Aprovechando mi particular desazón tras recibir las enésimas malas noticias sobre mi cuarto metacarpiano, “démosle 3 semanas más. Está en su sitio, pero no hace callo”, he decidido realizar un acto de masoquismo y escribir sobre las lesiones más típicas que se pueden producir en una cancha de baloncesto desde una perspectiva de usuario más que de experto en la materia, principalmente porque no lo soy.
Generalizadamente se distingue entre lesiones por sobrecarga y traumatismos. Entre las primeras destaca la tendinitis o “rodilla de saltador” que afecta al tendón rotuliano, justo por debajo de la rótula. Su tratamiento se reduce a la ingesta de antiinflamatorios y al tan odiado (por los enfermos del deporte como quien os habla) reposo. Un poquito de hielo localizado también aliviará la inflamación.
Otra tendinitis muy dolorosa es la registrada en el tendón de aquiles. También se puede producir una rotura de dicho tendón o incluso una rasgadura. En este caso, además de blasfemar todo lo alto que puedas, debes pasar por quirófano o al menos mantener la zona inmovilizada.
Si se realizan numerosos ejercicios por encima de la cabeza con pesas o series repetidas de lanzamiento es más común de lo que creemos sufrir inflamaciones en los tendones que conectan los músculos del hombro. En este caso, de nuevo, el reposo y los antiinflamatorios serán tus mejores aliados.
En cuanto a las lesiones traumáticas decir que la más común es el esguince de tobillo. El que no haya tenido uno está aliado con la diosa Fortuna hasta límites sobrenaturales. Se produce muy fácilmente al caer mal o al pisar algún pie enemigo (o incluso amigo). En ese caso los ligamentos que conectan los huesos suelen verse afectados. El tratamiento consiste en un proceso de inmovilización y, una vez finalizado éste, será necesario realizar ejercicios de fortalecimiento de la zona.
Más delicada aún es la zona de la rodilla. Podemos sufrir desde un esguince hasta una rotura del ligamento cruzado anterior, sin duda la más grave de las posibles. Lógicamente en función de la gradación de la lesión el tratamiento irá desde la inmovilización hasta la operación. En ambos casos el tratamiento posterior consistirá en el trabajo de fortalecimiento de los músculos que sujetan la rodilla, principalmente el cuádriceps.
No menos común es la rotura del menisco que hace que la parte superior de la rodilla se roce con la inferior con el consiguiente desgaste. También necesita de tratamiento quirúrgico.
Dejo para el final las lesiones en los dedos. Pueden ser desde anecdóticas, un pequeño esguince, hasta muy serias como una fractura. El tratamiento habitual es la inmovilización, pero el período de recuperación varía desde unos pocos días hasta varias semanas (que se hacen muy largas).
Por último y para quitar hierro al asunto mencionar un tipo de lesión que, aunque sorprenda, no aparece en ningún vademecum. Se trata de la fractura por estrés de lengua. Si bien las lesiones musculares no son muy habituales en el baloncesto, la de este músculo en concreto sí que lo es. Suele afectar al típico Gary Payton o Larry Bird de turno que hablan más que juegan y que son capaces de volverte locos con solo escucharles. Te los puedes encontrar en cualquier parque y son plaga en Argentina (un abrazo para todos los argentinos). Si coincides en la cancha con alguno de ellos es bueno que les recuerdes que el tratamiento es largo y severo si no quieres ser tú el que acudas al doctor con el tímpano irritado.
Espero que algún médico se anime a corregir mis equivocaciones y que todos vosotros os solidaricéis conmigo comentando vuestros historial de lesiones. Pasar 11 semanas sin tocar una bola de baloncesto es casi más duro que pasar 40 días en el desierto o llegar virgen al matrimonio. Me despido con esta nota de humor pero os aseguro que después de mi próxima visita al traumatólogo espero estar un tiempo sin tener que decir aquello de “¿qué me pasa doctor?”.
UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS