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Adiós y gracias Mr Stern





Mañana, 1 de febrero de 2014, el único judío de la NBA abandona el sillón de mando dejando a la liga en un estado de salud envidiable. Me refiero a David Stern, el neoyorquino que asumió la responsabilidad de convertir la quinta competición deportiva de los Estados Unidos (detrás del fútbol americano profesional y universitario, del béisbol y la NASCAR) en un fenómeno global que traspasa fronteras y fideliza día a día a numerosos aficionados en todo el mundo. Se va siendo calificado por Pat Riley, icono de la nueva era, como la razón principal del éxito de la liga.



Es innegable que la fecha de su estreno ha tenido mucho que ver en el éxito de su gestión. En 1984 los Celtics de Larry Bird vencieron a los Lakers de Magic Johnson en el séptimo partido de las finales pocos días antes de que los Houston Rockets seleccionasen en el draft a Akeem Olajuwon al tiempo que los Bulls hacían lo propio con Michael Jordan. Por su parte, en el panorama político las tensiones que habían dado lugar a la Guerra Fría se suavizaron a pesar de Reagan y numerosas naciones encajonadas tras la geopolítica de los grandes imperios se abrieron paso fundando sus propios mercados. A su vez, las nuevas tecnologías favorecieron el aplanamiento del mundo, el derribo de las grandes barreras a la comunicación y, por lo tanto, el tránsito de productos. Pero no, ningún consumidor se deja seducir e invierte sus ahorros en una oferta pordiosera y ramplona y, precisamente por eso, lo que más le preocupó a David Stern durante estos treinta años, por encima de políticas de publicidad, distribución o venta, fue la consolidación de la calidad de un producto que atravesó, durante los años 70, una auténtica crisis de subsistencia.



Pero como sería injusto reducir treinta años de labor concienzuda y brillante en una suma de casualidades me voy a permitir el lujo de seleccionar sus principales aportaciones:



1. La creación de la WNBA. Ningún otro deporte profesional americano cuenta con una competición paralela para mujeres. Es probable que no exista tal demanda en el fútbol americano o el hockey sobre hielo, pero la WNBA es una liga rentable y una opción diversificada y estacional de ocio para los grandes consumidores de baloncesto.





2. Difusión multimedia de la liga. David Stern asumió el pago de numerosas multas por infringir las normas de copyright en los albores del uso masivo de Internet. No le importó, los beneficios se hicieron patentes de manera paulatina pues la difusión, aunque fuera contradiciendo la legislación federal, contribuyó al incremento del número de aficionados, de una masa crítica de la que no pueden presumir ni la NFL ni la MLB.



3. Aperturismo y Juegos Olímpicos de 1992. Tuvo que llegar un judío, un hijo de la Segunda Guerra Mundial (nació en 1942), a rebajar el nivel de patriotismo y racismo de una competición que respondía con un portazo a cuanto extranjero osaba penetrarla. Sólo así puede uno explicarse las posiciones en el draft del brasileño Oscar Schmidt (131º), del greconorteamericano Nikos Gallis (68º) o del yugoslavo/croata Drazen Petrovic (60º, ya con David Stern como Comisionado) por poner sólo unos pocos ejemplos. Los tres, como el propio Petrovic pudo demostrar antes de morir, podrían haber tenido importantes carreras en la liga, pero por ignorancia o catetismo, los dirigentes y managers de la liga los arrinconaron en el trastero sobrevalorando el producto nacional por el simple hecho de ser castizo. Y si un momento fue clave para la internacionalización de la NBA ése fue el verano de 1992. En Barcelona, gracias al permiso expreso que le concedió Stern al presidente de la FIBA, Dejan Stankovic, los aficionados de todo el mundo pudieron contemplar las hazañas de la mayor y más fecunda colección de talento jamás reunida sobre una cancha. Nunca podremos cuantificar cuántos jugadores procedentes de otros rincones del mundo se enamoraron del baloncesto, lo empezaron a practicar o lo identificaron como su destino, viendo jugar al Dream Team. 





4. Actualización de las reglas. David Stern ha actuado siempre como un fiel guardián de los valores del baloncesto. Todos los cambios que promovió denotan una defensa del espectáculo y una importante orientación moral. Siempre preocupado por eliminar comportamientos agresivos en la cancha introdujo un tercer árbitro, la suspensión automática ante cualquier amago de comportamiento violento y, en la defensa del baloncesto ofensivo, legisló entre 1999 y 2001 la prohibición del “hand checking”, del empleo del antebrazo por debajo del tiro libre y de los tres segundos defensivos en la zona, así como el endurecimiento de las sanciones para las faltas consideradas como flagrantes. En la promoción de la ética en el deporte decidió abanderar la causa contra el “teatrero” castigando el “flopping”. Del mismo modo, ante la avalancha de jugadores procedentes del instituto, decidió fijar, en el año 2005, la edad de llegada al campeonato en los 19 años (cumplidos o por cumplir en dicho año natural). Finalmente, en 2006, el código de vestimenta obligaría a todos los jugadores a seguir un patrón único de vestuario recordándole al ingente número de jugadores procedentes de “ghettos”, amantes de la cultura “hiphopera”, del rap y otras múltiples formas de contestación social o afirmación identitaria que esto no es el barrio, que es, ante todo, un negocio. También endureció la legislación antidrogas y reforzó los múltiples programas que la NBA organiza en el ánimo de devolverle a la comunidad todo cuanto ella le ofrece y que fueron fusionados en lo que hoy se conoce como “NBA Cares”.



5. La multiplicación de los panes y los peces. Permítaseme el símil con el pasaje bíblico y es que si por algo será recordada la era Stern será por la expansión en el número de franquicias, por la apertura de nuevos mercados, por la multiplicación de la oferta televisiva hasta convertirla en absoluta y muy barata (Por menos de 200 euros un usuario puede ver en directo o en diferido todos los partidos de la temporada a través del League Pass) y, en relación con todo ello, por el crecimiento exponencial del valor del producto. Un producto, la NBA, que de haberse vendido en la fecha de su llegada al cargo habría valido poco más de 400 millones de dólares. Un producto, por contra, que ahora recibe 930 millones de dólares anuales sólo por el contrato de televisión, que ha visto como dos franquicias, Grizzlies y Hornets, han sido compradas recientemente por cifras en el entorno de los 350 millones de dólares y que, en su conjunto, bien podría alcanzar un valor aproximado de 12 billones de dólares (todas las sumas de dinero empleadas en términos reales y no nominales).



La NBA llora en silencio la marcha de este hábil negociador, de este visionario que ha sabido codearse sin complejos con tipos que le sacan dos cabezas al tiempo que sorteaba, no sin dificultades, las piedras que le pusieron en el camino los sindicatos de jugadores y los lobos disfrazados de agente. Se va siendo reconocido como uno de los mejores comisionados de la historia del deporte profesional en Estados Unidos, aunque en su historia algunos pasajes quedarán para siempre instalados en la sombra. Seattle y, pronto, Sacramento lamentarán para siempre su falta de apoyo a la hora de mantener la sede de los Sonics y los Kings respectivamente. Dallas Mavericks, Milwaukee Bucks y, nuevamente, Sacramento Kings, no dejarán de denunciar que durante su mandato, en el ánimo de favorecer a los grandes mercados (Miami, finales de 2006, Philadelphia, finales de conferencia de 2001, y Los Ángeles, finales de conferencia de 2002) los árbitros actuaron guiados por una orden superior. Pero de ello no quedan pruebas como si quedan, en cambio, vestigios de una labor que será estudiada en escuelas de marketing y gestión. Una labor que, en todo caso, merece nuestro sincero agradecimiento. Gracias David, disfruta de la jubilación.





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

¿Es el enemigo?






4 de julio en los Estados Unidos. También en el resto del mundo, claro, pero no es lo mismo. Día de celebración en la casa del enemigo cuarenta y ocho horas antes de que en la “Ciudad del Pecado” y el juego, Las Vegas, se reúnan los integrantes de la quinta selección olímpica estadounidense de baloncesto ADT (después del Dream Team, el único y verdadero).

En esta ocasión, al igual que durante el genial monólogo del eterno Gila, parece que la guerra se ha detenido, que el enemigo nos ha dado una tregua. Esta vez no nos van a pillar dormidos ni van a ser tantos como para que las balas que tenemos no sean suficientes y se las tengan que repartir. Las bajas de Dwight Howard, Chris Bosh y Dwyane Wade no hacen más que incrementar, por antonimia, las opciones del resto de selecciones rebajando el nivel de la gesta desde la categoría de milagro, “hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a la intervención sobrenatural de origen divino”, a la de proeza, “hazaña, valentía o acción valerosa”.

Y no se trata sólo de bajas. También de estado físico. Las dos estrellas del combinado enemigo llegarán a la cita olímpica con menos de tres semanas de descanso. Lebron James, eso sí, lo hace con la inercia ganadora que le proporcionó un título que el destino ya le había adjudicado. A Durant, por su parte, una simple derrota no parece capaz de alejarle de su único objetivo vital: anotar una vez tras otra de todas las formas posibles.

Por fortuna, además de esta notable merma en el potencial del enemigo, a esta contienda no vamos con cañones sin agujero ni con Seiscientos haciendo las veces de tanque. Nuestra artillería tiene peso y precisión. Es más poderosa que la norteamericana en el poste bajo. Está mejor coordinada y funciona de manera más armónica.

Todo apunta a que, ante la ausencia de grandes pívots, Coach K apostará por practicar un “small ball”, un juego sin interiores que parece haberse puesto de moda en los pasados playoffs. No se sorprendan si coinciden en la cancha Chris Paul, Kobe Bryant, Kevin Durant, Carmelo Anthony y Lebron James, es decir, un base y cuatro escoltas/aleros. Es más, no se extrañen si son los cinco hombres que terminan los encuentros.

Después de que el Redeem Team consiguiera lavar la imagen de su baloncesto en Pekín y después del esfuerzo colectivo que pusieron en práctica durante el Mundial de Turquía, parece que la relajación ha vuelto al entorno de la USA Basketball. En Las Vegas, además de a vicio, huele a improvisación y soberbia. Los estadounidenses, únicos en el homenaje de sus caídos y a la hora de rendir pleitesía a sus héroes, parecen haber entrado en un estado de amnesia colectiva que les impide recordar lo cerca que estuvieron de fenecer el pasado 24 de agosto de 2008 en Beijing.

Sólo espero que sigan así, acomodados en su manifiesta superioridad, dormidos en los laureles de una gloria olímpica que no sólo premia a los que saltan más alto, corren más rápido o lanzan más fuerte, sino también a los que se toman más en serio el valor de una competición que además de fomentar la amistad entre todos los pueblos, pretende coronar al atleta que más deseo demuestre en la búsqueda del éxito deportivo.

¿Es el enemigo? ¿Podrían seguir así de relajados cuarenta días más?



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Clase del 2010




El próximo viernes 13 de agosto en Springfield, Massachusetts, tendrá lugar una nueva graduación en el Basketball Hall of Fame. Cinco jugadores, dos equipos nacionales históricos, una jugadora, un entrenador y un propietario pasarán a formar parte del mayor museo sobre baloncesto profesional existente en este planeta.

¿Quiénes son?

Karl Malone. Con el Cartero sobran las presentaciones. Dos oros olímpicos, dos MVP de la temporada (97 y 99), nueve veces en el mejor quinteto defensivo, 11 temporadas consecutivas en el mejor quinteto de la liga (89-99), 14 veces All Star y segundo, por detrás de Kareem Abdul Jabbar y por delante de Jordan, en la lista de máximos anotadores de la historia de la liga. A Malone se le recordará siempre por ser un ejemplo de resistencia y por no haber ganado nunca un anillo.

Scottie Pippen. Por este fino jugador de Central Arkansas nadie daba un duro cuando ingresó en la Universidad. Pippen tardó en madurar físicamente y pronto sus cualidades físicas, su defensa e inteligencia le catapultaron al número 5 del draft. Los Sonics, traspasaron sus derechos a los Bulls por los de Polynice y una elección del draft. Fue entonces, cuando en la compañía de Jordan comenzó a crecer como jugador. Conquistó seis anillos (91-93, 96-98) y dos oros olímpicos además de varios logros individuales. Nunca pudo ganar un anillo lejos de la sombra del 23.

Dennis Johnson. Por desgracia esta graduación se produce a título póstumo. El mítico base de las eternas ojeras nos dejaba el pasado 22 de febrero de 2007 después de haber sido parte fundamental en tres equipos victoriosos: los Supersonics de 1979 (siendo MVP de las finales) y los Celtics del 84 y del 86. Larry Bird siempre dijo de él que fue el mejor jugador con el que había jugado y Magic Johnson reconoció que nadie le había defendido tan bien como DJ.

Gus Johnson. Tampoco él podrá disfrutar en persona de los honores. Con apenas 1,98 fue uno de los primeros jugadores en empezar a volar por encima del aro y dominar el arte de los mates. Jugó en 5 All Stars y fue pieza fundamental de los Baltimore Bullets. Promedió 17 puntos y más de 12 rebotes en su carrera. No es que tenga nada en contra de Gus Johnson, pero creo que la entrada en este templo debería ser más exigente.

Maciel Pereira. Leyenda del baloncesto brasileño en los años 60. El Hall of Fame suele hacer un guiño al baloncesto no americano concediendo la entrada a jugadores y entrenadores de otros lugares del mundo. Sin ir más lejos, en 2007 se graduó Pedro Ferrándiz.

Equipo Nacional de Estados Unidos de 1960. Conquistó en los Juegos Olímpicos de Roma sin ceder ni un solo partido venciendo por un promedio de 42,4 puntos.

Equipo Nacional de Estados Unidos de 1992. El único y verdadero Dream Team. 10 de sus jugadores han entrado en el Hall of Fame de manera individual. Sólo restan por hacerlo Chris Mullin (que tal vez lo acabe haciendo) y Christian Laettner (que nunca lo hará). Entrenados por el recientemente fallecido Chuck Daly vencieron sus 8 partidos por una media de 43,8 puntos.

Cynthia Cooper. Sin duda, toda una leyenda del baloncesto femenino. Venció en dos Torneos de la NCAA, en los Juegos Olímpicos de Seúl y conquistó 4 anillos de la WNBA con las Houston Comets siendo la mejor jugadora de las finales en cada una de ellos.

Bob Hurley. 900 victorias, 25 campeonatos estatales y 3 nacionales con el St. Anthony´s High School. Miembro del Salón de la Fama de los Deportes de Nueva Jersey, Bob Hurley forma parte de un grupo restringido de personas que entran en el Salón de la Fama del Baloncesto por su trabajo exclusivo en instituto.

Jerry Bush. Propietario de los Lakers y suegro de Phil Jackson. Durante su mandado ha cosechado 10 títulos de la NBA (cinco con Magic y cinco con Bryant). Toda una institución.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS