Justicia poética





Lloraba la novia y futura mujer de Sergio Rodríguez antes de que comenzara la prórroga que certificó que habrán de pasar al menos veinte años hasta que el Real Madrid pueda hacerse con la novena Copa de Europa. Lloraba tal vez haciendo uso de su intuición femenina o quizá solamente analizando el cariz que fue tomando el partido con el paso de los minutos. Seguro que se daba cuenta de que las piernas de Sergio y sus compañeros parecían cada vez más pesadas mientras que la de los jugadores de Maccabi parecían regenerarse a cada jugada. Y es que no hay mejor campaña contra el racismo, en vez de tanta simbolismo platanero, que jugar un partido de baloncesto. Ahí la superioridad del hombre blanco queda en entredicho. Lo demostraron Hickman, Smith y Rice templando en los momentos tensos y escogiendo de entre los caminos que conducían a la victoria siempre los más apropiados. Lo demostró también Tyus maltratando la zona del Real Madrid, reboteando una vez tras otra, haciendo pagar sin piedad la mala defensa uno contra uno de los exteriores blancos.



Pero no fue sólo una victoria de raza, en las dos acepciones de la palabra, sino también de psicología y estrategia. Sembró y sembró David Blatt, incuestionable estudioso del juego, y al fin recogió. Tuvo que ser, por desgracia, esta noche, ante otro agricultor profesional, ante un Pablo Laso que se vio corto de piezas y superado, tal vez, por el peso histórico de la empresa. Anulados sus sistemas cortos, con Llull rozando el estrépito, Carroll entre algodones y Rudy convaleciente de un dedo, lo confió todo a la destreza de un Sergio Rodríguez al que la defensa macabea cerró todas las puertas. El tinerfeño sólo encontró acomodo en el lanzamiento exterior, pobre consuelo para un base, negro presagio para un equipo.



La derrota debe hacer reflexionar, pero no es momento de remover cimientos y derribar por la fuerza unas estructuras muy bien consolidadas. Toca hacer balance de un gran año en Europa y preguntarse por los detalles que hicieron que no fuera suficiente. Y aunque estoy convencido de que en el caso de haber llegado con todos los efectivos a punto la historia hubiera sido otra, también reconozco que faltaron en los minutos finales ideas claras y espíritus ganadores, veteranos con la fórmula aprendida y nervios aplacados en el banquillo. Pero en fin, qué fácil es hablar lejos de las trincheras.



El Real Madrid fue la cara triste de este fin de semana de baloncesto del que, curiosamente, tras la paliza del viernes, el Barcelona sale más reforzado. Los de Pascual son conscientes ahora de que una victoria en la liga les convertiría en los vencedores efectivos de la temporada en España. Cuentan con la sed de venganza y con el golpe recibido por el Madrid como avales. Ojo, Valencia espera al acecho y a cada día que pasa parece más favorito.



Pero hablemos de justicia poética, esa que está llamada a recompensar en última instancia la virtud y las buenas prácticas. ¿Faltó acaso a su cita con el Real Madrid? ¿Se olvidó del trabajo de todo el año, de lo mucho que este equipo ha hecho por la popularidad del baloncesto y la felicidad de los aficionados? Tal vez sea, simplemente, que no existe, que no hay mayor justicia que la que reparten dos aros y un balón, aunque algunas veces ésta no se ajuste a nuestros parámetros mentales o a lo que Disney nos enseñó que la vida debería ser.



Digno de Disney, de Perrault o Christian Andersen sí que fue el cuento que escribieron día a día las chicas de la Universidad de Salamanca. Siento que el cambio de categoría y género les haya podido generar confusión pero es que no quería terminar esta entrada sin destacar el mérito acumulado por estas chicas y por su cuerpo técnico, encabezado por Manuel Ángel Rodríguez, un entrenador con el que tuve la oportunidad de compartir tiempo, trabajo, métodos y pasión por el baloncesto hace unos meses y del que es preciso valorar su dedicación y atención a los detalles. Esta mañana consumaron el ascenso a Liga Femenina 2, la segunda competición de nuestro baloncesto, ante rivales con estructuras más poderosas y expectativas más altas. Pudieron hacerlo gracias al trabajo diario, porque no racanearon cuando el instinto les pedía un poco menos de intensidad, un poco de alivio para el dolor.



Merecen, sin duda, una oportunidad en Liga 2, que la Universidad ponga todos los medios posibles y valore todas las opciones que hagan viable el proyecto en términos económicos. Una apuesta por el baloncesto es siempre una apuesta ganada, al menos si todavía se cree en los valores que este deporte irradia cuando se juega con la verdad por delante. Y por verdad interpreten todos los sinónimos de lucha y nobleza que les vengan a la cabeza, porque en ellos se reflejaron estas chicas durante las treinta victorias de esta temporada. Enhorabuena. 






UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Hombres de acción





En muy pocas entrevistas de trabajo el encargado de recursos humanos se aleja del guión previsto, del repaso curricular y de la evaluación de competencias. Rara vez, en el transcurso de dicha entrevista, no se expresa o insinúa la pregunta “¿qué sabes hacer?” Vivimos en un mundo de acciones, de comportamientos que conducen a un resultado. Necesitamos causas y consecuencias para respirar hondo y vivir tranquilos en nuestra cosificada realidad. Por esto mismo no es habitual que en el marco de un reencuentro con un viejo amigo éste nos pregunte: “¿en qué estás pensando?”, “¿qué te preocupa?” o “¿en qué lectura ocupas tu tiempo últimamente?” No, el amigo y tú os interesáis por la salud, por el trabajo, por las relaciones, por todas esas magnitudes tangibles que nos permiten calificar la existencia mediante adverbios de modo (bien/mal) o de cantidad (mucho/poco)

La obra que asola mi casa me ha hecho más consciente de todo esto. Los albañiles, fontaneros, pintores, escultores del yeso y artistas del barnizado actúan como autómatas, abren y tapan agujeros con la facilidad con la que lo haría una máquina. Se alimentan de certezas y sobre certezas edifican sus vidas, agendas y también sus obras. Son necesarios y lo saben. Son hombres de acción.

Y hombres de acción necesitan ahora todos los equipos de la NBA implicados en un séptimo partido para pasar de ronda. Hombres como Damian Lillard, autor de una canasta tan genial como achacable a la pasividad defensiva de James Harden, la antítesis de Lillard, un artista venido a menos, un filósofo del basket al que en Oklahoma siguen buscando para que juegue las finales de 2012, la serie contra Miami en la que certificó su salida de la franquicia. A Lillard, en cambio, no hace falte buscarle. Era el chico que se ponía el primero de la fila en la escuela, el primero en tener novia, el primero que saldría disparado a rescatar a un amigo herido. Lillard nació para actuar, es el Hemingway del baloncesto, un Napoleón negro algo más alto que el corso pero con el mismo instinto para la resolución de los conflictos. En pleno homenaje a Jack Ramsay, entrenador recientemente fallecido de aquellos Blazers setenteros que dieron paso a la Blazermania, Lillard rescató de las catacumbas a la franquicia que más tiempo llevaba sin ganar una ronda de playoffs. Lillard, eso sí, bien acompañado por una plantilla corta y, sobre todo, por el cuatro más inspirado de la NBA actual, Lamarcus Aldridge. 

 

Si la cosa va de “cuatros” inspirados es obligatorio hablar de Dirk Nowitzki. El alemán ha recuperado la magia de sus dedos y está dispuesto a eliminar a unos Spurs tan brillantes en el juego colectivo como huérfanos de una estrella que acapare la luz de los focos durante los momentos de presión. El séptimo partido en San Antonio será de infarto y en estos casos es difícil apostar contra el equipo que tiene a Nowitzki, el sexto jugador con mejor promedio anotador en partidos de “win or go home”.

Mr Unreliable, titulaban los diarios de Oklahoma con primer plano de Durant en portada tras el quinto de la serie contra Memphis. Durant respondió al desafío periodístico con 36 puntos y sit a su equipo a un paso de las Semifinales de Conferencia. La suspensión de Randolph y las molestias de Conley en la espalda desequilibran las apuestas. Durant y Westbrook no pueden permitirse otra salida por la trasera. Memphis planteará problemas, pero ganará Oklahoma. 

 

No por una acción, sino por un pensamiento expresado en voz alta y amplificado por los altavoces de la prensa y las redes sociales, empezaron a enturbiarse las aguas de la franquicia de los Clippers. Donald Sterling fue sometido a un sumarísimo juicio por decir lo que pensaba. La lucha contra el racismo se impuso sobre la libertad de expresión en un claro ejemplo de que se nos juzga por nuestras acciones y no por nuestros pensamientos, de que somos lo que hacemos y no lo que pensamos. Donald Sterling llevaba años pensando que los negros son inferiores y apestados. La diferencia es que ahora lo supimos. Su crimen fue el del asesino, al que no se le puede juzgar por planear en su mente el crimen, pero sí tras su ejecución. No se equivoquen, abomino todo lo que huele a racismo, a la farisea superioridad del hombre blanco. Aplaudo las medidas adoptadas y lo tajante de la actitud de Adam Silver, pero no entiendo que este hecho pueda haber afectado al rendimiento de los jugadores de los Clippers. ¿O es que acaso no sabían que jugaban para un tipo apestoso forrado de dinero y con inclinaciones ideológicas de este tipo? No me lo puedo creer, tal vez no se dieron cuenta mientras nadaban en jacuzzis de billetes de cien mil dólares, embriagados por el alcohol que les ofrecía su jefe. Más les vale a los Clippers que dejen el discurso a un lado y se apliquen para ganar a los Warriors. Juegan por la gloria deportiva, por sus miles de aficionados (iba a decir millones, pero son los Clippers) y por el honor. Frente a ellos encontrarán a dos tipos que sólo entienden de lanzar y anotar: Klay Thompson y Stephen Curry. Ya habrá tiempo para llorar.

Llorar, no les quedará otra a los Pacers si no son capaces de hacer valer el factor cancha en el séptimo e inesperado encuentro de su serie contra los Hawks. Conflictos más propios de edades adolescentes han infectado un vestuario que navegaba por aguas calmas hasta febrero. Stephenson, habitual hombre de acción, herido en su orgullo, optó por hablar fuera de la cancha en vez de hacerlo sobre el parqué. Ahora toca ganar un duelo a todo o nada con el aval de la lógica ante la inexperiencia de una modesta plantilla como la de Atlanta a la que es difícil restarle mérito.

En Toronto están como en Portland, esperando como agua de mayo una nueva visita a las Semifinales de Conferencia. Cuentan con un partido en casa para dar la campanada y vencer a unos Nets con más nombre y talonario. En esta eliminatoria tengo el corazón dividido pues aunque la propuesta de Toronto me satisface más, no quisiera perderme el duelo entre Pierce y Lebron en la siguiente ronda.

Se avecinan dos noches maravillosas de baloncesto. Les aseguro que no les costará identificar en ellas, de entre todos los jugadores que se vistan de corto, a las estrellas, a los jugadores seguros de sí mismos, a los hombres de acción. No les defraudarán.

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El lobo y la patita




Al final siempre asoma la patita. No tiene el lobo recursos para esconder su verdadera naturaleza. Se destapó Donald Sterling, dueño de Los Angeles Clippers con unas declaraciones racistas que sólo pueden ser calificadas de indignantes. Respondió con avidez la NBA, un campeonato multirracial al que han hecho grande afroamericanos, caucásicos, asiáticos,... Seres humanos, en definitiva, jugadores de baloncesto, practicantes de esa danza corporal con balón en que se convierte nuestro deporte cuando apuesta por el universalismo de su lenguaje y no por la ignorancia paleta que demostró tener este millonario.



Perdió el Madrid ante Valencia en una gran fiesta del baloncesto en la que venció el equipo mejor preparado, el que dispuso de más tiempo para afinar armas de cara a un duelo que podría repetirse en playoffs. El Valencia es un equipo muy serio y disciplinado. Perasovic ha conseguido fundir en una unidad el talento de sus jugadores. Todos creen en el comandante croata, en su palabra, honradez y currículo. Para el Madrid, por su parte, la derrota es liberadora. El esfuerzo de última hora les permitió salvar el basket average y asegurarse prácticamente el primer puesto de la temporada regular y ahora puede centrarse en el verdadero reto de este año: la Euroliga. Con los récords ya elevados a los anales de la historia toca llenar las vitrinas con copas que hace tiempo no se catan. Parece que fue ayer, pero no es así. La octava tiene solera. Baste apuntar que la estrella de aquel quinteto era Sabonis. Baste constatar que su hijo es ya profesional en Unicaja.



Hago zoom en Salamanca, la ciudad que nunca despierta, este patio de vecinos a gran escala en el que el aire corta por estar podrido de envidias y acusaciones insidiosas. Regresó José Ignacio Hernández al frente del equipo de Rivas a disputar en buena lid la final de la Liga Femenina y la prensa local, esto es, el único periódico escrito con tirada diaria en esta cuna de libertades y altavoz de la diversidad de opiniones que es Salamanca le recibió a pedradas, acusándole de todo menos de adulterio en este artículo de opinión, en esta columna llena de acusaciones difamantes que titularon “Las lágrimas de Cocodrilo de José Ignacio Hernández”.



Estoy seguro de que a José Ignacio le dolieron esas palabras llamadas a enardecer el ambiente y a radicalizar opiniones. A nadie le gusta regresar al hogar y notar que han cambiado la cerradura, la ropa de sitio, las reglas de honor. A nadie le gusta sentirse extranjero en su patria chica, injustamente tratado por los que alguna vez consideró “suyos”.



Una vez más las palabras resultaron estériles. Pudo haber mayor exaltación, pero el balón y las canastas sólo dejan testimonio del trabajo previo, del talento y el compromiso y esta vez testificaron en favor de Rivas, de su joven plantilla y de la buena labor del equipo técnico. Ganaron las ripenses en dos partidos que si bien no fueron brillantes sí que dejaron un justo vencedor. Mi enhorabuena. 





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Crédito renovado





Falleció Tito Vilanova, el hombre que recibió en su ojo el dedo inquisidor de Mourinho, el entrenador que hizo campeón al Barcelona mientras se sometía a un agresivo tratamiento contra el cáncer que se lo ha llevado por delante. Como es habitual la muerte de un hombre ha unido a un mundo, el del fútbol, tradicionalmente enfrascado en batallas tan viscerales como estériles. La tregua durará tanto como el duelo, tanto como tarde en imponerse el olvido.

Y si ésta fue la nota triste de la jornada, si mañana coparán portadas y páginas de diario las necrológicas de Tito, otras esquelas estaban preparadas para certificar la muerte deportiva del proyecto de Pablo Laso. De poco hubieran servido las victorias consecutivas y los trofeos de Copa y Supercopa si hoy el Real Madrid no hubiera ganado a Olympiakos en un partido en el que, como los demás partidos de la serie venían anticipando, el Madrid no pudo desplegar su mejor juego. El triunfo de hoy no fue tanto el de un estilo como el de un proyecto basado en un adecuado diseño de la plantilla y en una química de grupo alimentada cada fin de semana a base de victorias. Los pívots madridistas, tradicional diana de críticas tras las derrotas, cumplieron con creces con el papel secundario que les tiene asignado su entrenador en base al mayor talento de los jugadores de perímetro. Bourousis desplegó su experiencia y Reyes su habilidad para el rebote y su oficio, mientras Slaughter ayudaba en múltiples cuestiones. El rebote, precisamente el rebote, ese arte no siempre justamente valorado, fue la clave.

Porque Spanoulis hizo el mismo daño que en el resto de partidos, pero más en solitario que como director de orquesta. Le defendieron con honestidad Darden y Llull y prefirió Laso que brillara estadísticamente a que hiciera jugar al resto de sus compañeros. Dio el Madrid un plus en todas las facetas gracias al apoyo de un Palacio de los Deportes que presentó una mezcla pintoresca de traje y corbata, sudaderas y camisas sudadas, cámaras de última tecnología y móviles analógicos para actuar como el sexto jugador que tanto habíamos echado de menos en el pasado reciente.

Sexto o tal vez séptimo, si se comprueba que hay dos “Rudys” en la cancha, uno defendiendo al hombre y otro en zona, cortando líneas de pase, ayudando aquí y allá, tratando de taponar cada tiro o penetración para luego salir al contraataque o asolar la zona rival a base de penetraciones que, si las hiciera cualquier otro jugador, calificaríamos como suicidas. El chachismo, filosofía incompatible con los partidos de la más alta tensión, dejó paso al trabajo menos vistoso y al oficio como bandera. Así se ganan los títulos, y aún quedan los más importantes en juego.

Con esta victoria el Real Madrid renueva su crédito y alcanza su segunda Final Four consecutiva. En semifinales, al igual que el año anterior, se verá las caras con el Barcelona. Será, no puede ser de otra manera, una dura batalla que se resolverá por detalles. 



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Los Spurs, última esperanza para la edad adulta





Cada vez estoy más convencido de que la vida es un penoso languidecer en el que vamos desprendiéndonos, pedazo a pedazo, de lo mejor de nosotros mismos. Lo digo porque durante estas semanas estoy llevando a cabo las prácticas del máster de profesor de secundaria y bachillerato y en el hacer y deshacer de los niños y adolescentes he visto tiempos pasados marcados por la libertad, la soberanía, la sinceridad y la imaginación. Sí, los de mi niñez.

Cuando los balones eran herramientas para compartir el juego y la amistad, donde las reglas principios livianos con escaso poder coercitivo y los papeles un cheque en blanco para dibujar o narrar sueños más o menos verosímiles (lo que en realidad daba igual). Ahora, en cambio, cuando camino, cuando alzo la mirada ,y antes de volverla a bajar abochornado, sólo veo papeles destinados a ser rellenados y entregados en múltiples oficinas físicas o electrónicas, balones reconvertidos en instrumentos de negocio para que jueguen con ellos hombres que ya no entienden su sentido lúdico, hombres que sólo entienden de reglas y costumbres, esclavos del sistema, soberanos de nada, mentirosos a medias y torpes hasta para imaginar el nombre de sus futuros hijos.

Sí, ganó Memphis. Y aunque no es el motivo principal de esta amarga letanía me jode. Me jode por lo cicatero de su propuesta, por lo adulto, ya que estamos, de su juego ramplón, al límite siempre de los veinticuatro segundos. No ganarían si propusieran otro estilo, pero es que no deberían ganar nunca si sus rivales, con un poco de criterio, fueran capaces de cortar las estrechas vías de anotación de los de Tennessee (Randolph, Durant y Conley). En fin, no parece que sea el año de Durant más allá de su más que probable galardón como MVP.

Aprovecho este hecho para decir que Memphis y su entrenador -mitad entrenador, mitad contable- representan todos los vicios y virtudes de la propuesta teórica que se nos hace en el marco del Curso de Entrenador Superior de Baloncesto, que ya ha arrancado en su fase on-line, una propuesta que si bien respeta estilos, perfiles y corrientes teóricas (más bien retóricas) de los alumnos, también genera una falsa sensación de cientifismo, un afanoso amarraje al método, a la soga. Todo en el baloncesto se ha profesionalizado. Todo en el baloncesto ha perdido su sentido jocoso. Cuánto daño hicieron los triunfos de Maljkovic, las propuestas de baloncesto control de los grandes gurús del baloncesto universitario (no, tú no John Wooden). Ganaron, cobraron y fueron imitados. Esto es, se impuso el modelo de producción en cadena, el chinismo, y que me perdonen los chinos que no creen en los modos de hacer de su gobierno y de su economía, como forma de vida y de jugar al baloncesto. Ay... los modos de hacer militares que luego llegaron a la empresa, que luego atestaron nuestras vidas.

En el chinismo creía también Popovich, elegido la pasada madrugada como Mejor Entrenador del Año. Dicen los que entienden que se lo arrebató injustamente a Hornacek pues los méritos de éste, al menos durante esta temporada, fueron mayores. Pero claro, negarle a Popovich un tercer galardón para tan excelsa carrera hubiera sido también asunto peliagudo. Y es que la trayectoria de este estadounidense de ascendencia rusa no será eterna y cuanto antes se le reconozcan los méritos mejor.

Ello aunque hayan pasado siete años desde el último anillo de la franquicia tejana, de un equipo que desafió al destino, y a la Warner, utilizando un coyote como mascota, un coyote que tal vez estuviera simbolizando al propio Popovich, heredero de Larry Brown y de su escuela inspirada en Dean Smith que tiene como primitivo eslabón, si seguimos retrotrayéndonos al pasado, al propio creador del baloncesto. Sirva la fábula episódica del Coyote y el Correcaminos para simbolizar a un Popovich que siempre marchó, cuadrado y uniformado, en la retaguardia de la innovación. Hasta hace unos años. Ahora, desprendido de viejas ataduras, dominador absoluto de los vericuetos de este deporte, Popovich ha dejado de liderar a los jugadores y a los grupos con mano de hierro para hacerlo con la más efectiva técnica del embauque y la conquista. Sigue siendo el primero que entra y el último que se va, pero ahora, además, disfruta cada día. Y se nota.

Un triple de Ray Allen enturbió el magnífico trabajo realizado durante la temporada anterior por los jugadores y cuerpo técnico de los Spurs. Por ello, este año los de blanco y negro, los de los tonos grises sólo en la camiseta se han ganado ser mi apuesta personal, el dardo que lanzo con el corazón para que se redondee al fin la carrera de todos esos locos enamorados del baloncesto que fueron a juntarse en el valle del río San Antonio. Por Ginobili, Duncan, Parker y Pops, por una nueva oportunidad para este mundo adulto que tanto aborrezco, especialmente cuando lo contrasto con el de los niños. 


P.D. El entrevistador habitual de Popovich en la TNT, Craig Sagger, está siendo sometido a un agresivo tratamiento contra la leucemia. Sólo puedo desearle lo mejor. 

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Lección 1. Anclajes contra la presión





Empezaron los playoffs y casi no me doy ni cuenta. Las fechas antes señaladas ahora pasan desapercibidas entre asuntos de una u otra prioridad. El deporte televisado, que bien da de comer a quienes lo protagonizan, no hace más que menguar capitales, tiempo y relaciones de pareja entre quienes lo disfrutamos en la sombra. Ni siquiera twitter ha convertido en social una actividad tan onanística como ver NBA. Porque el fútbol, por los horarios en que se emite y por las pasiones compartidas a las que da lugar (con cada vez mayor seguimiento femenino), sí puede presumir de una componente social más o menos exacerbada. Pero créanme, es difícil reunir a la pandilla de amigos o convencer a tu pareja para ver un partido a altas horas de la madrugada. Aunque sea de playoffs.

Toda una pérdida. Hay pocas escuelas de vida que muestren de manera tan clara y cruda la naturaleza humana como lo hace un partido de playoffs. Anoche mismo se comprobó, aunque haya tenido que esperar a hoy para conocerlo. Los Hawks dieron la campanada ante unos Pacers que, o se miran al espejo y se aplican crema correctora, o languidecerán a lo largo de esta primavera hasta caer tarde o temprano dejando vacante una plaza en la final que por plantilla y justicia habrían merecido. Creo que ha llegado el momento de que Larry Bird se dirija al vestuario de sus Pacers, construidos con buen gusto y afinado criterio, para compartir con ellos alguno de los secretos que convierten a los buenos equipos en equipos campeones.

Perdieron también los Clippers, con una discutible gestión desde el banquillo y con dos fallos decisivos en los tiros libres de Chris Paul. Al pequeño base jugón se le apagó la luz en el momento culminante. Lo mismo le sucedió a Curry, pero éste contó con mayor colaboración por parte de los compañeros. Destacaron Draymond Green y Harrison Barnes. El primero, por hacer lo que lleva haciendo desde que nació: ser un profesional. El segundo, por hacer lo que muchos pensamos que puede llegar a hacer y aún no ha hecho: anotar bajo presión y ser un referente dentro de la liga.

Vencieron los Thunder a unos Grizzlies que juegan a ritmo de “Último Cuplé”, o si no al ritmo, sí, al menos, al mismo baloncesto que se practicaba cuando Sara Montiel era joven. Los Thunder no me convencen, son previsibles y están cogidos con alfileres. No tienen los tiradores para facilitarle la vida a Durant cuando los equipos rivales decidan doblarle la defensa. No tienen el talento interior suficiente como para alcanzar un sano equilibrio que libere a Westbrook y al ya mencionado Durant.

Dejo para el final lo del principio, es decir, lo que sucedió en el primer partido de la postemporada. Perdió Toronto dejando clara su bisoñez al compás de los acordes tristes del Oh Canadá. La hoja de arce lució marchita y se postró bajo los pies de uno de los tipos que más me han hecho disfrutar viendo baloncesto. Sigue llevando el “34” a la espalda, aunque ahora viste de negro como señal de luto hacia sus rivales. Respeto, eso sí, sólo para vestir. La boca le pierde, pero no miente. Dice lo que piensa y dice, como bien reza su apodo, “la verdad”. “Me trajeron aquí para esto” decía tras aniquilar a los Raptors con una serie de cuatro tiros sin fallo en las postrimerías del encuentro. Quizá un alarde excesivo. Quizá, tal vez, sólo un anclaje necesario para soportar esa presión que a tantos dejó por el camino.



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Profundizando en el arte del "selfie"



Calculo que más de ciento cincuenta entrenadores nos daremos cita durante el próximo mes de julio en Zaragoza para la realización de la fase presencial del Curso Superior de Entrenador de Baloncesto. La aritmética no miente y nos dice que, en un momento en el que las subvenciones al deporte de formación son cada vez menores, cuando ni siquiera clubes de gran tradición son capaces de sobrevivir a estos tiempos tumultuosos sin padecer graves penurias o desaparecer, nosotros, los matriculados en esta empresa, empeñados en transitar siempre por la senda más pedregosa, hemos decidido alejar aún más las curvas de la oferta y la demanda de empleo para facilitar que la mano invisible acabe por derruir los salarios.

Por esta razón, los tutores del curso nos han invitado (bueno, es una tarea obligatoria, pero también una invitación) a realizar un vídeo en el que nos presentemos ante un hipotético director deportivo exponiendo nuestras credenciales, aptitudes o competencias tratando de diferenciarnos de esa enorme masa que se agolpa ante las oficinas de los servicios de empleo, demostrando que tal vez podamos ofrecer un plus de talento, creatividad o jerarquía para que cuenten con nosotros.

Pues bien, gracias a la indispensable colaboración de mi hermano Fernando y después de elaborar un discurso casi epopéyico me situé delante de la cámara, respiré hondo, escuché acción y desplegué todas mis facultades para el arte dramático.

Os pediría un esfuerzo de comprensión, pero sé que será en vano.



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Adiós a un imprescindible


http://www.jordanypippen.com/index.php/masbasket/opinion/item/3184-esta-web-sigue-abierta



Tengo el pasillo de casa ocupado por cubos, restos de hormigón y escayola, taladros y cajas de herramientas. Sí, lo habéis adivinado, estamos en obras o lo que es lo mismo, en un estado de provisionalidad absoluta, de cambio de hábitos y adaptación continua. Pues bien, estar en obras me ha dado que pensar y en esos obreros he visto la necesidad de acabar con los clichés y valorar cada profesión por el valor que realmente aporta.

Mario Vargas Llosa introduce en cada discurso de agradecimiento por los premios que recibe una oda a su santa esposa, palabras de loa y pleitesía para quien con su amor e infinita paciencia le libra de cuantas arduas tareas requiere esta vida contemporánea plagada de burocracia e inconvenientes, de papeleo que, dicen los que saben, nos hace más libres e iguales a cambio de robarnos horas de sueño, la paciencia en cada cola o acceso a una plataforma virtual y la vista al tratar de desentrañar las múltiples cláusulas y condiciones que pretenden pasar desapercibidas.

En fin, lo que quiero decir es que en este mundo maravilloso hacen falta por igual el obrero, el secretario o el banquero, aunque algunos puestos, por la necesidad surgida o impuesta, por los costes de oportunidad previamente asumidos, por el desigual reparto divino de talentos y oportunidades o, en definitiva, por la ley de la oferta y la demanda, hayan resultado beneficiados en esta estructura desigual en la que vivimos. En definitiva, Botín sería incapaz de alicatar su cuarto de baño, del mismo modo en el que el albañil resultaría incompetente para atesorar la fortuna del eminente cántabro. Es decir, todo funciona.

Todo, por desgracia, menos la lectura, antiguo don preciado, preciado por reservado o reservado por preciado, como prefieran, y ahora devaluado por lo elocuente de la imagen y lo placentero de otros vicios más dionisiacos. Siendo cierto que el conocimiento ya no reposa únicamente en aquellos viejos libros que con su gordura y trapío aspiraban a derrumbar estanterías, siendo cierto que hay más inteligencias que la lógico-lingüística, reclamo de manera interesada y al mismo tiempo generosa, el regreso a la lecto-escritura en cuanto que forma elemental de comunicación entre humanos con más de cinco mil años de historia. Pocos, quizá, en comparación con la longevidad del planeta. Muchos, todos, en la escala de la civilización.

Pues bien, una persona que debería resultar imprescindible por su tenacidad y osadía y por la pasión con la que se enfrenta a los múltiples retos que él mismo se impone, Juan Pedro Núñez, anunció el pasado domingo que abandona por motivos personales y falta de tiempo la administración de www.jordanypippen.com una web en la que he colaborado con sumo gusto a lo largo de prácticamente tres años y que ahora, desprovista de capitán, navega sin rumbo a la búsqueda de un nuevo editor, cuyo perfil, si pretende aproximarse al del cesante, debería incluir como imprescindibles cualidades relacionadas con el liderazgo, la ambición, el don de gentes y un optimismo mitad enfermizo mitad vehemente. De lo contrario, sobrevivir en un ciberespacio sobredimensionado, sin filtros de calidad y proteccionista de lo propio por ser propio (periodístico, es decir, periodístico de carrera) y no necesariamente bueno, será imposible.

Aun así, a pesar del pavor a la lectura, del celo con el que los periodistas deportivos acotan su espacio vital y de lo difícil que es hacerse un hueco en un espacio tan saturado como el de las webs y blogs de baloncesto www.jordanypippen.com ha gozado durante todos estos años de un considerable respaldo y cuenta, lo sé de primera mano, con un equipo humano generoso y amante del baloncesto. Sólo así se explica que puntualmente la web introdujera nuevos contenidos y secciones siempre con buen gusto y máximo respeto. También, claro, por la presencia de un Juan Pedro al que echaremos de menos y al que trataremos de suplir con dobles dosis de pasión desinteresada por un deporte que nos gusta contar pues genera en nosotros una necesidad expresiva, una pulsión inconsciente que nos empuja a escribir sobre esa vida enmarcada en 28x15 metros y que dura apenas cuarenta minutos.

Gracias Juan Pedro por estos años al frente de la nave y por tu amistad. No dejaremos caer tu empresa en el olvido. Te dedico este vídeo en el que aparecen dos de tus jugadores favoritos y que seguro has visto muchas veces.



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Próxima estación Zaragoza





Apenas soy capaz de recordar la última vez que me senté frente a este escritorio a escribir unas cuantas letras por placer. Cada día comprendo mejor que la vida es una elección continua alimentada por múltiples renuncias. Los días son cortos y las expectativas a cubrir altas. Numerosas facetas me interesan, pero a pocas puedo destinarles el tiempo y la atención que merecen. La agenda dibuja caminos no siempre queridos, caminos a menudo yermos que nos absorben a cambio de la promesa de un destino que, cuando está a punto de cumplirse, se desvanece. Pues bien, después de un marzo en el que esta bitácora permaneció instalada en un obligado silencio, he decidido recuperar el contacto con vosotros para comunicaros el próximo reto que se dibuja en mi horizonte, el Curso de Entrenador de Superior de Baloncesto que ya he comenzado en su fase no presencial.

En un tiempo en el que la información fluye por el ciberespacio, la presencia de estos cursos, pautados y regulados por una instancia superior, parece sugerir una necesidad de homologación y estandarización de la calidad que choca con los fundamentos del libre mercado. La FEB, además del consabido negocio, pretende uniformar la educación del futuro entrenador, dudando, tal vez, de la aptitud de los directores deportivos para rodearse de profesionales competentes. Así, a través de los títulos, aunque su valor a causa de la masificación caiga año a año en picado, se consigue una primera clasificación del talento, bueno, del talento, la constancia y la cantidad de sacrificios que uno está dispuesto a realizar por materializar un sueño.

Una clasificación y, como adelantaba, una estandarización. Entiendo que todo entrenador debe saber algo de psicología, dirección de grupos, sociología del deporte, teoría del entrenamiento, fisiología del ejercicio, biomecánica básica o gestión deportiva. Es lógico, forma parte de un currículo exigible a toda persona que se pone al cargo de una comunidad humana dedicada en exclusiva o de forma parcial al deporte. ¿Pero por qué todos lo mismo? ¿Existe una única manera de gestionar una entidad? ¿Acaso hay una lista incuestionable de principios psicológicos de validez universal? Es necesario reflexionar al respecto y es justo lo que espero de este curso. Si por el contrario, lo que recibo son axiomas, seré el primero en cuestionar esta concepción.

Sin lugar a dudas, donde más esperanzas tengo depositadas es en la fase presencial, la que se celebrará en Zaragoza durante el próximo mes de julio. Allí, además de observar in situ a alguno de los más prestigiosos entrenadores del país, aspiro a poder compartir numerosas experiencias con los compañeros, largas madrugadas de estudio y estrés a las que estudiantes de ediciones anteriores ya me han puesto sobre aviso. Resistiré. Es más, las disfrutaré.

Espero volver a encontrar espacios físico-temporales para mantener un contacto más asiduo con vosotros. La escritura en este blog siempre me ayudó a evadirme de esa vida cotidiana que aborrecemos tanto como necesitamos, así que os cito, y con esto fijo un compromiso, a que nos veamos pronto.

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Disfrázate de ti mismo





Carnaval, carnaval, carnaval te quiero, bailaremos sin parar en el mundo entero. Espero que me perdonéis por empezar esta entrada citando las enseñanzas de ese maestro de maestros que es Georgie Dann. Detrás de sus letras se esconde una filosofía “guatequera” tan vieja como el hombre, una filosofía que, a través de la práctica deliberada, que no siempre consciente, ha alcanzado rango de uso social. Es curioso (en realidad no), tiene el ser humano la virtud de heredar del pasado sólo aquellas tradiciones que le provocan placer inmediato olvidándose, por el contrario, de aquellas otras que le causan desazón y malestar. Merece la pena recordar que, aunque de origen pagano, las saturnales romanas, el carnaval nace, como tal, de la mano del cristianismo como una especie de “vacatio” previa a ese período de abstinencia y renuncia que es, por definición, la cuaresma, ese lapso de cuarenta días que el común se pasa anticipando mentalmente las vacaciones de Semana Santa, mientras las mujeres de negro de los pueblos se devanan los sesos planificando recetas carentes de toda mácula (carne o pescado) para los días de ayuno.



Después de este apunte pseudohistórico me gustaría cambiar de tema sin desviarme del todo de ese nexo de unión que durante estos días será el carnaval. Y es que en este sábado de máscaras y suplantaciones algunos tuvimos la suerte de disfrutar con la presencia, en Santa Marta, de alguno de los mayores expertos en coaching deportivo. Beatriz Sánchez Torrecilla, psicóloga y fundadora de “Kiss Your Frog”, Manuel Martínez Mántaras, experto en coaching, y Jorge Sariego, entrenador de porteros en el Sporting de Gijón, dedicaron su esfuerzo a hacernos reflexionar sobre esa gran desconocida que es, para nosotros, nuestra propia mente.



El seminario, como toda obra bien hecha, se gestó al inicio del otoño gracias a la iniciativa de Pedro, coordinador deportivo del ClubBaloncesto Santa Marta quien, consciente de la importancia de la faceta mental en el entrenamiento, se puso en contacto con los organizadores para ofrecer un producto de calidad no sólo a los técnicos del club, sino a cuantos estuvieran dispuestos a invertir su tiempo en reflexionar sobre sus métodos, sus capacidades de liderazgo y, en definitiva, sobre sí mismos.



Yo, claro, no sólo por el vínculo emocional y personal que me une al club, sino también por continuar en ese proceso continuo de cuestionamiento, tuve la suerte de participar. Eso sí, lo confieso, siempre que asisto a un taller de este tipo acudo con las mismas reservas y precauciones con las que observo una obra de arte abstracto. A veces hasta me estremezco ante el aluvión de palabras clave y frases cortas sobre las que articulan los discursos estos maestros del asesoramiento y la tutoría personalizadas.



Sin embargo, he de reconocer, y no me cuesta, que disfruté mucho con la performance de Manuel, Jorge y Beatriz. Y digo performance porque lo que ofrecieron no fue una ponencia, una charla o una simple lección. Es más, dijeron más con su actitud que con sus palabras y sólo así se puede explicar que durante siete horas de mi vida apenas perdiera la atención durante unos pocos segundos. A partir de sus experiencias y también, a raíz de lo mucho visto y vivido en numerosos cursos y talleres, supieron ofrecer una dinámica amena y atractiva que además, como bien nos recordaron, pretende dejar poso, hacernos pensar, sacarnos de esa región de confort que muchas veces se construye en torno a la negación como frontera o límite de un talento, el de cualquiera, que va mucho más allá del que habitualmente mostramos.



Soy consciente de que el alejamiento que otras obligaciones me impusieron respecto de las canchas me ayuda a mostrarme abierto hacia la innovación y la adopción de nuevas dinámicas y rutinas en el entrenamiento deportivo y también, por qué no, en la agenda de mi vida. Otros técnicos que siguen luchando día a día contra la realidad social e individual de muchos jóvenes no se muestran tan optimistas sobre la capacidad del ser humano para brillar y hacer brillar en el contexto de una actividad deportiva. Es lógico, el mismo polvo del camino nos ciega y niega cualquier perspectiva. Sin embargo, yo, desde la distancia, soy partidario de incorporar cambios en nuestros códigos de comunicación con los chavales, en las propuestas de entrenamiento y estilos de dirección. Haciendo lo que se viene haciendo ya sabemos hasta dónde podemos llegar y, además, la experiencia nos dice que las generaciones, sus intereses y motivaciones, cambian mucho más rápido que nuestros métodos y formas de comunicar por lo que los resultados, no sólo los deportivos, sino también los formativos, son cada vez peores.



Por esto mismo, a modo de juez de paz medieval, me atrevo a afirmar que en este siglo XXI no caben ayunos eclesiásticos ni orgías carnavalescas. Toca deshacernos del pasado y para ello es imprescindible retirar cualquier tipo de máscara o velo que nos impida divisarnos a nosotros mismos. En el trato con los jóvenes no podemos ser ni mujeres de negro cocinando potaje ni hedonistas suplantadores de personalidades múltiples. Al menos no todos los días. Es el momento, en cambio, de aceptarnos con nuestro traje diario, sacarle lustre y disfrutar de él para, así, hacer disfrutar a los demás con nuestra presencia y generar entornos propicios para el aprendizaje, la formación integral y el éxito vital, sea cual sea la forma que éste adopte en cada caso. 





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS