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En el principio fue el pase





Uno de los episodios que más me impactaron durante mi estancia en Zaragoza a propósito del Curso Superior de Entrenador de baloncesto, fue la charla que nos ofreció Moncho Monsalve acerca de nuestra pasión compartida. En un momento dado, con el auditorio invadido por un respetuoso silencio, el mítico entrenador medinense (de quien les escribe es paisano) se desmarcó con la siguiente afirmación: de todos los fundamentos que hay que enseñar para jugar al baloncesto, el más importante es el PASE.

Bueno, al final hay que meterla, ya saben. De lo contrario la circulación de balón y el pase no lucirían igual; sería algo así como estar en posesión de una fórmula milagrosa para la que hace falta un ingrediente que no existe. Pero sí, en esencia estoy de acuerdo con Moncho. El pase hace a los equipos felices y compactos, contribuye a la identificación del objetivo común y refuerza los vínculos entre los miembros del equipo. Quiso el profesor Naismith que jugaran diez y solo hubiera un balón. Parece obvio que buscaba que se compartiera.

Y aún hay más. El pase es la mejor herramienta para atacar. Todos los entrenadores exigimos de los defensores que se desplacen rápidamente en función de su posición relativa respecto de la esfera, pero claro, hacerlo de manera armoniosa, manteniendo continuamente la visión del jugador y la pelota como vértice más cercano al aro de un triángulo que se amplía o disminuye en función de la posición del balón, es una tarea que se complica cuando la circulación de dicho balón por parte del equipo contrario es rápida e inteligente. Si la pelota viaja de un lado a otro con velocidad es muy posible que la defensa no pueda realizar los ajustes necesarios en el tiempo indicado y con la coreografía precisa.

Eso lo saben bien en San Antonio Spurs, donde tras caer derrotados por Phoenix Suns en las semifinales de conferencia de 2010 decidieron abordar una renovación de su estilo de juego, acelerando el tempo y utilizando a los jugadores interiores como distribuidores de la pelota en zonas alejadas del aro ganando, así, además, un precioso espacio para atacar la zona con penetraciones, cortes y puertas atrás. Así, tras años construyendo la base de esta nueva filosofía, los Spurs son ahora, en abril de 2015, el mejor equipo de la competición –con independencia de lo que digan los números– y los máximos favoritos para revalidar, y conseguir por primera vez en su historia dos anillos consecutivos, el título de la NBA.

Lógicamente, para desplegar el juego que ofrece San Antonio, hacen falta amplias nociones de baloncesto, un alto “basketball IQ” por parte de los jugadores y numerosas horas de entrenamiento para memorizar los movimientos a realizar con y sin balón. Todo ello es importante, no cabe duda, pero los entrenadores no debemos olvidar que todo empieza con un amplio dominio del fundamento del pase tanto en lo que se refiere a su ejecución como a la toma de decisiones acerca del tipo de pase a utilizar en función de la situación de juego. Es importante que el jugador domine todas las suertes del pase, que las ejecute en su debida forma, pero también que de entre el abanico elija la opción más apropiada.

Por lo tanto, entrenadores, estamos condenados a no dejar nada al azar, a trabajar todos los tipos de pase, yendo más allá del, en muchas ocasiones, poco funcional pase de pecho. Y no solo eso, estamos obligados a enseñar a nuestros jugadores, si ellos no lo descubren antes, (que con los buenos jugadores es lo que suele pasar) qué tipo de pase es más apropiado para según qué situación, amén de a exigir rigor en cada ejecución. No permitamos más “lazy passes” (pases despreocupados) en los ejercicios, aunque busquen otro objetivo; no renunciemos a perseguir obsesivamente el detalle, aunque muchas veces sepamos que no hallaremos nada al final del camino, pues el camino es la propia persecución.

Como ayuda para los entrenadores y como mero, que no vano, disfrute de los espectadores, empecé a visualizar y a preparar el vídeo que os presento a continuación y que persigue el afán de categorizar los tipos de pase y las opciones que ofrece cada uno dentro del juego posicional (no echen de menos, por lo tanto, los pases en transición). Para ello, tuve la suerte de ver de nuevo los cinco partidos de las finales del año pasado y, para que la recogida de cortes fuera mayor, también me serví de alguno de los partidos de la reciente racha de victorias que los Spurs aún mantienen viva (nueve en estos momentos). No se trata de una catalogación exhaustiva, (echarán de menos el pase picado por espalda y algún otro) pues aunque las fijé a priori, luego tuve que adaptarlas al material con el que contaba, ni tampoco se abarcan todas las posibilidades de cada tipo de pase por este mismo motivo. Aun así, creo que contiene un buen resumen de los pases que tenemos que enseñar y de la toma de decisiones que ha de acompañar a su ejecución. En fin, mejor que hable San Antonio por mí. 



Espero que lo disfruten. Muchas gracias y


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Desmontando el clutch time (III)




Finalizo con esta, la serie de tres entradas en las que he compartido con ustedes el contenido del proyecto de investigación a propósito del Curso de Entrenador Superior de Baloncesto. Si llega a esta entrada sin haber leído las anteriores, no puedo otra cosa que aconsejarle su lectura, no solo como una puesta en antecedentes, sino como un necesario ejercicio para la comprensión de lo que aquí se pretende explicar.


Como bien recordarán, nos restaba conocer el análisis sobre los tres últimos puntos de discusión de los seis en torno a los que hice girar el análisis de las jugadas decisivas de finales igualados de partido.

4. Diseño táctico. Como premisa y en base a nuestra experiencia como espectadores, habíamos introducido la creencia de que tanto el bloqueo directo central como el aclarado serían los dos modelos de jugada más utilizados. Para confirmar esta hipótesis vamos a intentar analizar, a partir de un gráfico bastante elocuente de por sí, si ambas alternativas, las del aclarado y el bloqueo directo central, son, además de las más empleadas, las más adecuadas en función de su rendimiento recordando, nuevamente, y no está de más hacerlo, lo limitado de la muestra en términos cuantitativos.


Desde luego, a la vista de los datos, el bloqueo central no demostró el porqué de su preeminencia al mostrarse vulgar en términos de eficacia. Sólo en 31 de cada 100 posesiones sería exitoso extrapolando los datos de la muestra. ¿Por qué? En mi opinión, solo una más, porque es una jugada que todos los equipos entrenan mucho y contra la que las defensas se hallan, por esto mismo, muy bien preparadas. Quizá, sin desechar por esto la fórmula, parece necesario dotarla de nuevos aditivos y, por ejemplo, tal y como se muestra en la fotografía, la opción de los bloqueos consecutivos puede resultar una buena alternativa.



El aclarado exterior sí enseña, en cambio, una estadística de éxito notable. En una de cada dos jugadas estudiadas en las que se practicó esta opción, el resultado fue favorable. Esto demuestra que en una liga dotada de tanto talento la apuesta por este no es una negligencia ni una dejación de responsabilidades. Es más, unida a la estadística tratada en el punto anterior que concedía el favor de la lógica a la decisión de confiarlo todo a la estrella, se demuestra que muchas veces la toma de decisiones es tan simple como concederle una buena opción de atacar el uno contra uno a tu mejor jugador. Eso sí,  hay diferentes fórmulas para que ello funcione.


Lo cierto es que, eso sí, con un número de sucesos estudiados muy limitado, las mejores opciones pasaron por el desarrollo de dibujos tácticos clásicos como el corte de UCLA o el juego de puertas atrás y cortes perfeccionado por Pete Carrill en la universidad de Princeton. No sorprende que los equipos que plantearan estas opciones fueran San Antonio, Minnessota y Chicago, escuadras entrenadas por técnicos clásicos como Gregg Popovich, Rick Adelman o Tom Thibodeau, algo más joven (57 años), pero embebido de las mismas fuentes.



En siguiente lugar resaltar la escasa utilización del balón interior como arma ofensiva en los minutos finales, algo para lo que no hacía falta estadística alguna, pues resulta un denominador común tanto en la NBA como, también, en la ACB. Los motivos para descartar esta opción pueden ser muchos, pero sin duda, si me tuviera que quedar con uno, este pasaría por el escaso rédito en forma de faltas que se cobran los contactos en la pintura, más aún, si cabe, en el desenlace de los partidos, cuando por lo general los árbitros tienden a señalar como faltas, únicamente, acciones muy ostensibles.


Igual sucede, y ya concluyo, con el dibujo de carretores o “staggers” para la salida de buenos tiradores, quizá relegados a un papel marginal por concebirse como estructuras demasiado complejas para momentos tan culminantes de un choque.

5. Número de pases por jugada. Sobre la elección de este punto de discusión siempre tuve dudas, lo reconozco. ¿Por qué? Pues porque en muchas ocasiones el número de pases no es una elección apriorística, sino una consecuencia del devenir de la propia jugada. Si doblan la defensa sobre el jugador con balón lo lógico es que doble un pase cuando a lo mejor no estaba previsto. Igualmente sucederá si le saltan a una ayuda con la que no contábamos y en la que lo más sensato se vuelve compartir el balón. Pero si decidí mantenerla es porque la estadística de los Spurs los confirmaba como el equipo más devoto de la religión del pase extra y la circulación de balón. En cinco de las seis jugadas estudiadas del equipo tejano hay, al menos, un pase añadido al de puesta en juego del balón. En dos de ellas, la cifra fue de tres o superior. Y sí, del mismo modo que fueron campeones de la NBA, también resultaron ser el equipo más exitoso en el clutch time (anotaron o sacaron falta en todas las ocasiones).


Aun así, tal y como demuestra el siguiente gráfico, la apuesta generalizada de los entrenadores fue la de poner el balón en juego, dejar correr el tiempo y atacar el uno contra uno o el bloqueo directo desde bote y sin previa circulación del balón. Muchas veces, además, se asumieron malos tiros a pesar de contar con compañeros abiertos, por lo que, tal vez, exista como trasfondo, más allá de la propia toma de decisiones, una filosofía, una manera de entender el baloncesto.



Siendo fácil de asumir que el hecho de no pasar el balón reduce casi al mínimo las opciones de perderlo, conviene recordar, lo que también es sencillo de entender, que la tarea defensiva se vuelve más amable si el móvil típico del baloncesto, el balón, permanece estático en las manos de un único jugador. No sorprende, por tanto, que la estadística refleje que aquellas jugadas en las que el balón no viaja en ningún momento por el aire sean las que presenten un menor porcentaje de éxito.


6. El marcador como elemento de presión añadida. Es curioso, lo que para el resto de mortales parecería una obviedad se demuestra equivocado puesto en consideración con los mejores jugadores del mundo. ¿O acaso no parece lógico pensar que un marcador desfavorable pudiera pesar más en la mente del jugador que otro que supusiera que el eventual fallo no fuera determinante? Esto es, mi hipótesis preconcebida se basó en la creencia de que el porcentaje de éxito sería menor en el caso de resultados desfavorables (-1,-2) que ante marcadores empatados siguiendo esta lógica tan, a priori, humana. Pero me equivocaba.


La gráfica, y los datos, refutan la hipótesis, pero, aun así, me gustaría explorar, quizá en una ulterior investigación, lo que dirían tomando una muestra mayor de casos. Aun así, la mera invalidación de la hipótesis es una aportación de interés, principalmente para los equipos que deben optar entre defender o hacer falta, situación que se plantea en determinados casos y ante eventuales circunstancias. Aunque lo cierto sea que, por pura estadística, se falla siempre algo más de lo que se acierta (aun siendo la NBA), dándole la razón a aquellos que, como yo, optan siempre por defender.

Para terminar, ahora sí, introducir el producto audiovisual de este proceso, este vídeo de 46 minutos en el que analizo las jugadas de los ocho equipos que han sido objeto de la investigación y en la que apunto tanto aspectos de técnica individual, como cuestiones más de táctica colectiva. Se trata, en cualquier caso, de tomar nota para progresar como entrenadores. Se trata de que acertando en nuestra toma de decisiones podamos sacar adelante más partidos igualados pues éstos, dada su alta frecuencia, son los que pueden determinar el éxito de una temporada y nuestra supervivencia laboral. En mi canal de youtube, por si os resulta difícil rescatar tres cuartos de hora de vuestra agenda, he subido también los vídeos equipo por equipo. Fue un placer.





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Desmontando el clutch time (II)





Una vez presentadas, en la anterior entrada, (que te aconsejo leer para poder seguir esta) las claves del trabajo de investigación que he llevado a cabo a propósito del Curso de Entrenador Superior deBaloncesto, hoy pretendo haceros llegar las conclusiones alcanzadas no sin olvidar, quede esto claro, la provisionalidad de las mismas en atención al limitado tamaño de la muestra.

Si lo recuerdan, con el objetivo de estructurar la información, generé seis categorías de análisis que vendrían a corresponder con seis elementos determinantes, a priori, en el resultado final de una jugada ofensiva en el contexto, acotado de cara a la investigación, del clutch time. Hoy me ocuparé de las tres primeras variables.

1. Estructura de quinteto. los diferentes entrenadores apostaron por un quinteto clásico integrado por un base, dos jugadores exteriores y dos jugadores interiores; un quinteto con cuatro pequeños con un alero haciendo de “falso 4”; un quinteto con cinco exteriores que bien podría ser definido como “small ball” y un quinteto con doble base (más un alero y dos interiores). Veamos gráficamente en qué proporción se utilizó cada una de estas estructuras.



La mayor utilización de un quinteto clásico contrasta con la mayor eficacia demostrada, al menos sobre la muestra, de las opciones de quinteto con doble base o con cuatro pequeños. Nos lo enseña el siguiente gráfico.


Las ventajas de presentar un quinteto clásico con dos jugadores interiores son evidentes. Por un lado se gana presencia en el rebote ofensivo y, por otra, se mejora en la calidad de los bloqueos directos e indirectos (incluso en las pantallas para facilitar penetraciones). Sensu contrario, las desventajas también van a ser notorias y éstas van a tener que ver con el spacing y con la reducción, a priori, de las amenazas de tiro exterior. En el siguiente fotograma se observa tanto la posición favorable de Taj Gibson (número 22 de Chicago Bulls) para el rebote ofensivo como la aglomeración de jugadores que se provoca como respuesta a la penetración de DJ Augustin.


Como si se tratara de un negativo del anterior fotograma, un esquema con cuatro jugadores exteriores y una sola referencia interior convierte, automáticamente, las ventajas de la estructura anterior en deficiencias, y viceversa. Es decir, a la pérdida de poder reboteador se opone la mayor amenaza de tiro exterior y a ello se le une la existencia de más y más anchos canales de penetración. El siguiente fotograma es suficientemente expresivo de todo lo anteriormente mencionado. En él podemos observar cómo la pintura está vacía de defensores, cuyas ayudas habrán de ser necesariamente largas tanto para frenar una posible penetración como para poner un cuerpo delante de la propia continuación del bloqueo.


Los quintetos con doble base, tan exitosos a la vista de los resultados de la investigación, buscan, a priori, maximizar la presencia de talento en cancha. Muchos equipos sacrifican la presencia de su tres, muchas veces un jugador rocoso especialista en la defensa y el rebote y sitúan en pista a un jugador con mejores y más variadas armas ofensivas. Como ya lo apuntamos anteriormente, fue situación habitual en los Cleveland Cavaliers con Jack e Irving, pero también otros equipos probaron alguna vez con esta fórmula (Chicago con Hinrich/Rose, Minnessota con Ricky/Barea, etc.).


En cualquier caso, por lo que se refiere, al menos, a la elección de la estructura de quinteto todo se reduce a una toma de decisiones en la que ninguna de ellas es perfecta. Entrarán en juego elementos como la filosofía de los entrenadores, las situaciones concretas de partido, los retos planteados por el oponente y, por supuesto, como veníamos apuntando, las características intrínsecas de la propia plantilla. Y es que, de alguna manera y dado que nada puede garantizar el éxito, quizá lo mejor sea confiarse a una decisión con la que cada entrenador pueda permitirse convivir en el futuro, sea cual sea el desenlace.


2. Pedir o no pedir tiempo muerto. Los datos obtenidos para el trabajo vienen a indicar que muy pocos entrenadores se atreven a renunciar a esta opción reglamentaria. Ayuda para que la diferencia sea tan contundente, como vemos en la ilustración, la propia normativa de la NBA, al habilitar a los entrenadores para solicitar tiempo muerto con el balón vivo. Así, si determinadas jugadas no transcurren por los derroteros previstos aún queda esta última opción para reestructurar la acción ofensiva y calmar los nervios. A todo ello hay que unir el hecho de que la petición de tiempo muerto durante los dos últimos minutos de partido permite trasladar el balón a la cancha delantera.


Cabría suponer que todas estos beneficios que concede el reglamento, unidos al tiempo que pueden emplear los entrenadores para sacar de entre el libro táctico la mejor opción anotadora, tendrían que aportar resultados abrumadores a favor de la opción de pedir tiempo muerto. Sin embargo, sin dejar de incidir, de nuevo, en lo escaso de la muestra, los datos resultan sorprendentes. Es cierto, sólo ocho jugadas de las analizadas se disputaron sin tiempo muerto previo, pero cuatro de ellas finalizaron con éxito, un 50% que se sitúa por encima del 46,3% que obtuvieron las que se ejecutaron tras un “timeout”.


Sin embargo, a pesar de lo que digan los datos de esta modesta investigación, o de aquella elección de Phil Jackson en un momento de presión extrema, (sexto partido de las finales de la NBA ante la amenaza de un séptimo y decisivo encuentro en el siempre complicado feudo de los Utah Jazz) e incluso contemplando el hecho de que el tiempo muerto lo es también para el equipo rival, creo que es importante, por mucho que se intenten recrear situaciones de este tipo en los entrenamientos, hacer una puesta en común y determinar qué es lo que todos, como equipo, vamos a hacer. Creo que es la elección más sensata y la que deja menores residuos en la conciencia. Es, también, la mía.


3. La asunción de responsabilidad por parte de la estrella. No hay liga dentro del baloncesto profesional donde se conozcan tan bien los roles de los jugadores dentro del equipo como la NBA. Los minutos de cada jugador e, incluso, el número de tiros asumidos, son aspectos monitorizados y sobre los que se ejerce un exhaustivo seguimiento que conduce a una posterior toma de decisiones. Es más, los propios salarios están estratificados de manera que cada cual sabe qué puede esperar, también, a modo de protagonismo sobre la cancha. La estrella, en cualquier caso, no es un ser desconocido. Ni en el vestuario, ni entre el gran público. Tampoco para el conjunto rival.


Lo habitual, en cualquier caso, tal y como vienen a confirmar los datos de la investigación, es que sea este jugador, especialmente dotado para las labores ofensivas y de liderazgo, el que asuma la responsabilidad. Para el cómputo de las acciones se tomó como criterio el que fuera él quien tomara la última decisión, aunque ésta fuera, a la postre, un pase. Se desvirtúa un tanto, por esto, el concepto de éxito, pues para evitar caer en mayores subjetividades, decidí seguir juzgándolo en función del resultado final de la jugada, considerándolo favorable solamente si ésta finalizaba en canasta o falta personal, con independencia de que la acción inicial fuera o no la correcta. Observemos gráficamente ambos extremos, la frecuencia y su efectividad.



A la vista de los datos parece que la lógica, al menos por esta vez, se impone. Como era de esperar, la solución más eficaz para un equipo pasa por hacerle llegar la bola a su mejor jugador, por mucho que esto haya sido previsto con antelación por parte del entrenador rival. En más de un cincuenta por ciento de las veces la jugada concluyó con canasta o falta personal, es decir, en más de cincuenta posesiones de cada cien, los equipos, en función de una estimación estadística, anotarían bajo este supuesto.

Ahora bien, no basta solo con esto, sino que se hará preciso conformar toda una serie de circunstancias favorables para que este jugador pueda anotar o asistir a sus compañeros. En este punto será fundamental que entre jugador y entrenador exista una comunicación fluida, de tal modo que, en ocasiones, el producto resultante o jugada final terminará siendo el fruto de una conjunción de voluntades.

En la próxima entrada analizaré las tres últimas variables y presentaré, finalmente, el vídeo con en análisis pormenorizado de las jugadas. Os espero.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Desmontando el Clutch Time (I)






Ha pasado un año, aproximadamente, desde que completara la tramitación de la matrícula del Curso de Entrenador Superior de baloncesto y aún sigo inmerso en el proceso de acreditación de las horas de formación complementaria y en la redacción de la memoria de prácticas que debemos presentar antes del 31 de mayo. Vaya por delante que me parece bien. Si se trata de prestigiar la profesión, el que uno pueda declararse entrenador superior de baloncesto no puede ser un paseo.


Hito inexcusable, también, del camino, fue la ejecución de un modesto proyecto de investigación que tuvimos que entregar antes del 28 de febrero. Su concepción fue temprana. Enseguida supe que quería hablar de la gestión que llevan a cabo los entrenadores en situaciones de máxima presión y, para ello, gracias al material audiovisual que proporciona el NBA League Pass, me doté de una importante cantidad de jugadas que respondían a los criterios que ahora expondré.


El dato es escalofriante. Aproximadamente –teniendo en cuenta solo los partidos disputados hasta el fin de semana del All Star en la temporada 2014-2015 de la NBA– , cada equipo de la NBA había disputado, como promedio, veinticinco encuentros que, durante los últimos cinco minutos, presentaron marcadores con ventajas, o desventajas, inferiores a cinco puntos, definición amplia de lo que en Estados Unidos entienden por CLUTCH TIME, concepto que, por necesidades de la investigación que hoy os presento, tuve que acotar.


Buscando maximizar la presencia del elemento “presión”, con el que todos los actores, y actrices, del mundo del baloncesto debemos convivir; decidí acotar tanto temporalmente, como en términos de marcador, el concepto de clutch time aplicable a este estudio limitándolo a toda aquella jugada que transcurre con menos de treinta segundos de tiempo restante y con un marcador empatado o desfavorable por dos o un punto.


Acotada la muestra de estudio, finalmente, a ocho equipos (situados en diferentes quintiles en función de su eficiencia en este tipo de acciones) y setenta y cuatro jugadas, aún había que seleccionar los elementos de discusión y plantear las hipótesis de partida. Claro, la pregunta era, ¿hasta qué punto lo que sucede en los finales apretados de partido responde a la toma de decisiones de un entrenador? ¿Qué variables pueden ser analizadas de una manera más o menos científica y cuáles, en cambio, se escapan de este ámbito por responder más a la iniciativa individual de los jugadores o a aspectos, por qué negar su existencia, caóticos o azarosos? Finalmente opté por los siguientes elementos de análisis.


1. Estructura de quinteto. Sin duda, elegir los cinco jugadores que estarán en cancha para jugarse el partido en los últimos segundos, es una de las principales prerrogativas de un entrenador en el clutch time. Normalmente, a los criterios de selección basados en el talento (tener a los cinco mejores jugadores en cancha) se superponen otros relacionados con el estado físico y anímico del jugador y también aquellos que tienen que ver con la estructura del propio quinteto, ya sea en la búsqueda de una ventaja o como respuesta a una maniobra táctica del conjunto oponente. La pregunta que me hice fue, ¿la investigación podría ayudarnos a determinar la existencia de un patrón de quinteto favorito entre los entrenadores NBA y, más aún, una relación directa entre esta elección y el éxito que finalizan teniendo las jugadas ofensivas?



2. Pedir o no pedir tiempo muerto. El simple visionado de numerosos partidos nos permitiría deducir rápidamente que, en un alto porcentaje de ocasiones en que un partido llega a los segundos finales sin estar decantado, los entrenadores deciden solicitar tiempo muerto siempre que no hayan agotado su cupo. Es decir, el poder contar con unos segundos, o varios minutos, para ordenar las ideas, calmar las mentes de los jugadores y elegir la jugada a ejecutar, parece ser un recurso casi irrenunciable. No obstante, cabe recordar que ese tiempo podrá ser utilizado también por el entrenador rival para recordar los principios defensivos, ajustar emparejamientos y, quizá, aunque en la NBA sea menos corriente, idear alguna especie de trampa defensiva. La pregunta es, por lo tanto, ¿cabe esperar un mayor porcentaje de éxito en jugadas que se ejecutan tras la petición de un tiempo muerto?


3. La asunción de responsabilidad por parte de la estrella. En el seno de un equipo de la NBA los roles asignados a cada jugador están muy bien definidos desde el comienzo de la temporada, aunque la evolución de la misma pueda desembocar en leves variaciones. Una figura reconocida por todos es la de la estrella ofensiva del equipo, aquella a la que todos miran exigiéndole, casi, que asuma el tiro final del encuentro. Pero claro, igual de conscientes de este hecho son también los rivales, por lo que, en muchas ocasiones, de la pizarra del entrenador surgirá una jugada sorprendente y sorpresiva que finalice con el balón en manos de un “secundario” (aunque genere críticas en el propio vestuario). 


La hipótesis de partida es clara: Las estrellas asumen la responsabilidad de la jugada en un porcentaje muy superior al resto de jugadores, pero, ¿ese mayor porcentaje de jugadas diseñadas para la estrella está justificado en base a la estadística de éxito?


4. El diseño táctico. ¿Qué jugar cuando el marcador aprieta? ¿Un movimiento corto, un sistema largo o acaso es mejor fiarlo todo a la iniciativa individual y al talento del jugador? La hipótesis de partida, asumida casi como una leyenda de la NBA, es que la mayor parte de entrenadores apuestan por simplificar el juego y reducirlo todo a una situación de aclarado u otra de bloqueo directo central. ¿Se confirmará la hipótesis? Y, de ser así, ¿se confirmará que son las opciones que aportan un mejor rendimiento?


5. Número de pases por jugada. Llama la atención cómo, en muchas ocasiones, se renuncia a la circulación de balón y se apuesta por agotar el tiempo de posesión antes de ejecutar lo pactado desde el banquillo. Es cierto que las defensas aprietan aún más las líneas de pase en estos minutos finales y que, de esta manera, reduciendo al mínimo el número de pases, se reducen también las probabilidades de perder el balón. Pero, ¿existe una relación directa entre un menor número de pases y un mayor porcentaje de éxito?


6. El marcador como elemento de presión añadida. En principio, cabría suponer que es más difícil anotar en situaciones de todo o nada que en aquellas otras en las que la necesidad de anotar no es tan ostensible por ser el marcador de empate o por restar más de una posesión. Ahora bien, un marcador de dos abajo puede conducir a una defensa a ser especialmente agresiva en la evitación de un tiro de tres puntos, lo que puede ocasionar mayores facilidades para penetrar en la zona. Sea como fuere, la pregunta es: ¿Notan los equipos de la NBA, y sus jugadores, la presión añadida de ir por debajo en el marcador? ¿Se comprobará que existe una mayor efectividad en los ataques que se ejecutan con resultado de empate respecto a aquellos que se hacen en desventaja?


De todas las respuestas que me ofreció el análisis de los datos os daré cuenta en una próxima entrada, reservando una tercera, y última, para exponer el resultado audiovisual de todo este proceso que comenzara allá por julio y del que aquí os dejo un anticipo.





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La vida de tres pequeños seres






Señor Rick Blaine, créame que no disfruto llevándole la contraria. Pero sí, la vida de tres pequeños seres sí pueden contar, y mucho, en este loco mundo. Y la de dos, aunque no sean precisamente pequeños. Pero claro, qué iba a saber usted en 1941, refugiado de los alemanes en la asfixiante Casablanca y regentando un bar que se alimentaba de alcohol de contrabando gracias a la aquiescencia de un prefecto amigo. Por si murió joven le diré que se ganó la guerra, que quizá, después de todo, valiera la pena dejar escapar a su amada en aquel avión. Ganó la libertad, pero derivó en esto (entre otras muchas cosas), una sociedad del espectáculo bastante chabacana de la que el deporte es sólo otro más de sus exponentes. Mi preferido, cierto, pero no por ello ajeno a todo este circo.

Dos pequeños grandes seres monopolizaron la información deportiva del fin de semana pasado por ser hermanos, españoles y estrellas del baloncesto, una pirueta de la genética enriquecida por lo saludable de un entorno familiar que instruyó sin azotar a Pau y a Marc. Y también a Adriá, aunque él no llegue a ser portada de periódico. Una efeméride que hizo mantener en vela a numerosos españoles, firmes creyentes de que hacían patria desde sus sofás siguiendo el acontecimiento. Enhorabuena para todos. Al fin y al cabo el éxito es una sensación muy difundida.

Pero el mérito, si nos ponemos estrictos, es básicamente suyo. De su talento y de su trabajo. De su resiliencia, concepto, otrora, exclusivo de la física y ahora apadrinado por la nueva ciencia psicológica para definir la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Quizá no tan humana, matizaría. Más bien propia de unos pocos seres excepcionales a los que admiramos, precisamente, por ello.

El éxito de los Gasol es también el de todos aquellos entrenadores que no la jodieron, que no se pusieron por delante de los jugadores y trataron de imponer sus férreos principios basados en unas pocas lecturas y grandes dosis de intuición. Acertaron todos los que apostaron por el talento en bruto, aunque fuera a costa de diez puntos más de diferencia en el marcador o incluso algún que otro partido. Y es que uno, cuando entrena, no sabe muy bien si debe ganar ahora por si no puede ganar nunca más o formar para luego, aunque ese luego nunca llegue (sí, el discurso equidistante ya me lo conozco, pero no me lo creo). Sea como fuere acertaron, que es lo importante.

Acertaron también los hermanos tomando decisiones que muy pocos aplaudieron en su momento. Para Aíto era una locura que Pau viajase tan pronto a la NBA, no fuera a ser rookie del año. Y bueno, Marc parecía sentenciado como jugador hasta que dio el paso de irse a Girona para ser MVP de la temporada 2007-2008. Y luego la suerte, claro, en forma de polémico traspaso a los Lakers en el caso de Pau y en forma de lesión de Fran Vázquez en el caso de Marc, lo que le posibilitó acudir con la selección y ganar el Mundial de 2006, quizá el acicate que recargara su ambición.

Ojo, pese a su longevidad, algún día los Gasol dirán basta y, entonces, para nuestra desgracia, nos daremos cuenta de que todo fue una gran ilusión, que los fuegos artificiales no duran más de quince minutos y que el relevo generacional no está ni mucho menos asegurado. Nos pasará igual con Nadal o con Alonso. Es ley de vida. Aunque convendría ir poniendo los medios siendo conscientes de que por nuestras manos pasarán talentos físicos cada vez mejores, sostenidos, eso sí, sobre pies de barro. Pies de barro que conectan directamente con mentes cada vez más disolutas, capaces de atender a múltiples focos, pero con la misma habilidad para desatender la tarea más inmediata. Necesitados de ver enseguida los frutos de un árbol recién plantado, e incapaces de disfrutar del lento proceso de maduración y crecimiento, la tarea de educar en el valor mismo del esfuerzo se vuelve, por momentos, imposible.

Pero en eso estamos. Y seguimos. Aunque a los ojos del común pueda parecer que para nada. Aunque a los ojos de la familia, y los amigos, parezca que hace uno el ridículo dedicándose casi de forma altruista a una actividad que, aparentemente, no rinde dividendos. Pero seguimos.

A propósito de esto, y aun rozando los límites de la vanidad por insertar mi modesta labor en una entrada dedicada a los Gasol, os dejo el avance del trabajo audiovisual que voy a presentar como resultado de la fase de investigación del Curso Superior de Entrenadores de Baloncesto de la que daré cuenta en un futuro post. 

En fin, la vida de tres pequeños seres. Dos algo más grandes. Otro un poco más pequeño. Y el mismo loco mundo. 




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Feliz año viejo





Qué invento este del calendario que emplaza orígenes y destinos en el marco de una dimensión apasionante, inabarcable y que tiende irremediablemente al infinito como es el tiempo. Sin embargo, ante nosotros la noción de ciclo, con su principio y su final, se nos vuelve imprescindible. Necesitamos hallar orden en el caos de nuestras vidas, necesitamos recapitular de vez en cuando y renovar deseos y ambiciones aunque ello suponga olvidar nuestro residual papel en el devenir del universo.

Aprovecho la coyuntura que nos brinda el 31 de diciembre, yo también, para cerrar 2014 en el ámbito baloncestístico. Aunque nuestro deporte está más acostumbrado a cerrar balances en verano, con las gotas de sudor en la frente y arena de playa bajo nuestros pies, esta fecha nos permite hacer un análisis sobre la marcha y corregir derrotas que conducen a lugares no queridos.

En lo personal 2014 será para siempre el año en el que cursé el CES, el Curso para Entrenadores Superiores de Baloncesto, que comenzó allá por el mes de abril en su fase on-line y que aún hoy continúa con la realización del proyecto y de las prácticas. La fase presencial en Zaragoza, en un mes de julio de temperaturas moderadas me permitió conocer a ídolos del baloncesto, a entrenadores consagrados y a compañeros igualmente enamorados de este deporte. Hubo noches demasiado cortas y días que quisieron comprobar la resistencia de nuestras mentes, pero en general, con la perspectiva que presta el tiempo, considero que fue una experiencia positiva de la que extraje importantes enseñanzas. Lo conté todo en este diario: Curso de Entrenador Superior.

Sin embargo, pese a considerar esta inversión como positiva y necesaria, uno se pregunta hasta dónde llega la pasión como razón o explicación de todas nuestras apuestas. Quien comienza ahora a ascender en la “carrera” corre el riesgo de que, con la erosión que está sufriendo el deporte como alternativa de ocio (y negocio), el ocho mil para el que comenzó a prepararse hace años se haya convertido, de repente, en una triste y solitaria colina, un destino tal vez insuficiente que nos invite a proclamar, como lo hiciera Julio Llamazares en un cuento sobre el penalty de Djukic, después de múltiples esfuerzos y sacrificios, si “tanta pasión para nada”.

Según la Fundéu la palabra del año ha sido “selfi”. Sí, así, castellanizada para hacerla más castiza, más propia de nuestra imbecilidad supina y de nuestro narcisismo, aunque bien sabemos que este mal no es solo nuestro, sea o no, su universalidad, un motivo de consuelo. Sirva la anécdota, en cualquier caso, para poner de manifiesto el contraste existente entre el lenguaje de la sociedad y el del baloncesto (o deporte en general). Como entrenadores, y educadores en la medida de lo posible, se nos hace difícil vender conceptos que deberían ser proverbiales como la necesidad de renuncias y sacrificios en la búsqueda del bien común o la de ser pacientes en la recogida de los frutos tras los esfuerzos diarios. En fin, seguiremos intentándolo.

2014, y abro ya la página del baloncesto profesional, será para siempre el año del triunfo de San Antonio en la NBA, una efeméride que permanecerá indeleble en la memoria del aficionado. En junio los tejanos nos enseñaron que el tiempo se puede dilatar y contraer, que los eternamente viejos Duncan, Ginobili y Parker aún están preparados para ofrecer lecciones. Ganaron juntos en 2003, acompañados de Robinson y gracias a un estilo defensivo y poco vistoso. Volvieron a hacerlo en 2005 con un poco más de lo mismo y también en 2007, con algo más de lucidez. Pero en 2014, tras años de perfeccionamiento de una coreografía de manual, los Spurs simplemente nos trasladaron al anfiteatro más bello del mundo, pónganle el nombre que prefieran, y nos dejaron pegados al asiento haciendo de la ciencia, el cálculo y la estadística un juego de niños. Como niños desprovistos de miedos, aunque impulsados por un profundo ánimo de revancha, se pasaron la pelota los jugadores de un Gregg Popovich que ya puede tratar como iguales a Red Auerbach, Pat Riley o al mismísimo Phil Jackson.

No corrió la misma suerte la propuesta de Pablo Laso para el Real Madrid, un equipo, el de la temporada pasada, que enamoró durante meses a una afición que llevaba décadas instalada en el silencio que provocan la vergüenza y la desazón. Sirvan estas palabras como agradecimiento y muestra, a su vez, de lo cruel que es el mundo del deporte profesional, de lo crueles y olvidadizos que somos, en definitiva, los aficionados por atender tan solo a los triunfos como baremo del legado de un equipo. Fuisteis grandes y no, un punto de diferencia, el que hubiera bastado para vencer a Maccabi y alzarse con la Euroliga, no cambia mi manera de pensar. Gracias.

Finalizo con la selección, no para ahondar en el dolor que nos produjo su temprana y sorprendente eliminación en nuestro mundial, sino para recabar apoyos y visiones optimistas sobre su futuro. Critiqué, en este artículo, la apuesta que hacemos en las categorías inferiores por privilegiar el inmediato “triunfo” sobre la recompensa dilatada en el tiempo que debe seguir a la formación. Y mantengo la crítica. Pero a su vez, el rendimiento de los Gasol, los dos pívots más regulares del campeonato estadounidense, me permite albergar una esperanza de cara al próximo Europeo y a la inmediata cita olímpica en Brasil. Necesitaremos la consolidación de Abrines como arma ofensiva desde el perímetro y una versión recuperada y mejorada de Ricky Rubio. Será imprescindible, claro, la llegada de un entrenador que posea el magnetismo suficiente para atraer a las viejas estrellas, aquellas que contra Francia parecieron desilusionadas e incapaces de defender una causa que les resultó, por momentos, ajena.

Me despido deseándoles un feliz año 2015, pero también un feliz año 2014. Construyan sobre sus recuerdos, hayan sido peores o mejores, las bases de su mejora como individuos. Porque tal vez estemos perdiendo el control sobre nuestro destino como raza o sociedad, pero por el momento nadie ha logrado despojarnos de nuestras conciencias. Nada, por lo tanto, nos impide ser un poco más compasivos, comprensivos y pacientes. Nada, esforzarnos un poco más, aunque sea para nada.




UN ABRAZO Y FELIZ 2015

Curso de Entrenador Superior





El mundo del baloncesto se ha tambaleado muchas veces desde que firmara la última entrada de este blog. San Antonio y Barcelona impusieron su dominio en la NBA y la ACB respectivamente dejando heridos de muerte a sus rivales. Hoy se ha confirmado con la salida de Lebron rumbo a casa, la desintegración del elefantiásico proyecto de Riley en Miami y no pintan demasiado bien las cosas por Calle Goya toda vez que los ayudantes de Laso fueron invitados a salir con grandes dosis de alevosía (de hecho parece que existía, al menos con Jota Cuspinera, un acuerdo verbal de renovación que fue postergado dada la buena marcha del equipo y sobre el que parece haberse depositado una enorme capa de arena).

Por otra parte, un nombre, el de Ángela Salvadores, dio la vuelta al mundo gracias a sus 40 puntos en la final del campeonato del mundo sub 17. La leonesa está dispuesta a superar el listón que de las mejores jugadoras españolas de siempre. Ojalá le respeten las lesiones.

En otro orden de cosas decir que nuevamente cuestiones ajenas al baloncesto han truncado el ascenso de numerosos equipos a categorías superiores. Por segunda vez consecutiva Burgos se ha visto obligado a renunciar a su plaza en la ACB y, lo destaco por la cercanía, las chicas de la Universidad de Salamanca se han visto también privadas de medir sus fuerzas en la Liga 2 femenina. Mucho ánimo para todas las personas implicadas.

Pero en fin, este post encuentra su sentido en mi inminente viaje a Zaragoza para participar en la fase presencial del Curso de Entrenador Superior de Baloncesto del que, aunque creo que no me sobrará precisamente tiempo, pretendo rescatar su esencia para compartirla con todos vosotros desde la web www.jordanypippen.es y también a través de este post que iré actualizando puntualmente cada vez que incorpore una nueva entrada a esta especie de diario que espero acabéis considerando también vuestro. Os dejo por el momento con las dos primeras entradas:


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS


Profundizando en el arte del "selfie"



Calculo que más de ciento cincuenta entrenadores nos daremos cita durante el próximo mes de julio en Zaragoza para la realización de la fase presencial del Curso Superior de Entrenador de Baloncesto. La aritmética no miente y nos dice que, en un momento en el que las subvenciones al deporte de formación son cada vez menores, cuando ni siquiera clubes de gran tradición son capaces de sobrevivir a estos tiempos tumultuosos sin padecer graves penurias o desaparecer, nosotros, los matriculados en esta empresa, empeñados en transitar siempre por la senda más pedregosa, hemos decidido alejar aún más las curvas de la oferta y la demanda de empleo para facilitar que la mano invisible acabe por derruir los salarios.

Por esta razón, los tutores del curso nos han invitado (bueno, es una tarea obligatoria, pero también una invitación) a realizar un vídeo en el que nos presentemos ante un hipotético director deportivo exponiendo nuestras credenciales, aptitudes o competencias tratando de diferenciarnos de esa enorme masa que se agolpa ante las oficinas de los servicios de empleo, demostrando que tal vez podamos ofrecer un plus de talento, creatividad o jerarquía para que cuenten con nosotros.

Pues bien, gracias a la indispensable colaboración de mi hermano Fernando y después de elaborar un discurso casi epopéyico me situé delante de la cámara, respiré hondo, escuché acción y desplegué todas mis facultades para el arte dramático.

Os pediría un esfuerzo de comprensión, pero sé que será en vano.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Próxima estación Zaragoza





Apenas soy capaz de recordar la última vez que me senté frente a este escritorio a escribir unas cuantas letras por placer. Cada día comprendo mejor que la vida es una elección continua alimentada por múltiples renuncias. Los días son cortos y las expectativas a cubrir altas. Numerosas facetas me interesan, pero a pocas puedo destinarles el tiempo y la atención que merecen. La agenda dibuja caminos no siempre queridos, caminos a menudo yermos que nos absorben a cambio de la promesa de un destino que, cuando está a punto de cumplirse, se desvanece. Pues bien, después de un marzo en el que esta bitácora permaneció instalada en un obligado silencio, he decidido recuperar el contacto con vosotros para comunicaros el próximo reto que se dibuja en mi horizonte, el Curso de Entrenador de Superior de Baloncesto que ya he comenzado en su fase no presencial.

En un tiempo en el que la información fluye por el ciberespacio, la presencia de estos cursos, pautados y regulados por una instancia superior, parece sugerir una necesidad de homologación y estandarización de la calidad que choca con los fundamentos del libre mercado. La FEB, además del consabido negocio, pretende uniformar la educación del futuro entrenador, dudando, tal vez, de la aptitud de los directores deportivos para rodearse de profesionales competentes. Así, a través de los títulos, aunque su valor a causa de la masificación caiga año a año en picado, se consigue una primera clasificación del talento, bueno, del talento, la constancia y la cantidad de sacrificios que uno está dispuesto a realizar por materializar un sueño.

Una clasificación y, como adelantaba, una estandarización. Entiendo que todo entrenador debe saber algo de psicología, dirección de grupos, sociología del deporte, teoría del entrenamiento, fisiología del ejercicio, biomecánica básica o gestión deportiva. Es lógico, forma parte de un currículo exigible a toda persona que se pone al cargo de una comunidad humana dedicada en exclusiva o de forma parcial al deporte. ¿Pero por qué todos lo mismo? ¿Existe una única manera de gestionar una entidad? ¿Acaso hay una lista incuestionable de principios psicológicos de validez universal? Es necesario reflexionar al respecto y es justo lo que espero de este curso. Si por el contrario, lo que recibo son axiomas, seré el primero en cuestionar esta concepción.

Sin lugar a dudas, donde más esperanzas tengo depositadas es en la fase presencial, la que se celebrará en Zaragoza durante el próximo mes de julio. Allí, además de observar in situ a alguno de los más prestigiosos entrenadores del país, aspiro a poder compartir numerosas experiencias con los compañeros, largas madrugadas de estudio y estrés a las que estudiantes de ediciones anteriores ya me han puesto sobre aviso. Resistiré. Es más, las disfrutaré.

Espero volver a encontrar espacios físico-temporales para mantener un contacto más asiduo con vosotros. La escritura en este blog siempre me ayudó a evadirme de esa vida cotidiana que aborrecemos tanto como necesitamos, así que os cito, y con esto fijo un compromiso, a que nos veamos pronto.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS