En el marco de las colaboraciones, menos habituales de lo que me gustaría por la falta de tiempo, con www.jordanypippen.com, le dediqué unas líneas al recuerdo de uno de mis ídolos de infancia. Y es que para un niño de siete años no era fácil identificar las acciones meritorias que hoy reconozco como aprendiz de entrenador y sí, en cambio, la manera profesional y pertinaz con que Oscar Schmidt Bezerra golpeaba una vez tras otra, la red del conjunto rival.
Espero que disfruten, si no lo hicieron ya en su momento, con la lectura del artículo
"Nunca
estuve tan cerca de un genio. Figurada y literalmente. En el espacio,
en el tiempo y también en esa otra dimensión que viaja en el
interior de cada uno de nosotros, la empatía. Él era mi primera
búsqueda en la Revista Gigantes y la principal motivación para ver
partidos ACB en los noventa. Él era, y finalizo el soliloquio, Oscar
Schmidt Bezerra.
Sin
embargo, nada tiene que ver el Oscar que yo conocía, aquel que
apuraba sus últimos años de baloncesto en Europa jugando en
Valladolid, con el Oscar que ya para entonces era un ídolo en el
país futbolero por excelencia, en el paradójico Brasil del todo o
la nada. Su estatura y su punto de gravedad excesivamente elevado
actuaron como mecanismos de selección, pero hicieron falta muchas
horas de entrenamiento para que estas cualidades pudieran lucir en la
cancha. Y es que no le llaman a uno “Mano Santa” por ser alto,
apuesto y espigado. En su camino desde Natal a Sao Paulo, durante su
periplo por las canteras de grandes equipos de Brasil como el
Palmeiras, se sucedieron miles y miles de lanzamientos en solitario o
con la inestimable ayuda de quien hoy es su mujer".
Esta
semana el mundo del fútbol se halla conmocionado ante la convulsión
que han originado en el vestuario del Bayern Munich unas presuntas
filtraciones sobre alineaciones y estrategias. Pep Guardiola, el
entrenador, se ha mostrado contundente y amenaza con expulsar a los
topos que pretenden socavar la estabilidad del colectivo.
Sirva
esta anécdota para reflexionar sobre una cuestión de mayor enjundia
cuyas consecuencias se extienden desde la élite hasta los cimientos
del deporte a escala mundial. Imaginen, si no, un corral de comedias.
Sobre el escenario, puntualmente todos los viernes, sacan a relucir
sus talentos los miembros de una compañía de actores. Representan
una obra en la que han invertido mucho tiempo. Nadie osa, al menos a
priori, cuestionar el proceso y es que los asistentes, repartidos en
diferentes pisos, separados tal vez por clase social y género, se
saben ignorantes. ¿Quiénes son ellos para cuestionar la valía de
los intérpretes, el ingenio y la dramaturgia de Lope o Calderón?
Eso sí, una vez terminada la obra, si ésta no ha gustado, no
dudarán en hacer valer su derecho tirando tomates, huevos o cuantas viandas pudiera acoger la alhóndiga del pueblo.
Pues
bien, imaginemos que, de pronto, ese corral de comedias, ese lugar
ideado para la distensión, se convierte de pronto en una corrala o
patio de vecinos donde conviven los actores, los guionistas y el
director de la obra de teatro junto con el herrero, el granjero, la
hilandera, la tendera,... El guionista procura escribir de noche y el
director se las ingenia para que los ensayos sean siempre a la hora
en que las mujeres cocinan y los hombres trabajan. Sin embargo, se
empiezan a observar cortinas corridas y miradas indiscretas. Pronto,
la Carmen le habrá contado a la Isabel cómo es el día a día de la
compañía y si la actriz que hace de princesa le parece una furcia,
furcia será para toda la vida. Igualmente, que no se le ocurra al
director alzar la voz en un momento de tensión porque ya se sabe:
“Qué malo que es ese hombre, qué mal que trata a las niñas, con
lo jóvenes que son”. Así, cuando llega el momento de la
representación, ya no sólo será juzgada la ejecución, sino que
entrarán en juego visiones subjetivas y prejuicios. Todo el mundo se
sentirá capacitado para opinar pues todos creen saber de lo que
hablan. Surgirán, además, adhesiones particulares, procesos de
identificación y empatía con los protagonistas. Protagonistas que
ya no serán profesionales ajenos a todo cuanto sucede, sino ídolos
o villanos que, además de hacer bien su trabajo, deberán responder
a toda una serie de expectativas. Ha nacido el derecho a opinar y ese
eslogan que no por manido deja de ser falso de “el cliente siempre
tiene la razón”.
Y de ahí
la necesidad, hablo ya de baloncesto, de marcar distancias y dotarse
de argumentos para poder mantener el relato del “tú no sabes,
déjamelo a mí”. De ahí la necesidad de acreditar formación,
diplomas. De ahí también la perversa obsesión por atesorar
triunfos, triunfos que pueden ser derrotas a largo plazo, que pueden
ser éticos o menos éticos, pero que son triunfos a fin de cuentas
(CURRÍCULUM). De ahí, también, el imperativo de imponer una ley
del candado entre el sector que, a nivel sociológico, más daño
puede hacer al trabajo de un equipo de cantera: los padres.
El padre
(la madre) no es un simple aficionado. No tiene por qué entender
(aunque algunos sí que lo hacen) de dinámicas colectivas, reglas
internas de vestuario o aspectos técnicos, aunque suele ser
orgulloso y reclamar para sí un saber especializado basado en sus
pachangas en el parque o en sus tiempos (remotos) como jugador de
patio de colegio. Eso, si hay suerte. En ocasiones, en cambio, puede
ser un experto psicólogo, un ex jugador de élite o un periodista,
es decir, una verdadera autoridad en la materia. En cualquier caso,
más allá de esta grotesca caricatura que he dibujado de los padres
(muchos me vais a matar), no creo en un cierre corporativo, en un
funcionamiento paralelo de lo que es el equipo en sí y de lo que
Johan Cruyff vino a llamar el “entorno”.
Colaboremos,
reforcemos actitudes positivas en el chaval, evitemos que escuche
mensajes contradictorios y partamos siempre de la base de que todos,
padres y entrenadores remamos en la misma dirección; de que todos, a
fin de cuentas, queremos lo mejor para el hijo/jugador y para el
equipo/grupo de amigos.
Por
supuesto, no existe comparación entre el deporte de élite y el de
cantera. Guardiola puede creer que lo mejor para la dinámica de su
equipo es desenmascarar al topo y eliminarlo para siempre, pero
también debe entender que, con las indecentes sumas de dinero que
mueve el fútbol gracias al seguimiento generalizado, se debe a sus
aficionados. Su política del candado tiene sentido cuando analizamos
la porquería de prensa que se mueve alrededor, pero no cuando se le
evita a los consumidores de fútbol poder acceder a un mayor
conocimiento de sus ídolos. Es decir, Guardiola, como parte de un
espectáculo sobredimensionado y muy bien pagado, debería estar
obligado a vivir en el corral de vecinos y no sólo a actuar
públicamente los fines de semana.
Sin
embargo, en cantera, mi apuesta pasa por una “política” de
confianza que debe partir, en primer lugar, de la ética y la
formación de los entrenadores. Somos los principales responsables
del progreso deportivo y personal de los chavales y por eso debemos
invertir horas de nuestro tiempo en mejorar nuestras capacidades. Una
vez suceda esto estaremos en disposición de poder demandar a los
padres un espacio de autonomía para poder trabajar sin prisas y sin
una orientación resultadista. Un espacio de autonomía que, como
decía antes, no debe suponer un muro infranqueable, sino una red
mallada a través de la cual los intercambios sean fructíferos,
sobre todo, para el interés del menor.
Ésta es
mi opinión y he disfrutado compartiéndola con vosotros. Ahora me
gustaría escuchar las vuestras, ya sean imparciales o de parte.
Pablo
Laso sabe quién mató a Kennedy. O por lo menos sería capaz de
construir una teoría mucho más convincente de la que salió de la
Comisión Warren. O al menos estaría mucho mejor preparado para
contársela a sus jugadores que todos esos burócratas embebidos de
poder.
Sirvan
el quincuagésimo aniversario de la muerte de Kennedy y el excelente
momento por el que atraviesa la sección de baloncesto del Real
Madrid para introducir un tema fundamental, la alienación a la que
nos vemos sometidos sin capacidad de réplica por el mero hecho de
habitar en una estructura que de grande nos desborda. Que de densa
nos aplasta.
Los que
idearon la democracia nunca pensaron que fuéramos a ser tantos y tan
diversos. Los que elaboraron la constitución, ellos mismos lo
aseguran, nunca imaginaron que su bienintencionada obra derivara en
esta pocilga de corruptos despiadados que se deshacen en halagos y
alabanzas ante los mercados, comisiones europeas y demás instancias
internacionales para después minar las fronteras con espinosas e
inhumanas alambradas.
Con
nuestros impuestos evitamos ruinas de bancos, saneamos las cuentas
públicas de las que otros se apropiaron, pagamos campañas
electorales, delirios de grandeza de antiguos jugadores de
balonmano,... Nos hacemos cargo, en definitiva, de las desviaciones
morales a las que todos estamos expuestos y a las que muy pocos,
valientes y bien formados, se resisten. Todo ello para que nuestra
salud dependa de un chequeo que nunca llega, la justicia de un juez
elegido a dedo y de un juicio que no termina nunca, la integridad
física de un policía que certificará el suceso y nuestra
educación, clave de todos los bienes y males, de un profesor sin
vocación encantado de su condición de funcionario y hastiado de
atender a tantos y tan diferentes hijos de su madre y de su padre.
Con esto
quiero decir que la sociabilidad intrínseca del ser humano no se
satisface mejor por más grande que sea el entorno y por inabarcable
que sea el contexto. El sistema, esta sociedad del espectáculo en la
que somos meros espectadores, aunque algunos puedan sentirse parte
importante porque le lean un “tweet” en antena, nos degrada y nos
ofrece muy pocas opciones. Las mejores, creo, pasan por apagar el
televisor, retomar la vieja costumbre de leer y, háganme caso, por
jugar al baloncesto.
Entiéndanme,
jugar al baloncesto o formar parte de pequeñas comunidades donde su
voz sea escuchada, donde el proyecto de todos sea también el suyo,
donde su autoestima se refuerce y donde ni siquiera sea necesario
votar cada cuatro años porque las elecciones, aunque las tome uno,
son de todos.
Y ése
es el éxito del Real Madrid de Pablo Laso más allá de la calidad
de sus jugadores y el diseño de la plantilla. En el equipo blanco
las decisiones, aunque encarnadas en su persona, son fruto de un
proceso dialógico, real o figurado. Se aceptan porque son el reflejo
del pensamiento de los jugadores y por esta razón funcionan. Laso,
pregunte o no, “gobierna” como le exigen sus “ciudadanos” sin
necesidad de que se lancen a la calle o monten revueltas en el
vestuario. Le avalan los conocimientos y le respaldan sus muchas
horas de trabajo. Su compromiso está siempre un paso por encima del
que tiene el grupo.
Un grupo
pequeño y unido donde todos se sienten importantes. Un grupo que
está en condiciones de exigir a cada uno de sus miembros por el
hecho de que cada uno de sus miembros también puede y debe exigirle
al grupo. Un grupo en el que no pueden existir parásitos pues
enseguida serían etiquetados y deportados. Un grupo en el que nadie
se puede apoderar de una cuota excesiva de poder porque sólo está
condenado al fracaso. En el Real Madrid todos han comprendido su rol,
han aceptado las diferencias de talento que se plasman en diferencias
de minutos como una realidad inescrutable y positiva para el
colectivo contra la que se rebelan entrenando cada día más duro.
Durante los entrenamientos compiten para mejorar, durante los
partidos cooperan para competir.
Y el
resultado es bueno en términos cuantitativos, pero podría no serlo
en función de elementos no controlables o azarosos y no por ello el
grupo estaría peor gobernado y merecería de menos alabanzas. El
Real Madrid de Pablo Laso ha conseguido lo que también logró el
F.C. Barcelona de Pep Guardiola, aunar a aficionados de muchos
lugares y con diferentes colores en la fascinación ante un modelo de
juego que se basta a sí mismo para justificarse.
Y toda
esta oposición de concepciones de la vida y el baloncesto para
reclamar, a nivel político, la devolución del poder y el control a
los ciudadanos. Muchos pensaron que, en un mundo global en el que las
consecuencias de las acciones de uno afectan irremisiblemente a los
otros, era necesario un gobierno mundial. Yo, en cambio, pienso que
si queremos convivir todos juntos debemos regresar a las pequeñas
comunidades, a gobiernos a escala humana que tengan en cuenta las
verdaderas motivaciones y necesidades de los ciudadanos, que se
fiscalicen, y esto es lo más importante, a ellos mismos porque de
todos es el poder y a todos les concierne.
Como en
un equipo de baloncesto. Perdón, matizo, como en todo equipo de
baloncesto que es entrenado desde una perspectiva humana, en el que
se evita la cosificación de los jugadores y en el que se comparten
no sólo las metas deportivas, sino también las personales. Y ese
equipo en el que pienso, a fecha de hoy, es el Real Madrid. Tiempo
tienen Pascual y todos los demás equipos europeos para imitar el
modelo en lo que más importa, en su vertiente social.
Ante la
escasa expectación suscitada por la publicación de la primera
entrega de esta sección y dado que no tengo otra cosa mejor que
hacer, he decidido publicar una segunda para intentar provocar, si
fuera esto posible, un mayor sopor entre los lectores. Esta vez, por
falta de tiempo, que no por compasión hacia ustedes, sólo voy a
abordar el pronóstico musical de la División Atlántico, aquella
que aglutina más títulos de la NBA y también aquella donde se
concentra el mayor peso histórico de la joven nación
estadounidense.
DIVISIÓN
DEL ATLÁNTICO
Philadelphia
Seventy-Sixers. Cold, Cold Ground (Tom Waits)
“Hay
un listón en el sauce, una llanta como columpio, un zarzal de bayas
invadiendo la ladera, el gato dormirá en el buzón y nosotros nunca
iremos a la ciudad hasta que encerremos todos los sueños en la fría,
fría, tierra”. A pesar del inicio fulgurante no se dejen
engañar, los Seventy Sixers son carne de lotería y lo mejor que
pueden hacer es, como dice el genial Tom Waits, encerrar los sueños
y aplicar fórmulas realistas. Evan Turner y Michael Carter-Williams
pueden ser los pilares de un futuro proyecto, pero para que éste sea
ganador hará falta sumar piezas en la zona.
New
York Knicks. Maneras de Vivir. (Rosendo)
“No
pienses que estoy muy triste si no me ves sonreir, es simplemente
despiste, maneras de vivir. Me sorprendo del bullicio, y ya no
sé qué decir, cambio las cosas de sitio, maneras de vivir”.
Ser aficionado de los Knicks es, sin duda, toda una manera de vivir.
Sin embargo, no, no es simplemente despiste. Si no sonríen es porque
el equipo emblema de la capital del mundo apesta a estrellas viciadas
y mediocridad. La fórmula de tres ataques para Carmelo y uno para
los demás (salvo si te llamas J.R. Smith) en función de una
rotación anárquicamente trazada es un insulto al buen gusto
baloncestístico. Estarán en playoffs por el ridículo nivel de la
clase media en la conferencia.
Brooklyn
Nets. The End. (Pearl Jam)
“¿Qué
fue de todos aquellos sueños que compartimos años atrás? ¿Qué
fue de todos los planes que hicimos? Ahora, ahí están, a la
izquierda del camino, detrás de nosotros, en el camino. Más que por
los amigos yo siempre brindé: “porque los amigos van y vienen”.
La gente cambia, como lo hace todo y yo quería llegar a viejo, sólo
llegar a viejo”. Y a viejos llegaron los principales jugadores
del nuevo proyecto de Brooklyn. A demasiado viejos diría yo.
Garnett, Pierce, Joe Johnson, Jason Terry, Andrei Kirilenko e,
incluso, Deron Williams, ya tuvieron tiempo para comprobar que los
amigos van y vienen y que muchos planes, los más románticos y
utópicos, ya quedaron atrás. No den un duro por ellos. Ganarán la
división por oficio y profesionalidad, pero morirán, como lo
haremos todos algún día si tenemos suerte: Por viejos.
Toronto
Raptors. Blowing in the wind. (Bob Dylan)
“Cuántos
años puede existir una montaña antes de que sea arrasada por el
mar, cuántos años pueden vivir algunos antes de que se les permita
ser libres, cuántas veces puede un hombre girar la cabeza y fingir
que, simplemente, no lo ha visto” Cuántos años más podrá
sobrevivir el baloncesto en Canadá ante proyectos desnortados y
gestiones autodestructivas. La respuesta, supongo, como bien dice
Dylan, navega en el viento, el mismo viento que circula por la
cabeza de Rudy Gay, un jugador al que sólo puedo definir por lo que
sé que NO es: un jugador franquicia. Del mismo modo puedo definir a
Kyle Lowrie como un “no base” y a Jonas Valanciunas como una “no
referencia interior”. El equipo de los “noes”, adivínenlo, no
se metará en playoffs.
Boston
Celtics. Yesterday (The Beatles)
“Ayer
todos mis problemas parecían tan lejanos. Ahora, (sin embargo)
parece que están aquí para quedarse. Oh, yo creo en el ayer”.
El aficionado de los Celtics, y hablo con conocimiento de causa, es,
por esencia, nostálgico. Un recuerdo puede embaucarle durante horas,
mantenerle en un estado de sobreexcitación poco saludable. Sin
embargo, pese a la elección de esta canción, el aficionado de los
orgullosos Celtics es también un optimista patológico y ya está
divisando el próximo gran triunfo. Puede que tengan que pasar, como
ocurriera la última vez, veintidós años, pero aun así éste
siempre pensará que volverán las flores por primavera. Y volverán,
aunque sólo sea para disputar una ronda de playoffs y medir el
verdadero potencial de los Jeff Green, Avery Bradley o Kelly Olynik.
VENCEDOR
DE LA DIVISIÓN: BROOKLYN NETS
EQUIPOS
EN PLAYOFFS: BROOKLYN NETS, NEW YORK KNICKS y BOSTON CELTICS
Seguro
que muchos de vosotros asocia a diferentes períodos de su vida, a
distintos acontecimientos o fechas marcadas, una canción, un
conjunto de estrofas y una melodía que aún tararean cuando los
recuerdan. Pues bien, en uno de esos tiempos muertos que me concedo a
mí mismo más a menudo, quizá, de lo aconsejable, me dio por
imaginar cuál sería la canción de cada equipo de la NBA para así,
de esta manera, seguir profundizando en la previa de la temporada que
acaba de comenzar. Dividiré esta previa musical en tres entregas y
en cada una de ellas abordaré dos divisiones.
DIVISIÓN
DEL PACÍFICO
Golden
State Warriors. Have you ever seen the rain? (Creedence
Clearwater Revival)
“Alguien
me contó hace tiempo que hay un período de calma antes de la
tormenta”. Sí, los días soleados también pueden convertirse
en días lluviosos. Más aún si ese día te enfrentas a los dos
mayores y más certeros tiradores del campeonato. La dupla que forman
Stephen Curry y Klay Thompson le enseña a todos sus rivales lo que
es la lluvia (por si no la habían visto). Acompañados por el oficio
de Iguodala, el trabajo no exento de talento de Lee y los centímetros
e inteligencia de Bogut, amén de un notable banquillo, estamos en
disposición de exigirles, a ellos y a su entrenador Mark Jackson, la
consecución de logros importantes.
Los
Ángeles Clippers. Fly me to the moon. (Frank Sinatra)
“Llévame
a la luna, déjame cantar entre las estrellas, déjame ver cómo es
la primavera tanto en Júpiter como en Marte. En otras palabras, coge
mis manos”. Éstas fueron las palabras con la que los miembros
de la plantilla angelina recibieron a Doc Rivers en la primera sesión
de entrenamientos. Los Clippers siempre han volado alto de la mano de
DeAndre Jordan y Blake Griffin y bajo la batuta de Chris Paul. Sin
embargo, necesitaban de una brújula que les indicase el camino hacia
el anillo.
Los
Ángeles Lakers. Hotel California. (The Eagles)
“Bienvenidos
al Hotel California, qué lugar tan encantador, qué preciosa
fachada”. Cambien Hotel California por Staples Center y entenderán
por qué le dedico este tema de los Eagles a los Lakers de Mike
D´Antoni. La franquicia de oro y púrpura es poco más que una
bonita apariencia, una persona coqueta que ha recurrido a la cirugía
para tapar las huellas que los años han ido dejando. Aun así, por
sugerente que sea su careta, este equipo, con Kobe o sin él, está
condenado a quedar fuera de los playoffs después de nueve años.
“Juventud,
divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar no
lloro y a veces lloro sin querer. Juventud, divino tesoro, ¡ya te
vas para no volver!” Sirvan estos versos de Rubén Darío
puestos en la boca y en las cuerdas de la guitarra del maestro Paco
Ibáñez para verbalizar los sentimientos de todos aquellos fans de
los Kings que se enamoraron de esta franquicia en el inicio del
milenio cuando militaban en sus filas Vlade Divac, Chris Webber,
Pedja Stojakovic, Mike Bibby, y tantos otros. Ahora su juventud se
evapora y sólo les queda llorar sin querer mientras ven los residuos
de aquel magnífico proyecto (ya saben, los Kings de la tortilla de
patata, el tocata de pilas y las chicas yé yé) convertidos en
ceniza.
Phoenix
Suns. Stand by me (Ben E. King)
“Cuando
cae la noche, y la tierra está oscura, y la luna es lo único que
vemos, no tendré miedo, no, siempre y cuando cuentes conmigo.
Cariño, cariño, quédate conmigo”. Bien pudiera ser ésta la
banda sonora de muchos equipos de la liga. Y es que los Suns son sólo
otro candidato más a elegir el número uno del draft el próximo mes
de junio. Aunque hasta hace pocas semanas todo parecía indicar que
ese jugador al que los aficionados de los Suns se refieren como
“cariño” sería Bradley Wiggins, no hay que menospreciar la
irrupción fulgurante del pupilo de Mike Kzyzewski, Jabari Parker.
DIVISIÓN
SUROESTE
San
Antonio Spurs. El Reloj (Lucho Gatica)
“Reloj
detén tu camino, porque mi vida se apaga, ella es la estrella que
alumbra mi ser, yo sin su amor no soy nada”. Los Spurs se
enfrentan, tal vez, a la última ocasión de recuperar el
inconfundible sabor de la victoria, ése que alimenta su ambición y
sin el cual no son, como dice el bolero, nada.
Houston
Rockets. Wannabe (Spice Girls)
“Yo
te diré qué es lo que quiero, lo que realmente, realmente quiero.
Entonces dime lo que quieres, lo que realmente quieres. Te diré lo
que quiero, lo que realmente quiero. Entonces dime lo que quieres, lo
que realmente quieres. Yo quiero, quiero, quiero, quiero realmente.
Realmente, realmente, quiero zigzaguear”. Que me perdonen los
aficionados de los Rockets que puedan acceder a este blog, pero no me
negarán que bien podría ser ésta una conversación entre James
Harden y Dwight Howard, dos de los mayores talentos de la liga, pero
también dos de las mentes menos lúcidas y brillantes. Mientras se
sucede esta conversación es probable que en el otro lado del
vestuario esté Jeremy Lin, producto de Harvard, jugando una partida
de ajedrez con Asik mientras Omri Casspi repasa la Torá, Chandler
Parsons ultima los detalles de su tupé y Kevin McHale se hace con
una cuchilla de afeitar para cortarse las venas. Lo siento, el
proyecto es interesante, pero si su éxito reposa en la madurez de
Howard y Harden que se vayan olvidando en Houston de cualquier opción
de anillo.
Memphis
Grizzlies.Y nos dieron las diez (Joaquín Sabina)
“Y
nos dieron las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres”
(y las cuatro, las cinco y las seis si fuera por su entrenador). La
propuesta de juego de Memphis Grizzlies es, sin duda, una de las
menos atractivas de todo el campeonato. A pesar de contar con un muy
buen pasador en el puesto de center, Marc Gasol, y de disponer, a su
vez, de un base en franca progresión, Mike Conley, muy poco se puede
esperar de un equipo que alinea en el perímetro titular a Tony Allen
y Tayshaun Prince. Por lo menos en ataque.
Dallas
Mavericks. Satisfaction (The Rolling Stones).
“No
puedo obtener ninguna satisfacción. No puedo obtener ninguna
satisfacción. Porque lo intento, y lo intento, y lo intento, (pero)
no puedo obtener ninguna satisfacción”. No sé por qué pero
me imagino a Mark Cuban cantando bajo el chorro de la ducha una de
los temas más reconocibles de la banda británica. La eterna
insatisfacción del dueño de los Mavericks ha llevado a la
franquicia a sus cotas más altas de prestigio, pero también a una
especie de esquizofrenia mal resuelta que redunda cada verano en una
remodelación de la plantilla. Sólo Nowitzki y Carslile son, por el
momento, inamovibles.
New
Orleans Pelicans. Maquillaje (Mecano)
“No
me mires, no me mires, no me no me mires, no me mires, no me mires,
déjalo ya, que no me he puesto el maquillaje”. El cambio de
logo y la incorporación de Tyreke Evans o Jrue Holiday (dos
jugadores que necesitan mucho balón) no impide que los Pelicans sean
aún un producto en construcción, una actriz en plena sala de
maquillaje que necesita de un poco más de tiempo para que, como dice
la canción, la queramos besar. Démosle, pues, el tiempo que
necesiten para juntar las piezas y convertirse en candidatos al
título. La ciudad, toda la comunidad que aún se recupera de los
efectos devastadores del Katrina, se lo agradecerá.
Este
sitio dejó de ser, hace mucho tiempo, un blog de actualidad para
convertirse en un vertedero de mis desmanes y desvaríos. Otros años
era habitual que servidor se desmarcara con algunos análisis,
previas o pronósticos sobre la mejor liga del mundo, sí, ésa que
ha comenzado hace tres días con la entrega del anillo al campeón.
Éste, sin embargo, me ceñiré a, con nocturnidad y a deshora, hacer
lo que todos hacen en los medios de comunicación y las redes
sociales. Es decir, a opinar. Simple y llanamente.
Porque a
fin de cuentas informar está sobrevalorado. Igual que memorizar o
enseñar contenidos. Total, todo está en la red. Sólo hay que saber
dónde buscar, servirse de una fuente dotada de la autoridad
suficiente y dejarse llevar por lo que diga asumiendo su
infalibilidad, aceptando como dogma todo lo que afirme en base a ese
poder que le otorga su historial, currículum, número de lectores o
prestigio.
Pero
vaya, no se trataba de analizar con sarcasmo la deriva en la que vive
sumido el consumidor medio de información en este país y otros
tantos (a ver si vamos a ser ahora tan especiales), el descrédito
que sufre la memoria como interruptor de saberes y el sectarismo con
que se rechazan determinadas visiones por no ser las de uno. Cuando
más fuentes de información están a nuestro alcance, menos
preparados estamos para analizarlas desde un punto de vista crítico.
Cuantas más opciones tenemos menos utilizamos. Leemos, y gracias,
sólo aquéllas que respaldan nuestro discurso, aquéllas en las que
nos podemos sentir amparados. Seguro que más de uno de vosotros, yo
el primero (aunque no en el ejemplo que sigue), se reconoce en la
figura de ese amigo que llega a la cafetería henchido de orgullo
apelando a un artículo en el que un “experto” estira hasta el
infinito una estadística en la que, al parecer, se prueba que Kobe
es mejor que Jordan, desechando otro que en esa misma revista, unas
páginas detrás, rendía homenaje a la figura del eterno 23
situándolo como el dios único y verdadero de este deporte. Y como
en el baloncesto, en todo lo demás.
Y a eso
me voy a limitar, a opinar, a expresar mis gustos sobre los equipos y
jugadores de la que, como ya he dicho, es, y esto no es opinable, la
mejor liga del mundo.
El
jugador más plástico. Si el baloncesto fuera ballet, Rudolf
Nureyev se llamaría Klay Thompson. Su mecánica de tiro, sus
arrancadas directas y cruzadas y sus finalizaciones son de alta
escuela.
Otros
jugadores contemplados: Ray Allen, Jamal Crawford, Kevin Durant.
El
jugador más competitivo. Kobe Bryant. A Kobe le gusta
menos perder que a Rajoy hablar en público. A veces equivoca los
caminos, pero si alguien es capaz de picarse con un niño que está
jugando a la peonza, ése es Kobe Bryant.
Otros
jugadores contemplados: Kevin Garnett, Tim Duncan, Lebron James.
El
jugador más inteligente. Si los partidos de baloncesto se
decidieran resolviendo Cubos de Rubik hay pocos más preparados que
Rajon Rondo. El base de los Celtics es una calculadora andante
de espacios, combinaciones y porcentajes.
Otros
jugadores contemplados: Steve Nash, Ricky Rubio, Tony Parker.
El
jugador más completo. Hijo, marido, amante (que no tiene por qué
coincidir con marido) y padre excelente. Abuelo mezcla de compasión
y dureza. Igual aporta fondos para una causa benéfica que invierte
en España (bueno, eso es lo mismo). No puede ser otro que Paul
George, el base-escolta-alero de los Pacers, el más digno
sucesor de Scottie Pippen y John Havlicek.
Otros
jugadores contemplados: Lebron James, Harrison Barnes y Josh Smith.
Una de
breves...
Pagaría
por ver a... Stephen Curry
Me
cruzaría de acera si me encuentro a... Metta World Peace (a
pesar del nombre).
Construiría
mi equipo a partir de... Lebron James
Le
confiaría la vida en un tiro libre a... Ray Allen
Le
daría la última bola en un partido igualado a... Kevin Durant
Será
el MVP de la temporada... Paul George
El
equipo mejor orquestado. Si se trata de trabajar en equipo, de
ganar y perder de manera colectiva sin dedos inquisitivos ni egos
hipertrofiados éste debe ser San Antonio Spurs.
Otros
equipos contemplados: Miami Heat, Golden State Warriors, Indiana
Pacers
El
equipo más sucio. No existen muchos equipos del perfil de
aquellos Pistons de finales de los 80 o de los Knicks y Heat
entrenador por Riley en los 90. Hasta el año pasado los Celtics
representaron esa vieja tradición de dar antes de preguntar. La
presencia de Joe Johnson y de Brook López inhabilita a los Nets para
este honor, así que me quedaré con los ChicagoBulls
de Butler, Boozer y Noah con Thibodeau en el banquillo.
Otros
equipos contemplados: Memphis Grizzlies, Miami Heat, Indiana Pacers.
El
equipo más espectacular. Si mi concepto de espectáculo fuera el
de la mayoría, a esta cuestión respondería los Clippers. Pero no,
a mí me gusta disfrutar no sólo con la demostración de facultades
físicas, sino, principalmente, con la puesta en escena de gestos
técnicos de enorme dificultad. Y ahí, entre los cambios de mano,
dirección y ritmo de Curry y la pureza de Klay Thompson, me tengo
que quedar con los Golden State Warriors.
Otros
equipos contemplados: LA Clippers, Denver Nuggets, Oklahoma City
Thunder
Otra de
breves...
Pagaría
por jugar en... los Celtics (cuestión de colores).
Sufriría
jugando en... New York Knicks (una posesión para cada uno y tiro
porque me toca).
Si el
estilo de juego de un equipo resumiera tu filosofía de baloncesto
éste sería... San Antonio Spurs (mi filosofía y la de muchos,
creo).
Confiaría
mi vida a la defensa de... Indiana Pacers
Si
los equipos de NBA fueran equipos de cantera me gustaría que un
hipotético hijo jugara en... Boston Celtics (no sólo por los
colores, también por los valores que representan).
Ganarán
el anillo... Indiana Pacers (tienen todas las piezas y a Larry
Bird sentado en primera fila por si hay que enchufar la última).
En fin,
esto de opinar no es coto cerrado de blogueros, expertos, sabios,
periodistas, Pipi Estrada o Santiago Segurola. Así que si os han
gustado mis propuestas apuntaos y compartid con todos nosotros
vuestros gustos particulares sobre los jugadores y equipos de, y esto
repito no es opinable, la mejor liga del mundo.
Justo en
la semana en la que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo
nos decía que a las tres no pueden ser las dos, es decir, que no se
puede aplicar retroactivamente una ley posterior a la comisión de un
delito por mucho que nos hierva la sangre viendo a violadores y
terroristas en la calle, justo cuando la seguridad jurídica parecía
erigirse como un pilar del estado de derecho, la educación, otra vez
la educación, saltó a la palestra para dejar en evidencia todas las
trincheras que se han venido cavando en nuestro país para
radicalizar los debates y mitificar, por lo difícil de su acceso,
los pocos puntos de encuentro que nos habíamos marcado.
Pese a
que por cuestiones de horario he debido renunciar a una de mis
grandes pasiones, el entrenamiento en baloncesto, el cursar el Máster
de Profesor de Secundaria me está permitiendo mantenerme cerca de
las necesidades de las jóvenes, de las técnicas psicopedagógicas y
de los temas que le preocupan al colectivo docente. Aunque desde una
perspectiva técnica y retórica, en todas las asignaturas se palpa
la inquietud que rodea la tramitación parlamentaria de la famosa y
controvertida Ley Wert, un documento que surge con aires (cínicos)
de reforma cuando en realidad supone un cambio radical en la
concepción de la escuela en su sentido más amplio.
Antes de
diseccionar algunos de los puntos más conflictivos de la ley, he de
decir que no he disfrutado mucho escuchando las pobres
argumentaciones de quienes la rechazan por su origen, de quienes
mezclan, venga o no a cuento, la palabra franquismo para desacreditar
y ofender al enemigo. Porque de enemigos se tratan, ya ni siquiera de
tú, los llamados a conversar y dialogar, a debatir en pro de la
estabilidad del sistema, de una seguridad jurídica para los alumnos,
futuros ciudadanos, y sus padres, hombres y mujeres que por deseo o
equivocación trajeron al mundo a un niño que tiene, por el hecho de
serlo, el derecho a recibir una educación. Una, que no diecisiete.
Una, que no una cualquiera.
En un
principio es el sistema el que contrae una obligación con el niño,
un niño que puede ser listo o menos listo, pobre o menos pobre antes
siquiera de dar su primer paso. Es el sistema, un sistema justo y
equitativo que no debe ahondar en las diferencias que nos marca el
ser quienes somos y el nacer donde nacemos, el que debe proveer una
educación suficiente y todo lo adaptada posible a las necesidades de
ese chico. Sólo de esta manera, ese mismo sistema, una vez que éste
haya alcanzado la edad adulta, le podrá exigir que pague sus
impuestos, que cotice a la seguridad social, que sea productivo y se ciña a unas normas.
Una vez
aclarada la inviolabilidad y universalidad del derecho a la
educación, más aún habiendo nacido este niño en un país
democrático y en un entorno relativamente próspero, (ya quisieran
múltiples estados de este mundo estar pasando la crisis que
atraviesa España) nos toca responder, como sociedad, sobre la
naturaleza de su provisión y ejercicio. En mi opinión la educación
es un bien eminentemente público. Si nuestra Constitución es la de
un Estado Social y Democrático de Derecho, si limita el ejercicio de
derechos más liberales como el de la propiedad, cómo no va ser la
educación, uno de los pilares del bienestar común, una cuestión
pública. Ello, ojo, sin matices aleccionadores o de adiestramiento
ideológico, no. En la búsqueda de una sociedad justa y cohesionada
no debemos atentar contra el libre desarrollo de la personalidad ni
favorecer la uniformización, no debemos castigar al que destaca,
sino dotarle de todas las herramientas de las que dispongamos para
que triunfe.
Ahora
bien, la propuesta segregadora del ministro que abarata costes y
promueve sibilinamente la oferta educativa concertada y privada, no
es sólo una apuesta por la calidad y la excelencia, por la
eficiencia y demás mantras neoconservadores, sino también una
declaración de principios que elimina la idea, tal vez romántica,
que muchos teníamos de la educación como motor de cambio y ascenso
social. En la ley se adelanta la bifurcación de itinerarios, la
realización de pruebas de evaluación generales que rompen con los
principios de la evaluación continua, que invitan a la
sobrevaloración del logro sobre el esfuerzo. Se destierran todos los
conocimientos humanísticos y artísticos por no serle útiles a las
economías de empresa, se le condena al mediocre a ser manipulador de
artefactos, aprendiz de un oficio, con todo el respeto para éstos, a
los catorce años.
La Ley
Wert es una ley que etiqueta y fosiliza las relaciones de poder entre
los propietarios y los desposeídos, entre los predeterminados a
tener éxito y los predestinados a estamparse. Aun así, como
presunto, posible, futuro profesor creo que es en las aulas, en el
día a día de los colegios e institutos donde se produce el
verdadero cambio. Por eso apuesto, en vez de por huelgas y
movilizaciones tan ruidosas como infructuosas, por que los
profesores, principales actores en todo este sarao, nos formemos
debidamente, más allá de lo que marca nuestro particular
itinerario, para responder a las necesidades individuales y grupales
de nuestros alumnos. Y es que no decía en vano Manuel Bartolomé
Cossío estas precisas palabras: “Dadme un buen maestro, y él
improvisará el local de la escuela si faltase, él inventará el
material de enseñanza, él hará que la asistencia sea perfecta”.
Pertidime recalcar lo de “buen” y extiendan, dado que estamos en
un blog de baloncesto, todo lo dicho sobre el profesor al entrenador.
Y de
paso no se olviden de que a las tres serán las dos. Como en la
educación y en el debate político. Como en la sanidad y otras
tantas conquistas.
Os
anticipo que no tengo muy clara mi postura sobre el debate que voy a
exponer. No sé si es mejor que todos paguemos lo que sólo unos
pocos quieren ver o que esos pocos paguen por lo que quieren ver
dejando que una parte de esos pocos se queden sin poder verlo.
Supongo que todo pasa por una derivada de la teoría de juegos, de
una negociación entre agentes interesados en la que no es posible
que todos ganen. Bueno, en realidad no, esto sí que lo tengo claro,
en esta negociación ni los muchos ni los pocos están llamados a
intervenir. Es una cuestión de una, dos o a lo sumo tres empresas,
de un único oferente y muy pocos demandantes (cada vez menos). ¿Y a
los pocos y a los muchos qué les queda? Joderse y aguantarse o
adaptarse a las condiciones.
Concreto
y doy nombres. Una organización, la Euroliga, alias “el oferente”,
oferta los derechos de emisión de su producto (luego hablaremos del
producto) país por país (con “independencia” de Cataluña, cuya
televisión “pública” tiene contrato por dos años más). En
España, el año pasado hubo dos cadenas que emitieron partidos para
el conjunto de España. Una, Marca TV, desapareció el pasado 31 de
julio por deudas no atribuibles, más allá de en su parte
proporcional, al pago de los derechos de la Euroliga. La otra,
Teledeporte, se apuntó al carro en las rondas finales para emitir,
básicamente, los partidos del Real Madrid. Pues bien, estas
soluciones de urgencia nos condujeron a la situación actual y a un
final del verano y principio de otoño sin acuerdos cerrados. Y en
éstas apareció Digital Plus, el gran conglomerado mediático de
nuestro país, el producto más ambicioso de la extinta Sogecable,
alias “el Imperio del Monopolio”, ahora PRISA TV, y sueño húmedo
del también fallecido Jesús de Polanco, para hacerse con los
derechos de la Euroliga por tres años imponiendo ciertas condiciones
como la no coincidencia de fechas entre los partidos de Real Madrid y
F.C. Barcelona. No crean que la negociación fue muy dura, qué va,
el ente público apenas presentó oposición. Bastante tiene con no
hundirse en ese mar de lágrimas que representan sus cuentas, en ese
baño de dignidad que creen darse rellenando tiempo de pantalla con
resúmenes de la Champions y tertulias de chascarrillo.
Y en el
medio de este tango a media luz entre el único oferente y el único
demandante nosotros, los consumidores de un producto que nos apetece
degustar y que, sin embargo, se encuentra instalado en el medio de
paquetes de compra muy diversos que incluyen, tal vez, productos
secundarios que pueden no interesarnos. Porque parece evidente que el
“todo gratis” ya no se sostiene, que si están en cuestión
derechos básicos y universales como el de la sanidad, la educación
o las pensiones, no parecería lógico que quedaran garantizados
estos más triviales, pero oigan, me pongo en pie para criticar que
el amante de la Euroliga acarree el peso de la financiación del
hockey hielo, la vela o la hípica y viceversa. Digital Plus no
termina de atajar correctamente esta cuestión. Sólo el amante del
fútbol tiene sus propios canales, su itinerario de pago y disfrute a
medida del consumidor. Sin embargo, las opciones de “deportes” se
convierten en un cajón de sastre en el que todo entra, aunque quizá,
debiéramos estar por ello agradecidos (ya adelanté que no tengo muy
clara la cuestión).
Pero, ¿y
al baloncesto?, ¿qué le conviene al baloncesto? Cuanta más barato
sea el acceso a los contenidos mejor, ¿no? De esta manera
contribuiríamos a la difusión de sus valores, de su riqueza, del
espectáculo que a nosotros, los aficionados, nos vuelve locos y
emociona. Pues qué quieren que les diga, tampoco tengo esto muy
claro. Creo que la labor de captación de potenciales consumidores de
baloncesto se hace en las canteras de los clubes y en los patios de
los colegios. Es ahí donde el fútbol, por su simpleza natural y su
adaptación a los más pequeños, se abre paso y empieza a sembrar su
dominio. Pero a un televidente, habitual consumidor de Sálvame y
derivados, también de fútbol cuando juegue la selección o su
equipo, qué más le da que emitan el baloncesto en abierto o en un
canal de pago si ni siquiera contempla la opción de ver un partido.
Ahora bien, cómo le vende un padre de clase media las bondades de
este deporte a su hijo si los mejores productos le están vetados por
su precio, si no puede sentarle en sus rodillas para ver juntos un
partido de calidad y decirle de vez en cuando “Ése es Kevin
Durant, y es una máquina”.
Termino
y sigo sin tenerlo claro. Disfrutaré de la Euroliga gracias a que mi
padre es un buen amante del deporte y a que entre mi hermano y yo
supimos convencerle de que las decenas de euros que gastamos en esta
plataforma de pago serían una buena inversión para nuestro tiempo
de ocio. Sé que los profesionales del Plus, por su categoría y
trayectoria, nos deleitarán con buenas realizaciones y narraciones,
pero no sé, en determinados momentos me acordaré de ese padre que
no puede pagar para ver la Euroliga y, aún más, de ese hijo que
crecerá sin saber cómo juegan al baloncesto los mejores jugadores
del mundo.
UN
ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS (hoy más que nunca)
Qué
emocionantes, seguro que las recuerdan, aquellas palabras del
Comandante De Gaulle, aquéllas en las que decía, tras la entrada de
los nazis en París, que habían perdido una batalla, pero no la
guerra. Emocionantes, pero también, si se lee todo el discurso,
repletas de franqueza y honestidad, la franqueza y la honestidad con
la que reconoce desde su exilio londinense la superioridad táctica y
militar de los alemanes.
Pues
bien, quizá sea también, la historia de esta ACB que hoy empieza,
la de varias batallas perdidas a cambio de una gran guerra. Batallas,
seguro que también las recuerdan, como las que se libraban en
Badalona, Málaga, Vitoria o Magariños, incluso también en San
Pablo o la Fuente de San Luis, es decir, en tantas y tantas canchas
en las que tanto el Real Madrid como el F.C. Barcelona sudaban sangre
para salir victoriosos y eso, claro, cuando lo lograban. Ahora estos
feudos, pese a conservar el murmullo atronador de sus aficiones, aun
contando cada vez con más facilidades de tipo logístico, han pasado
a ser, aunque en ocasiones puntuales se revivan tiempos pretéritos,
lugares de parada y fonda para los dos únicos candidatos al título
de la Liga Endesa.
Sólo el
Unicaja dirigido por Joan Plaza se erige como una posible tercera
vía. El entrenador barcelonés contará con un arsenal anotador muy
interesante, aunque el déficit de estatura y kilos en la pintura,
pese a contar en su plantilla con un jugador apellidado Sabonis
(Domantas, su hijo), puede ser definitivo a la hora de enfrentarse a
los dos grandes. En similar tesitura se encontrará Sergio Scariolo
al frente del Laboral Kutxa. En su caso, más que la debilidad
interior, será definitiva la inexperiencia de la mayor parte de
jugadores, al menos en lo que se refiere a competir en la élite.
Así
pues, descartados como alternativas realistas los dos principales
oponentes, todo se reduce a lo que puedan hacer y dejar de hacer el
F.C. Barcelona y el Real Madrid, dos claros aspirantes a Final Four y
apuestas seguras para encontrarse en las finales de Copa del Rey y
liga ACB. Eso sí, no por anunciado su éxito, viene a estar éste
construido sobre los mismos cimientos o parámetros. El equipo
catalán no ha dudado a la hora de sacar a relucir su potencial
económico para adquirir en el mercado a grandes nombres como los de
Nachbar, Papanikolau, Dorsey o Lampe para complementar el talento de
los Navarro, Huertas, Tomic, Lorbek y compañía. La insuficiencia de
los viejos recursos les obligó a mover ficha para contrarrestar la
inferioridad que un engañoso 3 a 2 en las finales no pudo ocultar.
Inferioridad
respecto a un Real Madrid que sienta las bases de su éxito sobre una
filosofía y unos principios que, por estables y compartidos, se han
situado por encima de las individualidades. En el sistema de Laso
todos los jugadores se encuentran cómodos desplegando sus facultades
sobre la cancha. Todos conocen su rol y aun así son conscientes de
que un día cualquiera, miércoles, jueves o domingo, pueden ser
ellos los llamados a brillar y resolver. Las incorporaciones del
Madrid, en vez de parches son adornos que han de limar la fina
barrera que les separó del triplete la temporada pasada: un rebote
defensivo ante el Barcelona en Copa y dureza y oficio ante el
Olympiakos en la Final de la Euroliga. Para eso ha venido Bourousis,
principal novedad y jugador que, junto a Felipe, está llamado a
capitanear a las huestes madrileñas en esas batallas que en Europa,
por fortuna, siguen siéndolo.
A pesar
de todos los problemas consabidos y con aquellos duelos pasados en el
recuerdo, la Liga Endesa ha echado a andar con dos claros favoritos,
unos cuantos candidatos a la “otra liga” y muchos otros clubes en
busca de una viabilidad financiera que, a tenor de lo sucedido en las
dos últimas campañas, parece más importante que la salud
deportiva. Y es que, una vez más, no ha habido renovación en una
liga que se resiste a descender a la realidad económica del momento
negándole, de esta manera, a muchos equipos y aficiones el derecho a
jugar en ella, un derecho que se ganaron (Burgos y Alicante la pasada
primavera) donde, en principio, se dirimen las contiendas en esto que
antes llamábamos deporte.
Licenciado en Geografía, master de profesorado de secundaria y bachillerato, máster en Creación Literaria por la Universidad de Salamanca y Doctor en didáctica de la escritura creativa también en esta universidad. Autor de dos libros de relatos, Hasta que la noche nos alcance y Madrid, Nueva York, Logroño, y autor también de Individual o Zona, selección de artículos e historias sobre baloncesto. Entrenador superior de baloncesto (CES 2014) y actualmente entrenador ayudante en San Pablo Burgos (ACB y Eurocup). Te invito a conocer más en mi página web personal: http://jjnieto.com