Si te gusta el baloncesto como a mí y en una misma tarde puedes optar entre ver en directo la reedición de la última final de la Liga Femenina entre el reforzado equipo salmantino del Perfumerías Avenida y su particular némesis, el siempre poderoso Ros Casares o el pasado duelo por la ACB entre Caja Laboral de Vitoria y Regal Barcelona tranquilamente sentado en el sofá de casa, nada te gustaría más que planear un sábado tranquilo para no perderte ningún detalle. Te lo puedo asegurar.
De haber podido el plan hubiera sido el siguiente. Cojo mi bufanda, mi carné de socio y mi abrigo para dirigirme a Würzburg (pabellón en que disputa sus partidos de casa el Perfumerías Avenida) dispuesto a asistir al definitivo cambio de tendencia en el baloncesto femenino (que puede no ser muy femenino, pero sí que es BALONCESTO y esto va por un comentario del pasado post). Por otra parte, habría indicado a mi padre que hubiera puesto a grabar el duelo en la cumbre de la ACB.
Pero no pudo ser. Ni baloncesto femenino, ni duelo en la cumbre, ni cambio de tendencia, ni polémica arbitral. Y no porque no sucedieran todas estas cosas, que lo hicieron, sino porque me tocó asistir a una salida de campo de las que programa mi facultad con un oportunismo casi místico.
Y me tocó leer crónicas y hablar con gente que sí que estuvo allí. Y en un principio sentí envidia, claro, pero también alegría porque el baloncesto sigue caminando por las sendas que le han convertido en un deporte de nivel y prestigio internacional.
En Würzburg, al parecer, la grada estaba llena y el ambiente era inmejorable. De nuevo, apelando a los comentarios del anterior post, una caldera si no “indianesca” sí al menos con cierto sabor balcánico. Pero no volaron sillas. Fue un partido que decidió el talento de las pívots de Perfumerías y de Belinda Snell, una australiana con hielo en las venas. No sé si se puede hablar de un definitivo cambio de roles, de un golpe en la mesa lo suficientemente fuerte como para hacer cambiar el status quo preestablecido. Lo que sí sé es que se trata de un refuerzo moral muy importante para la fe de las chicas del Perfumerías y, especialmente, para una afición que al finalizar el partido gritaba aquello de “Este año SÍ”.
Y en Vitoria, más de lo mismo, pero con distintos protagonistas. Ricky Rubio debió jugar un partidazo. Fue una lástima perdérmelo porque a mí sí que me hace falta recuperar la fe en este chaval ante tanta crítica que recibe y ante tanto palo que se me infringió, cariñosamente, después de las expectativas que había puesto en él de cara al mundial.
Para desgracia de los valores del juego y de su filosofía los árbitros se convirtieron en protagonistas. Reclamaron su cuota de importancia e Ivanovic acabó en la grada, hecho que espoleó a sus huestes, quienes con coraje y buen juego remontaron hasta 12 puntos en los últimos minutos del partido. Sin duda, toda una demostración de carácter de un equipo que no pasa por sus mejores horas en la competición europea, pero que demostró en un partido importante, que no es cuestión ni de calidad ni de gallardía. Brillaron San Emeterio y Barac. Por lo que he podido leer.
Y ahora vacío mi mochila con los apuntes tomados en el campo sobre diferentes especies arbóreas. Fue una gran tarde de baloncesto. Me alegro por los que la pudisteis disfrutar. Nunca me gustó sentir envidia, así que estaré encantado de que me comentéis cómo fue la histórica tarde de un 20-N que no pasará a la historia como otras, pero que sí permanecerá en la mente de los grandes aficionados al baloncesto, incluso de los que estábamos viendo encinas.
UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS




