La
brisa que llega desde el Pacífico huele otra vez a campeonato. En
Los Ángeles y en gran parte de California los Lakers han vuelto a ser
trending topic. Ello gracias a los últimos movimientos, a la
penúltima maniobra de un Mitch Kupchak que parece el genio de la
lámpara de un Aladino caprichoso llamado Kobe Bryant quien en su
afán por alcanzar un sexto anillo se ha convertido en un cacique que
decide quién puede jugar y quién no en su particular cortijo. Los
últimos tres deseos tienen nombre propio. Nash, Jamison y Howard
deberían asegurar un presente feliz para los de oro y púrpura. Con
ellos se han de resolver los recientes problemas de la franquicia
angelina: la posición de base, el banquillo y la ambición.
Steve
Nash aportará experiencia y calidad, control del tempo del partido,
lectura del pick and roll y tiro exterior. El canadiense tiene todo
lo que nunca tuvo Fisher. Todo menos cinco anillos. A sus 38 años y
pese a sus dos títulos de MVP, Nash todavía no ha realizado ninguna
visita a las finales. Jugar al lado de Kobe, Pau y Howard debería
ser garantía de ello. La convivencia con el primero será
complicada. A Bryant le gusta tener la pelota y generar ventajas a
partir de dribling (ver vídeo). Mike Brown deberá conjugar las necesidades de
ambos cracks para no convertir a Nash en un simple tirador desde la
esquina y a Bryant en un escolta que nunca fue, un funambulista de
esos que flirtean con los bloqueos para generarse opciones de tiro.
Antawn
Jamison es un producto de North Carolina, un tipo que siempre pareció
haber ganado todo lo que tenía que ganar en su vida, es decir, nada.
Este paradigma del talento por encima del trabajo desperdició en
2010 la ocasión de ganar un anillo a la sombra de Lebron James. Si
su aportación en los Cavaliers fue un fiel reflejo de lo que puede
ofrecer, entonces más les valdría a los angelinos esperar más bien
poco. Quienes intenten cargar sobre sus hombros la responsabilidad de
ser un nuevo Odom se equivocan. Es lo que es. Pura seda. Nada más.
Poco
se puede decir de la capacidad de intimidación de Howard, de sus
aptitudes para el rebote y de su mejorado juego de uno contra uno.
Mucho, en cambio, se escribirá sobre su operación de hernia de
disco y sobre los cuatro meses que lleva sin ni siquiera trotar. Si
esta lesión se enquistara los Lakers habrían cambiado rodillas por
espalda, problemas por problemas en la posición de cinco. Quilate a
quilate no sé cuál es la ganancia, qué ofrecerá Howard que no
ofrecía Bynum. Por eso, tal y como adelantaba, quiero pensar que se
trata de ética de trabajo y de ambición profesional.
¿Y
Pau? ¿En qué posición queda dentro de este nuevo panorama? Pues
depende. Dependerá de cómo maneje las múltiples opciones de ataque
Mike Brown. No sé con quién dibujará los pick and roll el
entrenador angelino. No sé si buscarán preferentemente un
Nash-Howard, un Nash-Gasol, un Kobe-Howard o un Kobe-Gasol (sin
descartar un Gasol-Howard. Ver vídeo). Mucho me temo, ojalá me equivoque, que
volveremos a ver al de Sant Boi alejado del aro, anotando triples y
generando espacios.
Los
Lakers tienen centímetros, intimidación y rebote. Tienen una
estrella en el perímetro y dos torres que no encuentran parangón en
toda la liga. Representan, por tanto, una idea de baloncesto que
cotiza a la baja después del anillo de los Heat y de la exhibición
de baloncesto dinámico del equipo estadounidense. Se enfrentarán a
modelos contrapuestos, a entrenadores que apuesten por el “small
ball” (cuatro jugadores exteriores) y a equipos que buscarán
defender con agresividad el balón y las líneas de pase para generar
errores en la circulación y salir al contraataque. Tendrán que
defender con Gasol y Howard a equipos que utilizarán a James o a
Durant de cuatro. Tendrán que frenar sin piernas las veloces
transiciones enemigas y en ataque harán que 24 segundos parezcan
toda una vida.
Queda
dicho. Los Lakers jugarán a dos por hora. Si en los ochenta su
modelo de baloncesto alegre y transiciones vertiginosas fue imitado
por toda la liga, ahora, en 2012, tratarán de que la aguja del reloj
gire a contracorriente, de que vuelvan a la liga los tiempos del
blanco y negro y las chicas ye-ye. Los Lakers de 2012, más que a los
del showtime, se parecerán a los de finales de los 60 con West
(Nash) amasando el balón, Baylor (Kobe) esperando para matar y
Chamberlain (Howard salvando muy mucho las distancias) dominando los tableros (eso si la jugada no había terminado antes de llegar). Por esto, y no por ninguna especie de obstinada rivalidad,
no puedo apostar por este equipo, por este modelo de juego en el que
no creo y con el que no disfruto. Ojo, puede llegar a ser una fórmula ganadora, pero no es la mía.
UN
ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS