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Individual... y ZONA

 


Del verano de las mixtas a la primavera de las zonas. Así podría resumirse el presente curso baloncestístico, iniciado con el título europeo de la selección española y que afronta su final con el Real Madrid como campeón de la Euroliga y los Miami Heat como flamantes finalistas de la NBA. La variedad estratégica y táctica de sus entrenadores ha determinado el éxito de sus proyectos tanto como la inclusión de jugadores veteranos en sus plantillas para cerrar los partidos.

 

101 años suman Lorenzo Brown, Sergio Rodríguez y Jimmy Butler, verdaderos clutch players, closers, que dirían en el béisbol. 168 años suman sus entrenadores, quienes han actuado como sabios generales protegiéndolos y resguardándolos hasta que llegó su hora. A los binomios Scariolo-Brown, Mateo-Chacho y Spoelstra-Butler habría que sumar la capacidad para mirar para otro lado o esconderse, también el saber hacer de los comandantes en la sombra, tantas veces criticados. El mejor es Riley, desde luego, pero qué decir de José Ignacio Hernández y qué callar de Juan Carlos Sánchez. En fin, que cada uno saque sus conclusiones, pero repártanse los méritos con ánimo de justicia y no de venganza.

 

Porque tampoco se trata de ninguna vendetta del baloncesto el modo en el que las variantes estratégicas han redimido o liberado el papel de espacios abandonados, perfiles de jugadores o estratagemas tácticas que parecían olvidadas. Los Celtics no supieron cómo atacar la zona abierta de los Heat, ajustada a pares, algo así como una 2-2-1 en ocho metros que mutaba de forma adaptándose a cualquier formación posible del ataque. Los Celtics no supieron cómo atacarla porque ninguno de sus jugadores, salvo quizá Horford, era capaz de jugar en los espacios intermedios, pasar antes de botar, mirar antes de recibir. Los Heat jugaron con la desaparición del juego en la media distancia y con la ansiedad de unos Celtics que, en vez de querer ganar un partido y jugar unas finales, pretendieron tentar a la historia y remontar un 3-0. Nuevamente en vano.

 

La zona 2-3 o 2-1-2 del Madrid, mucho más clásica, no pretende jugar con la ansiedad del rival, aunque también, sino, en primer lugar, proteger piezas de faltas y desgaste físico y evitar la exposición de otras que quiere a toda costa alinear en ataque. A falta de cambios de balonmano, Chus Mateo vio en esta formación defensiva, a la que fue añadiendo ajustes y en la que suelen brillar, además de la envergadura de Tavares, la inteligencia táctica y los desplazamientos sigilosos de jugadores como Rudy o Causeur, una solución a todos los males que aquejaban a su equipo.

 

En el caso de la selección española, la defensa mixta pretendía, además de anular a los mejores anotadores contrarios, montar, como ellos mismo admitían ante la ausencia de normas claras o una ejecución limpia de la misma, “jaleo, jaleo”. La mixta, como también las zonas, pero en mayor medida, consigue que el rival se detenga a analizar, deje de correr casi como respuesta automática de un cuerpo en alerta. Y a fe que lo consiguieron, sobre todo con jugadores cansados (no así con un Doncic fresco en los Juegos Olímpicos, quien poco a poco pudo descifrar las claves de la misma).

 

Ante estas trampas tácticas han caído como moscas equipos entrenados por grandes técnicos. A la mayoría de estos conjuntos les ha podido la ansiedad, una ansiedad que solía derivar en un cierto estatismo, en rigidez y dudas que se manifestaban a posteriori en el acierto en los lanzamientos de triple, solución casi universal, cuando no única. Desde luego, a todos los equipos los ha conducido a una alteración en el ritmo de juego, ha invalidado el valor de plantillas largas, ha sacado del partido a especialistas defensivos sin suficiente amenaza. Ha castigado a equipos de élite como hubiera hecho con equipos de cantera sin recursos técnico-tácticos suficientes.

 

Eso sí, no caigamos en el absurdo debate de trasladar esta táctica defensiva, orientada al éxito en la élite, a la formación. Todo tiene su tiempo y todo parte, también estas defensas zonales, de ajustes, mutantes o mixtas, de una buena técnica individual defensiva, de una adecuada comprensión de lo que está pasando, de los movimientos del rival y de la implementación de una fluida comunicación entre todos los jugadores. Y esto debe aprenderse, desde la base de una defensa de esfuerzo y sacrificio (valores que deben primar en las etapas formativas), a través de defensas individuales que poco a poco vayan añadiendo a la responsabilidad individual la responsabilidad individual de ayudar al otro hasta crear redes de cooperación mutua que las hagan invencibles y que, más adelante, podrán devenir en estas defensas alternativas que conceden títulos solo cuando se emplean al amparo de un plan estratégico global y en el marco de circunstancias muy concretas que el buen general sabrá diagnosticar para luego intervenir.

