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Por si es la última




Siendo muy conscientes de que cualquiera puede ser la última cerveza, el último café. Sin aceptar el fatalismo que podía anunciar la gravísima lesión de Gordon Hayward, alero titular y rutilante adquisición del pasado verano, los Boston Celtics lideran con paso firme la NBA, más aún tras remontar y vencer en su cancha a los Golden State Warriors, máximos favoritos a conquistar de nuevo el anillo de campeón. Con esta son catorce las victorias consecutivas, muchas de ellas logradas sin el soporte de su particular Big Three y otras tantas superando diferencias en el marcador que a muchos equipos hubieran invitado a pensar en el partido siguiente.

Lo hacen liderados por un entrenador que, por su carisma y fácil entendimiento del juego y la naturaleza humana, está llamado a ocupar uno de los asientos de honor en las reuniones en las que, fantaseo, los más grandes de siempre se juntan para charlar de baloncesto. A sus 41 años, y tras lograr la proeza de llevar a Butler, una modesta universidad del estado de Indiana, a jugar dos años consecutivos el partido por el título, todo el mundo en Boston sabe que su futuro y el de los Celtics van a estar ligados mucho tiempo.

Así, aunque de férrea disciplina e infatigable trabajador, lo que más destaca de su método es la imperturbabilidad de ánimo con la que afronta la adversidad, la flexibilidad y originalidad en la búsqueda de alternativas. Tanto es así que en ocasiones lo miro y creo que se está repitiendo internamente aquel lema de la canción de Los mitos, ya saben, “es muy fácil, si lo intentas”. O ese otro que dicta “a cada problema una solución”. Eso es al menos lo que transmite, lo que me queda de haberlo ido siguiendo, partido a partido, en su particular curva de aprendizaje.

Marcus Morris decía de él, al finalizar uno de los últimos partidos de esta impresionante racha que es un gurú, lo que seguro que tiene que ver con la efectividad con la que los Celtics anotan tras tiempo muerto, pero más aún con el modo en el que sus jugadores se sienten protegidos y guiados en la pista. Creo que ningún equipo de la NBA, ni siquiera estos fenomenales y muy conjuntados Warriors, tiene tan asumido el reparto de roles y la idea de depositar en préstamo lo mejor de las esencias individuales para beneficio del colectivo. Esto es, la noción amplia del concepto “aportar”, mucho más allá de lo que pueda decir la tan pobre estadística.

Veo en Boston un equipo generoso, que se pringa en todas las acciones sin balón (bloqueos, bloqueo de rebote, lucha por los balones sueltos, bumps en la defensa de los cortes y de los bloqueos directos), que utiliza las manos, tanto sobre balón como en línea de pase, que se comunica, como bien demuestra su defensa de constantes cambios en los bloqueos y en el que es difícil apreciar un grano de egoísmo: un tiro mal seleccionado (que Irving fuerce situaciones es algo asumido por el conjunto de los compañeros), un balance sin hacer, un reproche con malas maneras,…

Miro a los Celtics –que son mis Celtics, es verdad, lo que resta objetividad a todo lo escrito hasta ahora– y veo a un equipo que transmite emociones, que siente verdadera devoción por el juego y en el que, a pesar de saberse parte de un negocio, sus miembros conciben de manera estrecha la convivencia, ese sentido de la urgencia en las relaciones humanas y en el disfrute del momento presente al que tantas veces restamos valor y que la muerte, como la que el miércoles golpeó tan duro a Jayleen Brown (falleció su mejor amigo del instituto y fue duda hasta escasas horas antes de un partido en el que fue el mejor jugador) suele traer al primer plano en forma de recordatorio póstumo y tardío.

Hay muchas explicaciones, muchos motivos que explican las catorce victorias consecutivas, pero uno fundamental es que los Celtics juegan con la pasión y la urgencia de quien sabe que cualquier cerveza puede ser la última.




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La banda sonora de la NBA (II)






Ante la escasa expectación suscitada por la publicación de la primera entrega de esta sección y dado que no tengo otra cosa mejor que hacer, he decidido publicar una segunda para intentar provocar, si fuera esto posible, un mayor sopor entre los lectores. Esta vez, por falta de tiempo, que no por compasión hacia ustedes, sólo voy a abordar el pronóstico musical de la División Atlántico, aquella que aglutina más títulos de la NBA y también aquella donde se concentra el mayor peso histórico de la joven nación estadounidense.



DIVISIÓN DEL ATLÁNTICO



Philadelphia Seventy-Sixers. Cold, Cold Ground (Tom Waits)



Hay un listón en el sauce, una llanta como columpio, un zarzal de bayas invadiendo la ladera, el gato dormirá en el buzón y nosotros nunca iremos a la ciudad hasta que encerremos todos los sueños en la fría, fría, tierra”. A pesar del inicio fulgurante no se dejen engañar, los Seventy Sixers son carne de lotería y lo mejor que pueden hacer es, como dice el genial Tom Waits, encerrar los sueños y aplicar fórmulas realistas. Evan Turner y Michael Carter-Williams pueden ser los pilares de un futuro proyecto, pero para que éste sea ganador hará falta sumar piezas en la zona. 





New York Knicks. Maneras de Vivir. (Rosendo)



No pienses que estoy muy triste si no me ves sonreir, es simplemente despiste, maneras de vivir. Me sorprendo del bullicio, y ya no sé qué decir, cambio las cosas de sitio, maneras de vivir”. Ser aficionado de los Knicks es, sin duda, toda una manera de vivir. Sin embargo, no, no es simplemente despiste. Si no sonríen es porque el equipo emblema de la capital del mundo apesta a estrellas viciadas y mediocridad. La fórmula de tres ataques para Carmelo y uno para los demás (salvo si te llamas J.R. Smith) en función de una rotación anárquicamente trazada es un insulto al buen gusto baloncestístico. Estarán en playoffs por el ridículo nivel de la clase media en la conferencia.



Brooklyn Nets. The End. (Pearl Jam)



¿Qué fue de todos aquellos sueños que compartimos años atrás? ¿Qué fue de todos los planes que hicimos? Ahora, ahí están, a la izquierda del camino, detrás de nosotros, en el camino. Más que por los amigos yo siempre brindé: “porque los amigos van y vienen”. La gente cambia, como lo hace todo y yo quería llegar a viejo, sólo llegar a viejo”. Y a viejos llegaron los principales jugadores del nuevo proyecto de Brooklyn. A demasiado viejos diría yo. Garnett, Pierce, Joe Johnson, Jason Terry, Andrei Kirilenko e, incluso, Deron Williams, ya tuvieron tiempo para comprobar que los amigos van y vienen y que muchos planes, los más románticos y utópicos, ya quedaron atrás. No den un duro por ellos. Ganarán la división por oficio y profesionalidad, pero morirán, como lo haremos todos algún día si tenemos suerte: Por viejos.





Toronto Raptors. Blowing in the wind. (Bob Dylan)



Cuántos años puede existir una montaña antes de que sea arrasada por el mar, cuántos años pueden vivir algunos antes de que se les permita ser libres, cuántas veces puede un hombre girar la cabeza y fingir que, simplemente, no lo ha visto” Cuántos años más podrá sobrevivir el baloncesto en Canadá ante proyectos desnortados y gestiones autodestructivas. La respuesta, supongo, como bien dice Dylan, navega en el viento, el mismo viento que circula por la cabeza de Rudy Gay, un jugador al que sólo puedo definir por lo que sé que NO es: un jugador franquicia. Del mismo modo puedo definir a Kyle Lowrie como un “no base” y a Jonas Valanciunas como una “no referencia interior”. El equipo de los “noes”, adivínenlo, no se metará en playoffs.





Boston Celtics. Yesterday (The Beatles)



Ayer todos mis problemas parecían tan lejanos. Ahora, (sin embargo) parece que están aquí para quedarse. Oh, yo creo en el ayer”. El aficionado de los Celtics, y hablo con conocimiento de causa, es, por esencia, nostálgico. Un recuerdo puede embaucarle durante horas, mantenerle en un estado de sobreexcitación poco saludable. Sin embargo, pese a la elección de esta canción, el aficionado de los orgullosos Celtics es también un optimista patológico y ya está divisando el próximo gran triunfo. Puede que tengan que pasar, como ocurriera la última vez, veintidós años, pero aun así éste siempre pensará que volverán las flores por primavera. Y volverán, aunque sólo sea para disputar una ronda de playoffs y medir el verdadero potencial de los Jeff Green, Avery Bradley o Kelly Olynik.



VENCEDOR DE LA DIVISIÓN: BROOKLYN NETS

EQUIPOS EN PLAYOFFS: BROOKLYN NETS, NEW YORK KNICKS y BOSTON CELTICS



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Del mito al logos







Hace un par de días discutía, departía quizá es más apropiado, con mis colegas de Crónica desde el Sofá sobre identidades, filosofías, mitos y demás leyendas que envuelven al deporte. Yo defendía una visión más romántica y, por qué no decirlo, más periodística. Ellos, una perspectiva más práctica, que viene a decir que ganan los que tienen los mejores jugadores, los equipos que están mejor entrenados. Que triunfan, y fracasan, en definitiva, las personas y no las ideas ni las señas de identidad.

Aunque sea difícil discernir sobre la antecedencia o subsidencia de la gallina y el huevo, parece claro que el titular sigue a la noticia y no al contrario. La actualidad, fiel compañera de nuestro caminar diario, me ha puesto en bandeja varios ejemplos con los que ilustrar una teoría que ni siquiera pretende ser tal pues, para empezar, pone en entredicho esa óptica romántica desde la que tradicionalmente me he aproximado al mundo del deporte.

Os pongo en situación. Hablábamos (tuiteábamos si es que se puede españolizar este vocablo y añadirle impunemente una tilde) de los Celtics y de los Lakers, de ganar por el peso específico de una camiseta. En eso coincidíamos. El escudo no gana partidos. Sin embargo, yo defendía que los de Boston, al menos ellos, representan unos valores (Celtic Pride, pase extra,...) que parten del pasado y deben permanecer en el futuro. Para ellos, en cambio, hay tantos Celtics como temporadas pues cada equipo, cada unión de doce jugadores, es diferente de la anterior y de la siguiente. Mi idea es que si eliges a las personas adecuadas para los cargos directivos (General Manager y entrenador principalmente) puedes dar continuidad a una idea. Hay en el deporte marcas registradas de las que todos conocemos sus características. En deportes individuales Rafa Nadal representa la lucha continua del mismo modo en que Roger Federer encarna a la elegancia. En cuestiones de equipo el Inter de Milán, salvo en contadas excepciones, ha sido el principal exponente del catenaccio, mientras que en el mundo del ciclismo los equipos holandeses y belgas llevan décadas sembrando el pánico del pelotón cuando la carretera ni siquiera insinúa una pequeña cuesta. 



Es decir, existen factores históricos y geográficos e irrumpen figuras icónicas que parecen elevar el deporte a una categoría por encima de su aparente simplicidad. Así como los altiplanos keniatas acogen razas con ínfimas cantidades de masa corporal predestinadas a correr muy rápido en largos trayectos, y de igual manera que el Caribe acogió, debido al reprobable tráfico de esclavos, la mejor mezcla genética para la carrera explosiva, también circunstancias culturales contribuyen a la conformación de identidades que perduran en el tiempo. O al menos eso defendía yo.

Prohombres de nuestro tiempo como Red Auerbach o Santiago Bernabéu han significado tanto para sus respectivas sociedades deportivas (franquicia y club respectivamente) que su legado, casi por inercia, aspira a prorrogarse década tras década. Sin embargo, el halo de perdurabilidad que rodea a su obra se tambalea cuando la actualidad a la que antes hacía mención, irrumpe de manera caótica dotando de razón a quienes opinan que en el deporte no hay ayer ni mañana, sólo un presente marcado por el talento y por el trabajo.

No cabe duda de que la universalidad del Real Madrid se convirtió en provincianismo (prefiero no añadir epítetos) cuando su presidente, amigo de grandilocuentes discursos vacíos de contenido (Zidanes y Pavones), autocoronado heredero de Don Santiago y notablemente irritado por el dominio del Barcelona, eligió a José Mourinho para el banquillo de su primer equipo. El señor Florentino Pérez admitía, de esta manera, que esa presunta universalidad se asentaba únicamente en la victoria. Primer mito destruído, pero esperen, que hay más.

Cuando tu único ideario es la victoria y no ganas, ¿qué te queda? Si tu propuesta futbolística es esencialmente mezquina (al basarse en los errores del rival y al confiar únicamente en la inspiración de alguno de los mejores jugadores del mundo) y te dedicas a engendrar enemigos a cada paso que das, ¿cómo es que aún mantienes la etiqueta de ganador si no ganas? Sigo.

Hilo Real Madrid y Mourinho con la necesidad de superar el 4-1 de la ida de las semifinales de Champions. Tengo 25 años y aún no he vivido ninguna remontada histórica. Lo más aproximado que he vivido ha sido un 4-0 ante el Real Zaragoza en semifinales de la Copa del Rey de 2006. Impresionante si no fuera porque era necesario un 5-0. La remontada se quedó en un casi y sobre los años 80 sólo he podido leer y escuchar historietas. Juanito, por desgracia, ya estaba bajo tierra cuando aprendí la norma del fuera de juego. ¿Es, por lo tanto, el Real Madrid un equipo acostumbrado a remontar? ¿Servirá de algo apelar al mito? ¿Es acaso el Bernabeu del siglo XXI la misma caldera explosiva que llevaba al equipo en volandas durante los años 80? Desde luego, tengo claro que los yuppies que atestan las tribunas del estadio no sienten la camiseta como lo hacían los humildes obreros o profesionales de clase media que coreaban aquello de... “que Juanito la prepara que Juanito la prepara y Santillana mete gol”. 



Me quito la coraza y escribo en carne viva sobre mis Celtics. Soy del equipo de Boston porque conocí su historia, porque me enamoré de sus mitos y porque otra leyenda viviente, Paul Pierce, me cautivó con su juego. Ahora, tras dos partidos marcados por la impotencia de un grupo infinitamente inferior al de temporadas anteriores, entiendo que la historia no juega, que como diría Pitino Larry Bird no va a entrar por la puerta y que a Paul Pierce los 35 años de experiencia no le sirven para defender a Carmelo Anthony. Ahora entiendo que los de Crónica desde el Sofá tienen razón (como casi siempre), que ganan los mejores en cada momento y que luego ya llegamos nosotros, los juntaletras, para elaborar cuentos con los que dormir a los niños (que si Celtic Pride, que si espíritu de Juanito, que si fútbol total,...)

Alego frente al tribunal popular que antes que verdugo fui víctima, que primero escuché los cuentos, luego me los creí para más tarde elaborarlos y ahora los quemo. Eso sí, me quedo con unas cuantas cenizas no sea que mis dos equipos resuciten y me hagan creer nuevamente en ellos. En los mitos que el raciocinio se empeña en desprestigiar pero sin los cuales, sin su existencia, todo se volvería más anodino. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Empezando cuando todo termina

Parece una ironía. Mi primera entrada en este blog de baloncesto se produce en una fecha de despedidas, de balance, de “nos vemos en el training camp... o tal vez no”, en definitiva toda vez que el deporte de la canasta deja su infravalorada parcela mediática a otros deportes como el ciclismo, el tenis y especialmente al mundial de fútbol.

Tal vez sea osado escribir sobre un deporte del que tan sólo conozco una mínima parte, sobre un deporte que practico de forma amateur y en el que hago de “técnico” con mayor o menor acierto. Lo siento, la pasión me puede; esa misma pasión que me mantiene noches sin dormir para ver la NBA y que ha degenerado en un trastorno casi enfermizo me ha impulsado a compartir mis experiencias, mis fantasías y mis sueños con todos vosotros.

Aprovecho esta primera entrada para presentarme y que podáis conocer, así, mis gustos baloncestísticos. Podéis dirigiros a mí como Juanjo y si jugáis conmigo al baloncesto podréis contar con un esfuerzo solidario y con un deseo de asistir antes que anotar. Si me veis entrenar podréis reconocer mi vocación paternalista y mi amor por la defensa individual de concepto colectivo.

Mi principal referencia como jugador fue en mis inicios Raúl López, aquel que nos deslumbró dirigiendo con maestría a los Juniors de Oro antes de transitar por un calvario de lesiones. Ahora disfruto con la naturalidad con toques de vehemencia de Rajon Rondo, el 9 de los Celtics, de mis Celtics.

No soy el prototipo de seguidor del equipo de la "Bean town" que adoró al Big Three original, el de los Bird, McHale y Parish. No, yo soy de aquellos Celtics de la travesía en el desierto, del carrusel de apuestas fallidas, de técnicos que no estuvieron a la altura del reto (lo siento Pitino, pero estoy pensando en ti) y de las decepciones. Otra ironía quizá, pero una ironía que se explica a través de un nombre y un apellido, Paul Pierce el de las remontadas históricas (habrá post sobre ello) y el de los “clutch shots”. Espero, aunque con poca fe que el anillo de 2008 no se quede en un espejismo, aunque el palo reciente (caer en el séptimo contra los Lakers) ha sido muy duro.

En cuanto al baloncesto europeo este año disfruté muchísimo con la exhibición del Barcelona de octubre a mayo. Probablemente no se recuerde en el baloncesto continental una amalgama tan perfecta de actitud defensiva y talento ofensivo. En junio se les apagó la luz y el Caja Laboral de Ivanovic obtuvo su merecido premio a un trabajo en la sombra pero continuo del que nadie habla hasta que llegan los resultados.


 

En definitiva ante vosotros un blog en el que además de mis pequeñas escaramuzas en este deporte, iré comentando las verdaderas batallas del baloncesto profesional a ambos lados del Atlántico. También se lanzarán debates, se comentarán vídeos sobre cuestiones tácticas y se atenderán todas las propuestas que tengáis a bien hacerme.

Un abrazo y buen baloncesto para todos