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Felices 125



No creo que al profesor Naismith le importara demasiado que aquel deporte que ideó para motivar hacia la actividad física a estudiantes que se formaban para administrativos, cumpliera en el día de ayer ciento veinticinco años. Haciendo de la necesidad –del frío invierno de la costa este norteamericana y lo angosto del gimnasio del YMCA en el que trabajaba– virtud, este docente canadiense afincado en Massachusetts, convirtió un juego colaborativo en el germen de uno de los tres deportes más populares del mundo en nuestros días. Trece simples reglas bastaron. Trece preceptos planificados en una tarde de encierro en la habitación. En la soledad de su cuarto, practicando el aburrimiento y la imaginación –actividades relegadas por incómodas en nuestros días–, sentó las bases del baloncesto como deporte de cooperación, promotor de una filosofía humanista cristiana, y fundado en la base de la primacía de la habilidad sobre la fuerza, de la destreza en oposición a la violencia.  

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The american game (I)




Me pillan preparando una pequeña charla sobre el sistema de formación de jugadores en los Estados Unidos. Para ello estoy viendo muchos vídeos y acudiendo a numerosas webs de Primary Schools donde se cursan los ciclos elemental y primario; de High Schools, donde se imparte la enseñanza secundaria y también de centros universitarios, que ofertan grados y maestrías en diferentes disciplinas. También de escuelas de baloncesto, aunque lo cierto es que son escasas, pues la primera seña de identidad de este modelo es la trabazón estructural entre deporte y educación. Todo surge, de hecho, en un centro de la YMCA (Asociación de Jóvenes Cristianos), en Springfield, Massachusetts, en la antesala del solsticio de invierno de 1891, hace 125 años.

Buscaba el señor Naismith, ministro de la iglesia y profesor del centro, un deporte interesante, fácil de aprender, que se pudiera jugar en invierno con luz artificial. Todo para atraer la atención de un grupo de aspirantes a administrativos, a quienes no les motivaba nada la ejecución de las rutinas clásicas de la educación física: hacer el pino, flexiones, saltar obstáculos,… Dicen que se encerró una tarde en su habitación con el compromiso de salir solo cuando las reglas del juego estuvieran trazadas. Lo hizo pasadas cuatro horas y fueron trece los primeros preceptos, que apenas fueron retocados en los años posteriores salvo en la norma del dribling, inicialmente prohibido porque el profesor pensaba que propiciaría el juego violento, como sucedía en el rugby cuando un jugador intentaba avanzar con el balón.

Y es que una de las bases fundacionales del balón cesto (así, en dos palabras, hasta 1927) era la promoción de la habilidad por encima de la fuerza; la destreza y la coordinación por delante de la violencia y la intimidación que reinaban en otros deportes. De ahí que situara el objetivo –inicialmente una caja, pero finalmente, por necesidades del guión, unos cestos de melocotones– muy por encima de la altura de las cabezas de los jugadores (a diez pies, casi 3,05 m) con la intención, además, de que los lanzamientos fueran arqueados, evitando así un posible destrozo del mobiliario. Tal era el afán por mantener la limpieza en el juego, que tres faltas consecutivas de un mismo equipo lo penalizarían con una canasta en contra (entonces “goal”) y dos, solo dos, de un mismo jugador, obligarían al equipo a jugar con uno menos hasta la siguiente anotación. Quizá, cabría repensar esta cuestión al albur del abuso flagrante –cuando no sangrante– de las faltas tácticas y los bumps (contactos de antebrazo que intentan evitar la progresión de un jugador sin balón). Todo en aras de respetar el espíritu del juego.

Pero para respetar dicho espíritu primero hay que conocer su historia. Pocos entrenadores saben que en diciembre estaremos celebrando el 125º aniversario, que las normas fueron publicadas en el periódico del centro, llamado “The Triangle”, que en su base se encuentra la promoción de los ideales cristianos, que hasta 1898 no se podía botar o que hasta 1913, tras una situación de fuera, sacaba el jugador que primero tocara la bola. Por cierto, ahora que estamos de Juegos Olímpicos, la primera edición, Berlín 1936, la ganaron los Estados Unidos, un equipo integrado únicamente por jugadores blancos, tras vencer en la final por 18 a 9 a Canadá. Yo mismo desconocía alguno de estos detalles hasta que he iniciado la lectura de la obra “Coaching Basketball” un libro editado por la NABC (National Association Basketball Coaches), una asociación surgida en 1927 para, entre otras cosas, dignificar el juego.

Pero de la NABC os hablo mejor en la próxima entrada, en la que seguiré detallando algunas pinceladas de la historia del durante décadas conocido como “The American Game… played worldwide”. Por si a algunos, ahora que los de USA Basketball parecen vulnerables, se les olvida. 


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Acción de gracias





Con el cereal cosechado y tras meses de duro trabajo toca recogerse, darse un buen convite y dar las gracias a Dios por los frutos de la tierra. Bajo esta premisa, allá por 1621, nació en Estados Unidos la celebración del Día de Acción de Gracias. Desde entonces, el cuarto jueves de noviembre un pavo se reúne en torno a una familia –¿o es al revés?– estadounidense.

Aprovechando la coyuntura y dado que la bolsa de mi inspiración se halla en mínimos históricos me dije: “aprovechemos para dar las gracias”. Porque aunque los brotes verdes amarillearon hace tiempo siempre es una buena ocasión para mostrar gratitud y reconocimiento por el deporte que nos hace felices. Lo haré siete veces, número cabalístico por excelencia, y los motivos serán personales e instransferibles, aunque espero que podáis identificaros con algunos.

1. Gracias John Naismith por abandonar Escocia en busca de un oficio, o un pedazo de tierra, al otro lado del océano. Lamento que su vida terminara demasiado pronto a costa de unas fiebres tifoideas. Gracias Margaret, por aceptar la humilde propuesta de matrimonio de John y dar a luz a Annie, James y Robert. Siento, también, su temprana muerte. Gracias, por supuesto, James, por tu perseverancia a la hora de promocionar en la escuela, a pesar de las horas invertidas en la granja de tu tío y, por supuesto, por la creatividad con la que afrontaste cada nuevo reto, la misma que te permitió darle un nuevo uso a una simple cesta de melocotones. Gracias, finalmente, por la sensibilidad que demostraste en la redacción de cada una de las normas del reglamento original. Sólo así pudiste concebir un deporte basado en el talento, sin margen para la violencia ni para la trampa. Y es que el balón, como bien dejaste por escrito, puede ser lanzado en cualquier dirección con una o ambas manos, pero nunca con el puño.

2. Gracias Danny Biasone, fundador de los Nationals de Syracuse. No por esto, que también, sino por tu espíritu emprendedor y visionario y por tus vastos conocimientos matemáticos. Gracias por saber interpretar los abucheos del público y el silencio de los asientos vacíos. Gracias por comprender que el 75-73 entre Indiana y Rochester no era un resultado digno tras 78 minutos de juego y seis prórrogas. Gracias por realizar un cálculo que partía de una estimación ideal de puntos, que a su vez condujo a una estimación ideal del número de tiros y, a su vez, a la contabilización del número de segundos de los que podría servirse cada equipo para realizar un tiro. Gracias Danny, en definitiva, por el reloj de posesión.

3. Gracias Chuck Cooper, Nat Clifton, Harry Lew. Gracias por ser los primeros. Gracias también a todos aquellos que superaron los prejuicios y se desprendieron de la venda que les impedía ver que, efectivamente, erais tan humanos como el resto, solo que negros. Uno de ellos fue, claro, Red Auerbach, un inmigrante más en esa tierra de todos que algunos quisieron privatizar en base a no sé qué ley natural. Gracias Chuck, Nat, Harry, por salvar las reticencias iniciales, por superar el esperpento de sentaros en asientos distintos, comer en fondas para negros e ir a baños ideados genuinamente para vosotros. No fue ningún privilegio ser segregados por una condición innata, pero enseguida os disteis cuenta de que la vergüenza no la debiáis pasar vosotros, sino el resto, esa sociedad podrida y puritana que no entendió el mensaje de aquél al que cada domingo oraban y adulaban. Gracias, además, porque sin vosotros, benditos negros descendientes de esclavos maltratados, este juego sería infinitamente más aburrido.

4. Gracias a William Rangland y a su pandilla de matones por no acertar con ninguno de los órganos vitales de Paul Pierce en la noche del 24 de septiembre de 2000 en la que éste recibió once puñaladas en el Buzz, un local de fiesta en Boston. El alero de los Celtics, su juego de inconfundible aroma callejero y la pasión que demostró en defensa de la causa céltica, fueron algunas de las razones por las que empecé a amar el baloncesto años más tarde. Sin él vivo, y alguna de las trayectorias asesinas estuvo a punto de ser mortal, no existirían ni este blog ni estas letras. Ni quien las escribe, al menos tal y como es ahora.

5. Gracias a la conjunción de astros interplanetarios que debió de ocurrir, aunque no exista constancia, el 17 de febrero de 1963. Gracias a cada uno de los tutores y entrenadores y a todas y cada una de las circunstancias que se sucedieron desde esa fecha hasta la llegada de Michael Jordan a nuestras casas. Gracias a la televisión por permitirnos comprobar cómo vestía, andaba, jugaba y volaba el dios del baloncesto. Gracias a Internet y a la generosidad de sus usuarios por permitirnos conservar un archivo amplio con sus mejores partidos y jugadas. Gracias Michael, por existir.




6. Gracias Red. Gracias Pat. Gracias Phil. Gracias Gregg. Gracias como representantes de todos aquellos entrenadores que supieron situarse un paso por detrás de la plantilla y valorar el talento de sus estrellas sin desmerecer el trabajo menos visible de los jugadores menos dotados para el “highlight”. Gracias, también, en nombre de todos los entrenadores que admiramos vuestra inteligencia táctica y vuestra capacidad para gestionar grupos complejos. Pero como vosotros ya gozasteis, o aún lo hacéis, del reconocimiento, permitidme dar las gracias a todos los entrenadores que de manera casi altruista se enfrentan con honradez y honestidad a la tarea de educar en los valores que el baloncesto inspira y que vuestros equipos tan bien reflejaron: generosidad, ambición, pasión y respeto por el juego.

7. Gracias baloncesto. Sí, gracias a ti en cuanto que entidad independiente, en cuanto que idea al margen de quienes actuaron en tu nombre en estos 123 años. Muchos contribuyeron con sus hazañas a engrandecerte, muchos se entregaron sin pedir nada a cambio, pero la mayoría, seguro que lo reconocen, te deben todo lo que tienen. Gracias por ser la vía de escape preferente de quienes nacieron en barrios donde no se pronunciaba, por si acaso, la palabra esperanza. Gracias por ser el silencioso celestino de amistades y noviazgos, el cemento de infinitas relaciones que tienen por origen un simple balón y dos aros. Gracias por estar siempre ahí, por coger siempre nuestras llamadas de socorro ante una rutina que por repetida, y a veces triste, se empeña en atraparnos.

Eternamente agradecido.




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Bienvenido Mr Marshall




Estoy bastante cansado de escuchar cómo el baloncesto FIBA o europeo reclama para sí la ortodoxia y la supremacía táctica e incluso moral sobre el baloncesto norteamericano.

Ya he repetido muchas veces este argumento, pero vuelvo a repetirlo. La pelota y la cesta se unen en Springfield, Massachusetts y no en Grecia, Italia o España. El ideólogo es un profesor de instituto con nacionalidad canadiense que responde al nombre de James Naismith que será quien introduzca las primigenias reglas.

Y en Europa desde sus orígenes y hasta las fechas más recientes, lo que se ha ido haciendo es ir incorporando todas las novedades que se ponían en marcha en el banco de pruebas de Estados Unidos.

Y si en 1948 lo que llegó a Europa fue una ayuda en cierta parte interesada para reconstruir el viejo continente tras la II Guerra Mundial y sentar, así, las bases para una alianza entre las democracias occidentales frente al comunismo, durante más de 60 años lo que ha hecho la FIBA es copiar los cambios en el reglamento que llegaban de la NBA y otras competiciones. En esta ocasión, el enemigo común no eran la hoz y el martillo, sino el aburrimiento.

En la temporada 1954-1955 se introdujo el reloj de posesión en 24 segundos para que el baloncesto no se convirtiera en un rondito cuando el equipo que iba venciendo intentaba conservar su ventaja. Dos años después la FIBA instauraría el reloj de 30 segundos. Finalmente en 2000 se adoptarían los 24 segundos y los cuatro cuartos de 10 minutos frente a los cuatro cuartos de 12 minutos de la NBA.

Con la idea de que haya más posesiones por partido, una vez que se detiene el reloj por falta que no es de tiro o por alguna otra infracción, éste no volverá a 24 segundos. Se mantendrá, si es superior a 14 segundos, y se situará en esos 14 segundos si el tiempo restante es inferior. Esto que se viene haciendo desde que sigo baloncesto NBA se incorpora en 2010 a las competiciones FIBA.

La línea de tres se instauró en Estados Unidos en la temporada 1979-1980 y llegó a Europa con cuatro años de retraso. En Estados Unidos juegan con la línea a 7,24 metros y el campo es ligeramente más ancho (15,24 metros por 15 metros en FIBA). En Europa desde 1984 y hasta 2010 el triple lo marcaba una línea a 6,25. Ahora, habrá que tirarlos más allá del 6,75. Un término medio que tratará de permitir mayor libertad para los jugadores interiores.

Hace dos años se dibujó el semicírculo debajo de la canasta para evitar que los jugadores se posaran debajo del aro a esperar un contacto que fuera señalado como falta ofensiva, semicírculo que, curiosamente, llevaba ya varios años instaurado en la NBA. Además, se ha cambiado también el dibujo de la zona para favorecer el juego por línea de fondo sin caer en la infracción de tres segundos. ¿A qué no sabéis de quién copiaron esta regla las autoridades FIBA? Pues eso.

Por no hablar del uso del vídeo tan generalizado en la NBA y que hubiera evitado escándalos como el pseudotapón de Vrankovic a Montero. Por suerte, también en este aspecto, estamos dispuestos a aprender.

Y lo peor de todo es que aún queda margen para la imitación positiva. Creo que FIBA debe rectificar y volver a implantar el salto entre dos para dirimir las “luchas”. La flecha de posesión nos está privando de una de las acciones más espectaculares y varoniles del juego y que me perdone la ex ministra de Igualdad. Y también espero que pronto se copie la regla del “goal tending” para evitar que las torres que juegan por encima del aro eviten que entren canastas barriendo la pelota introduciendo su zarpa por encima del cilindro imaginario que sería la proyección del aro hacia el infinito. De lo contrario, y para igualar las cosas con los bajitos, se debería dejar sacar el balón por debajo del aro, ¿no?

También me apunto a la regla norteamericana que hace que las técnicas no cuenten como falta personal y a que existan diferentes niveles de falta antideportiva o flagrante para discriminar con mayor justicia este tipo de actuación contra el fair play.

Pero no todo es positivo en Estados Unidos. Yo eliminaría las defensas ilegales en la NBA porque limitan el repertorio táctico defensivo. También sería más estricto con los pasos que otorgan ventajas en los contraataques. Una cosa es el espectáculo y otra el bochorno de ver a Lebron recorriendo el campo cual Jerry Rice (mítico wide receiver de los San Francisco Fortyniners).

Sin embargo, estos pequeños matices no pueden eclipsar la visión general. Europa sigue yendo a la cola y sigue recibiendo al dios yankee con pleitesía aceptando, con años de retraso para disimular el plagio, que es al otro lado del Atlántico donde se entiende mejor el futuro de un juego que sigue queriendo atraer cada vez más espectadores a través de un concepto básico, el espectáculo.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS