Mostrando entradas con la etiqueta Phoenix Suns. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Phoenix Suns. Mostrar todas las entradas

La leyenda, el base, el hombre





El vecino amable. El yerno ideal. El perfecto anfitrión. El base que todos quisimos ser algún día, aunque sólo fuera jugando un partido con amigos. También un hombre perseguido por la sombra de la sospecha, por las sombras, en definitiva, que nos envuelven a todos para cegarnos de vez en cuando. Porque amar el baloncesto es tarea sencilla. Es un acto de entrega continua que encuentra, tarde o temprano, la recompensa. En cambio, amar a una mujer, ése sí que es asunto complejo. También de entrega, tal vez, pero poliédrico. Nunca esférico. 

Si quieres seguir leyendo pincha AQUÍ 


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Ha nacido una estrella





Hijo único de padres exitosos, ricos, y famosos, proyecto innegociable de estrella y protagonista involuntario de escenas bochornosas en alguno de los salones más elitistas del país. Grant Hill no decidió nacer en el seno de una familia bien, en el marco de una pintura real donde las reuniones con los amigos se posponen indefinidamente pues la única cita que importa es la que se tiene apalabrada, sin fecha ni hora, pero mejor pronto que tarde, con la gloria. Sin embargo, ahora que ha colgado para siempre las botas y, mientras ojea las fotos de sus dieciocho años de carrera junto a su esposa Tamia y su hija Myla, él mismo se da cuenta de su condición privilegiada. A pesar de las presiones. 

Pincha AQUÍ si quieres seguir leyendo este artículo en JordanyPippen.com

The Greatest Game Ever



“Detén el tiempo en tus manos, haz de esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca”.

Probablemente ninguno de los presentes el 4 de junio de 1976 en el mítico Boston Garden conociera la letra del bolero, pero todos podrían haber recitado estos mismos versos deseando que aquella bendita noche no hubiera acabado nunca.

Los Celtics llegaban a la final como claros favoritos y sabiendo que, pronto, su ciclo victorioso tocaría a su fin. Sin embargo, tras cuatro partidos la serie se encontraba igualada ante unos Phoenix Suns que consideraban el mero hecho de estar en la final como un sueño hecho realidad.

Curiosamente, Paul Westphal, antiguo jugador de los Celtics, era una de las principales figuras del equipo de la capital de Arizona, un equipo que había movilizado a toda la comunidad en Phoenix no sólo por sus éxitos deportivos, sino también por los valores que transmitían.

La serie llegaba a este decisivo partido bastante caliente. Red Auerbach criticó el comportamiento parcial de Brent Musburger, locutor de la CBS, al que declaró totalmente favorable a los Phoenix Suns durante el tercer y cuarto partido.

Pese a ser uno de los partidos más legendarios de la historia del baloncesto no fue precisamente igualado a lo largo de los 48 minutos. Boston alcanzó una ventaja de 22 puntos, pero Paul Westphal entró en una especie de trance siendo incapaz de fallar un solo tiro e igualando el choque. El Boston Garden contenía la respiración. Los míticos Celtics no podían caer, no en su propia casa.

De nuevo los verdes, durante el último cuarto, parecían tener controlado el choque. De hecho, en el banquillo de los Suns escuchaban cómo el público bromeaba distendido dando por segura la victoria de su equipo. Pero los Suns alcanzarían su primera ventaja en el marcador a falta de 23 segundos. Havlicek empataría a falta de 19 y se llegó a la prórroga. La primera.

Los de Boston de nuevo dominaron el período extra, pero desecharon una ventaja de 4 puntos. A falta de 4 segundos Paul Silas pidió un tiempo muerto para los verdes que no disponían de ninguno. El mítico árbitro, Richie Powers, decidió ignorar la petición de Silas en vez de pitar una técnica, algo que en la ciudad de Phoenix aún duele al recordarlo. Siendo preguntado, hoy, por aquella jugada el bueno de Paul reconoce que pidió el tiempo muerto, pero que el árbitro no lo vio o no quiso verlo.

Se llegó entonces a la segunda prórroga. En ella, a falta de cinco segundos los Suns dominaban por un punto. Entonces Hondo (John Havlicek) anotó un increíble tiro a tabla entrando todo el pabellón en ebullición. Partido ganado y todos al vestuario. Al menos eso parecía. Ya muchos jugadores se habían quitado sus zapatillas cuando el árbitro ordenó que aún restaba 1 segundo por jugar, momento en el que varios aficionados intentaron agredirle.

Intentos de violencia aparte, los Celtics reaparecieron. No había demasiado problema. Un segundo y sacando de fondo los Suns la victoria era un mero trámite. Entonces, Paul Westphal (actual entrenador de los Kings) pidió un tiempo muerto a sabiendas de que no disponían de ellos. Técnica y tiro libre para los Celtics (que anotarían), pero saque en medio campo. Jugada maestra. Demostración de inteligencia en momentos en que pocos piensan. El entrenador de los Celtics llegó a declarar “nunca pensé que nadie se beneficiara de una ilegalidad, pero ellos lo hicieron”.

Y tras la inteligencia y la ilegalidad, el talento. En ese segundo Heard recibió el balón a unos seis metros de canasta. Se giró en el aire y el balón besó la red. Tercera prórroga.

Entre el cansancio y los eliminados por faltas, Glenn Macdonald, suplente de los Celtics se erigió en estrella indiscutible del tercer período extra para, con 6 puntos, apuntillar a los Suns.

Boston vencería en el sexto partido y casi fue lo mejor que podía pasar porque, de lo contrario, el séptimo partido habría sido calificado de máximo riesgo.

Una noche inolvidable, de esas, que como dice el bolero, nunca quieres que termine. Esperemos que en esta temporada que está a punto de comenzar haya muchas noches como ésta.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS