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No sin Navarro





No me preocupa la imagen dada contra Gran Bretaña. Fue muy parecida a la que ofrecimos contra este mismo rival en el Eurobasket de 2009 en Polonia y acabamos jugando tres partidos de cruce perfectos. Tan impolutos como nuestro récord hasta el momento y es que en estos campeonatos que duran dos semanas lo ideal es ir de menos a más, crecer partido a partido tratando a cada uno de éstos como entrenamientos con público y rival, poco más que una prolongación de la pretemporada para llegar finos a los momentos cruciales.

Momentos que ya llegan. Mañana tendremos enfrente a Rusia, la selección dirigida por David Blatt y comandada por un all around player como Andrei Kirilenko tan portentoso en sus facultades físicas como instruido en el conocimiento del juego. Ante ellos no podremos abusar del juego interior y será necesario encontrar pronto un equilibrio dentro-fuera del que no hemos podido presumir estos días pese a las buenas actuaciones de Fernando San Emeterio y la hiperactividad de un Rudy que está jugando al límite de sus condiciones físicas. 


Más tarde, el lunes, nos espera una selección de Brasil con jugadores de calidad en el perímetro y centímetros no exentos de talento en el frontcourt. Además, el equipo brasileño cuenta con una baza segura en el banquillo, un Rubén Magnano que ya sabe lo que es ganar un oro olímpico, el de Atenas, a través de un juego dinámico basado en rápidas inversiones de balón.

Lo peor de todo es que Juan Carlos Navarro sigue enfundado en su chándal y viendo los partidos desde el banquillo. Sus dolores de pie son los quebraderos de cabeza de un seleccionador, Sergio Scariolo, que sabe con certeza que no hay un jugador como La Bomba en todo el panorama baloncestístico europeo. Cuando Juan Carlos tiene el balón en sus manos las defensas rivales se cierran de manera casi automática. Sus pares temen tanto su veloz primer paso hacia derecha como su rápida parada y tiro tras bote o recepción. Navarro le hace la vida más fácil a todos los compañeros. Cuando metemos la bola en el poste medio y Navarro está en el campo hay un jugador menos para ensuciar la zona o para realizar las rotaciones defensivas. Juan Carlos siempre suma. Con y sin balón. Al menos en ataque.

Sin Navarro el equipo nacional se vuelve más previsible y anodino. Fernando San Emeterio o Sergio Llull son muy buenos jugadores, estrellas en sus respectivos clubes y eficaces complementos en un equipo del más alto nivel como puede ser la propia selección. Sin embargo, la simple baja de Juan Carlos merma exponencialmente nuestras opciones de medalla.

La baja indefinida de nuestro capitán es sólo una más de las que se pueden producir en el deporte de alta competición, en una actividad que exprime al máximo el organismo. Sólo una más que se añade a la suma de desgracias que vienen acompañando a la delegación española en forma de cúbitos fracturados (Santi Freixa), hombros lesionados (Pol Amat por luxación y Nicolás Almagro por tendinitis), rodillas maltrechas (Pablo Herrera) , músculos rasgados (Eduardo Gurbindo) o cadenas rotas (Luis León Sánchez).

Esta suma de casualidades nefastas está poniendo a prueba la moral de todos los equipos afectados. En estas circunstancias el triunfo parece alejarse poco a poco. Toca hacer piña y volverse más fuertes. Eso sí, una cosa parece clara: el oro del baloncesto, que ya parecía una quimera, se ha vuelto directamente inviable. No sueñen con él. No sin Navarro. Lo siento Adidas. Lo siento Kevin. Ganar sin Navarro es algo imposible.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS