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El último estoico





Releo emocionado la carta que el Ray Allen de hoy dirigió al chico de trece años recién aterrizado en Dalzell, Carolina del Sur, que era él hace casi tres décadas, y que fue publicada en The Players´s Tribune pocas horas después del anuncio de su retirada definitiva de las canchas. Con cuarenta y un años, este hijo de padre militar, que aprendió el inglés en Londres y que al regresar fue criticado entre los suyos por tener las maneras y acento propios de un hombre blanco, pone fin a una carrera de diecinueve temporadas, dos anillos y múltiples reconocimientos. Con él, y a sabiendas de que Paul Pierce afronta la que será su última campaña, se extingue la última generación de jugadores americanos que coincidieron en pista con el Michael Jordan de los Bulls, el indiscutible mejor jugador de todos los tiempos y, por ello, el ejemplo último de excelencia, la siempre odiosa medida de comparación de cualquier escolta-alero con aspiraciones.

En su carta, amén de demostrar su exquisita educación, muy por encima de la media del jugador NBA, Ray Allen nos deja numerosas enseñanzas. En ella, sin necesidad de avanzar demasiado en su lectura, insiste en la necesidad de separarnos de las opiniones de los demás, habitualmente tendentes a disminuir méritos y vaticinar fracasos, algo que no deja de ser lógico, pues su valoración parte de unas capacidades que son limitadas por oposición al infinito radio de acción por el que se expande su envidia. En cualquier caso, el ex jugador de Milwaukee, Seattle, Boston y Miami nos invita a grabar cada una de estas insidias en la mente, con el ánimo de que actúen como acicate para llevar a término las duras jornadas de trabajo.

Muy interesante es el capítulo que le dedica a recordar los partidos que disputaba con los compañeros de su padre en el ejército, algunos muy buenos jugadores en el pasado. De ellos, además de lo exigentes que eran en el plano físico, recuerda las letanías que esos hombres adultos pronunciaban queriendo retrotraerse, dar marcha atrás en el tiempo para poder, así, trabajar más duro y alcanzar un contrato profesional en el mundo de la canasta. “Tan solo si...” “Si pudiera...” Y es que, frente al hombre mediano, experto en excusas y ensoñaciones, el jugador NBA, no digamos ya la estrella de NBA, aunque esto pueda suponer alimentar un mito que no siempre se cumple, complementa la posesión de un talento excepcional y la concurrencia de circunstancias favorables, con una ética del esfuerzo casi siempre “innegociable”.

No miente Ray Allen al decir que los Boston Celtics de 2008 y los Miami Heat de 2013, conjuntos con los que conquistó el campeonato, aun siendo muy diferentes, compartían los mismos viejos y aburridos hábitos: ser puntuales en el esfuerzo, obsesivos con las rutinas, competitivos hasta niveles patológicos,… “The same old and boring habits”, insiste, por oposición a aquellos equipos anárquicos que quieren ganar sin hacer méritos o a aquellos jugadores que se conforman con lo que tienen creyendo que el del éxito es un camino mucho más despejado.

Esto va de trabajar cada día cuando nadie te está mirando, afirma con una convicción que, en su caso, viene respaldada por el ejemplo. Ahí reside la diferencia entre los que llegan y los que se extravían por el camino, también en el baloncesto. Integrar esta autodisciplina debe ser el gran reto de los entrenadores, también de los de cantera. Desarrollar en la mente de los jugadores una sana obsesión por el juego y la mejora individual les permitirá comprender mejor el valor de esos “old and boring habits” y practicarlos hasta la extenuación convencidos de que no hay otra fórmula, de que así construyeron su éxito (cada uno en su escala de posibilidades) los que estuvieron antes.

El reto, es evidente, no es menor. Las tentaciones se han multiplicado, la autoridad de padres, maestros y entrenadores se ha erosionado tras la ruptura de viejos consensos, por ficticias que fueran sus bases ontológicas, y, por todo ello, a los jóvenes les cuesta encontrar la motivación hacia tareas que implican doblegar el dolor y la fatiga. Ello, al parecer, nos obliga a reformular las sesiones de entrenamiento, fomentando la diversión en detrimento de la repetición, y a alterar los mecanismos de motivación, pues estos ya no residen en el fuero interno del individuo, mucho más pendiente de otras cosas (personas del otro sexo, posición social dentro del grupo de iguales, imagen,…). Se vuelve necesario introducir recompensas, metas a corto plazo. Engañar al cerebro y a la omnipresente pereza.

Todo porque ya no quedan estoicos, tipos que firmen, al final de sus carreras, haber alcanzado la paz consigo mismo o que acepten con entereza la soledad que es necesaria para alcanzar la excelencia. Con Ray Allen se fue el último representante de esa estirpe de jugadores que afirmaban poder realizarse como individuos en una pista de baloncesto. Go to the court, stay on the court. You can build your whole personality there.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS



La mejor liga del mundo






(Hace unas cuantas horas)

Mientras medito si regresar al alcohol y abrazarme de por vida a una botella de ron en una de las últimas filas de una de las salas del Palacio del Arzobispo Fonseca de Salamanca en el marco de un Seminario sobre desarrollo territorial, sólo soy capaz de pensar en lo que sucederá esta próxima madrugada, con un vasto (casi tanto como el sopor que me invade) océano de por medio, en el arranque de la mejor liga del mundo.

Porque la NBA es la mejor liga del mundo. Lo es a nivel organizativo, económico, social (vínculos entre equipos y ciudades, así como temas relacionados con el apoyo a la comunidad) y también deportivo. En ella participan los mejores jugadores, entrenadores y árbitros. En ella, además, se explota mejor que en ningún otro sitio el concepto de espectáculo. Business is business sí, pero sólo porque en el parqué juegan los mejores con reglas que invitan a que lo demuestren.

La NBA es, además, un modelo de sostenibilidad. El hecho de que se trate de una competición cerrada, sin ascensos ni descensos, permite que el riesgo de las inversiones sea en todo caso moderado. Los límites salariales, a su vez, pretenden evitar los derroches y el establecimiento de jerarquías inamovibles al más puro estilo de las grandes ligas europeas. Sólo así se explica que mercados modestos como los de San Antonio u Oklahoma hayan disfrutado, y disfruten, de la presencia de franquicias ganadoras. Aun así, a pesar de las bondades del modelo, es imposible obviar la existencia de determinados trusts deportivos que acaparan los activos más importantes. Estos conglomerados de estrellas surgen por motivos no precisamente económicos. Estas razones se apoyan más en cuestiones deportivas, en la búsqueda de la gloria deportiva ante la posibilidad de construir un legado imperecedero.

Los grandes jugadores atraen a grandes jugadores. Es un hecho. Por este motivo Miami, Lakers o Boston vuelven a llevar este año, y ya van unos cuantos, el cartel de favoritos colgado del cuello. Por tercera edición consecutiva los chicos del sur de Florida parten como principales favoritos al título. A su fantástico Big Three han añadido al mejor tirador, números en mano, de la historia del campeonato y a un cuatro abierto, Rashard Lewis, que encaja perfectamente en el esquema de juego de Erik Spoelstra quien pretende la maximización de los espacios de ataque para la generación de ventajas a partir del demoledor uno contra uno de Bosh, Wade y, sobre todo, Lebron. El Rey.

Los Lakers, por su parte, intercambiaron a Bynum por Howard esperando mejorar en defensa y ganar agresividad en ataque. Sin embargo, la gran incógnita no está en el rendimiento del pívot y sí en el modo en el que compartirán la bola Steve Nash y Kobe Bryant, dos MVP´s de la liga que basan su juego en el acaparamiento del anaranjado esferoide. Del mismo modo, también existe una gran incertidumbre en cuanto a las posiciones del campo por las que se moverá Pau Gasol, el interior más talentoso del campeonato.

Para los Celtics la temporada 2012-2013 se presenta apasionante. La marcha de Allen fue cubierta con la llegada de Terry y el banquillo ha ganado profundidad con las adquisiciones de Milicic, Barbosa, el regreso tras la operación coronaria de Jeff Green y el “robo” en el Draft de Jared Sullinger. Courtney Lee, titular a priori, contribuirá a que la defensa de los de Doc Rivers vuelva a rozar los finos límites de la excelencia. Todos ellos, más Brandon Bass y Avery Bradley (convaleciente aún de su operación en ambos hombros) secundarán al núcleo compuesto por el base más genial de la liga, Rajon Rondo, el anotador con más recursos de la Conferencia, Paul Pierce y el mejor defensor de todo el campeonato, aunque los números puedan indicar lo contrario, Kevin Garnett. Estos tres equipos librarán con Oklahoma City Thunder una dura y bella batalla por el campeonato. Una batalla que es, además, una guerra de estilos y de formas de hacer. Por qué. Pues porque Oklahoma es el producto más perfeccionado de la reconstrucción en movimiento a partir de elecciones en el draft. El buen ojo de Sam Presti les llevó a reclutar para sus filas a Jeff Green, James Harden, Russell Westbrook o Kevin Durant. A cambio de los dos primeros se hicieron con valiosos activos, con profesionales del baloncesto de esos que son necesarios para conformar un proyecto ganador (Kendrick Perkins o el recién llegado Kevin Martin). De los dos últimos, por su parte, penden sus opciones reales de optar al campeonato.

Estos cuatro equipos se jugarán el campeonato al final de la primavera. Mientras tanto, ilustres como New York Knicks, vacas sagradas como los Spurs, recién llegados como Brooklyn o alternativas valientes como Nuggets o Clippers contribuirán a la incertidumbre y el espectáculo. Nos esperan siete meses y medio de caviar de importación, muchas horas para disfrutar y alejarse, aunque sea por un corto espacio de tiempo, de la cruda realidad. Ojalá nos las pudiera narrar Andrés. I love this game!

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Curso 2012-2013






Tras prácticamente un mes de vacaciones en el que otros asuntos han copado mi agenda, es hora de retomar la escritura de éste, vuestro blog, para daros la bienvenida e inaugurar un curso baloncestístico que se presenta lleno de desafíos y eventos destacables.

Después de un verano marcado por la cita olímpica de Londres y sin que aún sepamos demasiado acerca del futuro de nuestra selección absoluta (quién será nuestro seleccionador, qué jugadores se borrarán de las próximas citas,...), la llegada del otoño marca un punto de inflexión en el calendario deportivo. En breves días, la liga Endesa se pondrá de largo y en ella varios equipos tratarán de poner en jaque la supremacía cada vez más discutida de un Regal Barcelona que se ha impuesto en las dos últimas ediciones. La Copa del Rey disputada en el Sant Jordi, los playoffs de la pasada temporada y la Supercopa recién celebrada apuntan a un cambio de tendencia. El Real Madrid de Pablo Laso, rebosante de talento y firme creyente en una filosofía que atrae seguidores al baloncesto, parte como gran favorito en todas las competiciones nacionales y como aspirante al máximo trono europeo. Sin embargo, pocos pueden enterrar las opciones de un Barcelona que dependerá no sólo de los sistemas de Pascual, sino sobre todo de la salud de dos de los mayores genios del baloncesto contemporáneo. Si Navarro y Jasikevicius son capaces de aportar veinte minutos de calidad, pocos equipos podrán defender las múltiples opciones ofensivas, interiores y exteriores, de un Barcelona que este año, al fin, presume también de presencia en la zona. Caja Laboral, Valencia, Bilbao y Unicaja volverán a presentar batalla con presupuestos más modestos, pero con el respaldo de aficiones fieles a los colores y volcadas con el baloncesto. En los puestos de abajo se librarán escaramuzas marcadas por la urgencia y las circunstancias cuyo resultado, en todo caso, será virtual a la espera del pago de las licencias una vez finalice la temporada. 



La crisis económica y social será, a buen seguro, tema habitual en el blog. Su incidencia es notable en el ámbito profesional y se hace aún más evidente cuanto más descendemos de categoría, cuanto más nos aproximamos al baloncesto amateur. Numerosas ligas provinciales y autonómicas se encuentran en la UVI y muchos patrocinadores han tenido que poner pies en polvorosa abandonando al baloncesto de cantera a su suerte. Es ahora cuando los gestores deben demostrar cualidades y aptitudes, cuando urge echar mano de la imaginación para afrontar un período hostil que, para más inri, no tiene fecha de caducidad. Las hipotecas del presente serán las cargas del futuro. Una educación sustentada en el deporte contribuye decisivamente al asentamiento de valores universales que todo ser humano debe poseer. La posibilidad de perder nos hace humildes. La aspiración de ganar, ambiciosos. La existencia de reglas, aunque pueda parecer lo contrario, libres. Y todo ello se puede aprender en una cancha de baloncesto, en el marco de una colectividad, el equipo, deudora y acreedora al mismo tiempo de los sueños, pasiones y, también, por qué no, de los temores de cada uno de sus miembros. 

Todo ello trataré de inculcar en mi papel como entrenador de un equipo junior de categoría autonómica. En él trataré de aplicar todo lo aprendido en el pasado curso de entrenador de nivel 2 del que os hablé durante el verano, pero sobre todo, en él trataré de mostrarme como soy, de enseñar lo que un día me enseñaron con las vistas puestas más allá del acechante corto plazo, el que nos atrapa y amenaza, el que nos engaña e intenta hacernos perder la vista del horizonte con esas hipérboles paranoides llamadas victoria o derrota.

En un horizonte temporal cercano se sitúa, también, una nueva temporada de la NBA. El próximo lunes jugadores y cuerpos técnicos se reunirán para empezar a trabajar. Durante el verano los primeros pulieron sus condiciones físicas y mejoraron aspectos técnicos mientras los segundos se devanaban los sesos para dibujar una planificación que deberá someterse, en cualquier caso, al capricho de la circunstancia. Los Heat se presentan como máximos favoritos, más aún tras las recientes incorporaciones de Ray Allen y Rashard Lewis, dos francotiradores de reconocido prestigio (sobre todo el primero) que abrirán aún más el campo para que Lebron James y Dwyane Wade actúen a sus anchas. Los candidatos a dificultar esta tarea serán los Thunder de Durant, los Lakers de Nash, Gasol, Kobe, Howard y compañía y los Celtics de la defensa, el espíritu de equipo y la tradición. Ah, y de Rondo, Garnett, Pierce, Terry, Green y, sobre todo, Doc Rivers. 



Surgirán, claro, otros temas. Recuperaremos historias increíbles, hablaremos de jugadores que engrandecieron nuestro deporte y discutiremos sobre cuestiones de reglamento, táctica o cualquier cuestión que os parezca oportuna. No lo olvidéis, vosotros sois una pieza esencial de este modesto proyecto que nació de la nada para hablar de algo que nos gusta mucho. Baloncesto, amigos, claro que sí.

UN ABRAZO Y BUEN CURSO BALONCESTÍSTICO 2012-2013

Sobraban los motivos






Ray Allen no volverá a vestir la camiseta de los Celtics. Tras valorar la opción de regresar y analizar otras menores como la de Clippers o Timberwolvers, el mejor y mayor triplista de la historia de la NBA ha decidido llevar su talento a Miami.

Dicen, los que le conocen, que se trata de una decisión estrictamente deportiva, de sumar anillos y aumentar la cosecha. Al fin y al cabo, no hace falta esperar a octubre para afirmar que Miami Heat partirá como principal candidato a renovar el título. Este favoritismo se incrementa con la presencia del propio Allen abierto en la línea de tres, amenazando cualquier intento de dos contra uno frente a Wade o Lebron, castigando cualquier despiste o cualquier bloqueo indirecto mal defendido.

Motivos le sobraban para irse. Fuentes de la liga apuntan a una mala relación con el base de los Celtics, Rajon Rondo, quien estaría obviando deliberadamente el trabajo de salida de bloqueos de Ray Allen no enviándole la pelota. Si hay un director de juego en este deporte capaz de maquinar un pensamiento tan maquiavélico ése es Rondo, no cabe duda, pero aun así prefiero descartar este rumor como factor determinante de la salida de Allen de los Celtics. No en vano, fue el base el que le asistió en cinco de los ocho triples que aún definen el récord en una final de la NBA. 



Ray Allen sabe que va a empezar los partidos como suplente en los Heat. Lo mismo, a expensas de una total recuperación del hombro maltrecho de Avery Bradley, le hubiera sucedido en Boston a tenor de lo acontecido en los dos últimos meses de liga regular en los que Doc Rivers apostó por el jugador de segundo año para incrementar la presión defensiva utilizando a Allen como anotador desde el banquillo. Y claro, para una estrella del calibre de Ray, futuro miembro del Hall of Fame, no es lo mismo ser suplente de Wade que serlo de un simple Avery Bradley.

Los continuos rumores de traspaso tampoco han ayudado. Cada mes de febrero durante los últimos tres años el nombre de Ray Allen ha estado presente en todas las quinielas y sudokus. El tirador de California fue considerado desde la directiva y el cuerpo técnico como la pieza más canjeable, como la menos imprescindible del entramado céltico y esto afecta, claro, a la relación de confianza entre unos y otros, al sentimiento de pertenencia hacia una franquicia de la que el número 20 ha sido el más honrado trabajador durante los cinco años que ayer tocaron a su fin.

La otra cara de la moneda es la de los aficionados de Boston y a ellos, aunque quizá en menor medida, también les sobran los motivos para mostrar su indignación y un cierto desapego hacia quien ha sido su ídolo. En la beantown no hay mayor valor que la fidelidad ni mayor ofensa que la deslealtad. Si objetivamente la decisión de Ray es legítima y comprensible, en la mente de los aficionados célticos, el sí a los Heat es poco menos que un delito de alta traición, un crimen que o mucho me equivoco o desembocará en sonoras pitadas hacia el nuevo miembro del equipo de Miami.

Lo cierto es que echaremos de menos sus cortes por línea de fondo para buscar un tiro en esquina. Le extrañaremos en el juego en transición donde con su inteligencia privilegiada se hacía con inmejorables posiciones para martillear la moral de los rivales a base de suspensiones venidas del cielo. Echaremos de menos su clase, la misma que le hacía merecedor de aquella frase con la que Florentino Pérez presentaba a las figuras madridistas en su primer reinado y es que Ray Allen, tú sí, naciste para jugar en los Celtics. Y así lo hiciste. Hasta el final. Hasta que te fuiste porque te sobraban los motivos. Gracias Ray.

No os perdáis, tampoco, la visión que nos da Chris Forsberg en ESPN BOSTON



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Adiós muchachos





Son las cinco y cuarto de la madrugada y la noche salmantina, espesa, amenaza con regalarnos un lluvioso domingo. Podría acostarme y redactar este post a la luz del día con la distancia que marcan las horas y el sosiego de un necesario descanso.

Pero no. Prefiero hacerlo ahora, con el vello aún de punta después de fundirme, yo también, en el abrazo que Glenn Rivers le ha brindado a cada uno de sus jugadores en el día, la noche, en que parece cerrarse definitivamente una ventana que los Celtics, durante estos últimos años, se han empeñado en dejar abierta a golpe de orgullo y corazón, de trabajo y deseo. 




La noche de Miami se tiñó del blanco de los Heat. Del blanco de la baldosa con la que ahora, imagino, se miran cara a cara cada uno de los miembros del equipo derrotado. Ellos, que se han dicho todo mirándose a los ojos en las incontables batallas que incluye una temporada NBA, son ahora incapaces de buscar el rostro de sus compañeros. Todos, titulares o suplentes, se sienten responsables y se preguntan qué se pudo hacer mejor.

Esta derrota, esta exhibición del Big Three de Miami (70 puntos), supone un punto de no retorno, el pistoletazo de salida para un proceso de renovación que no se puede alargar más. Se cierra, pese a que la nostalgia nos invite a pensar lo contrario, un ciclo que mereció más que un título y que estuvo marcado, aunque su reciente resurrección les lleve a algunos a minimizar este hecho, por la lesión de Kevin Garnett en febrero de 2009.

Aquella lesión mediatizó la defensa del título y, también, la temporada siguiente o lo que es lo mismo, los mejores años que tenían en sus piernas Allen, Pierce y el propio Garnett. Con éste de traje en el banquillo, Orlando nos apeó en un doloroso séptimo partido en el Garden de la Final de Conferencia y, en 2010, sólo unos minutos sobraron para que, con Perkins también lesionado, los Lakers se impusieran colocándose a un solo anillo de los 17 de los Celtics. 

Ya habrá tiempo para hacer balance. Sobrarán las ocasiones para repasar las fotos que nos dejaron estos cinco años de baloncesto en estado puro. Es prioritario analizar el presente y preparar un futuro que se presenta incierto. Sigue Rivers, a quien Danny Ainge le extendería un contrato vitalicio si la liga lo permitiera. Sigue Rondo, el mejor jugador calidad-precio de todo el campeonato y un base que puede atraer a jugadores con talento por su capacidad para hacer mejores a sus compañeros. Sigue, en teoría, el capitán Paul Pierce, al que aún le quedan dos años de contrato y uno opcional. Digo en teoría porque deberá tratarse de su esguince de ligamento y analizar si merecerá la pena un nuevo verano de penurias para llegar preparado al training camp.

Entran en el mercado Kevin Garnett y Ray Allen. A la Máscara no le faltarán ofertas. Es una garantía de 15-10, amén de ser un verdadero catalizador defensivo con precisas nociones sobre el secreto. Me gustaría, a qué seguidor de los verdes no, verle de regreso en octubre intentando que se repita aquel beso en el parqué del Garden al grito de “Impossible is Nothing” que nos regaló la noche en que ganaron el anillo. Tampoco le faltarán ofertas a Ray Allen para ser el sexto hombre de cualquier equipo con aspiraciones, el verdugo en partidos igualados que necesiten de su precisión. No se extrañen si, tras operarse su maltrecho tobillo, aterriza en South Beach. Tampoco deberían hacerlo si le ven vestido de azul en Oklahoma City si Sam Presti da preferencia a la renovación de Ibaka sobre la de Harden.

De los secundarios nada se sabe. Insisten, lo leo ya por la mañana, Pietrus, Bass y Dooling en regresar, en volver para experimentar de nuevo las sensaciones de este año marcado por la adversidad en forma de hombros dislocados (Avery Bradley) y corazones enfermos (Jeff Green, Chris Wilcox). No desean, lo dice Dooling, que su estancia en los Celtics concluya entre lágrimas después de haber sentido, muchos años después, las típicas sensaciones de un equipo de instituto o universidad. 

Soy pesimista. Cuando las emociones dejen paso a la racionalidad a Danny Ainge no le quedará otra que reconocer que es el momento de iniciar la limpia. Doc y él valorarán la posibilidad de que regresen algunos jugadores, pero más que de sentimientos hablarán del precio que están dispuestos a pagar. Me temo que los agentes libres pasarán de largo por la ruta que conduce a Boston. Son los jugadores del 2012 una raza despojada de valores, unos profesionales dispuestos a renunciar a conocer el sabor de la tradición y lo que significa ser un Celtic a cambio de un proyecto deportivo ambicioso en el corto plazo y de un puñado de dólares. Y se entiende, vaya, pero es triste.

Triste porque se avecinan tiempos de crisis en la franquicia más laureada de la liga. Se intuye una larga travesía por el desierto como la que ya vivimos durante los noventa. Sólo espero que los que vuelvan y los que lleguen vistan la camiseta blanca y verde, verde y blanca, con la responsabilidad de saber que ya lo hicieron antes estos tres tipos, Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett, a los que o mucho me equivoco o no volveremos a ver juntos. 



Descanse En Paz el viejo Big Three. Sólo puedo deciros que me habéis robado muchas horas de sueño, que me habéis enseñado infinitos valores y me habéis hecho amar cada día más este maravilloso deporte. Por ello y por tantas otras cosas sólo puedo deciros... Adiós muchachos, compañeros de mi vida.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Toca ampliar el santoral




Vaya tarde noche de baloncesto. Perdonad que me repita, pero esto no es normal. Cuatro partidos más y de nuevo más enseñanzas, más moralejas, más canastas increíbles.

Utilizaré el orden cronológico para no saltarme nada. Pude ver dos partidos en directo y acabo de terminar el diferido del Knicks-Celtics y sólo os puedo decir que estoy agotado de ver partidos de tanta calidad e intensidad.

San Antonio recibía a Memphis a horas poco habituales para este deporte. A las once de la mañana del domingo los feligreses deberían estar en misa y no en el AT&T Center de la ciudad tejana. Sin embargo, nadie faltó a su cita con excepción del gran jugador argentino Manu Ginobili cuya ausencia se notó especialmente en los momentos finales. Marc Gasol se consagró con una actuación espectacular ante un Duncan que parecía haber rejuvenecido. Shane Battier metió un triple espectacular que los Spurs ya no pudieron remontar. Lo mejor para los Grizzlies es que su defensa sobre Parker funcionó y lo peor es que seguro que Manudo no se pierde ningún partido más. Primera victoria de la historia en playoffs de la franquicia, algo que nunca consiguieron con Pau en la cancha. 



Pero la gran sorpresa de la noche se produjo en Los Ángeles donde unos Lakers con muy mala pinta recibían al tal vez más limitado equipo de toda la postemporada. Pero Cris Paul hace milagros y puede convertir a Aaron Gray, Carl Landry o a Jarret Jack en estrellas gracias a su repertorio de dribblings y pases tras bote o penetración. Los Hornets tienen una rotación de siete jugadores, pero es que en los Lakers sólo comparecieron Bryant y Artest y así es complicado. Ni siquiera su afamada defensa apareció permitiendo grandes acciones de los visitantes en los momentos decisivos. En la cuna del jazz hoy se preguntan si Cris Paul hubiera podido detener el Katrina. Es tarde para preguntárselo, pero visto lo visto...



Y qué decir de lo sucedido en el jardín de Boston. Será la Semana Santa o será la primavera, pero Jermaine O´Neal parecía el de Indiana y ni aun así pudieron los Celtics frenar a un Amare Stoudamire que igual machacaba el aro frente a Garnett y el otro O´Neal que metía un aro pasado con reverso en el aire incluido. El partido se decidió en defensa en una segunda parte en la que los de Nueva York sólo anotaron 34 puntos incluido un 1 de 11 de Carmelo Anthony. Sin embargo, a pesar de jugarse al baloncesto que querían los de Doc Rivers a falta de 37 segundos estaban tres abajo. Entonces fue cuando el libro de jugadas acudió al rescate. Saque de banda y alley-hoop para Garnett sin que corriera ni un segundo de tiempo. Uno arriba para los Knicks y posesión. Fue en ese momento cuando el halo especial que envuelve a este pabellón arrancó una falta de ataque rigurosa de Carmelo sobre Pierce. 20 segundos y uno abajo para los de verde. Y otra vez el libro de jugadas, y otra vez un bloqueo directo de Allen para Pierce. Ray continúa hacia afuera aprovechando una pantalla de Garnett que roza la ilegalidad para cuadrarse en el triple y machacar a los Knicks que aún dispondrían de un tiro lejano de Carmelo para llevarse el partido.



Para finalizar esta noche de infarto, los Thunder tuvieron que remontar grandes diferencias para hacerse con el primer partido en su propia cancha. Durant y Westbrook se combinaron para anotar 72 puntos en una serie de 25 de 45 tiros impresionante. Por su parte, para Denver Nené dominó los tableros lo que nos hace dudar de la fortaleza de Ibaka y de la salud de la rodilla de Perkins. De nuevo una decisión arbitral comprometida acerca de un palmeo en el último minuto y el talento de dos grandes jugadores resolvieron un partido que también se movió en márgenes estrechos. 



Me despido agradeciendo a Naismith que inventara este deporte tras disfrutar de una noche en la que Marc hizo de Pau y a Pau ni se le vio, en la que Cris Paul demostró que se puede ser el mejor base de la liga sin el físico de Derrick Rose, en la que Ray Allen nos recordó que al fin y a la postre en este deporte lo que cuenta es meter la pelota en el aro y si vale tres mejor y en la que Westbrook y Durant enviaron un mensaje a Wade y Lebron con estas palabras: "Somos la mejor pareja de la liga".

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

No son excusas, son leyendas


Podrían parecer perfectas excusas para no hablar de la derrota de los Celtics ante los Lakers. Podrían ser una cortina de humo ideal para encubrir las miserias de un equipo, el de Boston, que ha quedado reducido a una rotación de siete u ocho jugadores por culpa de las lesiones y que está pidiendo la hora en forma de All Star con inequívocas señales de auxilio. Yo soy Danny Ainge y ya estaría abriéndome paso entre los miles y miles de parados en Detroit para presentarme en la puerta de Joe Dumars (General Manager de los Pistons) y pedirle precio por Tayshaun Prince, un tres perfecto que ya secó en su momento a Kobe Bryant (finales 2004) y con la capacidad de anotar desde múltiples posiciones. Pero no. No se trata de desviar la atención. No fui yo el base de talento y un tanto presuntuoso que se enfrentó al bueno de Jerry Sloan para situar al club en la posición de "o se va él o me voy yo". Tampoco soy ese escolta de 1,92 formado en los Huskies de Connecticut que ayer situó el récord de triples de la NBA en 2562.

Cómo no hablar de Ray Allen tras una fecha tan especial. Sería injusto para él, para Reggie Miller (el jugador al que sucede como líder de triples en la competición) y para una liga, la NBA, que vende tan bien su producto. Durante un tiempo muerto se abrazó sucesivamente con Reggie, en su puesto de comentarista, con su madre, con su mujer e hijos y recibió la felicitación de Kobe, todo un señor. Todo ello es el resultado de una dedicación absoluta a su cuerpo y a su espíritu. No en vano, ayer repitió su rutina de siempre. Llegó al pabellón cuando aun estaban limpiando la suciedad del día anterior, se enfundó su codera en el brazo izquierdo y comenzó a lanzar desde diferentes ángulos para estar listo de cara a un día especial en cuanto a las cifras pero que en realidad, para Ray, no era más que otra jornada más en la oficina.

Pero la verdadera conmoción no vino marcada, en la jornada de ayer, por los clásicos o los "milestones" superados. Os invito a ir al United Center de Chicago, mirar hacia el techo del pabellón y buscar entre los seis banners que simbolizan los seis títulos de la franquicia y entre las camisetas retiradas de Michael Jordan o Scottie Pippen la del número "4", el primer jugador seleccionado por los Bulls en el draft de expansión de 1966. Quizá la retirada se debió más al propio hito de ser el "original bull", pero en su carrera como jugador marcada por las lesiones consiguió dos triples dobles y un partido con 43 puntos sin olvidar su principal marca de estilo, la defensa.

Y por la intensa defensa y por hacer de su pabellón un fortín (esa cárcel de cinco estrellas como denominaba Andrés Montes al Delta Center de Salt Lake City) se han caracterizado los mejores equipos de Sloan durante sus 23 años en el estado que los mormones fundaron para practicar con total libertad su credo religioso. No es por tirar de tópico y mencionar las tan manidas palabras de Churchill constantemente (como hacen los periodistas deportivos a falta de otros símiles), pero Jordan se las vio y se las deseó para extender su legado cuando topó en las finales de 1997 y 1998 contra los Jazz de Stockton y Malone. Y de Jerry Sloan.

Es el tercer entrenador con mayor número de victorias, consiguió meter a su equipo en la postemporada desde 1989 a 2003 y todo ello tras pasar por innumerables enfermedades relacionadas o no con sus malos hábitos de vida que ha venido reconduciendo en los últimos tiempos. Todo ello luchando contra el escaso atractivo del estado de Utah para la captación de grandes jugadores y ante la ceguera de quienes entregan los premios en la NBA. Si Sam Mitchell ha sido entrenador del año (2007) y Jerry Sloan, en sus 23 años, no lo ha sido nunca es que algo está fallando en la Meca del baloncesto.

Resulta paradójico que tras superar tantos malos momentos sea la mala relación con Deron Williams la que a priori marca su adiós. Quizá Sloan vio en éste al sucesor de Stockton. Y a Deron no le falta talento. Pero le faltan otras cosas. Respeto creo que lo llaman.

Os dejo con la rueda de prensa de despedida de ese incansable jugador y de esa leyenda de los banquillos que es Jerry Sloan. Y sí, Kobe y Gasol jugaron un partidazo. Pero este 10 de febrero de 2011 tendrá para siempre otros protagonistas. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

He Got Game (Una Mala Jugada)



Antes de que el mundial de Turquía monopolice la temática de los post he decidido escribir sobre la última película relacionada con el baloncesto que he tenido la oportunidad de ver.

Jesus Shuttlesworth tiene una semana para tomar la decisión más importante de su vida. El mejor jugador de High School del país tiene que determinar en qué Universidad jugará la siguiente temporada.

Mientras, en la prisión de alta seguridad de Attica, su padre cumple condena por haber asesinado a su mujer, la madre de Jesus en un golpe de mala fortuna durante una riña doméstica. Jake, así se llama, es un frustrado jugador de baloncesto que trató a su hijo con férrea disciplina y rigidez. Ahora, tiene la opción de ver rebajada su condena si consigue que su vástago juegue para la Universidad en la que en el pasado lo hizo el gobernador del estado. Conseguirlo no le será nada sencillo porque Jesús ni siquiera le reconoce tras el incidente en el que falleció su madre.

El baloncesto es tema central de la película. Es la excusa perfecta para reflexionar sobre toda una serie de experiencias que rodean la vida de las futuras estrellas de la NBA. La fama, las mujeres y el dinero son atractivos demasiado fuertes para quien vive en la miseria y desde pequeño sueña con abandonar las profundidades de la Gran Manzana.

El turbio mundo de los representantes y de las compañías interesadas se entremezcla con los asuntos familiares. No es fácil tomar decisiones acertadas cuando el epicureismo se asoma a la puerta. No es fácil ser fiel a tus principios cuando el mundo que te rodea te incita a dejarlos guardados en un cajón. No es fácil tener éxito en Coney Island y sobrevivir en el intento.

Por lo que se refiere a los actores, Denzel Washington, en el papel de Jake (padre de Jesús) realiza un papel muy digno aunque, naturalmente, no a la altura de sus actuaciones en Philadelphia o Training Day por poner un ejemplo.

Sin embargo, el personaje principal no es interpretado por un actor profesional. Ray Allen encarna a Jesus Shuttlesworth y se le nota muy cómodo y no me refiero sólo a las escenas de baloncesto.

En la dirección, Spike Lee da muestras de su amor al baloncesto en una obra con sello propio. Su personalidad queda reflejada en variadas secuencias. Uno de los neoyorquinos más famosos del mundo nos enseña las luces y sombras de su ciudad sin complejos y a corazón abierto.

Si no tenéis grandes planes, ver He Got Game puede ser una buena opción para hacer más amena la sobremesa tras alguna comida familiar. No mucho más.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS