Os soy sincero. Tras la canasta de Velickovic a falta de 4,5 segundos me fijé en la cara de los turcos y el Sinan Erdem Dome de Estambul me pareció la sede de un funeral de Estado. Por eso, creí oportuno, que no original, echar mano de la película que protagonizaron en 1993 Hugh Grant y Andie Macdowell. El “casi” os podéis imaginar por qué lo añadí.
Me explico. Este sábado 11 de septiembre, nueve años después del acontecimiento geopolítico más importante tras la caída del Muro de Berlín y desde un plano meramente deportivo han tenido lugar cuatro bodas, cuatro eventos dignos de ser conmemorados.
De boda hoy se han ido los madridistas, los nadalistas, los alonsistas y los defensores del baloncesto NBA. A un funeral, a falta de 4 segundos para la finalización del partido, estaban invitados los turcos para ejercer el papel estelar, el de muerto.
Para los blancos, entre los que me incluyo, hoy ha sido un día especial. Volvemos, como diría Casillas, a mirar al Barcelona por el retrovisor. No es nada del otro mundo, pero a falta de grandes triunfos nos conformamos con poco. Por cierto, a Ibrahimovic no le importaría ser el padrino del enlace.
También hay fiesta en Flushing Meadows, Nueva York. El trabajo, la constancia y la clase han llevado a Rafa a la final del único Grand Slam que aún no ha conseguido.
Fernando Alonso no ha conseguido gran cosa. Sin embargo, en una temporada tan mediocre en la que su presunto imparable Ferrari más bien parecía un dos caballos, una pole position merece que se vaya enfriando el champán.
Y de los estadounidenses qué decir. Gracias a su defensa y a su estrella Kevin Durant (38 puntos) llegan a la final de un Mundial después de 16 años de sequía para demostrar que los europeos aún tienen mucho que aprender.
Del funeral sólo puedo decir que se canceló. Turquía estuvo en coma durante más de 35 minutos, pero resucitó. La batalla de los banquillos fue apasionante, un duelo de dos distinguidos representantes de la vieja escuela que se resolvió por detalles, algunos rozando el límite del fair play (un pívot turco, Asik, simuló una lesión para evitar lanzar los tiros libres. Le sustituyó Arslan).
Durante 35 minutos, Teodosic (13 puntos, 11 asistencias, 6 rebotes) pareció el más fiel discípulo de la doctrina Papaloukas con un gran dominio de los tiempos. Cuando todos tenían los ojos inyectados en sangre y las pulsaciones a 200 Teodosic parecía navegar sobre un mar en calma. Lástima que esa calma le invadiera también en defensa.
Y qué decir de Keselj. Es el mejor tirador que han tenido los Balcanes tras Stojakovic (dos victorias en el concurso de triples de la NBA). Carga el rebote con mucha intensidad y sus 22 años y sus 2,06 son sólo alguna de las cifras que nos indican dónde puede estar su límite.
Savanovic y Krstic formaron, durante amplias fases del partido, una dupla perfectamente coordinada que hizo de Serbia un equipo dominador en el rebote y amenazante desde la línea de tres. Sin embargo, algunos fallos en los tiros libres del segundo serían decisivos en el desenlace.
Y de repente, Tunceri. Sí, Tunceri. Ni Turkoglu, intermitente, ni Ilyasova, desaparecido. Aquel pequeño base con media melena y diadema que no servía para el Real Madrid logró varias jugadas clave, incluidos algunos triples y la última canasta.
Serbia había anotado a falta de 4,6 segundos con una combinación, auténtica oda al pase extra, que anotó Velickovic. 82-81 para los balcánicos. Turquía sacaba desde el medio campo y tras una serie de movimientos recibió Tunceri. Hasta ahí todo bien para los plavi que habían evitado que cogiera el balón Turkoglu. Sin embargo, sin saber por qué, su defensor le permite entrar por línea de fondo y anotar sin oposición. Delirio en el pabellón y 5 décimas para construir una jugada.
Y el diseño fue perfecto. Y la ejecución casi también, pero no lo suficiente para la precisión que exigía el momento. Tras una serie de bloqueos indirectos Velickovic encuentra vía libre para cortar hacia canasta, pero el pase desde medio campo no es bueno y al bueno de “Nole” le es imposible palmear el balón hacia canasta. Victoria turca y demostración de que España no estaba tan lejos de estos equipos.
Todo un sábado de deporte de altura con cuatro festejos y un casi funeral. Turquía está viva. ¿Será capaz Estados Unidos de rematarla?
UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS