Mostrando entradas con la etiqueta Fiba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fiba. Mostrar todas las entradas

Aclarando conceptos (IX)



Menuda polémica con el paso cero, con este ataque velado a nuestra infancia y a nuestra ingenua manera de contar aprendida en aquellas tardes de Barrio Sésamo. “Uno, dos y tres”, nos decían Epi y Blas. “Uno, dos, tres: pasos” nos decíamos los unos a los otros en el colegio mientras aprendíamos a entrar a canasta. Como “pasos” se oye desde la grada cada vez que hay una acción dudosa del equipo contrario, “ha dado tres pasos, árbitro, uno dos y tres” –cuando no “cámino”, en una versión más antigua y entrañable del término.

Y se seguirá oyendo. Por mucho que FIBA, en un intento por homogeneizar las reglas, haya aceptado el concepto de “gather step” o “paso cero” (hasta ahora nadie lo ha explicado mejor que Miguel Martín en el siguiente enlace), como un primer apoyo coincidente con el amasamiento del balón que no debe contabilizarse, que Epi y Blas deberán omitir a partir del 1 de octubre, al menos a la finalización del dribling y en todas las recepciones en carrera (cortes a canasta, continuaciones tras bloqueo, salidas de pantallas, contraataque,…). En realidad venimos a aceptar aquello que los americanos vienen tiempo llamando “two steps and a half”, lo que en una traducción más o menos literal serían “dos pasos y medio”, siendo el medio el paso que se da durante la toma de control del balón.

Este cambio de reglas ha levantado más expectación de lo habitual por tratarse, en cierta medida, de una capitulación del baloncesto FIBA, del baloncesto de escuela, el de toda la vida. El baloncesto técnico, ortodoxo, más afín al espíritu original del juego, lo que en cierta medida es verdad, pues James Naismith apuntaba en la tercera regla que “a player cannot run with the ball”, vamos que “un jugador no puede correr con la pelota”. Pero claro, aquel reglamento también decía que la segunda falta supondría la salida del jugador del campo hasta que el equipo contrario metiera una canasta (que antes eran goles) y que la tercera falta consecutiva de un equipo daría lugar a una canasta automática para el oponente.

No es que importe mucho, pero mi opinión es favorable al cambio. La introducción del paso cero fomentará situaciones en transición y ganaremos variedad en las finalizaciones, con las que antes era necesario hilar muy fino –demasiado. Recuperaremos los reversos para sortear la ayuda de los grandes y, en teoría, podremos respirar tranquilos viendo a nuestros jugadores practicar el traspiés o el euro step, esos fundamentos que entrenábamos los lunes poniendo mucha atención al momento de agarrar el balón para que luego, los fines de semana, siempre fueran pasos “por si acaso”, preventivos.

Para un seguidor habitual de NBA este cambio no es ni mucho menos dramático y, en general, como truco, creo que debe interpretarse como una relajación de la regla. Todo lo que antes (en las situaciones descritas) nos parecía una infracción por pasos ya no debe ser entendido de esta manera. ¿Y a la hora de entrenar? Pues lo que les decía: a recuperar los reversos en tres apoyos (dos apoyos y medio o cero más dos), a relajarse con los traspiés y “euro steps”, a insistirle a los grandes con aquello de que no boten en las continuaciones, a desaprender lo de palmear el balón en las recepciones en contraataque para pasar a agarrarlo y a correr antes de botarlo (lo que acabará con aquello de no dársela al grande en contraataque), y a fomentar los cortes y el juego sin balón, pues difícilmente después de una recepción de este tipo un jugador dará tres apoyos y medio, los necesarios para que un árbitro interprete pasos de acuerdo con la nueva norma. Aunque who knows?





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

El corazón de la primavera




Hoy, que apura el mes sus últimas lluvias (esperemos) y amenaza mayo con polinizar las zonas verdes de nuestras ciudades, he decidido hacer un repaso de los últimos acontecimientos. No me pidan ir en orden, pues se mezclan en mi cabeza sanciones federativas, eliminaciones sonadas, lesiones y cánones. Las noticias se sucedían con tal cadencia que hubiera hecho falta dedicación exclusiva para no ser sobrepasado por su volumen.

Perdió el Madrid, frente a Fenerbahce, y no podrá defender su título en Berlín. Perdió en agosto, al planificar la plantilla y no saber suplir la baja de Slaughter ni añadir centímetros a la ausencia de Bourousis. Perdió en octubre, jugando copas intercontinentales y amistosos contra equipos NBA, renunciando con ello a hacer una buena pretemporada. Desde entonces todo han sido palos de ciego, inconsistencia y arreones de talento sin orden ni concierto. Demasiado corazón, poca cabeza.

Cayó el Barcelona, frente al Lokomotiv, exigiendo un nuevo esfuerzo a sus seguidores para mantener la paciencia. Xavi Pascual sabe de qué va esto, conoce toda la geometría que encierra el baloncesto, el conjunto de redes y nodos que se tejen en un partido, pero a sus equipos siempre les falta algo: pasión.

El Tribunal de la Competencia resolverá en pocos días anulando el canon de ascenso a la ACB. La justicia dirá en términos jurídicos lo que al ciudadano de a pie llevaba años saltándole a la vista. Entre cánones, fondos de ascensos y descensos, avales y, por supuesto, IVA, los clubes que ascendían por primera vez a la ACB debían reunir 7,5 millones para hacerlo. Para más inri, el dinero procedente del canon se repartía directamente entre los clubes miembros como compensación a los esfuerzos que estos han venido realizando para el mantenimiento de la competición, es decir, no eran reinvertidos en beneficio de la competición, en su difusión o la mejora de la calidad. El canon era ante todo una barrera de entrada al mercado profesional de baloncesto. Una anomalía.

Tengo claro que España participará en los Juegos Olímpicos de Río. Se ganó su plaza conquistando el campeonato de Europa en tierra hostil y allí estará a pesar de las amenazas de la FIBA de castigar a la FEB por no haber sido contundente con los clubes que han firmado ya su compromiso con la Euroliga y la Eurocup, competiciones gestionadas por la ECA, una organización que según la FIBA impide la participación de ciertos clubes y de ciertos países y que no cumple con unas mínimas normas de transparencia. No sé quién tiene razón en todo este asunto ni cómo se resolverá la cuestión, pero España participará en Río soñando con el oro que le fue esquivo en Pekín y Londres.

Perdieron los Celtics y están eliminados. Tras doscientas posesiones el talento se convierte en un factor desequilibrante y ni la dinámica, ni el apoyo incondicional de la Bombonera del baloncesto, el TD Garden, son suficientes. Atlanta Hawks es mejor equipo y juega mejor baloncesto porque tiene mejores jugadores, más amenazas exteriores, más centímetros en la zona y mejor rotación. Para los verdes llega un verano clave, el que definirá si el período de reconstrucción ha llegado a su fin o si serán necesarios nuevos parches. El peso de la historia y la presencia de un gran entrenador deberían ser atractivos suficientes para la llegada de ese talento que tanto hemos echado de menos.

Las lesiones de Paul y Curry han cambiado el panorama de los playoffs. La de Paul, sumada a la de Griffin, es devastadora; ningún equipo de la NBA actual podría sobrevivir en la postemporada sin la participación de sus dos mejores jugadores. La de Curry simplemente introduce incertidumbre. No sabemos cuándo volverá y hasta dónde podrían llegar los Warriors sin la presencia del MVP. Parece que Portland, si concreta su pase frente a Clippers, no será rival, pero tanto los Spurs como los Thunder se presentan como un negro horizonte para los de la Bahía si Curry no llega a tiempo para desestabilizarlos con su inconsciencia controlada.

Y así se fue abril, su segunda quincena. Y así amanece mayo, el mes en el que veremos si Baskonia puede sorprender en la Final Four, si Curry vuelve a tiempo, si Popovich tiene la varita y si, como todo parece indicar, los Cavs se presentan como alternativa en el Este.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Siempre se van los mejores





Murió Luis Aragonés , El Sabio de Hortaleza, Zapatones, el hombre que será recordado como el artífice del cambio de rumbo del fútbol español, un fútbol que decidió abandonar la partitura impetuosa de las marchas militares para deleitarnos cada noche con un precioso vals. Antes de la Eurocopa su fama era superior al historial y la presunción de erudición cada vez más presunta. Sus idas y venidas del Atlético y su paso por varios equipos modestos, de los que sólo cabe destacar su tercer puesto con el Mallorca (muy meritorio), dotaron de argumentos a los críticos. Pero todo cambió en 2008 pues, aunque todo pueda explicarse por un giro de la rueda de la fortuna boeciana, aquella Eurocopa supuso un cambio de inflexión, una ruptura con el pesimismo estructural en el que vivía instalado nuestro fútbol. Quizá se tratara, simplemente, de una devolución de favores por parte de un deporte que terminaba de ver a Grecia imponerse en la Eurocopa de 2004 y a Italia en el Mundial de 2006 con propuestas a cada cual más cicatera.



Luis recurrió a una fórmula simple: los jugadores por encima del sistema, el talento por delante de la táctica. Que sea la pelota la que corra, “esa corre más que ellos”, afirma Xavi que les decía en esta fantástica nota necrológica a su maestro. Defender con el balón, la máxima Lendersiana de nuestra infancia: “La mejor defensa es un buen ataque”. Del Bosque matizó estos principios refugiándose en un doble pivote, confiándose a la dupla Busquets-Xabi Alonso en una maniobra que no sabremos nunca si Luis habría aplicado (Busquets destaca en el Barcelona después de su marcha). Lo cierto es que Luis Aragonés sentó las bases filosóficas y doctrinales de una selección que los libros de historia compararán con la Brasil del 70 (campeona del mundo), la Holanda del 74 (subcampeona del mundo), con el River Plate de los 40, el Real Madrid de los 50, el Ajax de los 70 o el Barcelona de los últimos tiempos. Quién se lo iba a decir. Quién nos lo iba a decir. 





Murió Luis, en medio de un silencio autoimpuesto, lejos de los homenajes en vida, sabedor, tal vez, de que llegarían tras su muerte y así, muerto, ya no le resultarían incómodos. Las alabanzas nunca le gustaron y lo que le importaba, sentir el respeto de quienes habían sido sus jugadores, lo daba por descontado. No se equivocaba.



Pero la actualidad del fin de semana no se detuvo y mientras el mundo del fútbol se honraba a sí mismo guardando silencio por un personaje, como diría Machado, “en el buen sentido de la palabra, bueno”, el mundillo del baloncesto se retrataba concediendo a dedo las invitaciones al próximo Mundial FIBA a celebrarse en España en medio de un proceso opaco y más político que deportivo. Es curioso que, por diferentes motivos, los altos mandatarios de la federación internacional hayan optado por dejar fuera de la gran cita a dos grandes mercados como son el ruso y el chino. Lo más probable es que, sin conocer a fondo el organismo y aventurándome en una hipótesis, hayan mediado conflictos y amistades personales, que todo haya quedado reducido a intereses de corto alcance, de miras miopes. Lo cierto es que Turquía, Finlandia, Grecia y Brasil estarán en España, país en el que ya se ha celebrado el sorteo.



Serbia, Francia, Brasil, Egipto e Irán serán nuestros primeros rivales. A priori una dura prueba, aunque, si todos los seleccionables optan por aparcar sus agendas y acudir con la selección, los principales oponentes, amén del combinado norteamericano, serán las voces discordantes y la palpable, por densa, desconfianza en Juan Antonio Orenga. Esas voces se alzarán, airadas, cuando se anuncie la lista. Faltarán nombres, sobrarán otros. ¿Ibaka o Mirotic? Qué más da. El que sobra es Orenga, argumento irrefutable, lema popular, pintada de muro en el barrio. Sí, lo adivinaron, de esas que no se borran.



En cualquier caso lo que quería decir ya lo he dicho. El Mundial de España empieza de la peor manera posible, asignando a dedo a sus participantes, negándole la opción a los candidatos de demostrar algún mérito o competencia. Es el riesgo que se corre cuando una institución se adueña de un deporte, cuando entre ambos existe una identificación tal que para hablar de un mismo idioma, el del baloncesto, debemos recurrir a expresiones como “basket NBA” y “basket FIBA”. En fin, tiro de tópicos para despedirme. “Siempre se van los mejores” mientras que, ya se sabe, mala hierba... 





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Sentido (común) y sensibilidad





Será que mi niñez sigue jugando en la playa. Será que aún se balancean los columpios de los que un día salté. Será que otra vez me embauca la nostalgia, taimada compañera de viaje, para hacerme evocar tiempos que tal vez sólo fueron mejores en mi embustero recuerdo. Será, puede ser, quizá, tal vez, pero no. Esta vez no.



Esta vez me respaldan argumentos de autoridad, datos y cifras, los sentidos y también las sensibilidades. No son imaginaciones mías las que dibujan asientos vacíos, las que dirigen el orquestado silencio que de denso puede cogerse con los dedos de la mano. El silencio, digo, que se escucha en los pabellones de la República de Eslovenia, esa avanzadilla rebelde en contra del yugo yugoslavo. Tan real como esta cacofonía, así es el fracaso de un baloncesto, el europeo, incapaz de fidelizar a los suyos, empeñado en abrir fronteras sin haber aprobado antes los exámenes internos.



Este fracaso tiene tantos padrinos como causas. Sobre los primeros no me detendré, a la mayoría ni les conozco. Simplemente me los imagino vestidos de etiqueta en los palcos, comiendo en los mejores restaurantes e ignorantes de todo cuanto sucede en las gradas, los colegios y los parques. En cuanto a las causas pues qué quieren que les diga, tengo una opinión más o menos fundamentada, más menos que más, pero aun así la cuento.



Sirva la crisis económica como comodín. El dinero antes reservado para el ocio ha quedado repartido en tres partidas principales: Impuestos directos, impuestos indirectos y supervivencia. Me refiero, claro, entre las clases que habitualmente poblaban los diferentes templos baloncestísticos, es decir, los estratos populares de las diferentes naciones europeas. Y es que al baloncesto le está sucediendo como a tantas otras actividades que han dejado de ser puntos de reunión familiar y encuentro amistoso para pasar a formar parte de un selectivo listado de opciones elitistas. Todo ello en virtud de la proliferación de palcos para gente VIP (importantes dentro de lo que una sociedad pobre en términos artísticos y morales entiende como importante) y precios muy alejados de la realidad económica y social de nuestro tiempo. El baloncesto se ha vuelto burgués. Mejor dicho, le han hecho burgués, un vulgar señorito sin el atrezzo de una buena obra de teatro y sin la capacidad para generar esa bilis emocional, casi belicosa, que encierra un partido de fútbol. 



¿Por qué sube el precio si el producto no ha mejorado con el paso del tiempo, si cada vez es más homogéneo, si rara vez nos sorprende u ofrece algo distinto? La gente vibraba con los Petrovic, Gallis o Sabonis de turno, con esas estrellas sobre las que giraba el peso de un equipo, de una ciudad, de una afición. Ahora, porque haberlas “hailas”, esas estrellas se diluyen entre rotaciones logarítmicas y argumentos poco viriles (cansancio, presión) como para satisfacer las ansias del pueblo. Con la palabra “equipo” por bandera los entrenadores se han ido apoderando del protagonismo de los partidos, partidos que bailan al son de sus dedos, puños, palmas y todo ese lenguaje de signos que simboliza el triunfo del “tacticismo” sobre la iniciativa individual. Y perdonen que emplee este palabro, pero no encuentro otro para reflejar cómo la táctica, un elemento importante en cualquier juego, ha terminado por esclavizar al talento cuando en realidad debería favorecer todo lo contrario. 





La FIBA ha perseguido un mimetismo diferido en el tiempo con la NBA. Adopta reglas sin plan alguno, copia sin saber bien cómo. La globalización impone parámetros comunes mientras las viejas rivalidades se disuelven como granos de café en agua caliente. Cada vez es más fácil acceder a lo de allí, que es igual pero mejor, e ignorar lo que aquí se cuece, entre bambalinas, sin tener en cuenta al aburrido aficionado, ni a su penosa cuenta corriente.



Espero que esta reflexión os sugiera algo e incite al debate. El baloncesto europeo sufre un período de crisis que va más allá de la coyuntura económica y es necesario que tiemblen no sólo las estructuras de los clubes modestos, sino también las sillas de quienes, cómodamente asentados en la cúpula, asisten impertérritos a la ruina de un deporte que forma parte de la cultura de todo un continente. 





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Billete de ida y vuelta



Los vientos de la historia están cambiando de rumbo. Numerosas estrellas de la NBA están haciendo sus maletas para venir a jugar a Europa en una especie de éxodo bien pagado y mucho más cómodo que aquel, más forzoso, que vivieron irlandeses, italianos, polacos y tantos otros europeos en busca del sueño americano durante la primera mitad del siglo XX.

FIBA Europa está empezando a tomar medidas en previsión de que la llegada de estos grandes jugadores no sea más que un paripé, una medida de presión de los mejores jugadores que durará hasta que los representantes de las franquicias y de la propia liga cedan en sus pretensiones. Nada que redunde, por tanto, en un beneficio notable para las competiciones continentales.

En una época en la que quien más quien menos se cuestiona la eficacia de la mano invisible para gestionar la asignación de recursos en las economías occidentales, la flexibilidad contractual permite que se alcancen acuerdos que puedan quedar rescindidos toda vez se reanude la competición al otro lado del Atlántico. Desde el punto de vista mercadotécnico parece obvio que el fichaje de estos jugadores es rentable. Sin embargo, de producirse la esperada marcha, los clubes se verán obligados a reemplazar su ficha con jugadores que nadie ha querido o que se encuentran sin equipo en mitad de la temporada. Negocio arriesgado, no cabe duda.

Pero mientras se prolongue el cierre patronal, y ni siquiera está claro que se solucione, los equipos turcos y rusos, que no parecen entender de crisis, podrán presumir de contar en sus filas con los mejores jugadores de nuestro planeta.

Lo que sí podemos afirmar en medio de todo el aluvión de especulaciones es que la posibilidad de que la competición NBA se reanude más tarde de lo común ha sido el preparativo perfecto para que se esté labrando uno de los campeonatos de Europa más espectaculares de los últimos tiempos. Al menos, todas las selecciones contarán con sus máximas figuras en un torneo que, no lo olvidemos, reparte plazas automáticas y vía preolímpico para Londres 2012.

Pasado mañana, jueves, en las oficinas de la NBA se reabren las negociaciones para tratar de acercar posiciones entre las partes. Puede que para entonces, en las oficinas del Madrid, los directivos de cuya existencia sólo somos conscientes cuando se hacen fotos en las presentaciones de Cristiano o Kaká, hayan dejado ya de reír a carcajadas tras la disparatada petición de Kirilenko ofreciéndose al club blanco a cambio de cuatro millones de euros por temporada. ¿Quién se ha creído este tío? Si por el doble de eso podemos fichar a Altintop...

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Bienvenido Mr Marshall




Estoy bastante cansado de escuchar cómo el baloncesto FIBA o europeo reclama para sí la ortodoxia y la supremacía táctica e incluso moral sobre el baloncesto norteamericano.

Ya he repetido muchas veces este argumento, pero vuelvo a repetirlo. La pelota y la cesta se unen en Springfield, Massachusetts y no en Grecia, Italia o España. El ideólogo es un profesor de instituto con nacionalidad canadiense que responde al nombre de James Naismith que será quien introduzca las primigenias reglas.

Y en Europa desde sus orígenes y hasta las fechas más recientes, lo que se ha ido haciendo es ir incorporando todas las novedades que se ponían en marcha en el banco de pruebas de Estados Unidos.

Y si en 1948 lo que llegó a Europa fue una ayuda en cierta parte interesada para reconstruir el viejo continente tras la II Guerra Mundial y sentar, así, las bases para una alianza entre las democracias occidentales frente al comunismo, durante más de 60 años lo que ha hecho la FIBA es copiar los cambios en el reglamento que llegaban de la NBA y otras competiciones. En esta ocasión, el enemigo común no eran la hoz y el martillo, sino el aburrimiento.

En la temporada 1954-1955 se introdujo el reloj de posesión en 24 segundos para que el baloncesto no se convirtiera en un rondito cuando el equipo que iba venciendo intentaba conservar su ventaja. Dos años después la FIBA instauraría el reloj de 30 segundos. Finalmente en 2000 se adoptarían los 24 segundos y los cuatro cuartos de 10 minutos frente a los cuatro cuartos de 12 minutos de la NBA.

Con la idea de que haya más posesiones por partido, una vez que se detiene el reloj por falta que no es de tiro o por alguna otra infracción, éste no volverá a 24 segundos. Se mantendrá, si es superior a 14 segundos, y se situará en esos 14 segundos si el tiempo restante es inferior. Esto que se viene haciendo desde que sigo baloncesto NBA se incorpora en 2010 a las competiciones FIBA.

La línea de tres se instauró en Estados Unidos en la temporada 1979-1980 y llegó a Europa con cuatro años de retraso. En Estados Unidos juegan con la línea a 7,24 metros y el campo es ligeramente más ancho (15,24 metros por 15 metros en FIBA). En Europa desde 1984 y hasta 2010 el triple lo marcaba una línea a 6,25. Ahora, habrá que tirarlos más allá del 6,75. Un término medio que tratará de permitir mayor libertad para los jugadores interiores.

Hace dos años se dibujó el semicírculo debajo de la canasta para evitar que los jugadores se posaran debajo del aro a esperar un contacto que fuera señalado como falta ofensiva, semicírculo que, curiosamente, llevaba ya varios años instaurado en la NBA. Además, se ha cambiado también el dibujo de la zona para favorecer el juego por línea de fondo sin caer en la infracción de tres segundos. ¿A qué no sabéis de quién copiaron esta regla las autoridades FIBA? Pues eso.

Por no hablar del uso del vídeo tan generalizado en la NBA y que hubiera evitado escándalos como el pseudotapón de Vrankovic a Montero. Por suerte, también en este aspecto, estamos dispuestos a aprender.

Y lo peor de todo es que aún queda margen para la imitación positiva. Creo que FIBA debe rectificar y volver a implantar el salto entre dos para dirimir las “luchas”. La flecha de posesión nos está privando de una de las acciones más espectaculares y varoniles del juego y que me perdone la ex ministra de Igualdad. Y también espero que pronto se copie la regla del “goal tending” para evitar que las torres que juegan por encima del aro eviten que entren canastas barriendo la pelota introduciendo su zarpa por encima del cilindro imaginario que sería la proyección del aro hacia el infinito. De lo contrario, y para igualar las cosas con los bajitos, se debería dejar sacar el balón por debajo del aro, ¿no?

También me apunto a la regla norteamericana que hace que las técnicas no cuenten como falta personal y a que existan diferentes niveles de falta antideportiva o flagrante para discriminar con mayor justicia este tipo de actuación contra el fair play.

Pero no todo es positivo en Estados Unidos. Yo eliminaría las defensas ilegales en la NBA porque limitan el repertorio táctico defensivo. También sería más estricto con los pasos que otorgan ventajas en los contraataques. Una cosa es el espectáculo y otra el bochorno de ver a Lebron recorriendo el campo cual Jerry Rice (mítico wide receiver de los San Francisco Fortyniners).

Sin embargo, estos pequeños matices no pueden eclipsar la visión general. Europa sigue yendo a la cola y sigue recibiendo al dios yankee con pleitesía aceptando, con años de retraso para disimular el plagio, que es al otro lado del Atlántico donde se entiende mejor el futuro de un juego que sigue queriendo atraer cada vez más espectadores a través de un concepto básico, el espectáculo.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Jugando a ser actores


Sin duda, una de las ventajas cualitativas de la NBA sobre el baloncesto de otras partes del mundo es su manera de vender el producto. Constantemente cambian las reglas para fomentar el espectáculo, reglas que llegarán a Europa siempre con retraso tras pasar por el férreo filtro de la FIBA. Progresivamente, pero siempre a la estela del baloncesto en Norteamérica el baloncesto europeo ha ido acomodando su normativa para favorecer a los "mecenas" de este negocio, los espectadores.

Además de con una mejor visión empresarial de sus dirigentes, la liga profesional americana cuenta con una materia prima fundamental, sus jugadores. Y no me refiero sólo al virtuosismo que demuestran en la cancha, sino principalmente al talento innato que poseen muchos de ellos para, aprovechando su imagen labrada por sus hazañas en el parqué, vender productos y generar necesidades entre la potencial masa de compradores.

Curiosamente, y sé que con esta afirmación surgirá el debate, tanto en un plató de rodaje como en una pista de baloncesto el más grande ha sido y será por muchos años un chico de Nueva York que responde al nombre de Jordan, Michael Jeffrey Jordan.

Sin embargo, me vais a permitir que comience este repaso a alguno de los mejores anuncios protagonizados por jugadores de NBA con el más antiguo de cuantos he recopilado. Lo protagoniza el equipo de los Celtics de 1974 que conseguiría el anillo con John Havlicek como principal exponente. No sé a vosotros, pero a mí me recuerda en cierta medida a aquel que la selección de Brasil protagonizó justo antes del Mundial de fútbol de 1998 salvando los 24 años que los separan y la distancia cultural entre un equipo de Boston y un grupo de jóvenes brasileños.





El siguiente es uno de los vídeos que marcó mi infancia. Mis conocimientos de la NBA eran por entonces tan pequeños que la tenía idealizada. Por ello ver a Grant Hill, sí el de la NBA, me impactó y lo situé en una especie de pedestal construido para los dioses del que no lo bajaría hasta que comprendí que también al otro lado del Atlántico se fallaban los tiros libres y tipos como Madsen hacían carrera repartiendo palos a diestra y siniestra.



Sin embargo, mis favoritos son estos dos de Air Jordan. En el primero protagoniza un apasionante duelo de canastas imposibles con Larry Bird. En el segundo, The Royal Airness nos demuestra que nuestro más duro rival somos nosotros mismos y el inevitable paso del tiempo.



Espero que os hayan gustado y que participéis recordando aquellos anuncios que os quedaron grabados en la mente por su especial creatividad o por algún motivo más personal. 

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS