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Titulares inocentes (II)





Dos años después, la entrada “Titulares Inocentes” sigue siendo la más visitada de este humilde blog gracias, en gran medida, a la publicidad que dio de la misma el periodista deportivo de Canal Plus Antoni Daimiel. Tentando de nuevo a la suerte, aunque siendo consciente de lo difícil que será engañar de nuevo a tanta gente, he decidido probar con otra retahíla de titulares con los que los periódicos deportivos podrían abrir su tirada mañana por la mañana.



Pau Gasol fichará por el Real Madrid al finalizar la temporada. El ala pívot de Sant Boi, consciente de su penoso estado físico, ha decidido regresar a Europa para disfrutar de sus últimos años de baloncesto y ayudar al Barcelona a ganar más títulos. Sí, habéis leído bien. 





Milwaukee Bucks, nuevo equipo de la Liga de Desarrollo. Ante la desastrosa campaña del equipo de Wisconsin, sus propietarios han decidido que, en vez de enviar a todos sus jugadores a la Liga de Desarrollo, les saldrá más rentable participar en una competición con menos equipos y, por lo tanto, menos viajes.



Carmelo Anthony acusado de participar en una red de apuestas ilegales. Al parecer el alero portorriqueño habría amasado una fortuna billonaria apostando en contra de sus equipos. 



José Luis Sáez, presidente de la Federación Española de Baloncesto, anuncia que no concederá más entrevistas. El presidente, que ostenta el récord de apariciones consecutivas en fotografías de toda índole, afirma estar harto de restar protagonismo a quienes realmente lo merecen. 





Gigi Lamónica, árbitro internacional, seleccionado para el jurado de la nueva edición de Mira Quién Baila. Al parecer el colegiado italiano adoptará el papel de gracioso pues se rumorea que no tiene ni puta idea de pasos. De pasos de baile se sobreentiende. 





Juan Antonio Orenga elegido entrenador del año por parte de la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto. El gremio se rindió a la evidencia y eligió por unanimidad al seleccionador para este prestigioso galardón. Preguntados por el porqué de las críticas durante la celebración del Campeonato de Europa en Eslovenia, alguno de los asociados afirmó que eran para disimular el enorme cariño que le profesan a Juanan.



Xavi Pascual envió una propuesta a la FIBA para que los tiros de tres puntos valgan cuatro. De esta manera sus equipos pasarían de meter 60 puntos a anotar 80 y nadie se quejaría de lo rácano de su sistema.



Los Brooklyn Nets cambiarán de colores y vestirán de verde. El magnate ruso Mikhail Prokhorov está convencido de que sólo vistiendo de verde Paul Pierce y Kevin Garnett podrán rendir como jugadores profesionales y no como jubilados residentes en Florida. 



Isiah Thomas afirma tener la clave para invertir la tendencia de los Knicks. El antiguo base de la Universidad de Indiana y de los Detroit Pistons, afirma que en caso de regresar a la gerencia deportiva del equipo neoyorquino no dudaría en fichar a Stephon Marbury, Penny Hardaway y Allan Houston.



Allen Iverson convencido de que él sólo, acompañado por cuatro colegas cocainómanos del barrio, ganaría la NBA. La noticia corrió como la pólvora por los salones de juego de Atlantic City y llegó a los oídos de Michael Jordan quien afirmó: “No se lo cree ni él. Me bastaría con un cojo que sacara de fondo y de banda para ganar a ese equipo y a todos los demás” a lo que Barkley, que estaba a su lado, añadió: “Siempre que el entrenador sea Phil Jackson, claro”. En la esquina se podía ver a Tiger Woods hablando con una rubia. 





Se admiten más propuestas siempre que sean tan creíbles como éstas.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

INDIGNADO



Yo también estoy indignado. Lo estoy aunque no lo afirme a cada paso y aunque no sienta la necesidad de acampar en ninguna plaza o de hablar a voz en grito. Cuéntenme entre aquellos que se tiran de los pelos cuando los noticiarios deportivos se convierten en vodeviles con el fútbol como único reclamo. Búsquenme, y me encontrarán siempre, defendiendo el valor de todos aquellos deportes que circulan por alta mar guiados únicamente por la leve brisa del anonimato y con el único alimento del patrocinio que generosos filántropos prestan a la causa.

Lo sé. Maradona no tiene la culpa de haber fabricado aquella obra de arte en el Mundial de México dejando atrás a todos los defensas ingleses que se cruzaron en su camino mientras Valdano corría en paralelo. Tampoco Víctor Hugo Morales por habernos emocionado a todos con la narración de aquella venganza futbolística que se sirvió Argentina ante Inglaterra después de la Guerra de las Malvinas. Sé que el fútbol despierta pasiones, que levanta el ánimo del parado y que hasta puede curar, por segundos, a un enfermo terminal. Si hasta yo me emocioné viendo a Zidane convertir esa bola que caía desde el cielo en una volea magistral. 



Pero magistral fue también aquel tiro de Jordan contra Utah Jazz después de enviar al suelo a Bryon Russell. Y qué me dicen de aquel segundo golpe de Tiger Woods en el hoyo 16 de Augusta que fue a morir en el hoyo para terminar entrando y que, virtualmente, le aseguraba al golfista de California la chaqueta verde. ¿O no fue bello, acaso, poder ver esa batalla que se prolongó hasta la oscuridad entre Federer y Nadal en Wimbledon 2008? Por no hablar de aquella remontada de Indurain en la etapa reina de los Alpes persiguiendo infructuosamente a un Chiapucci que hizo sus necesidades, todas, sobre su culotte. O del Thrilla in Manila en el que Ali se vengó de Frazier. ¿O no fue un duelo a muerte el que libraron Karpov y Kasparov en 1984 poniendo en juego, además del dominio del ajedrez mundial, también una forma de entender la política y el papel que había de jugar el estado? Y cuántas escenas para la historia nos han dejado el atletismo, la natación, el fútbol sala, el esquí alpino, la gimnasia artística o cualquier otro deporte. En todas ellas se aprecia un denominador común. El deseo de superación. La búsqueda de los límites del cuerpo humano en el afán de saltar más alto, correr más rápido, lanzar más fuerte o pensar más claro. 




Sin embargo, ese denominador común que convierte en iguales a todos los deportes pierde su vigencia ante el trato discriminatorio que reciben por parte de los medios de comunicación. Y es que, aun reconociendo el papel que juega la tradición a la hora de convertir a un deporte en el monarca absoluto de una determinada nación o cultura, es el papel que juegan los medios de comunicación el esencial a la hora de confirmar o combatir dichas inercias. Claro, se escribe sobre lo que quieren los lectores, se habla sobre lo que desean escuchar los oyentes, se entablan debates con vistas a atraer a más y más espectadores. De esta manera el pasado se perpetúa y se convierte en futuro. Nadie se para a reflexionar sobre los valores que transmite esta nueva clase social que son los futbolistas malcriados e infraeducados. Convertimos todo el deporte en un balón de fútbol. Cerramos las mentes de nuestros niños. Les condenamos a vivir en un mundo de 105x70. No les hables de lacrosse, cricket o fútbol gaélico. Te preguntarán si son jugadores de Segunda B. No les hables de birdies (golf), penalties-corner (hockey hierba) o de triples axel (patinaje artístico). Te recomendarán un tratamiento contra la locura.

Todo gracias a los magnates de los grandes grupos de comunicación. Pocos periodistas. Todos millonarios deseando hacer más millones. Y el fútbol es garantía de ello. Y lo seguirá siendo en virtud de este círculo vicioso del que sólo hemos podido escapar unos pocos. Unos pocos gracias a otros pocos. Nuestros abuelos, padres o hermanos. Gracias también a aquellos periodistas que enamorados de deportes no mayoritarios nos transmitieron la pasión que ellos mismos sentían por la raqueta, la bicicleta, los esquíes, el balón de baloncesto o el ovalado de rugby. Gracias a Ramón (Trecet), Héctor (Quiroga), Matías (Prats), Andrés (Montes), Antoni (Daimiel), Esteban (Gómez), Ramón (Pizarro), Paloma (Del Río), Antonio (Rodríguez), Nacho (Calvo), Luis Miguel (López) y a tantos otros que me dejo por habernos transmitido, a nosotros o a representantes de generaciones anteriores, el amor a un deporte que no empieza por fút y termina por bol. Mi recuerdo para los que nos dejaron. Mi agradecimiento, sincero, para los que aún siguen luchando para que salgan a la luz las historias que el fútbol, no en cuanto deporte, y sí como producto mediático, ensombrece y eclipsa. Las de personas que aman la vida y la honran practicando un deporte, entrenando de sol a sol para ser los mejores en la actividad para la que fueron llamados a triunfar. Se llame como se llame.



Y aunque mi objetivo no era colar una cuña, he de decir que mi indignación está más controlada desde que cada mes, en nuestras pantallas, se cuela uno de los mejores programas de la televisión actual: Informe Robinson. Os dejo dos pequeñas muestras de esta particular medicina contra la futbolitis y os cito, desde ya, para futuras manifestaciones de indignados. 




UN ABRAZO Y QUÉ VIVA EL DEPORTE