A estas alturas del cuento ya son pocos los lectores que aún creen en la vieja leyenda del elixir de la vida que habría de proceder de la piedra filosofal. En su búsqueda fallecieron muchos viajeros y científicos sin que, a fecha de hoy, se conozca la existencia de persona alguna que haya escapado a esa sucesión de eventos encadenados que implica nacer, crecer, reproducirse (opcional) y morir.
Sin embargo, debe de existir otro tipo de don, más terrenal y tangible, que dota a los seres humanos de una longevidad especial prolongando la vida o, en el caso de los jugadores de baloncesto, la duración de la juventud. Numerosos deportistas han ofrecido rendimientos excelentes a edades próximas a la cuarentena. En prácticamente todos los casos se observa una obstinada ética de trabajo, una genética privilegiada y, sobre todo, un amor indiscutible al deporte en cuestión.
Estos tres requisitos los reunía en grandes dosis Rober Parish. El mítico doble cero de los Celtics finalizó su carrera ganando su cuarto anillo en las filas de los Bulls aportando unos modestos 3 puntos y 2 rebotes de media a los que hay que sumar todos los valores que introdujo en un vestuario ya de por sí muy bien instruido. Lo hizo con 43 años y con las mismas 230 libras que lucía cuando empezó su carrera en los Warriors.
El Pelé del baloncesto se llama Óscar Schmidt. No lo digo porque esté en la pugna por ser el mejor jugador de todos los tiempos, sino porque ostenta diferentes récords de anotación tan difíciles de comprobar como los de O Rei. El brasileño triunfó en Europa y regresó a su país de origen para dejar muestras de su clase hasta los 45 años. En su caso no se puede decir que se mantuviera en el peso, pero cuando se tiene una mano como la de Óscar Schmidt apenas hace falta moverse para ser una verdadera amenaza.
Otro ejemplo paradigmático lo representa Chichi Creus. El base catalán nos dejó a los 43 años después de haber conseguido convertir al TDK Manresa en campeón de Copa y de liga demostrando que a este deporte, más allá de las limitaciones físicas, se juega con lo que hay entre sien y sien.
Cabría imaginar que una de las posiciones más exigentes desde el punto de vista físico es la del jugador interior. Éste expone su físico contactando continuamente contra gente de su tamaño para ganar la posición cerca del aro. Además, suelen ser los protagonistas de los bloqueos y son los que tienen que cerrar la canasta forzando faltas en ataque. Sin embargo, muchos de los cuarentones de la historia del baloncesto actuaban en esta posición haciendo valer sus kilos y su experiencia. Al ya mencionado caso de Robert Parish hay que unir los nombres de Kevin Willis, Karl Malone, Piculín Ortiz o el propio Arvydas Sabonis. El primero contribuyó al título de los Spurs en 2003. El Cartero intentó hasta sus últimos días llevarse un anillo, pero la combinación O´Neal-Bryant-Payton y el propio Malone salió rana y nada pudieron hacer ante unos Pistons menos talentosos, pero mejor organizados. De Piculín sólo puedo añadir que debería haber seguido jugando. Cuando dejó de hacerlo empezó a moverse por mundos poco deseables y ahora está envuelto en una investigación por tenencia de drogas. El Zar Sabonis podría seguir jugando y aún dominaría el juego gracias a su portentosa visión del mismo desde el poste alto.
Y si cerramos las páginas de los libros de historia y nos centramos en el presente hay que decir que Kurt Thomas es el jugador más veterano de la actualidad en la NBA. Su cotización sigue siendo considerable y todo parece indicar que será renovado por los Bulls. El segundo por edad es Grant Hill. El llamado a suceder a Jordan ha demostrado ser tenaz y testarudo. Aquejado de numerosas y graves lesiones a lo largo de su carrera, aún sigue paseando su clase por los diferentes pabellones de la NBA. Pero más allá de los casos aislados, si hay un equipo que puede ser calificado como de cementerio de elefantes ése es Boston Celtics. 34, 35 y 36 son las edades de Pierce, Garnett y Allen, el trío nuclear de una franquicia que se sigue considerando a sí misma como candidata al título. Si Pierce apadrina un programa de vida sana para niños, Garnett recorre las playas de Pasadena cada verano antes de que el sol haya aparecido en el horizonte. Y de Allen, qué decir. Si alguien ha estado jamás en posesión de la piedra filosofal, ese alguien ha sido Ray Allen. El 20 de los Celtics parece no envejecer y cada otoño aparece en el Training Camp con sus fibradas piernas listas y preparadas para asumir el 50% de la responsabilidad en un tiro en suspensión digno de ser enseñado en las escuelas. Su lucha por el anillo será también la de toda una generación de jugadores, la de los jovencitos que a finales de los 90 (Carter, Bryant, Pierce, Nowitzky, Duncan, Garnett, Iverson?) se atrevieron a poner en duda la primacía de Jordan y que ahora son unos maduros treintañeros que lucharán por mantener su estatus ante el empuje de los Kevin Durant, Derrick Rose, Chris Paul y compañía. Precisamente, el mayor exponente de madurez victoriosa lo representó un Michael Jordan que ganaría tres anillos consecutivos a partir de los 33 años. Eso sí, pocos jugadores han podido aunar de manera tan armónica la madurez física con la intelectual. Y es que cuando Jordan dejó de volar por el aire empezó a planear sobre las mentes de sus rivales.
En contradicción con el caso de estos jóvenes veteranos, hay que lamentar la temprana retirada de Brandon Roy. El jugador de los Blazers abandona el baloncesto por molestias crónicas en sus dos rodillas. Apodado como “La Bestia”, Roy no ha podido demostrar toda la calidad que llevaba dentro y que sólo nos pudo ofrecer a modo de (de enorme plasticidad y potencia) cuando su físico se lo permitió.
Tanto la juventud como la buena salud son dos valores que se tienen o no se tienen. Si algunos tomaron la pócima de la eterna juventud, otros se cayeron directamente en la marmita. Sin embargo, mi pequeño homenaje va también para quienes eran alérgicos a su olor, a quienes no fueron bendecidos por la fortuna y tuvieron que abandonar el deporte sin haber podido desarrollar todo su potencial.
UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS