Cómo
va cambiando el discurso a medida que avanzan los días y las
medallas no caen. Recordando tiempos pasados, maldiciones de cuartos
y viejos complejos de inferioridad, el español medio ha retomado el
añejo discurso del que se siente robado. No me digan que esta línea
argumental no peca al menos de presuntuosa. ¿Acaso somos tan
importantes como para que árbitros de diferentes federaciones y
deportes compartan un mismo interés dañino?
Pues
puede ser que sí, pero yo prefiero pensar que no. Y no se trata de
ejercer de sofista y defender lo uno y lo otro sin pudor alguno. Que
también. Es más bien una llamada a la cordura y es que unos dobles
no pitados en voley-playa, un gol que debió subir al marcador en
waterpolo y una controvertida decisión en el final de un partido
igualado de balonmano no pueden formar parte de un todo. Son sucesos
espontáneos e inconexos que por casualidad, y no causalidad, se
repitieron en un mismo día, un 31 de julio aciago para la delegación
española en el que sólo un equipo, la selección de baloncesto
masculina, pudo cumplir con el objetivo.
Se
echó en falta, al menos en el waterpolo, la ayuda de la tecnología,
un dispositivo que hubiera asegurado a ciencia cierta si el balón
entró o no en la portería croata. Nos hubiéramos evitado el ataque
de árbitro de un señor que estando pésimamente colocado corrigió
a quien únicamente se dedica a tan concreta función. Seguro que a
Pierre de Coubertin no le hubiera importado incorporar este adimento
de haberlo conocido. Porque él no decía aquello de “lo importante
es participar” y sí que lo importante en la vida no es vencer,
sino competir bien. Y para competir bien, siempre que se pueda al
menos, lo ideal es reducir al mínimo el factor humano, la
intervención personalista y egocéntrica de quien se cree en
posesión de la capacidad de juzgar por encima de sus posibilidades
naturales.
Lo
cierto es que por unas cosas u otras las sensaciones negativas están
empezando a invadir la villa olímpica. Como si la ansiedad del país
se hubiera embarcado también hacia Londres nuestros deportistas
parecen ser los portadores de una carga muy pesada. Esperemos que la
primera medalla actúe como ansiolítico y que todo, a partir de
entonces, vaya rodado.
Hasta
entonces os ruego paciencia y espíritu olímpico. Hay que aceptar la
derrota y pensar enseguida en el partido siguiente. El que se queda
en la anécdota, por muy importante que sea, no está capacitado para
conseguir el triunfo. La anécdota es pequeña y el triunfo es
grande. Pensemos, pues, en grande. Queda mucho.
UN
ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS