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Calor de verano






Esta temporada de lockout está siendo un alegato a aquella vieja máxima del “sálvese quien pueda”. Las lesiones están marcando el devenir de los equipos y en todas las plantillas hay más de un jugador con algo roto o a punto de romperse.

Sin duda, el precio más alto lo han pagado los Chicago Bulls. El mejor equipo de la temporada regular había movido bien sus piezas para que éstas llegaran a punto para el playoff. Sin embargo, paradojas de la vida, tras meses de criogenización, de estancia en barrica de roble canadiense, en el minuto 48 de un partido decantado, Derrick Rose se rompió el ligamento interno de su rodilla izquierda acabando, de súbito, con las opciones de anillo de una franquicia que, después de los dorados noventa, ha comprendido el cúmulo de circunstancias que han de darse para ganar un campeonato (ni qué decir tiene para ganar seis en ocho años). Ahora, cuando todos se acuerdan de Rose y Noah, yo prefiero hacerlo de Thibodeau.

Cuando he conocido la noticia de la victoria de los Sixers sobre los Bulls me he imaginado lo duro que va a ser para el bueno de Thibs enfrentarse a su escritorio lleno de apuntes, DVD´s, tuppers vacíos y restos de frutos secos, lo complicado que le resultará conciliar el sueño después de varias jornadas sin escuchar el eco de las zapatillas resbalando sobre el parqué. Ahora, en vez de preparar los ajustes para frenar a sus antiguos pupilos Pierce, Garnett o Rondo, se las tendrá que ver con una guía de viajes y una maleta vacía, con unas vacaciones de cuatro meses y medio que para cualquier mortal serían un lujo y que para Tom representan el mismo infierno. Sólo queda esperar que los días vayan cayendo para que las cruces rojas en el calendario acerquen al presente ese 1 de octubre en el que está prevista la vuelta al trabajo. No os extrañe verle en la tercera fila de alguno de los pabellones en los que la bola aún sigue en juego tomando nota de todo, olvidándose de esa enfermedad llamada tiempo libre.



No volverán a encenderse, tampoco, las luces del Philips Arena de Atlanta. No porque no merecieran los Hawks que hubiera un séptimo partido. Con la vuelta de Horford y la recuperación de Josh Smith el Frontcourt de los de Larry Drew castigó uno de los puntos débiles de los de Boston, el rebote defensivo. Sin embargo, con 76-79 arriba, a los chicos de Atlanta el aro se les empezó a hacer muy pequeño. La situación demandaba líderes y los Johnson, Smith o Teague prefirieron mantenerse en la trinchera. Horford tuvo dos tiros libres para empatar y falló el primero.

No tuvo este Celtics-Hawks la mística de los duelos que libraron estas mismas franquicias en los años ochenta. Pero tuvo todo lo demás. De hecho, antes de que el balón fuera lanzado al aire del TD Banknorth Garden en la pasada madrugada, uno de los dueños del equipo de Atlanta había calificado a Kevin Garnett como el jugador más sucio de todo el campeonato. La respuesta del “5” de los Celtics, 28 puntos, 14 rebotes, 5 tapones y un dominio del juego que nadie se podría esperar de un jugador que llegó a la liga en 1995. Los números no lo dicen todo, pero sirva como dato la diferencia en la eficiencia ofensiva de los Hawks cuando se enfrentaron a una defensa con Kevin Garnett en el centro: 107,8 sin KG, 83,9 con él. Eso atrás. Adelante, una canasta ganadora, la que ponía por delante a los Celtics 81-80, muestra inequívoca del carácter ganador de un jugador enamorado de la historia y tradición de la camiseta que tiene el honor de defender. 


La diferencia que marca Garnett con sus compañeros más jóvenes se llama ética. Ética de trabajo. Madrugar en verano para trabajar hasta que acabe la primavera. No son meras exhibiciones sus carreras por las playas de Pasadena. KG sabe muy bien que el amor es una cuestión de dar y recibir y por eso lo da todo preparándose mientras otros se dejan la piel en la tumbona. Ahora los Celtics se cruzan con Philadelphia en otra eliminatoria con sabor añejo. La lucha por el nordeste del país comienza el próximo sábado. El premio, una Final de Conferencia. 



Muy lejos de esa vieja cuna de la democracia moderna que es el corredor Boston-Philadelphia están las remotas Montañas Rocosas. Allá, a más de mil quinientos metros de altitud, los Lakers padecieron el mal de altura empezando un partido que podía haber sido decisivo con un 13-0 en contra. La exhibición ofensiva de Kobe no fue suficiente para esconder las muchas carencias de los angelinos. Gasol, ninguneado por los propietarios y obviado en todos los sistemas de su entrenador (¿Messina no tiene nada que decir al respecto?), parece estar pensando en Londres. Mike Brown, por su parte, mira al banquillo y rápidamente deja de hacerlo. No hay nada en esos chicos sentados que pueda mejorar lo que le aporta un quinteto demasiado monopolizado por lo que pueda hacer o dejar de hacer Kobe Bryant. Que la dupla Bynum-Gasol intente dos tiros menos que el escolta de Philadelphia es como intentar dividir un número cualquiera por cero, un desastre matemático que tiende al infinito. Y no es precisamente infinito el tiempo que tienen los Lakers para reagruparse. El sábado se juegan la temporada. Ganarán, lo han hecho muchas veces en estas situaciones. No convencerán. Tampoco pretenden hacerlo.

Una noche de gran baloncesto. Inicio de vacaciones para unos, continuación del sueño para otros. Así son los playoffs de la NBA. Así será, también, en versión comprimida, la Final Four de Estambul. Suerte para el Regal Barcelona. Atentos a Navarro. Stay tuned!

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La vida sigue igual



"Las obras quedan, las gentes se van (...) la vida sigue igual". Jamás habría imaginado que Julio Iglesias pudiera tener cabida en este blog, pero pocos versos podrían describir tan bien la situación de la NBA tras la convulsa madrugada del 21 al 22 de febrero. Con matices, claro está.

Porque obras no es que haya dejado muchas a su paso el bueno de Carmelo Anthony. Sobre todo si no contamos la penosa tangana entre los Knicks y los Nuggets el 17 de diciembre de 2006 tras la que el jugador de ascendencia portorriqueña y nacido en Brooklyn fue suspendido durante quince partidos. Y es que tres campeonatos de división saben a muy poco para todo lo que prometía el número 3 del Draft de 2003 y estrella de la universidad de Syracuse con la que consiguió el título de la NCAA.

El equipo de las Rocosas sigue estando rodeado de un halo de pesimismo con el que Carmelo no ha podido acabar y que, para desgracia de los de Colorado, no va a desaparecer por mucho que Chandler, Gallinari, Felton o Mozgov sean buenos jugadores.

No cambian mucho las cosas tampoco por la Gran Manzana. Que no se piensen los Knicks que Billups, Anthony y Stoudamire serán el nuevo Big Three de referencia en la liga. Que den las gracias si son capaces de ganar dos partidos de Playoffs a partir del mes de abril. Quizá el órgano del Madison resuene con mayor alegría los primeros días, quizá Spike Lee esté más alterado que nunca en su butaca de primera fila, pero nada va a cambiar. El estilo D´Antoni es tan divertido como perdedor. Desde unos años para acá al baloncesto se gana defendiendo, controlando el rebote y manejando el ritmo del partido. D´Antoni, heredero de inmigrantes italianos no quiso saber nunca nada del "catenaccio", pero habría que explicarle que esto no es fútbol, que aquí hay que atacar y defender y que, en este caso, defender mejor no significa atacar peor sino todo lo contrario.

Así que Carmelo se divertirá, estará en casa, verá a sus hijos crecer en torno a la desembocadura del Hudson y venderá muchas camisetas. Ahora bien, los anillos ya los puede ir encargando por e-bay porque los aficionados de los Knicks seguirán recordando aquel año 1973 como el último en el que se hicieron con un campeonato.

Por tanto, amanece un nuevo día en la costa este norteamericana y el sol sigue apareciendo por donde tiene costumbre. Las jerarquías permanecen intactas. Las Rocosas seguirán siendo un espacio remoto y en Nueva York las luces de Times Square lucirán con la misma intensidad esperando posibles títulos de los Rangers, los Jets, los Giants o los Mets. Lo de los Knicks ya lo dejaron por imposible.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS