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Pronósticos





Siempre es difícil hacer pronósticos. Para cuando llegue abril todos habremos cambiado tanto que nos parecerá absurdo este ejercicio de adivinación por mucho que presumamos de conocer bien la competición. Pero aunque difícil e innecesario es también divertido así que allá voy con mis apuestas sobre lo que creo que pasará, lo que sería sorprendente que pasara y lo que me gustaría como aficionado.

MVP de la temporada

Será: Lebron James. Tras rebajar su peso en casi diez kilos e inmerso en una misión de calado histórico, ni siquiera la monitorización de sus minutos anunciada por David Blatt le impedirá proclamarse con este galardón. Lebron es ahora mismo el mejor jugador de la NBA y así lo reconocerán los periodistas al final del mes de abril.

Podría ser: Lamarcus Aldridge. El cuatro más elegante, completo y distinguido de la competición es una “rara avis” que nos recuerda a los miembros de esa generación de maravillosos ala-pívots que nos dejó el cambio del milenio (Garnett, Duncan, Rasheed Wallace, Chris Webber). Bien rodeado por sus compañeros y en un entorno de trabajo y crecimiento bien podría firmar más de 25 puntos y 11 rebotes durante la temporada.

Me gustaría que fuera: Rajon Rondo. Aunque la temporada no comienza con buen pie debido a una fractura en la mano izquierda, hay pocos jugadores tan testarudos como él. Si se lo propone y está concentrado puede hacer jugar muy bien a unos Celtics que, aunque no van sobrados de talento, sí que tienen margen de progresión.

Rookie del año

Será: Jabari Parker. El pupilo de Coach K es el mayor talento de su promoción. Seguir a los Bucks entrenados por Jason Kidd tiene un aliciente fundamental: ver a este bailarín moverse sobre el parqué haciendo de todo en la cancha. Recuerda a Paul Pierce, pero puede alcanzar más altas cuotas aún.

Podría ser: Nerlens Noels. Fuera toda la temporada pasada por una lesión de rodilla, el jugador de Philadelphia pretende seguir los pasos de Blake Griffin e igualar su gesta.

Me gustaría que fuera: Marcus Smart. Una difícil infancia y un indomable carácter convierten a este producto de Oklahoma State en un auténtico luchador. La comparación salta a la vista con Isiah Thomas. Habrá que ver, claro, si además posee su talento.



Entrenador del año

Será: Steve Kerr. El viejo camarada de Jordan en los Bulls salta a los banquillos después de años sentando cátedra en televisión. Durante su carrera como jugador pudo aprender de Phil Jackson y Gregg Popovich. Si, como parece, es inteligente y sabe mover sus piezas, que no son pocas, puede conducir a los Warriors a la frontera de las sesenta victorias.

Podría ser: Erik Spoelstra. Todo lo que sea evitar una hecatombe tras la marcha de Lebron puede resultar positivo en Miami. Esto se dice, al menos, en los corrillos. Pero Riley y su joven padawan filipino tienen otros planes. Con la adición de Deng y la liberación de Bosh esperan estar entre los tres primeros equipos de la conferencia. Si lo logran, claro, Spoelstra debe ser candidato.

Me gustaría que fuera: David Blatt. Muy bien lo tiene que hacer el ex técnico de Maccabi para que los periodistas norteamericanos reconozcan sus méritos. Con la plantilla de que dispone será muy sencillo achacar todo lo bueno que pueda pasar al talento de Irving, Lebron, Love y compañía del mismo modo que cualquier mala racha será fácilmente explicada con un primer plano del entrenador.

Campeón de la Conferencia Este

Será: Cleveland Cavaliers. Puede que la adaptación sea difícil en un principio, pero para abril, si no hay lesiones de por medio, el talento habrá encontrado nexos de unión entre sí y motivaciones suficientes como para dejar a un lado el pernicioso empuje del ego.

Podría ser: Chicago Bulls. Si no es Cleveland, y más tras la lesión de Paul George, sólo puede ser Chicago. Los de la Ciudad del Viento dependerán de la salud de las rodillas de Rose, de la implicación y resistencia al envejecimiento de Gasol y de la capacidad de Thibodeau para ofrecer variedad en ataque. Con el corazón de Noah y Butler, con el tiro exterior de Dunleavy y con los buenos minutos desde el banco de Gibson y, quizá, de Mirotic, pueden contar.

Me gustaría que fuera: Más allá de la opción inviable de los Celtics mi corazón está con los Wizards, la penúltima oportunidad que ha decidido brindarse a sí mismo Paul Pierce para ganar un segundo anillo. Wall y Beal forman una dupla asesina que en nada desmerece a las mejores de la liga, como sucede también con la que integrán Nene y Gortat. Habrá que ver si la rotación es suficientemente buena y si Randy Wittman logra dar con la tecla.

Campeón de la Conferencia Oeste

Será: San Antonio Spurs. Hay tantos mecanismos aprendidos, tantos momentos de ocio compartidos, tantas sensaciones acumuladas a lo largo de los años que me resulta imposible apostar contra ellos. Popovich conoce la fórmula y, aunque al hacerla pública la comparte, no hay nadie como él en la liga gestionando una plantilla.

Podría ser: Muchos, la verdad, Trail Blazers, Mavericks, Rockets, Thunder,... pero me quedo, siendo coherente con mi elección de técnico del año, con Golden State Warriors. Curry y Thompson han madurado y progresado este verano en torno a la protección de Coach K. Bogut empezará sano la temporada y Harrison Barnes ha llegado a octubre en su peso ideal. Todo son buenas noticias en este lado de la Bahía.

Me gustaría que fuera: En este caso voy a repetirme. Mi apuesta sentimental son los Warriors, el equipo más divertido de la liga que tiene, además, por exteriores, a dos de los maestros que los entrenadores utilizamos para enseñar fundamentos de técnica individual. Cuando uno ve a Klay Thompson salir de un bloqueo y tirar o a Stephen Curry generarse el espacio para hacer un lanzamiento piensa que el baloncesto es algo muy sencillo y, sin duda, una expresión artística de incalculable valor.

Para finalizar simplemente apuntar unos cuantos factores sobre los que focalizar la atención:

1. El regreso de Kobe Bryant. Tras luchar denodadamente para recuperarse de su lesión en el tendón de Aquiles, nadie puede dejar de admirar su tesón y su pasión por el juego. Ojalá vuelva a ser competitivo y a dejarnos muestras de su talento. El tiempo y el salario que ha decidido cobrar, juegan en su contra si de ganar el sexto anillo se trata.

2. Phil Jackson y Derek Fisher en los Knicks. La Ciudad que nunca Duerme lleva varios años achacando este maldito insomnio al juego de sus Knicks. No esperen milagros en tan poco tiempo, pero sí criterio y coherencia en la toma de decisiones. Quizá vuelva a verdear el valle de aquí a unos pocos años.

3. Los españoles en la NBA. Aunque no me interesa particularmente lo que pueda hacer el producto patrio en la mejor liga del mundo hay varios centros de atención relacionados con ellos. Uno es, sin duda, la no renovación de Ricky por los Wolves. No sé lo que debe ver el de El Masnou cuando se sitúa frente al espejo, pero yo no veo, y mira que lo he defendido, más que un buen organizador de juego que puede aspirar a cobrar, en el mejor de los casos, siete u ocho millones por temporada. No doce. Buscarán opciones de anillo, por su parte, los dos hermanos Gasol (y Mirotic si lo tomamos por español) e Ibaka y tratará de acomodarse a jugar en Nueva York el bueno de José Manuel Calderón. De Claver mejor ni hablar.

4. La primera temporada completa de Adam Silver. El nuevo comisionado ha llegado con ganas de renovar un producto que funciona a las mil maravillas. Quizá tenga razón y esto no pueda mantenerse sin introducir cambios, pero desde aquí le ruego que tenga un poso de prudencia y tranquilidad. No haga nada, señor Silver, para tener que dar luego marcha atrás.

Disfruten y no se olviden de dormir. I love this game!




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Yo no acuso





Yo, al contrario que el eminente escritor naturalista francés, Émile Zola, no acuso. No acuso en base a argumentos basados en la percepción, salidos de las entrañas, vomitados en la propia barra de bar de la que nunca debieron salir. El bronce de la selección española ha abierto la veda y concedido el plácet, aunque no lo necesiten, a los más feroces críticos, a las balas más hirientes de la escopeta nacional. Balas que no están hechas de plata y sí de tópicos, balas que encuentran en las redes sociales el camuflaje del anonimato y el triste eco de unos pocos “retweets”.



Salgo en la defensa del único responsable de esta presunta decepción, de este bronce que visten de cobre los que ni siquiera se hubieran conformado con un oro. Hablo de Orenga, el que estaba llamado a ocupar la esquina inferior izquierda del retrato de los ganadores en el caso de que se hubieran cumplido todos los pronósticos que nos daban por vencedores sin bajar del autobús. El mismo que, sin embargo, en una demostración de afán de notoriedad inconcebible, ha querido reclamar para sí todos los focos y los dardos jugando a perder al coaccionar el inmenso talento de Xavi Rey, Pablo Aguilar y Germán Gabriel y al ofrecer, por contra, las llaves de la nave al torpe de Marc Gasol, a un piernas como Sergio Rodríguez o a un patoso como Rudy Fernández.



Dejo el sarcasmo a un lado, recurso de pobres oradores, para defender el trabajo del cuadro técnico de la selección. No entro a valorar la oportunidad de su elección, ni siquiera el nepotismo que, según muchos afirman, funciona en los altos cargos de la Federación. Creo ser justo y prudente afirmando que hacía muchos años que no presentábamos una escuadra de un potencial tan limitado. Sin un tres clásico y sin un cuatro de entidad internacional se hizo necesario recurrir a fórmulas poco ortodoxas, las que cualquier ser cuerdo hubiera utilizado. Con sólo un escolta capacitado para anotar desde todas las posiciones, Rudy, y cuatro bases (Ricky, Sergio Rodríguez, Sergio Llull y Calderón) que cualquiera hubiera citado por estar entre los ocho mejores jugadores disponibles, no quedaba otra que recurrir a la fórmula del doble base. Por su parte, nuestro juego interior era una fuga de agua constante. Con sólo un pívot de garantías y descartada la opción de jugar cuatro contra cuatro, la idea era acompañar a Marc de un jugador que le abriera espacios y se aprovechara del sobremarcaje de éste sabiendo ganar las espaldas de las ayudas. El mejor, aunque limitado en talento y experiencia, era y es Víctor Claver, por muchos amigos que tenga Pablo Aguilar y por muchas cervezas que haya tomado con la afición Germán Gabriel. Y Víctor, que cumplió sobradamente en tareas de intendencia, no supo tirar y meter el triple que debió tirar y meter contra Francia y, por eso mismo, porque los rivales ya sabían de su apocado carácter, tampoco pudo facilitarle la vida a Marc del mismo modo que lo hubiera hecho un Mirotic o, por supuesto, un Jorge Garbajosa.



Demostrada la correcta gestión de la plantilla, aunque pudo haber errores en momentos clave de determinados encuentros (no aumentar la rotación en el tercer cuarto contra Francia para llegar mejor al final), procedo a hablar del estilo. Un estilo que volvió a ser reconocible en cada encuentro, hubiera mayor o menor fortuna en el desenlace. El equipo salió a cubrir a muerte las líneas de pase, a intentar evitar toda posible inversión de balón, a mandar contra Marc a cualquier osado exterior rival, es decir, a defender de manera “proactiva”, como le gusta decir a los técnicos, y provocar de esta manera errores que nos permitiesen correr y anotar al contraataque. Así se hizo en la mayor parte de los encuentros, así lo atestiguan los siete robos por partido, el 36,9% de acierto del oponente y los tristes 62,8 puntos a los que redujimos, como promedio, la ofensiva rival. Líderes en estas tres facetas, pocos dudarán sobre el verdadero propósito de nuestra selección: Defender. Defender y correr.



En el ataque estático, más allá de sistemas cortos para meter balón interior o un juego básico por conceptos que primaba las triangulaciones “palo alto-palo bajo”, que diría el gran Manel, se intentaron diseñar opciones de dos contra dos tras circulación de balón. De Pick and Roll vivimos y morimos, es cierto, pero en muchos de ellos, no los de infausto recuerdo en la prórroga contra Francia, produjimos de manera voraz. Anotó Ricky tras bote, Sergio atacando la ayuda de los hombres grandes. Anotó Marc, más continuando hacia fuera que hacia dentro (en una tendencia natural que no se ha inventado Orenga) y también se generaron buenas ocasiones para anotar de tres. De hecho, sólo a través de un agresivo juego de pick and roll y, también, a tenor de las rápidas transiciones, se explica que un equipo sin tiradores puros obtuviera, como obtuvo, el mejor porcentaje en tiros de tres de la competición con un 39,1%. Y es que no sólo fuimos la mejor defensa, sino también el mejor ataque (en puntos anotados). Y el más bonito, si me apuran y aceptan como argumento el número de asistencias como botón de muestra de que se jugó rápido y se atacó de manera generosa (como gusta, ¿verdad?).



Hablemos ahora de la dirección de grupo, de las declaraciones altisonantes de unos o del malestar de los otros. Ah no, que lo primero sucedió en el Europeo de Polonia (declaraciones de Marc tras fallar Sergio Llull una canasta ganadora frente a Turquía) y lo segundo en Pekín (Navarro con Aíto). El estilo de dirección y liderazgo de Orenga puede ser discutible, pero no miente a nadie cuando se autoafirma como entrenador de jugadores, cuando es humilde y se muestra accesible a las aportaciones de los que están viviendo el basket desde dentro. De este espíritu cooperativo y colectivista algunos deducen que es un “minga fría” o que le falta autoridad. Y luego nos extrañamos cuando suceden ciertas cosas... En fin, que lo habríamos hecho mucho mejor con Ivanovic, Maljkovic o Ivkovic, que además de autoridad tienen experiencia.



Ha sido la experiencia tema manido en todas las conversaciones sobre la selección. Esa misma experiencia que a tantos jóvenes exaspera por ser el motivo de su no contratación, esa misma experiencia que no se puede adquirir si te vetan por no tener experiencia. Pero en fin, de esta paradoja no se ocupan quienes mantienen este discurso. Ahora bien, ¿qué clase de experiencia requerían? Porque quien atesora partidos en el currículum acumula victorias y derrotas, es decir, sabe ganar y sabe perder. En fin, que no sé por qué se valora tanto este hecho, que Guardiola llegó de un tercera para convertir al Barça en uno de los mejores equipos de la historia y Mourinho de ganar la Copa de Europa con el Inter para convertir al mejor club del siglo XX en una tasca inmunda. Por poner un ejemplo. Además, Orenga ya venía curtido en el trabajo con selecciones inferiores, ya sabía lo que es trabajar en dos meses, los objetivos que se pueden alcanzar y los que no. Un entrenador de club debería aclimatarse a estas exigencias, reducir su planificación habitual a un trabajo comprimido al que no todos se adaptan. Pero en fin, vilipendien, que es gratis.



Vilipendien y arrastren la conversación hacia la figura del entrenador, incurran en una nueva contradicción, aquella en la que se enredan los que afirman que a este grupo lo entrenaría cualquiera, que estos tíos juegan solos, que ganarían sin entrenador para luego pasarse horas y horas criticando a esta figura de pega, a este guiñol que sólo interesa cuando se pierde. Pero tienen razón, éste como tantos otros, es un deporte de jugadores. Ellos son los que deciden, los que ejecutan y determinan el destino de un equipo y las conversaciones de un país. Y en este Europeo, por razones varias, faltaron varios de los mejores. Y por eso fuimos más vulnerables, y por eso se redujeron las opciones, y por eso, porque no estaban, el bronce tiene mérito, un mérito que es, sobre todo, de los que sí estuvieron. Un mérito al que los entrenadores contribuyeron con un saber hacer que no merece tantas y tan injustas consideraciones, tantos y tan visitados clichés.



ENHORABUENA A ESPAÑA POR ESTE BRONCE. UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS.

En manos de Marc





Menuda se ha liado con el “no” de Mirotic a la selección española. Con Ibaka recuperándose físicamente para afrontar los años centrales de su contrato con los Thunder, todo hacía indicar que el joven montenegrino sería un fijo del combinado nacional para el Eurobasket de Eslovenia. Sin embargo, no sabemos si asesorado por buenos o malos amigos, Nikola Mirotic ha querido ejercer su derecho a decidir cómo, cuándo y dónde y a decirle “no” a un proyecto que, aunque mermado, apunta a medalla.

A mí, como a todos, me hubiera gustado ver al ala-pívot del Madrid compartiendo cancha con Ricky, Calderón, Rudy, Marc y demás estrellas del equipo nacional. Así, podríamos haber cotejado su parecido con Garbajosa, su capacidad para ejercer ese rol de cuatro abierto tan necesario como indiscutible en el baloncesto actual. Pero quede aquí cerrado el debate, al menos por mi parte. Centrémonos en lo que tenemos, que es bastante, y analicemos nuestras opciones para conseguir un tercer entorchado continental consecutivo.

En la base no hay debate. Van los tres mejores de antes, de ahora y de luego. Prácticamente, Corbalán y Raúl López aparte, los mejores de siempre. La combinación de los tres daría lugar a un armador de juego inmaculado, talentoso y sereno. Como esa fusión no parece viable, queda en manos de Orenga la utilización separada o conjunta de sus habilidades. Si queremos jugar a un ritmo medio y controlar las pérdidas el extremeño será nuestro hombre. Si optamos por atacar la defensa del pick and roll contraria apuéstenlo todo, hasta la casa, por el Chacho. Y si preferimos apretar la subida de balón, provocar pérdidas y enloquecer el encuentro no lo duden, Ricky sigue siendo el mejor en esta faceta.

Y si a Ricky de uno le unimos a Llull de dos tenemos la mezcla perfecta para dinamitar los encuentros. En el perímetro sólo echaremos en falta la presencia de Navarro, nuestro jugador más fiable cuando los partidos se ponen calientes. Pero lo que echaremos de menos en la mitad ofensiva de la cancha lo ganaremos atrás, al poder defender, después de muchos años, con cinco jugadores. Si buscamos actividad de pies y manos Rudy de tres sería la mejor opción y, si por el contrario, buscamos fortaleza, un Claver trabajado físicamente en Portland, nos asegura mayor intimidación.

Aunque el regreso de Mumbrú parece merecido, imagino que San Emeterio será la primera opción para el puesto titular de alero. Aun así, cuenten con muchos minutos con doble base y Rudy al tres. La fórmula de poner a los mejores, jueguen donde jueguen y midan lo que midan, lleva años dando réditos en todo tipo de competición (equipo nacional de USA, España, Miami Heat) y los mejores, en nuestro caso, son pequeños.

Por esta precisa razón, parece evidente que la táctica ofensiva general, más allá de variantes, partirá del remozado modelo de “cuatro abiertos”. Ya no hay conflictos por el espacio, ya no hay gasoles que conjuntar. Ahora lo que hay es un vacío, un vacío interior que sólo un gran Marc Gasol puede llenar.

El trío de intendentes que forman Xavi Rey, Germán Gabriel y Pablo Aguilar parece no estar a la altura de las exigencias de un gran campeonato internacional. Los tres TT (Todo Trabajo Xavi y Pablo y Todo Talento en el caso de Gabriel) intentarán sumar y cumplir honradamente con que se les pida. Sin embargo, todos somos conscientes, Orenga el primero, de que todas nuestras opciones de medalla pendieron de un hilo en el período en el que Marc se mostró dubitativo acerca de su presencia con la selección este verano.

Por fortuna Marc dijo que sí y ahora pasamos a estar en sus manos, a depender de su nivel de motivación, de su capacidad de liderazgo, de que le respeten las lesiones y las faltas en cada partido. El mejor defensor del año en la NBA deberá multiplicarse atrás y tocar, al menos una vez en cada ataque, el balón delante. La ausencia de tiradores puros, de tipos que puedan salir del bloqueo y en un abrir y cerrar de ojos clavarla en la red, marca que nuestras mejores opciones de lanzamiento procedan de pases desde el interior, de pases que te dan medio segundo más para cuadrarte y lanzar, el medio segundo más que necesitan Rudy, San Emeterio, Mumbrú o los propios Llull, Rodríguez y Calderón. Y tan importante como que el balón llegue al poste medio es que entren esos tiros abiertos que le faciliten la vida al center de los Grizzlies.

Aunque aún resta tiempo para analizar, lo cierto es que esta selección transmite optimismo. Sin Gasol, Reyes, Navarro e Ibaka perdemos innumerables activos y, aun así, la simple presencia del mejor Marc de siempre me invita a apostar, como cada verano durante más de una década, al rojo de la selección española.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Los europeos





Hace tiempo cayó en mis manos una edición de contrastada solera de la novela de Henry James “Los Europeos”. En ella, dos hermanos franceses acuden a visitar a su familia de Nueva Inglaterra fundiéndose de esta manera el puritanismo propio de este extremo de los Estados Unidos, colonizado no lo olvidemos por calvinistas que huían de las persecuciones religiosas en la madre patria, y el libre albedrío propio de la burguesía europea del XIX, una clase social que levitaba por encima de las epidemias, la violencia y el hambre que acuciaba al pueblo llano.

Pues bien, unas palabras de Popovich esta misma noche me han hecho pensar de nuevo en esta obra de James que habitaba ya en la cara oculta de la estantería. Con delicadeza he quitado el polvo y he releído alguno de sus pasajes. De esta manera he recordado la incestuosa curiosidad que despertaron en Félix sus dos primas o la indiferencia con la que desde un principio actúa su hermana Eugenia, deseosa, nada más llegar, de regresar a la Francia de Napoleón III.

Es el técnico de los Spurs un ejemplar cuanto menos peculiar. Sus canas, sus cuatro títulos y el merecido reconocimiento del que goza dentro del mundillo de la NBA le permiten decir lo que le da la gana sin temor a quedar en ridículo. Su palabra es ley dentro del vestuario de los Spurs, aunque en los últimos años ha ido ganándose la confianza de los pesos pesados demostrando que además de mano dura, también tiene mano izquierda. En más de una ocasión ha cedido su pizarra a alguno de sus jugadores para que fueran ellos quienes diseñaran las jugadas de final de partido, “ellos saben mejor que yo quién está en mejor momento, dónde y cuándo quieren recibir la pelota”. El pasado mes de noviembre, en un momento en el que el calendario parecía más bien un campo sembrado de minas para su equipo por la sucesión de encuentros en muy pocos días y en diferentes pabellones, Popovich decidió darle descanso a cuatro titulares en un partido televisado a nivel nacional. Le costó a su equipo una multa sí, pero rápidamente recibió el apoyo de colegas y analistas. A ver si no puede gestionar uno su plantilla como le dé la gana.

Sus palabras, de las que se ha hecho eco hoy mismo Marca.com (ver aquí) son, al menos, una invitación a la reflexión. Probablemente alabar la preparación de los entrenadores europeos y las aptitudes de los jugadores formados en el viejo continente no suponga desvelar secreto de estado alguno, pero que lo diga Popovich ayuda a remover conciencias. Y es que el entrenador de los Spurs es uno de los principales defensores de la globalización del baloncesto y uno de los portavoces más cualificados para que esta idea, lejos de resultar burda, cale en las mentes de los propietarios de las franquicias y en la de los gerentes de ese gigante del marketing y el merchandising que es la NBA.

Ahora bien, y retomando de paso el hilo de la entrada, las palabras de Popovich contrastan con una realidad que nos dice que Andrei Kirilenko ha sido elegido mejor jugador europeo del año 2012. El ruso, no cabe duda, es un magnífico talento capaz de hacer de todo, y todo bien, sobre una cancha de baloncesto, pero si en los más de diez millones de kilómetros cuadrados que van desde los blancos Urales hasta la verde Irlanda y desde el polo norte hasta el Mediterráneo no hay un jugador mejor que él, es que algo falla. En Estados Unidos, con menor extensión y la mitad de habitantes, podríamos citar más de quince jugadores con mayores aptitudes, se llamen atléticas, tácticas o técnicas, que el ruso. 



No sé si se trata de genética, de cultura deportiva o de métodos de enseñanza, pero la realidad es que la cantera norteamericana es más prolífica y, sobre todo, menos coyuntural que la europea. Kirilenko, de 32 años, sucede en el galardón a Juan Carlos Navarro, también con 32 años, que sucedió a su vez a un Dirk Nowitzki, de 34 que siguió a un Pau Gasol a punto de cumplir 33 primaveras. Siguen surgiendo genios (Shved, Ricky Rubio, Gallinari), sí, pero sin un patrón geográfico o temporal previsible. Una vez que el telón de acero se volvió transparente la escuela balcánica se balcanizó, es decir, se dividió en tantas como países y, además, empezó a sufrir el expolio prematuro de sus futuras promesas por parte de clubes que ofrecían mejores condiciones de futuro a nivel económico, pero no a nivel formativo. En los 90 los aficionados podíamos recitar de memoria las plantillas de Yugoslavia o Croacia. Ahora pronunciamos algún nombre y recordamos otros con dificultad. ¿Qué está pasando? Pues lo mismo que en Rusia por parecidos factores geopolíticos. Italia, por otra parte, aunque un compañero del curso de entrenadores me trataba de convencer de que el trabajo de cantera es bueno, padece la crisis económica, la ausencia de patrocinadores. En España nos aferramos a esos paritorios que aún sobreviven por una mezcla de romanticismo y entrega por parte de sus técnicos. Larga vida a la Penya y al Estudiantes. No sé qué haríamos sin ellos. 



En este mundo de influencias mutuas, en este camino de ida y vuelta que inauguró Colón hace más de quinientos años, el sentido de los flujos ha ido cambiando. Aquellos bostonianos de claro sesgo rural que inmortalizó Henry James admiraban los aires europeos de sus familiares, su capacidad para degustar una obra de arte o la habilidad para disfrutar del tiempo libre. Los europeos, en cambio, no entendían el porqué de una moral tan rígida, el denuedo con el que cumplían sus obligaciones religiosas o la cantidad de horas que empleaban en el cuidado del jardín sus primos de Nueva Inglaterra.

La Historia y la Economía ya emitieron juicios al respecto, y aunque éste sea un blog de baloncesto a nadie se le escapa que es más fácil obtener resultados dentro de un país en el que 50 estados se declaran encantados de formar parte del mismo que en un continente con 45 países que cualquier día pueden ser 46 ó 47. O 48. Y si el mapa político está tan fragmentado lo mismo ocurre a nivel federativo. Cada federación nacional, si no cada federación regional, si no cada club, hace de su capa un sayo, fija sus objetivos y trata de cumplir con su parte del trabajo. Luego, si el destino quiere que salga un gran jugador, todos correrán a apuntarse el tanto y hablarán de métodos maravillosos y toda una serie de cuentos fantásticas que habría podido firmar Allan Poe.

Por lo tanto, esta vez y sin que sirva de precedente, no le puedo dar la razón a Popovich aunque sea cierto que existen entrenadores preparados y jugadores tan buenos técnica y tácticamente como el mejor estadounidense. Simplemente no se puede hablar de baloncesto europeo pues de existir carecería de una única identidad. Se puede hablar de buenos técnicos, de escuelas de baloncesto de alto prestigio o de clubes que trabajan bien la cantera, pero no de un baloncesto europeo.

La senda va por otro lado. Se distancia la línea de tres puntos (una línea de tres puntos que surge en Estados Unidos), se introducen los catorce segundos (el reloj de posesión, adivinen, también fue un invento suyo), se pinta una semicircunferencia bajo el aro y pronto se ampliarán, Dios lo quiera, las dimensiones del campo. Es decir, la corriente es unidireccional. Ellos crean, nosotros copiamos. Y ojo, cada vez copiamos mejor y por eso hay equipos como España que en un partido pueden hacerle frente a su selección, pero aun así, el esfuerzo, por lo que sea, sigue resultando insuficiente.

El proteccionismo fue la seña de identidad de un país que proclamó el libre comercio de puertas para fuera mientras seguía imponiendo aranceles a los productos agrarios del exterior. Así creció su sector agrario y de los réditos del mismo se benefició el sector industrial y el financiero. Gracias a estos beneficios se fundaron las mejores escuelas del mundo y en ellas se formaron los profesionales con más iniciativa del planeta. El modelo de vida americano puede ser criticable e incluso aborrecible. Esconde muchas miserias y desconoce el significado de la palabra escrúpulo, pero en el baloncesto, que es de lo que aquí se trata, sigue siendo el más eficiente. 



Tendrán que pasar muchas décadas para que los entrenadores europeos puedan contarse por decenas en la NBA. Sirvan como consuelo, por el momento, las palabras de Popovich.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Como un buen Celtic





Como un buen Celtic, orgulloso y testarudo, Rajon Rondo se presentó en la sesión de tiro del equipo el mismo domingo por la mañana con una bolsa de hielo alrededor de su muslo derecho. Doc Rivers y todos los miembros del staff técnico pensaban que se trataba de una sobrecarga en el cuádriceps y no se preocuparon en exceso por la salud de su base. Fue entonces cuando Brian McKeon, el especialista en dar malas noticias, le comentó al entrenador su particular impresión acerca de la rodilla derecha del siempre genial Rajon Rondo. Ligamento cruzado anterior. Baja para toda la temporada.

El número 9 de los Celtics, entre incrédulo y apesadumbrado, quiso resistirse a aceptar el diagnóstico. “No me duele demasiado como para que sea el ligamento cruzado”. Aun así, veinticuatro minutos antes de que comenzara uno de los duelos más esperados por la afición del TD Garden, Rondo asumió que no estaba bien y acudió al hospital para hacerse unas pruebas. Tras éstas, y de regreso a la instalación deportiva, un periodista le detuvo y le dijo: “Ey Rajon, están anunciando que tienes el ligamento cruzado anterior roto y que eres baja para toda la temporada”. Ofendido, éste le respondió: “Si ni siquiera se conoce el resultado”.

El resultado fue el esperado. No hubo sorpresas. La lesión se produjo durante el partido anterior en Atlanta y aun así se mantuvo durante doce minutos en pista con el ligamento destrozado. Otros lo habían hecho antes, pero aun así su esfuerzo no deja de sorprender. No, al menos, a su entrenador, quien recuerda cómo vivió esta misma pesadilla en sus años como jugador: “Caí al suelo y permanecí llorando unos cuantos segundos como si fuera un bebé”. No hubo lágrimas, en cambio, para Rondo, quien terminó de firmar en Atlanta el que será el último triple doble de la temporada y el último en unos cuantos meses.

Ahora que Ricky Rubio está en pleno proceso de recuperar sensaciones y a poco más de un mes para que Derrick Rose regrese a las pistas para volver a aprender a jugar al baloncesto, otro ligamento roto se ha empeñado en dejarnos sin uno de los jugadores más espectaculares del campeonato. En este caso, el ejemplo a seguir ha de ser el de Blake Griffin, quien no pudo disputar ni un solo partido en el que iba a ser su año rookie para regresar con más fuerza y ambición hasta convertirse en uno de los mejores jugadores interiores del campeonato. 



La lesión de Rondo ha caído como una daga en el corazón de los aficionados de los Celtics. Sin embargo, la victoria de ayer ante Miami nos enseña, una vez más, que la fe en uno mismo es un eficaz antídoto contra los infortunios. Sin embargo, hasta el más optimista seguidor del equipo puede adivinar que la temporada ha tocado a su fin. Pierce y Garnett tirarán de orgullo, pero el depósito de gasolina está a punto de quedar agotado. Sin su guía estos Celtics que ya navegaban a la deriva serán presa fácil para los cocos de la conferencia. Danny Ainge moverá el mercado, pero hay poco que ofrecer. Y no, a los que presumimos de ser verdes y de sentir como tal, no nos gusta la idea de ver a Pierce terminar su carrera en Memphis. Graceland será un santuario para los amantes de la música, pero un cementerio de lo más vulgar para las estrellas del baloncesto. La carrera del 34 debe terminar donde empezó, en las antípodas de lo que dictaba su corazón, en el polo opuesto del lugar donde se crió. Y es que este chico que aprendió a vivir en Inglewood, uno de los barrios más peligrosos de Los Ángeles, se ha hecho un hombre y una estrella jugando para los Celtics, elevando el nivel de su juego cuando las cosas más se torcían para su equipo. Ayer, en un partido agónico, rodeado de circunstancias extrañas y con Ray Allen de regreso enfundado en una camiseta que huele a traición, Paul Pierce firmó un triple doble y condujo a su equipo a una fantástica victoria ante los poseedores del anillo.

Garnett y Pierce se encargarán de que no haya lamentos ni autocomplacencia, de que en cada sesión de entrenamiento de los Boston Celtics se respire optimismo y disciplina. Con su sudor y su sangre les recordarán a los compañeros que sobre el parqué que tienen la suerte de pisar en cada noche de partido se hicieron un nombre Cousy, Russell, Havlicek, Cowens, Bird, McHale y tantos otros. Y es que no basta con ser un Celtic. Lo demostró Rondo con su testarudez y amor infinito a ese trébol de tres hojas. Hay que actuar como un buen Celtic. Y eso es mucho decir. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Y no estabas tú





Quizá se trate sólo de piernas cargadas, de músculos oxidados y de falta de ambición. Quizá. Lo cierto es que anoche, en el Polideportivo Pisuerga, asistimos a uno de los peores partidos de la selección nacional en los últimos seis años. A veinte días vista de que empiecen los Juegos Olímpicos el equipo español echó de menos a Rudy, que al menos calentó, y a Navarro, que ni siquiera se vistió.

Por desgracia no se trató ni de Rudy ni de Navarro. Al jugador que más extrañamos anoche en la atmósfera asfixiante del Pisuerga se llama Ricky Rubio y de él sabemos que no se vestirá con la elástica de la selección hasta el próximo verano. No lo hizo mal el jugador que ha heredado la camiseta con el número seis. Es más, Sergio Rodríguez fue uno de los mejores jugadores sobre el campo, el único capaz de hacer algo diferente y de encontrar a los compañeros en las mejores posiciones de tiro. Pero Sergio no es Ricky. No tiene su estrella ni su capacidad para cambiar el ritmo de los partidos desde la defensa a base de un incremento de la intensidad en la presión sobre la bola o en las líneas de pase.

Pero si nosotros le echaremos de menos, qué decir del seleccionador. Las zonas presionantes que ensayó ayer contra Gran Bretaña serían mucho más temibles con Rubio en la punta. Nadie en esta selección, ni siquiera Víctor Sada, tiene la suma de velocidad de piernas y envergadura de brazos que presenta sobre el parqué el genio de El Masnou.

Espero equivocarme y que se trate sólo de nostalgia, de amor incondicional al ídolo. Deseo que de aquí a unas semanas se hable sólo de la maestría de Navarro, del acierto en los triples de Rudy, del dominio de la zona de nuestro trío NBA de interiores y, sobre todo, de la perfecta dirección de juego de nuestros bases. España tiene mimbres para volver a demostrar que es la mejor selección FIBA y la única con opciones reales de discutir la supremacía del baloncesto norteamericano.

Aun así, desde mi asiento en la fila cinco del fondo alto sur del pabellón, junto a los compañeros del curso de entrenador del que os hablaré en breves fechas, no pude evitar mirar hacia uno y otro lado, en todas las direcciones, sin dejar un solo rincón inexplorado. Sólo vi gente correr... Y no estabas tú. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La llama que se apaga




9 de marzo. 21,30 horas de la noche en Minneapolis. 102-101 a favor de los Wolves tras un fantástico palmeo de Nikola Pekovic sobre el aro rival. Balón para Lakers y, cómo no, para Kobe. Ridnour contiene su avance esperando la llegada al dos contra uno de Ricky, llamado a impedir el dribling por mano derecha de la Mamba Negra. Décimas de retraso impiden a Rubio adoptar una buena postura defensiva. Arranca Kobe, no puede frenar Ricky. El campeón en pie. El aspirante por los suelos. Falta en defensa. Colisión y naufragio. Medio año en el dique seco por una rotura en el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. Adiós temporada. ¿Adiós Juegos?

Eso dicen las frías crónicas, las noticias de agencia, los diarios de información general. Pero no es éste un medio de comunicación al uso y por eso, lo que me apetece escribir, lo que quiero transmitiros a todos los que os perdéis de vez en cuando por estas páginas repletas de desvaríos, son los sentimientos que me generó el ver que Ricky no podía mantenerse en pie tras el choque con Bryant. Dejadme echar mano de los cuatro elementos a los que hacían referencia en la antigüedad.

Agua. Agua helada al constatar que las peores predicciones se habían cumplido. Helado me quedé al conocer que no habrá más pases precisos colocados en el único lugar del universo donde Williams, Beasley, Randolph o Wesley Johnson pueden cogerlos para machacar. Yo que, como muchos otros, (no os escondáis ahora) soñaba con ver a Ricky en abril decidiendo partidos de playoffs, no puedo más que retirar la escarcha de la ventanilla y aceptar la dura realidad. Las lesiones forman parte del juego. Nadie las esquiva por completo y, algunos, mirados por un tuerto, parecen estar siempre girando sobre la misma manzana sobre la que orbitan éstas hasta acabar chocando una y otra vez con ellas. Sólo espero que Ricky no sea la versión 2.0 de Raül López y que ésta sea la única y última ocasión en que tenga que pasar por el quirófano.

Tierra. Tierra seca y fría. Inerte y estéril. Como se presenta el panorama de los Timberwolves tras la baja de su joven timonel. Desde hoy, el estado de Minnesota, repleto de lagos, parece un desierto recorrido por una brizna de hierba. Una brizna que busca desesperada a ese mesías del que le hablaron en una latitud muy lejana. Pensaba que acudía al lugar indicado, a un oasis de buen juego y crecimiento colectivo, a la sede de un equipo con aspiraciones de playoff y luego quién sabe. Ahora se sabe que no. Love será menos Love sin su Ricky, como Malone fue menos Malone sin su John. Pekovic volverá a parecer un pívot torpe sin argumentos y Williams un número 2 del draft sobrevalorado, un tres que juega de cuatro sin ser una cosa ni la contraria. Sólo Barea, otro virtuoso con el que Ricky conectó desde el primer momento, puede impedir que una profunda depresión invada el Target Center.

Aire. Aire que buscábamos y no hallábamos mientras intentábamos levantarte del suelo deseando ver una sonrisa instalada en tu cara. Aire que, a modo de huracán, entró en nuestras casas de madrugada para llevarse nuestros sueños de niñez, los que nos haces revivir cada noche cuando, flotando sobre las pistas de baloncesto, haces parecer fácil lo imposible. El mismo aire que nos insuflas con tu juego cuando la vida pretende ahogarnos con sus múltiples desafíos. Aire que se nos acabó en un segundo y que poco a poco intentaremos recuperar mientras seguimos de cerca los progresos en tu recuperación.

Fuego. Llama que se apaga. La del Monte Olimpo. La de Londres. Juegos Olímpicos que se alejan para Ricky y también para nuestra selección. Rubio estaba llamado a jugar un papel esencial como complemento de José Manuel Calderón este verano. Ahora varios se disputan su plaza y Scariolo deberá decidir entre la sobriedad de Sada, la bendita locura de Llull (un fijo aunque no hubiera caído Ricky) y el talento de Raül López. En cualquier caso, nuestra victoria en Londres ha visto aumentado su valor en las apuestas tras la baja, casi segura, del 9 de los Wolves.

Ánimo Ricky. Cuentas con el calor de millones de aficionados por todo el mundo. Creamos o no, profesemos una u otra religión, todos estaremos rezando por volver a verte pronto sobre el parqué desplegando tus infinitas habilidades, tu visión de juego y tu singular carisma. Nos conquistaste cuando eras un imberbe adolescente y nos tendrás ahí, apoyándote, hasta que cuelgues las botas para siempre. Y eso, estoy seguro, será dentro de mucho. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Talento precoz





Han bastado diez días. Apenas una semana y media para que cambie mi rutina, para que visite nuevos espacios y nuevas webs. Ahora sé que el principal diario de Minnesota es el Star Tribune y que el principal foro para enterarme de lo que acontece alrededor de los Timberwolves se llama “canis hoopus”. No me lo planteé cuando Kevin Garnett era su estrella. Ni siquiera cuando llegaron Cassell y Sprewell para poner en jaque la supremacía de unos Lakers que, entonces (2004), habían adquirido también a Payton y Malone. Lo hago ahora que son un equipo perdedor cargado de talento y falto de disciplina; con muchas piezas, pero no las adecuadas. Lo hago porque llegó Ricky y, con él, la ilusión a las gradas.

Estos Wolves de 2012 viven en el presente y piensan en el futuro. Cuentan con un afamado entrenador, tan cargado de victorias como de fracasos (dos finales NBA perdidas y una final de conferencia, la de 2002 contra los Lakers, que era como una final). Adelman ha llevado seriedad, principios y experiencia a un vestuario cargado de jugadores que se creen muy buenos sin haber demostrado nada. No conozco otro equipo con un número tan alto de jugadores elegidos entre los primeros puestos del draft. Milicic, Beasley fueron los números 2 de promociones no exentas de calidad y Derrick Williams lo fue del actual. Sin embargo, ninguno de ellos está capacitado aún para ser un jugador franquicia. El serbio constituye el principal borrón de Joe Dumars, General Manager de los Pistons, al ser elegido por delante de Carmelo Anthony, Dwayne Wade o Chris Bosh. Detroit ganó el anillo inmediatamente posterior, pero cabe preguntarse la dinastía que podría haberse implantado en la Motown de haber aterrizado en ella alguno de estos tres jugadores. Beasley fue elegido en 2008 por Miami justo por detrás de Derrick Rose. Su condición de zurdo, sus cualidades atléticas y su instinto anotador contrastan con su sospechosa ética de trabajo y con su comportamiento fuera de las pistas. Miami lo desechó para conseguir el margen salarial necesario que les permitió hacerse con los contratos de James y Bosh. De Williams, un falso 4, aún no se puede hacer un balance. En Arizona dominaba bajo los tableros y anotaba tanto desde el perímetro como en las proximidades del aro. Sin embargo, la aclimatación a los nuevos estándares de exigencia en el plano físico sumada a la pérdida de protagonismo, están haciendo que sus intervenciones no estén a la altura de lo esperado.

Un número 4 fue Wesley Johnson en el draft de 2010. Con fama de buen tirador su aportación está siendo muy modesta. Esta elección, unida a la de Johnny Flynn como número 6 en el Draft de 2009 (justo por detrás de Ricky) está levantando ampollas entre los aficionados de los Timberwolves. Ambos productos de Syracuse han resultado fallidos. El primero aún sale en el quinteto inicial, pero su papel es testimonial. El segundo forma parte de los Houston Rockets tras haber fracasado estrepitosamente en Minnesota. Puede que el método Boeheim (entrenador de Syracuse) basado en las defensas zonales sirva para ganar partidos e incluso campeonatos (el último en 2003), pero desde la llegada de Carmelo Anthony a la liga, ningún hombre de naranja (como se conoce a los jugadores de esta universidad) ha destacado en la primera liga profesional de baloncesto del mundo.

Desde las playas de Los Ángeles y desde su afamada universidad, UCLA, llegó el número 5 del draft de 2008, Kevin Love, para formar junto a Al Jefferson la dupla de los Timberwolves. Sobrino de uno de los miembros de los Beach Boys, Love formó junto a Westbrook una de las parejas más imparables del baloncesto universitario de este nuevo siglo. Tras tres años en los que su rendimiento ha sido ascendente (cosechando un mítico 30-30 en puntos y rebotes) esta temporada está siendo la de su confirmación. Tras un enorme trabajo físico durante el verano, el número 42 de Minnesota está cosechando actuaciones de más de 20 puntos y más de 10 rebotes como si no costaran. Es el mejor complemento para Ricky y el hombre al que con mayor seguridad se le puede entregar el balón cuando éste más quema. Me cuesta verlo como un jugador estrella por su incapacidad para fabricarse sus propios tiros, pero su entrega y los números dicen lo contrario.

Y en éstas Ricky. El que nunca deja indiferente. El que nos quita el sueño a algunos esperando que nos maraville y al que muchos esperan dando por hecho que se la acabará pegando. Si bien es cierto que diez días no son suficientes para juzgar la que, se presume, será una larga carrera en la NBA, creo que sí lo son para desmentir muchos de los mitos que han sobrevolado su figura desde que en el Mundial de Turquía no supiera dirigir a nuestra selección a cuotas mayores.

  1. Ricky no sabe tirar. Digamos que su tiro es mejorable y que su progresión, como todo en esta vida, forma parte de un proceso. Las horas de entrenamiento personalizado aprovechando el lockout están dando sus frutos y así lo demuestra el 6 de 10 en triples que lleva hasta el momento.
  2. Sufrirá porque el juego de la NBA es más físico. Ricky no ha tenido ningún problema manejando el balón, entrando a canasta, repartiendo juego. Es decir, ha desplegado sus habilidades con independencia de quien fuera el defensor que tuviera enfrente. El propio Lebron debió hacerse cargo de su defensa en el partido que les enfrentó y Ricky se manejó con soltura ante uno de los mejores marcadores hombre a hombre del mundo.
  3. No es un buen director de juego. Sólo sabe dar espectáculo. Si por algo ha maravillado Ricky en sus primeros minutos de juego en la NBA ha sido por su habilidad para encontrar a los jugadores abiertos. Ha hecho más fácil la vida a sus compañeros y ha hecho parecer bueno a tipos muy limitados en ataque como Tolliver o Randolph.
  4. Ha alcanzado su tope. No mejora. La modesta temporada pasada en la que Víctor Sada se ganó la confianza de Xavi Pascual alentó a todos los detractores de Ricky para dar por hecho que, aun con 20 años, el chico ya estaba acabado. “No mejora, no progresa, está quemado”. Estos seis partidos han puesto de manifiesto mejoras a nivel técnico (dribbling, tiro, finalizaciones) y sobre todo a nivel mental y táctico (lectura de juego, lectura de situaciones).

Lo cierto es que Ricky es el principal reclamo de una franquicia que llevaba instalada en lo más inaccesible del desierto desde la partida de Kevin Garnett rumbo a Boston. El pabellón se llena, los aficionados se abrazan y se escucha un murmullo cada vez que la lleva el número 9, el niño prodigio del baloncesto español, el que debutó en ACB con 14 años, el que jugó como titular una final de Juegos Olímpicos con 17 y al que le bastaron diez días para que aficionados, medios y compañeros de profesión se rindan a sus pies. 



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Titulares inocentes




Con el ánimo de anticiparme a las habituales noticias en clave de inocentada con la que nos intentarán sorprender mañana los diarios de tirada nacional o local, de temática general o deportiva, de izquierdas o de derechas, he decidido abrir el abanico y plantear toda una serie de opciones relacionadas con el mundo del baloncesto.


MESSINA RECOMIENDA A NOLE VELICKOVIC PARA LOS LAKERS

La llegada de Nole serviría para cubrir el puesto de tres. Ayudaría en el rebote (a los adversarios), podría anotar desde el perímetro (si se alinean tres o cuatro planetas) y se ganaría al fin la confianza de Ettore gracias a su mejorada defensa (defensa visual a lo Djordjevic). Después de varios desencuentros, el italiano y el serbio habrían hecho las paces mientras observaban, agarrados de la mano, la puesta de sol en Venice Beach. Según fuentes cercanas, la noticia habría desencadenado furibundas reacciones por parte de algunos protagonistas. Así, Kobe ha insinuado querer dejar el baloncesto, Pau regresar al Barcelona y Mike Brown se ha puesto en contacto con Magic para que se vista de corto de nuevo. En fin, tampoco sería peor que perder con Sacramento, ¿no?



SERGIO SCARIOLO LE CEDE EL PUESTO A PEPU HERNÁNDEZ

Harto de las críticas hacia su persona y teniendo muy en cuenta la labor realizada por Pepu en el pasado, Sergio Scariolo ha optado por renunciar al cargo de seleccionador con la condición de que éste pase automáticamente a José Vicente Hernández. El acto de cesión del testigo se realizará con José Luis Sáez sedado con las mismas dosis de morfina que le administraban a MA Barracus al subir a un avión pilotado por Murdock. De esta manera, jugadores de la cuerda de Pepu como Sergio Rodríguez o Carlos Suárez ganan opciones de ir a la Olimpíada al tiempo que Carlos Jiménez medita su regreso.

INCREÍBLE APUESTA ENTRE NAVARRO Y MARCELINHO HUERTAS

Dos de las estrellas más rutilantes del baloncesto europeo se apostaron, durante la comida de Navidad del Regal Barcelona, unos cuantos miles de euros que tendrá que apoquinar el que menos aguante de los dos sin realizar una suspensión a un solo pie. Realmente, el resultado de esta apuesta dependerá de quien sea el primero en recibir la pelota.



RICKY RUBIO, HIJO ADOPTIVO DE LA CIUDAD DE MINNEAPOLIS

Tras las turbias maniobras realizadas por Dan Fegan, agente de Ricky Rubio para los asuntos relacionados con la NBA, en las horas previas al Draft de 2009 en las que desacreditaba tanto a los Wolves como al estado de Minnessota en un intento por que su pupilo recalara en un mercado más lucrativo y después de que el propio jugador declarara que no quería ir a un lugar tan frío, dos partidos han bastado para que el alcalde de una de las “twin cities” (Minneapolis-St Paul) declare al genio de El Masnou como hijo adoptivo de su municipio. 



RUDY REGRESA AL MADRID

No ha sido la falta de confianza del entrenador, tampoco la química con sus compañeros (excepto uno), ni siquiera el hecho de que echara de menos a Sergio Rodríguez, lo que ha impulsado a Rudy a tomar la decisión de volver al Real Madrid. El problema ha venido generado por la actitud provocativa de Danilo Gallinari hacia una Helen Lindes que declaró haberse sentido intimidada por el Casanova de los Nuggets quien, además, en un intento por demostrarle a Rudy sus progresos con el castellano le llegó a afirmar: “Yo me la tiro hasta en zapatillas”. George Karl intentó mediar y, recordando sus nociones de español aprendidas en Madrid, procuró calmar a Rudy asegurándole que todo había sido un malentendido, que se refería a “tirarse hasta las zapatillas” lo que molestó aún más al mallorquín habida cuenta de lo chupón que es el italiano, aspecto éste que choca frontalmente con la afición que tiene Rudy a amasar la pelota.

ROS CASARES JUGARÁ LA EUROCUP MASCULINA EL PRÓXIMO AÑO

En un ataque de locura y de ego por parte de la General Manager del equipo valenciano Carme Lluveras, la Margaret Thatcher del baloncesto femenino español se ha atrevido a preinscribir a su equipo en la segunda competición continental a nivel de clubes del baloncesto masculino. Esta maniobra sería una respuesta a la contudencia con la que sus jugadoras están venciendo los partidos tanto de liga nacional como de Euroliga Femenina y que, por supuesto, nada tiene que ver con la desorbitada capacidad de compra que presenta el club “taronja” en comparación con otros equipos como el Perfumerías Avenida de Salamanca. 

ANTONI DAIMIEL, NUEVO FICHAJE DE SÁLVAME

El afamado periodista y extraoficialmente considerado como mayor conocedor (yo más bien diría estudioso) de la NBA en España ha firmado un contrato millonario con el popular y lamentable programa de Telecirco. El divorcio de Bryant, los habituales problemas de drogadicción de algunos jugadores y los rumores de homosexualidad de Kris Humphries unidos a su boda-montaje con Kim Kardashian han abierto los ojos a Jorge Javier Vázquez a la hora de contratar al director de la sección “Crónica en Rosa” con el que esperan mejorar las cifras de audencia hasta multiplicar por dos mil las obtenidas por la ACB en Teledeporte. 



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