Sin duda, si hay una capacidad que debe reunir un entrenador de baloncesto esta es la capacidad de síntesis. Aprender a discriminar qué incorporar y, sobre todo, qué excluir de un discurso, de un proceso de enseñanza-aprendizaje, de una planificación, de una programación, de una sesión de entrenamiento. También de una formación o clínic, un monólogo que, en todo caso, busca ser una conversación, aunque una de las dos partes adquiera el papel protagonista y la otra guarde silencio aun cuando sea interpelada con preguntas tendenciosas o retóricas que no admiten debate. Entre otras cosas porque no hay tiempo para el debate. Hay que resumir.
Digo que un clínic busca ser una conversación porque se trata de transmitir y no todos tenemos el genio de Miguel Ángel o Bernini para hablar el lenguaje universal de la pintura o la escultura en el que se expresan sus obras dejando con la boca abierta a cualquiera que las observe, sea cual sea su procedencia, sean cuales sean sus intereses. De ahí que me encuentre peleando a vida o muerte con las muchas ideas que circulan por mi cabeza en torno al título de una charla, “desandar el camino entre la élite y el mini”, que me gustó en su momento y ahora me incomoda por lo abierto y seguramente pretencioso que es y con lo mucho que esto choca con la limitación temporal propia de estas actividades. El tema daría para un libro y yo, nosotros, disponemos de setenta y cinco minutos.
Lo que haré será aprovechar este espacio, esta gacetilla en la que doy rienda suelta a mis pensamientos, para liberar todo aquello que circula alrededor de la idea central, los argumentos que la alimentan pero que necesitan de un grado de matización incompatible con la naturaleza de la charla. Pues bien, sin más rodeos, que su tiempo tampoco es ilimitado, mi tesis, que se ha reforzado tras trabajar este año en un cuerpo técnico de ACB, es que el elemento diferencial fundamental que separa a los buenos jugadores de los jugadores excelentes tiene que ver con algo que voy a llamar INTELIGENCIA PARA EL BALONCESTO, una inteligencia que tiene aspectos comunes con otros deportes, con otras actividades, que es general pero también especifica y que mezcla cuestiones espaciales y temporales, también kinestésicas, para acabar llegando a una capacidad superior de percepción e interpretación de lo que está pasando o, mejor aún, de lo que va a pasar.
Esto se traduce en multitud de lances, con y sin balón, de cara y de espaldas al aro, de 1x1, 2x2 y 3x3 dentro de un campo con diez jugadores que los mejores parcelan sin ser conscientes de ello para que la información aparezca ordenada en sus cerebros. Los mejores dominan los “cuándos” y los “por dónde”. Los mejores no tienen prisa, dejan que suceda lo que ya sabían que iba a suceder y entonces, y no antes, actúan. La cuestión es cómo trasladar esto a las metodologías de entrenamiento, a las planificaciones y programaciones. También a las desprogramaciones que habría que abordar tras muchos años en los que el cómo, la técnica, se ha enseñado de forma excesivamente temprana, analítica, estandarizada y descontextualizada, aunque es cierto que en España llevamos muchos años mezclando su enseñanza con cuestiones más tácticas y estratégicas en estos juegos reducidos o con hándicap que algunos parecen haber descubierto esta mañana. Y probablemente esta sea una de las razones que nos ha permitido competir tan bien en el escenario internacional, amén del surgimiento, fundamentalmente espontáneo (siempre lo es) y en el mismo tiempo de varios genios como Pau, Navarro o Rudy.
En base a esta observación empírica y probablemente errónea, en base a esta experiencia que no deja de ser una y no muchas, insuficiente en todo caso para armar una teoría que admitiera una publicación científica seria, he llegado a una serie de conclusiones provisionales que me gustaría compartir y que constituyen la base filosófica en la que se sostiene lo que luego será un clínic de setenta y cinco minutos.
- Debemos invertir las prioridades en el tiempo, esto es, retrasar el foco puesto en la adquisición de destrezas técnicas de un modo analítico y centrarnos más en ampliar el catálogo motor inicial y básico y, sobre todo, insistir en la comprensión de los mecanismos propios del juego poniendo especial interés y énfasis y dedicando más tiempo en las programaciones a las tareas abiertas enfocadas en la obtención de un resultado y en la adaptación de los medios disponibles (la mezcla de capacidades atléticas y destrezas técnicas de cada momento). Esto nos obligará a medir muy bien la dificultad de las tareas siendo necesario aislar, además, en nuestro feedback, los apartados puramente técnicos de los táctico-estratégicos. ¿A qué obedeció el éxito o el no éxito de un intento del aprendiz? Si fuera una cuestión puramente técnica y no es nuestro foco actual, apuntar y dejar para más adelante.
- El objetivo no es adquirir (enseñar) una técnica individual, sino una técnica individual y personalizada. Tomo aquí, de alguna manera, la idea que mi compañero Jorge Álvarez me explicó en varias ocasiones sobre técnica individualizada, en el sentido de dar a cada uno lo suyo, pero me atrevo a modificarla y sustituirla por “personalizada” en la búsqueda de que cada jugador termine por definir sus propios patrones, su propio sello con la intervención justa del entrenador (que se limitaría a la corrección de la ineficiencia, de los elementos que impiden la consecución de un resultado). Así pues, la enseñanza tradicional, basada en la traslación del modelo ortodoxo o generalmente aceptado por los cánones de la biomecánica, genera más frustración que resultados. La variedad antropomórfica y la aleatoriedad e incertidumbre propias del juego invitan a minimizar el tiempo dedicado a esta enseñanza (y a integrarla en una fase previa de adquisición de un bagaje motor amplio que es anterior y va más allá de la tradicionalmente considerada técnica individual).
- La bendición es también una maldición. La enseñanza tradicional hacía que los jugadores muy técnicos fueran muy buenos desde el inicio de sus carreras, que tuvieran éxito de manera temprana a la hora de resolver los problemas que las defensas les oponían. Esto, que es bueno en términos de motivación, autoestima y autoconfianza, puede conducir a la repetición continua de los patrones motores “exitosos” provocando una limitación del bagaje a aquellos movimientos que siempre producen un resultado positivo. Además de una limitación de las respuestas motoras también nos enfrentaríamos a un caso de limitación de las respuestas o decisiones, asumiendo que una misma alternativa (la que domino) es siempre la correcta en escenarios distintos en base al “éxito” de su resultado.
- ¿Hay que entrenar la técnica? Claro que sí. Primero sin balón, luego en el contexto de tareas abiertas, también antes o después de los entrenamientos y, finalmente, cuando los cuerpos estén formados y todos los elementos del juego sean estables (dimensiones, altura de las canastas, tamaño del balón) podemos pasar a la fase de mejora y perfeccionamiento. No soy contrario a la enseñanza de la técnica, pero huiría de la enseñanza en base a modelos biomecánicos o cineantropométricos estandarizados, de la enseñanza analítica o descontextualizada en edades tempranas (puede que haya que reforzarla más adelante) por no ser eficiente en un contexto de limitación de horas de cancha y, sobre todo, de atención. La realidad demuestra que buenos atletas procedentes de otros deportes, con la disciplina necesaria, el físico suficiente y las cualidades coordinativas e intelectuales precisas acaban desarrollando carreras profesionales sin haber trabajado la técnica propia del baloncesto antes de los 16 años, luego quizá no sea tan compleja si todo los demás elementos que componen la casa están bien constituidos.
En fin, estas son solo algunas conclusiones que orbitarán alrededor de la próxima charla/entrenamiento del miércoles 1 de julio en Santa Marta en la que también traeré el ejemplo y el modelo de tres jugadores con los que he convivido y de los que he aprendido tanto que no sé por dónde empezar y cuándo terminar este escrito, esta charla, esta síntesis fallida.
UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

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