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Pete Maravich, baloncesto de fantasía


Un 22 de junio de 1947 nacía en el estado de Pennsylvania uno de los mayores genios que ha dado el baloncesto en su historia. De seguir viviendo, Pete Maravich sería uno de los iconos vivos de la liga. No precisamente de los que se pasean por las canchas de sus ex equipos, pero sí uno de esos excéntricos ex jugadores (a lo Barkley) que nos dejan frases para el recuerdo. O tal vez compartiría afición (más bien vicio) al juego con Jordan o a las mujeres con Tiger. Nadie lo sabe. Lo único cierto es que Pistol Pete Maravich nos dejó en 1988 tras un ataque al corazón mientras jugaba un tres por tres con unos amigos en una pequeña cancha en Pasadena, California. Un final digno para un ser humano atormentado, para el Van Gogh del baloncesto.




Pistol pertenece a esa clase de hombres virtuosos en su trabajo y claramente insatisfechos con sus vidas. Su rostro desencajado siempre trataba de disimular una leve sonrisa. Pura escenografía. Sus continuas depresiones y su vida desordenada delatan que Pete sólo era feliz en una pista de baloncesto. Tal vez por eso pasó en ellas tantas horas perfeccionando su manejo de balón y esa suspensión tan majestuosa.

Dicen de Maravich que siempre pensó en él mismo primero y en el equipo después. Dicen que de tanto entrenar en solitario muchas veces creyó estar solo en la cancha. De hecho, aunque nos dejó pases espectaculares, sus cifras de asistencias nunca superaron las siete.

Siempre se le recordará por promediar 44,2 puntos en su carrera universitaria en Louisiana State University, por haber sido un precursor del showtime y, también, por no haber superado una ronda de playoffs cuando era el jugador franquicia de los Hawks (junto a Lou Hudson) o de los New Orleans Jazz (llegó a las finales de Conferencia con los Celtics en los 80 pero aportando sólo 6 puntos por partido).

Pero, ¿por qué de un perdedor reconocido como Pete se hicieron dos documentales, una película y fueron escritas varias biografías? Tal vez porque Maravich se adelantó a lo que sería la NBA más adelante. Pete tiraba de tres antes de que existiera la línea, (se impuso en la 79-80) hacía de cada pase una obra maestra y se convirtió en el jugador más popular al dar auténticas exhibiciones en los concursos de H-O-R-S-E (nuestro tradicional burro en el que un jugador anota de una particular manera y los demás tienen que imitarle si no quieren anotarse una letra a su casillero) que pasaba la CBS en el descanso de los partidos.


Pistol Maravich se destrozó su rodilla en 1978 como él solo podía hacerlo. Saltó para dar un pase por debajo de las piernas y cayó mal destrozándose los ligamentos. Durante este período adquiriría numerosos malos hábitos ¿Qué se podía esperar de un hombre al que una lesión le había alejado de su lugar sagrado, de esa cancha de baloncesto donde se sentía libre para hacer virguerías con el balón, soltar ganchos con ambas manos o hacer tiros imposibles?

Si Magic Johnson afirmó que nunca habrá otro Larry Bird, creo que también estaría de acuerdo en reconocer que jamás tendremos ocasión de ver jugar a alguien como The Pistol, el precursor del “no looking pass”y de tantas otras maravillas sobre el parqué.

Escuché hace tiempo que Ricky Rubio podría ser el nuevo Pete Maravich. No puedo dejar de sonreir ante semejante afirmación, no hasta que a Ricky un genio salido de una lámpara le conceda un tiro en suspensión como el que Maravich anotó hasta en 26 ocasiones para anotar 68 puntos ante los Knicks de Walt Frazier. Tarda un poco en cargar, pero merece la pena tomarse cinco minutos y dusfrutar del arte convertido en baloncesto a través de la figura de Pistol Pete Maravich.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS