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BIG DATA





Como murió la estrella de la radio; así morirá también el entrenador intuitivo, aquel que colocando el dorso de la mano bajo su barbilla se creía capaz de escanear todo lo que el equipo rival planteaba y todo cuanto su propio conjunto manifestaba, ya fuera cansancio o falta de ideas. La experiencia y el conocimiento del juego seguirán siendo importantes, claro, pero la presencia masiva de datos sobre múltiples variables exigirá del entrenador una mente preclara, casi matemática, para escrutar dichas magnitudes y tomar decisiones acertadas en tiempo real.

Todo empieza por unas cuantas cámaras capaces de registrar más de veinticinco tipos de datos diferentes por segundo. Todo ello queda almacenado en una base que, gracias a complejos algoritmos, transforma las “anotaciones” en bruto en resultados agregados que quedan a disposición de los cuerpos técnicos. En este caso no hay oposición entre un gremio y otro, sino que urge la cooperación entre técnicos de la informática y expertos en cada deporte. Por fortuna, las máquinas aún no saben muy bien qué hacer con tal cantidad de información. ¿Tiempo al tiempo?

Pero queda abierto el debate. Las lógicas empresariales se imponen en las ligas profesionales y todo input es bienvenido si puede repercutir en outputs más jugosos. Nadie, en su sano juicio, renunciaría “motu proprio” a conocer las áreas donde los rivales anotan con mayor porcentaje o el mapa de flujos que refleja los movimientos de los oponentes. Al fin y al cabo, podría pensarse, no es más que una versión avanzada del viejo scouting, de la vieja planilla donde los entrenadores ayudantes anotaban, y aún muchos lo hacen, las principales características de los rivales tanto a nivel de conjunto como atendiendo a las cualidades de sus jugadores, y que luego se emplea para la planificación de la semana y el diseño del plan de partido.

Se trata de ganar, eso nadie lo duda. Y para ganar, en cualquier actividad de la vida, conviene potenciar lo propio y debilitar lo ajeno. La información fue siempre poder, desde la época de los mosqueteros, o los samurais, quienes ya se fijaban en el agarre de la espada o en el juego de pies de sus adversarios para tratar de descubrir sus puntos débiles. Los mejores jugadores de la historia, por no remontarnos tan allá, también eran los mayores estudiosos del juego. Lo era Larry, lo era Magic. Lo era, por supuesto, Michael.

Digamos que lo que me interesa, “por ser el sitio donde vamos a pasar el resto de nuestra vida” (que diría Woody Allen), es el futuro. Me interesa y me inquieta, además, por si se nos va de las manos y el deporte se enturbia tanto que no nos deja ver su belleza primitiva y animal, por si se regula tanto que su lenguaje pasa a ser una sucesión de fórmulas tan rígidas como inertes. Temo que confundido por tanta ecuación, enclavado en un laberinto de números, el baloncesto nos deje de emocionar y la lucha de opuestos, desnuda y pasional, pase a ser otra actividad más de despacho, traje y corbata.

¿Y tú qué opinas? ¿Hacia dónde vamos? ¿Te gusta el escenario que se dibuja o, al contrario, quisieras que los avances no fueran tan deprisa? Os dejo con un vídeo de David Stern en el que nos explica alguna de las potenciales aplicaciones del "big data" en la NBA




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Adiós y gracias Mr Stern





Mañana, 1 de febrero de 2014, el único judío de la NBA abandona el sillón de mando dejando a la liga en un estado de salud envidiable. Me refiero a David Stern, el neoyorquino que asumió la responsabilidad de convertir la quinta competición deportiva de los Estados Unidos (detrás del fútbol americano profesional y universitario, del béisbol y la NASCAR) en un fenómeno global que traspasa fronteras y fideliza día a día a numerosos aficionados en todo el mundo. Se va siendo calificado por Pat Riley, icono de la nueva era, como la razón principal del éxito de la liga.



Es innegable que la fecha de su estreno ha tenido mucho que ver en el éxito de su gestión. En 1984 los Celtics de Larry Bird vencieron a los Lakers de Magic Johnson en el séptimo partido de las finales pocos días antes de que los Houston Rockets seleccionasen en el draft a Akeem Olajuwon al tiempo que los Bulls hacían lo propio con Michael Jordan. Por su parte, en el panorama político las tensiones que habían dado lugar a la Guerra Fría se suavizaron a pesar de Reagan y numerosas naciones encajonadas tras la geopolítica de los grandes imperios se abrieron paso fundando sus propios mercados. A su vez, las nuevas tecnologías favorecieron el aplanamiento del mundo, el derribo de las grandes barreras a la comunicación y, por lo tanto, el tránsito de productos. Pero no, ningún consumidor se deja seducir e invierte sus ahorros en una oferta pordiosera y ramplona y, precisamente por eso, lo que más le preocupó a David Stern durante estos treinta años, por encima de políticas de publicidad, distribución o venta, fue la consolidación de la calidad de un producto que atravesó, durante los años 70, una auténtica crisis de subsistencia.



Pero como sería injusto reducir treinta años de labor concienzuda y brillante en una suma de casualidades me voy a permitir el lujo de seleccionar sus principales aportaciones:



1. La creación de la WNBA. Ningún otro deporte profesional americano cuenta con una competición paralela para mujeres. Es probable que no exista tal demanda en el fútbol americano o el hockey sobre hielo, pero la WNBA es una liga rentable y una opción diversificada y estacional de ocio para los grandes consumidores de baloncesto.





2. Difusión multimedia de la liga. David Stern asumió el pago de numerosas multas por infringir las normas de copyright en los albores del uso masivo de Internet. No le importó, los beneficios se hicieron patentes de manera paulatina pues la difusión, aunque fuera contradiciendo la legislación federal, contribuyó al incremento del número de aficionados, de una masa crítica de la que no pueden presumir ni la NFL ni la MLB.



3. Aperturismo y Juegos Olímpicos de 1992. Tuvo que llegar un judío, un hijo de la Segunda Guerra Mundial (nació en 1942), a rebajar el nivel de patriotismo y racismo de una competición que respondía con un portazo a cuanto extranjero osaba penetrarla. Sólo así puede uno explicarse las posiciones en el draft del brasileño Oscar Schmidt (131º), del greconorteamericano Nikos Gallis (68º) o del yugoslavo/croata Drazen Petrovic (60º, ya con David Stern como Comisionado) por poner sólo unos pocos ejemplos. Los tres, como el propio Petrovic pudo demostrar antes de morir, podrían haber tenido importantes carreras en la liga, pero por ignorancia o catetismo, los dirigentes y managers de la liga los arrinconaron en el trastero sobrevalorando el producto nacional por el simple hecho de ser castizo. Y si un momento fue clave para la internacionalización de la NBA ése fue el verano de 1992. En Barcelona, gracias al permiso expreso que le concedió Stern al presidente de la FIBA, Dejan Stankovic, los aficionados de todo el mundo pudieron contemplar las hazañas de la mayor y más fecunda colección de talento jamás reunida sobre una cancha. Nunca podremos cuantificar cuántos jugadores procedentes de otros rincones del mundo se enamoraron del baloncesto, lo empezaron a practicar o lo identificaron como su destino, viendo jugar al Dream Team. 





4. Actualización de las reglas. David Stern ha actuado siempre como un fiel guardián de los valores del baloncesto. Todos los cambios que promovió denotan una defensa del espectáculo y una importante orientación moral. Siempre preocupado por eliminar comportamientos agresivos en la cancha introdujo un tercer árbitro, la suspensión automática ante cualquier amago de comportamiento violento y, en la defensa del baloncesto ofensivo, legisló entre 1999 y 2001 la prohibición del “hand checking”, del empleo del antebrazo por debajo del tiro libre y de los tres segundos defensivos en la zona, así como el endurecimiento de las sanciones para las faltas consideradas como flagrantes. En la promoción de la ética en el deporte decidió abanderar la causa contra el “teatrero” castigando el “flopping”. Del mismo modo, ante la avalancha de jugadores procedentes del instituto, decidió fijar, en el año 2005, la edad de llegada al campeonato en los 19 años (cumplidos o por cumplir en dicho año natural). Finalmente, en 2006, el código de vestimenta obligaría a todos los jugadores a seguir un patrón único de vestuario recordándole al ingente número de jugadores procedentes de “ghettos”, amantes de la cultura “hiphopera”, del rap y otras múltiples formas de contestación social o afirmación identitaria que esto no es el barrio, que es, ante todo, un negocio. También endureció la legislación antidrogas y reforzó los múltiples programas que la NBA organiza en el ánimo de devolverle a la comunidad todo cuanto ella le ofrece y que fueron fusionados en lo que hoy se conoce como “NBA Cares”.



5. La multiplicación de los panes y los peces. Permítaseme el símil con el pasaje bíblico y es que si por algo será recordada la era Stern será por la expansión en el número de franquicias, por la apertura de nuevos mercados, por la multiplicación de la oferta televisiva hasta convertirla en absoluta y muy barata (Por menos de 200 euros un usuario puede ver en directo o en diferido todos los partidos de la temporada a través del League Pass) y, en relación con todo ello, por el crecimiento exponencial del valor del producto. Un producto, la NBA, que de haberse vendido en la fecha de su llegada al cargo habría valido poco más de 400 millones de dólares. Un producto, por contra, que ahora recibe 930 millones de dólares anuales sólo por el contrato de televisión, que ha visto como dos franquicias, Grizzlies y Hornets, han sido compradas recientemente por cifras en el entorno de los 350 millones de dólares y que, en su conjunto, bien podría alcanzar un valor aproximado de 12 billones de dólares (todas las sumas de dinero empleadas en términos reales y no nominales).



La NBA llora en silencio la marcha de este hábil negociador, de este visionario que ha sabido codearse sin complejos con tipos que le sacan dos cabezas al tiempo que sorteaba, no sin dificultades, las piedras que le pusieron en el camino los sindicatos de jugadores y los lobos disfrazados de agente. Se va siendo reconocido como uno de los mejores comisionados de la historia del deporte profesional en Estados Unidos, aunque en su historia algunos pasajes quedarán para siempre instalados en la sombra. Seattle y, pronto, Sacramento lamentarán para siempre su falta de apoyo a la hora de mantener la sede de los Sonics y los Kings respectivamente. Dallas Mavericks, Milwaukee Bucks y, nuevamente, Sacramento Kings, no dejarán de denunciar que durante su mandato, en el ánimo de favorecer a los grandes mercados (Miami, finales de 2006, Philadelphia, finales de conferencia de 2001, y Los Ángeles, finales de conferencia de 2002) los árbitros actuaron guiados por una orden superior. Pero de ello no quedan pruebas como si quedan, en cambio, vestigios de una labor que será estudiada en escuelas de marketing y gestión. Una labor que, en todo caso, merece nuestro sincero agradecimiento. Gracias David, disfruta de la jubilación.





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Baloncesto en tiempos de crisis (III)






Y AHORA QUÉ


Pocos creían, allá en los primeros años de siglo y de milenio, que la opulencia tuviera fecha de caducidad. Todo el mundo tenía los bolsillos llenos y hasta el más iletrado peón, incapaz de ubicar su pueblo en el mapa, te podía explicar con todo detalle el funcionamiento del sistema de frenado de su BMW. Aquella aparente democracia del “casa para todos” no era más que una representación teatral con la que los verdaderos magnates de este mundo pretendían entretener al pueblo. Poco les importaba a los plutócratas que este sistema no fuera otra cosa que un gigante con pies de barro, una entelequia asentada en el dinero prestado y en las hipotecas a futuro.

El gigante se desmorona. Las casas se vacían y los coches se hacen viejos en manos de propietarios que ahora lamentan no haber continuado en la escuela. Los políticos siguen buscando la mano invisible, gobernando a tenor de lo que dictan los mercados y aplicando medidas antiguas a problemas nunca vistos. La Tierra se aplana al mismo tiempo que se llena de obstáculos. El mundo está interconectado y ello exige nuevas habilidades y competencias para las que nadie nos prepara. Y en éstas, como en el resto de crisis, el baloncesto.

Aunque pudiera parecer que un producto tan perfecto y acabado como la actual NBA está vacunado contra cualquier contingencia de este tipo, lo cierto es que también se ha visto afectado por la coyuntura. Ciudades cuyas economías se asientan sobre una base industrial como Detroit o Cleveland presentan entradas por debajo del 70 por ciento de la capacidad. Incluso Indiana (ya saben aquello de “en 49 estados es sólo baloncesto, pero esto es Indiana”) a pesar de contar con una franquicia en clara progresión, sólo ha conseguido reunir a 14.000 pacers de media en la cancha. 



Paradójicamente, en plena tempestad, franquicias ubicadas en mercados modestos como Oklahoma City o Memphis aspiran a levantar en junio el trofeo Larry O´Brien. Así, si la crisis de los años 70 coincidió con una década en la que ningún equipo logró retener título, todo hace indicar que volveremos a atravesar por un período semejante. No se avistan en Dallas opciones reales de título y no parece que el Big Three de Miami pueda hacer valer su presuntuosa predicción de ganar uno, dos, tres, cuatro,... anillos de campeón. A todo ello contribuye el nuevo marco salarial, más restringido, y el cada vez menor ánimo, por parte de los propietarios, para pagar la tasa de lujo. 



A pesar de todo ello el futuro de la NBA no está en entredicho. Su política de excelencia y su concepto de negocio le garantizan el monopolio a nivel global. Las normas, las retransmisiones televisivas, el merchandising,... Todo está encaminado a la consecución de un espectáculo que va mucho más allá del baloncesto.

David Stern no ve en Europa a un competidor. El Comisionado sólo mira al viejo continente para buscar nuevas fórmulas de cooperación. Hasta ahora, los flujos han sido unidireccionales. Los clubes europeos invierten grandes cifras en la formación de jugadores que después, por todos los incentivos que la NBA ofrece, terminan haciendo las maletas para embarcar con destino a los Estados Unidos de Norteamérica. Todo ello, unido a la cantera que representa el sistema universitario, hace que las franquicias puedan contar con los mayores talentos del planeta a coste cero.

Europa tiene mucho que aprender. Siendo imposible competir contra un mercado tan absolutamente devastador como es el de la NBA en el que treinta equipos absorben a la práctica totalidad de estrellas de este deporte, a los equipos del viejo continente sólo les queda la defensa de una especie de pureza, de una tradición que no se sustenta por sí misma y que, desde luego, no llena pabellones. Algunos entrenadores han terminado siendo la figura más reconocible de sus equipos. Así, a Panathinaikos se le identifica con Obradovic al igual que al CSKA de hace unos años se le identificaba con Messina. El baloncesto se convierte en un deporte minoritario, en una obra de arte experimental al alcance de unos pocos.

Este reducido alcance también tiene que ver con el trabajo de los medios. Sólo las retransmisiones de Euroliga con Pablo Martínez y Joe Arlauckas secundando a Lalo Alzueta están al nivel de las que se ven y escuchan al otro lado del charco. Como todo lo bueno, estas retransmisiones han tocado a su fin por el coste que suponían y por la propia reconversión del ente público. Por ello no sé si congratularme por el contrato recientemente firmado entre la FEB y RTVE según el cual la televisión pública queda obligada a retransmitir los mejores partidos de las selecciones nacionales de baloncesto hasta 2014. El hecho de que haya de ser ésta la encargada de emitir estos eventos deja patente la ausencia de interés por parte de los medios de comunicación privados, los mismos que se matan por los derechos de una Eurocopa de Fútbol o de un campeonato del mundo de Fórmula Uno.

Esta desvalorización del producto, unida a la depresión económica, ha desembocado en numerosos casos de clubes en suspensión de pagos. Lo sufren los jugadores y los proveedores. También los clubes de cantera dependientes en muchos casos de las instituciones públicas. Se avecinan tiempos difíciles para los profesionales de baloncesto. Me hablan de casos de entrenadores que ofrecen sus servicios por salarios casi irrisorios. Caminamos hacia un equilibrio por lo bajo que quizá nos coloque en una posición más realista. Con los pies en el suelo y con los niños otra vez en los patios de los colegios. 

Es necesario esperar. Sólo el paso del tiempo nos permitirá observar con perspectiva lo que hoy está sucediendo. Parece claro que estamos en pleno proceso de mudanza, que el baloncesto, al menos en Europa no volverá a ser el mismo. Habrá víctimas, como en todas las crisis, pero me conformo con que haya un único superviviente. El baloncesto. El baloncesto como juego y escuela de valores. El baloncesto como antídoto frente a la depresión.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Noches de teletienda





Finalmente, tras un mes de guerra fría en el que tanto jugadores como propietarios han disputado una partida de ajedrez a calzón quitado y con el rey al frente tras afirmar que no les importaría que la NBA cerrase durante todo un año, esta semana que entra se van a retomar las negociaciones entre representantes de la Liga y de la Asociación de Jugadores en el afán de encontrar ese término medio en el que según Aristóteles reside la virtud.

Se sabe que será en Nueva York. Y uno, que quizá es mal pensado, se pregunta si será en ese mismo apartamento que Jack Lemmon prestaba para que sus jefes mantuvieran sus cada vez más frecuentes encuentros amorosos fuera del matrimonio. Y como no se han dado detalles, vamos a pensar que será así y os propongo que me acompañéis en un viaje hacia esa avenida de la Gran Manzana en la que con generosas dosis de genialidad nos situó Billy Wilder.

Os presento a los protagonistas. Representando a la liga David Stern junto con otros representantes de los propietarios a los que no tengo el gusto de conocer. Del comisionado de la liga poco más se puede añadir. Licenciado en Derecho, ocupó cargos directivos desde 1978 para finalmente hacerse con su actual puesto en 1984 coincidiendo con la irrupción de talentos como Jordan, Barkley, Hakeem Olajuwon o Pat Ewing entre otros. Entre sus principales logros cabe mencionar la introducción de un código de vestimenta y la sucesión de abucheos cada vez que es enfocado por el marcador central de los diferentes pabellones de Estados Unidos. ¿Ladran luego cabalgamos?

El representante de los jugadores es Billy Hunter, antiguo jugador de fútbol americano licenciado en Syracuse. De primeras me cuestiono si no ha habido un jugador en 64 años de historia de la NBA capaz de cumplir los requisitos necesarios para defender con garantías los derechos de sus compañeros como para tener que recurrir a un receptor de los Washington Redskins. Suele ir acompañado de Derek Fisher, "el reflexivo" y también conocido por estar en el lugar idóneo en el momento correcto (si no cómo se explica que un jugador tan limitado técnicamente tenga cinco anillos de campeón siendo base titular en esos cinco campeonatos) que va en condición de presidente del comité de jugadores. Podéis ver aquí quiénes son los vicepresidentes y el juego qué daría este cuadro en manos de Andrés Montes. No sé quién engañó a Chris Paul para meterse en este berenjenal con jugadores más conocidos por las bromas que realizan desde el banquillo que por su juego sobre la cancha (sé que alguien saldrá en defensa de Bonner y su tirito). Por cierto, sólo hay que ver la sonrisa de James Jones para imaginar cómo realiza la labor de tesorero. Uno para ti, dos para mí.

En fin, conocidos los protagonistas es momento de averiguar de qué se compone el atrezzo. Dado que estamos en una avenida relativamente céntrica de la capital del mundo, orientada hacia un uso muy concreto como el de ser un picadero para jefes adúlteros imagino a todos nuestros personajes en sillas de madera bastante incómodas haciendo turnos para ir a descansar su espalda sobre la enorme cama de matrimonio con los muelles algo flojos por el trajín que soporta. Toma la palabra David Stern.

- Mirad chicos. Si no queréis rebajaros el salario, compartir más equitativamente los beneficios relacionados con el baloncesto (basketball related incomes o BRI para los entendidos) o aceptar contratos más cortos y menor número de excepciones para que los equipos no sobrepasen el límite salarial impuesto, a mí me da igual. Me han ofrecido un puesto en Moody´s para acabar de hundir la economía española. Y no tengo que vérmelas con descerebrados como vosotros todos los días. Me han dicho que es suficiente con que encuentre un sinónimo de basura pero mucho más contundente. Pensé en calificar a la deuda española de bono cementerio y ahora me rifan. Así que yo problemas no tengo.

Derek Fisher: Pues nosotros tampoco tenemos problemas. Los buenos jugadores tienen ofertas de Turquía y los que están cuadrados, aunque no sean capaces de dar dos pasos sin botársela en el pie están dispuestos a pasar un casting para un programa que se llama "Mujeres, hombres y me la pelan" en el que gustan mucho los cuerpos trabajados. Ah, y hay un par de ellos que estarían dispuestos a volver a estudiar.

(Risas en la sala. Stern se sirve una botella de agua, mientras que los jugadores dado que ahora ni siquiera aparecen en la web oficial de la NBA aprovechan para saltarse el reglamento antidrogas y se meten una raya de coca mientras se remangan las camisetas para enseñar sin pudor alguno sus tatuajes en la cara del Comisionado.)

Billy Hunter (sí, el jugador de fútbol que representa a los jugadores de baloncesto). Mira, David, nosotros ponemos todo de nuestra parte. Estamos dispuestos a reducirnos el salario en el mismo porcentaje en que lo hacen los políticos y a compartir con los equipos los beneficios en un 0,7% más de lo que veníamos haciendo. Ya sabes tío David, el 0,7 con el que los países occidentales piensan salvar al Tercer Mundo. ¿Qué más podemos hacer?

Un representante de los propietarios: Pues a nosotros también nos da igual. Siempre podemos comprar un equipo de ACB. Allí ni siquiera es necesario pagar los salarios. Nadie se queja. Hay cuatro millones y medio de personas que jugarían por doscientos euros al mes así que los jugadores aceptan que les paguen dos años después y encima puedes tantearlos (caso Josep Franch) con dinero ficticio aunque te hayas declarado en concurso de acreedores.

Brindaron por España y siguieron hablando durante horas de mujeres, alcohol y de Sálvame. Y dejando de lado la sátira me despido con una última reflexión. Seria. Pausada. Os dejo con una pregunta que me inquieta. En todo este juego de a ver quién la tiene más grande, ¿qué pasa con el espectador? Señores, corremos el riesgo de que nuestras madrugadas no se vean amenizadas por un partido de basket y nadie piensa en nosotros. ¿Acaso se creen que somos adictos al porno? En fin, siempre nos quedará el tarot. O la teletienda. ¿Una de palomitas?

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Noche de candado



30 de junio. Último día del año para los profesores y para los deportistas de élite, dos tipos muy diferentes de profesionales eternamente insatisfechos y muy admirados. Los primeros, por sus vacaciones, los segundos por sus salarios.

Sin embargo, los idolatrados jugadores de la mejor liga de baloncesto del mundo están a unas horas de quedarse en el paro. La NBA está a punto de echar el cierre por la falta de acuerdo entre la liga, los propietarios de los equipos y los representantes de los jugadores.

La controversia radica, principalmente, en la flexibilidad o rigidez del límite salarial. En el último convenio se admitieron múltiples excepciones para sobrepasar dicho límite (la excepción de nivel medio, la conocida como Larry Bird para renovar a jugadores del propio equipo, la de jugadores veteranos,...). Los propietarios abogan por reducir al mínimo este tipo de vías inflacionarias, mientras que los jugadores parecen estar dispuestos, como mucho, a rediseñarlas.

Otro de los puntos de disenso se encuentra en los beneficios "relacionados con el baloncesto" cuyo reparto actual es favorable para los jugadores en un 57-43 por ciento. Al parecer, la pretensión inicial de los propietarios pasaba por un 61-39 a su favor, en lo que parecen, sin ser un experto, unas condiciones de carácter leonino. Todo indica a que un reparto equitativo podría poner de acuerdo a ambas partes.

También la solidaridad entre franquicias se halla sobre la mesa. Se plantea el compartir parte de los beneficios de la taquilla e incluso algunos derivados de los ingresos por televisión. ¿Por qué? Pues porque sólo algunos equipos pueden y están dispuestos a pagar el impuesto de lujo por pasarse del límite salarial y, coinciden, habitualmente, con los que más ingresan. Se trata de que la equidad que inspira la competición también afecte a estas cuestiones nada baladíes.

De concretarse el cierre estaríamos ante el cuarto caso en sesenta y cinco años de historia de una liga que se ha caracterizado por ser un ejemplo de buena gestión al menos desde que Larry O´Brien tomara las riendas de la competición. David Stern afronta, hoy, uno de sus mayores retos. Su experiencia le avala y su terquedad le convierte en un negociante al que no me gustaría encontrar del otro lado de la mesa. Veremos qué resistencia pueden oponer los Fisher, Allen y resto de delegados de los jugadores. Espero que no recurran a la famosa frase que pronunciara Latrel Sprewell cuando le ofrecían seis millones de dólares para renovar su contrato con los Timberwolves: "Recuerden que tengo que alimentar a una familia". De ser así, apuesten por que no tendremos liga ni siquiera en enero.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Los planes de Michael




¿Verdad que sería bonito ver unidos en un mismo proyecto a dos de las marcas más importantes del baloncesto y del deporte mundial como son Michael Jordan y el Real Madrid?

Pues las últimas informaciones nos indican que tal vez este sueño esté cerca de realizarse. El gran Jordan, bastante quemado con el devenir de sus Bobcats está buscando nuevas perspectivas de negocio ligadas con su deporte y no tiene miedo a cruzar el Atlántico.

Dicen que el famoso 23 de los Bulls quedó encantado con su visita a Barcelona en 1992 y afirma que España es uno de los países en los que le gustaría vivir algún día.

Pues bien, al parecer su Majestad del Aire estaría barajando la posibilidad de adquirir la sección de baloncesto del Real Madrid, aunque el proceso no sería en absoluto sencillo. En primer lugar sería necesario desvincular a esta sección del club Real Madrid y convertirla en Sociedad Anónima. Una vez realizado este complejo trámite, Michael debería participar en la subasta de las acciones y pujar por ellas con otros posibles interesados.

El hecho de que Jordan se convirtiera en el máximo accionista del Real Madrid sería básico para acabar viendo una franquicia NBA en España y más concretamente en la capital. David Stern ha afirmado recientemente que en diez años es posible que exista una Conferencia Europea en la liga y si Barcelona o Real Madrid quieren participar de ella será necesario que modernicen sus estructuras internas y las adapten a las de las franquicias norteamericanas.

Lo cierto es que Florentino siempre ha estado dispuesto a que la sección de baloncesto pueda desvincularse del club. Y si es de esta manera, en la cual la grandeza del Real se engarza con la majestuosidad de Michael, las razones en contra de esta operación son cada vez más sutiles.

En mi opinión la opción no parece descabellada y me encantaría ver a Michael Jordan en el palco de la Caja Mágica fumando su habitual puro y disfrutando del mejor baloncesto de Europa. Seguro que el Real Madrid saldría ganando pues la figura del hexacampeón podría atraer a las figuras NBA para venir a mostrar sus talentos en la casa blanca.

Si queréis más información aquí tenéis el enlace con la noticia que he podido leer.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Querido Santa Claus...






Veamos qué le han pedido algunos personajes del baloncesto a Papá Noel. 

 
Pau Gasol

... este año he sido especialmente bueno. He cogido todos los rebotes de los fallos de Kobe en la final, he descansado durante el verano para satisfacer a mis jefes y también al tío Phil que, como sabes, ya está algo mayor. Además, como mi amigo Bynum está cojo tengo que jugar todos sus minutos de pívot y superar viejas fobias a la pintura que por fortuna ya son parte del pasado. Aun así, creo que por todo esto deberías obsequiarme con un tercer anillo y un segundo Europeo en el año que entra.

Sergio Scariolo

... este año he sufrido mucho. Aún tengo pesadillas con Teodosic, me han echado del Kimkhi aunque lo hayamos vendido como un acuerdo amistoso y aún no tengo resuelto mi futuro con la Federación Española de Baloncesto pese a que creo que tengo contrato. Además, el dermatólogo me ha recomendado que deje de utilizar gomina (esto no sé si es cierto no vayáis a pensaros que... jaja). Tampoco te pediré mucho. Me conformo con mantener mi puesto de seleccionador y con que Serge Ibaka pase a la cultura popular española como Don Sergio y nos proporcione la intimidación de la que carecimos durante el Mundial. Bueno, eso y que juegue Pau. Claro.


Doc Rivers

... mira que te llevo diciendo durante cuatro años que con el quinteto titular Rondo, Allen, Pierce, Garnett y Perkins no nos ha ganado nadie una serie a siete partidos. Pues en tres temporadas sólo una vez se dio esa circunstancia y te puedes imaginar cómo acabó ¿no?. Así que como los clásicos de estas fechas sólo te pediré salud para mi familia, para mi big three, para que entre los dos O´Neal saquemos uno sano en playoffs, para que Delonte West no se rompa por enésima vez la misma muñeca, para que Rondo se cure finalmente del pie, para que a Marquish Daniels le vuelva a correr sangre por las venas y para que Semih Erden no tenga que jugar con un hombro colgando. Ah bueno, y ya que estamos, un cerebro nuevo para Nate y unos centímetros menos de cintura para Big Baby me harían también muy feliz. Ah, y que mi hijo Austin siga siendo tan bueno que me parece que así no tendré que preocuparme por el aumento de la edad de jubilación o por mi pensión.

Phil Jackson (en un papel de soberbio que creo que no le corresponde pero que a mí me gusta atribuirle).

... Seguro que no entiendes el valor histórico y simbólico del número doce y que ni siquiera has leído alguno de mis numerosos libros. Seguro que no te acuestas todas las noches con la hija de tu jefe y por eso me tienes envidia. Pero aun así, además de recomendarte alguno de mis libros, me gustaría que de paso no entorpecieses mi conquista de mi duodécimo anillo. No es nada personal, pero es que no quiero que en el futuro digan que quise más a Jordan que a Kobe y que por eso le obsequié al primero con un anillo más.

Antoni Daimiel (probablemente tampoco piense esto o, al menos, no puede decirlo)

... invéntate algún modo no demasiado macabro para que pueda deshacerme de los pesados que se encargan del baloncesto NBA en el plus. A Loncar le podrías enviar a Serbia a montar una escuela. Carnicero podría ser el speaker de algún patio de colegio e Iñaki Cano podría ponerle los cafés a los amigos de su padre en Punto Pelota. Déjanos a Antonio Rodríguez y a mí al mando y resucita a Montes para que las madrugadas NBA vuelvan a ser lo que un día fueron: Just entertainment.

David Stern

... haz que estos insolentes, vanidosos y egocéntricos jugadores entiendan que los salarios estaban disparados y que la situación de la liga no es la de hace diez años en la que el dinero salía de las orejas. Borra de su mente la idea de un cierre patronal. Trae más magnates rusos del tipo de Prokhorov (dueño de los Nets) para que pueda deshacerme de la banda de los Hornets (actualmente en propiedad de la liga) y borra de un plumazo todos esos tatuajes de los brazos y piernas de los jugadores porque hacen vomitar a mi pulcra esposa cada vez que los ve.

Como habéis visto. Hasta las caras más famosas del baloncesto confían en el barbudo de rojo para que se cumplan sus sueños. ¿Qué deseos baloncestísticos le pediriáis a Santa Claus o a los Reyes Magos?

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS