Fuego cruzado en LA





Preguntado Mike D´Antoni por la no presencia de Pau Gasol en el último cuarto del partido que enfrentó a los Lakers con los Memphis Grizzlies espetó algo así como: “Simplemente pensé: me gustaría ganar este partido”. Dos noches antes, tras perder contra Sacramento en un partido en el que Gasol sufrió a nivel atlético reconoció que el problema del jugador de Sant Boi es que “no tiene piernas”.

Pau Gasol, por su parte, tras admitir que su condición física ha de mejorar para adaptarse al sistema ofensivo (más bien ausencia de) que propone su nuevo entrenador, se quejó de que todas sus opciones de anotación se den a cinco metros del aro o tras pick and roll. Reclama, de manera bastante explícita balones en su hábitat natural, la zona. Y es que el Gasol de ahora no es el mismo que el que llegó a la liga hace más de once años. Hoy en día su juego es el de un cinco talentoso que sabe pasar y que de vez en cuando, no siete veces por partido, puede lanzar desde fuera.

Cabe suponer que D´Antoni está jugando a ser Phil Jackson picando a Gasol con sus comentarios en ruedas de prensa y medios de comunicación. Debe olvidar, imagino, que no tiene los mismos galones ni la misma reputación que el Maestro Zen y que a Gasol, toda esta clase de mensajes motivadores cada vez le agradan menos. Más le valdría al orgulloso inventor del “run and gun” reflexionar sobre la adaptación de éste a una plantilla veterana sobrada de kilos y falta de tiradores puros. Quizá debiera revisar los partidos de los Lakers de Phil Jackson haciendo coincidir a Pau con Bynum sin detrimento alguno para las opciones ofensivas de ambos. No estaría mal, tampoco, que echara un vistazo a la manera en que Sergio Scariolo consiguió acoplar en un mismo quinteto a los dos hermanos Gasol.

En fin, claro, tampoco estaría de más que Gasol adquiriera en su etapa de madurez como jugador, la ética y disciplina de trabajo de algunos de sus rivales en el poste medio. Garnett y Duncan, con unas cuantas primaveras más que el español, se machacan cada verano para llegar en perfectas condiciones a la competición. Para ellos, no por casualidad, el tiempo no transcurre tan deprisa. Para Gasol, en cambio, cada transición es como un puñal que se va clavando poco a poco en sus entrañas produciendo una merma notable en sus porcentajes de tiro y en su clarividencia durante el juego.

No soy el primero ni seré el último que piense esto, pero en LA soplan aires de cambio. Magic Johnson habla de Josh Smith, Mike D´Antoni se la prefiere jugar con un quinteto bajito y Gasol reclama balones dentro para jugar de espaldas al aro. Blanco y en botella... Traspaso. Traspaso, pero no de cualquier manera. Los Lakers quieren un jugador que pueda correr la cancha y lanzar desde fuera. Gasol, claro, ir a un equipo con aspiraciones al título. Los General Managers, por su parte, pondrán muchas pegas para asumir un contrato de más de año y medio a razón de casi veinte millones la temporada. Que no lo duden ni un segundo en LA. El Pau Gasol que un día les convirtió en candidatos a todo aún tiene la capacidad de generar el mismo efecto en unas cuantas franquicias de la NBA. Que se lo piensen muy bien. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El tiempo dirá







A Dusko Ivanovic se le podría reconocer de lejos entre una multitud. Su prominente barbilla, sus pómulos definidos y sus ojos ligeramente hundidos, constituyen un rostro muy personal, una faz que encaja a la perfección con su personalidad y manera de entender la vida.

Montenegrino de cuna, Dusko madura como jugador en el mejor club de su país, el Buducnost, antes de dar el salto al equipo más poderoso de Europa a finales de los 80 y principios de los 90, la Jugoplastika de Split. Allí, bajo la batuta de Maljkovic y junto a talentos de la altura y el nombre de Toni Kukoc, Dino Radja o Velimir Perasovic cosechará dos Copas de Europa antes de hacer las maletas y venir a parar a España (Valvi Girona). Poco amante de las pesas, todos sus compañeros hablan maravillas de su fondo físico y de su disciplina para mantenerse siempre en una buena condición. No en vano fueron sus magníficas piernas las que le permitieron martillear partido sí partido también, los aros de las mejores canchas de Europa con un tiro en suspensión quizá no muy académico, pero sí muy efectivo. Sólo la enorme competencia en su puesto le impidió formar parte de la generación de jugadores yugoslavos que cosechara Eurobasket, Mundial y Eurobasket en el trienio más espléndido que ha conocido una selección europea en la historia de nuestro deporte y que se vio truncado por el estallido de una guerra llamada a dividir pueblos, religiones y talento en base a muchos motivos muy poco convincentes. 



En su paso por Girona nos dejó grandes actuaciones, anotaciones asombrosas y una lección constante de profesionalidad y amor al baloncesto. Alfred Julbe entendió enseguida que por sus venas corría el virus que todo entrenador posee, el no siempre saludable veneno que te impulsa a vivir el deporte más allá de los límites razonables. Pronto, en Suiza (Fribourg Olympic y selección nacional), más tarde, en Francia (Limoges), y finalmente en España (Caja Laboral y Regal Barcelona) su carrera como técnico empezó a adornarse de éxitos que poco o nada tuvieron que ver con la casualidad o el azar y sí con la constancia y la firme creencia en el valor del esfuerzo.

Dusko Ivanovic jamás se concedió a sí mismo un tiempo muerto. En su vocabulario no existen huecos vacíos para palabras como autocomplacencia, excusa o rendición. Su disciplina férrea, admiten varias personas que trabajaron con él, ayuda a que las plantillas que dirige se mantengan unidas. Fortalece al grupo, lo cohesiona ante la necesidad de defenderse del tirano que tienen por entrenador. Por eso, tal vez, encajó enseguida con el ideario del principal responsable de los éxitos del Caja Laboral en las dos últimas décadas, un Josean Querejeta que más allá de posibles errores de gestión, representa el mejor ejemplo de dedicación máxima a un objetivo y a una entidad. Seguro que no le fue fácil a Josean decidir que era el momento de despedir a Dusko, de tomar una nueva senda y desmarcarse de más de diez años (con el paréntesis del período en Barcelona) en los que el club vitoriano pareció una prolongación, una imagen reflejada sobre el parqué de los ideales de un técnico que ya no está, que se fue y al que sólo el tiempo juzgará de manera fría y objetiva.

Zan Tabak, otro ex de la Jugoplastika, intentará transmitir su forma de entender el baloncesto a una plantilla hipotecada que, o bien puede sentirse liberada por la marcha de Dusko, o bien puede sentirse huérfana de su particular acicate. A Ivanovic, por su parte, me lo imagino dedicándole el tiempo del que todos estos años su familia se ha visto privada a sus seres queridos, visitando algún museo y viajando siempre, absolutamente siempre, con una libreta en el bolsillo de atrás del pantalón en la que dibujar un esquema táctico, improvisar una frase relacionada con el baloncesto o recuperar un recuerdo que el tiempo intentará borrar. No sé si diría esto de haber jugado bajo sus órdenes, pero como no ha sido éste el caso...

GRACIAS DUSKO POR TU DEDICACIÓN AL BALONCESTO Y MUCHA SUERTE EN TUS PRÓXIMOS PROYECTOS.


P.D. Algunos aficionados del Baskonia reconocen que hay un punto de inflexión en la vida de Dusko que dulcifica su carácter y relativiza su manera de afrontar su profesión. Este punto de inflexión pudo venir marcado por su "fracaso" en Barcelona y, también, y más probablemente, por la grave enfermedad de su mujer en 2011. En el vídeo, desde luego, Ivanovic no parece ser ningún ogro.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El Padrino IV





Cinco partidos. Doscientos cuarenta minutos de juego ha durado el proyecto 2.0 de Mike Brown en los Lakers. Tanto como la paciencia de la familia Buss, la verdadera mano que mece la cuna de este equipo pese a la presencia de Mitck Kupchak como gerente general y director de operaciones.

Puede ser que el talento de Mike Brown como técnico no estuviera al nivel del de su plantilla. Sin embargo, llama la atención que se le dejara comenzar la temporada, que no se invirtiera durante el verano en un entrenador capaz de tomar el mando desde un principio. Ahora D´Antoni se encuentra con un equipo plagado de estrellas, motivado tras el cambio de técnico, pero virgen en cuanto a la construcción de una química de grupo que es esencial a la hora de afrontar una temporada NBA con garantías de título. Harán falta grandes dosis de carácter latino para reconducir las peligrosas inercias de una plantilla diseñada para ganarlo todo en un momento, eso sí, en el que la nave angelina parece estar abandonada a su suerte. Cómo, si no, se explica la elección de un perfil tan opuesto de entrenador. Cómo, si no es porque el barco navega sin timón ni timonel, se puede interpretar un cambio de registro tan notable entre un entrenador que ha bebido de las fuentes del General Popovich, y otro que planteó, durante su estancia en Phoenix, un modelo de “run and gun” tan espectacular como ineficiente a la hora de luchar por los títulos. 



Ahora Nash cuenta con unos años más. Ya no es aquel base eléctrico capaz de correr la cancha tomando decisiones a toda velocidad. Seguro que su presencia, su voz y su voto han tenido mucho que ver en la contratación. En el base canadiense deberá apoyarse D´Antoni para tratar de inculcar su filosofía en una plantilla acostumbrada a jugar a un ritmo de juego muy lento, casi parsimonioso. Un equipo, además, que cuenta con dos de los mejores pívots del campeonato y que por esta misma razón apuesta por un juego con dos interiores casi antediluviano. Con los dos cracks en la cancha al mismo tiempo, en esa guerra por los espacios que es el baloncesto, los Lakers se hacen el hara-kiri. Howard acapara mucho juego en el poste medio y Pau ya no tiene el primer paso que le hacía pasar por alero en sus tiempos mozos. Pero si la búsqueda de espacios es un problema, la lucha por la posesión del balón también tiene miga. Tanto Nash como Kobe han labrado una carrera de leyenda a base de amasar la bola durante quince segundos por posesión. Ahora, salvo que cambien las reglas, uno de los dos se verá abocado a reconvertir su juego y ceder en beneficio del colectivo.

Yo, en inglés o en italiano, al estilo Popovich o D´Antoni, a tenor de lo visto e intuido, sigo apostando mis ahorros, mi crédito y mi honor en contra de unos Lakers que están tan intervenidos como lo puede estar la economía griega por el egoísmo y la búsqueda mal entendida de la gloria por parte de su jugador franquicia, un Kobe Bryant que debería dedicarse a anotar en vez de a urdir en la sombra motines en contra de entrenadores que intentan hacer lo mejor posible su trabajo.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO

New York, New York





Perdónenme por hablarles de Nueva York sin haber pisado Central Park. Discúlpenme por hacerlo en la semana en que la Gran Manzana fue atacada de manera violenta por el huracán Sandy. Entiendan que me base en lo que el cine, la literatura y el arte nos han legado, para tratar de explicar el nacimiento de una nueva rivalidad en la mejor liga del mundo. Un puente separa los distritos de Manhattan y de Brooklyn. Un río, el East River, en su desembocadura, y una bahía, confrontan y oponen dos maneras de entender la vida, la arquitectura y el arte en todos sus géneros.

Sin embargo, antes de incidir en las diferencias existentes entre ambos distritos, me gustaría hacerlo de las dos franquicias que los representarán en esta nueva temporada. Una de ellas, los Knicks, forma parte imborrable del paisaje NBA. No en vano disputaron el 1 de noviembre de 1946 el primer partido de la historia del campeonato. Los Nets, por su parte, son un producto de la ABA, una de las franquicias que se integran en la NBA tras la fusión de 1976, momento, además, en el que se mudan hacia Nueva Jersey después de haber sido bautizados como New Jersey Americans en 1967 y tras haber disputado ocho campañas bajo el nombre de New York Nets. Curiosamente, fue durante el período de cohabitación entre ambas ligas cuando los equipos neoyorquinos alcanzaron las mayores cuotas de éxito. Así, si los Knicks conseguían sus dos únicos anillos hasta la fecha en los años 1971 y 1973, los Nets se impusieron en 1974 y 1976 en la competición del balón tricolor. Numerosas estrellas de nuestro deporte vistieron en algún momento alguna de las dos camisetas. Rick Barry, el Doctor J, Drazen Petrovic o Jason Kidd jugaron por los Nets e ídolos como Willis Reed, Earl Monroe, Walt Frazier, Bernard King, Patrick Ewing o Latrell Spreewell lo hicieron defendiendo la camiseta de los Knicks.

En el centro de Manhattan, entre la Séptima y la Octava Avenida, junto a la parada de metro Pennsilvania Plaza, y sobre los escombros de una vieja estación de tren derruida, se levanta la cuarta versión del Madison Square Garden, una verdadera catedral del deporte, el teatro y la música, un escenario de ensueño que se llama Garden y que bien pudiera ser el mismo edén. En él se celebran los partidos de los Knicks como locales y en él, a pesar de la presencia de famosos de toda condición a pie de pista, acuden principalmente, al menos en las primeras filas, blancos de mediana edad y de clase alta embutidos en trajes de diseño que bien podrían responder al nombre de Sherman McCoy, el protagonista de la Hoguera de las Vanidades de Tom Wolfe, o ser, por qué no, los herederos del Gran Gatsby, ese rico solitario que organizaba fiestas en el Lower East Side con la única intención de reconstruir una vieja historia de amor que la guerra, como es habitual, rompió. Y es que los Knicks, aunque tengan a Spike Lee como abanderado y aunque sean el equipo favorito de Whoopi Goldberg o Puff Daddy (habrá que ver si lo siguen siendo después del paso de los Nets a Brooklyn), representan el clasicismo y la tradición. Son el emblema de un distrito, Manhattan, donde se urden las tramas de las novelas de Auster y en el que viven los ejecutivos de alta cualificación académica y pobre condición moral de algunas películas de Woody Allen. Y sí, en Manhattan también hay adictos a la pornografía que recorren en su taxi las calles de la ciudad en medio de la noche o prostitutas de lujo que se enamoran de gigolos, pero a éstos no les interesa el baloncesto.

En cualquier caso, todos ellos tendrían cabida en Brooklyn, el distrito más poblado de la ciudad que nunca duerme, un hervidero de culturas mezcladas en perfecta, aunque no siempre, armonía. Lugar de residencia de artistas sin la solvencia necesaria como para vivir en la otra orilla del East River, nodo de intercambio de ideas y paraíso para todo el que viaja en busca de inspiración. Frente al clasicismo de Manhattan Brooklyn enarbola la bandera de la modernidad. Por ello no debe extrañar que el Barclays Center, sede de los partidos de los Nets como locales, sea lo más parecido a una nave intergaláctica. Una nave revestida de colores atractivos que después, para sorpresa de muchos, presenta unos interiores dominados por el negro, el color de piel que tapizará las primeras filas durante los partidos de su equipo. Negro rapero y hiphopero. Ritmos venidos de otras tierras que encontraron cobijo, al igual que sus portadores, en el acogedor distrito de Brooklyn. 

Los efectos del huracán han impedido que el partido previsto para esta noche se disputase. Aun así, si nada extraño ocurre, nos esperan años de rivalidad entre ambas franquicias. Y yo, aunque más de Sinatra y su “old New York” que de Jay Z y su Jungla de Cemento (Concrete Jungle) y aunque más de Broadway que de Coney Island, prefiero la apuesta baloncestística de los Nets dirigida por Avery Johnson desde el banquillo y por Deron Williams en la cancha. Éste, bien rodeado por Joe Johnson, Gerald Wallace, Brook López, Kris Humphreys, Blatche o Marshon Brooks, ha de llevar a los de Brooklyn a ser el primer equipo de Nueva York, a cruzar el puente, subirse a los rascacielos y a tocar el cielo de la capital del mundo con sus manos. 

 



Que empiece la batalla. Ah, eso sí, en términos deportivos. Que lo que un puente ha unido, no lo separe el basket.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La mejor liga del mundo






(Hace unas cuantas horas)

Mientras medito si regresar al alcohol y abrazarme de por vida a una botella de ron en una de las últimas filas de una de las salas del Palacio del Arzobispo Fonseca de Salamanca en el marco de un Seminario sobre desarrollo territorial, sólo soy capaz de pensar en lo que sucederá esta próxima madrugada, con un vasto (casi tanto como el sopor que me invade) océano de por medio, en el arranque de la mejor liga del mundo.

Porque la NBA es la mejor liga del mundo. Lo es a nivel organizativo, económico, social (vínculos entre equipos y ciudades, así como temas relacionados con el apoyo a la comunidad) y también deportivo. En ella participan los mejores jugadores, entrenadores y árbitros. En ella, además, se explota mejor que en ningún otro sitio el concepto de espectáculo. Business is business sí, pero sólo porque en el parqué juegan los mejores con reglas que invitan a que lo demuestren.

La NBA es, además, un modelo de sostenibilidad. El hecho de que se trate de una competición cerrada, sin ascensos ni descensos, permite que el riesgo de las inversiones sea en todo caso moderado. Los límites salariales, a su vez, pretenden evitar los derroches y el establecimiento de jerarquías inamovibles al más puro estilo de las grandes ligas europeas. Sólo así se explica que mercados modestos como los de San Antonio u Oklahoma hayan disfrutado, y disfruten, de la presencia de franquicias ganadoras. Aun así, a pesar de las bondades del modelo, es imposible obviar la existencia de determinados trusts deportivos que acaparan los activos más importantes. Estos conglomerados de estrellas surgen por motivos no precisamente económicos. Estas razones se apoyan más en cuestiones deportivas, en la búsqueda de la gloria deportiva ante la posibilidad de construir un legado imperecedero.

Los grandes jugadores atraen a grandes jugadores. Es un hecho. Por este motivo Miami, Lakers o Boston vuelven a llevar este año, y ya van unos cuantos, el cartel de favoritos colgado del cuello. Por tercera edición consecutiva los chicos del sur de Florida parten como principales favoritos al título. A su fantástico Big Three han añadido al mejor tirador, números en mano, de la historia del campeonato y a un cuatro abierto, Rashard Lewis, que encaja perfectamente en el esquema de juego de Erik Spoelstra quien pretende la maximización de los espacios de ataque para la generación de ventajas a partir del demoledor uno contra uno de Bosh, Wade y, sobre todo, Lebron. El Rey.

Los Lakers, por su parte, intercambiaron a Bynum por Howard esperando mejorar en defensa y ganar agresividad en ataque. Sin embargo, la gran incógnita no está en el rendimiento del pívot y sí en el modo en el que compartirán la bola Steve Nash y Kobe Bryant, dos MVP´s de la liga que basan su juego en el acaparamiento del anaranjado esferoide. Del mismo modo, también existe una gran incertidumbre en cuanto a las posiciones del campo por las que se moverá Pau Gasol, el interior más talentoso del campeonato.

Para los Celtics la temporada 2012-2013 se presenta apasionante. La marcha de Allen fue cubierta con la llegada de Terry y el banquillo ha ganado profundidad con las adquisiciones de Milicic, Barbosa, el regreso tras la operación coronaria de Jeff Green y el “robo” en el Draft de Jared Sullinger. Courtney Lee, titular a priori, contribuirá a que la defensa de los de Doc Rivers vuelva a rozar los finos límites de la excelencia. Todos ellos, más Brandon Bass y Avery Bradley (convaleciente aún de su operación en ambos hombros) secundarán al núcleo compuesto por el base más genial de la liga, Rajon Rondo, el anotador con más recursos de la Conferencia, Paul Pierce y el mejor defensor de todo el campeonato, aunque los números puedan indicar lo contrario, Kevin Garnett. Estos tres equipos librarán con Oklahoma City Thunder una dura y bella batalla por el campeonato. Una batalla que es, además, una guerra de estilos y de formas de hacer. Por qué. Pues porque Oklahoma es el producto más perfeccionado de la reconstrucción en movimiento a partir de elecciones en el draft. El buen ojo de Sam Presti les llevó a reclutar para sus filas a Jeff Green, James Harden, Russell Westbrook o Kevin Durant. A cambio de los dos primeros se hicieron con valiosos activos, con profesionales del baloncesto de esos que son necesarios para conformar un proyecto ganador (Kendrick Perkins o el recién llegado Kevin Martin). De los dos últimos, por su parte, penden sus opciones reales de optar al campeonato.

Estos cuatro equipos se jugarán el campeonato al final de la primavera. Mientras tanto, ilustres como New York Knicks, vacas sagradas como los Spurs, recién llegados como Brooklyn o alternativas valientes como Nuggets o Clippers contribuirán a la incertidumbre y el espectáculo. Nos esperan siete meses y medio de caviar de importación, muchas horas para disfrutar y alejarse, aunque sea por un corto espacio de tiempo, de la cruda realidad. Ojalá nos las pudiera narrar Andrés. I love this game!

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Un movimiento ganador




El primer gran traspaso de la temporada NBA ha llegado antes de que ésta comience. Los Thunder de Oklahoma se han desprendido de James Harden a cambio de Kevin Martin, Jeremy Lamb y varias elecciones de Draft. Así, aunque a primera vista puedan surgir dudas, el equipo finalista de la pasada edición soluciona por la vía rápida un asunto que amenazaba con convertirse en una pequeña pesadilla, en un virus interno llamado a afectar a la química del equipo.

Con esto no quiero dejar pasar por alto el rendimiento ofrecido por el escolta durante su periplo por el estado de las infinitas praderas. Allí, con su zurda precisa y sus agresivas penetraciones se convirtió en el mejor sexto hombre del campeonato y en un indiscutible en los quintetos finales del equipo capitaneado por Russell Westbrook y Kevin Durant. Después de esta noticia, la supremacía de esta pareja escala un peldaño más. Es probable que el base dispute más minutos (no tendrá problemas) y que Durant asuma aún más protagonismo en finales de partido apretados (como tiene que ser).

Kevin Martin es un fantástico escolta, un profesional de la anotación con muchos y variados recursos en la parcela ofensiva. Además, el hecho de que no necesite abusar del balón ocasionará menos conflictos de ego de los que podría suscitar el afán acaparador de Harden. Jeremy Lamb, por su parte, es canela en rama, uno de los mayores talentos de una escuela, la de la Universidad de Connecticut, de la que han salido escoltas tan fantásticos como Ray Allen, Rip Hamilton o Ben Gordon. Su muñeca, su elegante suspensión y su inteligencia dentro de una cancha le han de convertir en un referente de la liga. Démosle, si no, tiempo al tiempo.

Los Rockets, dirigidos por Kevin McHale, reciben una fuente anotadora que cuando tiene el día parece inagotable. Sin embargo, habrá que ver si el bueno de Harden es capaz de adaptarse al modelo de juego coral propuesto por el mítico número 32 de los Celtics.

La mayor parte de expertos y columnistas de los grandes medios de comunicación norteamericanos expresarán sus dudas acerca de este movimiento. La mayoría hablará de una segura merma en las opciones de campeonato de unos Thunder que se quedaron muy cerca en temporadas pasadas. Sin embargo, yo, desde mi modesta atalaya y desde la ignorancia más absoluta de lo que se cuece en los despachos de un equipo NBA, respeto y saludo este traspaso. Los Thunder seguirán corriendo el contraataque, jugarán mejor en estático y brillarán más en el futuro de la mano de un Jeremy Lamb que tiene todos los ingredientes de un plato de alta cocina. 




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El último gran -ic






Perdonen la tardanza. Los quehaceres cotidianos han absorbido gran parte de mi tiempo y aunque el baloncesto ha estado más que presente en el día a día, en estas últimas fechas no he sido capaz de encontrar el momento perfecto para que las musas me pillasen trabajando frente al teclado de mi ordenador. Reconocido este vicio, esta falta de disciplina que me descarta como escritor y me condena a eterno juntaletras, quisiera arriesgarme una vez más a publicar en esta ventana abierta al mundo desde la que emana un fuerte aroma a baloncesto.

Y si de aroma a baloncesto hablamos, una región del planeta reclama protagonismo y se autoproclama como una de las catedrales de nuestro deporte. Son los Balcanes, ese mosaico multicolor en el que la convivencia no siempre fue fácil, un lugar de paso, de encuentro y desencuentro entre culturas y religiones de diversa índole donde diversos tiranos, desde Alejandro hasta Slobodan Milosevic han querido imponer sus ideas haciendo caso omiso a la importancia de los medios y al valor de la vida humana.

Yugoslavo, serbio, montenegrino y desde 2010 también español. Todas estas nacionalidades ha poseído o posee uno de las perlas más brillantes de la actualidad. La evolución geopolítica de la región hizo que Podgorica, ciudad natal de Nikola Mirotic, pasara de ser una de las ciudades emblema del régimen del mariscal Tito (no en vano era conocida como Titogrado) a la capital de la República de Montenegro después de que el 21 de mayo de 2006, vía referéndum, la mayoría de la población montenegrina aprobara su independencia respecto a Serbia.

El número 12 del Madrid comparte el patronímico -ic (“hijo de” similar al -ez español) con otros grandes del baloncesto en la Antigua Yugoslavia. No os resultarán indiferentes apellidos como Delibasic, Dalipagic, Kikanovic, Slavnic, Vrankovic, Perasovic, Danilovic o Djordjevic entre tantos otros. Todos ellos contribuyeron a los innumerables éxitos de un programa baloncestístico, el de la federación yugoslava, comandado habitualmente por verdaderos jerarcas, por comandantes reconvertidos a entrenadores de baloncesto que respondieron a nombres como los de Zeravica, Cosic y, especialmente, Dusan Ivkovic.

Sin embargo, más allá de las raíces y el apellido, del gen competitivo y de la ambición que le ha llevado a trabajar sin descanso cada verano para ser mejor cada día, lo cierto es que Nikola Mirotic es un producto español, uno de los pocos aciertos recientes de una cantera, la del Real Madrid, que llevaba años, casi décadas, sin producir un talento a la altura del desafío.

En la anterior relación de nombres olvidé uno a propósito. Se trata de uno de los apellidos más ilustres de la historia de nuestro deporte. Hablo de Petrovic, de Drazen, del para muchos mejor jugador nacido en el viejo continente. Cualquier comparación en este sentido resultaría absurda. Todos los parecidos se resumen a la caída de ojos o a la nariz un tanto desfigurada que define a ambos rostros. Drazen es un icono al que la muerte le robó años de baloncesto a cambio de la eternidad. Una eternidad que quizá se hubiese ganado también en la pista compitiendo de tú a tú contra Michael Jordan. Nikola, por su parte, más allá de ser, también, un talento precoz y de esos rasgos físicos ya mencionados, no tiene ese genio que definía al mito de Sibenik. Es un jugador de equipo, producto de una época que probablemente no comprendería el individualismo voraz de Drazen, sus malas artes y su afán por ganar de cualquier manera. 



Nikola es Nikola, un diamante por pulir que pasa peor que Kukoc, que tira peor que Drazen, que se mueve peor que Divac en el poste bajo y que no tiene el potencial físico de un Vrankovic (por la altura) o de un Gurovic (por lo atlético), pero al que es difícil pillar en un renuncio en cualquier aspecto técnico. Nikola es Nikola, un jugador de equipo a la española con unas manos extraordinarias capaces de atrapar cualquier melón y con un sentido táctico muy desarrollado. Su progresión nadie la conoce y es que a sus 21 años es ya titular indiscutible de un proyecto deportivo que huele a Final Four. Su capacidad para jugar dentro y fuera, para anotar desde cualquier rincón de la pista y para defender a jugadores de diferente tipología deberían conventirle en un fijo en las futuras convocatorias de Sergio Scariolo. Se resuelva o no el tema de los jugadores naturalizados creo que Mirotic es más jugador que Ibaka y que sobre sus hombros ha de recaer la responsabilidad de darle relevo a la inolvidable generación del 80. Mirotic está llamado a conformar una columna vertebral hecha de oro y brillantes junto a Ricky. Por su edad, capacidad de trabajo y talento innato están llamados a garantizar éxitos futuros en un país que digeriría muy mal una sequía después de un período marcado por la abundancia. Y es que, para nuestro goce, el último gran -ic habla castellano. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Las lágrimas de Chema






El pasado 7 de mayo de 2011 llegaba a su fin la vida de Severiano Ballesteros. Era sábado y en el Real Club de Golf de El Prat, caprichoso destino, se disputaba el Open de España. En el corazón mismo de la rebelde Cataluña José María Olazábal sacaba fuerzas de flaqueza para no derrumbarse delante de todo el público allí congregado.

Este último domingo, en cambio, Olazábal, al mando del equipo europeo como capitán, le dedicó a Seve la más hermosa de las victorias, la que se consiguió su equipo en suelo norteamericano en una de las competiciones con mayor repercusión global del mundo, la Ryder Cup. 



El golfista, por la propia índole del juego, es un ser solitario y lleno de manías. Aunque en los grandes circuitos puedan formarse pequeños círculos de amistades, la soledad se hace presente en los viajes, las noches de hotel o las jornadas de práctica. Durante los torneos, la lucha es contra el campo y sólo de forma indirecta, a tenor de los resultados, se compite contra los rivales. Por este motivo, la existencia de una competición por equipos como la Ryder Cup contribuye al nacimiento de vínculos imperecederos, de amistades que sobrevivirán, incluso, a la propia muerte.

El deporte, por su propia naturaleza, por elevar los valores del esfuerzo, la lucha y la competición a niveles extremos, conduce al ser humano a experimentar sensaciones fuera de lo común, al límite, tal vez, de lo saludable. En una Ryder Cup, defendiendo el honor de todo el continente, jugando no sólo por uno mismo, sino por todos los compañeros, el jugador siente una presión desconocida, una presión que no puede compararse a la del resto de domingos cuando la lucha es sólo egoísta en pos de la gloria personal.

Europa, ese viejo continente, ese sueño construido sobre cimientos poco firmes y sin la paciencia necesaria, nunca pareció tan unida como el pasado domingo en las afueras de Chicago. Allí, ingleses, alemanes, españoles, suecos, italianos, irlandeses y belgas unieron sus fuerzas para, a base de pasión y buen juego, culminar una remontada que permanecerá en los libros de historia y en el recuerdo de quienes compartimos, en la distancia, tan bello momento. Ahora, en medio de una crisis económica, institucional y moral, me gustaría decir aquello de “lo que el deporte ha unido, que no lo separe el hombre”.

Pero lo separará. Lo separará porque son otras las prioridades, porque los instantes que se encienden a la luz del deporte son efímeros y de fácil olvido, porque hay personas de traje más interesadas en cumplir agendas personales que en pelear por sueños y utopías. Y es así y, probablemente, ni tú ni yo lo podamos cambiar. Al menos, y que no nos la roben jamás, tenemos la facultad para elegir con qué momentos quedarnos, para decidir qué cualidades queremos que impregnen nuestra vida y la de quienes nos rodean.

Y yo elijo las de Chema. Las de un doble ganador de grande a quien poco después de ganar el Masters de Augusta una lesión en el pie le dejó sin caminar y, lo que era peor para él en aquellos momentos, sin poder jugar al golf. Luchó y volvió para ganar su segunda chaqueta verde, para volver a jugar una Ryder Cup y seguir poniendo, así, en práctica, todo lo que aprendió jugando junto a su ídolo y mentor, Severiano Ballesteros.

Tus lágrimas, Chema, llevan la etiqueta de la humildad y la pasión, del amor al juego y de la amistad sincera. Salieron de tus ojos y corrieron por tus mejillas. Fueron tuyas, pero también de todos los que podemos atisbar, tal vez, una pequeña parte de lo que tú sentiste cuando Martin Kaymer embocó el putt decisivo, el que culminó la remontada y demostró que el espíritu de Seve es inmortal, que es verdad aquello de que nunca, jamás, hay que rendirse. 



UN ABRAZO Y ENHORABUENA AL EQUIPO EUROPEO POR LA RYDER CUP 2012

¿Heroína o villana?






Cuando creíamos que todo el mundo debía temer a Chuck Norris resulta que éste tiene pesadillas con Anna Tarrés. La preparadora del equipo nacional de natación sincronizada se está haciendo famosa (más aún de lo que ya era por sus méritos deportivos) gracias a unos más que presuntos, más bien discutibles, malos tratos hacia unas nadadoras que, casualidades o no de la vida, quedaron fuera de la órbita de la selección. Ahora, ante la acusación de prácticas inhumanas, de trato degradante y de palabras ofensivas dirigidas hacia sus pupilas, Anna Tarrés está siendo sometida a un procedimiento sumario y sin garantías en el que se está poniendo en cuestión toda la credibilidad de un trabajo de quince años.

En un deporte como la natación sincronizada hay poco de juego y mucho de repetición. No existe la toma de decisión ni la estrategia. El éxito se basa en la creatividad de una buena coreografía y en la perfección a la hora de ejecutar diversos elementos técnicos. Por ello, en este contexto, los métodos soviético o chino, versión depurada del primero, se imponen. En la lucha denodada por controlar hasta el más mínimo detalle la nadadora se convierte en una especie de ratón de laboratorio al servicio de la técnica y la pureza de los movimientos. Pero éste no es el problema. El problema es que estas nadadoras no estaban preparadas para asumir el rigor de una disciplina que choca con las tendencias actuales de mínimo esfuerzo, el “ay, me duele” o el “qué fuerte me parece”.

Ojo, si hubo palabras malsonantes o hirientes yo seré el primero en reivindicar un justo castigo. Lo que aquí expongo es el progresivo ablandamiento del ser humano, el empobrecimiento comprobable de una especie, la del homo sapiens sapiens, llamada a desparecer por una triste gripe o por un pequeño corte en el dedo meñique del pie. Ello, que se debe entre otras cosas a logros evidentes como sistemas universales de cobertura social, encuentra también su explicación en una educación cada vez más permisiva en la que el niño (la niña) se convierte en la última ratio, en un regalo caído del cielo que pasa a mediatizar por completo la vida de sus padres, abuelos,... Olvidan, sin duda, lo que dijo en su día la genial educadora María Montessori: “Ésta es nuestra obligación hacia el niño: darles un rayo de luz y seguir nuestro camino”. Como siempre la Grecia clásica nos da la solución. “Dos excesos deberían evitarse en la educación de la juventud: demasiada severidad y demasiada dulzura” decía Platón para situarnos de nuevo en la senda correcta. La del palo y la zanahoria, la de involucrar sin caer en la condescendencia.

En el baloncesto, por supuesto, también encontramos casos de entrenadores que han sido muy duros con sus discípulos. Numerosos iconos de los banquillos se caracterizaron por imponer una férrea disciplina lindando en numerosas ocasiones con aspectos de carácter religioso. Es el caso de John Wooden o de Bobby Knight. Eran ásperos en el trato, recurrían con asiduidad a la elevación de la voz e incluso amenazaban a los jugadores. Sin embargo, ambos se ganaron el respeto de toda la profesión porque no siempre eran así. Contaban con un cambio de ritmo, con una palabra amable en el momento preciso, con un abrazo a tiempo y un guiño cómplice de ojos. Pocos de los que pasaron por sus manos hablaron mal de ellos. Ninguno, desde luego, firmó una carta desacreditando sus métodos. Eran otros tiempos, quizá, pero hay ejemplos más cercanos. 



Los entrenadores balcánicos, sin necesidad de ir más lejos, representan un modelo de preparador bastante duro y desagradable. Es más, existen jugadores que no se pondrían jamás a las órdenes de Dusko Ivanovic, Nenad Spahija o Bozidar Maljkovic. Son herederos, sin duda, de otra forma de hacer las cosas, sucesores de un modelo similar al que se pone en práctica en deportes más monolíticos y unidireccionales. Para el éxito de sus equipos es necesario que los rehenes queden cautivados por la capacidad de seducción de su secuestrador, es decir, que sufran una especie de síndrome de Estocolmo que les mantenga un tanto aislados de la realidad. Deberán aguantar collejas, insultos o comentarios sarcásticos sin poder recurrir a hablar con el presidente del club o llamar a sus casas. 



Y yo, aun siendo más de Del Bosque que de Capello, más de Phil Jackson que del primer Hubbie Brown, creo que es el momento para reflexionar y hacer una llamada a la cordura. No todo el mundo está preparado para ser un deportista de élite y no cualquier comentario ofensivo debe ser el origen de una profunda depresión. Relativicemos el valor de las palabras. El mejor antídoto contra la ofensa es la autoestima, la fe en uno mismo. Ah, y la capacidad de esfuerzo.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Curso 2012-2013






Tras prácticamente un mes de vacaciones en el que otros asuntos han copado mi agenda, es hora de retomar la escritura de éste, vuestro blog, para daros la bienvenida e inaugurar un curso baloncestístico que se presenta lleno de desafíos y eventos destacables.

Después de un verano marcado por la cita olímpica de Londres y sin que aún sepamos demasiado acerca del futuro de nuestra selección absoluta (quién será nuestro seleccionador, qué jugadores se borrarán de las próximas citas,...), la llegada del otoño marca un punto de inflexión en el calendario deportivo. En breves días, la liga Endesa se pondrá de largo y en ella varios equipos tratarán de poner en jaque la supremacía cada vez más discutida de un Regal Barcelona que se ha impuesto en las dos últimas ediciones. La Copa del Rey disputada en el Sant Jordi, los playoffs de la pasada temporada y la Supercopa recién celebrada apuntan a un cambio de tendencia. El Real Madrid de Pablo Laso, rebosante de talento y firme creyente en una filosofía que atrae seguidores al baloncesto, parte como gran favorito en todas las competiciones nacionales y como aspirante al máximo trono europeo. Sin embargo, pocos pueden enterrar las opciones de un Barcelona que dependerá no sólo de los sistemas de Pascual, sino sobre todo de la salud de dos de los mayores genios del baloncesto contemporáneo. Si Navarro y Jasikevicius son capaces de aportar veinte minutos de calidad, pocos equipos podrán defender las múltiples opciones ofensivas, interiores y exteriores, de un Barcelona que este año, al fin, presume también de presencia en la zona. Caja Laboral, Valencia, Bilbao y Unicaja volverán a presentar batalla con presupuestos más modestos, pero con el respaldo de aficiones fieles a los colores y volcadas con el baloncesto. En los puestos de abajo se librarán escaramuzas marcadas por la urgencia y las circunstancias cuyo resultado, en todo caso, será virtual a la espera del pago de las licencias una vez finalice la temporada. 



La crisis económica y social será, a buen seguro, tema habitual en el blog. Su incidencia es notable en el ámbito profesional y se hace aún más evidente cuanto más descendemos de categoría, cuanto más nos aproximamos al baloncesto amateur. Numerosas ligas provinciales y autonómicas se encuentran en la UVI y muchos patrocinadores han tenido que poner pies en polvorosa abandonando al baloncesto de cantera a su suerte. Es ahora cuando los gestores deben demostrar cualidades y aptitudes, cuando urge echar mano de la imaginación para afrontar un período hostil que, para más inri, no tiene fecha de caducidad. Las hipotecas del presente serán las cargas del futuro. Una educación sustentada en el deporte contribuye decisivamente al asentamiento de valores universales que todo ser humano debe poseer. La posibilidad de perder nos hace humildes. La aspiración de ganar, ambiciosos. La existencia de reglas, aunque pueda parecer lo contrario, libres. Y todo ello se puede aprender en una cancha de baloncesto, en el marco de una colectividad, el equipo, deudora y acreedora al mismo tiempo de los sueños, pasiones y, también, por qué no, de los temores de cada uno de sus miembros. 

Todo ello trataré de inculcar en mi papel como entrenador de un equipo junior de categoría autonómica. En él trataré de aplicar todo lo aprendido en el pasado curso de entrenador de nivel 2 del que os hablé durante el verano, pero sobre todo, en él trataré de mostrarme como soy, de enseñar lo que un día me enseñaron con las vistas puestas más allá del acechante corto plazo, el que nos atrapa y amenaza, el que nos engaña e intenta hacernos perder la vista del horizonte con esas hipérboles paranoides llamadas victoria o derrota.

En un horizonte temporal cercano se sitúa, también, una nueva temporada de la NBA. El próximo lunes jugadores y cuerpos técnicos se reunirán para empezar a trabajar. Durante el verano los primeros pulieron sus condiciones físicas y mejoraron aspectos técnicos mientras los segundos se devanaban los sesos para dibujar una planificación que deberá someterse, en cualquier caso, al capricho de la circunstancia. Los Heat se presentan como máximos favoritos, más aún tras las recientes incorporaciones de Ray Allen y Rashard Lewis, dos francotiradores de reconocido prestigio (sobre todo el primero) que abrirán aún más el campo para que Lebron James y Dwyane Wade actúen a sus anchas. Los candidatos a dificultar esta tarea serán los Thunder de Durant, los Lakers de Nash, Gasol, Kobe, Howard y compañía y los Celtics de la defensa, el espíritu de equipo y la tradición. Ah, y de Rondo, Garnett, Pierce, Terry, Green y, sobre todo, Doc Rivers. 



Surgirán, claro, otros temas. Recuperaremos historias increíbles, hablaremos de jugadores que engrandecieron nuestro deporte y discutiremos sobre cuestiones de reglamento, táctica o cualquier cuestión que os parezca oportuna. No lo olvidéis, vosotros sois una pieza esencial de este modesto proyecto que nació de la nada para hablar de algo que nos gusta mucho. Baloncesto, amigos, claro que sí.

UN ABRAZO Y BUEN CURSO BALONCESTÍSTICO 2012-2013