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El bloqueo directo. San Antonio Spurs.





Hay veces en que, por mi defensa de la recuperación del juego uno contra uno, de los duelos individuales dentro de un deporte colectivo, parece que me posiciono en contra de la utilización del bloqueo directo. Y no es así. Si acaso me hastía el abuso de este recurso, el que los sistemas de los equipos prevean una cantidad ingente de movimientos para culminar prácticamente todos en una situación de pick and roll, pick and pop o cualquiera de sus variantes.

Ahora bien, su uso parece inevitable y se remonta, aunque el dato no es del todo fiable, a los años veinte del pasado siglo. Sin embargo, hasta convertirse en una moda tendría que esperar. Y es que si Adolph Rupp lo adoptó como un sistema dentro de los muchos que utilizaría en la Universidad de Kentucky a caballo entre los años cuarenta y cincuenta, sería la pareja Stockton-Malone la que más contribuyó a su popularización.

Su uso, además de inevitable, es lógico. Sus ventajas son innumerables y van desde lo más obvio; la interposición de un cuerpo en la trayectoria del defensor del balón o la obligación de hacer salir a defender a un jugador grande al perímetro, hasta lo más sofisticado; el aislamiento de parte del “stuff” defensivo y la mejora, a raíz de ello, de los espacios para atacar.

Si en la actualidad hay un equipo que domine la situación de pick and roll como inicio del juego ofensivo, planteándola como lo que es, un sistema de ataque que involucra a cinco jugadores y que genera una ventaja primigenia a la que luego dar continuidad, ese equipo es San Antonio Spurs. Los chicos de Popovich, aunque eliminados en la primera ronda de playoff por un conjunto mucho más atlético, demostraron durante los siete partidos de que constó el enfrentamiento, dominar la coreografía del pick and roll. A continuación os voy a mostrar los esquemas más habituales que utilizan para sacar el máximo partido del talento de sus jugadores y del reducido espacio de la cancha para, por último, mostraros un vídeo con numerosos cortes de la mencionada eliminatoria.

1. Esquinas ocupadas. Postes asimétricos. Dinamismo vertical y horizontal (gráfico).



Aunque, probablemente debido a la pareja de pívots a la que se enfrentaban, repitieron poco este dibujo durante la eliminatoria que he analizado, este esquema es uno de los más utilizados por el equipo tejano a lo largo de la temporada. Consiste en un bloqueo directo central que culmina, en función de las alternativas defensivas en un movimiento complementario de los postes alrededor del contorno de la zona. El hecho de que las esquinas estén ocupadas por tiradores dificulta las ayudas y hacen de los codos de la zona fantásticas zonas para recibir y atacar el aro.



2. Bloqueo directo lateral con la esquina de lado balón liberada.



Este es el dibujo que más se repite durante un partido de los Spurs. Lo juegan directamente en llegada o tras una inversión. El otro poste se esconde y juega apariciones a la espalda o en la región del tiro libre. Dos buenos tiradores abren el campo y dificultan las ayudas que habrán de ser necesariamente largas. Los Clippers, en la eliminatoria estudiada, tardaron en darse cuenta de la necesidad de negar este bloqueo obligando a los Spurs a convertirlo en un lateral guiado a fondo aunque, aun así, los de Popovich encontraron soluciones exitosas.



3. Bloqueo directo lateral o central con dos jugadores a la cara y uno a la espalda.



Situación típica en la que el equipo juega con una sola referencia interior y cuatro jugadores exteriores con amenaza de tiro. Nuevamente, si la defensa es agresiva a balón, se genera una situación de dos atacantes con un defensor en el lado fuerte, lo que provoca muchas dificultades a la defensa. La negación del bloqueo, bien a través de lo que en la jerga se conoce como “blue”, o bien la conversión del mismo, pasando de tercero o de cuarto y forzando el repick, obliga a jugar hacia la esquina ocupada y contar con dos jugadores en el lado de ayuda capaces de “golpear” la continuación y de evitar pases directos a los tiradores.



4. Continuación corta con dos jugadores a la espalda.



Cuando el esquema es el contrario y el bloqueo se dirige hacia donde solo hay un jugador dejando, en cambio, dos a la espalda, la norma pasa, en caso de defensas agresivas, por jugar continuaciones cortas, en la región del tiro libre, desde las que un hombre grande y buen pasador, con capacidad de poner el balón en el suelo, puede generar verdaderos desequilibrios atrayendo a los defensores del lado débil.



5. Situaciones novedosas.

Aunque el uso del pick and roll por parte de los San Antonio Spurs es bastante clásico (en el buen sentido) también emplearon situaciones diferentes como bloqueos consecutivos, bloqueos entre grandes y bloqueos de dos acciones, que son aquellos en los que el bloqueo directo coincide con una situación diferente en el lado contrario de flare, (bloqueo ciego para caída de exterior) pin down o preparación de un bloqueo directo dinámico tras inversión. Se trata de una jugada muy difícil de defender porque los jugadores han de transformar muy rápido sus posiciones y su mentalidad desde el lado de balón hasta el lado de ayudas.

*Situación particular conocida como "pick the picker" en la que el bloqueador luego recibe un bloqueo ciego. Dificulta mucho las segundas acciones defensivas. 

Sin duda, un tratado sobre cómo emplear el bloqueo directo en nuestros equipos que queda mejor reflejado en este vídeo. Fíjense sobre todo, en los tres jugadores que están alejados del balón, en sus posiciones y sus movimientos.




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

En el principio fue el pase





Uno de los episodios que más me impactaron durante mi estancia en Zaragoza a propósito del Curso Superior de Entrenador de baloncesto, fue la charla que nos ofreció Moncho Monsalve acerca de nuestra pasión compartida. En un momento dado, con el auditorio invadido por un respetuoso silencio, el mítico entrenador medinense (de quien les escribe es paisano) se desmarcó con la siguiente afirmación: de todos los fundamentos que hay que enseñar para jugar al baloncesto, el más importante es el PASE.

Bueno, al final hay que meterla, ya saben. De lo contrario la circulación de balón y el pase no lucirían igual; sería algo así como estar en posesión de una fórmula milagrosa para la que hace falta un ingrediente que no existe. Pero sí, en esencia estoy de acuerdo con Moncho. El pase hace a los equipos felices y compactos, contribuye a la identificación del objetivo común y refuerza los vínculos entre los miembros del equipo. Quiso el profesor Naismith que jugaran diez y solo hubiera un balón. Parece obvio que buscaba que se compartiera.

Y aún hay más. El pase es la mejor herramienta para atacar. Todos los entrenadores exigimos de los defensores que se desplacen rápidamente en función de su posición relativa respecto de la esfera, pero claro, hacerlo de manera armoniosa, manteniendo continuamente la visión del jugador y la pelota como vértice más cercano al aro de un triángulo que se amplía o disminuye en función de la posición del balón, es una tarea que se complica cuando la circulación de dicho balón por parte del equipo contrario es rápida e inteligente. Si la pelota viaja de un lado a otro con velocidad es muy posible que la defensa no pueda realizar los ajustes necesarios en el tiempo indicado y con la coreografía precisa.

Eso lo saben bien en San Antonio Spurs, donde tras caer derrotados por Phoenix Suns en las semifinales de conferencia de 2010 decidieron abordar una renovación de su estilo de juego, acelerando el tempo y utilizando a los jugadores interiores como distribuidores de la pelota en zonas alejadas del aro ganando, así, además, un precioso espacio para atacar la zona con penetraciones, cortes y puertas atrás. Así, tras años construyendo la base de esta nueva filosofía, los Spurs son ahora, en abril de 2015, el mejor equipo de la competición –con independencia de lo que digan los números– y los máximos favoritos para revalidar, y conseguir por primera vez en su historia dos anillos consecutivos, el título de la NBA.

Lógicamente, para desplegar el juego que ofrece San Antonio, hacen falta amplias nociones de baloncesto, un alto “basketball IQ” por parte de los jugadores y numerosas horas de entrenamiento para memorizar los movimientos a realizar con y sin balón. Todo ello es importante, no cabe duda, pero los entrenadores no debemos olvidar que todo empieza con un amplio dominio del fundamento del pase tanto en lo que se refiere a su ejecución como a la toma de decisiones acerca del tipo de pase a utilizar en función de la situación de juego. Es importante que el jugador domine todas las suertes del pase, que las ejecute en su debida forma, pero también que de entre el abanico elija la opción más apropiada.

Por lo tanto, entrenadores, estamos condenados a no dejar nada al azar, a trabajar todos los tipos de pase, yendo más allá del, en muchas ocasiones, poco funcional pase de pecho. Y no solo eso, estamos obligados a enseñar a nuestros jugadores, si ellos no lo descubren antes, (que con los buenos jugadores es lo que suele pasar) qué tipo de pase es más apropiado para según qué situación, amén de a exigir rigor en cada ejecución. No permitamos más “lazy passes” (pases despreocupados) en los ejercicios, aunque busquen otro objetivo; no renunciemos a perseguir obsesivamente el detalle, aunque muchas veces sepamos que no hallaremos nada al final del camino, pues el camino es la propia persecución.

Como ayuda para los entrenadores y como mero, que no vano, disfrute de los espectadores, empecé a visualizar y a preparar el vídeo que os presento a continuación y que persigue el afán de categorizar los tipos de pase y las opciones que ofrece cada uno dentro del juego posicional (no echen de menos, por lo tanto, los pases en transición). Para ello, tuve la suerte de ver de nuevo los cinco partidos de las finales del año pasado y, para que la recogida de cortes fuera mayor, también me serví de alguno de los partidos de la reciente racha de victorias que los Spurs aún mantienen viva (nueve en estos momentos). No se trata de una catalogación exhaustiva, (echarán de menos el pase picado por espalda y algún otro) pues aunque las fijé a priori, luego tuve que adaptarlas al material con el que contaba, ni tampoco se abarcan todas las posibilidades de cada tipo de pase por este mismo motivo. Aun así, creo que contiene un buen resumen de los pases que tenemos que enseñar y de la toma de decisiones que ha de acompañar a su ejecución. En fin, mejor que hable San Antonio por mí. 



Espero que lo disfruten. Muchas gracias y


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Las mil y una noches





“La base de este equipo es que todos cuidamos de todos. Cuando sabes que todo lo que te ocurre, ya sea bueno o malo, le importa a tu compañero, se genera un sentimiento de responsabilidad individual y colectiva inquebrantable”

Durante mil y una noches mantuvo Sherezade entretenido al sultán evitando, así, la ejecución que aguardaba a cuantas mujeres llamaba este a palacio para cobrarse la venganza de una antigua y deshonrosa traición perpetrada por una de ellas (que lo engañó y abandonó). Noche tras noche, gracias a su envolvente imaginación, la hija del visir narraba una historia que entusiasmaba al sultán, pero que siempre interrumpía antes del alba, manteniendo en el monarca el interés y el deseo de escuchar la continuación tras un nuevo ocaso.


Aquellos cuentos de tradición popular ambientados en el Oriente Próximo y la India y que se alimentaban entre sí al ser el uno la explicación del otro, bien podrían ser los que Popovich les ha venido contando a sus jugadores durante las mil y una noches victoriosas que acaba de completar como entrenador jefe de los San Antonio Spurs. Sólo siendo capaz de incorporar nuevos personajes, tramas o escenarios a sus historias, es posible desarrollar la consistencia que sus equipos han mostrado durante más de quince años.  

Si quieres seguir leyendo la apasionante historia de Gregg Popovich y sus Spurs puedes pinchar AQUÍ pues este artículo es mi última colaboración en la web de baloncesto www.jordanypippen.es



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El mejor regalo





Estoy convencido de que el mejor homenaje a la figura de Joe Cocker, la mejor voz negra de Sheffield, Reino Unido, se lo dieron los San Antonio Spurs durante la pasada primavera al reproducir sobre la cancha, con el silencio de una afición asombrada como único acompañamiento, la letra de alguno de sus temas inmortales (propios o versiones). Los de Popovich desnudaron a sus rivales permitiéndoles permanecer únicamente con el sombrero puesto. Al hacerlo desencadenaron nuestros corazones y los elevaron allá arriba, al cielo, al lugar donde pertenecen. Aquel anillo fue el preludio de la llegada del verano a la ciudad y ni siquiera el calor nos privó de bailar toda la noche. Eres tan bonita, le dijimos a nuestra chica mientras pensábamos en esa circulación de pelota ajena a la gravedad y a las manos de los rivales. Y sí, los chicos de la pandilla nos sonreímos pues lo consiguieron, simplemente, con un poco de ayuda de sus amigos. Como nosotros, en aquellos maravillosos años.



Ver a San Antonio disputándole las finales al Big Three de Miami ha sido el mejor regalo del año que ya expira. Los más viejos del lugar, de aquí a unas cuantas décadas, seguiremos recitando de memoria, si esta no nos falla, el quinteto y las incorporaciones desde el banquillo. Veneraremos a un tal Gregg Popovich, aunque en medio de no sé qué nueva oleada de aparatos electrónicos, nos será difícil explicar sus cualidades. En pleno proceso acelerado de deshumanización, Popovich, sin mirar para otro lado ante el conflicto o la desobediencia, conquistó a su plantilla siendo esencialmente humano y compasivo, hombre en el sentido más amplio y admirable de la palabra.

Hablaremos también, si por entonces todavía se habla, de Tim Duncan y de su particular forma de liderar. El de Islas Vírgenes creció dando brazadas en una piscina, respirando bajo el agua, callando y trabajando. Haciendo del sonido del silencio una enseñanza, gracias a su disciplina y a su enorme talento, se ha hecho merecedor del título no oficial de jugador más determinante del siglo XXI.

¿Quién era el base de ese equipo? Tony Parker, diremos. Y sonreiremos. El francés, sin ningún atributo físico que lo pudiera diferenciar de un ser corriente, será recordado por su facilidad para plantarse debajo del aro y asistir en situaciones imposibles. Llegó a la liga siendo un mago rebelde y terminó, gracias a su carácter humilde, siendo, sencillamente, un líder.

Un líder ya lo era Manu Ginobili. El Maradona del fútbol en su Argentina natal llegó del extremo sur del mundo para hacer, a la inversa, el viaje que tantos italianos emprendieron para sobrevivir. Triunfó en Bolonia y llegó viejo a la NBA. Porque Manu siempre ha parecido viejo, tan viejo al menos como el baloncesto, porque díganme, si no, si no se les ha ocurrido pensar que mientras Naismith escribía el reglamento, Manudo redactaba, en paralelo, todos sus trucos.

Y bueno, aún no sé qué diremos de Leonard, Green, Joseph, Mills, Splitter o tantos otros. Sí que fueron imprescindibles en aquella primavera de 2014 a la que algún genio como Cocker, dado que él ya no puede, debería dedicarle unos versos. Imprescindibles en cuanto que miembros de una pandilla, de un grupo de colegas que un día cualquiera se imaginó a sí mismo asombrando al mundo jugando al baloncesto y trabajó duramente  para ello. 

Este es mi regalo, estimado lector, para estas navidades. Unas cuantas lecciones de basket y otras tantas de vida. Una sonrisa obligada ante tanta penuria en las calles y tanto vacío en los corazones. No, nunca me olvido de que no lo pudieron hacer sin un poco de ayuda de sus amigos. Muchas gracias por estar ahí. 




FELIZ NAVIDAD Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Oh là là






Acomódense en el carruaje. Disfruten de los faroles de hierro y de las cuestas repletas de pintores. Sean bienvenidos al París de Napoleón III, el de los bulevares y la Ópera, el del banquero ricachón y la recatada burguesa. Permítanme una recomendación. No dejen de visitar el Moulin de la Galette y su fantástico espectáculo de cancán.

Dirige la orquesta Tony Parker, un belga de raíces parisinas, un número 30 del Draft de 2001, un robo, otro más, de los perpetrados por los San Antonio Spurs en la lotería de todos los junios. Un virtuoso de la batuta, un maestro del allegro que no desdeña, en absoluto, los ritmos más lentos. Durante el tercer cuarto del partido de anoche simplemente bordó el baloncesto y le enseñó a Westbrook que esto es mucho más que saltar y correr. Parker, después de un master de once años junto a Popovich, es un diamante pulido, un jugador que entiende cuándo ha de entrar a canasta, tirar en suspensión o doblar el balón. Su cambio de ritmo de rápido a más rápido es simplemente indefendible. Su “floater” o tiro por elevación, un recurso menos carismático pero más efectivo que el del propio Navarro. 



Pero no todo el mérito es suyo. Parte se lo debe a todos y cada uno de sus compañeros, a esos que de manera individual leen de manera impecable el baloncesto. Y es que el juego de los Spurs no tiene nada de complejo o elaborado. No son los sistemas de Popovich un laberinto indescifrable. Todo lo contrario. Todo se basa en conceptos simples y por ello bellos. Tirar cuando estoy solo, dividir cuando tengo un defensa encima y moverme después de pasar para generar espacios dentro y fuera mientras la bola no ha dejado, en todo este tiempo, de moverse al ritmo de la música.

Una música fusión de ritmos procedentes de diferentes lugares del globo. Los San Antonio Spurs demuestran que la mezcla perfecciona la especie, que la diversidad es riqueza. Diversidad no sólo de culturas y procedencias. Diversidad también de generaciones y escuelas. La LEGA italiana, la ACB, española, la LNB francesa, Wake Forest, Carolina del Norte, Pittsburgh, Vandervilt, Florida, San Diego State. Muchos manuales unificados en uno solo gracias a la imponente presencia de un Gregg Popovich a quien sus jugadores respetan no por lo que parece y sí por lo que es.

Quiso Scott Brooks emponzoñar el partido, ensuciar lo que hasta entonces estaba siendo un tercer cuarto de fantasía por parte de los de San Antonio. Utilizó una táctica, para asombro de todos, permitida por el reglamento. Sus pupilos golpearon una vez tras otra el cuerpo de Splitter para llevar al brasileño a la línea. El ajustado parcial de 9-7 en el transcurso de esta estrategia demuestra que el sentido era otro. Romper el ritmo, enfriar a Parker. El posterior acercamiento de su equipo en el marcador le dio la razón y el hecho de que Popovich ya hubiera utilizado esta misma treta en el pasado les iguala en términos de autoridad moral.

Si Brooks puede apuntarse este tanto qué decir del juego de Durant o Harden quienes, con máxima eficiencia, provocaron que el partido llegase abierto a los últimos minutos. Ellos prefirieron hacerlo sin orquesta, de una manera más improvisada gracias a un talento natural basado también en la mezcla genética de la que provienen. Si Durant, con sus 2,08 metros de estatura es un espécimen único de ser humano, a Harden le ampara una técnica individual muy depurada amén de una mano izquierda a la altura de la de Jimmy Hendrix.

Por suerte, tras el impasse, la música volvió a sonar en el Moulin y el cancán se mezcló con algún tango para despedir una noche en la que, como casi siempre, ganó el mejor. El equipo mejor entrenado. El equipo mejor dirigido. La orquesta mejor afinada. Amanece en París mientras en Oklahoma la noche sigue cerrada. Nadie duerme. Allí todos se encomiendan al Dios Durant. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El método Popovich







No se es en absoluto especial por haber nacido en Chicago. Tampoco por ser  hijo de inmigrantes de la Europa del Este. Ni siquiera porque tu padre sea serbio y tu madre croata. Sin embargo, cuando te alistas en una academia militar y te conviertes en el capitán del equipo de baloncesto de las Fuerzas Armadas estadounidenses sí que puedes presumir de no ser uno más y adquieres, inmediatamente, el derecho a dejar de considerarte a ti mismo como un ciudadano cualquiera.

Sirva esta introducción para presentar la figura del actual entrenador de los San Antonio Spurs, a toda una eminencia en la ciudad tejana, Gregg Popovich, un joven que, en su carrera hasta el estrellato, decidió pasar por todas las etapas que menciona el manual. Licenciado en Educación Física y Ciencias del Deporte, Popovich actuó como ayudante de diferentes entrenadores antes de ser nombrado head coach de Pomona Pitzer, un cargo que ostentaría hasta 1985, fecha en la que cambiaría de ciudad y papel para enrolarse en la Universidad de Kansas como ayudante de Larry Brown en una elección que, valorada en perspectiva, supuso todo un acierto. Y es que, más allá de la simpatía que podamos profesar hacia el modelo de juego que defiende Larry Brown, lo cierto es que el entrenador neoyorquino se ha erigido en el maestro de toda una cantera de técnicos encabezada por Popovich y en la que también se encuentran otros nombres importantes como los de Mike Brown, Avery Johnson o Rick Carslile.

Popovich fue siempre el alumno aventajado, el primer asistente de los Spurs entre 1988 y 1992 y el único que, tras el despido masivo de todo el cuerpo técnico al finalizar aquella temporada, regresaría poco después para hacerse cargo de las labores de oficina. Como podéis imaginar, ahora que ya vais conociendo al personaje, Gregg no estuvo parado durante este tiempo y, en un breve lapso, actuó como asistente de Don Nelson en los Golden State Warriors donde, seguro, pudo comprobar que el modelo de Larry Brown no es el único que conduce a la formación de equipos ganadores. 



Los Spurs, con Popovich en los despachos, accederían a su primera gran oportunidad para ganar el título en 1995, una temporada en la que finalizaron con el mejor récord de la liga con 62 victorias. Lo que no pudo evitar Popovich fue lo que acabaría sucediendo en una Final de Conferencia en la que David Robinson, previamente nombrado MVP de la temporada, fue literalmente violado por un Hakeem Olajuwon en estado de gracia. Y si en el 95 fueron los Rockets de Olajuwon, en el 96 los Jazz de Malone los que frenaron las aspiraciones de los tejanos. Así, tras un arranque con 3 victorias y 16 derrotas en la temporada siguiente, poniendo de moda eso de bajar al barro, Popovich ordenó el cese de Bob Hill para adoptar el mando del equipo desde el banquillo justo, curiosidades de la vida, cuando David Robinson se recuperaba de una lesión de rodilla. Aquella acción, tachada de oportunista, no pudo evitar que los Spurs acabaran con uno de los peores récords de la temporada. Aquel equipo fue acusado de “tanking”, es decir, de jugar a perder varios partidos para mejorar sus probabilidades a la hora de obtener la primera elección en el draft. Así pues, aquella temporada marcada por las derrotas e, incluso, la vergüenza, se convirtió en el justo peaje que debieron pagar los Spurs para dejar de ser una franquicia perdedora y convertirse, quince años después, en una de las dinastías más reconocidas de la liga. El artífice de la resurrección, un alumno de Wake Forest nacido en las Islas Vírgenes con 2,13 de estatura. Tim Duncan.



Pero Tim “Siglo XXI” Duncan no hubiera alcanzado tantos éxitos de no haber sido por la mano maestra de Popovich. Con todos los jugadores recuperados de sus lesiones y con Duncan formando una dupla temible junto a David Robinson los Spurs alcanzaron las 56 victorias en 1998. Sin embargo, los Jazz de Stockton y Malone se volverían a cruzar en el camino. Para su fortuna, las bases del éxito ya estaban montadas en torno a un método, el de Popovich, que en sus primeros años se ajustó básicamente al librillo de Larry Brown.

La fórmula ganadora versión 1.0 de los Spurs se basó en el control de la pintura y en la presencia de buenos defensores de perímetro como Mario Elie, Sean Elliott o Antonio Daniels. Un base conservador como Avery Johnson, Mr Bonobús, se convirtió pronto en una suerte de entrenador en la cancha y cuando surgía algún incendio Steve Kerr, Wyatt Earp, acudía con su muñequita linda a apagar el fuego. Aquel anillo, logrado durante una temporada de lockout vino acompañado de un enorme asterisco que pesaría como una losa durante el threepeat de los Lakers. 



En la versión 2.0, la de 2003, se repitieron algunos patrones. Seguían David Robinson (se retiraría al finalizar la temporada) y Tim Duncan gobernando bajo los tableros. Seguía Steve Kerr dispuesto a escuchar su número para salir a torpedear los aros rivales (como hizo en el sexto partido de la serie contra Dallas Mavericks). Los jugadores de rotación como Malik Rose (ya saben, “ganarás el pan con el sudor de tu frente) y Kevin Willis (con 42 tacos) aportaron minutos de calidad. En el perímetro Stephen Jackson y Steve Smith aportaban el talento, mientras que Bruce Lee Bowen se encargaba de secar, por lo civil o por lo criminal, a las estrellas rivales no sin olvidarse de meter un triple tras otro desde las esquinas. Pero donde el método Popovich dio un giro de ciento ochenta grados fue en la adición de dos jugadores procedentes del baloncesto europeo. La ausencia de bases propició que Tony Parker tuviera minutos desde el primer momento. Manu Ginobili, una figura más contrastada si cabe, tuvo que esperar, en cambio, a hacerse con la confianza del entrenador. Para Playoffs todos habían encontrado su hueco y aquellos Spurs funcionaron como un rodillo en su lucha por eliminar de su espalda el asterisco del que había hablado repetidas veces el siempre genial Phil Jackson. 



Y más de lo mismo en 2005, año en el que tuvo la ocasión de vencer a su maestro en una final contra los Detroit Pistons que, a pesar de llegar a los siete partidos, registró audiencias preocupantes. En aquella ocasión el encargado de meter los tiros importantes fue Robert Horry y el escolta veterano con calidad respondía al nombre de Brent Barry. Para entonces Ginobili y Parker ya habían trepado en la jerarquía hasta situarse muy poco por debajo de la eterna figura de Tim Duncan. 



En 2007 ni siquiera sufrieron. Algunos analistas esperaban que las piernas fueran pesando tanto como el propio déficit de ambición, pero Popovich no lo iba a permitir. Por ello, cada verano añadía nuevas piezas en el vestuario, sumaba animales hambrientos deseosos de incorporar a su palmarés un anillo de la NBA. Aquel año fue Finley, un escolta talentoso dispuesto a ayudar al colectivo. Beno Udrih se hizo con un puesto en la rotación y Oberto llegó para sumar experiencia. De nuevo veteranía. De nuevo pequeñas dosis del concepto de juego europeo. En suma, una fórmula ganadora que venció a equipos tan dispares como los Cavaliers de Lebron o los Suns de Nash sin necesidad de imponer ritmos lentos de partido, aceptando el reto de jugar al tempo que los rivales marcaban. Todo gracias a un Parker que se encontraba en el punto álgido de su carrera y que se llevó, finalmente, un merecido MVP de las finales. 



Y entonces la sombra blanca y negra de los Spurs pareció ir difuminándose. Los presagios empezaron a materializarse y las piernas cansadas empezaron a pesar cada vez más. El método Popovich no podía hacer nada frente al paso del tiempo y las repetidas lesiones de espalda de Duncan, amén de otras puntuales, cada vez más repetidas, de Manu Ginobili. Y entonces una vuelta de tuerca más. Los Spurs dejaron de ser el equipo de Duncan para apostar por un baloncesto menos mediatizado por la presencia de la gran estrella. Se dejaron de marcar jugadas para el número 21 y se empezó a jugar un sistema libre con constantes inversiones de balón en busca de un lanzamiento abierto. Elecciones en el draft acertadas y una nueva mirada a Europa para reclutar a Thiago Splitter o Boris Diaw les convierten de nuevo en grandes favoritos. Todo gracias a la mano de Popovich, a un método que, inspirado en el de Larry Brown, ha demostrado ser más flexible que el de éste renovándose en función de las circunstancias y de los jugadores, así como al tenor de las exigencias de los propios cambios que se suceden en el baloncesto y a los que algunos se niegan a adherirse. No es el caso de Popovich. Un general flexible. El inventor de un método que se adapta a cualquier tipo de molde siempre que se llame victoria.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS