Mal día para estar por el campo




Si te gusta el baloncesto como a mí y en una misma tarde puedes optar entre ver en directo la reedición de la última final de la Liga Femenina entre el reforzado equipo salmantino del Perfumerías Avenida y su particular némesis, el siempre poderoso Ros Casares o el pasado duelo por la ACB entre Caja Laboral de Vitoria y Regal Barcelona tranquilamente sentado en el sofá de casa, nada te gustaría más que planear un sábado tranquilo para no perderte ningún detalle. Te lo puedo asegurar.

De haber podido el plan hubiera sido el siguiente. Cojo mi bufanda, mi carné de socio y mi abrigo para dirigirme a Würzburg (pabellón en que disputa sus partidos de casa el Perfumerías Avenida) dispuesto a asistir al definitivo cambio de tendencia en el baloncesto femenino (que puede no ser muy femenino, pero sí que es BALONCESTO y esto va por un comentario del pasado post). Por otra parte, habría indicado a mi padre que hubiera puesto a grabar el duelo en la cumbre de la ACB.

Pero no pudo ser. Ni baloncesto femenino, ni duelo en la cumbre, ni cambio de tendencia, ni polémica arbitral. Y no porque no sucedieran todas estas cosas, que lo hicieron, sino porque me tocó asistir a una salida de campo de las que programa mi facultad con un oportunismo casi místico.

Y me tocó leer crónicas y hablar con gente que sí que estuvo allí. Y en un principio sentí envidia, claro, pero también alegría porque el baloncesto sigue caminando por las sendas que le han convertido en un deporte de nivel y prestigio internacional.

En Würzburg, al parecer, la grada estaba llena y el ambiente era inmejorable. De nuevo, apelando a los comentarios del anterior post, una caldera si no “indianesca” sí al menos con cierto sabor balcánico. Pero no volaron sillas. Fue un partido que decidió el talento de las pívots de Perfumerías y de Belinda Snell, una australiana con hielo en las venas. No sé si se puede hablar de un definitivo cambio de roles, de un golpe en la mesa lo suficientemente fuerte como para hacer cambiar el status quo preestablecido. Lo que sí sé es que se trata de un refuerzo moral muy importante para la fe de las chicas del Perfumerías y, especialmente, para una afición que al finalizar el partido gritaba aquello de “Este año SÍ”.

Y en Vitoria, más de lo mismo, pero con distintos protagonistas. Ricky Rubio debió jugar un partidazo. Fue una lástima perdérmelo porque a mí sí que me hace falta recuperar la fe en este chaval ante tanta crítica que recibe y ante tanto palo que se me infringió, cariñosamente, después de las expectativas que había puesto en él de cara al mundial.

Para desgracia de los valores del juego y de su filosofía los árbitros se convirtieron en protagonistas. Reclamaron su cuota de importancia e Ivanovic acabó en la grada, hecho que espoleó a sus huestes, quienes con coraje y buen juego remontaron hasta 12 puntos en los últimos minutos del partido. Sin duda, toda una demostración de carácter de un equipo que no pasa por sus mejores horas en la competición europea, pero que demostró en un partido importante, que no es cuestión ni de calidad ni de gallardía. Brillaron San Emeterio y Barac. Por lo que he podido leer.

Y ahora vacío mi mochila con los apuntes tomados en el campo sobre diferentes especies arbóreas. Fue una gran tarde de baloncesto. Me alegro por los que la pudisteis disfrutar. Nunca me gustó sentir envidia, así que estaré encantado de que me comentéis cómo fue la histórica tarde de un 20-N que no pasará a la historia como otras, pero que sí permanecerá en la mente de los grandes aficionados al baloncesto, incluso de los que estábamos viendo encinas.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

En clave femenina




Cualquiera pudiera creer que el pabellón de Wurzburg está en una explanada del estado de Indiana si entra en su interior y observa la caldera en que se convierte cada miércoles y cada sábado en que el Halcón Perfumerías Avenida juega en casa.

Precisamente, esta misma noche me he sentido un hoosier más en medio de esa atmósfera de baloncesto, de pasión no exenta de conocimiento y de reconocimiento sincero ante la actuación individual en favor del colectivo.

No sé si Lucas Mondelo estudió de cerca la actuación de Gene Hackman en la ya reseñada película en que un instituto de tradición perdedora se transforma en un equipo triunfador. No es que el señor Mondelo haya llegado, precisamente, a un equipo históricamente lastrado por el fracaso. Lo que sí es cierto es que Ros Casares y el resto de grandes equipos de Europa no se ven ya como esos hombres del saco con que se asustaba a los niños para que durmieran. No precisamente.

Esta noche el equipo salmantino ha ganado por 27 puntos de ventaja a un equipo que llegaba con un gran cartel. Silvia Fowles, la Shaquille O´Neal del baloncesto femenino se ha visto dominada por Sancho Lyttle, la caribeña que juega con la intensidad de un Dennis Rodman y con el talento de un Kevin Garnett.

Y siento hacer símiles con jugadores. En una época de constante reclamación de igualdad de derechos y de capacidades el baloncesto femenino aún es coto privado de ciudades medianas, de mercados pequeños y de aficiones noveles.

Sin embargo, la exhibición defensiva tanto en intensidad como en comunicación, la buena gestión de los contraataques y de los estáticos y el equilibrio entre juego interior y exterior bien merecen pagar por ser socio de este club.

Hoy se ha dado un golpe sobre la mesa. Sin embargo, estoy seguro de que entrenador, jugadoras y afición desean más. Talento, actitud, buena gestión y ambición sobran. Ahora sólo hace falta que desaparezca finalmente el complejo de inferioridad que otros años nos relegó a una honrosa, pero amarga, segunda posición en diferentes grandes campeonatos.

Es momento de dar un paso adelante y de hacer ver que el baloncesto no entiende de género, que lo juegan cinco personas por equipo y que, en todo caso, es el balón entrando en la red el que marca la diferencia.

Buenos augurios

13 de noviembre. P.P. Trinitarios-Fernando de Rojas. 12 meses y 1 semana después se repite el emparejamiento con el que debutamos el año pasado.

En estos 372 días han cambiado muchas cosas. De los once jugadores que integraban nuestra plantilla el año pasado ahora siguen siete. Nuestros líderes y jugadores más carismáticos han cambiado de categoría, aunque muchos de ellos siguen ligados a nuestra causa ayudándonos, incluso, a completar entrenamientos con diez jugadores (gracias David Díaz).

A estos siete jugadores se añadió un refuerzo de calidad, Jose, que nos aportará anotación y rebote bajo los tableros. Su adaptación ha sido sorprendentemente rápida y todos estamos encantados con su presencia.

El grupo destaca por su cohesión, por el compañerismo, por el buen nivel medio y por estar muy compensado entre juego interior y exterior. En general, me preocupan pocas cosas en relación con la gestión del grupo porque son chicos modélicos que saben funcionar colectivamente. Sin embargo, ninguna personalidad destaca sobre el resto y a lo mejor, en determinados momentos, podemos echar de menos la figura de un líder.

Pero incluso este aspecto es trabajable y mejorable. En ocasiones, incluso, puede ser el entrenador quien ejerza este papel (a lo Red Auerbach o incluso Pat Riley en su época de los Knicks). Pero yo no fumo puros ni visito asiduamente clínicas de cirugía estética para estirarme la piel. Mi deseo es que el rendimiento en la cancha hable y que a base de defensa, esfuerzo y anotación en momentos difíciles un jugador se erija como esa referencia a la que los otros escuchen cuando tenga algo que decir y al que le entregaremos el balón en los momentos más delicados.

Deportivamente, y no debería dar pistas a los rivales, adolecemos de tiro de larga distancia y de mentalidad de contraataque. Tenemos toda la temporada para mejorar en estos aspectos.

Defensivamente gozamos de gran actitud y compromiso. Nuestro sistema de ayudas funciona por la solidaridad intrínseca del grupo, pero a veces nos olvidamos que la principal responsabilidad en una defensa individual es de cada uno y permitimos excesivas penetraciones.

Realmente estoy jugando a hacer hipótesis. Lo único real es que jugamos mañana contra el mismo rival contra el que debutamos la pasada campaña. Lo único cierto es que acabamos ganando el trofeo provincial. Lo único que sabemos es que dependerá de nosotros el que la historia se repita. No es cuestión de suerte o azar, aunque sí de estar en el lugar adecuado en el momento justo. Y para no faltar con nuestra cita final no deberemos olvidar nuestras citas puntuales con los entrenamientos y con la mejora diaria.

Como diría Sigmund Freud: “He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil”.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Tras la primera en la frente, la segunda por el c...





Siento ser tan implícitamente explícito, pero no puedo evitarlo. En apenas 17 días los Celtics han dado dos golpes sucesivos sobre la mesa de los Heat.

Si el pasado 26 de octubre, en uno de los “Opening Match” más esperados de la historia de la liga, los Celtics demostraron que son un equipo mucho más trabajado y con una mayor profundidad en su rotación interior esta pasada noche, en el extremo sur del estado de Florida, los Heat se han mostrado incapaces de frenar al Big Three de Boston y a su particular quarterback, Rajon Rondo.

Los de Boston, con Shaq recién recibida el alta médica, con Jermaine fuera por una lesión de rodilla y con Perkins que no regresará hasta febrero, supieron frenar tanto a Wade como a Bosh hasta el punto de que Miami parecía tan solo una nueva versión de los Cavaliers en la que cuatro jugadores se remiten a ver jugar a Lebron y a meter los tiros abiertos (ayer para su suerte estuvieron acertados Haslem y House porque si no...).

Que el Big Three de Boston funcionara nada más empezar se debe, en gran medida, a la personalidad y las aptitudes baloncestísticas de sus miembros. Miami necesitará mucho más tiempo. Dos de sus jugadores necesitan acaparar juego, mientras que el tercero en discordia, Chris Bosh, carece de capacidad de liderazgo y de intensidad defensiva. Para Doc Rivers, todo fue mucho más sencillo pues a su disposición se pusieron tres veteranos que dejaron el egoísmo en el cajón donde se guardan las viejas fotografías.

Garnett es una referencia dentro y fuera del campo de un calibre que Bosh ni siquiera puede soñar. Llegó prometiendo trabajo, no títulos. Además, trajo a Boston una actitud defensiva de la que se contagiaron todos sus compañeros. Nadie, antes de 2007 se creería el nivel defensivo que desde entonces han desplegado Ray Allen o Paul Pierce. Y es que el otrora ídolo de los Timberwolves es un verdadero líder. Su “trash talking” puede generarle enemigos y sus salidas de tono le pueden costar más de una técnica, pero nadie puede dudar de su ética de trabajo. El “5” de los Celtics será, siempre, el primero en llegar a entrenar y el último en irse.

Bueno, eso si al entrar al pabellón no se encuentra con un tal Ray Allen tirando tiros desde todas las posiciones o trabajando el acondicionamiento de sus piernas, esos muelles que le elevan con sutileza divina para encestar esas magníficas suspensiones. El gran Jesus Shuttlesworth en “He Got Game” encestó 7 triples de 9 intentos y anotó dos tiros libres decisivos en la victoria de anoche. Ofrece una gran versatilidad al juego de los verdes y su juego sin balón se complementa perfectamente con la mayor necesidad de tocar bola del otro miembro del Big Three.

Paul Pierce no sabía qué iba a ser de su futuro en aquel verano de 2007. Sin embargo, las oportunas llamadas de Danny Ainge comunicándole quiénes iban a ser sus compañeros le hicieron ver que se retiraría como un Celtic. De hecho, la pasada semana se convirtió en el tercer jugador de esta histórica franquicia en anotar 20.000 puntos vestido de verde tras dos leyendas del calibre de John Havlicek (Hondo) y Larry Bird. Quizá no sea tan trabajador como los otros dos, pero cada verano se cuida para llegar al training camp presentando un peso adecuado. El “34” tiene clavado en su mente el séptimo partido de las pasadas finales y, desde entonces, desea venganza. Anoche, para empezar, dejó un recadito vía twitter parafraseando aquella famosa frase de Lebron cuando anunciaba su fichaje por los Heat: “It´s been a pleasure to bring my talents to South Beach”

En definitiva un 2-0 provisional para los Celtics que se han mostrado como el equipo a batir en la Conferencia Este. Todo ello con el trabajo, la humildad y el compañerismo como banderas a enarbolar. Por separado pueden ir más rápido, pero juntos llegarán más lejos.