 

La principal invitación que nos hace este año de la zona es a no caer en dogmatismos, no abrazar con la misma fe ciega de los primeros apóstoles la nueva religión de los datos, las nuevas tendencias: el baloncesto es mucho más rico y complejo que todo eso. El abuso del triple, el olvido de la media distancia, la supuesta desaparición de los cincos, la presunta pérdida de relevancia de los bases, han dificultado el ataque a estos sistemas defensivos. Los sabios generales sabían lo que decían los números, cómo los jóvenes managers y entrenadores, y los no tan jóvenes, configurarían sus plantillas, sus sistemas de ataque, y opusieron viejas decisiones estratégicas y viejas aplicaciones prácticas (la táctica) contra las que estos no se habían preparado. Y les dieron la bola a sus lugartenientes aventajados, a los 101 años de Brown, Butler y Chacho, amparados por la zona, por Tavares, por secundarios de lujo. Por la inteligencia de sus entrenadores.

 

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS


Entre el Olimpo y el paro

 




A falta de cinco segundos con el balón de Llull en el aire, Chus Mateo estaba a la misma distancia del Olimpo y el paro. Un fallo y todo hubieran sido críticas por la técnica de último cuarto, por mantener la zona mientras el reloj del partido se consumía, por darle a Llull, inédito hasta entonces, la última bola. Pero salió cara, y la bola entró. Y las penurias del otoño y del invierno son ahora loas y alabanzas tras los cinco partidos seguidos que nos han dado, no me oculto, la undécima Copa de Europa. Y Chus tiene contrato asegurado para el próximo año, ojalá que para los próximos diez, y es ya leyenda del madridismo.

 

Es posible que Chus cojee en algunas parcelas que un buen entrenador debe dominar. Que los estándares de exigencia en el día a día no sean los de Olympiakos y Barcelona, lo que ha pesado en determinados momentos de la temporada, en los que el equipo iba corto de fuelle y esfuerzo en defensa y de cohesión y automatismos en ataque. Puede que le haya costado siete meses dar con la química en el vestuario, conseguir que calase su mensaje de calma, tranquilidad y fe en la siembra. Pero Chus domina una parcela que es clave en sus éxitos: la liga ACB con Pablo Laso de baja y esta Euroliga: la ESTRATEGIA.

 

Chus es un sabio general que ya en la final de ACB del año pasado supo maximizar los recursos ofensivos (martirizando al Barça con el poste bajo de Deck) y sacar de quicio a los ya de por sí desquiciados jugadores del Barça, especialmente a Calathes. Y qué decir del giro de guion dado al equipo al término del segundo partido de la serie con Partizan, cuando tocó hacer inventario y analizar a fondo las fortalezas y debilidades de su equipo, las amenazas y oportunidades. Y en esto ha sido el mejor.

 

El Madrid quería tener en pista en determinados momentos a Chacho, Llull, Rudy y Causseur. En ellos reside el talento, la sabiduría y la experiencia que hacen falta para ganar partidos importantes, pero no la capacidad física para poder emplearse en defensa. Para tapar estas carencias, propias de su edad, necesitaba mantener a Tavares en cancha, un jugador muy pesado y con gran envergadura, lo que le suele costar muchas faltas. Pues bien, para mantener a Tavares en pista debía congelar el ritmo, evitar las rápidas transiciones y minimizar el número de ocasiones en las que el caboverdiano quedara expuesto a hacer faltas en el fake show, en las recuperaciones sobre el roll o en situaciones en desventaja en el cierre del rebote defensivo. Hágase la zona. Ajustada a los movimientos rivales, con closeouts definidos y riesgos calculados (sobre todo cuando ganas).

 

Chus ha ganado alineando a un chico de 19 años en una final de Euroliga. Utilizando a jugadores de brega, a jugadores de lucha, a veteranos con oficio y a otros con talento. También a dos chicos. Musa y Hezonja, que han tardado más tiempo de la cuenta en comprender lo que significa el Real Madrid, pero que finalmente lo han entendido. Todos, incluido un jugador que veía más cerca la retirada que otra cosa, Anthony Randolph, han aportado minutos de calidad, trabajo y tiempo de descanso para los que debían decidir el partido con la frescura necesaria. Chus y todo su cuerpo técnico han movido el banco con precisión quirúrgica y le han dado la última bola a Sergio Llull. Como toda la vida.

 

Este Real Madrid ha tirado de veteranos y noveles, de épica, de filosofía estoica, también de marrullerismo (de esto no presumo) y sobre todo de inteligencia y calma. La calma que nos desesperaba a los aficionados, mientras veíamos que se nos iba el título defendiendo en zona. La calma que le ha llevado a pensar a los aficionados de Olympiakos que no podían perder, pero que en realidad lo que ha hecho es desmontar su particular estrategia, hacerles olvidar que eran mejores y que debían haber apostado por un ritmo de posesiones superior para poder desgastar a aquellos que finalmente los apuñalaron: a Tavares, a Chacho y a Llull.

 

Pero repito, con el tiro de Llull en el aire Chus Mateo (también con el de Sloukas) estaba a la misma distancia del paro y del Olimpo. Salió cara. Venció el Real Madrid, ganó el trabajo silencioso, el entrenador de colegio que asciende paso a paso, sin saltarse ninguno. Ganó el entrenador que asciende humildemente, que escucha, aprende y guarda silencio, que apoya y secunda a su primer entrenador hasta el último aliento, incluido a Pablo Laso, hasta que estaba en su legítimo derecho de aspirar al puesto que hoy ostenta. Ganó Chus, ganamos todos con él.

 

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El corazón de la primavera




Hoy, que apura el mes sus últimas lluvias (esperemos) y amenaza mayo con polinizar las zonas verdes de nuestras ciudades, he decidido hacer un repaso de los últimos acontecimientos. No me pidan ir en orden, pues se mezclan en mi cabeza sanciones federativas, eliminaciones sonadas, lesiones y cánones. Las noticias se sucedían con tal cadencia que hubiera hecho falta dedicación exclusiva para no ser sobrepasado por su volumen.

Perdió el Madrid, frente a Fenerbahce, y no podrá defender su título en Berlín. Perdió en agosto, al planificar la plantilla y no saber suplir la baja de Slaughter ni añadir centímetros a la ausencia de Bourousis. Perdió en octubre, jugando copas intercontinentales y amistosos contra equipos NBA, renunciando con ello a hacer una buena pretemporada. Desde entonces todo han sido palos de ciego, inconsistencia y arreones de talento sin orden ni concierto. Demasiado corazón, poca cabeza.

Cayó el Barcelona, frente al Lokomotiv, exigiendo un nuevo esfuerzo a sus seguidores para mantener la paciencia. Xavi Pascual sabe de qué va esto, conoce toda la geometría que encierra el baloncesto, el conjunto de redes y nodos que se tejen en un partido, pero a sus equipos siempre les falta algo: pasión.

El Tribunal de la Competencia resolverá en pocos días anulando el canon de ascenso a la ACB. La justicia dirá en términos jurídicos lo que al ciudadano de a pie llevaba años saltándole a la vista. Entre cánones, fondos de ascensos y descensos, avales y, por supuesto, IVA, los clubes que ascendían por primera vez a la ACB debían reunir 7,5 millones para hacerlo. Para más inri, el dinero procedente del canon se repartía directamente entre los clubes miembros como compensación a los esfuerzos que estos han venido realizando para el mantenimiento de la competición, es decir, no eran reinvertidos en beneficio de la competición, en su difusión o la mejora de la calidad. El canon era ante todo una barrera de entrada al mercado profesional de baloncesto. Una anomalía.

Tengo claro que España participará en los Juegos Olímpicos de Río. Se ganó su plaza conquistando el campeonato de Europa en tierra hostil y allí estará a pesar de las amenazas de la FIBA de castigar a la FEB por no haber sido contundente con los clubes que han firmado ya su compromiso con la Euroliga y la Eurocup, competiciones gestionadas por la ECA, una organización que según la FIBA impide la participación de ciertos clubes y de ciertos países y que no cumple con unas mínimas normas de transparencia. No sé quién tiene razón en todo este asunto ni cómo se resolverá la cuestión, pero España participará en Río soñando con el oro que le fue esquivo en Pekín y Londres.

Perdieron los Celtics y están eliminados. Tras doscientas posesiones el talento se convierte en un factor desequilibrante y ni la dinámica, ni el apoyo incondicional de la Bombonera del baloncesto, el TD Garden, son suficientes. Atlanta Hawks es mejor equipo y juega mejor baloncesto porque tiene mejores jugadores, más amenazas exteriores, más centímetros en la zona y mejor rotación. Para los verdes llega un verano clave, el que definirá si el período de reconstrucción ha llegado a su fin o si serán necesarios nuevos parches. El peso de la historia y la presencia de un gran entrenador deberían ser atractivos suficientes para la llegada de ese talento que tanto hemos echado de menos.

Las lesiones de Paul y Curry han cambiado el panorama de los playoffs. La de Paul, sumada a la de Griffin, es devastadora; ningún equipo de la NBA actual podría sobrevivir en la postemporada sin la participación de sus dos mejores jugadores. La de Curry simplemente introduce incertidumbre. No sabemos cuándo volverá y hasta dónde podrían llegar los Warriors sin la presencia del MVP. Parece que Portland, si concreta su pase frente a Clippers, no será rival, pero tanto los Spurs como los Thunder se presentan como un negro horizonte para los de la Bahía si Curry no llega a tiempo para desestabilizarlos con su inconsciencia controlada.

Y así se fue abril, su segunda quincena. Y así amanece mayo, el mes en el que veremos si Baskonia puede sorprender en la Final Four, si Curry vuelve a tiempo, si Popovich tiene la varita y si, como todo parece indicar, los Cavs se presentan como alternativa en el Este.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Saber esperar





Tendrás que esperar, Pablo. No creció esta hiedra que ahora tupe la tapia que tienes enfrente en una tarde. No se formó aquella luna –a la que en ocasiones te sorprendo mirando en las noches de verano– en un súbito desvelo. Querido amigo, te he concedido un largo viaje no sin confiarte generosas alforjas. Pero tendrás que esperar para conocer su último destino, y ser paciente.

Deberás madrugar cada jornada aun cuando los témpanos de hielo te impidan abrir las ventanas y aun cuando los gatos no hayan emprendido aún su retirada. Deberás programar cada mesociclo y microciclo con el mismo mimo con el que envuelves bajo las sábanas a tus hijos. Deberás implementar en cada sesión un nuevo incentivo con el que motivar a tus jugadores, aunque también les hayas dicho esto mismo que te estoy contando; que sean pacientes, que no caducan los billetes de este metro en el que decidisteis montaros. Pero son jóvenes, Pablo, y tienen prisa.

Sé que esto te duele especialmente, pero habrás de despedirte de buenos amigos, incluso de aquellos con los que un día firmaras un pacto de sangre. “Siempre juntos”, os dijisteis, pero ambos sabiáis que no podría ser, que la vida es una despedida a plazos que no terminan nunca de amortizarse (o que se amortizan en el momento que dejas de ser consciente de ello). A cambio conocerás a nuevas personas que te enseñarán diferentes puntos de vista. No, no te preocupes, no te cambiarán. Seguirás siendo ese chaval humilde que empezó a jugar en los patios de Vitoria. No, no, de verdad que no. Seguirás haciendo jugar a tus equipos con velocidad y siempre con una sonrisa en el rostro. Pero, por favor, escúchalos. Quizá puedan explicarte por qué te vas a quedar, en más de una ocasión, sobre el sinuoso borde que separa el grito victorioso del lamento que acompaña a una dolorosa derrota.

Conocerás otras personas, en cambio, que te enseñarán la puerta de salida y deberás decir inmediatamente que no, que de tu mente siguen saliendo ideas a borbotones y que aún mantienes las ganas de coger la mochila cada mañana y sentarte en el pupitre. Otros, además, te acusarán de perdedor. Son los voceros de la envidia y el desprecio. Reconócelos, junto a los anteriores, como miembros de esa clase de gente que enviaba a la hoguera a los genios por su propia ignorancia. Y sigue adelante.

Acepta, también, que la redención se fabrica con mucho esfuerzo y pocos resultados (aparentes). Comprende que tras años deambulando por los bares, sin proyecto, sin presente ni futuro, la sección aún arrastra vicios irresolubles a los que se ha intentado poner fin con curas de nostalgia. Mantén, por ello, alejado de cualquier toma de decisión a ese millonario de gafitas que se sienta en el palco. Es buen chaval, y madridista, y millonario (perdón, eso ya lo dije). Pero ni idea de basket (aunque se proclame sucesor de Bernabeu o Saporta). 

Y espera. Espera sin renunciar a tus principios y hazlos valer, precisamente, cuando más duro arrecie el huracán contra la proa. Y quiérelos, a los chavales digo, haz que se sientan importantes. Y escúchales; porque nadie como tú, desprovisto de vínculos filiales o matrimoniales, para darles un consejo, un consejo de entrenador.

Y cuéntales un cuento cada día. Pero no uno de esos en los que los personajes tienen poderes especiales. Ni siquiera aquellos clásicos con final feliz. No, mejor cuéntales una historia real. Haz una excepción, no me importa, rompe tu silencio y descubre mi identidad. Cuéntales que hablas con el Dios del baloncesto cada noche, pero no olvides, claro, cuando deseosos de saber el final quieran saltarse las páginas intermedias, que tendrán que esperar. 

Cuando leas estas líneas comprenderás que ha merecido pena. 


UN ABRAZO Y ENHORABUENA AL REAL MADRID DE BALONCESTO POR SU NOVENA COPA DE EUROPA.

Justicia poética





Lloraba la novia y futura mujer de Sergio Rodríguez antes de que comenzara la prórroga que certificó que habrán de pasar al menos veinte años hasta que el Real Madrid pueda hacerse con la novena Copa de Europa. Lloraba tal vez haciendo uso de su intuición femenina o quizá solamente analizando el cariz que fue tomando el partido con el paso de los minutos. Seguro que se daba cuenta de que las piernas de Sergio y sus compañeros parecían cada vez más pesadas mientras que la de los jugadores de Maccabi parecían regenerarse a cada jugada. Y es que no hay mejor campaña contra el racismo, en vez de tanta simbolismo platanero, que jugar un partido de baloncesto. Ahí la superioridad del hombre blanco queda en entredicho. Lo demostraron Hickman, Smith y Rice templando en los momentos tensos y escogiendo de entre los caminos que conducían a la victoria siempre los más apropiados. Lo demostró también Tyus maltratando la zona del Real Madrid, reboteando una vez tras otra, haciendo pagar sin piedad la mala defensa uno contra uno de los exteriores blancos.



Pero no fue sólo una victoria de raza, en las dos acepciones de la palabra, sino también de psicología y estrategia. Sembró y sembró David Blatt, incuestionable estudioso del juego, y al fin recogió. Tuvo que ser, por desgracia, esta noche, ante otro agricultor profesional, ante un Pablo Laso que se vio corto de piezas y superado, tal vez, por el peso histórico de la empresa. Anulados sus sistemas cortos, con Llull rozando el estrépito, Carroll entre algodones y Rudy convaleciente de un dedo, lo confió todo a la destreza de un Sergio Rodríguez al que la defensa macabea cerró todas las puertas. El tinerfeño sólo encontró acomodo en el lanzamiento exterior, pobre consuelo para un base, negro presagio para un equipo.



La derrota debe hacer reflexionar, pero no es momento de remover cimientos y derribar por la fuerza unas estructuras muy bien consolidadas. Toca hacer balance de un gran año en Europa y preguntarse por los detalles que hicieron que no fuera suficiente. Y aunque estoy convencido de que en el caso de haber llegado con todos los efectivos a punto la historia hubiera sido otra, también reconozco que faltaron en los minutos finales ideas claras y espíritus ganadores, veteranos con la fórmula aprendida y nervios aplacados en el banquillo. Pero en fin, qué fácil es hablar lejos de las trincheras.



El Real Madrid fue la cara triste de este fin de semana de baloncesto del que, curiosamente, tras la paliza del viernes, el Barcelona sale más reforzado. Los de Pascual son conscientes ahora de que una victoria en la liga les convertiría en los vencedores efectivos de la temporada en España. Cuentan con la sed de venganza y con el golpe recibido por el Madrid como avales. Ojo, Valencia espera al acecho y a cada día que pasa parece más favorito.



Pero hablemos de justicia poética, esa que está llamada a recompensar en última instancia la virtud y las buenas prácticas. ¿Faltó acaso a su cita con el Real Madrid? ¿Se olvidó del trabajo de todo el año, de lo mucho que este equipo ha hecho por la popularidad del baloncesto y la felicidad de los aficionados? Tal vez sea, simplemente, que no existe, que no hay mayor justicia que la que reparten dos aros y un balón, aunque algunas veces ésta no se ajuste a nuestros parámetros mentales o a lo que Disney nos enseñó que la vida debería ser.



Digno de Disney, de Perrault o Christian Andersen sí que fue el cuento que escribieron día a día las chicas de la Universidad de Salamanca. Siento que el cambio de categoría y género les haya podido generar confusión pero es que no quería terminar esta entrada sin destacar el mérito acumulado por estas chicas y por su cuerpo técnico, encabezado por Manuel Ángel Rodríguez, un entrenador con el que tuve la oportunidad de compartir tiempo, trabajo, métodos y pasión por el baloncesto hace unos meses y del que es preciso valorar su dedicación y atención a los detalles. Esta mañana consumaron el ascenso a Liga Femenina 2, la segunda competición de nuestro baloncesto, ante rivales con estructuras más poderosas y expectativas más altas. Pudieron hacerlo gracias al trabajo diario, porque no racanearon cuando el instinto les pedía un poco menos de intensidad, un poco de alivio para el dolor.



Merecen, sin duda, una oportunidad en Liga 2, que la Universidad ponga todos los medios posibles y valore todas las opciones que hagan viable el proyecto en términos económicos. Una apuesta por el baloncesto es siempre una apuesta ganada, al menos si todavía se cree en los valores que este deporte irradia cuando se juega con la verdad por delante. Y por verdad interpreten todos los sinónimos de lucha y nobleza que les vengan a la cabeza, porque en ellos se reflejaron estas chicas durante las treinta victorias de esta temporada. Enhorabuena. 






UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Crédito renovado





Falleció Tito Vilanova, el hombre que recibió en su ojo el dedo inquisidor de Mourinho, el entrenador que hizo campeón al Barcelona mientras se sometía a un agresivo tratamiento contra el cáncer que se lo ha llevado por delante. Como es habitual la muerte de un hombre ha unido a un mundo, el del fútbol, tradicionalmente enfrascado en batallas tan viscerales como estériles. La tregua durará tanto como el duelo, tanto como tarde en imponerse el olvido.

Y si ésta fue la nota triste de la jornada, si mañana coparán portadas y páginas de diario las necrológicas de Tito, otras esquelas estaban preparadas para certificar la muerte deportiva del proyecto de Pablo Laso. De poco hubieran servido las victorias consecutivas y los trofeos de Copa y Supercopa si hoy el Real Madrid no hubiera ganado a Olympiakos en un partido en el que, como los demás partidos de la serie venían anticipando, el Madrid no pudo desplegar su mejor juego. El triunfo de hoy no fue tanto el de un estilo como el de un proyecto basado en un adecuado diseño de la plantilla y en una química de grupo alimentada cada fin de semana a base de victorias. Los pívots madridistas, tradicional diana de críticas tras las derrotas, cumplieron con creces con el papel secundario que les tiene asignado su entrenador en base al mayor talento de los jugadores de perímetro. Bourousis desplegó su experiencia y Reyes su habilidad para el rebote y su oficio, mientras Slaughter ayudaba en múltiples cuestiones. El rebote, precisamente el rebote, ese arte no siempre justamente valorado, fue la clave.

Porque Spanoulis hizo el mismo daño que en el resto de partidos, pero más en solitario que como director de orquesta. Le defendieron con honestidad Darden y Llull y prefirió Laso que brillara estadísticamente a que hiciera jugar al resto de sus compañeros. Dio el Madrid un plus en todas las facetas gracias al apoyo de un Palacio de los Deportes que presentó una mezcla pintoresca de traje y corbata, sudaderas y camisas sudadas, cámaras de última tecnología y móviles analógicos para actuar como el sexto jugador que tanto habíamos echado de menos en el pasado reciente.

Sexto o tal vez séptimo, si se comprueba que hay dos “Rudys” en la cancha, uno defendiendo al hombre y otro en zona, cortando líneas de pase, ayudando aquí y allá, tratando de taponar cada tiro o penetración para luego salir al contraataque o asolar la zona rival a base de penetraciones que, si las hiciera cualquier otro jugador, calificaríamos como suicidas. El chachismo, filosofía incompatible con los partidos de la más alta tensión, dejó paso al trabajo menos vistoso y al oficio como bandera. Así se ganan los títulos, y aún quedan los más importantes en juego.

Con esta victoria el Real Madrid renueva su crédito y alcanza su segunda Final Four consecutiva. En semifinales, al igual que el año anterior, se verá las caras con el Barcelona. Será, no puede ser de otra manera, una dura batalla que se resolverá por detalles. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Oferta privada, debate público





Os anticipo que no tengo muy clara mi postura sobre el debate que voy a exponer. No sé si es mejor que todos paguemos lo que sólo unos pocos quieren ver o que esos pocos paguen por lo que quieren ver dejando que una parte de esos pocos se queden sin poder verlo. Supongo que todo pasa por una derivada de la teoría de juegos, de una negociación entre agentes interesados en la que no es posible que todos ganen. Bueno, en realidad no, esto sí que lo tengo claro, en esta negociación ni los muchos ni los pocos están llamados a intervenir. Es una cuestión de una, dos o a lo sumo tres empresas, de un único oferente y muy pocos demandantes (cada vez menos). ¿Y a los pocos y a los muchos qué les queda? Joderse y aguantarse o adaptarse a las condiciones.



Concreto y doy nombres. Una organización, la Euroliga, alias “el oferente”, oferta los derechos de emisión de su producto (luego hablaremos del producto) país por país (con “independencia” de Cataluña, cuya televisión “pública” tiene contrato por dos años más). En España, el año pasado hubo dos cadenas que emitieron partidos para el conjunto de España. Una, Marca TV, desapareció el pasado 31 de julio por deudas no atribuibles, más allá de en su parte proporcional, al pago de los derechos de la Euroliga. La otra, Teledeporte, se apuntó al carro en las rondas finales para emitir, básicamente, los partidos del Real Madrid. Pues bien, estas soluciones de urgencia nos condujeron a la situación actual y a un final del verano y principio de otoño sin acuerdos cerrados. Y en éstas apareció Digital Plus, el gran conglomerado mediático de nuestro país, el producto más ambicioso de la extinta Sogecable, alias “el Imperio del Monopolio”, ahora PRISA TV, y sueño húmedo del también fallecido Jesús de Polanco, para hacerse con los derechos de la Euroliga por tres años imponiendo ciertas condiciones como la no coincidencia de fechas entre los partidos de Real Madrid y F.C. Barcelona. No crean que la negociación fue muy dura, qué va, el ente público apenas presentó oposición. Bastante tiene con no hundirse en ese mar de lágrimas que representan sus cuentas, en ese baño de dignidad que creen darse rellenando tiempo de pantalla con resúmenes de la Champions y tertulias de chascarrillo.



Y en el medio de este tango a media luz entre el único oferente y el único demandante nosotros, los consumidores de un producto que nos apetece degustar y que, sin embargo, se encuentra instalado en el medio de paquetes de compra muy diversos que incluyen, tal vez, productos secundarios que pueden no interesarnos. Porque parece evidente que el “todo gratis” ya no se sostiene, que si están en cuestión derechos básicos y universales como el de la sanidad, la educación o las pensiones, no parecería lógico que quedaran garantizados estos más triviales, pero oigan, me pongo en pie para criticar que el amante de la Euroliga acarree el peso de la financiación del hockey hielo, la vela o la hípica y viceversa. Digital Plus no termina de atajar correctamente esta cuestión. Sólo el amante del fútbol tiene sus propios canales, su itinerario de pago y disfrute a medida del consumidor. Sin embargo, las opciones de “deportes” se convierten en un cajón de sastre en el que todo entra, aunque quizá, debiéramos estar por ello agradecidos (ya adelanté que no tengo muy clara la cuestión).



Pero, ¿y al baloncesto?, ¿qué le conviene al baloncesto? Cuanta más barato sea el acceso a los contenidos mejor, ¿no? De esta manera contribuiríamos a la difusión de sus valores, de su riqueza, del espectáculo que a nosotros, los aficionados, nos vuelve locos y emociona. Pues qué quieren que les diga, tampoco tengo esto muy claro. Creo que la labor de captación de potenciales consumidores de baloncesto se hace en las canteras de los clubes y en los patios de los colegios. Es ahí donde el fútbol, por su simpleza natural y su adaptación a los más pequeños, se abre paso y empieza a sembrar su dominio. Pero a un televidente, habitual consumidor de Sálvame y derivados, también de fútbol cuando juegue la selección o su equipo, qué más le da que emitan el baloncesto en abierto o en un canal de pago si ni siquiera contempla la opción de ver un partido. Ahora bien, cómo le vende un padre de clase media las bondades de este deporte a su hijo si los mejores productos le están vetados por su precio, si no puede sentarle en sus rodillas para ver juntos un partido de calidad y decirle de vez en cuando “Ése es Kevin Durant, y es una máquina”.



Termino y sigo sin tenerlo claro. Disfrutaré de la Euroliga gracias a que mi padre es un buen amante del deporte y a que entre mi hermano y yo supimos convencerle de que las decenas de euros que gastamos en esta plataforma de pago serían una buena inversión para nuestro tiempo de ocio. Sé que los profesionales del Plus, por su categoría y trayectoria, nos deleitarán con buenas realizaciones y narraciones, pero no sé, en determinados momentos me acordaré de ese padre que no puede pagar para ver la Euroliga y, aún más, de ese hijo que crecerá sin saber cómo juegan al baloncesto los mejores jugadores del mundo.





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS (hoy más que nunca)

Titulares de un 9 de mayo







El sistema educativo español está en huelga. Protesta, de esta manera, contra la nueva ley de educación, contra la nueva herencia que un ministro quiere legar para ese libro en constante renovación que se titulará, cuando se publique, “Los desastres de la historia”. Pero qué quieren que les diga, a mí esta huelga me la trae bastante floja. Me alinearé con los que protestan cuando expresen sus quejas trabajando. Porque hacer huelga carece de valor cuando el resto de los días, los presuntamente lectivos, languidecen entre el aroma del café y el tacto de los huevos. Porque eso, tomar café (cervezas, porros) y tocarse los huevos (whatsapp, twitter,...) es, ni más ni menos, lo que hacen el ochenta por ciento de los estudiantes en todos los niveles educativos de nuestro país. Así, una crisis inducida, no seré yo quien lo niegue, por especuladores que se mueven en mercados etéreos, se vuelve más peliaguda cuando la sociedad civil habla a través de altavoces sin tener nada que decir. Porque nada se puede decir si nada se sabe. Y nada se sabe si nada se lee o estudia.



Creo tanto en esta huelga como en el Día de Europa, en Europa y en la Unión Europea. Quizá Robert Schumann o Jacques Delors creyeran firmemente en esta idea. Puede, sólo puede, que se gestara en condiciones sobrias sin alcohol ni drogas de por medio. Lo cierto es que todo ha devenido en un esperpento, en un ir y venir de fondos que a algunos les facilitó la vida, pero que para muchos no va más allá de unos cuantos carteles y unas pocas carreteras que, se supone, habrían de conectarnos con el corazón de Europa y que, sin embargo, nos han conducido a sus cloacas.



De las cloacas debe proceder, también, la genial idea de realizar una película sobre la no vida de Messi. Porque ya me dirán qué puede tener de interesante la historia de un chico de 25 años que ha pasado la mayor parte de sus días jugando al fútbol. Además, ¿qué clase de detalles podrán añadir que no hayan desvelado ya Marca, As, Sport o el Mundo Deportivo? Hace dos días celebrábamos (porque cualquier recuerdo a su figura es una celebración) el segundo aniversario de la muerte de Severiano Ballesteros. Sus orígenes humildes, su carácter pionero (jugar al golf en España en los años 70), su impacto en el mundo del golf (el equipo de Ryder Cup de Gran Bretaña e Irlanda se transformó en el equipo europeo gracias a él) y sus batallas perdidas ante las lesiones de espalda y, en última instancia, contra la propia muerte, son un diamante en bruto que un buen cineasta o literato no debería dejar pasar. Eso, claro, si la familia otorga su beneplácito. Y es que Messi ya existió. Se llamaba Maradona y, por lo pronto, vengó el orgullo de todo un país marcándole a Inglaterra el mejor gol de la historia del fútbol. Un gol, por cierto, que algunos quisieron comparar con el que Messi le marcó al Getafe en una semifinal de la Copa del Rey. Messis hubo y habrá, pero, jamás, en esta vida o en la otra, en este planeta o en el de más allá, nacerá otro Severiano Ballesteros.



Por otro lado, justifico así la presencia de estos párrafos en un blog de baloncesto, quiero invitaros a utilizar los playoffs de la NBA como antidepresivo. No hay nada como levantarse temprano para ver los partidos de la noche sin tener que aguantar los vanguardistas análisis de los especialistas del Plus. Para mayor satisfacción de quien les habla, las cuatro series de semifinales de conferencia se encuentran igualadas y para mayor gloria de nuestro deporte algunos jugadores están elevando su nivel de juego hasta rozar, cada noche, cotas históricas. Disfruten, les recomiendo, con la técnica individual de Thompson, Curry, Carmelo o Kevin Durant, con el juego en el poste medio de Randolph, Gasol, Bosh o Duncan, con el juego físico y a la par talentoso de Paul George, Harrison Barnes, Iman Shumpert o, en su versión más avanzada, del propio Lebron James. Y no olviden volverse literalmente locos con esos jugadores que sin estar bendecidos por el Dios de la canasta, temen tanto a la derrota que juegan al baloncesto con una pasión desbordante. Podría decir varios nombres, pero sólo me parece justo escribir uno: Joakim Noah, el único y verdadero defensor del año en la NBA.





En este 9 de mayo, día de tantas cosas, quiero recordarles que mañana empieza la Final Four de la Euroliga. El Real Madrid busca venganza, el Barcelona sobrevivir, el Olympiakos revalidar el título y el CSKA, así lo veo yo, demostrar su superioridad. Los rusos son los favoritos. Los españoles, los candidatos. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

¡Viva el basket, viva Grecia!






Por primera vez en muchos años, tal vez desde que ganaran la Eurocopa de fútbol en 2004, las calles de Atenas fueron ocupadas por gente feliz y orgullosa y no por ciudadanos expropiados de su alma buscando cambiar lo inmutable.

La final de la Euroliga estuvo secuestrada durante diez minutos por los entrenadores. El primer cuarto lo ganaron los equipos técnicos y los encargados del scouting. Las defensas se anticiparon a todos los movimientos de los ataques dejando que el balón circulara por las manos menos diestras como queda reflejado en el 10-7 del primer parcial.

En el segundo cuarto, mientras el ataque griego, falto de ideas, seguía viendo el aro como el agujero por el que se introduce un pequeño pendiente, Teodosic se apoderó del encuentro para poner al CSKA catorce puntos arriba al descanso después de una magistral secuencia de tres triples consecutivos. Aquello, que parecía la sentencia, se convirtió en un arma de doble filo para los rusos. Cuando hizo falta la colaboración de más gente el base serbio se encontró solo. Había dejado de jugar con los compañeros. Le perdió su narcisismo. Su juventud.

En el tercer cuarto todo se igualó. El baloncesto se volvió más fluido y el CSKA parecía encantado de haberse conocido. Anotaba de todas las formas posibles y no le importaba que Olympiacos le devolviera las canastas en su propio aro. Con una ventaja de quince puntos y con los mejores jugadores sobre el parqué no había nada que temer.

Pero nunca hay que subestimar a un equipo entrenado por Ivkovic. Tampoco a un conjunto griego que, tras la crisis económica del país, se refundó sobre las viejas cenizas del anterior modelo basado en la contratación de estrellas y jugadores mediáticos. Ahora la camiseta era defendida por griegos, por griegos de verdad, descendientes de quienes habitaron la península en el pasado, más espartanos que atenienses, más hijos de Leónidas que de Sócrates. Fue la remontada de ayer, 18 puntos en 12 minutos, una prueba digna de Heracles, una gesta alejandrina. Papanikolau dijo “podemos” y, cual Bucéfalo, todo el equipo se montó sobre sus hombros para intentar la gesta.

Para entonces el equipo ruso había dejado de jugar al baloncesto, se había confiado a la inspiración de Teodosic y a lo que pudiera barrer Kirilenko. Los balones sueltos, los rebotes y los triples empezaron a caer del lado griego. El miedo a ganar de los rusos atenazó sus muñecas y paralizó sus piernas. La posibilidad de vencer, de remontar y dejar un episodio para la historia, movió a los chicos de Olympiacos a pelear el partido hasta el último segundo. Lo hicieron por su afición, la que nunca les abandona aunque esta vez sólo tuviera que atravesar el Estrecho de los Dardanelos. Lo hicieron por un país intervenido que sólo se siente libre cuando juega al baloncesto.

Libres, también, son los tiros que se realizan a 4,60 metros del aro sin oposición. Los que de punto en punto pueden marcar el devenir de un encuentro. Aquellos que se realizan siempre bajo las mismas condiciones de ausencia de viento y rival y a la misma distancia. Pura repetición. Eso, claro, si no piensas en lo que significan. Pensaron Kirilenko, Teodosic y Siskauskas. Fallaron. No lo hizo el inconsciente Papanikolau. Acertó. Puso a uno a su equipo y tras los tiros libres fallados por el lituano, Spanoulis cogió el balón y tras driblar todo el campo en menos de cuatro segundos dobló la bola para que Printezis, otro griego al que le delatan sus facciones, anotara un pequeño “floater”, una sutil suspensión a una mano que acabó entrando y dándole la segunda Euroliga a un equipo, el ateniense, que desde los años 90 se encuentra en la élite continental.

La remontada nos dejó un buen sabor de boca. Arregló un partido gobernado por los entrenadores y disimuló las carencias técnicas y de talento de muchos de los jugadores sobre el parqué. Los primeros minutos nos enseñaron que es necesario ampliar el ancho de la pista e introducir la técnica por tres segundos defensivos. Los últimos, que el baloncesto, se juegue con las regles que se juegue, es siempre un deporte apasionante, la vida en una pequeña maqueta, un sueño (a veces pesadilla) de cuarenta minutos.

Si Andrés Montes hubiera narrado la última canasta de Printezis estoy seguro de que hubiera dicho dos cosas. Una, que la vida puede ser maravillosa. La otra “que viva el basket”. Yo me permito añadir, estimado Andrés, “que viva Grecia”, ese país en el que nació la filosofía y en el que se puso la semilla de la democracia. El mismo que hoy se encuentra en la UCI por el simple hecho de que los partidos de la economía se juegan al juego de los políticos y no al de los hombres de verdad. Al baloncesto. (No os perdáis este vídeo, aunque no se vea nada se siente todo).



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS