Es todo tan extraño. En una sociedad marcada por las etiquetas y en un deporte cada vez más profesional en el que las diferencias entre los grandes y los pequeños, los escapados y el pelotón son cada vez mayores, sorprende la irrupción de figuras y equipos que, sin saber muy bien cómo, rivalizan desde la humildad y el trabajo con los tiranos de los diferentes deportes.
Como este blog está dedicado al baloncesto tres nombres van a concentrar la atención de este artículo. En menos de un año natural tres equipos han sorprendido o lo siguen haciendo en diferentes competiciones y con diferentes objetivos.
En la Liga Universitaria, durante la deliciosa locura de marzo de 2010, los Bulldogs de Butler alcanzaron la final con el único aval de estar ubicada en uno de los santuarios de nuestro deporte, Indiana. Sus 4.500 alumnos son el menor número de estudiantes de un College que alcanza tales cotas en un Torneo Final de la NCAA. Los representantes de la Horizon League pusieron a la mítica Duke con su fantástico programa de baloncesto contra las cuerdas con un baloncesto colectivo claramente inspirado en la figura de su entrenador Brad Stevens quien, codiciado por numerosas universidades de prestigio, prefirió extender su contrato con este modesto centro que nunca reclutará a los John Wall o Derrick Rose de turno, pero que sí le dotará de total libertad para confeccionar plantillas a su medida en las que el trabajo y la buena actitud serán las únicas claves de futuros éxitos.
Para evaluar con perspectiva el tamaño del logro de este equipo baste con mencionar que este año son quintos de su división y que su mejor jugador, Gordon Hayward, pese a ser una elección alta del draft no juega más de siete minutos por partido en los Jazz de Utah.
Del mesetario estado de Indiana al costero de Oregón median más de 3.000 kilómetros, pero en la bahía de Portland nos encontramos con otro tipo capaz de abrir las aguas del océano. Habitualmente fustigado por los medios de comunicación en España Nate McMillan es un maestro en la regla del "menos por menos es más". Tras limpiar los últimos restos de los Jail Blazers, el conocido por Montes como "el espíritu de la bahía" (por la bahía de Seattle donde jugó muchos años) ha visto como la esperanzadora elección de Oden como número 1 del draft levanta constantes comparaciones con la de Sam Bowie en 1984 por delante de Jordan. Las lesiones del pívot de Ohio State han impedido que podamos medir su talento y las odiosas comparaciones con Durant seguro que a veces le impiden conciliar el sueño a Paul Allen, el multimillonario dueño de la franquicia. Si a eso le añadimos las dolencias crónicas de rodilla del líder natural del equipo, Brandon Roy, muchos estarían en disposición de asegurar que estamos ante uno de los peores equipos de la liga. Pero no.
Con LaMarcus Aldridge injustamente fuera del All Star (lo siento Pau, pero las cosas claras), con Wesley Matthews encestando lo que no mete ni siquiera entrenando en el patio de su casa y con un Andre Miller al que muchas voces han querido ver fuera del equipo los Blazers son ahora el octavo equipo de una conferencia floja por arriba, pero muy potente en su clase media. Además, Rudy ha ido captando el mensaje y sabe que tendrá que agachar el culo y entrenar fuerte todos los días para ganarse el puesto en una franquicia que desde que llegó McMillan se aferra al código militar para sobrevivir a los castigos divinos en forma de lesión. Y qué mérito tienen.
En Valladolid, en cambio, el código a seguir es el que dicta el nuevo profeta del baloncesto en Castilla y León: Porfirio Fisac. El segoviano, y que me perdonen los puristas, está haciendo parecer pequeños los logros de otros castellano leoneses de postín en lo que a materia de banquillos se refiere. Y no son nombres sin peso los de Gustavo Aranzana, Francisco García o Moncho Monsalve.
Sin embargo, coger a un equipo en liga LEB destrozado financieramente tras el timo de la estampita (nunca mejor dicho) de Forum Filatélica, subirlo con el discurso del trabajo diario y la única religión de las camisetas empapadas de sudor y los sistemas defensivos aprendidos al dedillo, mantenerlo en ACB ante maquinarias mucho más poderosas y, al tercer año, situarlo en Copa del Rey y tercero de la liga tras veinte jornadas ha de despejar las dudas de los más escépticos y generar enorme ilusión entre los que a Dios no nos ha dotado de ningún talento sobrenatural.
Yo, desde ya, me subo al carro de esas universidades pequeñas, de esos EQUIPOS de NBA que maximizan lo poco que tienen y de esas pequeñas historias en las que la humildad y la fuerza de corazón se rebelan ante la hegemonía del papel moneda y los avales bancarios. ¿Os subís también vosotros?
UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS