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V.I.H.



Tal día como hoy, hace 19 años, se produjo uno de los acontecimientos más importantes de la historia del deporte. Uno de los mayores genios del deporte del baloncesto y, sin duda, hasta la fecha, el mejor base que ha jugado a este juego, anunciaba su retirada por haber sido contagiado con el VIH y por haber desarrollado un cuadro de sida.

Con sus 2,03 metros y su eterna sonrisa fascinó a todos los aficionados, incluidos los de su archienemiga franquicia de los Celtics, y consiguió cambiar el destino de una liga que atravesaba, a su llegada, uno de los períodos más negros por la mala gestión de los comisionados y por la ausencia de talento a pesar de la reciente fusión con la ABA.

No tuve la suerte de vivir su época dorada, de ver sus cinco anillos, su dominio táctico y sentimental de un juego al que añadió una nueva dimensión. Lamento no haber seguido en directo aquellos años 80 en que la rivalidad Celtics-Lakers marcaba el devenir de la competición. Magic y Larry abrían los periódicos deportivos sólo para conocer qué habían hecho sus máximos rivales y cada junio se citaban para el siguiente, para verse en las finales, algo que hicieron sólo en 3 ocasiones con dos victorias para Los Ángeles y una para Boston (por la dura competencia de Detroit en el este y de Houston en el oeste).

Pero ya desde finales de los años 80 sonaban campanas de funeral para estos dos jugadores y sus franquicias. Los Pistons dominaban el este y vencerían en dos ocasiones a los Lakers en las finales. Aquel 7 de noviembre de 1991 Larry Bird era ya una mala imitación de lo que había sido por sus fuertes dolores en la espalda. Magic venía de perder la final de la anterior temporada ante unos Bulls que habrían de tomar el testigo de la hegemonía baloncestística de la mano de Michael Jordan, pero nadie esperaba lo que Magic habría de decir en aquella rueda de prensa ofrecida en directa por la CNN.

Y si durante años emocionó a todos los seguidores de baloncesto, entonces se hizo el silencio. Si ahora el sida es una enfermedad comúnmente reconocida y con la que conviven cientos de miles de seres humanos, hace dos décadas suponía además de una enfermedad casi mortal, un estigma para todo aquel que la contrajera. Por eso la sonrisa de Magic se desvaneció, por eso miles de llantos invadieron las casas de todo el mundo, sobre todo los de aquellos niños que no podían entender cómo su ídolo no estaba inmunizado ante este tipo de afección que sólo debería afectar a la gente normal.

Pero es que Earvin Johnson siempre fue un chico normal del medio oeste norteamericano. Un chico normal al que le fue concedido un don que tuvo el placer de compartir con todos nosotros. Pero sólo, y al fin y al cabo, un chaval que dejó amigos por el camino y que dedicará el resto de su vida a luchar contra esta enfermedad que, si bien para alguien con sus ingresos no es mortífera, sí que lo es en aquellos lugares donde no existen los mismos niveles de detección precoz y de disposición de retrovirales.

Por eso, me gustaría saber, lo que supuso para vosotros la figura de Magic hayáis podido, o no, seguir su carrera en directo. Algún día hablaré de su genial carrera y de sus contraataques. Hoy, por ser la fecha que es, tocaba hablar de cuando Johnson nos emocionó vestido de traje y sin aquella mítica y perenne sonrisa.



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Glory Road



Aprovechando la festividad del 1 de noviembre y mientras planchaba la ropa acumulada de la semana decidí acompañar la ardua y repetitiva tarea con el visionado de una película con el baloncesto como telón de fondo y la segregación racial como leitmotiv.

Glory Road es la historia (real) de un equipo de una modesta universidad afincada en El Paso en la que el Fútbol Americano es el principal reclamo, mientras el baloncesto apenas se abre camino entre la maleza. En este tradicional college va a aterrizar el anterior entrenador de un equipo femenino con la intención de crear un proyecto ganador. Don Haskins falleció hace apenas dos años y forma parte del Hall of Fame del baloncesto universitario, pero entonces, en aquel 1967, arriesgaría más que su propia carrera trabajando por aquello en lo que cree.

Ante la dificultad para reclutar buenos jugadores, Don Haskins extendió sus miras a lugares lejanos y no se limitó a jugadores blancos para su proyecto ganador. La inclusión de siete jugadores de raza negra convulsionó a la conservadora y republicana Texas.

Los años 60 fueron una época difícil, pero por fortuna supusieron el necesario punto de inflexión en la tendencia xenófoba que caracterizaba al país especialmente en su sector más meridional. Gracias a la actuación de grandes líderes como Martin Luther King y otros activistas del conocido como “black power” la minoría negra empezó a tener voz y a ser respetada. Sin embargo, muchas veces se ha infravalorado la labor de jugadores como Elgin Baylor, Bill Russell o Wilt Chamberlain y su contribución a la recuperación de la autoestima de toda la sociedad afroamericana. Ellos, los jugadores negros, pasaron penurias pero supieron reponerse y demostrar que en la cancha, si había una raza superior, ésa era la afroamericana.

El equipo de Western Texas que se refleja en la película fue un caso paradigmático de tolerancia y respeto en el interior del vestuario y de autoafirmación hacia el exterior. Sin duda, la figura de Don Haskins, representado por Josh Lucas, fue clave para mantener la unidad necesaria y el enfoque en lo único que de verdad importaba por encima de vejaciones y amenazas: el baloncesto.

Para los amantes del baloncesto decir que aparecen figuras míticas de nuestro deporte como Jo Jo White (mítico escolta de los Celtics básico en los anillos del 74 y del 76), Pat Riley (drafteado tanto para la NBA como para la NFL) o Adolph Rupp mítico entrenador universitario de la no menos mítica Universidad de Kentucky.

Sólo me queda invitaros a disfrutar con la temporada 1966-1967 de uno de los equipos más sorprendentes de la historia del baloncesto universitario al que sólo se pueden equiparar Villanova 1985 y Butler 2010 en cuanto a la magnitud de su proeza. No se puede catalogar como una gran película, pero sí puedo afirmar que es entretenida y que está bien rodada. Lo mejor, sin duda, la historia que se relata.

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Hasta cuándo esta injusticia



¿Qué tienen ellos que no tenga yo? No quisiera imaginarme a Pau Gasol mirándose en el espejo cada mañana tratando de cuadrar el círculo para entender por qué no fue el MVP de las finales o por qué no apareció en ninguno de los dos primeros quintetos de la temporada pasada.

¿Qué tienen Dwight Howard, Amare Stoudamire o Dirk Nowitzky para ser elegidos por delante de Pau en la elección del mejor quinteto?

De Dwight, tal vez, puede envidiar sus músculos o su sonrisa. De Dirk, quizá, su tiro tras finta desde todas las posiciones y de Amare la suerte de haber jugado con Nash tantos años. Pero, sinceramente, no creo que sean motivos de peso como para quedar por detrás de ellos en la votación al mejor quinteto.

Si invertimos la cuestión y nos preguntamos qué tiene Pau que no tengan ellos los argumentos fluyen cual lava en el Strómboli. Para empezar, el palmarés de Pau con su selección es superior al de todos salvando el hecho de que Howard es campeón olímpico. Pero Gasol es campeón y MVP de un mundial.

Y qué decir de los anillos. Pau luce uno en cada mano. Nowitzky y Howard han disputado una final y la perdieron y Stoudamire tan sólo ha podido jugar una Final de Conferencia.

Por no hablar de la capacidad de pase mediocre, cuanto más, de estos tres jugadores a años luz de la visión de juego del catalán. Y no quiero olvidarme de los movimientos en el poste bajo porque a pesar de los esfuerzos de Pat Ewing y Hakeem Olajuwon el repertorio de D12 no se puede comparar a los ganchos, reversos y fintas de Gasol.

Me dirán algunos que las estadísticas de estos jugadores son más brillantes, que lucen más. Pero la influencia de Pau Gasol en el juego va mucho más allá de lo que puedan decir sus números. Pau sube su juego cuando el equipo le necesita y es un gran compañero. Si le solicitan que pare a Howard en las finales de 2009 lo hace. Si tiene que recoger todos los rebotes de los tiros fallados por Kobe en el séptimo partido de 2010 lo hace.

Analicemos, si no, las estadísticas de Gasol en cuatro partidos clave para la eliminatoria ante Boston Celtics que, curiosamente, acabaron con victoria para los angelinos.

Primer partido, siempre clave para sentar las bases de lo que finalmente será la eliminatoria. Pau Gasol hace 23 puntos en 14 tiros con 14 rebotes y 3 asistencias. Kobe hace un muy buen partido pero necesita 22 tiros para hacer 30 puntos 7 rebotes y 6 asistencias.

Tercer partido. Los Lakers llegan a Boston tras haber perdido la ventaja de campo en el segundo partido. Gasol hace un 13-10-4 con 11 tiros, mientras que Kobe en uno de sus mejores partidos hace 29 puntos en 29 tiros que acompaña con 7 rebotes y 4 asistencias.

Sexto partido. Todo o nada para los Lakers que pierden 3-2 en la eliminatoria. Pau Gasol 17 puntos 13 rebotes y 9 asistencias con sólo 14 intentos a canasta. Kobe meterá 26 puntos en 19 intentos y, eso sí, cogerá 11 rebotes dando sólo 3 asistencias.

Séptimo partido. Tras más de 100 partidos la temporada toca a su fin y existe la posibilidad de que todo el trabajo previo no haya servido para nada. Gasol domina el partido en ambas zonas y consigue 19 puntos y 18 rebotes con 16 tiros y repartió 4 asistencias además de poner 2 tapones en un partido durísimo. A Kobe le pesó la presión y se queda en 23 puntos con sólo un 25% de acierto. No es precisamente el partido que firmaría alguien que quiere ser una leyenda. Pau ganó el partido y se echó al equipo a las espaldas. Sin embargo, sería la mamba quien se alzaría con el trofeo de MVP de las finales porque Dios lo quiso así o porque su carné de identidad dice que se llama Kobe Bryant y es de Philadelphia, mientras que en el DNI de Pau pone que es de Sant Boi. Cosas que tiene la vida.

En fin, que no debe ser fácil jugar tan bien al baloncesto y recibir tan poco reconocimiento en tu país de acogida. Desde aquí quiero que elevéis la voz y reivindiquéis que a Pau se le reconozca todo lo que ha conseguido gracias al talento innato y al trabajo en silencio que tanto ha criticado Phil Jackson en público. ¿De verdad alguien se cree que se puede jugar como Pau Gasol sin entrenar duramente?


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The Book of Basketball




Personal e inconfundible, la pluma de Bill Simmons nos deja cada semana multitud de artículos sobre deporte americano en sus columnas en ESPN.

El también llamado “Sportsguy” es uno de los más afamados periodistas deportivos de Estados Unidos. Para Simmons, el deporte no puede ser visto de forma aséptica porque en él entran en juego los comportamientos más primitivos del ser humano y de ahí que se declare seguidor de todos los equipos de su Nueva Inglaterra natal (Los Celtics, New England Patriots, Red Sox de Boston) y ferviente opositor de algunos equipos que por su actitud o por diferentes circunstancias simplemente le caen “gordos”, como los Indianapolis Colts o Los Ángeles Lakers.

Este verano, por recomendación de un buen amigo que se encuentra ahora mismo en los Estados Unidos, comencé la lectura de una de sus obras, de dimensiones casi enciclopédicas que me llevó horas, pero que en ningún momento me defraudó.

Si hay algo de pretencioso en este libro es su título. EL LIBRO DEL BALONCESTO más bien debería titularse EL LIBRO DEL BALONCESTO PROFESIONAL ESTADOUNIDENSE. Y es que en realidad se trata de un repaso a los mejores jugadores, equipos y anécdotas de la NBA desde sus orígenes con una mención paralela y necesaria a la mítica ABA del balón tricolor y los saltarines (David Thompson, Doctor J, George Gervin).

Bill Simmons no se casa con nadie. Reparte a diestro y siniestro hasta el punto de que recibió las amenazas del por entonces General Manager de los Knicks Isiah Thomas. De hecho, su encuentro poco más tarde en las Vegas es una de las miles de historias curiosas que se relatan en esta obra.

La parte central del libro consiste en una teoría del autor para transformar el actual Hall of Fame del baloncesto en Springfield en una Pirámide en pleno estado de Indiana, más concretamente en French Lick (hogar natal de Larry Bird). En esa pirámide los jugadores serían colocados por niveles en función de la categoría de sus carreras en función de unos criterios más que razonables. Sólo os adelanto que el mejor jugador del mundo para Bill Simmons llevó el 23 y jugó en North Carolina durante su carrera universitaria.

Pero más allá del contenido me quedo con la ironía sutil con que el autor trata los más variopintos temas. Como bien se apunta en el prólogo las notas al pie son una auténtica pieza de museo.

Sin duda toda una obra de culto que os recomiendo abordar con tiempo y paciencia. De momento no está editada en castellano, pero su lectura resulta más que comprensible.

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Sin saber si hay agua




Empieza la NBA. Tras varios meses de vacío sentimental, desorientación existencial y estéril búsqueda de mejores alternativas de ocio regresa la mejor liga de baloncesto del mundo.

Lo hace en plena crisis económica, crisis que hace que se plantee una reducción de franquicias no sólo como medida de ahorro, sino también y, especialmente, como medida de concentración de un talento cada vez más escaso y, sin embargo, peor distribuido. Se está produciendo, en la NBA, un proceso semejante al de la concentración de los capitales en los mercados productivos. El talento llama al talento como el dinero llama al dinero. Literalmente.

Tres núcleos concentran la mayor parte de los mejores jugadores. Curiosamente son ciudades importantes dentro de la geografía mundial. Dos de ellas presentan un clima agradable durante los 12 meses del año (salvo la temporada de huracanas en la Florida) y la otra, Boston, reúne a la élite cultural y también a las mejores aficiones deportivas del país. Dos de estas franquicias (Celtics y Lakers) han ganado juntas más de la mitad de los títulos disputados. Es decir, las estrellas no se localizan de forma espontánea, sino que son selectivas en cuanto a su destino. Tienden a valorar el proyecto deportivo, tienen en cuenta la ciudad en que van a vivir ellos y sobre todo sus familias y, algunos, valoran la historia de la franquicia y el prestigio que les puede proporcionar individualmente.

Y cuando comienzan grandes acontecimientos de este tipo toca hacer pronósticos. Así que os invito a que con manguitos o sin ellos, a que con agua o sin ella os tiréis a la piscina con vuestras predicciones. Así, cuando esta vorágine de partidos haya dejado paso, de nuevo, a un apacible verano podremos jactarnos de nuestros aciertos y reírnos de nuestros fallos.

Ahí van mis predicciones.

CONFERENCIA ESTE

Equipos de Playoff: Orlando Magic, Boston Celtics, Miami Heat, Milwaukee Bucks, Atlanta Hawks, Washington Wizards, Detroit Pistons y Charlotte Bobcats.

Equipo revelación: Washigton Wizards

Jugador revelación: Javale Mcgee

Peor equipo: Toronto Raptors

Mejor jugador de la Conferencia: Lebron James

Campeón: Boston Celtics


CONFERENCIA OESTE

Equipos de Playoff: Los Ángeles Lakers, Oklahoma City Thunder, Utah Jazz, Portland Trail Blazers, Dallas Mavericks, San Antonio Spurs, Denver Nuggets y Golden State Warriors.

Equipo revelación: Golden State Warriors

Jugador revelación: Gordon Hayward

Peor equipo: New Orleans Hornets

Mejor jugador de la Conferencia: Kevin Durant

Campeón: Oklahoma City Thunder


Campeón NBA: Boston Celtics

MVP: Kevin Durant.

MVP de las finales: Rajon Rondo

Quinteto de la temporada (el que debería ser). Rajon Rondo, Stephen Curry, Lebron James, Kevin Durant y Pau Gasol y el que va a ser por la incompetencia de los periodistas deportivas norteamericanos: Dwayne Wade, Kobe Bryant, Lebron James, Kevin Durant, Dwight Howard

Rookie del año: John Wall

Entrenador del año: Keith Smart

Mejor sexto hombre: Big Baby

Es vuestro turno. No os cortéis.

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The Greatest Game Ever



“Detén el tiempo en tus manos, haz de esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca”.

Probablemente ninguno de los presentes el 4 de junio de 1976 en el mítico Boston Garden conociera la letra del bolero, pero todos podrían haber recitado estos mismos versos deseando que aquella bendita noche no hubiera acabado nunca.

Los Celtics llegaban a la final como claros favoritos y sabiendo que, pronto, su ciclo victorioso tocaría a su fin. Sin embargo, tras cuatro partidos la serie se encontraba igualada ante unos Phoenix Suns que consideraban el mero hecho de estar en la final como un sueño hecho realidad.

Curiosamente, Paul Westphal, antiguo jugador de los Celtics, era una de las principales figuras del equipo de la capital de Arizona, un equipo que había movilizado a toda la comunidad en Phoenix no sólo por sus éxitos deportivos, sino también por los valores que transmitían.

La serie llegaba a este decisivo partido bastante caliente. Red Auerbach criticó el comportamiento parcial de Brent Musburger, locutor de la CBS, al que declaró totalmente favorable a los Phoenix Suns durante el tercer y cuarto partido.

Pese a ser uno de los partidos más legendarios de la historia del baloncesto no fue precisamente igualado a lo largo de los 48 minutos. Boston alcanzó una ventaja de 22 puntos, pero Paul Westphal entró en una especie de trance siendo incapaz de fallar un solo tiro e igualando el choque. El Boston Garden contenía la respiración. Los míticos Celtics no podían caer, no en su propia casa.

De nuevo los verdes, durante el último cuarto, parecían tener controlado el choque. De hecho, en el banquillo de los Suns escuchaban cómo el público bromeaba distendido dando por segura la victoria de su equipo. Pero los Suns alcanzarían su primera ventaja en el marcador a falta de 23 segundos. Havlicek empataría a falta de 19 y se llegó a la prórroga. La primera.

Los de Boston de nuevo dominaron el período extra, pero desecharon una ventaja de 4 puntos. A falta de 4 segundos Paul Silas pidió un tiempo muerto para los verdes que no disponían de ninguno. El mítico árbitro, Richie Powers, decidió ignorar la petición de Silas en vez de pitar una técnica, algo que en la ciudad de Phoenix aún duele al recordarlo. Siendo preguntado, hoy, por aquella jugada el bueno de Paul reconoce que pidió el tiempo muerto, pero que el árbitro no lo vio o no quiso verlo.

Se llegó entonces a la segunda prórroga. En ella, a falta de cinco segundos los Suns dominaban por un punto. Entonces Hondo (John Havlicek) anotó un increíble tiro a tabla entrando todo el pabellón en ebullición. Partido ganado y todos al vestuario. Al menos eso parecía. Ya muchos jugadores se habían quitado sus zapatillas cuando el árbitro ordenó que aún restaba 1 segundo por jugar, momento en el que varios aficionados intentaron agredirle.

Intentos de violencia aparte, los Celtics reaparecieron. No había demasiado problema. Un segundo y sacando de fondo los Suns la victoria era un mero trámite. Entonces, Paul Westphal (actual entrenador de los Kings) pidió un tiempo muerto a sabiendas de que no disponían de ellos. Técnica y tiro libre para los Celtics (que anotarían), pero saque en medio campo. Jugada maestra. Demostración de inteligencia en momentos en que pocos piensan. El entrenador de los Celtics llegó a declarar “nunca pensé que nadie se beneficiara de una ilegalidad, pero ellos lo hicieron”.

Y tras la inteligencia y la ilegalidad, el talento. En ese segundo Heard recibió el balón a unos seis metros de canasta. Se giró en el aire y el balón besó la red. Tercera prórroga.

Entre el cansancio y los eliminados por faltas, Glenn Macdonald, suplente de los Celtics se erigió en estrella indiscutible del tercer período extra para, con 6 puntos, apuntillar a los Suns.

Boston vencería en el sexto partido y casi fue lo mejor que podía pasar porque, de lo contrario, el séptimo partido habría sido calificado de máximo riesgo.

Una noche inolvidable, de esas, que como dice el bolero, nunca quieres que termine. Esperemos que en esta temporada que está a punto de comenzar haya muchas noches como ésta.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS