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Las dos caras del baloncesto





El día en que el príncipe, no el rey, le entregaba al nieto, y no al galardonado (Nicanor Parra), el Premio Cervantes de literatura amaneció con nubes en el horizonte. Fue el día 23 una jornada de resaca, de ojos pequeños y bolsas hinchadas. De celebración para unos y reflexión para otros.

El día 22, resaca a su vez del clásico Barça-Madrid, fue intenso en términos deportivos. Ganó Nadal demostrándole a Djokovic que él, de pequeño, mamó arcilla y no leche. Lo hizo también Vettel en Bahrein para recordarnos que es alemán y qué él decide por qué, cómo y cuándo. Ganaron también los Lakers gracias a un Kobe imperial que debió de leer la entrada que le dediqué hace escasas fechas.

Ayer domingo finalizó también la tercera edición de la Liga Senior Provincial de Salamanca, una competición modesta en número de equipos y presupuesto, pero repleta de jugadores de calidad dispuestos a dar lo mejor de sí mismos sobre la cancha. Siete conjuntos midieron sus fuerzas. Cuatro entraron en los playoffs y sólo dos tuvieron el privilegio de disputar la final.

En uno de ellos, el a la postre perdedor, juego (o lo intento) yo. Es el Bambú Legends de Cabrerizos y está formado por un grupo humano espectacular. Casados o solteros, trabajadores o estudiantes, guapos o feos, lo cierto es que todos los miembros de este equipo compartimos una pasión llamada baloncesto. Pero la pasión a veces no es suficiente para vencer. No si te enfrentas a un rival de muy alto nivel con jugadores de gran calidad. Me refiero al Heladerías Smooth de Villamayor, el equipo campeón.

Los chicos entrenados por Borja dominaron el rebote y anotaron en transición. Su acierto en el tiro exterior facilitó la tarea de sus jugadores interiores y su agresiva defensa zonal dificultó la circulación de balón de unos Legends que dominamos el tempo del encuentro durante los primeros quince minutos. Pero los partidos se ganan a partir del tercer cuarto y Smooth, al más puro estilo Dream Team, puso una marcha más en la segunda mitad de la contienda para asegurarse el triunfo.

Esta tercera edición de la liga provincial ha adolecido de los mismos males que la caracterizaron otras temporadas. Una competición llamada a ser provincial ha de conformarse con ser una liga de Salamanca y alrededores. La macrocefalia de la capital salmantina dentro del territorio de la provincia, sumada a la falta de afición (que me disculpen si no es así) al baloncesto en algunos centros urbanos o semiurbanos como Ciudad Rodrigo, Peñaranda o Béjar impiden su expansión. Pero no es éste el único mal. La falta de público es otro. Sé que es difícil vender arena en un desierto, pero me molesta ver los pabellones vacíos cuando los leñeros del fútbol modesto reúnen a unas cuantas decenas de entrenadores frustrados (esos entrañables ancianos) y a otros cuantos familiares.

El nivel de arbitraje ha sido bastante bueno. Hemos disfrutado con la presencia de árbitros de experiencia contrastada y con nuevos valores que, más allá de sus aciertos o errores, comparten con todos los miembros de esta pequeña familia del baloncesto salmantino, el amor a este deporte. Sólo un pero a la labor federativa. En este contexto de cinturones apretados y sogas al cuello se echa en falta un descuento en la cuantía de las fichas y de los seguros deportivos. Jugar al baloncesto no debe ser un privilegio. No si queremos que se consolide como la mejor opción detrás del tirano fútbol.

Otro asunto pendiente es el de los patrocinadores. Atravesamos un momento crítico, es cierto. La filantropía es, hoy en día, sinónimo de masoquismo y hasta el más iletrado mortal ha de admitir que esponsorizar a un conjunto de este torneo es de todo menos una inversión productiva. Por ello quiero agradecer a Café de Anita, Leonardo´s Santa Marta, Electrochips, Heladerías Smooth y al restaurante Bambú su compromiso con el baloncesto. También quiero destacar, en estos tiempos difíciles el apoyo de Cabrerizos, Santa Marta, Carbajosa, Monterrubio, Villares o Villamayor. Su contribución puede no ser una fuente de ingresos, pero sí una apuesta por los valores que transmite un deporte como el baloncesto marcado por la lucha honesta entre dos contendientes que intentan hacer valer sus recursos físicos, técnicos y tácticos trabajando en equipo..

Por ello, para mantener la pureza de este juego, situada muy por encima de esos impostores disfrazados de victoria o derrota, quiero denunciar la acción más sucia y vil que he visto en un pabellón de baloncesto. La protagonizó el Señor Paz Mundial, un trastocado mental que cuando se llamaba Ron Artest ya protagonizó una reyerta en el Palace de Auburn Hills de Detroit. De poco han servido los métodos que le recomendara en su día Phil Jackson para rescatarle de la oligofrenia. Más le valdría a este personaje encontrar la paz interior antes de aspirar a la paz mundial. De lo contrario nunca podrá predicar con el ejemplo. Ahora sólo espero que la decisión de la NBA esté a la altura del producto que nos quiere vender y que a este sujeto le caigan varios meses de sanción. Yo no quiero a Ron Artest en una pista de baloncesto. Yo no quiero a señores que intimidan con la violencia. No quiero malos ejemplos para los que están empezando a descubrir las bondades del baloncesto. Yo, en este San Jorge que da sus últimos coletazos, me conformo con un libro y una rosa. 



Enhorabuena a Heladerías Smooth de Villamayor por el título. UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS