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El mejor (por inesperado)





Como cuando Phileas Fogg descubrió que su tiempo no había acabado, que había ganado un día viajando hacia el este y que aún tenía veinticuatro horas para abrir las puertas del Reform Club y ganar su apuesta. O como cuando nace un hijo inesperado con el que ya no se contaba. Así nos sentimos, en cierta manera, los aficionados españoles de baloncesto después del triunfo de esta noche. Pensábamos que nuestros ochenta días se habían agotado y que no habría más vástagos de los que presumir, que toda la cosecha estaba ya recogida y que aguardaba un largo período de barbecho en el horizonte.

Pero no, cuando ya las canas acechan a quienes éramos unos niños cuando Gasol y compañía ganaron el oro junior de Lisboa, el principal referente de esta dinastía inigualable aún sigue alucinándonos con su polifacético despliegue en la cancha. Su control del rebote defensivo, su capacidad para la intimidación, su dominio de los tiempos y de los espacios tanto en el poste medio como en la cabeza de la bombilla y su calidad para resolver en situaciones de uno contra uno, bien anotando, bien asistiendo; lo convierten en uno de los más grandes jugadores europeos de todos los tiempos. Pero la mirada de admiración que le lanzó Felipe VI mientras se reunían para la foto con el trofeo no tenía que ver solo con estas cualidades, sino principalmente con la naturalidad con la que ejerce su liderazgo y asume su posición en esta España rota por maleantes que han hecho un uso cínico de la palabra; para llenarse la boca con ella o para escupirla en el suelo.

A pesar del justo reconocimiento a lo realizado por Pau Gasol, el baloncesto, por sus propias características, nos exige recalcar la labor colectiva e incluir en esta lista de agradecimientos a todos cuantos participaron de este enorme éxito. Mención aparte, quizá, merece Felipe, tal vez el hombre que debió saltar a la cancha para arreglar el desaguisado en los cuartos de final del pasado mundial. También Rudy, por su sacrificio, por aceptar que aun no pudiendo ofrecer su mejor versión, el equipo le necesitaba aunque dolorido. También los Sergios, jugando a otro paso del que imponen en el Real Madrid, asumieron un papel protagonista en ausencia del resto de bases y de Navarro. Ribas también cumplió, como lo hizo Claver cuando nos hizo falta su presencia en el rebote. Y caso aparte fue el de Mirotic. El montenegrino se ganó un nuevo visado a la selección. No es Ibaka, pero sí un complemento más que apropiado para el juego de Pau Gasol. El próximo año surgirá nuevamente el debate. No tengo la respuesta.

Sí me mojo, en cambio, a la hora de valorar muy positivamente la labor del cuerpo técnico. La de Nacho Coque, al frente de la preparación física, pues todas las dudas de los primeros partidos quedaron despejadas con las exhibiciones en los últimos cuartos de los cruces de octavos en adelante. Es decir, la selección llegó justa, sí, pero premeditadamente justa al inicio de la competición. La de los fisios, recuperando gemelos, tratando espaldas, reparando golpes físicos pero también morales (la lejanía de la familia, las críticas de los aficionados,...). La de los entrenadores ayudantes, Jaume Ponsarnau y Txus Vidorreta, que estudiaron a los rivales con mimo y al detalle y, por supuesto, la de Sergio Scariolo, ese personaje de videojuego con el que siempre querrías jugar por ser sus vidas infinitas. Y su conocimiento. Y su templanza. Y su profesionalidad.

Ganamos sin Ricky, Navarro, Calderón, Garbajosa, Carlos Jiménez, Ibaka, Marc Gasol,… Ganamos contra Nowitzki, Antetokoumnpo, Parker, Bjelica, Gallinari o Valanciunas. Ganamos mientras en España se señalaban culpables con el dedo y se afilaban las guillotinas. Ganamos cuando ya no contábamos con ello, cuando habíamos asumido YA el progresivo languidecer de nuestros héroes. No, no es 1999, ni 2006. Ni 2011 o 2012. Comprúebenlo, si no, mirándose en el espejo.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

VALORS




Para comprender la verdadera dimensión de Pau Gasol no hace falta recurrir al partido de ayer, superlativo en todas las facetas, las evidentes (puntos, rebotes, faltas recibidas, tapones,…) y las que no lo fueron tanto (liderazgo e intimidación). Basta con repasar el vacío que representó y representará su ausencia cuando esta se vuelva permanente. Pese a que su compromiso con la selección es innegable, alimentado por el propio entusiasmo que le genera el poder competir junto a sus compañeros, también hubo veranos de merecido descanso para él. El primero, el de 2005, en el Europeo de Serbia, donde caímos en semifinales ante Alemania antes de ser apabullados por Francia en el tercer y cuarto puesto. El segundo, el de 2010, cuando un triple de Teodosic nos impidió, en cuartos de final, defender el título conseguido en Japón. El tercero en 2013, donde conseguimos el bronce tras perder en la prórroga ante Francia en semifinales.

En aquel campeonato, injustamente valorado por parte de la prensa y los aficionados, Marc Gasol ejerció la labor de líder en ausencia de su hermano. Huérfano de sus compañeros de pintura (no estuvieron tampoco Reyes, Ibaka o Mirotic) aunque rodeado de todos los exteriores; Navarro, Ricky y Calderón incluidos, Marc trató de ejercer esa labor de abanderado en la cancha. Y en la pista, en mayor o menor medida, lo logró al erigirse en una auténtica referencia. Pero su figura es otra, diferente en cualquier caso de la que simboliza su hermano mayor.

Pero es que en la comparación con Pau pierden todos, también los grandes pívots americanos, a los que superó en los enfrentamientos individuales que libraron en las dos últimas finales olímpicas. También todas las estrellas europeas que brillaron en la NBA. Ni Nowitzki ni Parker, MVP de la temporada el primero y ambos de la final de la liga estadounidense, han conseguido representar para sus respectivos países lo que Pau es para España.

Gasol mezcla a la perfección la ambición que se necesita para llegar y mantenerse en la élite del deporte con la humildad que siempre caracterizó a los grandes hombres. Pau no necesitó hacer de menos a nadie para ser uno de los mejores del mundo. Tampoco entrar a valorar comentarios despectivos que le situaban a la sombra de James Posey como verdadera estrella de los Memphis Grizzlies de comienzos de milenio, como un jugador blando incapaz de llevar a su equipo a un anillo de la NBA o como principal responsable de la debacle de los Lakers tras el anillo de 2010. Ante cada insinuación respondió con una gran actuación en la cancha. Ante cada provocación con un micrófono por medio, con las palabras precisas para defender su posición sin caer en lo vulgar.

Pau, en estos tiempos en los que el sentido común se halla a la deriva, con la vida política de su Cataluña natal más agitada que de costumbre y compartiendo minutos de televisión con ídolos con pies de barro y cerebro de serrín, se postula como uno de los grandes ejemplos a seguir. Si todo fuera como debiera ser, su partido de ayer habría sido comentado esta mañana en todos los colegios del país. Pocos libros de texto recogen tan bien como la actuación de anoche de Pau, esos valores que todos los docentes enamorados de su oficio desearían enseñar.




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Que veinte años no es nada




Otra vez en los cuartos de final de un gran campeonato, en el lugar que nos corresponde por demografía y tradición baloncestística. Estamos donde hace un año, en nuestro mundial, pero con la sensación de haber retrocedido dos décadas en el tiempo, a un nuevo período de transición, como aquel que tuvimos que atravesar entre la generación de Los Ángeles 84 y esta que apura sus últimas fuerzas. Ahora mismo, a fecha de hoy, a una semana de que finalice el Eurobasket, un objetivo razonable podría pasar por ganar un único partido. Ello nos garantizaría estar entre los siete primeros y acudir al Preolímpico a luchar por una plaza para Río. Hay tres o cuatro selecciones mejores que España quilate a quilate y una de ellas es Grecia. Ganarles, admitámoslo, sería una sorpresa.

Es triste, pero son las sensaciones que nos deja un grupo que, sin el talento de otras ocasiones, se aferra a la presencia de Pau Gasol para seguir soñando en bronce, plata u oro. Pero Pau está magullado, al límite de sus fuerzas, soportando el dolor sabedor de su importancia. Una importancia que sería extraordinaria en cualquier equipo, y que se muestra vital en las actuales circunstancias. Su séquito tiene menos talento, menos desparpajo y menos gasolina que aquel que le acompañara en pasadas citas olímpicas, mundiales o continentales. Gasol quiere estar en Londres. Gasol quiere ganar cada partido. Gasol sabe que, sin Gasol, España es una selección vulgar.

De la sequía de nuevos talentos, quizá tenga que ver la propia alargada sombra de esta generación, una generación a la que todos los seleccionadores han ido prolongando su fecha de caducidad, conscientes de lo insustituible de su sello. Sin embargo, más allá de que se le hayan cerrado puertas a posibles talentos de futuro, lo cierto es que la factoría lleva años funcionando bajo mínimos. La base de nuestra selección ronda o supera ampliamente La treintena. Ricky, Mirotic e Ibaka, con la particularidad de que de estos dos últimos solo podremos utilizar a uno en los diferentes campeonatos, están a la espera de dar un salto en su protagonismo. Es el resultado del descenso de nivel de las competiciones nacionales, víctimas de la crisis; de las prisas de algunos entrenadores por cosechar antes de tiempo y de numerosos factores sociológicos que hacen que cada vez sea menos rentable arriesgarlo todo para emprender una carrera profesional.


Hace veinte años, un 30 de junio, en la radio del coche de mi padre, aparcado junto a la playa de Alba de Tormes, escuché cómo perdíamos ante los anfitriones griegos en el choque de cuartos de final por 66 a 64. Eran los años de Dejan Stankovic como presidente de FIBA, años de continuas sospechas de prevaricación arbitral. Eran años, también, en los que la selección acudía acomplejada a las citas internacionales. Quizá, siendo realistas, debamos ir acostumbrándonos a acudir nuevamente a los torneos sin la vitola de favoritos. Tal vez tuviera razón el gran Carlos Gardel. Tal vez estemos obligados a aceptar que veinte años no es nada y "volver" a pensar como entonces. 


P.D. En los últimos minutos se ha conocido la muerte de Moses Malone, uno de los pívots más dominadores a comienzos de la década de los ochenta. Descanse en paz. 

Una generación perdida




La participación de la selección española de baloncesto en el Eurobasket 2015 no ha comenzado bien. La contundente derrota ante Serbia no ha ayudado a despejar dudas. También empezamos perdiendo el Eurobasket 2009 ante Serbia, dicen los optimistas, pero más allá del resultado el partido dejó dudas sobre los mecanismos e inercias de nuestra selección. 

Solo dos miembros, Pau Gasol y Felipe Reyes resisten de la promoción del 80, una generación que se estudiará en la asignatura de historia cuando esta incluya en el currículo, como hace con otros elementos culturales, el estudio del deporte. Aquella hornada de jugadores nos elevó a un cielo que no es el nuestro, que no nos corresponde ni por tradición, ni por demografía ni por escuela. 

El pasado jueves, en la columna de temática deportiva que escribo en el diario digital local de Salamanca, quise hablar de esta generación al tiempo que compartir el escaso poso que esta ha dejado en la cultura deportiva de nuestro país. Pasarán definitivamente los Gasol, Navarro, Reyes y compañía y el baloncesto seguirá despertando el mismo entusiasmo entre nuestros jóvenes. 


El próximo sábado comenzará una nueva andadura de la selección española de baloncesto. Será el octavo Eurobasket para los supervivientes de la Generación del 80, la encabezada por Pau Gasol, Felipe Reyes y Juan Carlos Navarro, y a la que los buenos aficionados recordaremos como si de la del 98 o 27 se tratase. Juntos ganaron el Europeo junior de 1998 y el Campeonato del Mundo, también junior, de 1999 y, con la ayuda de compañeros de otras edades, toda una panoplia de medallas en torneos absolutos entre la que destacan el oro en el Mundial de 2006, el de los Europeos de 2009 y 2011 y las dos platas olímpicas en las que consiguieron llevar al límite al combinado de estrellas estadounidense.


Han pasado dieciséis años desde aquel julio lisboeta. Dieciséis años en los que muchos hemos crecido al paso de sus quijotescas aventuras. Porque era empresa digna de Don Quijote el soñar con lo que han conseguido muchos de ellos, también a nivel de club: soñar con jugar en la NBA y, mucho más aún, el hacerlo con ser All Star o campeón. Ahora, todos nosotros, Sanchos enloquecidos ante lo que han visto nuestros ojos, nos lamentamos únicamente porque al final del camino no habrá ínsula, reino o señorío para el baloncesto español. Disfrutamos el camino, claro, pero hemos despertado y nos encontramos pesarosos porque solo fue eso, un camino que desembocó en la misma yerma llanura de la que partió.


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UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Yo no acuso





Yo, al contrario que el eminente escritor naturalista francés, Émile Zola, no acuso. No acuso en base a argumentos basados en la percepción, salidos de las entrañas, vomitados en la propia barra de bar de la que nunca debieron salir. El bronce de la selección española ha abierto la veda y concedido el plácet, aunque no lo necesiten, a los más feroces críticos, a las balas más hirientes de la escopeta nacional. Balas que no están hechas de plata y sí de tópicos, balas que encuentran en las redes sociales el camuflaje del anonimato y el triste eco de unos pocos “retweets”.



Salgo en la defensa del único responsable de esta presunta decepción, de este bronce que visten de cobre los que ni siquiera se hubieran conformado con un oro. Hablo de Orenga, el que estaba llamado a ocupar la esquina inferior izquierda del retrato de los ganadores en el caso de que se hubieran cumplido todos los pronósticos que nos daban por vencedores sin bajar del autobús. El mismo que, sin embargo, en una demostración de afán de notoriedad inconcebible, ha querido reclamar para sí todos los focos y los dardos jugando a perder al coaccionar el inmenso talento de Xavi Rey, Pablo Aguilar y Germán Gabriel y al ofrecer, por contra, las llaves de la nave al torpe de Marc Gasol, a un piernas como Sergio Rodríguez o a un patoso como Rudy Fernández.



Dejo el sarcasmo a un lado, recurso de pobres oradores, para defender el trabajo del cuadro técnico de la selección. No entro a valorar la oportunidad de su elección, ni siquiera el nepotismo que, según muchos afirman, funciona en los altos cargos de la Federación. Creo ser justo y prudente afirmando que hacía muchos años que no presentábamos una escuadra de un potencial tan limitado. Sin un tres clásico y sin un cuatro de entidad internacional se hizo necesario recurrir a fórmulas poco ortodoxas, las que cualquier ser cuerdo hubiera utilizado. Con sólo un escolta capacitado para anotar desde todas las posiciones, Rudy, y cuatro bases (Ricky, Sergio Rodríguez, Sergio Llull y Calderón) que cualquiera hubiera citado por estar entre los ocho mejores jugadores disponibles, no quedaba otra que recurrir a la fórmula del doble base. Por su parte, nuestro juego interior era una fuga de agua constante. Con sólo un pívot de garantías y descartada la opción de jugar cuatro contra cuatro, la idea era acompañar a Marc de un jugador que le abriera espacios y se aprovechara del sobremarcaje de éste sabiendo ganar las espaldas de las ayudas. El mejor, aunque limitado en talento y experiencia, era y es Víctor Claver, por muchos amigos que tenga Pablo Aguilar y por muchas cervezas que haya tomado con la afición Germán Gabriel. Y Víctor, que cumplió sobradamente en tareas de intendencia, no supo tirar y meter el triple que debió tirar y meter contra Francia y, por eso mismo, porque los rivales ya sabían de su apocado carácter, tampoco pudo facilitarle la vida a Marc del mismo modo que lo hubiera hecho un Mirotic o, por supuesto, un Jorge Garbajosa.



Demostrada la correcta gestión de la plantilla, aunque pudo haber errores en momentos clave de determinados encuentros (no aumentar la rotación en el tercer cuarto contra Francia para llegar mejor al final), procedo a hablar del estilo. Un estilo que volvió a ser reconocible en cada encuentro, hubiera mayor o menor fortuna en el desenlace. El equipo salió a cubrir a muerte las líneas de pase, a intentar evitar toda posible inversión de balón, a mandar contra Marc a cualquier osado exterior rival, es decir, a defender de manera “proactiva”, como le gusta decir a los técnicos, y provocar de esta manera errores que nos permitiesen correr y anotar al contraataque. Así se hizo en la mayor parte de los encuentros, así lo atestiguan los siete robos por partido, el 36,9% de acierto del oponente y los tristes 62,8 puntos a los que redujimos, como promedio, la ofensiva rival. Líderes en estas tres facetas, pocos dudarán sobre el verdadero propósito de nuestra selección: Defender. Defender y correr.



En el ataque estático, más allá de sistemas cortos para meter balón interior o un juego básico por conceptos que primaba las triangulaciones “palo alto-palo bajo”, que diría el gran Manel, se intentaron diseñar opciones de dos contra dos tras circulación de balón. De Pick and Roll vivimos y morimos, es cierto, pero en muchos de ellos, no los de infausto recuerdo en la prórroga contra Francia, produjimos de manera voraz. Anotó Ricky tras bote, Sergio atacando la ayuda de los hombres grandes. Anotó Marc, más continuando hacia fuera que hacia dentro (en una tendencia natural que no se ha inventado Orenga) y también se generaron buenas ocasiones para anotar de tres. De hecho, sólo a través de un agresivo juego de pick and roll y, también, a tenor de las rápidas transiciones, se explica que un equipo sin tiradores puros obtuviera, como obtuvo, el mejor porcentaje en tiros de tres de la competición con un 39,1%. Y es que no sólo fuimos la mejor defensa, sino también el mejor ataque (en puntos anotados). Y el más bonito, si me apuran y aceptan como argumento el número de asistencias como botón de muestra de que se jugó rápido y se atacó de manera generosa (como gusta, ¿verdad?).



Hablemos ahora de la dirección de grupo, de las declaraciones altisonantes de unos o del malestar de los otros. Ah no, que lo primero sucedió en el Europeo de Polonia (declaraciones de Marc tras fallar Sergio Llull una canasta ganadora frente a Turquía) y lo segundo en Pekín (Navarro con Aíto). El estilo de dirección y liderazgo de Orenga puede ser discutible, pero no miente a nadie cuando se autoafirma como entrenador de jugadores, cuando es humilde y se muestra accesible a las aportaciones de los que están viviendo el basket desde dentro. De este espíritu cooperativo y colectivista algunos deducen que es un “minga fría” o que le falta autoridad. Y luego nos extrañamos cuando suceden ciertas cosas... En fin, que lo habríamos hecho mucho mejor con Ivanovic, Maljkovic o Ivkovic, que además de autoridad tienen experiencia.



Ha sido la experiencia tema manido en todas las conversaciones sobre la selección. Esa misma experiencia que a tantos jóvenes exaspera por ser el motivo de su no contratación, esa misma experiencia que no se puede adquirir si te vetan por no tener experiencia. Pero en fin, de esta paradoja no se ocupan quienes mantienen este discurso. Ahora bien, ¿qué clase de experiencia requerían? Porque quien atesora partidos en el currículum acumula victorias y derrotas, es decir, sabe ganar y sabe perder. En fin, que no sé por qué se valora tanto este hecho, que Guardiola llegó de un tercera para convertir al Barça en uno de los mejores equipos de la historia y Mourinho de ganar la Copa de Europa con el Inter para convertir al mejor club del siglo XX en una tasca inmunda. Por poner un ejemplo. Además, Orenga ya venía curtido en el trabajo con selecciones inferiores, ya sabía lo que es trabajar en dos meses, los objetivos que se pueden alcanzar y los que no. Un entrenador de club debería aclimatarse a estas exigencias, reducir su planificación habitual a un trabajo comprimido al que no todos se adaptan. Pero en fin, vilipendien, que es gratis.



Vilipendien y arrastren la conversación hacia la figura del entrenador, incurran en una nueva contradicción, aquella en la que se enredan los que afirman que a este grupo lo entrenaría cualquiera, que estos tíos juegan solos, que ganarían sin entrenador para luego pasarse horas y horas criticando a esta figura de pega, a este guiñol que sólo interesa cuando se pierde. Pero tienen razón, éste como tantos otros, es un deporte de jugadores. Ellos son los que deciden, los que ejecutan y determinan el destino de un equipo y las conversaciones de un país. Y en este Europeo, por razones varias, faltaron varios de los mejores. Y por eso fuimos más vulnerables, y por eso se redujeron las opciones, y por eso, porque no estaban, el bronce tiene mérito, un mérito que es, sobre todo, de los que sí estuvieron. Un mérito al que los entrenadores contribuyeron con un saber hacer que no merece tantas y tan injustas consideraciones, tantos y tan visitados clichés.



ENHORABUENA A ESPAÑA POR ESTE BRONCE. UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS.

Un día de agosto






No será el primero, tampoco el único, que quede cegado bajo las resplandecientes luces de la capital del mundo. A Jeremy Lin la fama le llegó temprana, imprudente, veloz. Una fama, por otra parte, inestable, construida sobre los cimientos de unos pocos partidos brillantes, impropios de un novato, sujetos, tal vez, a la mística del Madison o a la más pura y dura casualidad. En ese juego de brujas quisieron ver a un mago, de ascendencia oriental y procedente de Harvard, sí, pero mago al fin y al cabo. Cuando debió ser niño, tropezar, caer y levantarse, así una vez tras otra, quiso ser un héroe adulto, salvador no de sí mismo, sino de muchos. Jugó a ser profeta en la tierra de los vaqueros, los indios y los pozos petrolíferos y lo que profetizó fue la historia de un declive por otra parte anunciado. Jeremy Lin es lo que es, un jugador de rotación capaz de anotar unos pocos puntos más de cuantos balones pierde. Lo demás son cuentos que él mismo se creyó para encontrar en este mundo el afecto que a tantos les fue negado. Pero el afecto es efímero y él ya lo ha comprobado.



Efímero como lo son los proyectos en los tiempos del día día y el momento a momento. Nada es posible planificar cuando todo se tambalea entre los que piden cambios y los que se resisten a reformular modelos que pecan de obsoletos. Hablo de la ACB, como podría hacerlo de la liga ASOBAL y otras competiciones domésticas sujetas a deudas históricas sobre las que el presente sólo puede responder a base de muertes y desapariciones, como si de los cadáveres pudieran alimentarse los acreedores y como si de muertos viviera el aficionado. Suenan campanas de entierro en la capital del Pisuerga. Le toca ahora a ese club histórico por el que pasaron Corbalán, Sabonis u Oscar Schmidt, a un Baloncesto Valladolid al que no sólo timaron las estampitas porque de lo que de verdad perece es del mal común que acecha a todas aquellas sociedades anónimas deportivas confiadas en la perpetuidad del crédito. Pero oigan, aunque en su día fue gran seguidor de este equipo, de los que de verdad me acuerdo es de quienes llevan un año trabajando sin cobrar, guiados por esa motivación dilatada en el tiempo que supone hacerlo algún día, un día que no llegará.



Ríanse, cambiando de tema, de Méndez o Toxo, líderes sindicales, salpicados, al menos el primero, por sobresueldos y partidas de dudoso destino en el seno de su organización sindical. Ríanse, sí, porque el nuevo presidente de la Asociación de Jugadores de la NBA será Chris Paul, un multimillonario enamorado de sí mismo que deberá representar los intereses tanto de sus iguales, las estrellas, como los de toda esa clase de mercenarios del baloncesto que pican allí y allá en busca de un poco de grano. Sinceramente no le veo proclamando, entre crossover y crossover, aquello de “proletarios del mundo, uníos”.



Avanza, y con esto finalizo este breve repaso a los titulares que nos deja agosto, la pretemporada de la selección española con paso firme. Tras las críticas de las que servidor fue cabecilla después del primer partido contra Polonia, dos victorias plácidas y una más apretada parecen dar la razón a los que piden tiempo y confían en lo pacífico del relevo. Pero vaya, a mí no me engañan. Sigo sin ver, y no veré, a Navarro, Gasol, Reyes e Ibaka, jugadores fundamentales para cualquier equipo y más, si cabe, para éste del que los tres primeros son padres fundadores. No será cosa de Orenga, que hará, indudablemente, todo cuanto esté en su mano y en la de sus ayudantes. Será cosa de añorar sin premio, de esperar en vano a los que no están. Y si la saudade me puede pues qué le voy a hacer. No esperen de mi parte un tanto apuntado cuando nos quedemos sin medalla y sí, en cambio, un sincero perdón si, por aquello de hablar antes de tiempo, peco de agorero y bocazas.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

En manos de Marc





Menuda se ha liado con el “no” de Mirotic a la selección española. Con Ibaka recuperándose físicamente para afrontar los años centrales de su contrato con los Thunder, todo hacía indicar que el joven montenegrino sería un fijo del combinado nacional para el Eurobasket de Eslovenia. Sin embargo, no sabemos si asesorado por buenos o malos amigos, Nikola Mirotic ha querido ejercer su derecho a decidir cómo, cuándo y dónde y a decirle “no” a un proyecto que, aunque mermado, apunta a medalla.

A mí, como a todos, me hubiera gustado ver al ala-pívot del Madrid compartiendo cancha con Ricky, Calderón, Rudy, Marc y demás estrellas del equipo nacional. Así, podríamos haber cotejado su parecido con Garbajosa, su capacidad para ejercer ese rol de cuatro abierto tan necesario como indiscutible en el baloncesto actual. Pero quede aquí cerrado el debate, al menos por mi parte. Centrémonos en lo que tenemos, que es bastante, y analicemos nuestras opciones para conseguir un tercer entorchado continental consecutivo.

En la base no hay debate. Van los tres mejores de antes, de ahora y de luego. Prácticamente, Corbalán y Raúl López aparte, los mejores de siempre. La combinación de los tres daría lugar a un armador de juego inmaculado, talentoso y sereno. Como esa fusión no parece viable, queda en manos de Orenga la utilización separada o conjunta de sus habilidades. Si queremos jugar a un ritmo medio y controlar las pérdidas el extremeño será nuestro hombre. Si optamos por atacar la defensa del pick and roll contraria apuéstenlo todo, hasta la casa, por el Chacho. Y si preferimos apretar la subida de balón, provocar pérdidas y enloquecer el encuentro no lo duden, Ricky sigue siendo el mejor en esta faceta.

Y si a Ricky de uno le unimos a Llull de dos tenemos la mezcla perfecta para dinamitar los encuentros. En el perímetro sólo echaremos en falta la presencia de Navarro, nuestro jugador más fiable cuando los partidos se ponen calientes. Pero lo que echaremos de menos en la mitad ofensiva de la cancha lo ganaremos atrás, al poder defender, después de muchos años, con cinco jugadores. Si buscamos actividad de pies y manos Rudy de tres sería la mejor opción y, si por el contrario, buscamos fortaleza, un Claver trabajado físicamente en Portland, nos asegura mayor intimidación.

Aunque el regreso de Mumbrú parece merecido, imagino que San Emeterio será la primera opción para el puesto titular de alero. Aun así, cuenten con muchos minutos con doble base y Rudy al tres. La fórmula de poner a los mejores, jueguen donde jueguen y midan lo que midan, lleva años dando réditos en todo tipo de competición (equipo nacional de USA, España, Miami Heat) y los mejores, en nuestro caso, son pequeños.

Por esta precisa razón, parece evidente que la táctica ofensiva general, más allá de variantes, partirá del remozado modelo de “cuatro abiertos”. Ya no hay conflictos por el espacio, ya no hay gasoles que conjuntar. Ahora lo que hay es un vacío, un vacío interior que sólo un gran Marc Gasol puede llenar.

El trío de intendentes que forman Xavi Rey, Germán Gabriel y Pablo Aguilar parece no estar a la altura de las exigencias de un gran campeonato internacional. Los tres TT (Todo Trabajo Xavi y Pablo y Todo Talento en el caso de Gabriel) intentarán sumar y cumplir honradamente con que se les pida. Sin embargo, todos somos conscientes, Orenga el primero, de que todas nuestras opciones de medalla pendieron de un hilo en el período en el que Marc se mostró dubitativo acerca de su presencia con la selección este verano.

Por fortuna Marc dijo que sí y ahora pasamos a estar en sus manos, a depender de su nivel de motivación, de su capacidad de liderazgo, de que le respeten las lesiones y las faltas en cada partido. El mejor defensor del año en la NBA deberá multiplicarse atrás y tocar, al menos una vez en cada ataque, el balón delante. La ausencia de tiradores puros, de tipos que puedan salir del bloqueo y en un abrir y cerrar de ojos clavarla en la red, marca que nuestras mejores opciones de lanzamiento procedan de pases desde el interior, de pases que te dan medio segundo más para cuadrarte y lanzar, el medio segundo más que necesitan Rudy, San Emeterio, Mumbrú o los propios Llull, Rodríguez y Calderón. Y tan importante como que el balón llegue al poste medio es que entren esos tiros abiertos que le faciliten la vida al center de los Grizzlies.

Aunque aún resta tiempo para analizar, lo cierto es que esta selección transmite optimismo. Sin Gasol, Reyes, Navarro e Ibaka perdemos innumerables activos y, aun así, la simple presencia del mejor Marc de siempre me invita a apostar, como cada verano durante más de una década, al rojo de la selección española.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Algo que decir







El domingo comenzó temprano. El sonido del despertador se hizo presente cuando los rayos del sol apenas despuntaban en el horizonte. El seleccionador nacional visitaba nuestra región y la pereza no debía ser excusa para desaprovechar una ocasión como ésta. Así, aspirado por esa fuerza centrípeta que en nuestra región conduce irremisiblemente a Valladolid me planté en la capital del Pisuerga donde, además de asistir al propio clínic, pude intercambiar impresiones con otros colegas del gremio.

Juan Antonio Orenga fue un buen jugador, un cuatro con buena mano y un notable conocimiento del juego. Su experiencia internacional no es peregrina (128 presencias con la selección) y su paso por varios de los grandes equipos españoles le conceden un merecido pedigrí. Su paso por los banquillos, por su parte, aunque no dilatado en el tiempo, sí puede ser calificado como intenso. Sus cinco años en Federación Española al mando de las sucesivas generaciones sub 20 de nuestro baloncesto masculino han representado, de hecho, un aval suficiente para acceder al privilegio que desde ya disfruta y sufre: ser el entrenador de entrenadores de un país acostumbrado a que los éxitos se sucedan con inercia abrumadora. 



La charla, organizada por la Asociación Castellano-leonesa de Entrenadores de Baloncesto (ACLEB), versó sobre el bloqueo directo, un recurso que, según varias fuentes documentales, nació en los años 20 en Estados Unidos (¿alguien lo dudaba?). Así, aunque casi un siglo nos contemplara, nos embarcamos en un clínic sobre las maneras más novedosas de jugar el bloqueo directo. Las palabras y demostraciones de Orenga fueron convincentes. Sin vacilación alguna, y sin rastro de soberbia, el seleccionador fue desgranando las claves de esta variante táctica incidiendo en tres elementos claves: ¿Qué jugadores participan? ¿En qué zona del campo lo realizamos y hacia dónde lo orientamos? ¿Lo utilizamos en transición, para iniciar un sistema, para culminarlo? Estas claves serán, además, las que contemplaremos a la hora de definir los objetivos de nuestra defensa, pues la agresividad de la misma oscilará en función de todas estas variantes.

Lo que está claro, aunque a veces podamos perder de vista lo que sucede lejos del balón, es que la situación de bloqueo directo necesita de un trabajo previo (colocación del bloqueo, introducción del defensor en el ángulo, circulación de bola para dificultar el trabajo del defensor del bloqueador, fintas,...) y de otro posterior (generación de espacios, movimientos hacia balón, trabajo asimétrico de postes,...) del resto de jugadores. Ni siquiera en la NBA, donde los triángulos defensivos son más pequeños y todo se encamina más hacia situaciones de 1 contra 1, las situaciones de pick and roll son fruto del azar o caos. Partiendo de estas premisas Orenga nos dibujó, con la colaboración de varios jugadores de cantera del Blancos de Rueda de Valladolid, situaciones corrientes, habituales en los esquemas de la mayor parte de equipos, pero también otras menos usuales y que introducen un elemento innovador que pone en duda aquella máxima de que “todo está inventado”.

Por fortuna, a pesar de que es con las X y con las O´s donde mayor margen tenemos los entrenadores para apoderarnos del juego, Orenga mantuvo un discurso orientado hacia la libertad del jugador para decidir. Ellos son los protagonistas y los principales ejecutores de una acción de juego que beneficia a los jugones habilidosos e incisivos, a los buenos pasadores, a los jugadores capaces de finalizar contra los hombres altos y también, cómo no, a los interiores con buen juego de pies y/o con buena mano.

Éste es el árbol. Un exhaustivo repaso al bloqueo directo. Pero lo importante es el bosque, la figura de un entrenador que sin necesidad de chuletas o notas al pie se mostró seguro delante de un auditorio crítico por definición (más si cabe al formar parte del mismo figuras consagradas como Gustavo Aranzana, Paco García o Roberto González). Orenga estuvo convincente y demostró que tenía, y tiene, algo que decir. Ojalá los Gasol, Ricky Rubio y todos cuantos defiendan los intereses españoles en el próximo Eurobasket piensen igual.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Arrivederci





Ni siquiera en la noche de los tiempos, cuando los cuentos de Gasol y Navarro sean batallitas de abuelito que nadie se creerá, sabremos cuál fue la aportación real de Sergio Scariolo a los éxitos de una de las tres mejores selecciones europeas (junto a la URSS de los 70 y la Yugoslavia de finales de los ochenta y principios de los 90) de la historia del baloncesto.

Los hubo críticos con su elección, con el hecho de que asumiera su rol sin renunciar a su cargo en el Khimki ruso cuando ésta había sido una de las causas (aparentemente) del cese de Pepu un par de años antes. Los hubo que criticaron su nombramiento desde una perspectiva proteccionista y nacionalista o es que acaso en España no había candidatos suficientes.

Apuesta firme de José Luis Sáez, Sergio Scariolo no elige el momento. El momento le eligió a él. Sólo así se explica que él fuera el llamado a dirigir el primer partido de la selección después del casi milagro de Pekín, de cuarenta minutos que hicieron que los aficionados se olvidasen de unos Juegos Olímpicos más bien mediocres para encumbrar la obra de Aíto y ensalzar el trabajo anterior de José Vicente Hernández.

En Polonia, cuando estuvimos a minutos de quedar eliminados en la primera fase, el deporte se mostró más caprichoso que nunca. Cuestionada su jerarquía por unas palabras de Marc Gasol al finalizar el partido de Turquía y otras de Navarro en las que éste reclamaba un juego más alegre, todo empezó a funcionar a partir de los cuartos de final. Con un chaval de 19 años al mando España desarrolló un juego eficaz y espectacular que barrió de la pista y de manera sucesiva a Francia, Grecia y a la emergente Serbia que nos había vencido en el primer partido del campeonato. De aquella manera tan demoledora España se hacía con el primer Europeo de su historia y empezaba a sentar las bases de cuatro años llenos de éxitos que sólo la magia de Teodosic pudo teñir de sombras.

La magia de Teodosic, la salud de Navarro y la ausencias de Calderón y Pau Gasol. Aquéllas fueron las cuatro claves para que la defensa del título mundial fuera más bien modesta. Claro, la quinta, para muchos, fue la presencia de Sergio Scariolo. ¿Pero cómo? Si él no tuvo nada que ver en que ganáramos el Eurobasket del año anterior, cómo pudo ser él, entonces, el responsable del fracaso de Turquía. Pues seguro que algo pudo hacer mejor. Seguro que en más de una ocasión se equivocó en las rotaciones, en la preparación de los partidos o en los planteamientos defensivos.

Seguro. Seguro que tantas veces como en el Eurobasket de 2011 que España vuelve a vencer con solvencia. Simplemente, esta vez jugaron Calderón y Gasol y a Navarro le visitó la inspiración y le pilló donde siempre le pilla, en la cancha. Trabajando. Divirtiéndose. La España cicatera y especuladora de Scariolo, muy lejos de aquella brillante selección de Pepu, anotó 92 puntos de media en los tres partidos eliminatorios demostrando falsos todos estos argumentos. Más aún si los comparamos con los 74 puntos de los tres partidos decisivos del Eurobasket 2007 o, incluso, los 78 del siempre añorado Mundial de 2006. 



El ciclo olímpico se cerró en Londres. Allí, en la capital del Imperio Británico, se puso de manifiesto que los Juegos son otra cosa, que para ganar una medalla sólo existe un camino, el del sufrimiento. Y se sufrió, se cogieron atajos (biscotto contra Brasil) y se recurrió al oficio para vencer al poderío físico francés y a los estrategas rusos. Pero en fin, si Aíto salió por la puerta grande por los últimos 40 minutos de Pekín, no menos valor tienen los que se disputaron en el O2 Arena ante unos Estados Unidos sin Wade ni Howard, pero reforzados con la imponente presencia de Kevin Durant.

Tres años, cuatro grandes competiciones y mil juicios paralelos sumarios y no siempre legales contra una figura que generó controversia desde su nombramiento, pero que se va dejando las vitrinas llenas de trofeos y a la selección convencida de que un último baile aún es posible, de que en España, en 2014, la venganza, vendetta, aún se puede servir en frío.

Grazie Sergio y arrivederci.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS