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Arrivederci





Ni siquiera en la noche de los tiempos, cuando los cuentos de Gasol y Navarro sean batallitas de abuelito que nadie se creerá, sabremos cuál fue la aportación real de Sergio Scariolo a los éxitos de una de las tres mejores selecciones europeas (junto a la URSS de los 70 y la Yugoslavia de finales de los ochenta y principios de los 90) de la historia del baloncesto.

Los hubo críticos con su elección, con el hecho de que asumiera su rol sin renunciar a su cargo en el Khimki ruso cuando ésta había sido una de las causas (aparentemente) del cese de Pepu un par de años antes. Los hubo que criticaron su nombramiento desde una perspectiva proteccionista y nacionalista o es que acaso en España no había candidatos suficientes.

Apuesta firme de José Luis Sáez, Sergio Scariolo no elige el momento. El momento le eligió a él. Sólo así se explica que él fuera el llamado a dirigir el primer partido de la selección después del casi milagro de Pekín, de cuarenta minutos que hicieron que los aficionados se olvidasen de unos Juegos Olímpicos más bien mediocres para encumbrar la obra de Aíto y ensalzar el trabajo anterior de José Vicente Hernández.

En Polonia, cuando estuvimos a minutos de quedar eliminados en la primera fase, el deporte se mostró más caprichoso que nunca. Cuestionada su jerarquía por unas palabras de Marc Gasol al finalizar el partido de Turquía y otras de Navarro en las que éste reclamaba un juego más alegre, todo empezó a funcionar a partir de los cuartos de final. Con un chaval de 19 años al mando España desarrolló un juego eficaz y espectacular que barrió de la pista y de manera sucesiva a Francia, Grecia y a la emergente Serbia que nos había vencido en el primer partido del campeonato. De aquella manera tan demoledora España se hacía con el primer Europeo de su historia y empezaba a sentar las bases de cuatro años llenos de éxitos que sólo la magia de Teodosic pudo teñir de sombras.

La magia de Teodosic, la salud de Navarro y la ausencias de Calderón y Pau Gasol. Aquéllas fueron las cuatro claves para que la defensa del título mundial fuera más bien modesta. Claro, la quinta, para muchos, fue la presencia de Sergio Scariolo. ¿Pero cómo? Si él no tuvo nada que ver en que ganáramos el Eurobasket del año anterior, cómo pudo ser él, entonces, el responsable del fracaso de Turquía. Pues seguro que algo pudo hacer mejor. Seguro que en más de una ocasión se equivocó en las rotaciones, en la preparación de los partidos o en los planteamientos defensivos.

Seguro. Seguro que tantas veces como en el Eurobasket de 2011 que España vuelve a vencer con solvencia. Simplemente, esta vez jugaron Calderón y Gasol y a Navarro le visitó la inspiración y le pilló donde siempre le pilla, en la cancha. Trabajando. Divirtiéndose. La España cicatera y especuladora de Scariolo, muy lejos de aquella brillante selección de Pepu, anotó 92 puntos de media en los tres partidos eliminatorios demostrando falsos todos estos argumentos. Más aún si los comparamos con los 74 puntos de los tres partidos decisivos del Eurobasket 2007 o, incluso, los 78 del siempre añorado Mundial de 2006. 



El ciclo olímpico se cerró en Londres. Allí, en la capital del Imperio Británico, se puso de manifiesto que los Juegos son otra cosa, que para ganar una medalla sólo existe un camino, el del sufrimiento. Y se sufrió, se cogieron atajos (biscotto contra Brasil) y se recurrió al oficio para vencer al poderío físico francés y a los estrategas rusos. Pero en fin, si Aíto salió por la puerta grande por los últimos 40 minutos de Pekín, no menos valor tienen los que se disputaron en el O2 Arena ante unos Estados Unidos sin Wade ni Howard, pero reforzados con la imponente presencia de Kevin Durant.

Tres años, cuatro grandes competiciones y mil juicios paralelos sumarios y no siempre legales contra una figura que generó controversia desde su nombramiento, pero que se va dejando las vitrinas llenas de trofeos y a la selección convencida de que un último baile aún es posible, de que en España, en 2014, la venganza, vendetta, aún se puede servir en frío.

Grazie Sergio y arrivederci.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Y no estabas tú





Quizá se trate sólo de piernas cargadas, de músculos oxidados y de falta de ambición. Quizá. Lo cierto es que anoche, en el Polideportivo Pisuerga, asistimos a uno de los peores partidos de la selección nacional en los últimos seis años. A veinte días vista de que empiecen los Juegos Olímpicos el equipo español echó de menos a Rudy, que al menos calentó, y a Navarro, que ni siquiera se vistió.

Por desgracia no se trató ni de Rudy ni de Navarro. Al jugador que más extrañamos anoche en la atmósfera asfixiante del Pisuerga se llama Ricky Rubio y de él sabemos que no se vestirá con la elástica de la selección hasta el próximo verano. No lo hizo mal el jugador que ha heredado la camiseta con el número seis. Es más, Sergio Rodríguez fue uno de los mejores jugadores sobre el campo, el único capaz de hacer algo diferente y de encontrar a los compañeros en las mejores posiciones de tiro. Pero Sergio no es Ricky. No tiene su estrella ni su capacidad para cambiar el ritmo de los partidos desde la defensa a base de un incremento de la intensidad en la presión sobre la bola o en las líneas de pase.

Pero si nosotros le echaremos de menos, qué decir del seleccionador. Las zonas presionantes que ensayó ayer contra Gran Bretaña serían mucho más temibles con Rubio en la punta. Nadie en esta selección, ni siquiera Víctor Sada, tiene la suma de velocidad de piernas y envergadura de brazos que presenta sobre el parqué el genio de El Masnou.

Espero equivocarme y que se trate sólo de nostalgia, de amor incondicional al ídolo. Deseo que de aquí a unas semanas se hable sólo de la maestría de Navarro, del acierto en los triples de Rudy, del dominio de la zona de nuestro trío NBA de interiores y, sobre todo, de la perfecta dirección de juego de nuestros bases. España tiene mimbres para volver a demostrar que es la mejor selección FIBA y la única con opciones reales de discutir la supremacía del baloncesto norteamericano.

Aun así, desde mi asiento en la fila cinco del fondo alto sur del pabellón, junto a los compañeros del curso de entrenador del que os hablaré en breves fechas, no pude evitar mirar hacia uno y otro lado, en todas las direcciones, sin dejar un solo rincón inexplorado. Sólo vi gente correr... Y no estabas tú. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

San Pedro y San Pablo





El 29 de junio es una fecha señalada para la cristiandad. Si San Pedro fue la piedra angular sobre la que se asentó la Iglesia tras la muerte de Cristo, Pablo de Tarso, judío converso, fue el mejor altavoz de los principios del cristianismo haciendo de la necesidad virtud al legarnos alguno de los documentos literarios de mayor interés de la Antigüedad, las cartas con las que se dirigió a las diferentes comunidades.

Hoy, onomásticas aparte, se presenta la gira de la selección olímpica de baloncesto, la archiconocida entre el vulgo como ÑBA, la que forman trece hombres y un equipo técnico y de cuyos éxitos se apoderan, sin rubor, cientos de burócratas cuya única labor es estar presentables para la foto. A las doce de la mañana, en breves minutos, nuestro Pedro (Juan Carlos Navarro) y nuestro Pablo (Pau Gasol) tomarán la palabra para prometer trabajo y dedicación, nunca resultados.

Así, desde la prudencia, se embarcan en esta nueva aventura olímpica, la tercera de esta generación de jugadores de baloncesto que se ha ido renovando al compás del paso del tiempo y que no entiende de nombres y sí de principios. Y es que, por muchas críticas que le hayan llovido a Sergio Scariolo, lo cierto es que el equipo nacional mantiene un mismo estilo desde que en 2006 se impusiera en el Mundial de Japón.

La irrupción de la figura de Marc, la ausencia de un cuatro abierto de garantías por la imposibilidad de llevar a dos jugadores naturalizados (y que impide la presencia de Mirotic), y el hecho de no poder contar con un tres de las garantías que ofrecía Carlos Jiménez nos exige apostar por un modelo de juego distinto. Así, con dos interiores interiores y sin un alero alto con la capacidad que una cita como los Juegos exige, todo pasa por generar espacios a partir de una referencia en el poste bajo, por circular la pelota de esquina a esquina sin que ésta se detenga largo rato en las manos de ningún jugador. Todo pasa por confiar en el cerrojo que imponen los Gasol e Ibaka bajo nuestro aro, por las aptitudes intimidatorias de nuestros hombres altos para cubrir los déficits a nivel físico de nuestros dos mejores exteriores.

Calderón y Sergio llevarán la manija. Una fusión de ambos terminaría configurando un jugador diestro en todo tipo de suertes. Calderón empezará y terminará los partidos salvo inspiración sobrehumana del canario. Manejará el tempo del partido, alimentará a los perros grandes y encontrará con su habitual precisión en el pase a los tiradores saliendo de los bloqueos. A su vez, su tiro exterior se convertirá en una amenaza para aquellas defensas que intenten prestar especial atención a nuestro juego en el poste medio o a las penetraciones de Navarro y Rudy.

Sergio, por su parte, tratará de dinamitar los partidos compartiendo minutos en pista con Llull, Ibaka y también con Reyes. Con estos tres jugadores a su alrededor, al tinerfeño sólo le será necesario encender su prodigiosa mente para encontrar líneas de pase para los alley-hoops de Ibaka, los tiros en cinco metros de Reyes y las salidas fulgurantes a la contra de Sergio Llull.

Víctor Sada y Rafa Martínez se juegan el último puesto. Estudiando los movimientos pasados del seleccionador, lo lógico sería que incluyera a Sada por su capacidad reboteadora y la habilidad para minimizar el rendimiento de determinados jugadores rivales a los que deberemos vigilar muy de cerca en nuestro periplo por Londres.

Pero más allá de Navarros y Rudys, de Marcs e Ibakas, de Caldes o Chachos, nuestro referente volverá a ser Pau. Nuestro particular San Pablo, una rara avis que jugó de alero hasta los 19, de ala pívot hasta los 23 y de center puro hasta los 28 para retomar el papel de cuatro tanto en los Lakers como en la selección por la presencia a su lado de dos pívots puros como Bynum y Marc, es quien nos debe aproximar al oro a través de su constancia en la sala de máquinas, su experiencia ganadora y su talento para convertir en fácil lo difícil. En las próximas fechas conoceremos su destino, el equipo en el que militará, si le da la gana, a partir del próximo octubre. Pero no nos equivoquemos, el daño (para los rivales) ya está hecho. Pau ya ha sido decapitado de todas las maneras posibles, ha sido vendido y revendido y si ha jugado en los Lakers es porque la liga vetó su traspaso a Houston en una operación a tres bandas que debía concluir con Chris Paul en el equipo de oro y púrpura. Pau ha conocido el olor a mercancía barata y se ha sentido tratado como un cualquiera en una liga en la que ha ejercido un papel dominante durante más de una década. Por ello, que nadie espere a un Pau achantado y retraído, a un ser acomplejado ante el aluvión de estrellas que pese a las bajas presentará el combinado de Estados Unidos. Pau es un hombre en una misión. Una misión que pasa por la consecución de un oro histórico que hará que sean otros los que, al fin, se caigan del caballo y le reconozcan, de una vez, el lugar que por derecho propio le corresponde. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La llama que se apaga




9 de marzo. 21,30 horas de la noche en Minneapolis. 102-101 a favor de los Wolves tras un fantástico palmeo de Nikola Pekovic sobre el aro rival. Balón para Lakers y, cómo no, para Kobe. Ridnour contiene su avance esperando la llegada al dos contra uno de Ricky, llamado a impedir el dribling por mano derecha de la Mamba Negra. Décimas de retraso impiden a Rubio adoptar una buena postura defensiva. Arranca Kobe, no puede frenar Ricky. El campeón en pie. El aspirante por los suelos. Falta en defensa. Colisión y naufragio. Medio año en el dique seco por una rotura en el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. Adiós temporada. ¿Adiós Juegos?

Eso dicen las frías crónicas, las noticias de agencia, los diarios de información general. Pero no es éste un medio de comunicación al uso y por eso, lo que me apetece escribir, lo que quiero transmitiros a todos los que os perdéis de vez en cuando por estas páginas repletas de desvaríos, son los sentimientos que me generó el ver que Ricky no podía mantenerse en pie tras el choque con Bryant. Dejadme echar mano de los cuatro elementos a los que hacían referencia en la antigüedad.

Agua. Agua helada al constatar que las peores predicciones se habían cumplido. Helado me quedé al conocer que no habrá más pases precisos colocados en el único lugar del universo donde Williams, Beasley, Randolph o Wesley Johnson pueden cogerlos para machacar. Yo que, como muchos otros, (no os escondáis ahora) soñaba con ver a Ricky en abril decidiendo partidos de playoffs, no puedo más que retirar la escarcha de la ventanilla y aceptar la dura realidad. Las lesiones forman parte del juego. Nadie las esquiva por completo y, algunos, mirados por un tuerto, parecen estar siempre girando sobre la misma manzana sobre la que orbitan éstas hasta acabar chocando una y otra vez con ellas. Sólo espero que Ricky no sea la versión 2.0 de Raül López y que ésta sea la única y última ocasión en que tenga que pasar por el quirófano.

Tierra. Tierra seca y fría. Inerte y estéril. Como se presenta el panorama de los Timberwolves tras la baja de su joven timonel. Desde hoy, el estado de Minnesota, repleto de lagos, parece un desierto recorrido por una brizna de hierba. Una brizna que busca desesperada a ese mesías del que le hablaron en una latitud muy lejana. Pensaba que acudía al lugar indicado, a un oasis de buen juego y crecimiento colectivo, a la sede de un equipo con aspiraciones de playoff y luego quién sabe. Ahora se sabe que no. Love será menos Love sin su Ricky, como Malone fue menos Malone sin su John. Pekovic volverá a parecer un pívot torpe sin argumentos y Williams un número 2 del draft sobrevalorado, un tres que juega de cuatro sin ser una cosa ni la contraria. Sólo Barea, otro virtuoso con el que Ricky conectó desde el primer momento, puede impedir que una profunda depresión invada el Target Center.

Aire. Aire que buscábamos y no hallábamos mientras intentábamos levantarte del suelo deseando ver una sonrisa instalada en tu cara. Aire que, a modo de huracán, entró en nuestras casas de madrugada para llevarse nuestros sueños de niñez, los que nos haces revivir cada noche cuando, flotando sobre las pistas de baloncesto, haces parecer fácil lo imposible. El mismo aire que nos insuflas con tu juego cuando la vida pretende ahogarnos con sus múltiples desafíos. Aire que se nos acabó en un segundo y que poco a poco intentaremos recuperar mientras seguimos de cerca los progresos en tu recuperación.

Fuego. Llama que se apaga. La del Monte Olimpo. La de Londres. Juegos Olímpicos que se alejan para Ricky y también para nuestra selección. Rubio estaba llamado a jugar un papel esencial como complemento de José Manuel Calderón este verano. Ahora varios se disputan su plaza y Scariolo deberá decidir entre la sobriedad de Sada, la bendita locura de Llull (un fijo aunque no hubiera caído Ricky) y el talento de Raül López. En cualquier caso, nuestra victoria en Londres ha visto aumentado su valor en las apuestas tras la baja, casi segura, del 9 de los Wolves.

Ánimo Ricky. Cuentas con el calor de millones de aficionados por todo el mundo. Creamos o no, profesemos una u otra religión, todos estaremos rezando por volver a verte pronto sobre el parqué desplegando tus infinitas habilidades, tu visión de juego y tu singular carisma. Nos conquistaste cuando eras un imberbe adolescente y nos tendrás ahí, apoyándote, hasta que cuelgues las botas para siempre. Y eso, estoy seguro, será dentro de mucho. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La vida te da sorpresas




… sorpresas te da la vida, ¡ay Dios! Lo decía Rubén Baldes y muchos no lo querían creer. Pensaban que el transitar por este mundo es un camino trazado por ingenieros y en el que resulta imposible extraviarse. Pues ni recto ni seguro. Así ha sido el trayecto de Rudy Fernández por una liga que parecía hecha a su medida, por una NBA que le acogió con los brazos abiertos después de la final de Pekín en la que “posterizó” a uno de sus mitos. Rudy voló más alto que Superman para hacernos creer que podíamos destronar a la mejor versión del Dream Team desde la de Atlanta 1996 (si es que hubo alguna que mereciera ese sobrenombre desde que la original arrasara en Barcelona) y, sin embargo, sus días están contados.

De poco han servido las buenas palabras de Nowitzky aludiendo a la ilusión que le haría compartir pista con Rudy. Vistas en perspectiva, resultan menos creíbles que aquellas otras de Rick Carlisle en las que aseguraba que el mallorquín podría aportar cosas positivas en diferentes aspectos del juego (robos de balón, abrir las defensas rivales,...). Se equivoca Dallas apostando por un Vince Carter, tan mediático como perdedor, un jugador que llegó a la liga avalado por sus tres años en Carolina del Norte y cuyo currículum está salpicado de derrotas vergonzantes y de repetidas muestras de incapacidad para asumir el liderazgo. Fue incapaz de conducir a los Raptors a las Finales de Conferencia de 2001 tras perder con los Sixers de Allen Iverson y, en sus posteriores aventuras en New Jersey y Orlando, sólo pudo confirmar las sospechas. Claro, diréis, ahora su rol será otro, más complementario que principal a la sombra de un Nowitzky que seguirá acaparando balones decisivos y defensores contrarios permitiendo tiros cómodos a sus compañeros. Y en eso, en aprovechar las ventajas que genera el alemán, creo que Rudy hubiera sido mucho más efectivo. 



Esta llegada de Vince Carter, sumada a las de Lamar Odom y Delonte West, dibujan un futuro muy esperanzador para los Mavericks a pesar de la salida de algunas piezas claves del anillo como lo fueron JJ Barea y Tyson Chandler. En ese futuro no parece estar Rudy al que Donnie Nelson (hijo del mítico entrenador) pretende empaquetar junto a Corey Brewer (otro alero más que interesante) para ampliar el margen salarial. El destino no está claro aún y es posible que Rudy tenga ofertas de equipos importantes de la NBA. Un jugador con su capacidad de anotación y con su inteligencia en la cancha puede serle útil a numerosas franquicias de la NBA. Dependerá de la entidad del equipo en que recale el que Rudy permanezca en el otro lado del Atlántico. Si aterriza en una franquicia con aspiraciones habrá de quedarse y explorar la posibilidad de convertirse en el segundo español con un anillo de campeón. Si por el contrario, su contrato cae en manos de un equipo en construcción la opción de regresar a Madrid se convertirá en prioritaria. 



A las sorpresas está, también, acostumbrado Marc Gasol. El mediano de la saga acudió al Mundial de Japón supliendo la baja de Fran Vázquez para terminar aportando rebote e intimidación especialmente en la final contra Grecia. Desde entonces, el gordito que aplaudía las canastas de Bodiroga, empezó a cuidar su cuerpo y a mejorar en diferentes facetas de juego (especialmente de la mano de Pesic en Girona) para acabar convertido en un pívot de garantías que hoy firmará por Memphis a razón de prácticamente 15 millones de dólares por temporada. Así, una de las piezas secundarias del traspaso que finalizó con Pau Gasol en los Lakers ha terminado por demostrar que no estaban tan equivocados en Memphis y que aquél no fue un traspaso tan inverosímil como pudo parecer en un principio. Si se confirma la renovación de OJ Mayo Memphis contará con la columna vertebral que estuvo a punto de alcanzar las finales de conferencia en la temporada pasada gracias a un fenomenal trabajo colectivo y al buen reparto de roles dentro del conjunto.

Y si de sorpresas hablamos, no podemos dejar de mencionar la crítica situación de un Pau Gasol que pasa por uno de los momentos más bajos de su carrera. Acabe donde acabe parece que sus opciones para repetir anillo son cada vez menores. Si se queda en los Lakers, la ausencia de Lamar Odom unida a la turbiedad del ambiente ha desembocado en una reducción exponencial de las aspiraciones. De ser traspasado, los destinos parecen aún menos competitivos. Tanto si acaba en New Orleans, como si lo hace en Houston sería el jugador principal de un equipo muy joven y sin experiencia. Sólo en el caso de llegar a Orlando podría el bueno de Pau competir por hacer un papel digno en Playoffs, digno pero sin opciones reales, habida cuenta de la primacía de los Heat y los Bulls (bien reforzados con la llegada de Rip Hamilton) en la Conferencia Este.

Mientras tanto Ricky está trabajando ya con los Timberwolves y le han bastado muy pocas sesiones para comprender la filosofía ofensiva de un Rick Adelman que promete hacer jugar muy bien al equipo. Puedo avanzar que los Wolves serán uno de los equipos revelación de la temporada siempre que la progresión de jugadores como Michael Beasley o Wesley Johnson y la llegada del portentoso rookie (por sus condiciones físicas a pesar de ser un 4 bajito) Derrick Williams complementen la germánica labor de un Kevin Love que parece más grande de lo que es. Rubio es ya todo un ídolo en Minneapolis. Las expectativas son altas. Están encantados con su capacidad de pase y con su habilidad para lanzar los contrataques de un equipo que parece acomodarse a sus características. Ello, unido a su natural carisma, ha hecho que la prensa esté volcada con él. Veremos por cuánto tiempo. 



Quizá sea Calderón, el único de los españoles centrado en lo estrictamente baloncestístico. En Toronto parecen confiar en lo poco que tienen y creen que el español es un buen tutor para los recién llegados. Todo parece indicar que el extremeño acabará sus días en la NBA en la misma ciudad en la que los empezó y sin haber optado nunca a ser campeón.

Ésta es la NBA. La liga que nos quita el sueño y que mueve millones y millones de dólares. La misma con la que sueñan los críos que empiezan a tontear con la pelota de baloncesto y que luego, cuando llegas a ella y a modo de ruidoso despertador, te hace recordar que la vida es como una caja de bombones. Si ya lo dijo Forrest Gump... 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Justicia y deportividad



Hace unos años descubrí que ley, derecho y justicia son conceptos muy distantes. Aquel doloroso despertar, aquel repentino aterrizaje en la cruda y vil realidad no consiguió que cejara en mi empeño por fomentar la buena conducta en el marco de una actividad, el deporte, que encierra en su propia esencia la posibilidad de perder, la opción de caer derrotado y de aceptar, o no, la frustración que ello supone.

Es en la derrota donde se conoce la verdadera naturaleza de cada ser humano, es en ella donde se distingue sin matices al conformista del insatisfecho, pero también al hombre del aún niño. Es en esos instantes del deporte, pero también de nuestra propia existencia, en los que vemos alejarse de nosotros lo que más deseamos, cuando unos muestran entereza mientras que otros se derrumban cual castillo de naipes arrastrado por el cierzo.

¿Y todo esto a cuenta de qué? Os preguntaréis. Estoy pensando en Goran Dragic, un zurdo bendecido por un inmenso talento y por una capacidad para el dribling de la que muy pocos pueden presumir. Dragic disputó un buen partido contra España y, poco a poco, va demostrando todo lo bueno que se venía diciendo de él desde edades muy tempranas. Sin embargo, en una acción aislada del juego, en pleno aluvión de canastas españolas sin respuesta en el aro contrario, al bueno de Goran le dio por llevar a cabo una de las acciones más peligrosas que se pueden ver en una pista de baloncesto. El "11" esloveno posó con alevosía su pie derecho en la zona natural de caída de los pies de José Manuel Calderón que aún se encontraba en el aire realizando una magistral suspensión que acabó con un triplazo.

Esta jugada que, tengo que decirlo, se enseña en más de una escuela de baloncesto, ha hecho famosos a algunos jugadores como Bruce Bowen y ha ocasionado numerosas lesiones de tobillo. Estas acciones y no los pequeños rifi rafes que acaban con empujones o algún leve toque en la cara del rival son las que ocasionan el mayor perjuicio al jugador al impedirle llevar a cabo su profesión. Curiosamente, Dragic, se fue con una técnica por el encontronazo con Navarro y sin ninguna sanción disciplinaria tras poner en riesgo la integridad física de Calderón. Es aquí cuando entra en juego el término justicia. Para Tomás de Aquino y es ésta, quizá, la definición más universal de este término, justicia es dar a cada uno lo que es suyo. Eliminando el cariz materialista que exuda de esta definición podemos concluir que para Tomás de Aquino la justicia nada tiene que ver con la aplicación de un reglamento que no deja de ser una convención necesaria para que se pueda llevar a cabo una actividad en la que confluyen intereses contrapuestos entre los que hay que mediar tratando de alcanzar un término medio ideal. Dejo de filosofar para concluir afirmando que justicia no es aplicar al pie de la letra el reglamento si éste resulta alejado de lo que se concibe como adecuado en cada situación. El positivismo ha hecho mucho daño. El juez o árbitro ya no se pregunta qué es lo más justo, sino cuál es la decisión que se ajusta más a lo dictaminado por unas eminencias (legisladores) que tanto en la vida cotidiana, como en el deporte no son más que hombres imperfectos dominados por sus más bajas pasiones e instintos (ganar elecciones, mantenerse en su cargo, presumir de poder).

En definitiva y expongo mi tesis para que me acribilléis a cañonazos. En el mismo día en que se plantea una posible sanción para Cristiano Ronaldo por decir, textualmente, "que el arbitraje fue una vergüenza", el día después en que un jugador que pudo causar una lesión muy grave fue más duramente castigado por juntar su cabeza con la de Navarro que por la propia acción alevosa propongo que:

Dado que son las acciones antideportivas las que realmente atentan contra el espíritu del juego y contra la salud de los deportistas y dado que las palabras hacen sólo el daño en función de la importancia que el aludido quiera darles... Sean mucho más castigadas las acciones que pueden provocar lesiones graves que aquellas otras tradicionalmente consideradas como "faltas de respeto" y, por supuesto, que aquellas declaraciones que no son más que la expresión de un derecho a la libertad de expresión pues, aunque pongan en duda el ejercicio de la autoridad por parte de un encargado de impartir justicia, no son éstas las que impedirán a un compañero-rival seguir ejerciendo aquella labor por la que se les paga. En este caso, jugar al fútbol o al baloncesto.

Os dejo con Bruce "Lee" Bowen y espero vuestras réplicas, 



UN ABRAZO Y DEPORTIVIDAD BIEN ENTENDIDA PARA TODOS

Apuesta segura


No es bueno pecar de exceso de confianza. Lo sé. Aunque me considero, aún, un entrenador en pañales dando sus primeros pasos en este mundo ya tengo aprendida la lección: Sólo la humildad y el trabajo silencioso conducen a la victoria.

Sin embargo, aun teniendo muy presente esta máxima del deporte, comprenderéis que haga un análisis optimista del futuro de la selección en el mundial de Turquía basándome en lo visto durante el Torneo de Vitoria disputado el pasado fin de semana.

Precisamente en la capital del País Vasco fue donde asentó su pequeño taller de naipes Heraclio Fournier allá por 1868. Y si comparamos el baloncesto con una partida de cartas, en el próximo campeonato del mundo, la mejor mano la lleva Sergio Scariolo, nuestro seleccionador. Ello a pesar de que nuestro comodín, Pau Gasol, ha decidido tomarse un verano tranquilo para destensar sus músculos y relajar su espíritu.

En campo abierto y con las cartas sobre la mesa España parte como favorita. Un quinteto integrado por Calderón, Navarro, Rudy, Garbajosa y Marc Gasol es una mezcla casi perfecta de poderío interior y amenaza exterior. El base extremeño será el crupier y repartirá juego a dos de los más peligrosos pistoleros del occidente europeo. Por su parte, al jugar junto a Garbajosa, el mediano de la saga de los Gasol podrá disfrutar del espacio que necesita para hacer valer sus kilos y su talento en las cercanías del aro.

El as bajo la manga se llama Ricard Rubio. Le conocen como Ricky en los principales casinos de Cataluña y un locutor bajito, negro y con pajarita (otro emotivo recuerdo al gran Andrés Montes) se refería a él como Ricky Business por su capacidad para convertir en oro todo lo que toca. Dicen los rumores que de vez en cuando juega al mus formando pareja con Fran Vázquez. Un gallego suele responder con otra pregunta, pero éste lo hace con mates e intimidación. Su asociación dará réditos a la selección tanto en ataque (con sus pick and roll en lo alto de la bombilla) como en defensa (siendo agresivos en la defensa del 2x2).

Además, si la partida se vuelve ruda siempre podemos recurrir a nuestro particular “tipo duro”. No le gritan a uno “qué cojones tienes Felipe” o le llaman “Espartaco” por ser una hermanita de la caridad.

Por otra parte, si el juego pinta mal nuestro seleccionador siempre puede echar un “all in” y jugársela con un “small ball” con Ricky de base, Llul, de escolta, Rudy de 3 y Claver de 4. Con un equipo de este estilo el rival pensará que el infierno es un sitio agradable para vivir. La presión a la subida del balón, la agresividad en las líneas de pase y las rápidas transiciones pueden ser la clave para cambiar el rumbo de algún partido que se complique de entrada.

Como en toda partida de poker francés, el de toda la vida, el jugador puede descartarse. En este caso, el descarte es más bien una decisión obligatoria y nada sencilla. Fernando San Emeterio y Carlos Suárez se disputan la última plaza para el Mundial sabiendo que ante ellos se presenta una oportunidad única de pasar a la historia de su deporte. Tras lo visto en los dos últimos partidos creo que será el héroe del Caja Laboral el que viajará a Turquía.

Estoy seguro de que el bresciano de pelo engominado sabrá manejar de manera apropiada todas las combinaciones de las que dispone. Al menos sabemos que no va de farol.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS