Los parques vacíos, las audiencias de ACB tocando fondo, los clubes en concurso de acreedores y la NBA cerrada y no precisamente por vacaciones. El baloncesto cae en picado arrastrado por el contexto general. Es hora de proponer soluciones.
Cada vez resulta más complicado bajar con un balón a cualquier pista y jugar una típica pachanga de nivel. La comodidad de los pabellones, el notable aumento de las temperaturas en los últimos años, los horarios laborales y la pereza de quienes no trabajan están acabando con el inconfundible sonido de las suelas de las zapatillas rozándose contra los diferentes materiales de que se componen las canchas de nuestros parques.
El baloncesto profesional tampoco se salva. Los clubes apenas tienen dinero para pagar sus nóminas y la final de la segunda mejor liga del mundo sólo fue seguida por un 4,6% de share, audiencia más propia de las películas de la sobremesa de los domingos o de una carrera de caballos. El producto podría venderse mejor, es cierto, pero creo que el fallo está en el propio producto. La competencia es feroz con un deporte, el fútbol, que copa el interés informativo y mediático hasta límites insospechados. Su sencillez y la emoción de un resultado corto concitan la atención de una gran cantidad de espectadores que no desean más que pasar noventa minutos alejados de toda preocupación. Con esto no quiero desprestigiar al fútbol ni a quien lo sigue, sino que alabo la manera con la que alcanza tales cuotas de expectación.
El baloncesto es algo muy diferente, un cinco contra cinco, pero al mismo tiempo un doce contra doce, un duelo de banquillos en el que las decisiones de los entrenadores juegan un papel destacado. Un deporte que exige al espectador un grado mayor de atención, de dominio de las reglas, de experiencia e, incluso, de sapiencia. No es que sea un juego para entendidos, pero es más divertido si comprendes los porqués de todo lo que ocurre de manera tan concentrada en el espacio y en el tiempo.
Conocidos los pros y los contras, el estado actual de las cosas y, sabiendo que atravesamos por un período de crisis socioeconómico, es momento de buscar soluciones. Desde aquí os propongo que aportéis vuestras ideas para ver si entre todos podemos hacer que el baloncesto salga reforzado de este momento de impasse por el que atraviesa. He aquí unas pequeñas muestras:
1. Potenciemos el valor del deporte desde la infancia y no lo hagamos desde el punto de vista del deber, sino del querer. Los niños no deben hacer deporte para estar sanos, sino que el deporte es tan divertido que querrán practicarlo no como una medida de salud, sino como un fin en sí mismo.
2. Hay que fomentar la fundación de escuelas de baloncesto no sólo a escala municipal, sino también en el seno de los centros educativos como sucedía en un pasado no muy lejano.
3. Exigir a los medios de comunicación un trato más respetuoso para con nuestro deporte. No es mucho pedir. Simplemente queremos que la información sobre la jornada de ACB no se limite a una reseña de treinta segundos y que la NBA no se resuma en las tres mejores jugadas de la noche, la mayor parte de ellas mates estratosféricos que hacen que nuestros chavales identifiquen baloncesto con saltar muy alto y machacar muy fuerte.
4. Avanzar en la modificación de las reglas en pos de facilitar un mayor espectáculo sin perjuicio de que permanezca intacta la esencia misma del baloncesto. La implementación del reloj de posesión o las defensas ilegales que se sancionan en la NBA son unos buenos ejemplos de cómo con un poco de imaginación un mismo deporte se vuelve más atractivo.
5. Es tarea de todos los entrenadores enseñar a los chavales a disfrutar con aspectos de nuestro juego que no son la anotación. De esta manera el futuro espectador valorará no sólo una acción individual ofensiva, sino también una gran defensa, un rebote por colocación o una buena colocación del bloqueo. Sé que esto es complicado, pero yo renuncio a hipotecar la riqueza táctica de este juego sólo para que haya más cazurros en el bar viendo la tele detrás de una jarra de cerveza. Enseñemos, pues, qué es el verdadero baloncesto y será entonces cuando será apreciado en todo su esplendor.
Espero vuestras propuestas en todos los campos mencionados: baloncesto amateur, crisis económica, venta del producto, modificación del producto,... El baloncesto está necesitado de vuestros sabios remedios.
UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

