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Inocente de ser tan bueno





La de Tim Duncan, jugador que ha anunciado esta pasada tarde su retirada, es la historia de un “no”, un cuento construido a base de lítotes, es decir, de negaciones que lo afirman todo. Porque no es que Tim Duncan sea el mejor jugador interior de su generación, o el líder de una franquicia que lleva veinte visitas consecutivas al Playoff. Y no, no es solo que Tim Duncan sea un especialista defensivo o el mejor reboteador del siglo XXI, ni la figura más cercana a Bill Russell o Kareem Abdul Jabbar. No, no se trata de que no sea un amante de los titulares, de las entrevistas, del marketing. Ni que no sea un compañero egoísta o fanfarrón. Ni un hombre hecho para ser conocido en los ascensores (en los que pasa desapercibido) o para ser condecorado por la comunidad por todos los servicios que le presta de manera callada, como le enseñaron a hacer las cosas. No, no es eso.

De Tim Duncan se cuenta que iba para nadador y que un huracán, Hugo, cambió los planes del chico tras arrasar la piscina donde se entrenaba a conciencia para debutar en Barcelona ´92. Dicen también, los periodistas, que en aquel ya lejano junio de 1997, todo parecía indicar que serían los Knicks el destino del chico de Islas Vírgenes. Y no mienten ni el pívot, ni su entrenador, Gregg Popovich, cuando recuerdan la visita que este le hizo al primero a Saint Croix, lugar de nacimiento del jugador que hoy se retira, y cuando mencionan y reflexionan sobre la conexión que ambos sintieron en el interior de su alma. Y sí, parece que es un hecho que a Popovich le tocó nadar varias millas adaptándose al plan previsto por el que a la postre sería, tal y como confesara el entrenador de los Spurs de manera irónica, la clave de sus victorias y su gran aportación al baloncesto.


Y dicen que ya tiene cuarenta y que si hoy dijo adiós es porque después de responder mil veces a preguntas sobre su retirada, siente que ya no le sale decir aquello de “aún me queda un partido más”. Toca vaciar, al fin, la pintura de la que durante tantos años fue centinela. Es el momento de colgar la camiseta en lo alto del cielo de San Antonio, cerca de la de David Robinson, su torre gemela y mentor, el humilde y esforzado marine que le abriera el camino. Toca recoger la cosecha y sentarse junto a la piscina lejos de los estériles debates que ya se cerraron (Garnett o Duncan, ala pívot o pívot) o de aquellos otros que permanecen abiertos (comparaciones históricas) y a la espera, tal vez, de que un nuevo huracán le lleve de nuevo a San Antonio como entrenador o miembro del staff técnico a aportar toda su experiencia y sabiduría, la que durante tantos años amasó desde el silencio que envuelve a esa gente inteligente a la que preferimos llamar “rara”.

Dicen, cuentan, redactan y susurran, narran y confiesan. Lo hacen otros por él, mientras él calla. Mientras lo niega todo: que fuera el mejor defensor, que fuera una lección de fundamentos, que fuera el jugador clave de la más exitosa y longeva franquicia desde los Chicago Bulls de los años 90.

Men at work




Quien no trabaja, no descansa”

                                                                      (Thomas Carlyle)


Tres años separan la pintura de “Los borrachos” o “El triunfo de Baco” de Velázquez (1629) de “Lección de anatomía del Doctor Nicolaes Tulp” de Rembrandt (1632). Si en la primera el genio sevillano nos muestra un ejercicio de liberación a través del vino; en la segunda, el no menos genial artista de Amsterdam, lleva a sus últimas consecuencias el culto a la minuciosidad y al trabajo. Ambas obras no ocultan las diferencias esenciales en la concepción vital católico-mediterránea, más distendida a la espera del reino de los cielos, y la protestante centroeuropea y nórdica, en la que el trabajo se plantea como premisa básica de la salvación.

Anoche los Spurs y los Thunder se juntaron en una cancha para dilucidar si el baloncesto es católico o protestante, si solo la fe (en Durant y Westbrook) salva o si es el esfuerzo el principio y fin de todas las cosas. Basta con que miren las cifras de desempleo de la zona euro por adscripción religiosa para entender qué equipo resultó vencedor. Mientras los Thunder lo fiaban todo a los efectos desinhibidores de un par de copas y a la acción milagrosa de un par de profetas, los Spurs se aprendían de memoria el manual de buenas prácticas y el código de honor del buen jugador de baloncesto: “ganarás el pan...”.

Militar en San Antonio implica aceptar una cultura de más de dos décadas. Requiere sobriedad en el vestir, en el hablar y en el jugar. Exige disciplina en el obrar y también en el pensar. El organismo no tangible que gobierna la franquicia acepta únicamente los hechos como prueba y recusa a todo aquel al que el ego ciega la vista. La propia cultura del equipo tejano es un ejemplo de amor por el detalle, pues no se llega a ella desde la concesión o el establecimiento de excepciones, sino más bien desde el rigor de quien, desde el ejemplo, no puede pedir menos de lo que da ni dar menos de lo que pide.



Aunque su sistema ofensivo se haya modernizado y siente sus bases en la construcción de juego a partir de un pick and roll central desde el que generar ventajas inmediatas (continuaciones cortas, bandejas, pases a la triangulación) o más dilatadas en el tiempo (missmatch, inversiones de balón para tiros en esquina o unos contra uno contra rivales llegando a la carrera) los propios Spurs saben que son, en filosofía y costumbres, un anacronismo dentro de la liga. A veces me los imagino como el único equipo en el que las comidas se celebran en moderado silencio y con los móviles apagados y estoy convencido de que son el único conjunto de la NBA donde expresiones como “buenos días” o “gracias” permanecen vivas en su lenguaje interno.

He de confesar que disfruto mucho viendo hacer un buen trabajo. Me encanta el pianista enfrascado en su partitura, también el caricaturista obsesionado con cada detalle del dibujo y qué decir del albañil que le dedica a la colocación de cada ladrillo un par de minutos. La perfección es una paradoja en sí misma, pero su búsqueda, tal vez, el sentido último de nuestra existencia. De ahí que anoche disfrutara tanto con el juego de los Spurs; de ahí que hoy no pudiera reprimirme a contárselo. Ya están tardando el ver el partido.




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Predicciones al aire




Como todos los años, pocos días antes del comienzo de la temporada, la NBA publica una encuesta en la que los General Manager son interrogados acerca de lo que piensan que puede acontecer en estos próximos siete meses de vértigo baloncestístico. En un ejercicio de extrema osadía voy a jugar a “experto” para tratar de desentrañar las razones de estos profesionales y para añadir, a continuación, las mías.

¿Qué equipo ganará la NBA 2016?

Cleveland Cavaliers 53,6% San Antonio Spurs 25% Golden State Warriors 17,9%

Media liga piensa que de no haber mediado las lesiones de Kyrie Irving y Kevin Love, los Cavaliers se hubieran impuesto en las finales del año pasado. Por lo tanto, si las circunstancias respetan a los chicos de Blatt, todo vuelve a apuntar a ellos como favoritos. Son también los míos.

¿Quién ganará la Conferencia Oeste?

Golden State Warriors 51,7% San Antonio Spurs 41,4% Oklahoma City Thunder 6,9%

El respeto al campeón es un lugar común en la cultura deportiva norteamericana. Los Warriors ofrecen motivos para seguir confiando en ellos, pero en mi opinión los Spurs, con las incorporaciones de Lamarcus Aldridge y David West, tienen más papeletas.

¿Quién ganará el MVP?

Lebron James 39,3% Anthony Davis 25% Kevin Durant y James Harden 10,7%

Los General Manager siguen considerando que el mejor jugador libra por libra de la liga parte como principal favorito para ser reconocido a final de temporada con el galardón. Para ello sus Cavaliers deberán realizar una gran temporada regular. Y, sinceramente, una vez superada la adaptación inicial, tras una campaña modesta, con los jugadores lesionados recuperados y con Lebron especialmente airado por haber perdido una nueva final, lo lógico es que los Cavs superen ampliamente las sesenta victorias y ello, salvo sorpresa, será suficiente para que Lebron sea proclamado como lo que es, el Jugador Más Valioso de la Liga.

Si fueras el General Manager de una nueva franquicia, ¿a qué jugador ficharías?

Anthony Davis 86,2% Kevin Durant 6,9% Lebron James 6,9%

Resulta complicado desmentir el parecer generalizado de tipos que se juegan el gaznate gestionando el dinero de otros. El ala pívot de los Pelicans mejora tanto cada año que es difícil realizar una proyección realista ante tan desmesurado potencial.

¿Quién es el mejor base de la liga?

Stephen Curry 55,2% Chris Paul 24,1% Russell Westbrook 17,2%

La opinión mayoritaria coincide con mi gusto personal. Sin la lectura de situaciones de Paul y sin las cualidades físicas de Westbrook, Curry nos recuerda con cada despliegue de gestos sobre bote, de pases a una mano y de lanzamientos desde cualquier ángulo, que la técnica individual es la principal salvaguarda del talento frente al "homo gymnasium". 



¿Quién es el mejor cinco de la liga?

Marc Gasol 65,5% DeMarcus Cousins 13,8% Tim Duncan y Anthony Davis 6,9%

Todos los nombres aquí citados me parecen merecedores de estar donde están. Pero para mí el mejor center de la liga es Pau Gasol, mucho más dotado que Marc de espaldas al aro, mucho mejor conocedor del juego que Cousins, mucho más protagonista en estos momentos que un Tim Duncan reservado para ocasiones especiales y mucho más cinco de lo que lo va a ser Anthony Davis en esta temporada. 



¿Quién será el rookie del año?

Jahlil Okafor 44,8% Karl-Anthony Towns 34,5% Emmanuel Mudiay 13,8%

Pues sí, todo parece indicar que este clon de Tim Duncan, aunque sin su capacidad atlética, será el novato del año. Philadelphia ofrece un contexto perfecto para el lucimiento y, en su competencia directa con el ala pívot dominicano de los Timberwolves, Okafor parece estar más hecho en estos momentos.

¿Quién es el mejor jugador internacional fuera de la NBA?

Dario Saric 28,6% Milos Teodosic 21,4% Sergio Llull 14,3%

Creo que en este caso, los general manager juzgan el potencial del croata por encima de los logros obtenidos por los otros jugadores mencionados y algunos otros que recibieron votos pero que quedaron fuera de este podio. Para mí, sinceramente, cualquiera de los exteriores del Real Madrid, vigente campeón de Europa, son mejores que el ala pívot de Efes o que el inconsistente talento serbio del CSKA

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Palabra de Pops





Ayer fue una de esas noches en las que recé agradecido –por su omnipresencia– al Dios Twitter. A través de la cuenta de un magnífico entrenador (me basta con seguirlo en la distancia a través de su blog para saber que lo es), Jordi Juste, accedí a la entrevista rescatada por Hoopshype (gracias, también, por existir y compartir esta información tan valiosa) del libro Forces of character: Conversations about building a life of impact firmado por Chad Hennings y Jon Finkel. En ella, el personaje interrogado es Gregg Popovich, seguramente el entrenador de baloncesto profesional más exitoso e influyente de cuantos se encuentran en activo.

En esta conversación, como cada vez que toma la palabra sin las prisas del directo o la esquizofrenia asociada a la competición, el entrenador de los San Antonio Spurs nos regala nuevamente mensajes que calan hondo, reflexiones que conducen a una reflexión personal posterior y enseñanzas de quien ha pasado por la vida, y por el deporte, con los sentidos siempre activados y con la curiosidad de un niño.

Valoro mucho de las personas que tengan sentido del humor. Si no son capaces de reírse de sí mismas y de relativizar su propia importancia en una situación cómica, difícilmente podrán entregar lo mejor de sí mismas al equipo”. Esta llamada al humor sano, a la desmitificación de cada individuo y a su verdadera puesta en valor en medio de un universo del que somos una parte minúscula y de un equipo del que cada uno es parte igualmente esencial y prescindible del grupo, nos da una pista sobre cómo debemos afrontar el proceso de entrenamiento. Fomentar el humor en las sesiones semanales, la desdramatización tanto de las victorias como de las derrotas, y asegurarse de que nadie es más importante que nadie en el conjunto de un colectivo, serían tres epígrafes del manual de estilo del buen entrenador de baloncesto. Ese que aún está pendiente de ser escrito.

Ser capaz de alegrarse por el éxito de otros es fundamental. Si me entrevisto con un jugador que dice que debería haber sido elegido All American, pero que se equivocaron eligiendo a otro en su lugar o diciendo que debería haber jugado mucho más, realmente eso no me ayuda a elegirlo. Tarde o temprano acabará siendo un problema. Él mismo, sus padres o su agente me insistirán en que le dé minutos y yo, la verdad, tengo cosas más importantes que hacer”. Poco después, insistido por el entrevistador acerca de más valores que le parecen importantes Popovich afirma lo siguiente: “Vamos a los entrenamientos de instituto y universidades para ver cómo reacciona el jugador a las indicaciones de sus entrenadores y compañeros. Buscamos comprobar si los jugadores han conseguido pasar por encima de sí mismos. Esta insistentemente llamada a la modestia, a la humildad que debe acompañar a todo ser humano en su transitar por la vida, es una seña de identidad manifiesta de los San Antonio Spurs. Todos los fichajes que la franquicia ha realizado en estos veinte años se han hecho teniendo en cuenta estos baremos y, cuando algún jugador se ha mostrado especialmente egocéntrico o díscolo en su periplo en la franquicia tejana, ha sido puesto siempre ante la disyuntiva de cambiar o irse.

Una de mis mayores satisfacciones se produce cuando algún ex jugador regresa a la ciudad con sus hijos o cuando uno de mis jugadores se convierte en uno de mis ayudantes (…) Creo que desde un punto de vista egoísta, esto es con lo que más disfruto. Ganar el campeonato está bien, claro, pero el entusiasmo decae rápidamente. Que venga Tony Parker con su hijo a la oficina, eso sí que es genial.

Probablemente, lo mejor sería no añadir nada más. Y es que cuando habla Popovich te das cuenta de que estás ante uno de los mejores entrenadores con la pizarra en la mano y ante el indudable número uno en todo lo demás. Y todo lo demás es lo más importante.




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El bloqueo directo. San Antonio Spurs.





Hay veces en que, por mi defensa de la recuperación del juego uno contra uno, de los duelos individuales dentro de un deporte colectivo, parece que me posiciono en contra de la utilización del bloqueo directo. Y no es así. Si acaso me hastía el abuso de este recurso, el que los sistemas de los equipos prevean una cantidad ingente de movimientos para culminar prácticamente todos en una situación de pick and roll, pick and pop o cualquiera de sus variantes.

Ahora bien, su uso parece inevitable y se remonta, aunque el dato no es del todo fiable, a los años veinte del pasado siglo. Sin embargo, hasta convertirse en una moda tendría que esperar. Y es que si Adolph Rupp lo adoptó como un sistema dentro de los muchos que utilizaría en la Universidad de Kentucky a caballo entre los años cuarenta y cincuenta, sería la pareja Stockton-Malone la que más contribuyó a su popularización.

Su uso, además de inevitable, es lógico. Sus ventajas son innumerables y van desde lo más obvio; la interposición de un cuerpo en la trayectoria del defensor del balón o la obligación de hacer salir a defender a un jugador grande al perímetro, hasta lo más sofisticado; el aislamiento de parte del “stuff” defensivo y la mejora, a raíz de ello, de los espacios para atacar.

Si en la actualidad hay un equipo que domine la situación de pick and roll como inicio del juego ofensivo, planteándola como lo que es, un sistema de ataque que involucra a cinco jugadores y que genera una ventaja primigenia a la que luego dar continuidad, ese equipo es San Antonio Spurs. Los chicos de Popovich, aunque eliminados en la primera ronda de playoff por un conjunto mucho más atlético, demostraron durante los siete partidos de que constó el enfrentamiento, dominar la coreografía del pick and roll. A continuación os voy a mostrar los esquemas más habituales que utilizan para sacar el máximo partido del talento de sus jugadores y del reducido espacio de la cancha para, por último, mostraros un vídeo con numerosos cortes de la mencionada eliminatoria.

1. Esquinas ocupadas. Postes asimétricos. Dinamismo vertical y horizontal (gráfico).



Aunque, probablemente debido a la pareja de pívots a la que se enfrentaban, repitieron poco este dibujo durante la eliminatoria que he analizado, este esquema es uno de los más utilizados por el equipo tejano a lo largo de la temporada. Consiste en un bloqueo directo central que culmina, en función de las alternativas defensivas en un movimiento complementario de los postes alrededor del contorno de la zona. El hecho de que las esquinas estén ocupadas por tiradores dificulta las ayudas y hacen de los codos de la zona fantásticas zonas para recibir y atacar el aro.



2. Bloqueo directo lateral con la esquina de lado balón liberada.



Este es el dibujo que más se repite durante un partido de los Spurs. Lo juegan directamente en llegada o tras una inversión. El otro poste se esconde y juega apariciones a la espalda o en la región del tiro libre. Dos buenos tiradores abren el campo y dificultan las ayudas que habrán de ser necesariamente largas. Los Clippers, en la eliminatoria estudiada, tardaron en darse cuenta de la necesidad de negar este bloqueo obligando a los Spurs a convertirlo en un lateral guiado a fondo aunque, aun así, los de Popovich encontraron soluciones exitosas.



3. Bloqueo directo lateral o central con dos jugadores a la cara y uno a la espalda.



Situación típica en la que el equipo juega con una sola referencia interior y cuatro jugadores exteriores con amenaza de tiro. Nuevamente, si la defensa es agresiva a balón, se genera una situación de dos atacantes con un defensor en el lado fuerte, lo que provoca muchas dificultades a la defensa. La negación del bloqueo, bien a través de lo que en la jerga se conoce como “blue”, o bien la conversión del mismo, pasando de tercero o de cuarto y forzando el repick, obliga a jugar hacia la esquina ocupada y contar con dos jugadores en el lado de ayuda capaces de “golpear” la continuación y de evitar pases directos a los tiradores.



4. Continuación corta con dos jugadores a la espalda.



Cuando el esquema es el contrario y el bloqueo se dirige hacia donde solo hay un jugador dejando, en cambio, dos a la espalda, la norma pasa, en caso de defensas agresivas, por jugar continuaciones cortas, en la región del tiro libre, desde las que un hombre grande y buen pasador, con capacidad de poner el balón en el suelo, puede generar verdaderos desequilibrios atrayendo a los defensores del lado débil.



5. Situaciones novedosas.

Aunque el uso del pick and roll por parte de los San Antonio Spurs es bastante clásico (en el buen sentido) también emplearon situaciones diferentes como bloqueos consecutivos, bloqueos entre grandes y bloqueos de dos acciones, que son aquellos en los que el bloqueo directo coincide con una situación diferente en el lado contrario de flare, (bloqueo ciego para caída de exterior) pin down o preparación de un bloqueo directo dinámico tras inversión. Se trata de una jugada muy difícil de defender porque los jugadores han de transformar muy rápido sus posiciones y su mentalidad desde el lado de balón hasta el lado de ayudas.

*Situación particular conocida como "pick the picker" en la que el bloqueador luego recibe un bloqueo ciego. Dificulta mucho las segundas acciones defensivas. 

Sin duda, un tratado sobre cómo emplear el bloqueo directo en nuestros equipos que queda mejor reflejado en este vídeo. Fíjense sobre todo, en los tres jugadores que están alejados del balón, en sus posiciones y sus movimientos.




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Héctor resucitado





Hacía mucho que no sentía, a la finalización de un partido, la pulsión irrefrenable de sentarme frente a las teclas de un ordenador para relatar los sentimientos que se han congregado en torno a la lucha de dos grandes equipos, los Spurs y los Clippers, en el séptimo partido de una eliminatoria que, como les gusta decir del otro lado del Atlántico, se ha convertido en un “Instant Classic”.

Coincidiendo con la Batalla del Siglo, el Staples Center, de aspecto más bien futurista, ha viajado en el tiempo para hacer las veces de coliseo. Desde el comienzo, el pueblo angelino, con el pulgar hacia abajo, exigía la ejecución del campeón. Sin embargo, los de negro –y en especial Tim Duncan–, apelando al espíritu de los Rockets del 95, decidieron rebelarse contra todos aquellos factores que jugaban en su contra (incluido el tiempo) para disputar, seguramente, el mejor partido hasta la fecha.

Sin embargo, los paralelismos se hacen aún más evidentes con la Guerra de Troya y con la crónica más o menos fantasiosa que de ella nos legara Homero, quien quiera que fuese éste, a través de la Ilíada. Y es que por momentos, durante las idas y venidas en el marcador, pareció que el combate entre ambas potencias nunca terminaría pues resultaría imposible, como sucediera en la lucha que mantuvieron de sol a sol Áyax y Héctor, determinar el ganador.

Del mismo modo, no resulta difícil identificar como supercherías alejadas de cualquier forma de honor en la batalla, tanto la construcción del caballo de troya (mencionado en la Odisea) como el empleo del Hack-a-Jordan por parte de Gregg Popovich. Quizá los griegos, como pareció evidente en el caso de los Spurs, sintieran que no había otra manera de desmantelar las líneas enemigas sino a través de argucias alejadas de la lucha frente a frente. Lo cierto es que ambas artimañas vienen a demostrar que la defensa de los valores queda suspendida en tiempos de guerra.

Urge, sea como fuere, una revisión del texto homérico. Y es que en el héroe troyano Héctor, (nombre que viene a significar “el que sostiene” o “el que defiende”) en su astucia y en su concepto de la venganza deportiva, veo a Chris Paul. Más aún cuando este se echó la mano a la parte posterior del muslo advirtiendo una lesión muscular de la que solo resta conocer su alcance. Entonces, Paul, abandonado por su tradicional protector Apolo, tras verter lágrimas de rabia en el parqué, decidió seguir en la lucha aun sabiéndose tocado físicamente. Tony Parker, cual Aquiles, no tardó en atacarlo y Patty Mills lo defendió toda la cancha tratando de menguar aún más su condición. Su cuerpo, como el cadáver de Héctor, fue arrastrado durante minutos que parecieron días, pero cuando el desánimo empezaba a echar raíces entre las filas de los Clippers, Héctor, desafiando a la lógica biológica y al mito, resucitó. El 2 de mayo de 2015 la guerra la ganó Troya y Héctor salió a hombros de sus compañeros tras haberse ganado el respeto de todas las gentes de su tiempo gracias a una actuación que va más allá de unos números ya de por sí espectaculares (27 puntos) y de una fantástica canasta ganadora. Y no hará falta que ningún Schliemann deambule en la búsqueda de los restos pues aquí, y en muchas otras bitácoras (lástima que solo en una pequeña reseña de la prensa digital española) quedará registrada la hazaña para siempre. 

Pero la historia no se detiene y ante nosotros, en breves horas, se abre el espectáculo de las Semifinales de Conferencia. Tres enfrentamientos coinciden con los pronósticos realizados desde este blog. El que enfrentará a Rockets y a Clippers demanda, sin embargo, un nuevo diagnóstico. A la vista de lo sucedido anoche mi corazón se inclina sin pudor hacia los pupilos de Doc Rivers, pero la razón dice que el desgaste de los angelinos, lesión de Paul incluida, y la mayor presencia física de los de Houston, en comparación con la que presentaban los Spurs, hacen favoritos a los tejanos. Ahora bien, ¿quién se atreve a apostar en contra del nuevo Héctor redivivo que ha osado reescribir una de las leyendas mejor asentadas de la civilización occidental? Yo no, desde luego. Gloria al héroe.




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Teletipos





Madrid, 24 de abril. El superviviente Laso, desprovisto de su equipo de ayudantes, lapidado por propios y extraños y tildado de diletante por los filósofos de este deporte, ha conducido al Real Madrid a su tercera Final Four consecutiva de la Euroliga. Con un juego interior muy pobre, solo sustentado por el coraje y la siempre infravalorada calidad de Felipe Reyes, su perímetro, básicamente patrio, ha demostrado ser el mejor de toda la competición. Veremos si con ello será suficiente para romper veinte años de sequía y para hacerlo, precisamente, allá donde se cruzan los caminos.

Madrid, 26 de abril. Sergio Scariolo asumirá nuevamente el cargo de seleccionador nacional confiado de poder llegar a la final del próximo Eurobasket y obtener, de esta manera, una plaza para los Juegos Olímpicos de Río. Dicen que su presencia arrastrará a los pesos pesados del vestuario (really?) y que no faltarán a la cita los hermanos Gasol. Del magnetismo de estos dependerá que acudan otros viejos conocidos como Navarro y Reyes. Se espera, además, una ardua negociación para convencer a Mirotic quien, ninguneado en pasados veranos, se pensará dos veces el acudir a la llamada.

San Antonio, 26 de abril. Los Angeles Clippers vencieron en el A&T Center e igualaron la eliminatoria. Esta se desplazará al Staples Center, feudo en el que los pupilos de Doc Rivers confían poner en franquía la eliminatoria. Sin embargo, este blog sigue apostando por los vigentes campeones.

Washington, 26 de abril. Los Washington Wizards confirmaron el “sweep” sobre los Raptors de Toronto. La presencia de Wall, Beal y Pierce, estrellas de las que carecen en Canadá, decantó la balanza del lado de los capitolinos, que ya esperan rival del cruce que aún siguen disputando Atlanta y Brooklyn, con ventaja de 2 a 1 para los de la ciudad de la CNN y la Coca Cola.

Dallas, 26 de abril. Los Mavericks, pese a contar con las bajas de Rondo y Parsons, consiguieron su primer triunfo en la eliminatoria gracias a una fantástica actuación de Monta Ellis. Sin embargo, sus opciones son remotas pues aún mantienen el desafío de ser el primer equipo capaz de remontar un 3-0 en contra. El sentido común nos dice que el próximo martes, en Houston, los Dallas se encontrarán con un serio problema: decidir qué bañador ponerse en vacaciones.

Boston, 26 de abril. Un hombro dislocado, (Kevin Love) y una expulsión (J.R. Smith) conforman el precio que tuvieron que pagar los Cavaliers para salir victoriosos del nuevo Garden. Los Celtics –apelando al espíritu del tantarantán que en las finales de 1984 le asentara Kevin McHale a Kurt Rambis y que, como la crítica unánimemente confirma, cambió el sino de la eliminatoria–, se mostraron especialmente agresivos en la defensa de su santuario. Sin embargo, el sentido común, bautizando en Cleveland como Lebron James y Kyrie Irving, se impuso, como suele ser habitual, sobre los arreones de orgullo de un equipo que ya piensa en el futuro.



Cualquier lugar del planeta, todos los días del año. Una epidemia se ha extendido por la Tierra. Los chicos no pueden deshacerse de su amplia sonrisa. Intentan ponerse serios delante de sus profesores, pero les es imposible. Hombres y mujeres de diferentes latitudes y longitudes acuden cantando a sus quehaceres. Las peroratas de sus jefes ya no les incomodan. Se rumorea que niños, adultos y ancianos han visto jugar a Stephen Curry y a sus Warriors. La nueva versión del showtime es también la traslación al presente de aquella fiebre amarilla. I love this game!!!!




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Viejas y nuevas predicciones





Emplearé este tiempo, y las siguientes letras, para repasar las predicciones que realicé al comienzo de la liga regular de la NBA y después, a continuación, habilitado por la autoridad que concede el fracaso, compartiré con vosotros mis pronósticos sobre los playoffs (que podéis ver en la foto)

De diez apuestas he ganado una. Afirmé que Steve Kerr sería el entrenador del año y con un 67-15 de récord y desplegando el juego más espectacular del campeonato, parece un hecho que el galardón reposará en sus manos. Sin embargo, manejé como segunda opción a Erik Spoelstra y, aun teniendo en cuenta lo que ha supuesto, para mal, la lesión de Chris Bosh para sus Heat, nunca, a lo largo de la temporada, ha conseguido hacer rendir a un equipo que se ha sentido, en todo momento, huérfano de Lebron James.

Precisamente a Lebron James situaba como MVP de la temporada. Sus números siguen siendo fantásticos, pero “El Rey” no ha sabido conducir a los Cavaliers a los niveles de excelencia que cabría esperar. James tiene mes y medio para adornar su palmarés con un nuevo título de la NBA, pero este año, desde luego, el mayor galardón individual está fuera de su alcance. La votación será ajustada, dicen, entre Curry y Harden. Creo que ganará el primero. Su manejo de balón, sus pases de malabarista y sus triples imposibles, además de su sonrisa, son la mejor marca de la liga en estos momentos. Lamarcus Aldridge era mi segunda opción y, pese a haber realizado otra temporada notable, siendo, tal vez, el cuatro con mayor capacidad para generarse sus propias canastas, no ha dado el salto de calidad que yo esperaba.

En cuanto al novato del año, afirmé que lo sería Jabari Parker. Las lesiones nos han impedido disfrutar de su talento para atacar a jugadores más grandes y pesados en el poste medio. Aun así, reconozco que hubiera tenido muy difícil pelearle el premio a un Andrew Wiggins que se ha mostrado muy regular en números cercanos a los veinte puntos. Mi segunda opción fue Nerlens Noels, este sí un fijo en el primer quinteto rookie del año.

Finalicé pronosticando los campeones de conferencia, San Antonio Spurs y Cleveland Cavaliers, pero lo hice pensando en los playoffs. Nada de lo acontecido en estos seis meses que han transcurrido me impide seguir pensando así. El camino será arduo para ambos, pero sigo pensando que el primer jueves de mes se verán las caras en el A&T Center de San Antonio.

Pero comencemos por analizar lo que será una apasionante primera ronda. Vayamos serie a serie.

CONFERENCIA OESTE

Golden State Warriors (1) – New Orleans Pelicans (8)

Los Pelícanos de la Ciudad del Jazz debían ganar y ganaron a los Spurs para inmiscuirse en una fiesta que no estaba hecha para ellos. Ahora deben luchar contra el mejor record de la liga, contra el perímetro más mortífero, contra la plantilla más larga y compensada (junto a la de los Spurs) y contra un ritmo anotador que difícilmente podrán sostener. A su favor, quizá, la superioridad física de Anthony Davis, por envergadura o velocidad, frente a cualquiera de las opciones que elija Steve Kerr para frenarlo. 4-1 para Warriors.

Houston Rockets (2) – Dallas Mavericks (7)

Rick Carslile agitaba la toalla cuando Kevin McHale, junto al resto de los Celtics de los 80, daban lecciones de baloncesto a sus rivales. Sin embargo, vestidos ambos de traje, Carslile parece una opción mucho más fiable. En una serie a siete partidos será importante realizar ajustes y ofrecer variantes ofensivas y defensivas. Los Rockets serán previsibles dentro del registro improvisador que maneja James Harden. Los Mavericks, en cambio, una incógnita desde la llegada de Rondo, tratarán de recordarle a los Rockets, y a la liga, que es en su equipo donde juega Dirk Nowitzki. 4-2 para Mavericks.

Los Angeles Clippers (3) – San Antonio Spurs (6)

Con una sola victoria más, los pupilos de Doc Rivers contarán con el factor cancha a favor para combatir los otros muchos factores que jugarán en su contra. A priori cuentan con el mejor base y con un juego interior más poderoso. Solo a priori. Porque situar a Chris Paul por encima de Tony Parker, o a la inversa, es una cuestión de gusto y hablar de poderoso, citar la única cualidad en la que Jordan y Griffin pueden ser mejores que Duncan y Diaw. Jordan y Griffin chocan más fuerte y saltan más alto. Duncan y Diaw son más listos, pasan mejor y entienden mejor el juego. Pero, más allá de las comparaciones, ¿quién de los Clippers va a frenar a Kawhi Leonard en el uno contra uno o en transición? 4-2 para Spurs.

Memphis Grizzlies (5) – Portland Trail Blazers (4)

Pese a la mejor posición de los Blazers en el cuadro, el primer partido, en atención al récord, se disputará en Memphis. Los Grizzlies son mis favoritos por un tema de experiencia y “savoir faire”. Su juego es tan aburrido como efectivo y pueden estar seguros de que ninguna de las estrellas de los Blazers jugarán cómodas ante este rocoso equipo. Sufrirá Lillard ante Conley y Aldridge ante las dos torres, Gasol y Randolph, de Memphis. 4-1 para Grizzlies.

CONFERENCIA ESTE

Atlanta Hawks (1) – Brooklyn Nets (8)

El despertar tardío de Brook López y Deron Williams llegó justo a tiempo para ingresar a los Nets en los playoffs. Su presencia, unida a la de Young y Joe Johnson dibuja un quinteto aseado, aunque desasistido desde el banquillo. Lionel Hollins tiene experiencia en playoffs, pero apelo a la justicia poética para apostar por Atlanta y su juego colectivo. 4-2 para Hawks.

Cleveland Cavaliers (2) – Boston Celtics (7)

El penúltimo milagro de Brad Stevens se llama “cuarenta victorias”. Con un equipo cosido con retales del que han desparecido nombres como los de Rondo o Green, parecía imposible soñar con los playoffs. Enfrentados a un nuevo imposible, los Celtics aspiran a pelearle la eliminatoria a los Cavaliers, aunque lo más realista es que sufran, y mucho, para ganar un partido. Los pupilos de Lebron, perdón, de David Blatt, tienen sus miras puestas en el anillo y los Celtics no deben ser más que un cómodo calentamiento. 4-1 para Cavaliers.

Chicago Bulls (3) – Milwaukee Bucks (6)

Jason Kidd, en su segunda temporada, ha vuelto a cumplir sobradamente con los objetivos iniciales. Su equipo, muy joven, juega con inteligencia. El mítico base californiano ha creído ver en Carter-Williams a un digno sucesor, pero aún es demasiado pronto. Unos Bulls más rodados y con un juego interior infinitamente mejor, no deberían tener mayores problemas para imponer su mayor calidad. 4-1 para Bulls.

Toronto Raptors (4) – Washington Wizards (5)

No me gusta demasiado cómo juegan los Wizards. Wall tiene todas las condiciones para ser un gran base, pero aún no ha demostrado saber lo que necesita su equipo para ganar. Se lo intentará explicar Paul Pierce, esencial en su rol de veterano. Mientras tanto, los Raptors cuentan con mucho talento joven y bien entrenado. Será clave el papel de DeRozan. Aquí tengo muchas dudas. 4-3 para Wizards.

La foto de inicio de post es también un enlace a los pronósticos que nos invitan a hacer los chicos de Canal Plus. Apostad y compartid vuestros pronósticos con nosotros.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

En el principio fue el pase





Uno de los episodios que más me impactaron durante mi estancia en Zaragoza a propósito del Curso Superior de Entrenador de baloncesto, fue la charla que nos ofreció Moncho Monsalve acerca de nuestra pasión compartida. En un momento dado, con el auditorio invadido por un respetuoso silencio, el mítico entrenador medinense (de quien les escribe es paisano) se desmarcó con la siguiente afirmación: de todos los fundamentos que hay que enseñar para jugar al baloncesto, el más importante es el PASE.

Bueno, al final hay que meterla, ya saben. De lo contrario la circulación de balón y el pase no lucirían igual; sería algo así como estar en posesión de una fórmula milagrosa para la que hace falta un ingrediente que no existe. Pero sí, en esencia estoy de acuerdo con Moncho. El pase hace a los equipos felices y compactos, contribuye a la identificación del objetivo común y refuerza los vínculos entre los miembros del equipo. Quiso el profesor Naismith que jugaran diez y solo hubiera un balón. Parece obvio que buscaba que se compartiera.

Y aún hay más. El pase es la mejor herramienta para atacar. Todos los entrenadores exigimos de los defensores que se desplacen rápidamente en función de su posición relativa respecto de la esfera, pero claro, hacerlo de manera armoniosa, manteniendo continuamente la visión del jugador y la pelota como vértice más cercano al aro de un triángulo que se amplía o disminuye en función de la posición del balón, es una tarea que se complica cuando la circulación de dicho balón por parte del equipo contrario es rápida e inteligente. Si la pelota viaja de un lado a otro con velocidad es muy posible que la defensa no pueda realizar los ajustes necesarios en el tiempo indicado y con la coreografía precisa.

Eso lo saben bien en San Antonio Spurs, donde tras caer derrotados por Phoenix Suns en las semifinales de conferencia de 2010 decidieron abordar una renovación de su estilo de juego, acelerando el tempo y utilizando a los jugadores interiores como distribuidores de la pelota en zonas alejadas del aro ganando, así, además, un precioso espacio para atacar la zona con penetraciones, cortes y puertas atrás. Así, tras años construyendo la base de esta nueva filosofía, los Spurs son ahora, en abril de 2015, el mejor equipo de la competición –con independencia de lo que digan los números– y los máximos favoritos para revalidar, y conseguir por primera vez en su historia dos anillos consecutivos, el título de la NBA.

Lógicamente, para desplegar el juego que ofrece San Antonio, hacen falta amplias nociones de baloncesto, un alto “basketball IQ” por parte de los jugadores y numerosas horas de entrenamiento para memorizar los movimientos a realizar con y sin balón. Todo ello es importante, no cabe duda, pero los entrenadores no debemos olvidar que todo empieza con un amplio dominio del fundamento del pase tanto en lo que se refiere a su ejecución como a la toma de decisiones acerca del tipo de pase a utilizar en función de la situación de juego. Es importante que el jugador domine todas las suertes del pase, que las ejecute en su debida forma, pero también que de entre el abanico elija la opción más apropiada.

Por lo tanto, entrenadores, estamos condenados a no dejar nada al azar, a trabajar todos los tipos de pase, yendo más allá del, en muchas ocasiones, poco funcional pase de pecho. Y no solo eso, estamos obligados a enseñar a nuestros jugadores, si ellos no lo descubren antes, (que con los buenos jugadores es lo que suele pasar) qué tipo de pase es más apropiado para según qué situación, amén de a exigir rigor en cada ejecución. No permitamos más “lazy passes” (pases despreocupados) en los ejercicios, aunque busquen otro objetivo; no renunciemos a perseguir obsesivamente el detalle, aunque muchas veces sepamos que no hallaremos nada al final del camino, pues el camino es la propia persecución.

Como ayuda para los entrenadores y como mero, que no vano, disfrute de los espectadores, empecé a visualizar y a preparar el vídeo que os presento a continuación y que persigue el afán de categorizar los tipos de pase y las opciones que ofrece cada uno dentro del juego posicional (no echen de menos, por lo tanto, los pases en transición). Para ello, tuve la suerte de ver de nuevo los cinco partidos de las finales del año pasado y, para que la recogida de cortes fuera mayor, también me serví de alguno de los partidos de la reciente racha de victorias que los Spurs aún mantienen viva (nueve en estos momentos). No se trata de una catalogación exhaustiva, (echarán de menos el pase picado por espalda y algún otro) pues aunque las fijé a priori, luego tuve que adaptarlas al material con el que contaba, ni tampoco se abarcan todas las posibilidades de cada tipo de pase por este mismo motivo. Aun así, creo que contiene un buen resumen de los pases que tenemos que enseñar y de la toma de decisiones que ha de acompañar a su ejecución. En fin, mejor que hable San Antonio por mí. 



Espero que lo disfruten. Muchas gracias y


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Las mil y una noches





La base de este equipo es que todos cuidamos de todos. Cuando sabes que todo lo que te ocurre, ya sea bueno o malo, le importa a tu compañero, se genera un sentimiento de responsabilidad individual y colectiva inquebrantable”

Durante mil y una noches mantuvo Sherezade entretenido al sultán evitando, así, la ejecución que aguardaba a cuantas mujeres llamaba este a palacio para cobrarse la venganza de una antigua y deshonrosa traición perpetrada por una de ellas (que lo engañó y abandonó). Noche tras noche, gracias a su envolvente imaginación, la hija del visir narraba una historia que entusiasmaba al sultán, pero que siempre interrumpía antes del alba, manteniendo en el monarca el interés y el deseo de escuchar la continuación tras un nuevo ocaso.


Aquellos cuentos de tradición popular ambientados en el Oriente Próximo y la India y que se alimentaban entre sí al ser el uno la explicación del otro, bien podrían ser los que Popovich les ha venido contando a sus jugadores durante las mil y una noches victoriosas que acaba de completar como entrenador jefe de los San Antonio Spurs. Sólo siendo capaz de incorporar nuevos personajes, tramas o escenarios a sus historias, es posible desarrollar la consistencia que sus equipos han mostrado durante más de quince años.  

Si quieres seguir leyendo la apasionante historia de Gregg Popovich y sus Spurs puedes pinchar AQUÍ pues este artículo es mi última colaboración en la web de baloncesto www.jordanypippen.es



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Parallel ways





Cuando Jermaine Kearse, receptor de los Seattle Seahawks atrapó el balón desde el suelo tras varios rebotes sobre su propio cuerpo y situó la bola a escasas yardas de la “Goal Line” de los New England Patriots pensé que se repitiría el fatal desenlace de las Superbowls de 2008 y 2012, en la que los chicos entrenados por Bill Belichick cedieron en el último momento ante los New York Giants tras sendas jugadas a cada cual más desafortunada. Pero no, una interceptación de un defensor suplente, Malcolm Butler, impidió que la historia se repitiera como tragedia, aunque a los seguidores de los Seahawks el hecho de optar por el pase y renunciar a la carrera cuando la bola descansaba a una yarda escasa del triunfo, les pueda sonar a farsa.



La cuestión es que en dos de los deportes estrella de los Estados Unidos de América del Norte, el football y el baloncesto, los vigentes campeones de las más prestigiosas ligas profesionales, New England Patriots y San Antonio Spurs, representan un modelo de éxito semejante basado en el compromiso colectivo, el sostenimiento de un modelo y la persuasión. Detengámonos en alguno de estos paralelismos.

1. A hombros de gigantes.

Ambas dinastías cambiaron su tradición perdedora con la llegada de dos productos del draft. La lesión de David Robinson en la temporada 1996-1997 posibilitó la sucesión de dos hechos que cambiarían la vida de la franquicia: la destitución de Bob Hill con la consiguiente llegada al banquillo del entonces general manager, Gregg Popovich, y la elección en el número uno del draft de Tim Duncan. En el año 2000, en la sexta ronda del draft y después de 198 elecciones, los New England Patriots seleccionaron a Tom Brady, el graduado con mención honorífica cum laude de la Universidad de Michigan. Otra lesión, la del quarterback titular, Drew Bledsoe, le concedió la alternativa. Era el 23 de septiembre de 2001. Cuatro meses después comandaría un “drive” ganador para darle el primer título de la NFL a su franquicia. Como había hecho Duncan, un par de años antes, en la temporada del Lockout.

Pese a que la vitola con la que llegaron a la liga fue notablemente distinta, su evolución, su estatus como futuras leyendas de sus respectivos deportes y su fidelidad a una franquicia convierten sus historias en cuadros entre los que resulta complicado establecer las diferencias. A sus treinta y ocho y treinta y siete años, Tim Duncan y Tom Brady siguen siendo los pilares de sus equipos, los únicos jugadores de los que no podrían prescindir sus franquicias si aspiran, como lo hacen, a seguir viviendo en las alturas.



2. Oh captain, my captain!

Por sus equipos morirían, como el capitán de los versos de Whitman, si fuera necesario, Bill Belichik y Gregg Popovich, la personificación de dos modelos exitosos, el mejor ejemplo de que el talento no está reñido con la disciplina o el estoicismo. Ambos cuentan con tres títulos de entrenador del año y son las figuras más reconocibles de entre el elenco de entrenadores en sus ligas. Si Belichick se acerca peligrosamente a la edad de jubilación, Popovich, si por el sistema fuera, ya debería estar tumbado en una hamaca con vistas al Pacífico con un collar de flores anudado en torno al cuello. A sus sesenta y tantos, ambos entrenadores han sabido acomodar los múltiples avatares a los que se han enfrentado en unas categorías mentales ideadas desde su genuina e inimitable inteligencia para lo táctico, lo logístico y lo humano. De la mezcla entre racionalismo y empirismo surgió un saber erudito por el que los de aquí abajo sólo podemos sentir una profunda admiración (y algo de envidia).

3. La persistencia de la memoria.

Para tratar de unir los trozos del puzzle que vienen construyendo estas dos dinastías a lo largo de más de quince años será necesario un cualificado ejercicio de memoria. Era un niño que jugaba a las canicas cuando obtuvieron su primer título y ahora me duele la espalda cuando me siento a escribir sobre sus gestas y no encuentro las palabras. Sin duda, para alcanzar este logro tuvieron que echar mano de la máxima lampedusiana expresada en la brillante novela El Gatopardo. Ya saben, correr y correr para seguir en el mismo sitio. Bueno, correr con sentido e inspirados por las derrotas dolorosas que se cruzaron en el camino. Correr y transformar cada embate del azar en una oportunidad para regresar más fuerte. Porque, aunque quizá lo nieguen, cuando las fuerzas flaqueban y el reloj biológico empezaba a suponer un desafío, la venganza ha actuado como motor supletorio. Sólo gracias a un uso cauteloso del rencor y a un espíritu competitivo casi enfermizo se puede sobrevivir en la élite, sin necesidad de pasar por deshonrosas reconstrucciones, a lo largo de tanto tiempo.

4. La inteligencia es el cuestionamiento del método.

Tomo las palabras del filosofo hindú Krishnamurti para poner de relieve la importancia misma del método. Afirmando que la inteligencia radica en su cuestionamiento se afirma también la necesidad de su existencia. Y en esto Belichick y Popovich, Patriots y Spurs, pueden presumir de haber navegado siempre con rumbo, provistos de los portulanos y las cartas necesarias para no perderse en las revueltas aguas del deporte profesional. Pero sí, coincido con el escritor cuando dice que la inteligencia reside en la revisión de dicho método, en la flexibilidad a la hora de aplicar las premisas. Sólo así han podido ajustar a las necesidades de cada momento los siguientes principios:

A. Un buen equipo se forma con buenas personas. Sin duda, la clave de ambas franquicias ha pasado por reclutar siempre a jugadores generosos, capaces de liderar sin imponerse o de aceptar el rol que les ha tocado asumir.

B. La dinámica está por encima de los jugadores. Un buen funcionamiento del conjunto hace mejores a los individuos. No sorprende, así, que jugadores secundarios o conflictivos, repudiados por otros entrenadores y equipos, hayan podido brillar en el seno de Spurs o Patriots.

C. Tan jóvenes y tan viejos, like a rolling stone. Popovich y Belichick han apostado siempre por plantillas bien construidas, con los condimentos de sabor intenso como base del guiso, pero rodeados de aditivos de la nouvelle cuisine para no resultar repetitivos. Spurs y Patriots son la receta ideal, ese plato que aparece año tras año en la carta, pero que nunca nos sabe igual. Esa, que es nuestra bendición como aficionados, es el principal quebradero de cabeza de sus oponentes. Todo el mundo conoce sus puntos fuertes y su filosofía, pero no cuándo y cómo les van a sorprender.

Benditos sean Spurs y Patriots, sagradas sean sus moradas en Texas y Massachussets, lugares obligados de peregrinación para los paganos aficionados del deporte en este siglo XXI. Sí, mirando el mapa parece que están muy lejos, pero no, hasta su esencia se llega por rutas que discurren en paralelo y muy próximas entre sí. 


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