienación a la que nos vemos sometidos sin capacidad de réplica por el mero hecho de habitar en una estructura que de grande nos desborda. Que de densa nos aplasta.

Los que idearon la democracia nunca pensaron que fuéramos a ser tantos y tan diversos. Los que elaboraron la constitución, ellos mismos lo aseguran, nunca imaginaron que su bienintencionada obra derivara en esta pocilga de corruptos despiadados que se deshacen en halagos y alabanzas ante los mercados, comisiones europeas y demás instancias internacionales para después minar las fronteras con espinosas e inhumanas alambradas.

Con nuestros impuestos evitamos ruinas de bancos, saneamos las cuentas públicas de las que otros se apropiaron, pagamos campañas electorales, delirios de grandeza de antiguos jugadores de balonmano,... Nos hacemos cargo, en definitiva, de las desviaciones morales a las que todos estamos expuestos y a las que muy pocos, valientes y bien formados, se resisten. Todo ello para que nuestra salud dependa de un chequeo que nunca llega, la justicia de un juez elegido a dedo y de un juicio que no termina nunca, la integridad física de un policía que certificará el suceso y nuestra educación, clave de todos los bienes y males, de un profesor sin vocación encantado de su condición de funcionario y hastiado de atender a tantos y tan diferentes hijos de su madre y de su padre.

Con esto quiero decir que la sociabilidad intrínseca del ser humano no se satisface mejor por más grande que sea el entorno y por inabarcable que sea el contexto. El sistema, esta sociedad del espectáculo en la que somos meros espectadores, aunque algunos puedan sentirse parte importante porque le lean un “tweet” en antena, nos degrada y nos ofrece muy pocas opciones. Las mejores, creo, pasan por apagar el televisor, retomar la vieja costumbre de leer y, háganme caso, por jugar al baloncesto.

Entiéndanme, jugar al baloncesto o formar parte de pequeñas comunidades donde su voz sea escuchada, donde el proyecto de todos sea también el suyo, donde su autoestima se refuerce y donde ni siquiera sea necesario votar cada cuatro años porque las elecciones, aunque las tome uno, son de todos.

Y ése es el éxito del Real Madrid de Pablo Laso más allá de la calidad de sus jugadores y el diseño de la plantilla. En el equipo blanco las decisiones, aunque encarnadas en su persona, son fruto de un proceso dialógico, real o figurado. Se aceptan porque son el reflejo del pensamiento de los jugadores y por esta razón funcionan. Laso, pregunte o no, “gobierna” como le exigen sus “ciudadanos” sin necesidad de que se lancen a la calle o monten revueltas en el vestuario. Le avalan los conocimientos y le respaldan sus muchas horas de trabajo. Su compromiso está siempre un paso por encima del que tiene el grupo.

Un grupo pequeño y unido donde todos se sienten importantes. Un grupo que está en condiciones de exigir a cada uno de sus miembros por el hecho de que cada uno de sus miembros también puede y debe exigirle al grupo. Un grupo en el que no pueden existir parásitos pues enseguida serían etiquetados y deportados. Un grupo en el que nadie se puede apoderar de una cuota excesiva de poder porque sólo está condenado al fracaso. En el Real Madrid todos han comprendido su rol, han aceptado las diferencias de talento que se plasman en diferencias de minutos como una realidad inescrutable y positiva para el colectivo contra la que se rebelan entrenando cada día más duro. Durante los entrenamientos compiten para mejorar, durante los partidos cooperan para competir.

Y el resultado es bueno en términos cuantitativos, pero podría no serlo en función de elementos no controlables o azarosos y no por ello el grupo estaría peor gobernado y merecería de menos alabanzas. El Real Madrid de Pablo Laso ha conseguido lo que también logró el F.C. Barcelona de Pep Guardiola, aunar a aficionados de muchos lugares y con diferentes colores en la fascinación ante un modelo de juego que se basta a sí mismo para justificarse.

Y toda esta oposición de concepciones de la vida y el baloncesto para reclamar, a nivel político, la devolución del poder y el control a los ciudadanos. Muchos pensaron que, en un mundo global en el que las consecuencias de las acciones de uno afectan irremisiblemente a los otros, era necesario un gobierno mundial. Yo, en cambio, pienso que si queremos convivir todos juntos debemos regresar a las pequeñas comunidades, a gobiernos a escala humana que tengan en cuenta las verdaderas motivaciones y necesidades de los ciudadanos, que se fiscalicen, y esto es lo más importante, a ellos mismos porque de todos es el poder y a todos les concierne.

Como en un equipo de baloncesto. Perdón, matizo, como en todo equipo de baloncesto que es entrenado desde una perspectiva humana, en el que se evita la cosificación de los jugadores y en el que se comparten no sólo las metas deportivas, sino también las personales. Y ese equipo en el que pienso, a fecha de hoy, es el Real Madrid. Tiempo tienen Pascual y todos los demás equipos europeos para imitar el modelo en lo que más importa, en su vertiente social. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Se la quedó Felipe





Se la quedó Felipe. Como tantas otras veces. Hasta la pelota quiso despedirse de la temporada abrazada a este estandarte andante de la integridad y la honradez, a este mito del baloncesto al que, como al resto de compañeros de aquella magnífica generación, echaremos de menos cuando ya no esté.

Ganó el Madrid en una serie que nunca debió llegar al quinto partido, en unas finales que el Barcelona afrontó bajo mínimos y que peleó con bravura hasta el último momento gracias a que unos días aparecieron unos y otros días otros. Hasta los que no estaban invitados quisieron colarse en el guateque y amargar la fiesta blanca. Y si no qué les parece la actuación de Sarunas Jasikevicius tirando pases de cuchara o a la remanguillé, anotando tras parada o yendo a la línea como en sus mejores tiempos. Sin embargo, para desgracia de Pascual, impecable estratega, desaparecieron demasiados. Dos han sido los hombres clave durante los últimos años y los dos, Lorbek y Navarro, por unos motivos u otros, no acudieron a la última gran cita.

El Barcelona se encontró con el muro de los 72 puntos, barrera infranqueable que se le apareció una jornada tras otra con independencia de la dureza o agresividad defensiva con que se aplicara el rival. No había más en la recámara. Ni a nivel técnico ni a nivel táctico.

Conociendo, como conocía el Madrid, el problema de su rival para multiplicar los panes y los peces, tiene mayor pecado que tuviera que jugarse un quinto. Y es que por muy dura que fuera, que lo es, la defensa de los azulgrana, el equipo de Pablo Laso, elaborado con sumo tino en la búsqueda de un equilibrio ofensivo y defensivo (no tanto interior-exterior) y con jugadores de perímetro de infinito talento, podría haber trazado mil rutas diferentes para concluir todos los encuentros por encima de los ochenta puntos y haberse llevado la serie 3-0 mandando, de paso, un mensaje diáfano de cara a los próximos tres o cuatro años.

Pero no. El Madrid tuvo que apelar a la heroica, hablar de los árbitros y aferrarse a Felipe para terminar de darle la puntilla al Barcelona. Necesitó sacar la chequera para conseguir a un tres de garantías en la que fue, ésta sí, la puntilla definitiva al sucesor de Carlos Jiménez (disculpen la ironía). Hasta tal punto temieron en Goya por esta liga que hasta Laso hubo de rehacer su rotación, rígida como un menhir, e introducir a Carroll de inicio para marcar un parcial de 10-0 para poner las cosas en su sitio.

Hasta aquí las críticas. Hoy el madridismo, ese sentimiento que me incluye (en un sector, eso sí, que se va moderando con los años) tiene motivos para estar feliz. El primero, claro, es la liga. La liga como título y la liga como recompensa a un trabajo muy bien hecho. El segundo tiene que ver con el pasado, con los años de prédica infructuosa en el vacío de la derrota que hoy, de pronto, quedan atrás, muy atrás. El tercero, el más importante, es el que tiene que ver con el inmediato futuro, con la ilusión que transmite a la afición un proyecto que se consolida a base de nombres, pero sobre todo de ideas.

Y aquí entra Pablo Laso, uno de los personajes del mundillo más parodiado, cuestionado, criticado y, también, admirado y respetado. Aunque en momentos cruciales de la temporada echó el freno de mano y recordó, o le recordaron, que cobra por ganar y no por dar espectáculo, su propuesta de baloncesto es digna de alabanza. Tuvo los cojones, aunque después varias veces este mismo motivo se los haya puesto de corbata, de descartar la renovación de Tomic por su poca implicación defensiva y por su lentitud a la hora de recorrer el carril del cinco en el contraataque. Él y su equipo técnico asumieron las consecuencias de apuestas arriesgadas como las de Slaughter o Draper y le dieron un voto de confianza a Sergio Rodríguez sabedores de lo escaso que anda el talento en el mercado. Tenían la fórmula y simplemente buscaron los ingredientes.

El plato siempre supo bien. Siempre fue agradable al paladar e invitaba a querer probar un poco más. Sin embargo, por pequeños detalles, no terminaba de rematar en los grandes concursos. Se perdió por un rebote defensivo la Copa del Rey, se cedió ante el rodillo de Olympiakos la ansiada novena. Por eso este título, además de esperado se había convertido en urgente. Tocaba avalar con resultados, con trofeos en las vitrinas, un trabajo que a todos nos parecía bueno, nos sabía bueno y nos olía bien.

Por fortuna, para mí como madridista, para nosotros, como amantes del baloncesto, este título ha llegado. Sucedió en la noche de un 19 de junio en la que nos seguimos acordando de Manel y, claro, al igual que el balón, de los huevos de Felipe. 


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Clandestinos







Para un criminal ser un clandestino es norma de vida. Cuando la ley te persigue la única manera de eludirla es convertir tu mundo en una cloaca y asomar la cabeza sólo muy de vez en cuando. En ese caso es normal que no aparezcas en los medios, que los vecinos no te saluden y que la panadera te pregunte cada día qué tipo de bollo te gusta más.

Sin embargo, hablo en nombre del baloncesto español, de su campeonato enseña y de todos cuantos nos dedicamos a este deporte de manera más o menos humilde y entregada, ¿cuál fue nuestro delito? ¿Quién nos persigue para que debamos movernos en este nivel de anonimato que nos conduce, sin posibilidad de enmienda, a la ruina más absoluta?

Mañana, perdonen si la sintaxis a partir de ahora no es tan pulcra pero es que intento recuperar el oxígeno que he consumido buceando hasta las simas más profundas de webs especializadas en deportes, creo, porque es difícil estar seguro acerca de la fecha y el horario de un acontecimiento tan marginal, se disputa el primer partido de la eliminatoria por el título entre el Real Madrid y el Regal Barcelona. Los telediarios, salvo el de la cadena pública, han obviado su existencia o la han reducido a una breve nota al filo de la despedida. En las calles de nuestra “querida” España se intuye el olor de la arcilla de París y apesta al humo negro que contamina la atmósfera de Montreal. Son otras las prioridades de un país que hace ya mucho tiempo que dejó de entender el baloncesto como el segundo deporte, como una alternativa real al fútbol de la que todos hablaban aunque ninguno entendiera. Vamos, eso mismo, como el fútbol.

Otro día, si os apetece, discutimos sobre los factores (rotaciones largas, menor identificación con los equipos, globalización de la NBA, polarización por parte del Dios Balompié, mala comercialización del producto,...), pero hoy quisiera hablar de las consecuencias, del panorama que se dibuja para un deporte que vive su gran clásico como si se tratara de un partido más. Créanme cuando les digo que ninguna de las personas de mi bloque dejará de ir a misa o de tomar el vermouth para ver el partido (entre otras cosas porque no saben ni que se juega). Tampoco se suspenderán las salidas al campo ni las visitas a los abuelos. Las comidas estarán aliñadas de “iphones” y de conversaciones estériles sobre el tiempo, el paro o las notas del muchacho y en el televisor, ese fiel compañero siempre listo para deshacer los incómodos silencios, se escuchará de fondo el canal de dibujos o una cadena musical.

Así vivirá el domingo la clase media española. Esperando a que empiece el tenis. Sufriendo porque Pérez no le rompa el alerón a Alonso. Ignorante de todo cuanto suceda en el Palacio de Deportes en una mañana, la del domingo, que en esta península al menos, es para digerir la resaca.

Ojalá, para los aficionados que aún seguimos creyendo en todo lo que este, nuestro deporte, le puede aportar a la sociedad más allá del mero entretenimiento, el dicho taurino se cumpla a la inversa y que mañana de escasa expectación se convierta en partido de relumbrón. Ingredientes hay de sobra para ello. Grandes jugadores, confrontación de estilos, rivalidad histórica y cuentas pendientes son factores a tener en cuenta. Sin embargo, como también añadía al analizar la final de la NBA, el pasado es pasado y ahora, en este punto de la temporada, sólo cuenta el presente. Por muy clandestino que sea.

Que gane el mejor. Y que nosotros, aunque seamos poquitos, lo veamos.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Siempre Navarro





Eran las siete de la tarde y todo estaba preparado en el Palau. El escenario lucía sus mejores galas. Las gradas, repletas de banderas esteladas, anunciaban una enorme orgía de nacionalismo e independentismo catalán. La excusa, un partido de baloncesto contra el máximo rival, el exponente, bajo su prisma, del centralismo y la España dieciochesca de los Decretos de Nueva Planta y el despotismo ilustrado (a lo que contribuía indudablemente la barba de Sergio Rodríguez similar a la que se dejó el Príncipe Felipe en fechas recientes). 



Por suerte, dos horas después, la excusa se había convertido en el acontecimiento principal de la velada y los gritos de independencia se transformaron, de súbito, en la aclamación popular de un héroe desprovisto de músculos hipertrofiados o de la labia de un Cicerón. Para la fortuna del buen aficionado, el baloncesto se hizo con las riendas de la mano (y los pies, los apoyos como no se cansó de repetir Manel Comas durante la retransmisión) de un Juan Carlos Navarro al que todo adjetivo calificativo (en positivo) que pudiera acompañarle resultaría insuficiente.

Se presentaba el Madrid en Barcelona con ganas de batir récords y de poner en apuros al máximo rival de cara a su clasificación copera. Sin embargo, los de Laso volvieron a mostrar sus carencias dejando un regusto amargo en la boca del seguidor blanco para cuya desaparición harán falta mucho más que doce uvas y una buena borrachera. El estilo del Madrid divierte, pero no es el indicado para alzarse a final de temporada con los títulos de mayor importancia. Así, mientras en los dos últimos partidos el Regal ha demostrado poseer condiciones para adaptarse a cualquier tipo de ritmo o marcador, el Real ha quedado en evidencia. Sólo tiene una marcha. Y no tiene juego interior.

Sin intimidación ni rebote defensivo, a la defensa del Real Madrid le queda confiarse a la rapidez de manos, y piernas, de Rudy, Draper o los Sergios. Sin embargo, al saberse desprotegidos, muchas veces se encuentran ante el dilema de apretar y ser rebasados o dar un paso atrás para intentar mantenerse entre el balón y la canasta. No sé si desde las oficinas del club blanco dan por cerrada la plantilla o si aún existen opciones para reforzarla, pero lo cierto es que el equipo necesita un pívot que asegure rebotes atrás y que cambie unos cuantos tiros en las proximidades del aro.

Pero sería injusto seguir hablando del Madrid en una noche como la de hoy en la que el mundo del baloncesto aún sigue rendido a los pies de Navarro. El twitter ardía a eso de las nueve de la noche y las afirmaciones hiperbólicas se sucedían a riesgo de ofender, sin querer, a Petrovic (no dejéis de ver el vídeo a continuación), Gallis u otros mitos del baloncesto continental. Llovían, también, comparaciones con estrellas de la NBA. Quizá nos pudo la euforia, pero qué delicioso sentimiento éste de saberse feliz por el hecho de existir y de poder ver jugar a un ser aparentemente como nosotros capaz, eso sí, de meterle 33 puntos al Madrid en una serie casi perfecta de tiro y con un estilo inigualable que mañana más de un niño tratará de imitar en el parque junto a su casa.



Gracias a Navarro, a su talento y a su amor por este juego, el baloncesto quedó liberado de las ataduras en forma de sistemas y se simplificó hasta el punto de ser infinitamente bello. Sirva esta exhibición para reivindicar que el trabajo en los clubes de cantera se aleje de la geometría de los esquemas tácticos y se acerque al arte más primario de la danza. Primemos, quienes tenemos la responsabilidad de gestionar un mayor o menor talento, los juegos de coordinación, la creatividad y el uno contra uno. A lo peor perdemos el siguiente partido. A lo mejor, quién sabe, el día de mañana la red social que haya dejado obsoleta a Twitter esté repleta de mensajes de adoración y pleitesía hacia uno de nuestros pupilos. Ocurra esto o no, la mera posibilidad hará que haya merecido la pena. ¿O no?

Reflexiones aparte, lo cierto es que una tarde como ésta merece ser recordada. Lo que iba a ser una orgía política para unos pocos devino en un orgasmo generalizado sin posibilidades de exclusión. No está mal sentirse de un sitio e identificarse con sus símbolos y valores. Entiendo, aunque no comparta, a los que hacen de una bandera su patria, o de una patria una bandera. Pero me identifico más, si es que ésta es la cuestión, con los que en la vida o en el baloncesto, son capaces de reconocer el arte a cada paso, el amor en cada rincón y el talento en las manos y los pies de un genio como Navarro. ¿Independencia? Qué sé yo. ¿Navarro? Siempre.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

FELIZ BALONCESTO






No sé si conseguiré explicarme. En realidad convivo con esta duda cada vez que empiezo a salpicar de negro el fondo blanco de mis pensamientos simbolizado por la hoja de papel virtual del editor de texto. De hecho, no sé si hago bien en escribir sobre estas fechas en unas fechas en las que que las propias fechas explican por sí solas nuestra manera de actuar y nos pilotan, sin rumbo fijo, a un paraíso de fingida felicidad o de irreparable melancolía (allá cada cual) del que es muy difícil escapar.

Pero en fin, me arriesgaré. Me arriesgaré, digo, a contaros la desazón y el desencanto que me provoca la sucesión de tradiciones que, ligeras de contenido, seguimos religiosamente mientras nos proclamamos ateos, escépticos o hijos de un dios menor llámese Messi o Justin Bieber. Llámese mejor, porque éste es su verdadero nombre, dinero, eso que según Jules Renard, postromántico francés, nos preocupa haciéndonos, por ello, diferentes a los animales.

Así, y aun asumiendo la omnipresencia de lo material en nuestras vidas, hoy quiero hacer una llamada a la esperanza, un canto sordo repleto de versos que no riman y estrofas que se pierden como gotas en el océano. Y es que no escribo para que me lean o me escuchen. Menos aún para que sigan las cuatro normas que intento poner en práctica cada día y que olvido torpemente mientras desayuno. Hoy las escribo para eso, para recordarlas. Y las hago extensibles como parte de la terapia que sigo en la búsqueda de sentido de este carrusel el que nos vemos inmersos sin, ni siquiera, tener que pagar entrada.

O mejor, no sé qué os parecerá, hago lo que hago siempre y me dejo de divagaciones estériles. Y es que siempre hay una cura para esta clase de males, una receta milagrosa que dibuja en nuestros rostros una sonrisa que bien pudiera ser definida como tonta, aunque en realidad sea la más inteligente de todas. ¿Y qué hago siempre que me peleo con el mundo, las creencias populares o los belenes de cartón piedra? Pues pensar en baloncesto (por ejemplo en estas imágenes). 



Sirve igual, apunten los ingredientes, un partido de élite o una cancha de parque mugrienta con redes dispuestas a contagiarte el tétanos. No sean quisquillosos, tampoco, con el punto de vista. Jueguen, entrenen o arbitren. Sean, por qué no, meros, qué digo meros, grandes aficionados. Critiquen y abucheen. Simplifiquen si es necesario una complejidad a veces artificial, a veces inherente al propio juego. No sean clasistas. Baloncesto es todo. Lo que gusta y lo que no. Laso, pero también Pascual. Individual, pero también zona. Masculino y también femenino. Clasistas no, pero tampoco tontos, que luego te acaban poniendo el baloncesto a la hora del pincho los domingos coincidiendo con los partidos de las autonómicas y claro, luego audiencias a la baja, patrocinadores que se dan el piro, equipos que no pagan los avales y el reconocimiento generalizado de que el fútbol es más divertido (una liga sentenciada en diciembre), más dinámico (90 minutos de los que se juegan la mitad) o más sostenible (si los clubes de fútbol le debieran dinero a los Corleone habría habido más asesinatos en España que en el Chicago de los años 20).

Vaya, parece que con el fútbol me pasa lo mismo que con la Navidad. No creo en ellos, pero se cuelan entre mis letras como esas chicas de una noche a la que mis principios renuncian perdiendo siempre la batalla contra mis instintos. ¿O es que se dejan perder? Bueno, hablaba de baloncesto y ahora paso a hacerlo de BALONCESTO, el que se enseña, se aprende y se olvida para volver a aprender en las etapas de formación, en los cientos (quizá miles, no tengo ganas de comprobar el dato) de clubes que se esmeran cada día en formar a jóvenes que comparten una misma pasión. 



Por suerte no es éste un asunto de productividad y no aparece en la agenda del Consejo de Ministros, aunque siempre se cierna sobre él la sombra de la guillotina, la del recorte por falta de importancia, la del destierro al cajón del olvido. Y sí, modestos podemos llegar a ser, pero el exceso de humildad no debe impedir que se reconozca la función que miles de entrenadores realizan, realizamos, en los patios de los colegios o, si tenemos más suerte, en los pabellones de nuestras escuelas o localidades. Allí, con un balón por medio, con dos aros y unas cuantas líneas, sin envoltorios de regalo ni sonrisas postizas se entremezclan pasiones y sueños con valores fundamentales que todos debemos aprender. Y es que el baloncesto, bien enseñado, practicado con dureza e ilusión, es una auténtica escuela de vida.

Hablo ahora como entrenador para recordar que muy pocos jugadores de los que tengamos el placer de dirigir llegarán a ser profesionales, a hacer dinero con el baloncesto. Aun así tenemos la obligación de enseñarles todo lo que sabemos y de seguir formándonos para que que nuestro bagaje sea cada vez mayor. Eso, en el aspecto deportivo. Sin embargo, habida cuenta de la escasa proporción a la que antes hacía mención, creo que es más importante generar consumidores futuros de deporte en general y de baloncesto en particular y contribuir, al mismo tiempo, a su formación en aspectos tan básicos como el respeto al compañero y los límites a la libertad.

Me conformaría, y ya me despido, si estos chicos siguen pensando de adultos que Navidad, tal y como se entiende en estos tiempos y dado que no hay otra palabra, puede celebrarse cualquier día. Porque Navidad, en cuanto que sinónimo de celebración o fiesta, es también sinónimo de baloncesto. Y el baloncesto, en cualquiera de sus diferentes formas y bajo sus múltiples máscaras, siempre estará ahí para tendernos su mano amiga.

FELIZ NAVIDAD. FELIZ BALONCESTO

Yo vi otro derby... ¿y tú?






Corrían las ocho de la tarde de un frío 9 de diciembre en la Península Ibérica. Twitter ardía a consecuencia de una primera parte demencial en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Un escandaloso 52 a 58 lucía en el luminoso para el deleite de los aficionados. Algunos, de hecho, empezaban a pedir la dimisión de Pascual, Messina, Maljkovic,... Es decir, el destierro de los grandes gurús defensivos de los últimos veinte años. Obviaban, me parece a mí, que los grandes protagonistas de esos maravillosos veinte minutos de encuentro habían sido, además de los inspirados English y Gabriel, unos colegiados que hincharon artificialmente, con faltas inexistentes en base a un criterio ultraconservador, (para su trabajo que no para el espectáculo) un marcador tan grandilocuente como exagerado.

Y entonces llegó el descanso. Y entonces Laso y Vidorreta debieron contactar con los viejos gurús condenados a galeras por los aficionados y en la charla del descanso hablaron únicamente de defensa. Especialmente el entrenador del Real Madrid que decidió apostar por Draper para defender a Granger pasando a Llull al 2 para defender a English y ordenar constantes ayudas defensivas sobre Germán Gabriel. Resultado: 9-0 en cuatro minutos y medio y tiempo muerto de Vidorreta. ¿Para qué? Para meter una zona 1-3-1 tan agresiva como la voz de Justin Bieber que luego tuvo que transformar en una más ortodoxa 2-3. Estas indicaciones unidas a la concienciación individual y grupal de los jugadores, a la moderación de los colegiados en su actuación y al menor acierto de los jugadores determinaron que el cuarto finalizara con un modesto 14 a 12 que ya no generó tanta pasión entre las masas.

El último cuarto presentó el mismo semblante del anterior. La defensa zonal del Estudiantes, repasada en un tiempo muerto instantáneo (tras un minuto de juego) por su entrenador convirtió las habituales veloces posesiones del Real Madrid en lánguidos movimientos de balón por el perímetro que culminaban con tiros lejanos y en rebotes ofensivos aprovechando uno de los puntos débiles de este tipo de formación. La tradicional voluntad de correr derivó en un control absoluto del tempo del partido jugando, nuevamente, con otra de las flaquezas de estas defensas zonales.

El Estudiantes, por su parte, se estrelló contra una defensa individual que trabajó mucho mejor en la defensa de los bloqueos directos, en los closeouts hacia perímetro y también y, sobre todo, en el poste bajo. Y es que a Pablo Laso no le pagan porque el aficionado se divierta viendo como Germán Gabriel vuelva loco una vez tras otra a sus interiores en el uno contra uno o a English en plan estelar culminando con un triple sin oposición cualquier aseada circulación de balón. No, a Pablo Laso le pagan por ganar y si para ello debe hacer un par de ajustes defensivos y renunciar puntualmente a las posesiones cortas no creo que nadie se lo pueda reprochar.

Por todo ello a mí me gustó mucho más la segunda parte del Madrid que la primera. La que gana 22 a 29 con total control del partido y silenciando a una hinchada que se había apoderado del encuentro durante un segundo cuarto muy caliente que en nada beneficiaba a las opciones victoriosas del Real. Me gustó el Madrid que se confió a la defensa pues sólo de esta manera podrá competir en Europa y contra el Regal Barcelona. Cuando se enfrenten uno contra el otro los dos mejores equipos del país no será una cuestión de estilo y sí de defensa. De ganar. Porque sólo ganando podrá triunfar la filosofía de juego vertical y veloz que propone este Real Madrid. Y para ganar, nos guste o no, hay que manejarse bien en todos los registros. También en los ritmos lentos.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

¿Realidad o ficción?





En este mes de junio plagado de acontecimientos deportivos, el destino en forma de dos grandes finales ha conseguido situar al baloncesto en el lugar que nunca debió dejar de ocupar. Así, aunque la Eurocopa centre la atención del gran público, de la mayor parte de la ciudadanía aficionada o no al deporte, las finales de la ACB y de la NBA están poniendo a prueba a los paladares más exigentes del sibarita de sofá en que unos cuantos nos convertimos cuando llegan estas fechas. Así, ante tal nivel de espectáculo, a uno sólo le cabe preguntarse si todo esto es de verdad, si es realidad o ficción. Por ello, adaptando para mi modesto blog una de las secciones más exitosas de la web de ESPN voy a intentar analizar, desde un ángulo muy personal, alguna de las claves que determinarán el resultado final de ambas eliminatorias.

REGAL BARCELONA 2 – REAL MADRID 2

El rendimiento de Lorbek será el termómetro que medirá las opciones del Regal Barcelona en el quinto partido. ¿Realidad o ficción?

Realidad. Todos contamos con que Navarro sume 15-20 puntos incluso no estando brillante. Laso cuenta con ello y tiene armas para defender un gran partido del escolta, pero no, en cambio, ha demostrado tener un plan para frenar los pick and pop de éste con el esloveno. De la capacidad del ala-pívot para anotar dentro y fuera y de la habilidad del Madrid para frenarle dependerá muy mucho, me temo, el resultado final del quinto y decisivo partido.

Laso apostará por mantener durante mucho tiempo un cinco puro (Begic, Tomic) en pista para aprovechar su ventaja de centímetros en el poste bajo. ¿Realidad o ficción?

Ficción. La pareja Reyes-Mirotic es la que le proporciona al Madrid un mejor equilibrio en ambos lados de la cancha. Tomic y Begic serán una opción durante los dos primeros cuartos, pero en los minutos finales el partido dependerá de la capacidad de Felipe para rebotear en defensa y en ataque y de la madurez que demuestre Niko tanto para atacar el aro, anotar desde el perímetro y, sobre todo, frenar a Lorbek.

Xavi Pascual utilizó, en el cuarto partido, una rotación de ocho hombres. La mejora fue evidente. ¿Simplificará Laso la rotación?

Realidad. Me temo que sí. Aunque uno de los grandes avales de este Real Madrid ha sido la profundidad de su plantilla y las rotaciones cada seis-siete minutos con el objetivo de mantener la intensidad en pista, una final es una final y demanda que los minutos se los repartan los jugadores que cuentan con la confianza plena del entrenador y de sus compañeros. Salvo que presenten un gran rendimiento en su primera oportunidad lo lógico es que Pocius, Begic y Suárez se repartan muy pocos minutos.

Pronóstico Regal Barcelona-Real Madrid. Aunque recuerdo como si fuera ayer aquel quinto partido en el que Djordjevic tuvo que salir escoltado del Palau, creo que el Madrid dilapidó su mejor opción en el cuarto. Quisiera equivocarme, pero con el grado de protección arbitral hacia Navarro y Lorbek y con el factor cancha a favor, el Barcelona es favorito. Sólo si se permite una mayor dureza defensiva y el Madrid logra imponer un tempo rápido podrán los de Laso ganar el partido.

MIAMI HEAT 1 – OKLAHOMA CITY THUNDER 1

Cincuenta tiros de Westbrook por cuarenta y dos de Durant en lo que va de finales. Todo hace indicar que los de Brooks intentarán revertir esta tendencia y alimentar mejor a su estrella. ¿Realidad o ficción?

Ficción. No mientras Lebron James siga encima de Kevin Durant y el equipo no consiga liberarle para salir con ventaja. A Westbrook se le apagan las luces por dos motivos. Uno es que su visión de juego es limitada. Otro, que se ve muy superior a sus pares. Para mí, la mejor receta pasa por conseguir liberar a Westbrook de la fantástica defensa de Wade y conseguir que Durant ataque uno contra uno contra cualquiera que no lleve “James” en el dorso de su camiseta. De lo contrario, a Westbrook no le quedará otra que asumir tiros malos para no consumir la posesión. 



Chris Bosh apenas se ha jugado un par de opciones en el poste bajo. Aun así, Scott Brooks mantuvo durante mucho tiempo a Perkins en su marca. Chris Bosh se aprovechó de su ventaja en estatura y envergadura para irse hasta los 7 rebotes ofensivos. Nick Collison debe jugar más minutos en el próximo partido. ¿Realidad o ficción?

Realidad. De hecho Perkins sólo disputó 20 minutos, si bien es cierto que fue en el segundo cuarto cuando Bosh hizo más daño bajo los tableros. Ibaka no estuvo centrado en las rotaciones defensivas y un triple no defendido de Battier le condenó a pasar un largo período en el banquillo. Creo que Brooks no debe tener miedo en utilizar su quinteto estrella con Westbrook-Harden-Sefolosha-Durant-Ibaka (con salida de Collison para dar descanso a este último) desde el principio protegiendo a Durant de la defensa de James y colocando a Ibaka sobre Bosh.

El duelo Lebron James-Kevin Durant es el mejor que se ha vivido en unas finales desde el Bird-Johnson. ¿Realidad o ficción?

Realidad. Jordan nunca experimentó uno de estos matchups durante sus seis finales disputadas (y ganadas). Es cierto que en momentos se encontró frente a frente con Magic (un Magic ya veterano), Drexler (el único que sí jugaba en su misma posición pero, aunque gran jugador, muy lejos del nivel de James o Durant), Barkley (más un ala-pívot), Payton (un base) o Stockton (un base). Aunque el Pierce-Bryant tuvo su atractivo, tampoco llega al nivel de lo que nos demuestran partido a partido estos dos titanes de la canasta, dos aleros que anotan de formas muy diferentes pero que, a fin de cuentas, ocupan la misma posición en la cancha. Es más, ni siquiera el propio duelo entre Bird y Magic vivió un enfrentamiento tan directo como el que pudimos presenciar la pasada madrugada en el momento en que Durant se jugó la canasta decisiva por encima de la defensa de Lebron James. 



Miami Heat ganará los tres partidos de casa y se llevará la final. ¿Realidad o ficción?

Ficción. Oklahoma City ganará, al menos, un encuentro y devolverá la eliminatoria a su arena. Ojalá la serie llegue con un 3-2 para Heat y que podamos vivir toda la emoción del baloncesto en dos últimos partidos jugados a vida o muerte. Las estadísticas dicen que es muy difícil ganar los tres partidos seguidos en casa y el propio devenir de la serie invita a que estos partidos sean muy igualados. Será divertido. Eso seguro.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

No hay debate




La llegada de Ricky Rubio a la NBA, más allá de fascinar a la prensa y al público norteamericano, ha reabierto viejos debates dogmáticos sobre la pureza de nuestro deporte.


Todo, porque en cuestión de meses hemos visto dos versiones radicalmente diferentes del base de El Masnou. Dos caras opuestas que no encuentran su única explicación en las mejoras propias del verano o en su participación exitosa en el Eurobasket de Lituania. Parece lógico recurrir, por tanto, a argumentos tácticos y de gestión para explicar el temprano éxito de Ricky en una competición que le ha recibido con los brazos abiertos. Parece lógico hablar de Adelman y de Pascual, de estilos de entrenador y de filosofías de juego.


Xavi Pascual, con la inestimable colaboración de Chichi Creus en los despachos, ha convertido a un club ya de por sí ganador, en el mejor equipo de Europa. En mi opinión, el hecho de que no conquistara la Euroliga del año pasado no le hace menos merecedor de este virtual galardón. El Regal Barcelona sienta las bases de su éxito en una defensa inexpugnable que parte, a su vez, de toda una serie de principios como la defensa agresiva sobre balón y las líneas de pase y por la presencia intimidadora de jugadores de gran envergadura protegiendo la canasta. Si a estos presupuestos universales le unimos la gran labor de “scouting” llevada a cabo por el cuerpo técnico nos encontramos con la mejor defensa de Europa. Y no nos engañemos, tener la mejor defensa es sinónimo de aspirar a lo máximo a un lado y otro del Atlántico. Boston triunfó en 2008 teniendo la mejor defensa y Chicago y Miami son claros aspirantes al título de este año no sólo por su talento ofensivo, sino y sobre todo, por su trabajo en la retaguardia. 




Es en la parcela ofensiva donde se dan los mayores contrastes. Xavi Pascual apuesta por sistemas largos, muy móviles y que generan opciones tanto dentro como fuera especialmente para jugadores clave como Lorbek, Mickeal o Navarro. En muchas ocasiones, la labor del resto de jugadores consiste en hacerles llegar la bola en las mejores condiciones para que luego éstos, con su talento, resuelvan. Las posesiones se juegan a una media de dieciséis segundos y el promedio total de tiros por partido es sensiblemente inferior al de la NBA con independencia de los ocho minutos más de tiempo en esta última competición. Todo ello para garantizar un balance defensivo óptimo y minimizar las opciones de anotación del rival en “cancha abierta”. Y pocos podrán poner en duda la eficacia de este sistema. Los títulos jalonan las salas del Museo del F.C. Barcelona y Xavi Pascual se ha ganado a pulso un hueco entre la élite de entrenadores europeos. 




Rick Adelman representa otro modelo, otros principios y otra filosofía. Sus ataques se basan en el juego libre y en la iniciativa individual de los jugadores. Están controlados, al menos en Minnesota, por el base, jugador que hace las veces de entrenador en el campo. Es éste el que interpreta las necesidades del partido en cada momento leyendo qué jugador se encuentra caliente o a en qué situaciones debe recibir la bola cada compañero. Todo en el marco de una línea conceptual compartida por todos y que, en ocasiones, necesita verse ajustada. Es entonces cuando Adelman, o cualquier otro entrenador NBA, marca jugada o pide un tiempo muerto. 




Algunos piensan que Ricky Rubio está hecho para la NBA, para triunfar en un estilo de juego que es, por definición, más rápido y libre. Yo, en cambio, creo que ha ido a parar al lugar adecuado y a las manos de un inmejorable tutor y que, de haber jugado para Phil Jackson, Tom Thibeaudau (entrenador de Chicago) o Doc Rivers, hubiera sufrido tanto o más que en el Barcelona.


Pienso, en contraposición a lo que defiende la mayoría, que hay un único baloncesto, un único deporte y no dos. Las diferencias en las reglas, en la duración de las posesiones, en la gestión de las rotaciones o en el criterio arbitral sólo son matices, pequeñas pinceladas que no pueden ocultar que son mucho mayores los nexos de unión que las diferencias. Me muevo en el término medio, en el que según Aristóteles, y el tiempo le ha dado la razón, se encuentra la virtud. Por ello me atrevo a hacer estas afirmaciones:


1. ¿Está el talento bajo sospecha en el baloncesto europeo? FALSO.  La mayor parte de los sistemas que desarrollan los principales equipos del baloncesto FIBA están pensados para hacerle llegar el balón al jugador más destacado se llame éste Navarro, Spanoulis o Carroll.



2. En la NBA no se defiende. FALSO. El mayor talento uno contra uno y la velocidad de alguno de los clásicos “jugones” obliga a conceder tiros antes que penetraciones. Sin embargo, se defiende muy duro en líneas de pase y en todos los bodychecks y bloqueos de rebote el contacto permitido es cien veces mayor que en Europa. El bloqueo directo siempre se defiende pasando de segundo (rara vez se ven fórmulas más conservadoras como pasillos o defensas en “push”) y se permite el uso habitual de manos y antebrazos. Se anota con más facilidad por el mayor talento general de la liga norteamericana, no por el menor esfuerzo defensivo o porque los entrenadores incidan más en aspectos ofensivos.

3. Los partidos excesivamente tácticos son aburridos. FALSO. Quizá sí para un aficionado esporádico o para un neófito en la materia. Sin embargo, la alternancia de defensas y la forma en que los ataques resuelven problemas refuerzan la perspectiva estratégica de un juego hecho por y para gente inteligente. El veneno, ya se sabe, es la dosis, pero un par de partidos al mes gobernados por los entrenadores tampoco matan a nadie. 



4. En la NBA sólo juegan bloqueos directos y aclarados. DEPENDE. La NBA está compuesta por treinta equipos con jugadores muy diferentes y técnicos formados en escuelas también distintas. Nos podemos encontrar con equipos anárquicos como los Knicks o los Nuggets, con equipos que basan su ataque en conceptos del juego libre (dividir y doblar, pasar y cortar, manos a mano para bloqueo y continuación y triangulaciones,...) como Minnesota o los Blazers, equipos que basan (o basaban, este año no los he podido ver) su ataque en las diferentes variaciones del sistema conocido en el mundillo como FLEX en el que como norma habitual todo el que bloquea es bloqueado como es el caso de Utah Jazz o equipos con innumerables jugadas como los Bulls o los Celtics. 




No entiendo a los que ven un baloncesto y no otro. A los que debaten en términos de blanco o negro, de todo o nada. No entiendo el desprestigio que entre los puristas sufre el baloncesto NBA o la alergia que a otros les produce el ritmo más lento del baloncesto europeo. Se trata del mismo baloncesto visto desde diferentes enfoques y practicado con diferentes filosofías complementarias e igualmente enriquecedoras. Se trata de meter la pelota en el aro contrario y de que no te la metan en el propio. De ganar, ganar y volver a ganar que diría el sabio. De participar, que diría el otro.


Disfrutemos del baloncesto en mayúsculas y sigamos potenciando todos los valores positivos que encierra más allá de que se juegue en uno u otro punto del planeta.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS