Cenicientas de azul y blanco




En 1697, tras varios siglos en los que la historia fue transmitida por vía oral, Charles Perrault ponía por escrito el cuento de la Cenicienta, la leyenda de una joven criada que cumplió su sueño de ser princesa gracias a la ayuda de una hada madrina.

Más de trescientos años más tarde, en el extrarradio de Madrid y ocho años después de que la Capital se cubriera de sangre por culpa de unos terroristas sin escrúpulos, el rojo se tiñó de azul. De azul... y blanco. Porque de blanco vistieron las doce mujeres del Perfumerías Avenida durante los cuarenta minutos que duró la final de la Copa de la Reina, el partido de baloncesto femenino con más repercusión mediática de la temporada.

En horario poco habitual, a las once de la mañana, las guerreras salmantinas saltaron a la arena madrileña para enfrentarse con uno de los equipos más potentes de la historia del baloncesto europeo. Leyendas de nuestro deporte como Lauren Jackson, jóvenes estrellas como Maya Moore y talento nacional como el de Laia Palau o Silvia Domínguez parecían dibujar, al menos a priori, una combinación perfecta e inabordable. Pero la suma de elementos individuales no siempre da lugar al resultado esperado. Más aún si no cargas el juego interior y diseñas una jugada tras otra para una sola jugadora. Las caras de Sancho Lyttle o Laia Palau irradiaban un cierto descontento. Faltaba armonía, equilibrio entre juego interior y exterior. Las pívots valencianas se cansaron de hacer el trabajo sucio y de bajar a defender. Mientras tanto, las chicas de Salamanca hacían piña después de cada acción del partido chocando palmas y sintiendo la cercanía de sus compañeras.

Lucieron todas. Cada una en su tarea. Marta Fernández estuvo incisiva en ataque e hiperactiva en defensa. Xargay controló el tempo del partido y encontró minutos de descanso de la mano de una Laura Antoja muy eficaz. Bonner asumió su rol de estrella cuando más falta hacía e Isa fue, simplemente, Isa. Erika de Souza, nombrada MVP, estuvo imperial. La brasileña selló la zona propia e hizo de la contraria su particular coto de caza. Aportaron todas. Trabajaron juntas.

Sería injusto dejar de mencionar la enorme labor del equipo técnico. El tándem integrado por Lucas Mondelo y Alberto Miranda se llevó, en tres movimientos, la partida de los banquillos. Una sesuda labor de scouting les permitió reconocer las principales debilidades de Ros. La combinación de defensas individuales y zonales hizo que el ataque de las valencianas pareciera, en todo momento, deslabazado y sin sentido. La defensa de Perfumerías seleccionó quién podía tirar y quién no. Así, en los minutos finales y pese a su gran inicio de partido, Maya Moore no pudo asumir el papel de heroína que su entrenador tenía dibujado en el guión. Para entonces, por los motivos antes mencionados, ninguna otra jugadora estaba en condiciones de anotar los tiros calientes. Siento decirlo, pero si quieren vencer en Europa, el cuerpo técnico de Ros tiene por delante una dura tarea a la hora de involucrar a todas las jugadoras para mejorar, así, la química de grupo.

La afición de Salamanca, tanto la presente en el pabellón como la que siguió el partido por televisión, puede mostrarse orgullosa de su equipo. El baloncesto femenino se ha erigido, para los salmantinos, como el mejor antídoto contra la crisis y la depresión. En una ciudad que tuvo equipo en primera división de fútbol, en liga ACB o en División de Honor del fútbol sala, las chicas de Perfumerías Avenida son las mejores embajadoras de nuestro deporte. Todo ello gracias a la inversión, de tiempo y dinero, y la apuesta que hicieron en su día Jorge Recio y Carlos Méndez.

Con una plantilla mucho más modesta que la que el año anterior consiguiera Copa de Europa y Liga, la consecución de la Copa de la Reina puede considerarse todo un logro. Las doce cenicientas, vestidas de blanco y azul, se negaron a que el baile acabara a las doce. El zapato estaba hecho a su medida. No fue cosa del azar. Tampoco de la elección de ningún príncipe. Trabajo y química de grupo. Así es el cuento de la cenicienta que les contaré a mis hijos. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La llama que se apaga




9 de marzo. 21,30 horas de la noche en Minneapolis. 102-101 a favor de los Wolves tras un fantástico palmeo de Nikola Pekovic sobre el aro rival. Balón para Lakers y, cómo no, para Kobe. Ridnour contiene su avance esperando la llegada al dos contra uno de Ricky, llamado a impedir el dribling por mano derecha de la Mamba Negra. Décimas de retraso impiden a Rubio adoptar una buena postura defensiva. Arranca Kobe, no puede frenar Ricky. El campeón en pie. El aspirante por los suelos. Falta en defensa. Colisión y naufragio. Medio año en el dique seco por una rotura en el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. Adiós temporada. ¿Adiós Juegos?

Eso dicen las frías crónicas, las noticias de agencia, los diarios de información general. Pero no es éste un medio de comunicación al uso y por eso, lo que me apetece escribir, lo que quiero transmitiros a todos los que os perdéis de vez en cuando por estas páginas repletas de desvaríos, son los sentimientos que me generó el ver que Ricky no podía mantenerse en pie tras el choque con Bryant. Dejadme echar mano de los cuatro elementos a los que hacían referencia en la antigüedad.

Agua. Agua helada al constatar que las peores predicciones se habían cumplido. Helado me quedé al conocer que no habrá más pases precisos colocados en el único lugar del universo donde Williams, Beasley, Randolph o Wesley Johnson pueden cogerlos para machacar. Yo que, como muchos otros, (no os escondáis ahora) soñaba con ver a Ricky en abril decidiendo partidos de playoffs, no puedo más que retirar la escarcha de la ventanilla y aceptar la dura realidad. Las lesiones forman parte del juego. Nadie las esquiva por completo y, algunos, mirados por un tuerto, parecen estar siempre girando sobre la misma manzana sobre la que orbitan éstas hasta acabar chocando una y otra vez con ellas. Sólo espero que Ricky no sea la versión 2.0 de Raül López y que ésta sea la única y última ocasión en que tenga que pasar por el quirófano.

Tierra. Tierra seca y fría. Inerte y estéril. Como se presenta el panorama de los Timberwolves tras la baja de su joven timonel. Desde hoy, el estado de Minnesota, repleto de lagos, parece un desierto recorrido por una brizna de hierba. Una brizna que busca desesperada a ese mesías del que le hablaron en una latitud muy lejana. Pensaba que acudía al lugar indicado, a un oasis de buen juego y crecimiento colectivo, a la sede de un equipo con aspiraciones de playoff y luego quién sabe. Ahora se sabe que no. Love será menos Love sin su Ricky, como Malone fue menos Malone sin su John. Pekovic volverá a parecer un pívot torpe sin argumentos y Williams un número 2 del draft sobrevalorado, un tres que juega de cuatro sin ser una cosa ni la contraria. Sólo Barea, otro virtuoso con el que Ricky conectó desde el primer momento, puede impedir que una profunda depresión invada el Target Center.

Aire. Aire que buscábamos y no hallábamos mientras intentábamos levantarte del suelo deseando ver una sonrisa instalada en tu cara. Aire que, a modo de huracán, entró en nuestras casas de madrugada para llevarse nuestros sueños de niñez, los que nos haces revivir cada noche cuando, flotando sobre las pistas de baloncesto, haces parecer fácil lo imposible. El mismo aire que nos insuflas con tu juego cuando la vida pretende ahogarnos con sus múltiples desafíos. Aire que se nos acabó en un segundo y que poco a poco intentaremos recuperar mientras seguimos de cerca los progresos en tu recuperación.

Fuego. Llama que se apaga. La del Monte Olimpo. La de Londres. Juegos Olímpicos que se alejan para Ricky y también para nuestra selección. Rubio estaba llamado a jugar un papel esencial como complemento de José Manuel Calderón este verano. Ahora varios se disputan su plaza y Scariolo deberá decidir entre la sobriedad de Sada, la bendita locura de Llull (un fijo aunque no hubiera caído Ricky) y el talento de Raül López. En cualquier caso, nuestra victoria en Londres ha visto aumentado su valor en las apuestas tras la baja, casi segura, del 9 de los Wolves.

Ánimo Ricky. Cuentas con el calor de millones de aficionados por todo el mundo. Creamos o no, profesemos una u otra religión, todos estaremos rezando por volver a verte pronto sobre el parqué desplegando tus infinitas habilidades, tu visión de juego y tu singular carisma. Nos conquistaste cuando eras un imberbe adolescente y nos tendrás ahí, apoyándote, hasta que cuelgues las botas para siempre. Y eso, estoy seguro, será dentro de mucho. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Ellas también la saben meter (I)



Cynthia Cooper


Basta que mañana sea ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, para que el autor de este blog, se haya decidido a incorporar una nueva sección en la que pretende repasar, con mejor o peor fortuna, la carrera de las mejores jugadoras de baloncesto de la historia. Conste en acta que aborrezco todo este tipo de conmemoraciones pues su mera existencia pone de manifiesto la existencia de una grieta en el sistema de relaciones entre hombres y mujeres al que deberíamos dotar no sólo de igualdad, sino también de normalidad.

Os preguntaréis: ¿Por qué Cynthia Cooper y no Lauren Jackson, Tina Thompson, Seryl Swoopes, Lisa Leslie o, tal vez, Sue Bird? Pues por aquello de empezar por el principio. Y es que en el primer día de la creación, antes de que nada existiera y ya seáis escépticos o ateos, (del baloncesto profesional femenino) el Dios (tal vez la Diosa) de la canasta hizo a Cynthia Cooper.

Aunque nacida en Chicago, Cynthia crecería en Los Ángeles junto a su madre y sus siete hermanas después de que su padre abandonara el hogar cuando ésta tenía seis años. Gracias a su impresionante capacidad atlética e, inspirada por el ejemplo de su progenitora, la señorita Cooper destacó pronto en diferentes deportes cosechando importantes éxitos tanto en atletismo como en baloncesto durante su época de instituto.

Con la intención de permanecer cerca del núcleo familiar, Cynthia desecharía varias becas de las mejores universidades del país para aceptar la que le ofrecía la Universidad de California del Sur. Pero pronto llegaron los triunfos para “The Women of Troy”, sobrenombre con el que son conocidas las integrantes de cualquier disciplina deportiva de esta universidad en honor a la obra de Eurípides y en correspondencia con los trojans, los chicos del mismo college.

Tres Final Four y dos títulos. Camiseta retirada en el Galen Center. Un recuerdo imborrable entre sus contemporáneos. Fotos y trofeos que jamás abandonarán los edificios del campus. Un palmarés para ser indiscutible número 1 del draft. Sí, pero, ¿de qué draft? En los años 80 no había liga profesional americana. Fue éste, la creación de la WNBA, un logro reciente, otro “milestone” que las mujeres han alcanzado por derecho propio. Un logro a medias pues no debemos olvidar que esta liga es la hermana pobre de la NBA. No en vano se juega en verano ante audiencias muy modestas. Pero ésta es otra cuestión.

No le quedaban muchas opciones a Cynthia y ella, valiente y decidida, no dudó ni un segundo antes de preparar su maleta y tomar un avión rumbo a Europa. Me la imagino en las escaleras de acceso a la nave gritando aquello de “Valencia, Here we go!” Y es que fue en la capital del levante español donde fue a parar la talentosa jugadora de Chicago para firmar unos portentosos 36,7 puntos por partido que la harían acreedora de un pasaporte para la potente liga italiana en la que militaría hasta 1997, fecha de inicio de la WNBA en la que decide regresar.

Cuando ya dominaba el idioma y toda vez que Parma era ya como su segundo hogar, Houston se convirtió en su nuevo destino. Y como si de un cometa se tratase, el equipo liderado por Cynthia Cooper y en el que también destacaban una joven Tina Thompson y Sheryl Swoopes, conquistaría los cuatro primeros campeonatos. En todos ellos Cynthia fue elegida MVP de los playoffs y en los dos primeros sería también premiada con el galardón a la mejor jugadora de la temporada. Todo ello tras una carrera en Europa de más de once años y bien entrada en la treintena. Da miedo imaginar el grado de dominio que habría ejercido sobre la liga de haber llegado a ella a una edad más temprana. 



Pero la historia es la que es y nos dice que, además de todos estos triunfos a nivel de club, hay que añadir la medalla de oro que se colgó en Seul en los Juegos Olímpicos de 1988, su entrada en el Hall of Fame en 2010 y su nombramiento, indiscutible, como una de las mejores 15 jugadoras de los primeros 15 años de historia de la liga profesional norteamericana. Y un mérito añadido, como todo poseedor del secreto, también Miss Cooper mejoraba sus prestaciones en los playoffs. Amaya Valdemoro fue testigo directo.

A punto de cumplir 50 años Cynthia Cooper es, hoy, una obstinada entrenadora de baloncesto y, especialmente, una madre, con mayúsculas, para sus hijos. Le basta con seguir el ejemplo de la suya, fallecida tras el segundo campeonato después de perder la batalla que le planteó un cáncer de mama. Le basta con mirar fijamente la foto de la mesilla en la que aparece, sonriente, la señora que cuidó de ella y de sus siete hermanos, la misma que le infundió el valor necesario para triunfar en un deporte, el baloncesto, al que se juega con la cabeza pero, sobre todo, con el corazón. El que se dejó sobre el parqué en su camino hacia la gloria. Como cuando anotó 42 puntos poco después de conocer que su compañera de equipo Kim Perrot no superaría un cáncer de pulmón.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

el basket perjudica seriamente la salud





El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define banquillo, en su primera acepción, como el asiento en el que se coloca el procesado ante el tribunal. En la segunda, la propia del deporte y, por tanto, del baloncesto, viene definido como el lugar de espera de los jugadores reservas y entrenadores, fuera del juego.

Sin dudar, faltaría más, de la formación de nuestros académicos, me atrevería a afirmar que es más certera la primera que la segunda, al menos desde el punto de vista del entrenador. Así, si asimilamos la figura del tribunal con la de la directiva o el público, el entrenador no deja de ser el procesado que en cada juicio, partido, debe defender su inocencia, es decir, la eficacia de su trabajo, sentado en un banquillo. Y, créanme, el banquillo para el técnico no pasa por ser un lugar de espera. Menos aún, un lugar fuera del juego.

Durante los cuarenta, o cuarenta y ocho, minutos de juego, el entrenador puede tomar infinidad de decisiones con repercusiones directas en el devenir del encuentro. Acertar con los jugadores que han de estar en cancha en cada momento, realizar ajustes defensivos, interpretar qué sistemas pueden hacer más daño a las defensas rivales o presionar en la justa medida a los árbitros son medidas que pueden determinar el triunfo y que, a su vez, resultan agotadoras. Quizá esté exagerando, pero el desgaste mental que sufre un entrenador en la dirección de un partido puede, en función del nivel del mismo, aproximarse al que padece un jugador de ajedrez. Y ello, amigos, debería hacernos ser indulgentes ante actuaciones como las que presento a continuación.

Debió de ser duro, para un apasionado del baloncesto como es Jerry Sloan, comprobar que su mejor jugador, Deron Williams, había perdido su confianza en él hasta el punto de erigirse en el cabecilla de un motín que tenía como fin último hacerle la cama. Tras ese incidente el Alcalde de Tacañón, como le llamaba Andrés Montes en honor a su fama de cicatero, dejó el banquillo de los Jazz no sin antes habernos regalado alguno de los más rudos enfrentamientos con árbitros, propietarios y jugadores rivales. 





Tampoco fue fácil, para Tim Floyd, hacerse con las riendas de los Chicago Bulls tras la descomposición del equipo en 1999. La Ciudad del Viento se convirtió en un solar con la partida de Jordan, Pippen o Rodman y aquello debió de pasarle factura al bueno de Floyd quien, ya como técnico de la Universidad de Southern California, nos dejó una hiperbólica ida de olla. 



Si tu principal aval es la preparación defensiva de tus equipos y, uno de tus jugadores, tras innumerables sesiones dedicadas a esta faceta, falla en una rotación, lo normal es actuar como Tom Thibodeau. Más aún, si como él, estás soltero y al llegar a casa, en vez de una ración de cariño y comprensión, te vas a encontrar con un triste sandwich de pollo que dejaste preparado por la mañana para no tener que cocinar. Korver, como cantaba Luis Eduardo Aute, simplemente pasaba por allí. 



Como pasaba por allí Pau Gasol. El jugador que, con su llegada, convirtió a los Lakers de equipo de playoff en claro aspirante al anillo. Cuando creía olvidados los tiempos en los que la prensa le tildaba de blando (también aquellos otros en el que los diarios de Memphis afirmaban que James Posey era el mejor jugador del equipo por encima del de Sant Boi), fue Phil Jackson, el Maestro Zen, quien en su penúltimo partido quiso hacerle un homenaje a Luis Aragonés y confundiendo a Gasol con Eto´o, empujó al bueno de Pau haciéndole ver que sólo siendo más agresivo podrían repetir título, obviando el hecho de que tanto Bynum como Bryant eran tan responsables de las derrotas como el español. 



Y si los jugadores han cumplido con el guión y los árbitros han actuado con justicia, aún está la prensa para hacerte perder el control. Y si no que le pregunten a Jim Calhoun, el exitoso entrenador de Connecticut, quien mandó callar con vehemencia al Pipi Estrada de turno tras una incómoda cuestión. 



Jim Boeheim, por su parte, es uno de los gurús del baloncesto control. No se lo he preguntado nunca, pero apostaría dinero a que el ayudante de Coach K en la selección de Estados Unidos estaría dispuesto a introducir posesiones de minuto y medio en el juego. Su defensa zonal 2-3 se estudia como ejemplo en las escuelas de entrenadores. Sin embargo, ante un simple acople de sonido, no pudo mantener la calma. 



Y si Boeheim o Calhoun son eminencias en el baloncesto universitario, Bobby Knight es simplemente una leyenda. Sin embargo, un año después de conquistar los Juegos Olímpicos de 1984 y en plena disputa del derby estatal entre Indiana y Purdue, Bob perdió el control de la situación ante la señalización de dos faltas, una en la lucha por un balón suelto y otra por un leve contacto. A continuación, cuando los chicos de Purdue iban a sacar de fondo, Knight recibió una técnica que supuso la gota que colmó el vaso de su paciencia. Con una precisión de arquero y haciendo gala de una sangre fría al alcance de unos pocos elegidos, el mito tomó una silla y la lanzó rodando por delante del encargado de lanzar los tiros libres. Así, mientras la grada aclamaba su nombre durante los tres eternos minutos que tardó en abandonar la cancha (ante una estruendosa ovación), los árbitros experimentaron en sus carnes el miedo de haber sacado de sus casillas a uno de los héroes del baloncesto americano dentro de su propio cortijo. El ambiente no podía estar más caldeado y, para colmo, el entrenador oponente solicitó tiempo muerto con la intención, supongo, de calmar los nervios de sus huestes en lo que, a la postre, supondría un tremendo error. Durante el tiempo muerto, cheer leaders y animadores calentaron a la grada y, a continuación, Steve Reid, un tirador del 95% sólo podría anotar tres de los seis tiros libres ante la presión ejercida por el público (curiosamente los dos primeros y el último). Ganó Purdue 72-63, pero aquel partido será recordado, para siempre, por la silla de Knight. Es más, veinte años después, en una entrevista, el propio Steve Reid reconocería que estaba nervioso y asustado. Cómo para no. Tras las disculpas de Knight al día siguiente, el entrenador sería sancionado por un partido. Eso se llama respeto. A ti o a mí (o a Garzón) nos habrían suspendido para toda la temporada. 



Baloncesto. Nervios y tensión. Dinero y orgullo en juego. Pasión por un deporte que, como el amor, perjudica seriamente la salud.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Ourense no tiene aeropuerto




Ourense no tiene aeropuerto. Para visitar sus iglesias de arte románico o para pasear por las orillas del Miño deberemos recurrir al transporte por carretera o al ferrocarril. También, siguiendo las calzadas por ellos construidas, los romanos llegaron al interior de las tierras gallegas para explotar los yacimientos auríferos y las aguas termales. Veinte siglos de historia apenas cambiaron nada. Creció la población y se asumieron nuevas funciones administrativas. Sin embargo, la capital del interior de Galicia seguía, y sigue, siendo una gran desconocida.

Pero no todo lo que ha acontecido en Ourense en los últimos veinte años ha sucedido a ras de suelo. No, desde que en coche, tal vez en tren, llegaran a la ciudad dos chicos estadounidenses (primero uno y dos años más tarde el otro) que apenas podían ubicar en la esfera terrestre la Península Ibérica. Chandler Thompson y Darrell Armstrong.

Bajo el patrocinio primero de una caja de ahorros y, después, de una cooperativa agroalimentaria de la zona, la afición al baloncesto se instaló en la ciudad. Así, en la temporada 1987-1988 el COB (Club Ourense Baloncesto) arrancaba la competición en la Primera División B y en ella se mantendría hasta que en 1989 consiguiera el ascenso a la liga ACB, cosechando un hito histórico para el deporte de la provincia. En ella peleó ininterrumpidamente hasta 1998 para luego regresar en 2001, último año en el que el club militó en la máxima categoría de nuestro baloncesto.

En términos deportivos, los mejores años fueron los primeros de la década de los 90. De la mano del Mago de Memphis, Andre Turner, el por entonces Coren Orense finalizó octavo en dos ocasiones consecutivas (92-93 y 93-94). Como era de prever, el genial base norteamericano recibiría un aluvión de ofertas hasta terminar aceptando la propuesta de un clásico de nuestra liga, El CAI Zaragoza (en aquella época Amway).

Su baja causó estragos dentro de las oficinas del club. Es de sobra conocida la importancia de contar en tus filas con un buen director de juego que haga mejor a sus compañeros, que les ponga la bola donde y cuando la quieren manteniendo alta, al mismo tiempo, la moral del colectivo. Andre Turner hacía todo eso, y mucho más. ¿Podría hacer lo mismo la reciente incorporación, Darrell Armstrong?

Seguramente no. El nuevo fichaje, procedente de la liga chipriota, no contaba con una experiencia tan contrastada en el baloncesto y su “basketball IQ” (conocimiento del juego) estaba a años luz del de Turner. Es más, hasta su último año de instituto el base nacido en Carolina del Norte no había formado parte de un equipo como tal. Las dudas se multiplicaron con las primeras derrotas y la temporada fue más bien mediocre (decimoquinta posición) No así sus números de estrella con 24,6 puntos y 5,4 rebotes por partido que le catapultarían, no sin dificultades, hacia la mejor liga del mundo, la NBA. Eso sí, no se marcharía sin antes regalarnos, junto a su compañero de equipo Chandler Thompson, el mejor concurso de mates de la historia de la ACB. 



La vida de Thompson transcurrió en su estado natal, Indiana, la catedral del baloncesto, hasta terminar su ciclo universitario. Elegido en tercera ronda del Draft de la CBA, Chandler entendió que si quería llegar algún día a la NBA debería pasar antes por Europa. Y aterrizó en Ourense. Bueno, en realidad no. Llegó a Madrid y desde allí se desplazó hasta la villa gallega para iniciar una exitosa carrera en el baloncesto profesional. Thompson destacó pronto por sus cualidades atléticas. Como él mismo reconoce, “simplemente pensaba en machacarla por encima de mi rival”. Poco a poco su juego se fue depurando y a través de duras sesiones de entrenamiento pudo incluir en su repertorio un tiro exterior que las defensas rivales debían vigilar. Gracias a sus mejoras recalaría en las filas del Estudiantes, un club puntero con el que ganaría una Copa del Rey y jugaría una final de la Copa Korac. En su palmarés lucen, también, los cuatro concursos de mates que logró. El más espectacular de todos ellos, en Valencia. 



Era 14 de noviembre y en la ciudad del Turia se habían dado cita las más rutilantes estrellas del occidente europeo. El All Star reunía a los mejores jugadores no sólo de la ACB, sino también de la LEGA italiana y del campeonato Pro A francés. Djordjevic y Bodiroga atrajeron todos los focos al enfrentarse, cara a cara, en la final del concurso de triples (como era de esperar ganó Sasha Djordjevic) e, instantes después, saltaron a la cancha para calentar Jeff Sanders (Estudiantes), Harper Williams (Estudiantes), Conrad Macrae (Pau Orthez y tristemente fallecido pocos años después), Ron Curry y los dos representantes del Coren Orense, Darrell Armstrong, “el astronauta” y Chandler Thompson, el defensor del título.

Se sucedieron tomahawks, trescientos sesentas, saltos por encima de voluntarios, mates con el agarre típico del Doctor J,... Impresionó a la afición Conrad Mcrae al hacer arder la pelota. Lástima que la cera aplicada fuera insuficiente como para que el fuego resistiera la velocidad de una carrera que culminó con la elevación del jugador por encima de tres miembros de la organización, el tercero de ellos de pie. Sin embargo, el duelo estaba servido entre los dos compañeros del Coren, entre los dos norteamericanos de 1,82 y 1,91 que situaron a Ourense en el mapa volando por el aire de Valencia, cosechando puntuaciones de 50, una después de la otra. Los aficionados presentes en la Fuente de San Luis asistían de pie a un espectáculo que, sabían, no sería fácil de repetir. Otros, ante el televisor, nos frotábamos los ojos para discernir si todo aquello era real o sólo un simple sueño de otoño. 



Es 2012 y Ourense sigue sin tener aeropuerto. Sin embargo, hace casi 18 años, dos aviones volaron en Valencia con la camiseta del Coren para poner en el mapa a una ciudad que, durante muchos años, respiró puro baloncesto.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Canastas Sagradas





Ahora ésta es la Ley de la jungla,
tan vieja y verdadera como el cielo;
y el lobo que la mantenga prosperará,
y el lobo que la rompa debe morir.
Como la enredadera que ciñe el tronco del árbol,
la ley funciona adelante y atrás,
ya que la fuerza de la manada es el lobo,
y la fuerza del lobo es la manada”.


Tomando un vaso de naranja. Analizando el sinsentido de una vida que nos conduce por derroteros no buscados hacia un fin que siempre es el mismo. Sentado en una silla de plástico. Así descubrí un libro, Canastas Sagradas, (“Sacred Hoops”) que llegó a mis manos gracias a la siempre generosa cartera de mi hermano.

Aviso previo para navegantes. No se trata de una obra que vaya a cambiar tu vida de un modo trascendental. Tampoco lo pretende. Sin embargo, por más que el título sugiera que se trata de una publicación destinada a amantes del baloncesto o futuros entrenadores, lo cierto es que Canastas Sagradas incluye numerosos pasajes y anécdotas que pudieran serle de interés al más común de los mortales.

Phil Jackson, con o sin la ayuda de un negro, dibuja sirviéndose de grandes trazos, su trayectoria en el baloncesto desde sus años de jugador universitario en Dakota del Norte hasta la temporada 95-96 en la que logra su cuarto anillo como entrenador, al conducir a los Chicago Bulls hacia la mejor temporada global de un equipo NBA en la historia (72 victorias 10 derrotas en Liga Regular y sólo 4 derrotas en los Playoffs). Lo hace trayendo al presente memorias de su paso por los Knicks, de su primer trabajo como ayudante de entrenador, de su época en la CBA, de su fugaz estancia en Puerto Rico y, también, rememorando el camino que recorrieron esos mismos Bulls para dejar de ser “los chicos de Jordan” y convertirse en el equipo campeón.

La elección del título no es baladí. Detrás del adjetivo “sagradas” se esconden dos de las vertientes sobre las que va a girar la obra. Por un lado, el libro presta una especial atención a la transformación espiritual que experimenta Phil Jackson a lo largo de su vida. Así, pese a ser educado en el seno de una familia ultracatólica, la madurez conducirá al espigado chico de Montana a buscar nuevas fuentes de inspiración y nuevos métodos para alcanzar ese estado de flujo continuo en el que muchos piensan, radica la felicidad. Sin embargo, su aproximación al budismo y a la meditación no impidió que el ritual post partido de aquellos Bulls de los 90 incluyera siempre, ganasen o perdiesen, el rezo colectivo del Padrenuestro. Por otra parte, el baloncesto para Jackson adquirió pronto un carácter sacro. Mejor dicho, no cualquier baloncesto y sí el baloncesto de equipo jugado por miembros desinteresados en el que todos son conscientes de que luchan por una entidad, la comunidad, mucho más grande que cualquiera de sus miembros por separado. Es en este sentido que Phil rescata para su obra (página 28) el pasaje del segundo Libro de la Selva con el que encabezo este post y cuyo contenido, por claro y didáctico, no puede ser glosado.

Son muchas las enseñanzas recibidas. Pocas las que finalmente serán puestas en práctica. Y es que como deja entrever el más laureado entrenador de todos los tiempos, la clave para la resolución de los conflictos y para la toma de las decisiones es una mente clara. Una mente clara asentada sobre valores muy firmes. Y si es difícil reunir dichos valores, qué se puede decir de la exclusividad que supone, hoy en día, gozar de una mente clara.

Sin embargo, más allá del sentido práctico que cada uno pueda extraer de estas enseñanzas, lo cierto es que de la lectura de este ensayo autobiográfico centrado en la gestión de grupos y en los aspectos psicológicos de las relaciones humanas, surge la llama de la reflexión. Canastas Sagradas es un libro que te incita a dialogar contigo mismo, que te lanza preguntas sin respuesta, que te expone un modelo de hacer las cosas que ha resultado exitoso no sólo en atención a sus fines, sino también con relación a los medios empleados.

La transitoriedad del éxito, el verdadero valor de las derrotas, el germen de la química de grupo, el control de la rabia, la compasión, la insignificancia del yo, la grandeza del nosotros, la necesidad de desembarazarnos de las cargas del pasado,... Sobre todos estos temas, y muchos más, teoriza Phil Jackson. Lo hace desde la óptica de un genio, desde la perspectiva de un hombre sabio y justo, desde la atalaya desde la que mira el mundo, desde sus 2,04 metros de altura, un chico de Montana que se enamoró del baloncesto, pero no más de éste que de la vida.

Tenéis Canastas Sagradas a vuestra disposición (con vuelta por favor). Tardé menos de tres días en leerlo y ya ostenta un lugar de privilegio en mi estantería. Allí está, no entre los libros de baloncesto y sí entre aquéllos que me enseñaron un poco más sobre este mundo.

Existe una vieja historia Zen que ilustra este asunto (abundancia de pensamientos erróneos). Dos monjes viajaban juntos bajo un fuerte aguacero cuando toparon con una bella mujer vestida con un kimono de seda que tenía problemas para atravesar un camino cubierto de lodo. “Venga”, le dijo el primer monje, y la llevó en sus brazos hasta un lugar seco. El segundo monje no dijo nada hasta mucho más tarde. Entonces no pudo contenerse más. “Nosotros los monjes no nos acercamos a las mujeres, ¿por qué lo hiciste?”. “Yo dejé a la mujer allá atrás”, respondió el primer monje. “¿Estás tú llevándola aún?” (página 59)

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

And The Oscar goes to...




Mejor Guión Original. De repente, un Extraño. También conocida como el Inquilino, esta película ostenta el título perfecto para definir la irrupción, de repente, de un extraño, Jeremy Lin, en una liga, la NBA, que siempre ha presumido de contar con los mejores jugadores del momento. Se les escapó este estadounidense de orígenes asiáticos y graduado en Harvard. Menos mal que a Carmelo Anthony se le ocurrió insinuarle a su entrenador que no estaría mal que este chico tuviera algunos minutos. 



Mejor director. Zeljko Obradovic por Va a Ser que Nadie es Perfecto (salvo yo). Al entrenador serbio le dio por demostrar que aquello de que nadie es perfecto es un mero cliché, una postura que adoptan los que se saben inferiores para no sufrir una penosa depresión. Con su octava euroliga ya se ha postulado como uno de los más grandes técnicos de la historia del baloncesto.

Mejor actor. Dirk Nowitzky por El Ladrón de Bicicletas. En la película de Vittorio De Sica un humilde padre de familia asiste al robo de su recién adquirida bicicleta, instrumento del que depende su empleo y, con él, la posibilidad de alimentar a su hijo Bruno. Durante toda la película Antonio Rizzi, que así se llama el hombre, se dedica a perseguir a los ladrones para terminar, él mismo y de manera desesperada, robando una bicicleta y siendo acusado de ratero. En la versión actual de la película son Lebron James y Dwayne Wade los que se quedan sin su particular bicicleta, el anillo de la NBA con el que contaban antes, incluso, de que comenzara la temporada. El malhechor tiene nombre y apellidos. Alemanes para más señas. 



Mejor actriz. Mamá Allen por Y tu mamá también. No, esta nueva versión no tiene nada que ver con el drama mejicano repleto de sexo y drogas en el que, como es habitual, Maribel Verdú enseña las tetas. Y es que, para la señora Allen sólo existe un único vicio: acudir cada pocos días al Garden para ver a su hijo Ray torpedeando las canastas rivales. Deléitense si no con la escena principal de la película en la que nuestra protagonista se besa, (un beso casto eso sí) incluso, con el rey destronado, Reggie Miller.



Mejor canción original. Ennio Morricone por Hasta que llegó su hora. El genial tema del no menos genial compositor italiano sirvió de fondo musical para alguna de las escenas más emotivas del spaghetti western dirigido por Sergio Leone. La nueva versión de la película, protagonizada por Phil Jackson, se centra en el fatídico final de la carrera en los banquillos del más laureado entrenador de todos los tiempos. El subtítulo de la película reza lo siguiente: “De cuando Kobe, Gasol y Bynum dejaron tirado al pobre Phil”.

Mejores efectos visuales: Blake Griffin por Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú. Eso debió pensar el pívot ruso, Timofey Mozgov al ver venir de frente a ese portento de la naturaleza apellidado Griffin. Ya se sabe, una huida a tiempo es una victoria. Algunas fuentes estiman que, por si aún quedaba alguna duda, la Guerra Fría terminó definitivamente tras este mate. Ganaron los americanos. 



Mejor película en habla no inglesa. Titanic (versión Real Madrid). Sí, ya sé que la película de 1997 dirigida por James Cameron y en la que Kate Winslet y Leo Di Caprio ponen a prueba la lucha de clases a bordo de un lujoso transatlántico que, por si no lo sabéis, acaba en las profundidades del océano, fue rodada en inglés. Sin embargo, la versión de 2011 tuvo como director de operaciones y timonel a un italiano, Ettore Messina, que, alegando excusas impropias de un hombre avalado por su historial, abandonó el Real Madrid de baloncesto antes incluso, de lo que lo hubiera hecho el capitán del Costa Concordia, sí, el mismo que se cayó sin querer en un bote salvavidas y que desconocía si había muertos en su barco.

Mejor fotografía. Me quedo con ésta.



Mejor maquillaje. David Stern y colaboradores por Un Cuento (chino) de Navidad. Tras meses de intensas negociaciones, el fin del lockout coincidió con la llegada de una época entrañable. La firma del convenio tuvo en vilo a jugadores, trabajadores y aficionados hasta el final del otoño y se solventó con la aceptación, por parte de los primeros, de unas condiciones muy similares, cuando no peores, a las que ostentaban en el anterior marco salarial. No cabe duda de que los representantes de la liga supieron maquillar muy bien el verdadero contenido del acuerdo. De no haberlo hecho el candado aún estaría echado. Por suerte, en torno al árbol y al piano, miembros del sindicato y de la patronal cantaron juntos a “Christmas Carol”.

Mejor vestuario. Andrei Kirilenko por La Caza del Octubre Rojo. Del motín organizado por Deron Williams en el vestuario de los Utah Jazz en contra de Jerry Sloan sólo el ruso pareció escapar impoluto. Así lo muestra su americana a rayas con la que ahora se pasea por Moscú tras declinar varias ofertas de la NBA. ¿No será Andrei el topo que ideó la operación con la intención de desprestigiar a la liga norteamericana? ¿Estarán surgiendo nuevas hostilidades entre rusos y estadounidenses? 


El jurado también valoró muy positivamente el vestuario que mostró Gilbert Arenas en la reciente versión de la película Casino



Mejor película. Jamón Jamón. El secreto del deporte español, en general, y de nuestra selección de baloncesto, en particular, no se encuentra en el clembuterol. Así quedó demostrado cuando en el pasado europeo una selección francesa plagada de negros musculados cayó derrotada ante la España de Sergio Scariolo y de un Juan Carlos Navarro que se alzó con el galardón de mejor jugador del torneo sin necesidad de visitar el gimnasio del hotel. El éxito de nuestros deportistas se basa en un impecable trabajo de base, en la confluencia temporal de algunos talentos inigualables (Gasol, Nadal, Contador) y en el jamón (sabor de las tetas de Penélope Cruz en palabras del personaje interpretado por Javier Bardem) como símbolo de una filosofía de vida que, si bien nos hace estar a la cola de Europa en términos de salario y renta per cápita, al menos nos permite enamorarnos de la vida y sacar talentos para el deporte con los que poder disfrutar Los Lunes al Sol (leyendo el periódico deportivo), película también nominada a la estatuilla. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La cofradía del perdón




No fui el único que madrugó esta mañana. Allí estaban varios amigos, algunos entrenadores, analistas y periodistas deportivos. También más de un jugador español de la NBA. Todos aferrados al vaso de café con el que, al menos, nuestras manos, combatían el frío reinante. Ni siquiera éramos conscientes de merecer esa fuente de calor después de que nuestros vaticinios y apuestas quedaran en entredicho tras lo vivido anoche en el Palau Sant Jordi.

Parecía una Copa del Rey hecha a la medida del Barcelona. Los de Pascual llegaban en un gran momento, cómodamente instalados en el primer puesto de la ACB y de su grupo del Top 16, con sus mejores jugadores liberados de las lesiones que habían venido achacando y practicando la mejor defensa del continente. Todo, salvo los mitos que rodean a la competición, (maldición del anfitrión, nadie gana tres copas consecutivas) estaba a favor del Regal.

Además, la situación del eterno rival, el Real Madrid, no hacía indicar que estuviera en disposición de competir en un cara a cara contra los de Xavi Pascual. Virtualmente eliminados de la Euroliga y tras haber sido vapuleados en dos ocasiones por el Gescrap Bizkaia pocos daban un duro por los chicos de Laso.

De ahí todas esas previas que daban como único favorito a los de azul y grana. De ahí que periodistas con mucha experiencia, ex jugadores, entrenadores, y también jugadores en activo, lo tuvieran tan claro antes de que el balón fuera lanzado al aire del Palau. Por eso, a tenor de lo visto y haciendo gala de una notable capacidad de autocrítica, sin que nadie nos haya citado, hemos decidido peregrinar hasta el despacho de Pablo Laso para entonar el “mea culpa” y aceptar que:

  1. Yo también pensé que la planificación de la plantilla no fue la ideal, que los fichajes de Rudy e Ibaka perjudicarían la progresión de los jugadores con los que, finalmente, nos jugaremos las habichuelas.
  2. Yo también creí que el modelo de juego de Laso servía para llenar pabellones pero no para ganar títulos de la importancia de una Copa del Rey basándome en aquello de que los ataques ganan partidos y las defensas campeonatos. De todos modos, hay que decir, que el esfuerzo de ayer no sólo se realizó desde una vertiente ofensiva, sino que todos nuestros chicos respondieron al desafío y bajaron el culo para limitar la aportación ofensiva de las estrellas culés.
  3. Yo, como Messina, pensé que Llul sólo podía rendir al máximo nivel como escolta. Ahora reconozco que sin ser el típico base, más director que anotador, sí que puede dominar el juego desde la posición de base.
  4. Yo también pensé que la infrautilización de Pocius o Felipe en algunos partidos les lastraría en su rendimiento en momentos importantes. Sin embargo, la buena gestión de la plantilla en términos psicológicos le ha permitido a Laso utilizar una rotación larga al más puro estilo Pepu en el Mundial de 2006 y al más puro estilo universitario.
  5. Yo también creí que los madridistas tardaríamos mucho tiempo en olvidarnos de Bullock. Sin embargo, en Carroll hemos encontrado un clon de piel blanca y pelo rubio capaz de asumir los balones calientes y de anotarlos. Qué lejos queda ya la sombra de Tucker.
  6. Yo también temía que los interiores del Barcelona harían polvo a nuestros pívots de raza blanca. Y sí, N´Dong nos hizo daño reboteando una bola tras otra bajo nuestro aro, pero sobre todo Begic intimidó, taponó y cambió tiros de los exteriores blaugranas. Una gran progresión la suya.
  7. Yo tampoco veía a Carlos Suárez posteando a Mickeal. Más aún cuando llevaba varios partidos sin sacar nada positivo de esta situación interior. Sin embargo, su inicio de partido fue fundamental para el desarrollo de los 40 minutos. Se mostró muy superior a Mickeal y abrió una vía de agua en la que creíamos, inexpugnable defensa catalana.

Y una vez asumidos todos estos puntos y consumido ya el café de nuestras tazas, todos los presentes hemos decidido que, pese a la victoria en la Copa del Rey, no es momento para la autocomplacencia y el conformismo. Es momento para poner el resto en los dos partidos que quedan de Top 16, es la hora de ganar en Siena, algo que conseguimos el año pasado con una plantilla más limitada, y que necesitaremos hacer si queremos mantener vivas las opciones de clasificación. Estos doce jugadores han demostrado tener calidad para estar entre los ocho mejores de Europa y espero que tengan la oportunidad de cruzarse con todo un CSKA y demostrar su verdadero nivel ante los Krstic, Kirilenko o Teodosic.

De lo contrario mantendremos nuestra penitencia, celebraremos la consecución de un título que hacía 19 años que no se conquistaba, pero acompañaremos de un asterisco todo lo sucedido durante la temporada. Porque si el Real Madrid de baloncesto es grande no es por ganar Copas del Rey y sí por ser el Rey de la Copa de Europa.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Vámonos de Copa





Ocho equipos. Ocho aficiones. Siete partidos. Muchas sorpresas. Un campeón. Números que definen una competición,  la Copa del Rey, consagrada como la más emocionante de nuestro baloncesto.

Dicen, los que la han jugado, que ni siquiera una Final Four logra generar una atmósfera comparable a la del torneo copero. Las gradas se convierten en un mosaico de colores representando a cada uno de los conjuntos participantes. Las aficiones realizan largos viajes y se hermanan entre sí para compartir nervios y, también, alguna que otra copa nocturna para celebrar u olvidar, en función de lo sucedido sobre la cancha.

Números son, también, los que afirman que el Regal Barcelona lo tiene complicado para resultar vencedor. Por un lado, la maldición del anfitrión y, por otro, el hecho de que ningún equipo haya ganado en tres ediciones consecutivas así lo atestiguan. Sin embargo, y sirviéndonos de uno de esos tópicos tan repetidos como infalibles, el equipo de Xavi Pascual tiene muy claro aquello de que las estadísticas están para romperlas. Es más, los que entienden, y los que apuestan, lo tienen claro. La copa ha viajado hasta Barcelona para quedarse y al rey, si es que hace acto de presencia, no le quedará otra que hacer entrega del trofeo al genial Juan Carlos Navarro.

Sin embargo, a pesar de que muchos periodistas ya tengan preparado el titular del domingo con la foto de la plantilla del Regal celebrando la consecución del título, lo cierto es que quedan muchas dudas por resolver. Y es que tampoco el cuadro se ha mostrado clemente con los de azul y grana quienes, para empezar, tendrán que superar al equipo revelación del campeonato, el Lucentum Alicante. En el caso de ganar, y salvo sorpresa, se verán las caras con el Caja Laboral de un Dusko Ivanovic con amplia experiencia ganadora en el torneo.


Más fácil lo tendrá el Real Madrid de Laso para acceder al partido decisivo. En el camino medirá sus fuerzas con Fuenlabrada, un equipo muy bien trabajado bajo la batuta del segoviano Porfirio Fisac, y en la supuesta semifinal, se encontraría con el vencedor de un derby andaluz venido a menos por el mal momento por el que atraviesan tanto Cajasol Banca Cívica de Sevilla como Unicaja de Málaga.

Es ésta, la de 2012, una edición marcada por las ausencias. Ausencia de históricos como Estudiantes o DKV Joventut, equipos que en los años 90 eran fijos no sólo entre los ocho, sino entre los favoritos a la consecución del título. Ausencia de los “Men in Black” de Bilbao, el conjunto más en forma del momento tanto en España como en Europa. Más argumentos a favor de que se repita la final de los últimos años, de que se confirme el dominio del Barcelona sobre un Madrid que aún se encuentra muy lejos de los niveles de competitividad, defensa y control de las situaciones que exhiben los de Pascual.

Será una copa con nombres propios. Los de jóvenes que buscarán consagrarse como Mirotic o Lima. Los de estrellas que asumirán las posesiones decisivas como Navarro, Teletovic o Fitch. Los de técnicos que buscarán estrenarse como Laso o Chus Mateo; o los de Pascual o Ivanovic que intentarán asegurarse un hueco en el olimpo de los entrenadores.

Será, seguro, una copa para disfrutar. Dice, la tradición, que habrá sorpresas. Dice, el sentido común, que ganará el Regal Barcelona. Digo, yo, que lo importante es que se vea buen baloncesto y que nuestro deporte salga reforzado de un fin de semana en el que, al menos, los medios de comunicación nos tienen en el punto de mira. Que empiece el espectáculo.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

¿Enamorado del deporte equivocado?




Agarrado a su balón. Como tantas otras tardes. Con la vista perdida en el horizonte y frente al pabellón en el que lleva entrenando desde que era un entrañable benjamín me encontré a Fernando, uno de los chicos del equipo infantil del C.B. Santa Marta a los que tengo la fortuna de “dirigir”. Él, a pesar de sus doce años, es plenamente consciente de la difícil situación económica que atraviesa el club. Resulta imposible abstraerse cuando en todos las tertulias o corrillos de padres, entrenadores y directivos no se habla de otra cosa. Una pena que sea así cuando hace apenas unas horas que, tanto el Junior Masculino como el Cadete A femenino, han certificado su pase entre los ochos mejores equipos de Castilla y León.

La historia del club, nacido en julio de 2004 para incorporar al cada vez mayor número de jugadores surgido de las Escuelas del Ayuntamiento, parece estar tocando a su fin. Todo, o gran parte, por los repetidos incumplimientos de la palabra dada por parte del consistorio municipal. Ni siquiera la crisis económica, parapeto habitual de nuestra clase política, constituye un muro lo suficientemente opaco como para evitar que la luz de la sospecha llegue hasta nuestros ojos. Y la sospecha no tiene que ver sólo con una mala gestión, sino también con el orden de prioridades establecido, con la indiferencia con la que siempre se han dirigido hacia una institución, el C.B. Santa Marta, que luchando contra los elementos, se ocupa del crecimiento como personas y como jugadores de ciento catorce chicos y chicas que han hallado en el baloncesto esa fuente de inspiración para aferrarse a una vida que no tendría tanto sentido sin los momentos de amistad, compañerismo, esfuerzo y compromiso que encarna nuestro deporte.

Resumiendo las circunstancias, el cambio en el ámbito temporal del convenio, realizado de forma unilateral por parte de la corporación local, (si antes se renovaba cada 1 de julio, ahora es cada 1 de enero) deja en el limbo una cantidad nada despreciable de euros (la que se debería haber recibido para el semestre julio-diciembre de 2011) con la que se contaba a principio de temporada y que, en el caso de no llegar a cobrarse, colocarían al club en una situación de inviabilidad de cara al medio plazo (próxima temporada) al carecerse del remanente indispensable para costear los gastos federativos propios de la inscripción de los equipos.

Por este motivo, el pasado 10 de febrero tuvo lugar una Asamblea General en la que se discutieron las medidas a tomar y en la que, finalmente, se decidió adoptar una postura reivindicativa. Se apostó por hacer valer los derechos, no de la institución y sí de los 114 chicos y chicas que la dotan de alma y la nutren de espíritu. Se acordó la reclamación de los diez mil euros que pretende ahorrarse la corporación local al variar el ámbito temporal del convenio, sabedor de que esta cifra supone una cantidad vital para la supervivencia de nuestra asociación deportiva. 


Asistimos a un claro caso de falta de voluntad política, a un ejemplo inequívoco de la deriva moral en la que está entrando nuestra sociedad. Y es que una comunidad en la que la palabra dada no tiene valor vinculante es pobre y ruin. Lejos quedan los momentos en los que el honor era todo lo que llevábamos encima. Muy lejos. Demasiado.

“Si se extingue el club, con él se irá parte de mi vida” me afirma Fernando mientras dirige su mirada hacia el Pabellón Municipal cuyas luces se distinguen desde la distancia. Quizá no vuelvan a brillar nunca más, no al menos para iluminar el esfuerzo sincero de diez jugadores que con la excusa de meter un balón en un aro exhiben fortaleza y vigor, verdad y valor a partes iguales. Quizá les impidan seguir jugando al baloncesto en Santa Marta, defender unos colores con los que algunos se vistieron antes de saber, siquiera, lo que significaban. No se lo pondremos fácil. 

No, porque la familia que compone este club está decidida a agotar todas las fórmulas para poner fin a esta injusticia. Se saldrá a la calle si es necesario. Los políticos y demás instituciones públicas no podrán hacerse eternamente los sordos y tendrán que escuchar el bello sonido, quizá ruido para ellos, de cientos de balones en la plaza del pueblo. Sabrán, entonces, cómo late el corazón de un chico enamorado del baloncesto, el sentimiento contenido en cada sucesión de sístoles y diástoles.

Para que Fernando, Emilio, Ana Belén o Lucía puedan seguir jugando en el club que les vio crecer. Para que ciento catorce historias sigan ligadas al baloncesto en vez de derramarse por los múltiples y turbulentos cauces de la vida. Por todo ello DIFUNDE este post y reivindica, con ello, el derecho de estos chicos a jugar y ser felices en el lugar donde nacieron, vistiendo los colores que un día les impusieron y que hoy sienten como si formaran parte de su propia piel.

POR EL CUMPLIMIENTO DE LOS COMPROMISOS, POR LOS DERECHOS DE NUESTROS JÓVENES Y POR EL AMOR AL BALONCESTO... LARGA VIDA AL C.B. SANTA MARTA